Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes (2 de 2)

COLECCION DE AUTORES ESPAÑOLES.

TOMO XLIII.

p. iii

EL P. ISLA.

HISTORIA

DEL FAMOSO PREDICADOR

FRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS,

alias ZOTES.

PRIMERA EDICION ENTERA,

HECHA SOBRE LA EDICION PRÍNCIPE DE 1758 Y EL

MANUSCRITO AUTÓGRAFO DEL AUTOR

POR

D. EDUARDO LIDFORSS,

CATEDRÁTICO DEL NÚMERO EN LA R. UNIVERSIDAD DE LUND.

PARTE SEGUNDA.

Logotipo del editor
LEIPZIG:

F. A. BROCKHAUS.

1885.

LIBRO QUARTO.
CAPITULO PRIMERO.
Donde se pondrá lo que irá saliendo y verá el curioso Letor.

1. Pues, como íbamos diciendo de nuestro cuento, yendo dias y viniendo dias, el bendito entre todos los benditos, el bueno de nuestro Fray Gerundio quedó tan satisfecho de su trabajo, con la arenga panegýrica y apologética á favor de su Plática de Disciplinantes que le hizo el susodicho Theologuillo, con los aplausos de la escuela moza y con la gritería de la griega,[1] que por poco no tuvo al Maestro Prudencio por hombre que havia perdido el seso. Pero á lo ménos, pareciéndole que le hacia mucha merced, hizo juicio firme y valedero de que ya estaba algo chocho, y propuso en su corazon no hacer caso de nada que le dixiesse. Y aún se adelanta un Autor á sospechar que hizo propósito oculto de huir el cuerpo al viejo todo quanto le fuesse possible, bien que esto no lo assegura como noticia cierta, y solamente la da por congetura, fundada en unos apuntamientos de letra muy gastada que se hallaron en el hondon de un coxin. Y el Diablo, que no dormia, para remachar el clavo de su sandez, dispuso que algunos dias despues reciviesse una carta de su íntimo Amigo Fray Blas, escrita desde Jacarilla, la qual decia assí:

2. «Amigo Fray Gerundio: Doyte mil abrazos con el corazon, ya que no puedo con la boca: en toda esta tierra no se habla mas que de tu famosa Plática de Disciplinantes. Fray Roque el Refitolero me escribe maravillas, y el Sacristan de Gordoncillo, que te oyó (y ha venido aquí á concertar un esquilon), comienza y no acaba. Ambos tienen voto, ó yo soy un porro. Mosen Guillen, que es el Señor Cura de este lugar y tiene en la uña al Theatro de los Dioses, deséa un traslado de ella, y dice que le ha de hacer imprimir, aunque sea necessario vender el macho falso, que compró en la feria del Botigero. Embíamele por el portador, que es el Barberop. 2 de este pueblo, persona segura y de toda mi estimacion. A él me remito sobre mi sermon de Santa Orosia, pues no parece bien que yo me alabe; y sábete que tiene tan buena tixera para cortar un sermon como para igualar un cerquillo: solo te digo que, ademas de la limosna del Mayordomo, que no es maleja, me he valido ya dos borregos y dozena y media de chorizos, que de todo se sirve. Dios te guarde muchos años. Tu amigo hasta la muerte á pesar de cazcarrientos,

F. Blasius.»

3. Quando Fray Gerundio se halló con que le pedian su Plática allá de luengas tierras (pues para su geographía ocho leguas de distancia era la mitad del mundo); quando consideró, que se la pedian no ménos que para imprimirla, y se vió en vísperas de ser Autor de la noche á la mañana, y esto sobre ser hombre en cuyo elogio y aplauso in continenti se escrivian y se divulgaban sonetos, se tuvo en su corazon por el mayor Predicador que havian conocido los siglos; y no solo se confirmó en la estraphalaria idéa de predicar, que ya se havia formado, sino que con el tiempo fué salpicando todas las mas ridículas y mas extravagantes, como se verá en el discurso de esta puntual Historia.

4. Pero ves aquí que en el mismo zaguan de la segunda parte de ella, parece hemos dado un trompicon, que á buen librar harto será que escapemos sanas las narizes. Es possible, (dirá un Lector, que las tenga de podenco,) es possible que, haviendo oído la famosa Plática Anton Zotes y Catanla Rebollo, su muger; haviendo sido testigos de los aplausos y de los vítores, con que fué celebrada; haviendo visto por sus mismos ojos el prodigioso fruto que hizo, en la valentía con que arrojaron las capas los Penitentes de sangre, y en el denuedo con que manejaron unos el ramal, y otros la pelotilla; que, haviendo recivido ellos tantos plácemes, tantos parabienes, tantas bendiciones, así en la Iglesia como fuera de ella: es possible, (vuelvo á decir tercera vez,) que no tuvieron siquiera una enhorabuena que llegar á la boca para dársela á su hijo? Se hace verisímil que, ya que no fuesse aquella noche, por ser ya tarde y por dexarle descansar, á lo ménos la mañana siguiente muy de madrugada no fuessen á la Iglesia del Convento ó á la portería, y que allí Anton Zotes no diesse cien abrazos á su hijo, y la Tia Catanla no añadiesse de mas á mas otros tantos besos, aforrados en lágrimas y mocos, todos de puríssima ternura? Se hace creíble tanta sequedad y tanto despego? Y, si esto no fué assí, sino que con efecto los buenos de los padres de Fray Gerundio hicieron con su hijo todas estas demonstraciones de cariño, dándole las debidas señas de su complacencia y de su gozo, con qué conciencia passa en silencio el Historiador una circunstancia tanp. 3 substancial, que tanto puede servir para el aliento, y aún para la edificacion?

5. A esto pudieramos responder muchas cosas, pero las dexamos todas por no ser prolixos.

6. Y confessando de buena fé, que todo passó assí ni mas ni ménos, añadimos en conseqüencia de la verdad y de la fidelidad que professamos, que no solamente huvo dichos mocos, lágrimas, besos y abrazos, sino que Anton Zotes, en presencia del Prelado y de otros Padres graves, que havian baxado á cortejarle á él y á su muger, dixo á Fray Gerundio: «Ya te envié á escrivir, como m’avian echado la Mayordomía del Sacramento; pero entónces no te umbié á decir que me perdicasses tú el sermon, porque, como no t’avia uído perdicar, no queria ponerme á que quedássemos envergonzados: ahora que te he uído, dígote que me l’as de perdicar, con la bendicion de su Reverencia nuestro Reverendíssimo Padre.» No pudo negarse el Prelado á concederla, aunque del escapulario adentro no le dió mucho gusto, porque como á hombre serio y de razon le havia dessazonado la Plática. Pero, qué havia de hazer en aquella coyuntura, y con unos Hermanos tan devotos de la Orden, que hacian al Convento toda la limosna que podian? Al fin sacáronlos unas tortillas, chanfaina, queso y aceitunas. Almorzaron muy bien, sirviéndolos el almuerzo de comida, y se volvieron á Campazas, no viendo la tierra que pisaban ni las horas de Dios por llegar á el lugar, para contar á el Licenciado Quixano y á toda la parentela lo que havian visto por sus ojos, oído con sus oídos y palpado con sus manos.

7. Dexemos ir en buen hora á los dos dichosíssimos consortes en buena paz y compaña, miéntras nosotros nos volvemos á nuestro Fray Gerundio, que, desde el mismo punto y momento en que le echó su Padre el sermon del Sacramento, no pensaba de dia, ni de noche soñaba en otra cosa que en el modo como havia de desempeñarle. Hacíase cargo de todas las circunstancias, que le ponian en el mayor empeño: primer sermon que predicaba en público, (porque la Plática de Disciplinantes no la calificaba de sermon); predicarle en su lugar, y en la misma Parroquia donde le havian bautizado (porque no havia otra); ser Mayordomo su Padre; decir la missa, como lo daba por supuesto, el Licenciado Quixano, su Padrino; los danzantes de la procession, el Auto sacramental que siempre se representaba, los novillos que se corrian, las dos ó tres dozenas de cohetes que se arrojaban, y la hoguera que se encendia la víspera de la fiesta: todo esto se le ofrecia continuamente á la imaginacion como punto céntrico y principal de su empeño, pareciéndole no solo que era indispensable el hacerse cargo de todo ello, sino que en esto solo estrivabap. 4 toda la dificultad, pues, por lo que tocaba al assunto del Sacramento, en qualquiera Sermonario encontraria campo abundante donde forragear.

8. Es cierto, que no se le havian olvidado las juiciosas reflexiones que havia oído al Maestro Fray Prudencio, contra la ridícula y extravagante costumbre de tocar en los sermones estas que se llaman circunstancias; tambien es cierto, que tenia muy presente la salutacion del sermon de la Purificacion en dia de San Blas, que el mismo Maestro Prudencio havia leído al Predicador mayor y á él, en que con gravedad, y no sin gracia, se hace ridícula esta costumbre, convenciéndola de tal con razones que no admiten réplica; pero tambien es igualmente cierto, que se le imprimió altamente la salida de su amigote el Predicador Fray Blas, la qual se reduxo á aquel apophtegma, que puede hacerse lugar entre los principios de Machiabelo: Sentire cum paucis, vivere cum multis: sentir con los pocos y obrar con los muchos; y aún por su desgracia havia leído en aquellos dias, no se sabe donde, el dicho que comunmente se atribuye á nuestro insigne Poeta Lope de Vega, y harto será que no sea un falso testimonio, porque no cabe que un hombre de tanto juicio y de tanta discrecion dixiesse una truanada tan insulsa; pero al fin ello se cuenta que, reconociendo él mismo los defectos de sus comedias, los excusa diciendo que los conoce y los confiessa; mas que con todo esso las compone assí, porque las buenas se silvan, y las malas se celebran. Esto le hacia mas fuerza que todo á Fray Gerundio, y resolvió por última determinacion no omitir circunstancia alguna de las insinuadas, aunque lloviessen Fray Prudencios.

9. Solo dudó por algun tiempo si, para hacerse cargo de ellos, acudiria por socorro á las fábulas, ó apelaria á algunos textos y passages de la sagrada Escritura, porque de todo havia visto en los mas famosos Predicadores. Algo mas se inclinaba á lo primero, por llevarle hacia allí su genio, ayudado del exemplo de Fray Blas y de la continua lectura del Florilegio; pero, como estaba tan reciente la fuerte repassata que le havia dado el Padre Maestro, contra el uso ó contra el abuso de la fábula en la séria magestad del púlpito, no pudiendo sobre todo borrar de la memoria aquella que le havia oído de que esto era especie de sacrilegio, expression que le havia estremecido, porque al fin no dexaba de ser hombre timorato á su modo; por esta vez, y sin perjuicio hasta que examinasse bien el punto, se determinó á buscar en la sagrada Escritura acomodo honrado para todas las susodichas circunstancias.

10. Hallóle fácilmente donde le encuentran todos, que es en las Concordancias de la Biblia, sin mas trabajo que ir áp. 5 buscar por el Abecedario la palabra latina que corresponde á la castellana, para la qual se deséa algun texto, y aplicar qualquiera de los muchos que hay en la Escritura, casi para cada una de quantas voces se pueden ofrecer. En ménos de una hora dispuso los apuntamientos siguientes:

11.[2] «Primera circunstancia: Primer sermon que predico: viene clavado aquello de primum quidem sermonem feci, o Theophile. — Segunda: Predícole en mi lugar, que se llama Campazas: para esta viene como nacido aquel texto: Descendit Jesus in locum campestrem. — Tercera: Predico en la Parroquia donde me bautizaron, y se llamaba Juan el que me bautizó: qué cosa mas propia que aquello de Joannes quidem baptizavit in aqua, ego autem in aqua et Spiritu Sancto? — Quarta: Es Mayordomo mi padre: In Domo Patris mei mansiones multæ sunt. Tambien mi padre es labrador: Pater meus agricola est. Llámase Anton Zotes; y el Arca del Testamento, figura del Sacramento, anduvo por el país de los Azotes ó de los Azotios: abiit in Azotum. — Quinta: Echóme el sermon mi Padre, el qual está vivo y sano. Et misit me vivens Pater. Cantará la missa mi Padrino…»

12. Aquí se halló un poco atascado, porque, haviendo revuelto quantas Concordancias se hallaban en su celda, conviene á saber las antiquíssimas de Hugo Cardenal, las de Alberstad, las de Harlodo, las de Roberto Estévan y, por última apelacion, las de Zamora, no encontró la palabra Padrino en todas ellas; y, ya desesperado, estaba resuelto á acudir al Theatrum vitæ humanæ ó á qualquiera Polyanthéa por algun Padrino de socorro, y aún en caso necessario á valerse del Tu es patronus, tu parens de Terencio en el Heauton-timorumenos, quando su dicha le deparó el texto mas oportuno del mundo: tropezó pues con aquello que se lee en el verso 14 del capítulo 16 de la Epístola de San Pablo á los Romanos: salutate Patrobam; y, passando luego á leer el capítulo, encontró en él un thesoro, porque casi todo el referido capítulo se reduce á las memorias, (hablando á nuestro modo,) que el Apóstol encargaba se diessen de su parte á todos los Christianos que se hallaban en Roma, y eran de su especial cariño ó por su mayor favor, ó por algun beneficio particular que havian hecho á la Iglesia, ó porque se havian esmerado mas en favorecer y en amar al mismo Apóstol: á todos los va nombrando por sus nombres, y en el versículo 14 nombra entre otros á Patroba.

13. «Teneo te, terra! dixo entónces Fray Gerundio, mas alegre que si huviera hallado una mina: de Patroba á Padrino no va un canto de un real de á ocho de diferencia, y con decir que el Padrino antiguamente se llamaba Patroba y que, corrumpido el vocablo, se llamó despues Padrino, está todop. 6 ajustado. Si alguno me replicare, (que él se guardará bien de esso,) le responderé, que con mayores corrupciones que esta nos tienen apestados los Etymologistas, y trampa adelante. Pues ahí, es decir que no dará golpe el salutate Patrobam, haciendo reflexion sobre el salutate, diciendo que hasta el Apóstol se acordaba del Padrino en la salutacion!»

14. Bien quisiera él encontrar tambien algun textecillo oportuno, para encaxar el apellido Quixano, no dexando de conocer que esse seria el non plus ultra del chiste y del ingenio, porque el texto de Padrino en general se podia aplicar á qualquiera Pastor que sacasse de pila á un hijo de Juan Borrego; pero túvolo por caso desesperado: no obstante, despues de haver andado batallando largo tiempo en su imaginacion, sin ofrecérsele cosa que le quadrasse, le ocurrió el pensamiento mas disparatado que se podia ofrecer á hombre mortal.

15. «Quixano, se decia él á sí mismo, sale de quixada; esto no admite duda: pues ahora, de las quixadas se dicen cosas grandiosas en la Sagrada Escritura, porque, dexando á un lado si Cain mató ó no mató á su hermano Abel con la quixada de un burro, que esta circunstancia no consta, á lo ménos de la Vulgata, y, aunque constara, no podria yo ajustarla bien para mi cuento; pero consta ciertamente, que Sanson con la quixada de un asno quitó la vida á mil Philistéos; consta que, haviendo quedado muy fatigado de la matanza y estando pereciendo de sed, sin haver en todo aquel campo ni contorno una gota de agua, con que poder aliviarla, hizo oracion á Dios, para que le socorriesse en aquella extrema necessidad; y del diente molar de la misma quixada brotó un copioso chorro de agua cristalina, con que apagó la sed y se refociló Sanson. Consta, finalmente, que en memoria de este prodigio se llamó el lugar donde sucedió, y se llama el dia de hoy la fuente del que invoca desde la quixada: Ideirco appellatum est nomen illius loci fons invocantis de maxilla, usque in præsentem diem.»

16.[3] «Qué cosa mas divina para mi assunto! Aquí tenemos una mysteriosa quixada, que con agua celestial y milagrosa da nuevo espíritu á Sanson y le restituye la vida, á lo ménos se la conserva. El agua es sýmbolo del agua del bautismo, cuya virtud es milagrosa y celestial; y la quixada que la suministró, sombra muy propria del Padrino que la administra, cuyo apellido de Quixano está haciendo clara alusion á aquel mysterioso orígen. Que la quixada fuesse de un burro ó fuesse de un racional, esse es chico pleito para la substancia del intento, y mas quando á cada passo leemos en la sagrada Escritura, que los brutos y las fieras symbolizan á los mayores hombres.»

p. 7

17. Ajustada tan felizmente esta circunstancia, por todas las demas se le daba un pito; pues para los danzantes tenia la danza de David delante del arca del Testamento, que sale en todas las danzas del Córpus, y, si no queria echar mano de esta por demasiadamente vulgar, tenia la danza de los de las melenas largas, como él lo construía, de la qual hace mencion el Propheta Isaïas, quando dice: Et pilosi saltabunt ibi; y mas que se acordaba muy bien de que los danzantes de su lugar siempre llevaban tendidas las melenas, cosa que los agraciaba infinitamente, y lo de pilosi saltabunt venia para ellos á pedir de boca.

18. Para el Auto sacramental le pareció, que podia acomodar todos los textos que hablaban de alguna figura del Sacramento; porque figura y representacion, discurria él, todo es una misma cosa; con que, si tenemos representacion y Sacramento, qué nos falta ya para Auto sacramental? — Donde iba muy holgado y, á su parecer, literal, era en la circunstancia de los novillos; porque, aunque fuessen menester cien textos diferentes para cien corridas, estaba pronto á sacarlos de la Escritura, aplicando todos los que hablan de vítulos; y si, como eran novillos, fueran toros, por lo ménos para mas de treinta corridas ya tenia provision de textos. Los cohetes y las carretillas que se disparaban, los encontraba él vivíssimamente figurados en aquellos quatro mysteriosos animales que tiraban la carroza de Ezequiel, los quales iban y volvian por el ayre, in similitudinem fulguris coruscantis, como unos rayos, como unos relámpagos y como unas exhalaciones. La hoguera no le daba maldito el cuidado, puesto que tenia en la Escritura mas de cien hogueras á que calentarse, sin mas trabajo que arrimarse á qualquiera de las que se encendian para consumir los holocaustos; y, si se le ponia en la cabeza hacer tambien circunstancia de los muchachos que saltaban por la hoguera sin quemarse, qué cosa mas propria ni mas natural que los tres muchachos del horno de Babilonia?

19. Assí acomodó en sus apuntamientos á todas las circunstancias, que le parecieron precisas y absolutamente indispensables; pero faltábale una, que, aunque no todos los Predicadores se hacian cargo de ella, á él no le sufria el corazon dexar de tocarla. Esta era hacer alguna commemoracion de su querida madre; porque hacerla de su padre y de su padrino, y no hacerla de la madre, que le parió y que le havia tenido nueve meses en sus entrañas, se le representaba una dureza insoportable y que no se componia bien con el tierno amor que le professaba. Ya se ve que, para hablar en general de madre, de hijo, de parir y de vientre, tenia los textos á millares; pero él no se contentaba con esta generalidad,p. 8 y quisiera un textecillo terminante y peladito, que hablasse de su madre Catanla Rebollo, con sus pelos y señales.

20. Anduvo, tornó, bolvió y rebolvió por mucho tiempo assí las concordancias como los sesos, sin poder hallar cosa que le aquietasse, hasta que al fin se le vino á la memoria el ingenioso medio de que se valió cierto Predicador para salir de semejante aprieto. Llamábase María Rebenga la Mayordoma de cierta cofradía de mugeres, en cuya fiesta predicaba, y, no pudiendo encontrar en la Escritura texto que hablasse expressamente de Rebenga, qué hizo? Dixo, que la esposa havia combidado á el esposo para su huerto con estas palabras: Veniat dilectus meus in hortum, venga mi amado á espaciarse por el huerto; y, como se diesse por desentendido al primer combite, le bolvió á instar con las mismas voces: Veniat dilectus meus in hortum, venga á espaciarse por el huerto mi querido. Ahora noten: dos veces le dice que venga, veniat veniat, como quien dice: venga y revenga. Con cuyo arbitrio salió el discreto Predicador del empeño con el mayor lucimiento, y mas quando añadió que, á la primera instancia, en que la esposa no le dixo mas que venga, hizo como que no queria; pero, quando en la segunda oyó la palabra revenga, veniat veniat, no pudo ménos de rendirse.

21. A este modo le pareció á Fray Gerundio que tambien él podria desempeñarse, haciendo reflexion á que el apellido Rebollo parece que suena dos veces bollo, y tuvo por impossible que no se hallasse algo de bollo en la Biblia, en cuyo caso él se ingeniaria para la aplicacion; pero se quedó yerto, quando en toda ella no encontró siquiera un bollo que llegar á la boca, y, pareciéndole que á lo ménos alguna cosa de Repollo no podia faltar en alguno de tantos huertos, de que se hace mencion en los sagrados libros, ni aún esto pudo encontrar; y, aburrido ya, abandonó del todo el pensamiento de nombrar á su madre expressamente por el apellido, pero apuntó el texto de Beatus venter qui te portavit, et ubera quæ suxisti, para aplicarle quando se ofreciesse buena occasion.

22. Dispuesto assí el plan de la salutacion, por el cuerpo del sermon se le daba un comino, pues en haciendo á Christo en el Sacramento, ó Sol, ó Phénix, ó Aguila, ó Jardin, ó Ametysto, ó Pyropo, ó Cíthara, ó Clavicordio, ó Fuente, ó Canal, ó Rio, ó Azucena, ó Clavel, ó Gyrasol, y despues cargar bien de broza y de fagina, textos, autoridades, glosas, varias lecciones, versos latinos, sentencias, apophtegmas, alusiones, tal qual fabulilla apuntada, aunque no sea mas que para mayor adorno, estaba seguro de componer un sermon que se pudiesse dar á la imprenta.

23. En lo que estuvo un poco indeciso, fué en si seguiriap. 9 ó no seguiria el mismo estilo que havia usado, assí en el sermon del Refectorio como en el de la Plática de Disciplinantes. Es cierto, que él estaba perdidamente enamorado de él, porque, sobre adaptarse mucho á su primera educacion, especialmente en la escuela del Dómine Zancas-Largas, todas aquellas voces rumbosas, altisonantes y estrambóticas, le hallaba canonizado en la práctica de su héroe el Predicador Fray Blas, y veía que en todo caso mucho le celebraba la turba multa: no obstante, no dexaba de hacerle grandes cosquillas la burla, que assí el Padre Provincial como el Maestro Prudencio havian hecho de el tal estilo; pero, sobre todo, lo que le hizo titubear mas, fué un papel que por rara casualidad llegó á sus manos, como lo dirá el Capítulo siguiente.

CAPITULO II.
Lee Fray Gerundio un Papel acerca del estilo, y queda aturrullado.

1. Havia muerto por aquellos dias en el Convento un Padre Predicador jubilado, hombre de mucha suposicion en la órden, que havia seguido la carrera del púlpito con el mayor aplauso y, lo que es mas, muy merecido, porque, sobre ser un grande Religioso, era verdaderamente sabio, eloquente, nervioso, de juicio muy assentado, de buen gusto y de acreditado zelo. Su espolio, (assí se suelen llamar en las Religiones aquellas alajuelas que dexan los Religiosos difuntos,) su espolio casi todo él se reducia á sus sermones manuscritos y á algunos otros papeles y apuntamientos, concernientes por la mayor parte á la misma facultad; y, aunque en la Comunidad huvo muchos gulosos de ellos, especialmente de la gente moza, que suele hacer su veranillo en semejantes ocasiones, pero el Prelado con mucho acuerdo y prudencia se los aplicó á Fray Gerundio: lo primero, porque parecia mas acreedor que otro alguno, hallándose al principio de la carrera; y lo segundo y principal, (que esta fué en realidad la máxima del prudentíssimo Prelado,) para que, leyendo aquellos sermones y tomándoles el gusto, procurasse imitarlos y, si no podia ó no queria, á lo ménos los predicasse á la letra, lográndose en qualquiera de estos arbitrios que aprovechasse sus talentos y no dixiesse en el púlpito tantos disparates.

2. Puntualmente se hallaba nuestro Fray Gerundio batallando con sus dudas sobre el estilo, que havia de seguir en el sermon, quando entró en su celda el Prelado con los papeles y sermones del difunto, entregóselos con cariño, recomendóle mucho su lectura y su imitacion, y luego se retiró,p. 10 porque le llamaban otras dependencias. Fray Gerundio, con su natural viveza y curiosidad, no pudo contenerse sin registrar luego los títulos de aquellos papeles y sermones, que venian todos repartidos en tres legajos. Desató el uno, y lo primero que encontró fué un cartapacio de pocas hojas con este epígrafe: Apuntamientos sobre los vicios del estilo. Pasmóse de aquella extraordinaria casualidad, comenzó á leer, y halló que decia assí:

3. «Primer Vicio: Estilo hinchado. Llámase assí por analogía con aquella viciosa disposicion del cuerpo viviente, quando, en lugar de carne y de succo nutricio, está ocupada alguna parte de él de una porcion de pituíta nociva, que causa el tumor ó inflamacion: consiste este estilo, dice Tulio, en inventar nuevas voces, ó en usar de las antiguadas, ó en aplicar mal en una parte las que se aplicarian bien en otra, ó en explicarse con palabras mas graves y magestuosas de lo que pide la materia.»

4. «La hinchazon del estilo unas veces está en solas las palabras, otras en solo el sentido, y otras en todo junto. Exemplos de hinchazon en las palabras: Dionisio el Tyrano llamaba á las Doncellas expectati-viras, las expectantes de Varon; á la Columna Menecratem ó Validi potentem, la forzuda; y Alexarcho, hermano de Casandro Rey de Macedonia, llamaba al Gallo manicinero, el Músico matutino; al Barbero Drachma, porque esta moneda se pagaba por afeitarse; al Pregonero Chœnice, porque con la medida de este nombre se median las cosas que se vendian al Pregon. No cabe mayor ridiculez.»

5. «Exemplos de hinchazon en el sentido. Séneca, en la Tragedia de Hércules Ethéo, le introduce pidiendo el Cielo á su padre Júpiter con estas fastuosíssimas palabras:

Quid tamen nectis moras?
Numquid timemur? Numquid impositum sibi
Non poterit Atlas ferre cum cœlo Herculem?
Quiere decir: Qué detencion es essa? Qué! me temes? ó, si yo subo á él, tienes rezelo de que Atlante no pueda con el Cielo? — Parece que no es possible pensamiento mas hinchado; pero todavía lo es mas el que se sigue:

Da tuendos, Jupiter, saltem Deos:
Illa licebit fulmen a parte auferas,
Ego quam tuebor.
No es mas que decirle:

A lo ménos, ó Júpiter, permite
Que amparar á los Dioses solicite,
p. 11
Y para los que tomare á mi cuidado
Sobran tus rayos, bástales mi lado.
De esto hay infinito en los Poetas y Oradores Castellanos.»

6. «Exemplos de el estilo hinchado en las palabras y en el sentido. El Poeta Nono hace decir á el Gigante Typhon lo que se sigue: No pararé hasta montar á cavallo sobre mi Hermano el Cielo; pero, en llegando allá, tengo de fabricar otro Cielo, ocho veces mas grande que el antiguo, porque en este no quepo yo. Assí mismo he de hacer que se casen las Estrellas, para que sea mas numerosa la poblacion de los Astros. A Mercurio le he de poner en un cepo, y á la Luna la reciviré por moza de cámara, para que haga las camas. Quando me quiera lavar, mandaré que me echen en una palangana todo el Erídano celestial, etc. Cada pensamiento es una locura, y cada expression una arrogancia.»

7. «Segundo Vicio: Estilo cacozelo.» — Algo se sorprehendió F. Gerundio, quando leyó esta expression, que le pareció mal sonante y piarum narium offensiva, pero luego se sossegó con la explicacion que se seguia en esta conformidad.

8. «Llámase estilo cacozelo aquel estilo afectado, que consiste en imitar mal las palabras ó los pensamientos del otro, de manera que las que en una parte están en su lugar y tienen alma, en otra no pueden estar mas dislocadas ni ser mas frias. Exemplos: Pintó Parrasio á un muchacho con un canastillo de uvas, tan vivas estas y tan naturales que engañados los páxaros baxaban á picarlas. Celebróse mucho esta pintura; y el mismo Parrasio, ó por modestia verdadera ó por hacer burla de los que la celebraban, notándolos de poco inteligentes, dixo que la pintura no podia estar peor; porque, aunque las uvas fuessen verdaderas, si el muchacho estuviesse bien pintado, no se arrimarian los páxaros á ellas.»

9. «Leyó un Rhetórico pedante, llamado Espiridion, este hecho y este dicho y, ofreciéndosele celebrar otra pintura del mismo Parrasio, colocada en el templo de Minerva, en la qual se representaba el cuerpo de Prometheo en el monte Cáucaso, continuamente despedazado de un buitre, y continuamente reproducido, para que le estuviesse perpetuamente despedazando; despues de muchas ponderaciones sobre la horrible propriedad de la pintura, dixo por última exageracion, queriendo imitar la de las uvas, que hasta en el mismo templo baxaban los buitres á encarnizarse en el retrato. Riéronse con razon los oyentes de un remedo tan frio como improprio; porque los buitres no son como las golondrinas, los morciélagos y las lechuzas, que saben muy bien lo que passa en los templos; aquellos solo pueden dar noticia de lo que sucede en los montes y en los peñascos.»

p. 12

10. «Otro exemplo: Dió principio un célebre Orador al sermon de honras de Phelipe IV. con esta emphática expression: Con que, en fin, hasta los Reyes mueren! y paróse un poco, dando lugar á que el auditorio reflexionasse sobre ella. Fué sumamente aplaudida la naturalidad y la elevacion de este mysterioso principio. Pocos dias despues pronunció la oracion fúnebre del Capiscol de cierta Iglesia un Predicadorcillo y, queriendo remedar lo que havia oído aplaudir, comenzó de esta manera: Con que, en fin, hasta los Capiscoles mueren! Fueron tales las carcajadas del auditorio, que el Orador no pudo proseguir mas adelante, y los que comenzaron honras acabaron entremes.»

11. «Tercer Vicio: Estilo frio. Es en parte parecido al cacozelo ó á el remedador, pero se diferencia en que el frio principalmente consiste en pensamientos nuevos, estraños, peregrinos y, cuando se llegan á apurar, insulsos. Tal fué el de Hegesias, insulsíssimo Sophista, en el Panegýrico de Alexandro, quando dixo, que se havia abrasado el celebérrimo templo de Diana en Epheso, al mismo tiempo que Olympias estaba pariendo á aquel Príncipe, porque, ocupada la Diosa en assistir á este parto, no pudo acudir á apagar el fuego de su templo. Pensamiento tan frio, añade Plutarco, que él solo bastaba para apagar el fuego. Huius epiphonematis tantum est frigus, ut id ipsum ad Ephesii templi incendium restinguendum satis validum fuisse videatur.»

12. «A esta frialdad de estilo están muy expuestos aquellos Predicadores que se entregan inmoderadamente al sentido alegórico de la Sagrada Escritura. Usado este sentido con economía, con eleccion y con prudencia, como le usaron los Santos Padres, es ameno, oportuno y provechoso; pero en practicándole con excesso y á pasto, no hay cosa mas fria, que mas fastidie ni que ménos se pegue. Quien podrá, por exemplo, tolerar que perpetuamente le anden predicando estas ó semejantes interpretaciones: El pórtico de Salomon es la conversacion de Christo; la estrella Arcturo es la ley; las Pléyades, la gracia del nuevo Testamento; las Luces,[4] los consejos de los Santos Padres; las Grullas, los Padres espirituales; el Zéfiro, los Predicadores de la ley evangélica; la Perdiz, el Diablo; y los Cínifes, los Lógicos ó los Sophistas. Passen en buen ora todas essas alegorías: pero, quien no se empalaga, quando llena las orejas de ellas?»

13. «Quarto Vicio: Estilo pueril. Consiste este en una suavidad sin xugo, en una dulzura empalagosa, en unas palabras y expressiones afeminadas, en retruecanillos sin substancia, en juegos ó en paloteados de voces, en equivoquillos, en ternuras afectadas, en alusiones cariñosas, en ciertas figurillas alegres y floridas, en pinturillas theatrales, y finalmentep. 13 en todo lo que suena á estilo cadencioso ó clausulado. Por lo regular solo usan de este estilo los entendimientos aniñados ó los que están posseídos de la loca passion del amor; porque, acostumbrados á leer en los Romancistas requiebros, ternuras, alhagos, rosas, azucenas y claveles, y hechizados de los conceptillos que lisonjéan su passion, juzgan que no hay cosa mayor ni mas divina. De este principio nacieron aquellos versos que compuso el Emperador Adriano, dirigidos á su alma, como quieren unos, ó á la del jóven Antínoo, de quien estaba extremamente enamorado, como quieren otros:

Animula vagula, blandula,
Hospes comesque corporis,
Quæ nunc abibis in loca
Pallidula, rigida, nudula,
Nec, ut soles, dabis jocos!»
14. «Vaya una pintura en el mismo estilo pueril, copiada á la letra de cierto sermon que anda impresso: Quiere el águila, hydrópica de luz, beber al Planeta mas propicio la impetuosa corriente de su raudal fogoso: navega por el mar del viento, sirviendo de seguros remos la ligereza de sus alas. Nunca vuelve los ojos al suelo, porque siempre los tiene fixos en el flamante globo. Si dexó amenidades de los vergeles, domina campos azules; si la tierra con verdores la lisonjéa, el sol con benévolas influencias la halaga. Lleva pendiente de su pico ó prisionera en la estrecha cárcel de sus garras á su prole hermosa y tierna: mírala con desvelo, atiéndela con cuidado, registra sus ojos, repara sus movimientos. Pero si ella, ó embriagada de luces ó ciega de resplandores, vuelve el rostro, encorva el cuello, ó pestañéan sus dos pequeños orbes declinando en cobardes timidezes, la despeña con ira, la precipita con rabia y, arrojándola de las nubes, la destina para pasto de crueles voracidades. Mas, si amante de aquella mayor antorcha, alada Clicia de su incessante carrera, enamorada de su esplendor, apassionada de su brillantez, conserva estable la vista aguantando el tropel de tantas llamas, en plácidos ademanes la expressa mas intensos sus amores, siendo prueba de su legítima filiacion el sympático afecto á la claridad. — Pintura pueril, donde no se encuentra ni un solo pensamiento masculino ni un solo concepto nervioso y varonil, reduciéndose toda ella á figurillas comunes y á metáphoras vulgares; porque, en quitando aquello de llamar al sol el Planeta mas propicio ó la mayor antorcha, á sus rayos corriente de raudal fogoso, al Cielo flamante globo, á los ojos dos pequeños orbes, no queda mas fuego ni mas substancia que clausulillas cortadas, antíthesisp. 14 ridículas, y repeticion de frases para explicar un mismo concepto. Y, quando el Autor dixo que, si el águila dexó amenidades de los vergeles, domina campos azules, debió sin duda de pensar que las águilas aniden en jardines y en florestas, como los ruiseñores y canarios; porque, si supiera que las águilas tienen siempre su nido en los sitios mas horrorosos de la naturaleza, buscando unas veces la cima, y otras el hueco de algun peñasco escarpado, no diria el disparate de que dexaba amenidades de los vergeles, y huviera buscado otra antíthesis mas propria para acompañar á su dominacion sobre los campos azules.»

15. «Quinto Vicio: Estilo parenthyrso. Llámase assí aquel modo de predicar descompuesto, desentonado y furioso, en que el Predicador mas parece un orate que un Orador: todo gritos, todo exclamaciones, todo ponderaciones intolerables, todo gestos, todo contorsiones del cuerpo, todo movimientos convulsivos, y todo figuras magníficas y grandiosas, para explicar las cosas mas baxas y mas ridículas. Dase con mucha propriedad el nombre de parenthyrso á este estilo, por alusion al thyrso ó garrote nudoso, cubierto de hojas, que se usaba en las fiestas bacanales, con el qual se sacudian de garrotazos unos á otros los que las celebraban, como si estuvieran locos; porque en realidad no hay cosa que mas descalabre ni que mas rompa la cabeza, que este estilo ó este modo de predicar.»

16. «No es menester citar exemplos para conocer este estilo, porque bien freqüentes los tenemos á la vista, especialmente en sermones de Quaresma, que llaman de mission, quando los predican ciertos Predicadores visoños, llenos de zelo, pero faltos de experiencia y no sobrados de juicio. Suélense reducir sus sermones á pasmarotas, á interrogaciones impertinentes, á exclamaciones importunas, á voces descompassadas, y á una continua agitacion del cuerpo tan violenta, que al acabar el sermon quedan mas quebrantados y mas molidos que si huvieran estado cavando todo el dia; y, miéntras ellos se retiran muy satisfechos de su travajo, la mayor parte del auditorio se va riendo de su bobería ó compadeciéndose de su locura.»

17. «Suelen estos en el discurso del sermon llorar, encenderse, enojarse, irritarse, invocar á el Cielo y á la tierra lo mas importunamente del mundo; y lo mas gracioso es que, quando dicen las cosas mas comunes ó mas frias, pareciéndoles que tienen ya al auditorio comovido, dicen con la mayor satisfaccion: Pero ya veo que se os despedazan las entrañas, ya veo que se os parte el corazon, ya veo que corren hasta el suelo vuestras lágrymas. Y lo que hay en el caso es, que miéntras tanto los oyentes están con los ojos muy enjutos,p. 15 con el corazon entero, y con las entrañas frescas y sanas salvo que se les despedacen de risa.»

18. «Sexto Vicio: Estilo escolástico. Incúrrese de varias maneras: ó quando el sermon mas parece una disputa que una oracion, por las pruebas, por la confirmacion, por los argumentos, por las respuestas y por las réplicas; ó quando en el discurso de él, aunque por lo demas tenga mucho de aire oratorio, se introducen freqüentemente sylogismos formales con su mayor, menor y conseqüencia; ó quando se citan, con excesso y con afectacion de sabios, puntos controvertidos en la escuela, con aquello de: dicen los Philósophos, enseñan los Theólogos, sabe el Maestro, etc. Incurren por lo comun en este vicio tres géneros de gentes: los Predicadores demasiadamente mozos, que aún están, como se dice, con el vade en la cinta; los demasiadamente viejos, encanecidos en las Aulas y en las Universidades; y aquellos, assí viejos como mozos, que por su profession ó instituto no pueden lucir sus estudios escolásticos en theatros públicos, destinados para esso, y escogen el púlpito para hacer importuna ostentacion de ellos.»

19. «Tambien se llama estilo escolástico el de aquellos Oradores tan supersticiosamente aligados á las leyes y reglas de la oratoria, que ántes quebrantaran todos los preceptos del Decálogo que faltar al mas mínimo cánon de la rhetórica. Estos tienen gran cuidado de que todo el artificio se descubra de par en par: el exordio, la proposicion, la division, las pruebas, la exornacion, el epílogo, y de ir midiendo las figuras como con un compas, distribuyéndolas y repartiéndolas en sus caxoncillos y quadrados, como tablero de damas. No hay cosa mas insufrible ni mas fastidiosa que una composicion tan arreglada: hasta el gesto y el tono de la voz, el movimiento del cuerpo y las acciones de las manos, ponen el mayor estudio en que salgan á nivel. Con mucha gracia se burlaba de ellos Demósthenes, quando decia, que no creía pendiesse la fortuna de la Grecia de que la mano se moviesse hacia aquí ni hacia allí: fortunas Græciæ ex eo non pendere, an manum in hanc vel in illam partem inflexeris. Este es aquel estilo que por otro nombre se llama tambien pedantesco.»

20. «Séptimo Vicio: Estilo poético. Dice Theophrasto, y ya convienen todos en ello, que es sumamente útil al Orador exercitarse en la lectura de los mejores Poetas, especialmente cómicos y trágicos, y aún añade Dionysio Halicarnasseo que no puede ser perfecta una oracion, si no es muy parecida á un buen poema.»

21. «La verdadera inteligencia de esta regla, que tambien la adoptan Ciceron y Quintiliano, es la que dan ellos mismos.p. 16 Dice Ciceron, que el Orador ha de aprender del Poeta á hablar con número y con medida; pero no con aquella medida que hace el verso, porque esse es vicio de la oracion, nam id quidem orationis est vitium, sino con aquella medida que causa en los oídos cierta harmonía llena y numerosa, siendo cierto, que es numeroso todo lo que suena bien; por esso dixo un discreto, que para hacer buena prosa era menester tener buena oreja.»

22. «Quintiliano explica mas la materia y dice, que el Orador debe aprehender de el Poeta la elevacion del concepto, la viveza de la expression, el imperio y la mocion de los efectos, la propriedad y el decoro de las personas, pero advierte, que no ha de passar de aquí y que no debe imitar al Poeta ni en la arrogancia y libertad de las palabras, ni en la licencia de las figuras, ni en la forzosa medida de los piés: Meminerimus tamen non per omnia Poetas Oratori esse sequendos, nec libertate verborum, nec licentia figurarum, nec pedum necessitate.»

23. «Por no entender bien esta regla ó por entenderla al rebés, han caído tantos Historiadores y tantos Oradores en el intolerable vicio de el estilo poético, tomando de los Poetas lo que debieran huir, y huyendo de lo que debieran tomar: de la sublimidad del pensamiento, de la valentía y magestad de la expression, y de el divino fuego con que inflama los afectos, nada absolutamente; pero de sus enthusiasmos, de sus frases floridas y pomposas, de sus figuras arrebatadas, y de las medidas de sus piés, absolutamente todo, sin faltarles mas que las rimas ó los consonantes.»

24. «Quien ha de tener paciencia para oir á un Orador sagrado, que desde toda la grave magestad del púlpito pinta á un leon de esta manera: Mirad esse coronado monstruo de la selva, dominante terror de la campaña; atended como eriza la melena, como afila el acero tajante de las uñas, como furioso acomete, como estremeciendo ruge! — Da pedes, et fient carmina: no le faltan mas que los piés para ser verso; pero ni aún los piés le faltan, porque aquello de coronado monstruo de la selva, dominante terror de la campaña, atended como eriza la melena, son tres piés cabales de verso heróico, y lo otro de como furioso acomete, como estremeciendo ruge, son dos piés muy ajustados de verso lýrico.»

25. «Amiano, Enodio y Sidonio Apolinar fueron los que introduxeron esta peste, y con ella inficionaron las quatro partes de el mundo: para decir Amiano que una injusta y cruel guerra abrasó á toda la ciudad, se explica con estas poéticas frases: Cumque primum Aurora surgeret, universa quæ videre poteram armis stellantibus coruscabant ac ferreusp. 17 equitatus campos opplebat et calles; sæviens per urbem æternam urebat cuncta Bellona, ex primordiis minimis ad clades duda luctuosas, quæ obliterasset utinam juge silentium: Apénas la Aurora havia dexado el lecho y pude con su luz descubrir lo que passaba, quando ví, que toda la campiña resplandecia con las armas centellantes y que la cavallería, cubierta de hierro azerado, llenaba campos y calles; Belona, cruelmente enfurecida, todo lo reducia á pavesas en aquella ciudad interminable, passando de los menores daños á estragos tan lastimosos, que oxalá los huviera borrado de la memoria el silencio ó el olvido!»

26. «Pero esto no tiene comparacion con la pintura, que hace del suelo helado y resbaladizo en tiempo de invierno: Hieme vero humus crustata frigoribus et tanquam levigata ideoque labilis incessum præcipitantem impellit, et patulæ valles per spatia plena glacie perfide vorant nonnumquam transeuntes: Encostrada en invierno la tierra al rigor de frios y de escarchas, passa de desigual y consistente á lisa y resbaladiza, y assí impele con violencia al que quiere caminar con passo precipitado, de manera que, ofreciéndose á la vista los valles mas espaciosos, tal vez tan llenos de perfidia como de hielo, se tragan al mismo caminante.»

27. «No se trahen mas exemplos de el estilo poético, porque no hay cosa mas de sobra en los libros, ni apénas se oye otro en los púlpitos, con tanto dolor de los zelosos como risa de los verdaderos críticos.»

28. «Octavo Vicio: Estilo metaphórico y alegórico. Tiene mucho parentesco con el poético en lo hinchado de las frases, y solo se diferencia de él en que este huye de aquellas voces proprias y naturales, que se inventaron para la sencilla explicacion de las cosas, y busca estudiosamente las que solamente significan los conceptos por alguna semejanza ó analogía. La metáphora se puede exercitar en una sola palabra, como quando de un hombre fiero se dice que es un leon, ó de un empedernido que es una piedra, es un mármol. La alegoría se ha de seguir ó continuar en una ó en muchas cláusulas, sin perderla de vista ni abandonarla hasta que llegue á hacer completo y perfecto sentido de la oracion, como quando decimos que, embarcada el alma en la nave del cuerpo, se hace á la vela por el mar de este mundo y, surcando piélagos de miserias, entre borrascas de contradicciones, escollos de fortunas peligrosas, y bagíos de adversidades, ya zozobra, ya naufraga, hasta que, soplando el viento favorable de la gracia, llega feliz al puerto de salvamento.»

29. «No se puede negar, que assí la metáphora como la alegoría, usadas con oportunidad y con moderacion, dan mucha gala al estilo, le ennoblecen y le elevan; pero, quien podrá tolerarp. 18 una oracion ó un libro entero escrito todo él en este estilo? Solo el gusto góthico, que estragó todas las ciencias y las artes, pudo hallar gracia en esta frialdad, y solamente aquellos, que llamaban el hierro[5] de Ciceron á la divina eloquencia de este hombre incomparable, podian reputar por oro su asquerosíssima basura.»

30. «Donde hay cosa mas ridícula que la alegoría, con que Enodio alaba la descripcion que hizo del mar un amigo suyo en cierta obra? Dum salum quæris verbis in statione compositis, et incerta liquentis elementi placida oratione describis; dum sermonum cymbam inter loquelæ scopulos Rector diligens frenas et cursum artificem fabricatus trutinator expendis; pelagus oculis meis, quod aquarum simulabas eloquiis, demonstrasti. Quiere decir: Quando intentas pintar el salobre charco con palabras escogidas á mano, como flores; quando pretendes descrivir con plácida oracion assí las inconstancias como los inquietos rumbos del líquido elemento; quando goviernas diestro Piloto la navecilla de las voces entre los escollos de la facundia y con mano maestra de artífice perito examinas, balancéas y equilibras el peso de las expressiones, no representaste á mis ojos el piélago de aguas, que dissimulabas, sino el oceano de eloquencia, que no pretendias.»

«Solo puede competir con esta insulsez la carta, que un Estudiante escrivió á su Padre para darle á entender lo mucho que havia aprovechado en la rhetórica, y sobre todo lo bien que sabia seguir una alegoría. La carta decia assí»:

31. «Orígen y Señor mio: Derivándose de Vm., como de su manancial inagotable, este corto arroyuelo de mi vida, que hoy serpentéa líquido por estos dilatados campos de Villagarcía, es de mi obligacion poner en noticia de Vm., como ya es muy delgado el hilo de su corriente, porque los rayos de el sol, que nos abrasó en Carnestolendas, elevaron hácia arriba tantos vapores, que apénas le han dexado caudal para humedecer la hierva. Por tanto, si Vm. no quiere que el arroyuelo se seque, socórrale con raudales, ya sea por arcaduces de lino (las alforjas), ya por conductos de pieles embetunadas (botas ó pellejos). A mi Señora elucubradora (la madre que le dió á luz), que esta su menor antorcha se pone á la obediencia de sus rayos. B. l. m. de Vm. su phénix Varon (era el único hijo con dos hermanas), el Precursor sin hiel (llamábase Juan Palomo). Habria hombros en la naturaleza, que pudiessen con un libro ó con un sermon en este estilo? y á los de Atlante, que pudieron con el Cielo, no les brumaria una cosa tan pesada?»

32. Hasta aquí el papel de Apuntamientos, con que tropezó Fray Gerundio, que leyó de verbo ad verbum, sin perder sýlaba ni coma; y apénas acabó de leerle, quando se quedóp. 19 suspenso por un rato: cerró los ojos, sentó el codo derecho sobre el brazo de la silla, reclinó la cabeza sobre la mano, teniendo en la izquierda el papel que havia leído. Estuvo un buen espacio de tiempo pensativo, y al cabo levántase con ímpetu de la silla, coge el papel entre las dos manos, hácele dos mil pedazos, arrójale con indignacion por la ventana, y, dando dos paséos por la celda, acompañados de media dozena de patadas, exclamó diciendo: «Válgate el Diantre por papel y por el grandíssimo impertinente que te fabricó; que me haveis rebuelto los sesos! Es impossible que el Autor no fuesse el hombre mas prolixo y el mas indigesto, que ha nacido de mugeres. Pues qué, para hablar uno como Dios le ayudare, ha menester tantas ceremonias? Y, si este Autorcillo avinagrado tiene por viciosos todos los estilos que acaba de nombrar, donde hallará uno que no sea pecador? A el magnífico le llama hinchado; á el culto, remedador ó caco-qué sé yo? á el figurado, frio; á el tierno, florido y delicioso, pueril; á el vehemente, parenthyrso ó paren-Diablo; al arreglado, escolástico; al rumboso, poético; y al alusivo, metaphórico ó alegórico: pues, en qué estilo hemos de hablar y escrivir? Váyase, vuelvo á decir, con quatrocientas mil pipas de Dem… (y díxolo redondo, porque no era escrupuloso), que yo escriviré y hablaré en el que me diere la gana; y, pues el que he usado hasta aquí ha merecido tantos aplausos, aténgome á él, y no á lo que dice este Apuntador descontentadizo y malhablado.»

33. Con efecto, en un santiamen dispuso el sermon, sin apartarse un punto de su estilo estrambótico, ni desamparar sus queridas frases estraphalarias. Para fecundar bien la imaginacion ó la fantasía en ellas, leyó un par de sermones de su riquíssimo thesoro el Florilegio sacro, y aún para mayor abundamiento volvió á recorrer cierto sermon impresso de otro Autor, que le havian prestado en una oracion para que le leyesse, y á él le cayó tan en gracia, pareciéndole un milagro de eloquencia, que no paró hasta que su dueño le hizo entera y absoluta donacion de él inter vivos, transfiriéndole su dominio y omnímoda propriedad.

34. Este sermon se intitulaba: Triumpho amoroso, Sacro Hymenéo, Epithalamio festivo, mirífico Desposorio, que con el Cordero Eucharístico celebró en su profession solemne la Madre Sor… etc., compuesto por el R. P. Fr… etc. El título solo de la pieza le encantó, y le arrebató las potencias y sentidos. Reparó, que la dedicatoria y aprobaciones ocupaban tanto como el sermon; porque en materia de hojas estaban tantas á tantas, y de contado esto le hizo formar un concepto superior del mérito de la obra, pues á cada palabra de ella correspondia otra en elogio suyo. Comenzó á leerla,p. 20 y juzgó que no se havia engañado en su concepto, porque quedó como extático de admiracion y de assombro al encontrarse con las primeras cláusulas de la salutacion, que decian assí ni mas ni ménos:

35. «O el amor está de bodas, ó yo no entiendo al amor. Qué invencion! Qué sacro enigma! Dulce divino Cupido! Sol de Justicia amoroso! Qué labyrintho de luces dissimula en gloria tanta esse disfraz de mysterios!» — Es cierto, que el estilo no le pareció tan elevado como el de el Florilegio, porque en realidad las voces son regulares y de estas que se usan en tierra de Christianos; pero, qué importa? si en cambio aquella perfecta cadencia de verso lýrico es un dulcíssimo encanto? Sobre todo aquel arranque: O el amor está de bodas, ó yo no entiendo al amor, le pareció á nuestro sabatino que no havia oro para pagarle, y él por lo ménos daria alguno, porque se le ofreciesse alguna cosa parecida, para dar principio á su sermon. No dexó de ofrecérsele que la tal entradilla: O el amor está de bodas, ó yo no entiendo al amor, parecia un poco mas retozona de lo que á Religiosos conviene, y que acaso algun bufon del auditorio diria (allá para su coleto): «Cuerno en el Frayle, y qué respingon que sale! Cierto que perderia mucho la Iglesia de Dios en que su Paternidad no entendiesse ni de bodas ni de amor! ántes creo que nada ganará, si entiende mucho S. Rma. de la materia.» Digo, que todo esto le passó por el pensamiento á Fray Gerundio, pero lo despreció con una noble libertad de espíritu, por dos importantíssimas razones. La primera porque, si los Predicadores huvieran de hacer caso de truhanes y bellacos, ahorcarian el oficio, pues apénas podrian decir cosa, que no la torciessen y la maliciassen. La segunda porque, si no dissonó aquel arranque en un Predicador de profession mucho mas austero y de hábito mucho mas penitente que el suyo, con la circunstancia de estar cubierto de canas y cargado de años y empléos en la Religion, mucho ménos dissonaria en él por las razones contrarias.

36. Desembarazado tan felizmente de este reparillo y persuadido á que no era possible abrir el sermon con cláusula mas ayrosa, comenzó á batallar en su imaginacion con una multitud de cláusulas, que de tropel se le ofrecieron, todas parecidas á ella, sin saber qual havia de elegir, porque cada una le parecia la mejor. Asseguró despues á un confidente, por cuya deposicion lo supimos, (pues sin algo de esto ó sin que él lo dexasse anotado en alguna parte, como era possible que llegasse hasta nosotros la noticia de lo que le havia passado por el pensamiento?) asseguró (vuelvo á decir) á un confidente suyo, que entre las cláusulas semejantes á la primera del Epithalamio festivo, que á borbotones se le vinieronp. 21 al pensamiento, las que mas le dieron que hacer, porque le agradaron mas, fueron las siguientes.

37. O hay Sacramento en Campazas, ó no hay en la Iglesia fé. Esta le pareció una invencion milagrosa para captar desde luego una suspension extática. O Jesu-Christo está allí, ó yo no sé donde estoy. Tambien juzgó, que este principio estaba lleno de una exquisita novedad. O aquel es cuerpo de Christo, ó no hay en los naypes ley. Mucho le agradó este ofrecimiento, porque, sobre ser el mas popular de todos, aquello de cotejar la existencia de Christo en el Sacramento con la ley de los naypes, se le figuró una valentía de ingenio jamás oída ni vista. En esta última tenia razon, y, como no fuesse una blasphemia heretical, vamos claros que era un pensamiento singularíssimo. O aquel no es vino ni es pan, ó soy un borracho yo. Aún esta cláusula le agradaba mas que todas, si no fuera por la palabra borracho, que le pareció demasiadamente llana; y, aunque ya se le ofreció, que ebrio y beodo significaban lo mismo con alguna mayor decencia, pero, sobre que no ajustaba tan bien el pié del verso, creyó, que en quitando la palabra borracho se le quitaba á la cláusula toda la gracia.

38. Finalmente, bien considerado todo, se determinó á dar principio á su sermon con la cláusula primera: O hay Sacramento en Campazas, ó no hay en la Iglesia fé. Para tomar esta acertada determinacion, tuvo buenas y legítimas razones; pues, sobre ser aquella cláusula, sin disputa alguna, la mas suspensiva y la mas emphática de todas, era tambien la mas verdadera, siendo indubitable que, si en Campazas no havia Sacramento, supuesta la consagracion, tampoco le habria en la Iglesia de San Pedro en Roma ni en ninguna de toda la Christiandad, y allá iba la fé por essos trigos de Dios: fuera de que esta cláusula le venia de perlas para el assunto, que ya havia resuelto tomar, conviene á saber, que Campazas era la Patria nativa del Sacramento de la Eucharistía, lo que, á su modo de entender, estaba concluyentemente probado; porque llevando, como él llevaba, la opinion, (y es en realidad la mas probable,) de que el verdadero y legítimo nombre de Campazas en su primitiva institucion havia sido Campazos, esto es Campos espaciosos y largos, campos muy dilatados, y consiguientemente que el lugar de Campazos fué, digámoslo assí, como el tronco, como el Fundador, ó como el Lugariarcha de la frugífera region de Cámpos, á la qual dió glorioso y oportuno nombre: — supuesto todo esto, discurria nuestro Fray Gerundio con tanta solidez como sutileza, de esta manera: «La materia remota del Sacramento de la Eucharistía es el trigo; la patria del trigo es Cámpos; la casa solariega de Cámpos es Campazas;p. 22 luego Campazas es el solar y la patria del Santíssimo Sacramento.»

39. «Esto por lo que toca á la materia del Sacramento en la especie del pan; vamos á la misma materia en la especie de vino. Sic argumentor: El vino es materia remota de la Eucharistía; el vino nace en las viñas, las viñas en los campos, los campos en Campazas; ergo, etc. Para la exornacion no me sobra otra cosa que materiales tomados de la Escritura, de los Padres, de los Expositores, de los Autores profanos; y, si me resuelvo á valerme de la fábula, tambien de los Mythológicos. Todo quanto se dice de los campos y de todo lo que pertenece á ellos, especialmente de trigos, viñas y vino, viene clavado á mi assunto. Passan de ciento los textos de la Escritura que hablan de campos, y, solo con leer á Gislerio en la exposicion de qualquiera capítulo de los Cantares, encontraré un carro de autoridades para llenar el sermon de latin, todo perteneciente á viñas, trigos y campos, y para cargar las márgenes de tantas citas, que apénas quepan en ellas, de manera que solo con verlas me tengan por el hombre mas leído y mas sabio que ha nacido de mugeres. De los Autores profanos, no hay mas que abrir las Geórgicas de Virgilio y algunas de sus Eglogas, que en ellas hallaré versos á pasto y todos muy al intento, con que podré aturrullar á mi mismo Preceptor el Dómine Zancas-Largas; y en fin, si quiero amenizar la funcion con la erudicion florida de las fábulas, (que á esso todavía no me he determinado,) ahí están los prodigios que se cuentan de Céres, Baco, Flora, Pomona, y, por fin y postre, toda la Cornucopia de la divina Amalthéa; pues todas estas Deidades son de la jurisdiccion y Adelantamiento de la provincia de Cámpos, que me darán barro á mano no solo para competir la amenidad de mi grande amigo Fray Blas, sino casi casi para apostárselas al soberano Autor del pasmoso Florilegio.»

40. Ni mas ni ménos como lo ideó Fray Gerundio, assí dispuso su sermon, y, estudiado que le huvo, llegándose el dia de predicarle, montó en un macho de Noria, tuerto y algo perezoso, que le embió su Padre, y partió á Campazas, donde sucedió lo que dirá el capítulo siguiente.

p. 23

CAPITULO III.
Predica Fray Gerundio en su Lugar, y atúrdese la gente.

1. Havia corrido por toda aquella comarca la noticia de que nuestro Fray Gerundio baxaba á predicar en la funcion del Sacramento en la célebre fiesta de Campazas, ya porque Anton Zotes como Mayordomo havia convidado á todos los amigos que tenia en los lugares á la redonda, que no eran pocos, assí de labradores como de Clérigos y Frayles, ya porque el mismo Fray Gerundio no se havia descuidado en echar tambien la voz entre sus muchos conocidos y apassionados, siendo tentacion tan comun en todo Predicador principiante, que tal vez cunde hasta en los mas adultos y provectos, dexarse caer al descuído con cuidado, ya en las conversaciones, ya en las cartas, el dia ó los dias que predican, lo que algunos maliciosos atribuyen á demasiada satisfaccion ó vanidad, y, á mi pobre juicio, no es mas que un poco de ligereza mezclada con una buena dósis de bobería.

2. Amen de esso, la fiesta de Campazas era tan famosa en toda aquella tierra por los novillos y por el Auto-sacramental, que, sin que nadie convidasse y aunque fuesse el Predicador el mayor zote del mundo, siempre concurria á ella innumerable gentío, no solo despoblándose los lugares del contorno, sino que rara vez se dexaba de ver en ella mucha gente ociosa y alegre de Leon, de la Bañeza y Astorga; pero, añadiéndose en este año la fama del Predicador y el convite de Anton Zotes, convienen todos los Autores de quienes nos hemos valido para recoger las noticias mas puntuales, que componen el cuerpo de esta verídica Historia, que fué en él extraordinario el concurso.

3. Danse por supuestas las demonstraciones de alegría y de ternura, con que fué recivido nuestro Fray Gerundio de su Padre el Tio Anton, de su Madre la buena de la Catanla, y de su Padrino el Licenciado Quixano. Esto mas es para considerado con un casto silencio, que para explicado con la pluma; pues, aunque fuesse de águila, de buitre ó de abutarda, nunca podria remontar el buelo hasta la cumbre de tan alta esphera; quanto mas la nuestra, que no puede seguir el tardo movimiento del mas pesado avestruz! Baste decir que apénas se desmontó del macho zancarron, (assí le llamaba el Director de la noria,) quando la Tia Catanla le dió mil tiernos abrazos y otros tantos maternales ósculos, dexándole bien rociadas las barbas de lágrimas y mocos. Iba á limpiarse estos y aquellas, pero no le dieron lugar las rociaduras semejantes que se siguieron; porque, como era la primera vez que se dexaba ver en el lugar despues de Frayle, no solop. 24 concurrieron á verle, abrazarle y besarle todas las Tias del barrio, unas con la licencia de viejas, y otras con la de Parientas, sino que apénas quedaron dos en el lugar de Campazas, que no hiciessen lo mismo; y aún essas únicas dos es fama que lo dexaron, una porque estaba en la cama con cámaras y pujos, y otra porque dos dias ántes havia saltado de su corral al de la Tia Catanla una gallina y no havia parecido, de lo qual estaba hecha ella una furia contra la buena de la Rebollo, que nada sabia de esso, y aún se decia que la dueña de la gallina queria acudir á Leon á sacar una descomunion ó una Pollina á mata-candelas, (assí llamaba ella la Excomunicacion y la Paulina,) contra la encubridora de su ave. Por lo demas, hombres, mugeres, viejos y mozos, todos acudieron á casa del Tio Anton Zotes á ver al Flayrecico y á dar la enhorabuena á sus Padres de que tuviessen el gusto de verle en su casa y ya tan aprovechado. Ello es assí, que consta de documentos y papeles antiguos de aquel tiempo, que se gastaron en aquella tarde quatro cántaras de vino, ocho quesos, y diez y seis ogazas y media en agassajar á los que concurrieron á casa del Tio Anton; de donde podrá inferir el prudente y discreto Lector los muchos que serian, y lo bien quistos que estaban en todo el pueblo Anton Zotes y su saníssima muger.

4. Faltaban tres dias para la funcion, en los quales fueron llegando aquellos convidados especiales, que eran mas estrechos amigos de la casa de los Zotes, donde estaban prevenidas no ménos que veinte camas para los huéspedes, quatro para los de mayor autoridad y respeto en las cámaras altas de la casa, y las demas se acomodaron en una panera, que á este fin se desocupó y se barrió, colgando las paredes con mantas de mulas y cavallerías de la labranza, assí de las que havia en casa, como de otras que se pidieron prestadas, quedando la pieza, á juicio de la mayor parte del lugar, tan ostentosa que se podia hospedar en ella un Obispo.

5. El primero que llegó fué un primo del Tio Anton, y consiguientemente Tio segundo de nuestro Fray Gerundio, que havia sido Colegial mayor y era actualmente Magistral[6] de la Santa Iglesia de Leon, hombre ya hecho, sabio, agudo, discreto, muy leído, gran Theólogo é insigne Predicador, en fin, de prendas tan sobresalientes que ya havia sido consultado en tercer lugar para un Obispado. Este traía de camarada á otro Canónigo de su misma Iglesia, de estos que se llaman Canónigos de cuello ancho[7] y, por otro nombre, de capa y espada, jovencito aún y en la flor de sus años, pues no passaba de los veinte y cinco, pero muy despejado, muy alegre, naturalmente chistoso y decidor, Poeta mas que decente, que decia de repente con bastante gracia, con no poca sal, y porp. 25 lo comun sin sacar sangre, (cosa muy dificultosa, y por lo mismo bien rara en los que tienen esta habilidad y hacen profession de ella,) por cuyas buenas partidas estaba muy prendado de él el Señor Magistral.

6. Como unas dos horas despues se apeó un Labrador,[8] pariente tambien del Tio Anton, que vivia en un lugar distante quatro leguas de Campazas. Era Familiar del Santo Oficio y, aunque hombre de explicacion cerril y apatanada, tenia una razon natural bien puesta, y discurria con acierto en aquellas materias que se proporcionaban á su capacidad. En el camino se le havia incorporado un Donado de cierta Religion,[9] que, haviendo sido tres veces casado y cinco años viudo, por fin y postre cansado del mundo se entró á servir en un Convento, donde pretendió para Lego, pero no le quisieron dar el hábito, porque, aunque hombre muy forzudo y servicial, era extraordinariamente zafio y allende de esso locuaz y mas que medianamente bebedor, no de manera que se privasse in totum, pero se quedaba á unos medios pelos que olian á chamusquina, y entónces con especialidad hablaba por todas las coyunturas y en todas las materias que se ofrecian, porque sabia leer y havia leído la Historia de los doze Pares de Francia, á Guzman de Alfarache, la Pícara Justina y quantos romanzes de ciegos se cantaban de nuevo en los mercados, gustando sobre todo de leer gazetas, aunque maldita la palabra entendia de ellas; con que era el Donado un hombre muy divertido y, en fin, pieza de Rey.

7. Mucho se alegró nuestro Fray Gerundio, quando se halló en compañía de todos estos huéspedes, pero especialmente de su Tio el Magistral, quien, como hombre entendido y de la facultad, le pareció que havia de hacer justicia á su sermon, del qual estaba tan satisfecho, que se persuadia con el mayor candor del mundo á que en su vida habria oído ni leído otro semejante; y ya daba por hecho que, en oyéndole, se havia de enamorar tanto el Tio de los talentos del sobrino, que, quando fuesse Obispo, le havia de llevar consigo y le havia de hacer su Confessor, no pareciéndole tampoco impossible, que con el tiempo su Tio el Obispo (pues ya le consideraba como tal,) le grangeasse por ahí, aunque no fuesse mas que un Obispadillo en Indias. Todos estos pensamientos le passaron por la imaginacion, lisongeándole infinito y llenándole de un inexplicable gozo.

8. Pero, quien podrá declarar dignamente con palabras el que se apoderó de su corazon, quando, contra toda su esperanza y sin que siquiera se le huviesse ofrecido tal cosa al pensamiento, vió apearse en el corral de la casa á su íntimo amigo el Predicador Fray Blas, acompañado de un Religioso de otra Religion, que él no conoció, pero todas las señas eranp. 26 de ser hombre muy reverendo, porque trahia anteojos con cerquillo de plata, bequoquin de seda, sombrero fino con cordon y dos borlas de lo mismo, quitasol, baston de caña con puño de china, y venia montado en una bizarra mula con su gualdrapa muy cumplida de paño negro con grandes fluecos y caireles, sirviéndole de mozo de espuela uno muy gallardo, asaz bien apuesto y con toda la gala de los majos y petimetres del oficio, zapatillas blancas, medias del mismo color, calzon de ante, una gran faja de seda encarnada á la cintura, armador de cotonía, capotillo de paño fino de Segovia de color amusgo, redecilla verde con su borla de color de rosa, que colgaba hasta mas abaxo de la ñuca; la cinta que la ceñia y apretaba, de color de nácar; sombrero chambergo rodeado de una cinta de plata color de fuego, con su roseton ó lazo á la parte posterior, que remataba en la copa. Todo esto lo observó Fray Gerundio muy bien observado, y todo le hizo imaginar, que aquel Religioso era por lo ménos Cathedrático de la Universidad de Salamanca ó de Alcalá, quando no fuesse quizá algun Padre Difinidor ó Presentado.

9. No se engañó mucho, porque á lo ménos era Vicario de unas Monjas[10] que estaban junto á Jacarilla, y ántes de esso havia cuidado seis años de una granja, en cuya administracion no se havia perdido; porque él mismo confessaba ingenuamente, quando se ofrecia la ocasion, que le havia valido por lo ménos tanto como á la Casa, porque havia sacado un decente bolsillo, que sufria ancas para socorrer á quatro parientes pobres, para servir á dos amigos, y para subvenir á sus necessidades religiosas, aunque la vida fuesse un poco mas larga que lo ordinario. Como quiera, quando Fray Gerundio vió á su amiguíssimo Fray Blas, pensó perder los sentidos de puro contentamiento, y, despues de haver hecho los primeros cumplidos al Rmo. Padre Vicario, como lo pedia la urbanidad, dió muchos abrazos á Fray Blas, y supo de él como, haviendo tenido noticia en Jacarilla del sermon que le havian echado en su lugar, hizo ánimo de no volver al Convento hasta que se le huviesse oído predicar, logrando con esta ocasion ver la fiesta de Campazas y passar en su compañía quatro dias alegres, con toda libertad y sin el molesto acecho y murmuracion de los Frayles.

10. Díxole, que para sacar la licencia del Prelado, sin que ni él ni los Frayles reparassen en que estaba tanto tiempo fuera del Convento, le havia escrito una carta atestada de mentiras, suponiendo que havia caído gravemente enferma una viuda rica, sin hijos ni herederos forzosos, que le havia pedido con grandes instancias que la confessasse y la assistiesse hasta entregar el alma á Dios, dándole á entender que no lo perderia él ni su Comunidad, porque podia disponerp. 27 libremente de sus bienes, como nuestro Señor la inspirasse; que, no obstante esso, él se havia resistido, por quanto la enfermedad tenia traza de ir muy larga, aunque decia el Barbero del lugar, hombre muy inteligente, que sin milagro no podia escapar de ella; que la misma viuda le havia obligado á que escriviesse á Su Paternidad, esperando que no la negaria este consuelo, y que assí lo hacia con la mayor indiferencia, aguardando su determinacion, porque todo su gusto seria obedecerle, bien que, si huviesse de consultar su inclinacion, ya estaria en el Convento; porque, sobre la penalidad y trabajo de assistir continuamente á una enferma, passando malos dias y peores noches, siempre le havian parecido mal los Frayles que estaban mucho tiempo fuera de la campana del Convento, á que se añadia que, siendo él Predicador mayor de la Casa, no era razon que cargassen otros con los sermones que por su oficio le tocaban á él.

11. «Esta fué, amigo Fray Gerundio, (añadió el Predicador,) la cartica que le espeté, que, aunque yo lo diga, no iba urdida del peor estambre. Ya conoces la poca malicia del buen hombre, y tambien su lado flaco; en amagándole en algo para el Convento ó para su peculio, no puede resistirse, y dará licencia á un súbdito para que se case, con tal que lo haga sin pecar… el santo varon tragó el anzuelo, y me respondió sin perder tiempo, alabando mucho mi zelo, mi obediencia y mi religiosidad, pero mandándome en virtud de santa obediencia y en remission de mis pecados, que assistiesse á la enferma hasta que á vida ó á muerte saliesse de aquel peligro, aunque la enfermedad durasse un año, encargándome que procurasse fomentarla la devocion á la Orden y que no dexasse de exagerarla las particulares necessidades de aquel Convento; pero me prevenia, que esto fuesse con prudencia y quando se ofreciesse buena coyuntura: por lo demas concluía, que los sermones no me diessen cuidado, pues corria del suyo el encargarlos, fuera de que, teniéndote á tí, no necessitaba de otro, pues, aunque todavía estabas un poco verde, esto no desdecia de tus años, y por otra parte era prodigiosa tu facilidad.»

12. — «Vamos claros, dixo Fray Gerundio, que el enredo está de mano maestra; y quanto tiempo ha de durar la enfermedad de la viuda?» — «Lo que duraren las fiestas de los lugares á la redonda, respondió Fray Blas; porque ninguna pienso perder.» — «Y qué diablos ha de decir Vm. despues? le preguntó Fray Gerundio, quando se vea, que no hay tal herencia ni calabaza». — «En esso te paras, majadero? respondió Fray Blas. Hay mas que decir que, haviendo hecho la enferma su testamento cerrado, en que dexaba al Convento por su universal heredero, despues dep. 28 algunos legados de corta cantidad á algunos parientes pobres, estando ya con la uncion, hizo una promessa y cobró la salud milagrosamente?» — «Pero, si se averigua, replicó Fray Gerundio, que no huvo tal viuda ni tal enferma de mis pecados, y que todo fué un puro embuste de Vm., para pretextar con esse piadoso sobreescrito la tuna y el bisboleo?» — «Calla, simple, respondió Fray Blas, como se ha de averiguar, no haviendo otra correspondencia en el Convento con Jacarilla que la que yo tengo? fuera de que, aunque por alguna casualidad llegue á saberse, quid inde? Dirán, que fué una de las trampillas que están muy en uso. Mira, Gerundio, los Frayles y las mozas de servicio nunca salen de casa sino con sobreescritos devotos: estas siempre piden licencia para ir á rezar, y aquellos, quando quieren ir á tunar ó desenfraylar, como ellos dicen, alegan por lo comun, ó el sermon que les echaron y ellos pretendieron, ó el que en la realidad no hay, ó las dissensiones de los parientes, ó el testamento y la enfermedad del Padre; y á la sombra de tan piadosos pretextos, passan un par de meses de vita-bona. Decir, que un Frayle ha de pedir licencia derecha y claramente para ir á divertirse quatro dias en casa de un amigo, esto es cuento: tal qual tonto lo suele hacer por acreditarse de sincero, pero regularmente llevan calabazas,[11] porque los Prelados se revisten del zelo de la observancia y, miéntras no los cohonestan la salida, dicen que la pierna en la cama, la moza con la rueca, y el Frayle en la celda.»

13. — «Pero, á proposito de Frayle, interrumpió Fray Gerundio, quien es esse Rmo. que viene con Usted? porque parece personage.» — «Y es lo que parece, respondió Fray Blas; porque, aunque ahora es Vicario de unas Monjas y ántes fué Grangero, siguió la carrera de los estudios con mucha honra; y, aburrido de que huviessen graduado ántes á otro condiscípulo suyo por empeños, se aplicó á este rumbo, de lo que no está arrepentido; porque, aunque no parece de tanta honra, es sin duda de mucho mayor provecho. Hizo mucho doblon en la Granja; despues pretendió esta Vicaría, que le dieron sin dificultad: las Madres le regalan como á cuerpo de Rey, y él lo passa como un Pontífice. Es muy amigo mio, desde que me oyó predicar en Cevico de la Torre; no sé por qué casualidad vino á oírme el sermon de Santa Orosia: llevóme á su Vicariato, donde me detuvo ocho dias, tratándome como á un Patriarcha: temporadilla mejor no espero passarla en mi vida. Comiamos en el locutorio por la parte de afuera, y comian al mismo tiempo que nosotros quatro Mongitas por la parte de adentro, y á fé que no eran de las mas viejas del Convento, porque estas se excusaban por sus achaques, ó, por mejor decir, nosotros las excusábamosp. 29 á ellas: durante la mesa havia brindis, havia finecitas de parte á parte, havia tambien unas coplillas, y, en levantándose los manteles, venian las ancianas y las graves de la Comunidad á darnos conversacion; despues se retiraban estas y nos dexaban con la gente moza: comenzaba la bulla y la chacota; cantaban, representaban, y tal qual vez, ellas de la parte de allá y nosotros de la de acá, bailábamos una jotita honesta ó un fandanguillo religioso. Mira tú, si passaria buenos dias. En fin, como hize ánimo de venirte á oír, en fé de nuestra amistad y de la confianza que tengo con tus Padres, convidé á el Padre Vicario á que se viniesse conmigo, ponderándole la fiesta de Campazas, diciéndole mil cosas de tí, y assegurándole que seria muy bien recivido.»

14. — «Y como que lo será! le interrumpió Fray Gerundio; ántes este es un nuevo beneficio, de que me confiesso deudor á la fineza de Vm.; porque, sobre las prendas que me pondera del Padre Vicario, de esta hecha entablo conocimiento con él; y cátate ya el camino abierto para irme á holgar quatro dias alegres, quando se ofrezca ocasion, con aquellas señoras Monjas.»

15. Con esto se entraron en la sala, donde ya estaba el Padre Vicario, despues de haverse quitado los ajuares de camino, en compañía del Magistral, de los demas huéspedes, de Anton Zotes y de la Tia Catanla, que le recivieron con el mayor cariño, el qual creció mucho mas, quando su hijo y el Predicador mayor los informaron en secreto de quien era. Finalmente, fueron concurriendo poco á poco todos los convidados, con algunos mas que no lo havian sido; y en los dos dias que faltaban hasta el de la fiesta, parece que no debió de suceder cosa que de contar sea, porque los Autores casi todos lo passan en silencio. Solo uno de ellos apunta, (aunque muy de passo,) que Fray Gerundio, despues de haver hecho su cumplido á los que iban llegando, se retiraba á repassar su sermon unas veces á un desvan, otras al campo, y, porque ni aún en este le dexaba libertad la multitud de forasteros que acudian de toda la comarca, finalmente se vió precisado á encerrarse en la bodega para decorar su cartapacio. El mismo Autor da á entender tambien en general, que en aquellos dias passaron cosas preciosas con el Donado, á quien luego conoció el humor Don Basilio, (assí se llamaba el Canónigo mozo,) y haciéndose muy amigo de él, poniéndose en todo de parte de sus necedades, con grandíssima gracia y con no menor socarronería, fomentaba sus simplezas, de manera que sucedieron lances extraordinariamente sazonados; pero, como el referido Autor no los especifica, y nosotros en materia de verdad somos tan escrupulosos, aunque sospechamos los que pudieron ser, no nos atrevemos á referirlos, porque es infep. 30delidad irremissible en un historiador adelantarse á vender las sospechas por noticias.

16. Llegado que huvo el dia deseado de la fiesta y la hora de la funcion, vinieron á sacar de casa á Fray Gerundio su Padre como Mayordomo de aquel año, un Tio suyo que lo havia sido el antecedente, ambos con sus varas de la Cofradía del Santíssimo, dadas de almazarron y de almagre, que no havia mas que ver, los dos Alcaldes y los dos Regidores del lugar, con su Fiel de fechos y con su Alguacil detras, en el sitio que les correspondia, añadiéndose de comitiva voluntaria y para mayor cortejo muchos Clérigos circunvecinos y una multitud de Frayles aventureros de diferentes Religiones, que se hallaban en aquellas cercanías y no quisieron perder la comedia ni los novillos. Precedíalos á todos el tamboril y la danza, compuesta de ocho mozos de los mas jaquetones y alentados de Campazas, todos con sus coronas ó caronas arrasuradas sobre el craneo ó plan de la cabeza; esta descubierta y las melenas tendidas; jaquetillas valencianas de lienzo pintado, con dragona de cintas de diferentes colores; su banda de tafetan prendida de hombro á hombro y colgando á las espaldas en forma de media luna; un pañuelo de seda al pescuezo, retorcido por delante como cola de caballo y prendido en punta por detras como hácia la mitad de la espalda; camisolas de lienzo casero, mas almidonadas que planchadas, y tan tiesas que se tenian por sí mismas en qualquiera parte; calzones de la misma tela que la jaquetilla; y en la pretina, por el lado derecho, colgado un pañuelo de beatilla con mucha gracia; las boca-piernas de los calzones holgadas y anchas, guarnecidas de una especie de cintillo ó cordon de cascabeles, medias de muger todas encarnadas, zapatillas blancas con lazos de hiladillo negro, y en todo caso todos ceñidos con sus corbatas, para meter los palos del paloteado en el mismo sitio, y ni mas ni ménos como los arrieros llevan el palo en el cinto.

17. Ya estaban Fray Blas y Fray Gerundio á la puerta de la casa, esperando el acompañamiento; porque á Fray Blas le pareció atencion precisa en su amistad y en la hermandad de profession, acompañar á Fray Gerundio; y no solo le dió por todo aquel dia la mano derecha, sino que le fué sirviendo de Fray-Juan hasta dexarle en el púlpito, y aún se huviera sentado en la escalera, á no haverlo embarazado Anton Zotes, que le obligó á sentarse en el banco de la Cofradía entre los dos Mayordomos.

18. Salió pues de casa nuestro Fray Gerundio, mas resplandeciente que el sol, mas risueño que la alva, mas brillante que la aurora. Havíase (claro está,) afeitado aquel mismo dia con la mayor prolixidad, encargando mucho al barberop. 31 que se esmerasse en la operacion, pues no le valdria ménos que un real de plata; y con efecto le dexó el Maestro tan lampiño y con el rostro tan liso, que parecia bruñido; sobre todo en el cerquillo aplicó el mayor esmero: el plano no parecia sino un quadrilongo de papel fino de Génova, alisado con diente de elephante; la horla, un flueco de seda negra cercenada por las puntas con la mayor igualdad, sin que ni un solo cabello se adelantasse á descomponer la linea; el copete elevado como dos dedos y medio, con maravillosa proporcion al fondo del cerquillo, que formaba la circunferencia; todo el campo del cogote, que corria desde el extremo del cerquillo por la parte posterior hasta la entrada del tozuelo, rasurado tambien á medio rape, para que, negreando un poco el fondo, sobresaliesse mas lo restante de la rasura. Havia estrenado aquel dia un hábito nuevo, que su buena Madre le tenia prevenido, y una hermana suya, moza ya casadera, se havia esmerado en doblarle, plegarle y aún aplancharle, passando la plancha no mas que por los pliegues y doblezes, con tanto primor y delicadeza, que al desdoblarle se dexaban ver todos ellos distribuídos con graciosa proporcion y symetría: particularmente los pliegues del escapulario hacian una labor que encantaba; y, como la tela de la capa y de la capilla era flamante á manera de estameña aprensada, hacia unos visos que deslumbraban la vista. Calzóse (ya se ve,) unos zapatos muy ajustados, hechos á toda costa, en quanto lo permitia la hechura que se usaba en la Religion; pero en todo caso havia encargado al maestro, que las puntadas fuessen iguales y muy menudas, y que el hilo no estuviesse muy cargado de cerote, para que lo blanco de ellas sobresaliesse mas. La noche ántes le havia regalado el Padre Vicario con dos solidéos de seda, de los que fabricaban sus Monjas con exquisito arte y chulada, cuyo centro era una borlita muy chusca, elevada con la debida proporcion; y Fray Gerundio estrenó uno de ellos aquel dia, assí para mostrar la estimacion que hacia del regalo, como por ser un adorno tan preciso como precioso para su Pontifical. No se olvidó, ni podia olvidarse de echarse en una manga un pañuelo de seda de dos caras y de vara muy cumplida, siendo una faz de color de rosa y la otra de color de perla; y en la otra manga metió segundo pañuelo de Cambray muy fino, con sus quatro borlas de seda blanca á las quatro puntas, teniendo por cierto, que qualquiera de los dos pañuelos, que se le huviesse olvidado, seria bastante, para que el sermon no pareciesse la mitad de lo que era.

19. Dudó por algun tiempo si llevaria anteojos, cosa que le parecia á él daba infinita autoridad al Predicador y añadia gran peso y una maravillosa eficacia á lo que decia; pensamiento que le tuvo tan inquieto la noche precedente, en quep. 32 no fué possible pegar los ojos, que, no pudiendo echarle de sí, dispertó á su amigo Fray Blas (porque dormian juntos en una cama) y le consultó esta duda. Pero Fray Blas, que por aquella vez tuvo mas juicio de el que acostumbraba, se rió mucho de su ofrecimiento, diciéndole que los anteojos en un mozo, aún quando tuviesse alguna necessidad de ellos, (lo que rara vez sucedia,) era la cosa mas ridícula del mundo, y que assí los hombres de juicio, como los bellacos, hacian gran burla de aquella afectacion, bastando ver á un rapaz muy armado de sus gafas para que todos le tuviessen por mozo de poco seso. «Aún en los anteojos habituales de los viejos, añadió Fray Blas, son muy pocos los que creen, porque son raríssimos los que los necessitan á pasto; y mas desde que se ha observado, que en las Religiones regularmente se echan esta gala aquellos sugetos de media braga, que estuvieron consultados para perpetuo choro ó cosa equivalente, y despues ó por empeños ó por paysanage, ó en fin porque los hallaron con una arrastrada medianía, los destinaron á una de las dos carreras de púlpito ó de cáthedra, cumpliendo con ellas entre si basta ó no basta, y á sal aquí traidor. Estos son, por lo comun, los mayores y los mas perdurables anteojistas, vanamente persuadidos á que pueden suplir con los accidentes lo que les falta de substancia, y pretendiendo persuadir á otros que su continua aplicacion á los libros los quebrantó la vista. Pocos hombres hay de los verdaderamente sabios y aplicados que usen de este mueble, sino quando realmente le han de menester, que es para escrivir y para leer; y assí, amigo Fray Gerundio, déxate de locuras y déxame dormir.»

20. Con esto no volvió Fray Gerundio á pensar mas en antojeras y, escusando este dixe, salió de casa para la Iglesia con todo el tren que llevamos referido: llevaba tras de sí los ojos de todos quantos le miraban; porque iba con el cuerpo derecho, la cabeza erguida, el passo grave, los ojos apacibles, dulces y risueños, contoneándose un poco, haciendo unas magestuosas y moderadas inclinaciones con la cabeza á uno y á otro lado, para corresponder á los que le saludaban con el sombrero ó con la montera, y no descuidándose de sacar de quando en quando ya el pañuelo blanco para limpiarse el sudor que no tenia, ya el de color para sonarse las narizes, que estaban muy enjutas. Apénas llegó á la Iglesia, hizo una breve oracion y se entró en la sacristía, quando se dió principio á la missa, que cantó el Licenciado Quixano, sirviéndole de Diácono y de Subdiácono dos Curas párrochos de la vecindad.

21. El Choro lo llevaban tres Sacristanes de las mismas cercanías, porque el de Campazas servia en el Presbiterio el incensario y cuidaba del facistol; los quales Sacristanes enp. 33 punto de tono gregoriano eran los que hacian raya por toda aquella tierra, sirviendo de bajo el Carretero del lugar, que tenia una voz asochantrada, y de tiple un muchacho de doze años, á quien ex professo havian capado para acomodarle en la música de Santiago de Valladolid. No havia órgano, pero este le suplian con muchas ventajas dos gaitas gallegas, que de propósito havia hecho venir de la Maragatería el Mayordomo, y las tocaban dos Maragatos rollizos, tan diestros en el arte que los llamaban para todas las fiestas recias de S. Roman, Foncebadon y el Rabanal, de donde se extendió la fama hasta el mismo Páramo, con ser assí que hay mas de ocho leguas de camino; y Anton Zotes, á quien llegaron estas noticias por haverlas oído casualmente en la puente Vizana á un criado del maragato Andrés Crespo al tiempo que cargaba la recua, al instante envió á llamar á los dos famosos gaiteros, ofreciéndoles veinte reales á cada uno trahidos y llevados, comidos y bebidos; y, como era esta la primera vez que se havia oído semejante invencion en las missas de aquella tierra, no se puede ponderar el golpe que dió á todos la novedad, y mas quando oyeron por sus mismos oídos, que los dos músicos de bragas anchas, assí en el Gloria como en el Credo, seguian el tono gregoriano con tanta puntualidad, que no havia mas que pedir. Celebróse infinito el buen gusto de Anton Zotes, y es tradicion de padres á hijos, que desde entónces quedó establecido en el Páramo el uso de las gaitas gallegas en toda missa de incienso, y que de aquí nace el llamarlas en algunos lugares el órgano de los Zotes, etymología que, á nuestro modo de entender, no carece de mucha probabilidad.

22. Enfin llegó la hora del punto tan deseado, de subir al púlpito nuestro Fray Gerundio. Dexamos á la prudente consideracion del pio y discreto lector figurarse allá para consigo, con qué bizarría y desembarazo saldria de la sacristía, precedido de quatro cofrades con sus cabos de blandones, porque el mayor no llegaria á quarta y media; de los dos Mayordomos con la insignia de sus varas; de quatro Clérigos con sobrepellices y con su amigo Fray Blas, que, como diximos, quiso hacer aquel dia los honores de Fray Juan, hasta dexarle en el púlpito; con qué magestad subiria las gradas del Presbyterio, en cuyo número están divididos los Autores, porque unos dicen que eran diez, otros doce, y no falta alguno que se adelanta á assegurar que llegaban á catorce, aunque todos convienen en que hay muchos Campanarios que no tienen tantas; con qué autoridad reciviria la bendicion de su Padrino el Licenciado Quixano, de quien es pública voz y fama, que se enterneció un si es no es al tiempo de dársela; con qué despejo y gravedad caminaria hácia el púlpito, haciendo inclinaciones con la cabeza hácia todos lados, perop. 34 con especialidad hácia donde estaba el banco de la Justicia y Regimiento, y el de la Cofradía; y finalmente, con qué soberanía se presentaria en el púlpito, haciéndose primero cargo del auditorio, con reposado desden, y despues hincándose de rodillas.

23. Assí le dexaremos por ahora, miéntras se divierte la narracion y la pluma á dar alguna noticia del theatro, para que camine mas holgada la comprehension en la inteligencia del assunto.

24. Era la Iglesia de tres naves, aunque tan reducidas que, quando entró en ella el Canónigo Don Basilio, dixo que bastaria llamarla de tres botes: el Presbyterio y la capilla mayor, en missas de tres en ringle, no sufrian mas ancas que los Ministros precisos del altar, tanto que el facistol para cantar la Epístola y el Evangelio, era menester colocarle fuera de su jurisdiccion. La nave principal era tan estrecha que, quando concurrian la Justicia y Regimiento en un banco, y alguna Cofradía en el banco opuesto, era obligacion precisa del Sacristan dar á besar la paz[12] á un mismo tiempo á la Justicia y á la Cofradía, lo que executaba fácilmente, yendo por medio de la nave y llevando una paz en la mano derecha, y otra en la izquierda, pues solo con abrir los brazos, y no muy extendidos, alcanzaba á uno y á otro banco, de manera que á un mismo tiempo y en un mismo punto la iban besando por su órden los que estaban sentados en entrambas bandas: verdad es que lo que á las naves las faltaba de anchas, lo suplia ventajosamente lo que las sobraba de largas, por lo que diria yo, con la licencia del Señor Don Basilio, que la Iglesia era de tres Gabarras Argelinas, ó de tres Galeras Turcas. A los piés de ella estaba el choro alto, sin mas balustrado que un madero tosco y en bruto, que atravesaba de arco á arco, con algunos palos á trechos, á modo de estacada, para evitar que algun muchacho travieso se cayesse en la Iglesia y se rompiesse la cabeza, que era el mayor daño que le podia suceder, porque la elevacion era de pocas varas.

25. Como quiera que el Templo fuesse, ancho ó estrecho, largo ó breve, esso no era de cuenta de nuestro Predicador, porque ni á él le tocaba hacerle mas capaz, ni la estrechez de la Iglesia podia perjudicar un punto la magnificencia del sermon, siendo ya cosa acreditada repetidas veces por la misma experiencia, que en la Iglesia mas sumptuosa de la Christiandad se puede predicar un sermon malo, y en una desdichada ermita ó humilladero rural se puede predicar un excelente sermon. Lo que hace á nuestro intento y á la immortal gloria de nuestro Fray Gerundio, es que la Iglesia de Campazas, tal qual Dios se la deparó, estaba toda de bote en bote y que, aunque cayesse (por comparacion) de las misp. 35mas nubes un alfiler, lo que es al pavimento no podia llegar, porque ó se quedaria en el tejado de la misma Iglesia, como es lo mas natural, ó, caso de meterse por alguna rendija, boqueron ó gotera, tropezaria en las cabezas del auditorio, y allí ó en el vestido pararia sin duda, hasta que la Iglesia se fuesse desocupando.

26. Pero ya es tiempo de que volvamos á nuestro Fray Gerundio, que le tenemos incomodado y puesto de rodillas por mas tiempo del que se acostumbra, no sin grande impaciencia suya por tanta detencion, especialmente quando estaba reventando, assí por salir de su cuidado como por desplegar las velas del discurso, navegando viento en popa por el mar de su mayor lucimiento.

27. Levantóse pues con bizarríssimo denuedo, volvió á hacerse cargo de todo el auditorio con grave y magestuoso despejo, tremoló successivamente sus dos pañuelos, primero el de color, con que se sonó en seco, y despues el blanco, que passó por la cara ad pompam et ostentationem; entonó su Alabado con voz gutural y hueca; persignóse espurriendo bien la mano derecha y teniendo con la izquierda la parte anterior de lo que se llama muceta en la capilla; propuso el texto sumisa, pero sonoramente, y dió principio á su sermon de esta manera. Pero, salvo el mejor y mas acertado parecer de nuestros lectores, á nosotros nos parecia mas conveniente hacer capítulo aparte, porque el presente harto será que no sea ya muy prolixo.

CAPITULO IV.
Expónense á la admiracion algunas cláusulas del Sermon de Fray Gerundio.

1. Duró por mucho tiempo en nuestra indecision la grave duda de si copiaríamos á la letra todo el sermon de nuestro famoso Predicador, ó nos contentaríamos con escoger algunas cláusulas entre aquellas, que á nuestra limitada comprehension se representaban como las mas sobresalientes, para que el discreto lector por la parte viniesse en cabal conocimiento del todo; no de otra manera que una sola uña bien dibujada en el lienzo da á conocer la magestuosa ferocidad del Monarcha coronado de la selva, y una sola linea, que corrió al desgaire por el campo de la tabla, hace presente á los ojos penetrantes la diestra mano, que dió milagroso impulso á la delicadeza del pincel.

2. Por una parte nos hacia lastimosa compassion, y aúnp. 36 en cierto modo nos parecia especie de usurpacion injusta y hurto literario, defraudar al público aún de la mas mínima palabra que se huviesse desprendido de la boca de nuestro divino Orador, siendo cierto que hasta las que se salian de ella á escusas de su advertencia merecian engastarse en diamantes, para que compitiesse su duracion con la permanencia de los siglos. Por otra se nos representaba que, como no todos los lectores son tan inteligentes, ni tan pacíficos, ni de tan buena condicion como nosotros los quisiéramos, qué sabíamos si quizá nos depararia nuestra mala suerte algunos de ellos tan cetrinos, tan indigestos y de gusto tan estragado, que diessen al Diantre nuestra Historia, viendo interrumpido el hilo de la narracion con prolixos trassuntos de los partos intelectuales de nuestro Heroe? Y acaso no faltaria alguno tan atrevido, que nos echasse á los hocicos que, aún quando los referidos partos fuessen tan preciosos como á nosotros nos los figuraba nuestra passion, era impertinencia empedrar de ellos la Historia, por quanto al Historiador toca hacer fiel relacion de los hechos y proezas de su Heroe, pero no una impertinente coleccion de sus obras; porque de otra manera, si los que escrivieron las vidas de los quatro santos Doctores de la Iglesia y de tantos Escritores venerables, emprehendiessen insertar en ellas todas las producciones de sus plumas, no dexarian de hacerse un si es no es molestos y pesados.

3. Confessamos de buena fé que esta última razon nos hizo un poquito de fuerza, y assí, dexando al cuidado de otra mas feliz pluma que la nuestra el empeño y la gloria de enriquecer al orbe literario con una coleccion de los incomparables sermones de nuestro Fray Gerundio, ilustrándolos con glosas, notas y escolios, (en cuyo glorioso afan tenemos entendido, que trabaja una Academia de ingenios del primer órden,) nosotros nos contentaremos con extractar tales quales rasgos de aquellos, que salieren al encuentro de la narracion y nos parecieren necessarios para facilitar á los lectores la mejor inteligencia de los hechos. Fué pues la primera cláusula del sermon, que predicó en Campazas Fray Gerundio, la que se sigue:

4.[13] «Si es verdad lo que dice el Espíritu Santo por boca de Jesu-Christo, — ay, infelice de mí! — que voy á precipitarme, — ó es preciso confundirme. — El Oráculo pronuncia que ninguno fué en su patria — Predicador ni Propheta: — Nemo Propheta in Patria sua: — pues, como atrevido yo — presumí este dia ser — Predicador en la mia? — Pero tenéos, Señores, — que tambien para mi aliento — leo en las Sagradas Letras — que no á todos hace fuerza — la verdad del Evangelio: — Non omnes obediunt Evangelio: — y qué sabemos si es esta — alguna de aquellas muchas p. 37— que, como siente el Philósopho, — se dicen solo ad terrorem?»

5. Esta entradilla puso en la mayor suspension al gruesso del auditorio, pareciéndole que era impossible encontrar con introduccion mas feliz ni mas oportuna; pero el Magistral, que de propósito se havia metido en el confessonario del Cura (el qual estaba en frente del púlpito,) y havia cerrado la celosía de la parte anterior, para observar á su gusto á Fray Gerundio sin peligro de turbarle, apénas le oyó romper en dos disparates ó en dos blasfemias heréticas tan garrafales, como dudar si era verdad lo que havia dicho el Espíritu Santo por boca de Jesu-Christo, y suponer que muchas verdades del Evangelio eran solo para espantar y poner miedo, de pura vergüenza baxó los ojos, que tenia clavados en su sobrino, y desde luego hizo ánimo á no oir en aquel sermon mas que heregías, atrevimientos ó necedades. De buena gana se huviera salido de la Iglesia; pero, sobre no ser possible penetrar por el concurso sin grande alboroto, se hizo cargo de que no era razon echar un jarro de agua á la fiesta, y assí tomó el partido de dissimular hasta su tiempo y de aguantar la mecha. Miéntras tanto iba nuestro Fray Gerundio prosiguiendo su sermon ó su salutacion, y á pocas paletadas se metió de paticas en lo mas vivo de todas las circunstancias. Aquí me havrán de perdonar los críticos mal acondicionados; porque, cánseles ó no les canse, en Dios y en consciencia, no puedo ménos de trasladar al papel de verbo ad verbum el primoroso artificio con que las tocó todas, ya que no sea possible trasladar á él la valentía, el garbo y el espíritu con que las animó. Dixo pues assí, cansándose del estilo cadencioso, ó mudándole con todo estudio en el hinchado, assí porque la variedad es madre de la hermosura, como porque á este estilo le llevaba mas la inclinacion:

6. «Esta es, Señores, la estrena de mis afanes oratorios; este, el exordio de mis funciones pulpitables; mas claro para el ménos entendido: este es el primero de todos mis sermones. Qué á mi intento el oráculo supremo: primum quidem sermonem feci, o Theophile! Pero, donde se hace á la vela el baxel de mi discurso? Atencion, fieles; que todo me promete venturosas dichas, todas son prophéticas vislumbres de felicidades. O se ha de negar la fé á la evangélica Historia, ó tambien el hypostático Ungido predicó su primer sermon en el mismo lugar, donde recivió la sagrada ablucion de las lustrales aguas del bautismo. Es cierto, que la evangélica narracion no lo propala, pero tácitamente lo supone. Recivió el Salvador la frígida mundificante: Baptizatus est Jesus; y al punto se rasgó el tafetan azul de la celeste cortina: Et ecce aperti sunt cœli: y el Espíritu Santo descendió revolep. 38teando á guisa de pájaro columbino: Et vidi spiritum Dei descendentem sicut columbam. Hola! bautizarse el Messías, romperse el pabellon ceruleo, y baxar el Espíritu Santo sobre su cabeza! A sermon me huele, porque esta divina paloma siempre bate las alas sobre la cabeza de los Predicadores.»

7. «Pero son supervacaneas las exposiciones quando están claras las voces del oráculo; él mismo dice que, bautizado Jesus, se retiró al desierto, ó el Diablo le llevó á él: Ductus est in desertum a spiritu, ut tentaretur a Diabolo. Allí estuvo por algun tiempo, allí veló, allí oró, allí ayunó, allí fué tentado, y, la primera vez que salió de allí, fué para predicar en un campo ó en un lugar campestre: Stetit Jesus in loco campestri. O qué estival paralelo de lo que á mí me sucede! Fuí bautizado en este famoso pueblo, retiréme al desierto de la Religion, si ya el Diablo no me llevó á ella: Ductus est a spiritu in desertum, ut tentaretur a Diabolo. Y qué otra cosa hace un hombre en aquel desierto, sino orar, velar, ayunar y ser tentado? Salí de él la primera vez para predicar; pero, en donde? In loco campestri: en este lugar campestre de Campazas, en este compendio del campo Damasceno, en esta emulacion de los campos de Pharsalia, en este envidioso olvido de los sangrientos campos de Troya: Et campos ubi Troia fuit; en una palabra, en este emporio, en este solar, en este orígen fontal de la provincia de Cámpos: in loco campestri.»

8. «Aún hay mas en el caso: el lugar campestre, donde predicó el primer sermon el Hypostático, fué á la esmaraldática márgen del argentado Jordan, donde havia sido bautizado. Y quien duda que le oiria Juan, su Padrino de bautismo? Venit Jesus ad Joannem, ut baptizaretur ab eo. Y qué cosa mas natural que al oir el Padrino á su ahijado, y mas si hizo de él feliz reminiscencia en la misma salutacion, salutate Patrobam, que dixo muy á mi intento el Apóstol, saltasse ahora de gozo, como palpitó en otra ocasion de placer en el útero materno: Exultavit infans in utero matris. El caso es tan idéntico, que seria injuriosa la aplicacion para el docto; pero vaya para el insipiente. No se llama Juan mi Padrino de bautismo? Todos lo saben: Joannes est nomen ejus. No me está oyendo este sermon que predico? Todos lo veen: Audivi auditum tuum, et timui. No le están bailando los ojos de contento? Todos lo observan: oculi tui columbarum. Luego no hay mas que decir en el caso.»

9. «Sí hay tal. Gracia y agua es el complexo de la fuente bautismal, y agua y gracia es lo que symboliza su nombre y apellido. Que Juan es lo mismo que gracia, lo saben hasta los Predicadores Malabares: Joannes, id est gratia. Pero que Quixano sea lo mismo que agua, ó fuente copiosa de ella, lo ignoran hasta los mas eruditos; pero presto lo sabrán.p. 39 Ya tiene entendido el Theólogo, y mucho mas el sabio Escriturario, que la quixada de asno es muy mysteriosa en las Sagradas Letras, ó desde que Cain quitó la vida con una de ellas á su hermano Abel, como quieren unos, ó desde que Sanson magulló con otra las cabezas á mil agigantados Philistéos, como saben todos: In maxilla asini percussit mille viros. Despues de esta hazaña, se moria de sed el fatigado Sanson: no havia en todos aquellos espaciosos estrados de la odorífera Flora un hilo de plata líquida, con que poder apagarla. Quando veis aquí que de la misma quixada, que havia sido la mortal Philisticida, brota un raudal de aljófar derretido, que refrigeró al inhiante forzudo, y quedó el sitio sigilado hasta el dia de hoy con el cognomento de la fuente de la Quixada: Idcirco appellatum est nomen loci illius fons invocantis de maxilla, usque ad præsentem diem.»

10. «Id ahora conmigo. Sabida cosa es en nuestras Historias genealógicas, que el antiguíssimo y nobilíssimo apellido de los Quixanos deriva su orígen y su alcurnia no ménos que de el tronco de Sanson, cuyos hijos y nietos, desde esta gloriosa hazaña, comenzaron á llamarse los Quixanos, por no equivocarse con otra no ménos antigua, aunque ménos noble y mucho mas extendida familia de los Quixotes. No es ménos cierta la noticia, que desde entónces las armas de los Quixanos son una quixada de un burro en campo verde, brotando un chorro de agua por el diente molar, como lo afirman quantos tratan del Blason. Assí mismo es cosa muy averiguada que los Quixanos, en las batallas con los Moros, no usaban de otras armas que de la quixada de un jumento, cubiertos con piel del mismo asno, siendo tan hazañosos con esta arma rebuznable como á cada folio se refiere en los anales. Dígalo, si no, aquel Heroe Gonzalo Sanson Quixano, que con una maxilla de jumento, in maxilla asini, quitó la vida por su propia mano en ménos de media hora á treinta y cinco mil Sarrazenos en la famosa jornada de San Quintin, debaxo de Julio César, Capitan General del Rey Don Alfonso el de la mano horadada; proeza que premió el agradecido Monarca, mandando que en adelante se pintasse la quixada del escudo de los Quixanos con treinta y cinco mil dientes, y en cada uno de ellos, como si fuera una escarpia, clavada una cabeza de Moro; cosa que hace una vista que embelesa. Y de passo quiero añadir ó, diré ménos mal, quiero acordar á todos la erudicion tan sabida de que el primer escudo, que se gravó con toda esta multitud de cabezas y de dientes, no era mayor que la mas menuda lenteja; siendo lo mas admirable que quixada, dientes y cabezas, con todos sus pelos y señales, se distinguian perfectamente á mas de cien passos de distancia. O assombro de la invencion! o prodigio de la habilidad!p. 40 o milagro de los milagros del arte! Miraculorum ab ipso factorum maximum, que dixo á este intento Cassiodoro.»

11. «Pero atencion, que oigo no sé qué articulado accento en las ethereas campanas: Vox de cœlo audita est. Pero, de quien es esse gutural verbífico sonido? Oigamos lo que dice, que quizá por ello deduciremos quien lo profiere, como por el efecto se viene en conocimiento de la causa, y por el hilo se saca el ovillo. Hic est Filius meus dilectus, in quo mihi complacui: este es mi querido Hijo, dulce objeto de mis complacencias. Hola! dice la voz, que el que está predicando en el lugar donde fué bautizado es su hijo? Luego la voz es del Padre. Sabe el Lógico, que es legítima la consecuencia. Y quien es esse Padre? Pater meus agricola est: mi Padre es un labrador honrado. Ea, que ya vamos descubriendo el campo. Pero, qué tiene el Padre con el sermon del hijo? No es nada lo del ojo, y llevábale en la mano. Qué ha de tener, si él mismo se le encarga? Dícelo expressamente el texto: Misit me vivens Pater: el que me envió, ó el que me traxo á predicar, es mi Padre. Y nota oportunamente el texto mismo que, quando su Padre le embió á predicar, estaba vivo, vivens Pater; la interlineal, sanus, que estaba sano; los Setenta, robustus, que estaba robusto; Pagnino, vegetus, que estaba terete y fuerte. Apelo á vuestros ojos, y decidme si no es idéntico el caso.»

12. «Vamos adelante, que aún no lo he dicho todo. Y como se llamaba esse generativo principio, esse paternal orígen de aquella dichosa prole? Aquí deséo arrecto vuestro órgano auscultativo. El sermon que mi Padre, vivo, robusto, sano y terete, encomendó á mi insuficiencia, no es del Eucharístico panal? Sí. El arca del Testamento no fué el mas figurativo emblema de esse ovalado armiño? Dígalo el docto y el versado en la Theología expositiva. Y por donde anduvo prófuga esta cóncava testamentífera arca? Vamos á las sagradas Pandectas: et asportaverunt eam a lapide adjutorii in Azotum: conduxéronla al país de los a-Zotes. Víctor! que ya tenemos Zotes en campaña. Entra el arca en la provincia de los Zotes? manda un Padre á su hijo que predique de essa arca? pues, qué apellido ha de tener esse Padre, ni qué cognomento ha de distinguir á esse hijo, sino el de los Zotes, principales de la provincia? Et asportaverunt eam in Azotum.»

13. «Es convincente el discurso; pero vaya una interrogacioncilla. Y esse hijo no tenia Madre? Y como que la tenia, pues consta que la Madre y el Padre le buscaron: Ego et Pater tuus quærebamus te. Está bien; y la madre no tuvo parte en el sermon? Fué el todo; pues ya es cosa sabida que, siempre que un Predicador se desempeña conp. 41 lucimiento, se refunden en la madre sus aplausos. Por esso, al acabarse la funcion, exclaman todas las piadosas mugeres: Bien haya la madre que te parió! dichosas las madres que tales hijos paren! Beatus venter qui te portavit, et ubera quæ suxisti!»

14. «Pero, qué ruido estrepitoso, qué harmoniosa algarabía divierte mi atencion hácia otra parte? qué percibe la potencia auditiva? qué especies visuales se presentan delante de la visiva? Mas claro y mas para el vulgo: qué oigo? qué veo? Qué hé de ver, ni qué hé de oir, sino un choro de danzantes? Quid vides in Sunamitis, nisi choros castrorum? De danzantes! Ea que sí; pues á vista de la Eucharística arca, aún á las mismas Testas coronadas se las bullen los piés. Dígalo el Rey penitente de Iduméa: et David saltabat totis viribus ante Dominum. Nótese la frase: saltabat totis viribus: brincaba con todas sus fuerzas; no se andaba ahora en paspieses pulidos, en carrerillas menudas, en cabriolas ni en vueltas de pechos acompassadas; daba unas vueltas en el aire, echando las piernas con quantas fuerzas podia: saltabat totis viribus. No es esso lo que ahora estamos viendo en essos ocho robustos Atletas y Luchadores á brazo y pierna partida con el viento? Mas: era David un danzante coronado; pues, corona por corona, no le deben nada á David nuestros danzantes. Pero aún descubro en Isaías otras señas mas claras de ellos: et pilosi saltabant ibi: y danzaban allí los que tenian largo el pelo, los de grandes cabelleras, los de las melenas tendidas. No puede ser la vision mas adequada para el caso presente.»

15. «De buena gana me iria un poco mas tras de la danza, si no me embelesara esse theatro, que ya observo erigido junto á las puertas del Templo, ad fores templi, que dixo elegantemente el mitrado panal de Lombardía (hablo del melifluo Ambrosio). Y qué significa esse theatro? Segun unos es signo natural, ó segun otros es signo ad placitum de un auto sacramental, representacion del Sacramento. Sí? Pues de essas representaciones llenas están á cada passo las páginas de la Escritura. No fué representacion del Sacramento el Mana? Assí lo afirma Cayetano. No fué representacion del sacramentado cordero el Vellon de Gedeon? Assí lo siente Lorino. No fueron representacion del eucharístico trigo las espigas de Ruth? Assí lo assegura Papebrokio. Y todas estas representaciones, no se hicieron en el campo? Es comun sentir de Expositores y Padres. Pues representaciones del Sacramento, y representaciones en el campo, quien podrá dudar, que fueron prophéticas figuras de las representaciones al Sacramento, que se hacen todos los años en mi amada patria de Campazas? In loco campestri.»

p. 42

16. «Mas, afuera, afuera; aparta, aparta; huye, escápate, corre; mira que te coge el toro. Qué es esto? Rodeado me veo de estos cornúpetos brutos. Qué cerviguillo, qué lomo, qué roscas en el pescuezo, qué lucios y qué gordos! Tauri pingues obsederunt me. No hay quien me socorra? Que me cogen, que me pillan, que me revoletéan. Pero ea, que fué terror pánico, ilusion de la phantasía, ente de razon raciocinante. No son toros de muerte ni furiosos; son sí unos novillos alegres y vivos, pero ni marrajos ni sangrientos vituli multi, ó, como lee otra letra, mutilati. Unos novillos desmochados, esto es, ó sin puntas en el hasta, ó sin fuerzas en las puntas. Gracias á Dios que respiro; porque me havia asustado. Pero, qué tienen que ver los novillos con la fiesta del Sacramento? Ignorantíssima pregunta! Qué fiesta del Sacramento puede haver cabal, si la faltan los novillos? puesto que el Propheta penitente adelanta mas la materia, quando dice, que los novillos se deben correr ó, lo que allá se va todo, se deben presentar en las mismas aras: tunc imponent super altare tuum vitulos.»

17. «Ya no me detengo, ni en las hogueras, ni en las luminarias nocturnas, que precedieron á este festivo dia. Quando se descubre el Señor, sin que se enciendan brillantes cereos piropos? Ni qué mas hicieron los tres milagrosos niños en la flamígera hoguera del Babylónico furno, que lo que anoche vimos hacer á los puvescentes muchachos de mi predilecta patria en las fumigerantes hogueras, que encendió la devocion y la alegría de sus fervorosos íncolas? Si aquellos jugaron con las llamas, sin que les tocassen al pelo de la ropa, estos brincaron por ellas, sin que les chamuscassen ni un solo cabello de la cabeza: et capillus de capite vestro non peribit, que dixo la Boca de oro. Pues qué! la multitud de estruendosos voladores, que subieron serpenteando por esse diáfano elemento, saetas encendidas, que disparó la bizarría y el valor para dissipar el nigricante esquadron de las tinieblas! Parece que les estaba viendo el monárchico Adivino quando cantó vaticinando: Sagittas tuas ex dentibus effecit. Pero mas al caso presente lo pronosticó el que dixo, que resonaba por todo Cámpos el horrísono bom bom bom bom bom de las bombardas:

Horrida per campos bam-bim-bombarda sonabant.»
18. «Paréceme que tengo tocadas y retocadas las circunstancias del dia. Pero no; que la mas especial, por nunca vista hasta aquí, se me olvidaba: hablo de esse vocal instrumento, y al mismo tiempo ventoso, que tan dulcemente titila nuestros oídos. Hablo de esse equivalente ó, como se explica el discreto Pharmacopola, de esse quid pro quo de órgano,p. 43 que añade tanta magestuosa harmonía á la solemnidad del sacrificio; hablo enfin, para que me entiendan todos, de essa sonora gaita gallega, que tanto nos encanta y nos hechiza. Pero, qué oportuna, qué discreta, qué ingeniosa fué la invencion de mi paternal Mayordomo, quando discurrió y resolvió festejar con ella la funcion del Sacramento! Porque, pregunto: no es el Sacramento en el viril, el escudo, las armas y el blason del nobilíssimo Reyno de Galicia? Assí me lo atestiguó anoche un Peregrino, que viene en Romería de Santiago. Pues, siendo esto assí, era cosa muy congruente y en cierta manera simpliciter necessaria, (ya me entiende el Lógico y el Theólogo,) que no faltasse en la missa del Sacramento aquel instrumento harmonioso, apacible y delicado, que deriva su alcurnia y su apellido del mismo nobilíssimo Reyno; porque, como dice el Philósopho, propter unum quodque tale, et illud magis. Gran gloria de Galicia tener por escudo de armas al Sacramento! pero mayor de Campazas ser la patria y el solar de la sagrada Eucharistía; porque ó hay Sacramento en Campazas, ó no hay en la Iglesia fé. Este será el arduo empeño, en cuyo golfo desplegará las velas el baxel de mi discurso; y, para que lo haga viento en popa, será preciso que sople por el timon el aura benéfica de aquella Deífica Emperatriz de los mares, implorando su proteccion y su gracia con el acróstico epinicio del celestial Paranynfo: Ave Maria.»

19. Bien puede discurrir el advertido Lector, que es impossible á toda humana pluma, no digo ya explicar cabal y adequatamente, pero ni aún delinear un levíssimo rasguño por donde se venga en tal qual oscuro conocimiento de la admiracion, del pasmo, del assombro, con que fué oída esta salutacion por la mayor parte de aquel guedejudo y pestorejudo auditorio. Fué milagro de Dios que le diessen lugar para predicar el que se llama cuerpo del sermon, y seguramente no se le huvieran dado, á no tenerles[14] todavía tan pendientes la suspension y la curiosidad del assunto tan singular y tan raro que havia propuesto; porque esto de probar que Campazas era el solar y la patria del Santíssimo Sacramento y que, si no havia Sacramento en Campazas, no havia en la Iglesia fé, lo hizo con tal primor, llamando tanto las curiosidades,[15] que seis granos de láudano apénas bastarian para amodorrar al mas dormilon y soñoliento. En medio de esso, no pudo contenerse el auditorio sin prorumpir de contado, primero en un alegre y bullicioso murmurío, muy parecido al que hacen las abejas al rededor de la colmena; despues en aclamaciones y en vítores descubiertos, arrojando hasta la bóveda ó artesonado de la Iglesia no solo las monteras y sombreros, sino que no falta quien diga se vieron tambien revoletear algunos bonetes. Sobre todo el Maragatop. 44 de la gaita gallega, quando oyó su gaita no ménos oportuna que repentinamente alabada, no pudo contenerse sin echar al Predicador una alborada; esto de contado y, como dicen, por via de provision, reservándose el derecho de echar todos los registros luego que el sermon se concluyesse perfecta y completamente. Enfin, la algazara y la gritería fué tal, que en mas de medio quarto de hora no le fué possible á Fray Gerundio proseguir su Panegýrico; y, aunque el Sacristan hacia pedazos el esquilon del altar para que se sossegasse la bulla, no lo pudo conseguir, hasta que de bueno á bueno se fueron todos aquietando.

20. Miéntras tanto, el sabio, prudente y discreto Magistral estaba tambien aturdido, pero sin acertar á discernir qual de las dos cosas le assombraba mas, si la satisfaccion y sandez del Orador, ó la ignorancia y bobería de aquel rústico auditorio. El Canónigo Don Basilio, aunque no ahondaba tanto como el Magistral, porque sus estudios no havian passado de los precisos para entender medianamente el Breviario y un puntico de Concilio; pero, como era de una razon natural tan despejada y tan bien puesta, comprehendió sin dificultad, que la salutacion era un gracioso texido de furiosos disparates, y desde luego hizo ánimo á holgarse bien á costa de Fray Gerundio. El otro pariente suyo, familiar del Santo Officio, hombre de bastas explicaderas, pero de mas que mediana razon, decia allá para consigo: «O yo soy un porro, ó este Flayre no sabe las enclinaciones de los nombres, ni ha estudiado á selmo selmonis, como el mi Cuco, (llamábase Francisco un hijo suyo, que comenzaba aquel año el arte,) ó toda esta gente está borracha: mas al fin yo soy un probe lego sin letras, y puede ser que me encalibre.»

21. Esto passaba por el pensamiento de los tres, quando Fray Gerundio dió principio al cuerpo de su sermon, que probó, confirmó y exornó puntual y literalmente, segun la ingeniosa idéa que se le havia ofrecido, de la qual dímos bastante noticia al fin del capítulo segundo, donde podrán volverla á leer, si gustaren, nuestros pios y benévolos Lectores; porque, si bien es verdad, que nos podiamos prometer de su mucha benignidad el que no llevassen á mal, se la volviessemos á poner delante de los ojos un poco mas extendida y con aquella energía, cultura y formalidad, que era propria de nuestro insigne Orador; pero al fin, todo bien considerado, nos ha parecido mas acertado consejo no abusar de su buena inclinacion, haciéndonos cargo de que toda repeticion es fastidiosa, sin ser nuestro ánimo derogar por esso un punto la buena fama y opinion del que dixo, que hay cosas quæ septies repetita placebunt, que darán gusto y no fastidiarán, aunque se repitan siete veces. Háyalas enhorabuena; perop. 45 nosotros no presumimos tanto de las nuestras, que las consideremos comprehendidos en este número; y llamamos nuestras á las de nuestro Fray Gerundio, porque en tanto nos las apropriamos, en quanto están sugetas á la jurisdiccion de nuestra tarda y deslucida pluma. Y enfin, para qué es rompernos la cabeza, si tenemos ya hecha una firme, determinada é irrevocable resolucion inter vivos de no copiar dicho sermon, ni trasladarle en nuestra Historia? Haga cuenta el curioso Lector que le leyó; dé por supuestas, y aun por oídas, muchas mas aclamaciones, muchos mas vítores, muchos mas vivas al acabarse el Panegýrico que al concluírse la salutacion. Tenga por cosa cierta, que no solo la gaita, sino que el mismo gaitero estuvo tambien para rebentar, el uno soplando, y la otra siendo soplada. Suponga como noticia indubitable, que allí incontinenti y en la misma Iglesia, al baxar la escalera del púlpito, huvieron de sofocar á Fray Gerundio á puros abrazos, y que, ántes de llegar á la sacristía, pensó ser ahogado en lágrimas y en mocos de las Tias que se atropellaban por avalanzarse á él, haviendo corrido respectivamente la misma fortuna Anton Zotes y la dichosíssima Catanla Rebollo su consorte. Finalmente, dé por assentado lo que assegura un Autor fidedigno y sincero, conviene á saber, que el mismo Licenciado Quixano, no embargante de estar revestido con las vestiduras sacerdotales, ni acordándose siquiera de que estaba celebrando el santo sacrificio de la missa, se mantuvo sentado en la silla, hasta que su ahijado passó por el Presbyterio para entrarse en la sacristía; y entónces, sin poderse contener, se arrojó á él, dióle un estrechíssimo abrazo y, vuelto al altar, apénas pudo entonar el Credo por las lágrymas que derramaba de puro gozo y ternura; demostracion que no se hallará semejante en toda la Historia eclesiástica, aunque sea en la del mismíssimo Elias Du Pin, Autor diligentíssimo en recoger todas las noticias apócriphas y ridículas, que podian hacer despreciables las mas sagradas, augustas y venerables ceremonias de la santa Iglesia.

22. Salió nuestro Fray Gerundio de la de Campazas lo mejor que pudo, y no le costó poco trabajo; porque es tradicion, que apénas le dexaron poner los piés en el suelo, hasta que llegó á su casa, llevándole en el aire los innumerables que concurrieron á congratularle y se incorporaron despues en la comitiva, que se compuso de casi todo el inmenso gentío que havia acudido á la fiesta. Parécenos, que no es necessario decir los parabienes, los plácemes, las enhorabuenas que allí se repitieron, unos ensalzando al Predicador, otros congratulando á sus Padres; estos complaciéndose con Fray Blas, que recivia las enhorabuenas en nombre de su Religion, aunque aplicándose á sí la mayor parte de ellas, aquellos clamandop. 46 á voz en grito, «que era dichoso el lugar que havia merecido ser patria de tal hijo»; y finalmente, gritando todos á una voz, «que Fray Gerundio era de presente la honra, y havia de ser con el tiempo la immortal memoria de su siglo». Cosas tan comunes y regulares, no es razon que los Historiadores gasten el tiempo en referirlas, porque los Lectores las deben dar por supuestas, y mas quando á la sazon era ya la una de la tarde, estaban las mesas puestas, se passaba el asado, y los convidados tenian gana de comer.

CAPITULO V.
Dase cuenta de lo que passó en la mesa de Anton Zotes.

1. No es nuestro ánimo hacer una pomposa descripcion de la gran mesa, ni referir el órden de assientos que guardaron entre sí los convidados, ni mucho ménos dar al Lector una individual y menuda noticia de los platos que se sirvieron en ella. Sobre que podria parecer á muchos una prolixidad impertinente, no faltarian acaso algunos que la calificassen de impropria ó de muy agena de aquella magestad, que debe reinar siempre en esta gravíssima Historia, en la qual nunca pueden hacerse lugar oportuno noticias que no sean de la mayor importancia; porque, si bien no pocos Historiadores nos han dado en esto exemplos harto perniciosos, haciéndole en las suyas á cosas asaz extravagantes y ridículas, como el que se paró muy de propósito á tomar la medida á las bragas de Calígula, haciendo una pintura de su corte y previniendo con toda seriedad que se las atacaba con agujetas, y no con botones ni corchetes, que era lo mas regular en aquel tiempo; y el otro que, refiriendo aquel caso (cierto ó dudoso), quando el Rey Don Pedro el Cruel se arrojó con la espada desnuda al rio Guadalquivir para matar al Legado del Papa, que le havia excomulgado desde un barco que estaba prevenido, y este se escapó á fuerza de remo; con cuya ocasion el bueno del Historiador se entretiene muy despacio en medir los piés que tenia el barco de largo, los que constaba de ancho, quantos eran los remeros, de qué iban vestidos, sin omitir el color de las berritinas y con la advertencia de que llevaban bordado de realze en ellas el escudo ó las armas de Don Enrique Conde de Trastamara, hermano y competidor de Don Pedro. Digo que estas y otras menudencias, que nos refieren los Historiadores, son de aquellos exemplos mas admirables que imitables, y que á nosotros nos ha parecido mas convep. 47niente respetar con una profunda veneracion, que empeñarnos en seguirles.

2. Fuera de que, haviendo hecho ya una puntual descripcion topográphica de la casa de Anton Zotes á la misma entrada de esta nuestra verídica Historia, con su figura, dimensiones y repartimientos, le será fácil comprender á qualquiera Lector, (por escasa que sea la sagacidad de que le haya dotado el cielo,) que dentro de la casa no era fácil encontrar pieza cubierta capaz y proporcionada para tantos convidados; porque la panera, que era la única que havia, estaba ya legítimamente empleada en otro necessario destino, como lo dexamos advertido en el capítulo tercero de esta segunda parte; y, aunque huvo votos de que se desocupasse el pajar para poner en él las mesas, no lo consintió la discrecion del Mayordomo: lo primero, porque era lugar indecente; lo segundo, porque dar de comer á los convidados donde estaba la despensa de lo que havian de comer las bestias, podia parecer pulla y era dar assunto para que se sacassen coplillas y cantares; lo tercero, porque donde se havia de echar la paja? lo quarto, porque todo el techo estaba entoldado de telarañas; y lo quinto, finalmente, porque no havia otra entrada para el pajar que el boqueron por donde se arrojaba la paja, desde el qual hasta el pavimento havia mas de seis varas.

3. «Essa última enfecultad, dixo un compadre de Anton Zotes, que assistia á la consulta, no me hace nenguna fuerza; porque con baxar los Señores por la escalera de mano por donde baxan los mozos, quando el pajar llega á las escurriduras, estaba todo acabado.» — «Y como se havia de servir la comida?» replicó el Tio Anton. — «Como? respondió el compadre; subiendo y baxando los servidores: y si no, con una estratagema sótil que ahora me incurre. Havia mas de que estiviessen dos mozos enriba del boqueron con dos erradas atadas á sus dos sogas, y que por ellas subiessen y baxassen los pratos, que havian de recevir ó enviar las mozas que estiviessen en baxo? Compadre, esta enfecultad no vale nada: para las otras sí que no topo absolucion.»

4. Por todo lo qual es mas verisímil, que las mesas se dispusiessen debaxo de aquel cobertizo que estaba delante de la primera puerta interior de la casa, en frente por frente de la que caía á la calle, del qual dimos puntual y exacta noticia en el capítulo primero del libro primero pagª. mihi 3 de esta circunstanciada Historia; y mas haviendo para esso la congruencia de estar muy inmediata la cocina, cosa que conduce mucho para que los platos salgan calientes á la mesa, como lo notó sabiamente Monsieur Ferneyer, primer Cocinero de su Alteza Real el Señor Duque de Orleans, en su doctop. 48 tratado de el Cocinero á la moda, capítulo segundo: del sitio donde se debe colocar la cocina, ibi; il faut mettre la cuisine le plus proche qui sera possible de la chambre à manger, par la raison que les viandes façonnées soyent mises dans la table avec le tempérament qu’il leur faut: palabras dignas de eternizarse en la memoria de todos y que nos ha parecido conveniente traducir con la mayor fidelidad, para que no se priven de ellas los que tienen la desgracia de ignorar la lengua francesa. «Conviene, dice el docto Autor, que se fabrique la cocina lo mas cerca que sea possible del quarto donde se come; y es la razon, porque assí los platos saldrán á la mesa con el temperamento con que deben salir»; esto es, (añade en su erudita nota el anónymo Escoliador,) «ni mas frios ni mas calientes de lo que conviene.»

5. Por lo que toca al órden de assientos, es natural que huviesse ocupado el primero en cabecera de mesa el Señor Magistral, como persona mas digna, teniendo á sus dos lados al Padre Vicario de las Monjas y al Canónigo Don Basilio, el qual quiso absolutamente que Fray Gerundio se sentasse junto á él; pues, aunque por ser tan de casa le tocaba ocupar los últimos assientos, y él por su modestia assí lo pretendió, pero por novio (digámoslo de esta manera) convinieron todos en que le correspondia sentarse de los primeros, y aún añadieron mas, que su madre la Tia Catanla debia sentarse junto al hijo, para que comiesse con mas gusto, y la buena de la Rebollo, sin hacerse de rogar, lo executó luego assí. Los demas convidados tomaron sus assientos sin preferencia personal, observando solo la de los estados, porque assí lo dispuso el Familiar con mucho acierto, diciendo: «Señores, la Igresia tiene ya enregrado el cirimonial; lo que se platica en las procisiones hemos de platicar en esta mesa en gracia de Dios: primero los Flayres, dempues los Señores Curas, detras los Legos, y á la trasera de todos las mugeres, porque este ganado allá se entiende.»

6. No parece que llevó muy á bien este repartimiento el hermano Bartholo, (assí se llamaba el Donado,) por lo qual dixo al Familiar: «Hermano Sýndico, (éralo de su Convento,) si su Charidá no entiende mas de cosas de Enquisicion que de assentaderas de mesa, dígole que es un probe Menistro. La percision es percision, y la mesa es mesa, y va tanta endiferiencia de la una á la otra, como de mí al Padre Santo. Para sentarnos Flayres juntó á Flayres, estariámonos en nuestros Conventos. Lo que yo he visto siempre en mesas de respeuto, (porque, aunque probe y pecador, he comido con muchas personas que tenian Señoría,) es que las Señoras se sentaban enjunto á los Flayres, y los Flayres enjunto á las Señoras, siendo este un lobítico (levítico queria decir) muyp. 49 arregrado á concencia y á razon, porque por fin y por postre todos tenemos faldas, y, como dixo el otro, la variedad es madre de la hermosura. Y, para que su Charidá lo sepa todo, huvo ocasion en que me mandaron sentar y comer junto á sí una Duquesa,…» — «Tambien yo he visto comer junto á otra, dixo el Familiar, á una negra, á un enano y á una mona.» Iba á proseguir; pero un Religioso de la misma Orden y del mismo Convento, que havia llegado aquella mañana, le atajó diciendo: «Hermano Sýndico, no haga caso de esse simple, pues ya le conoce: como no ha dicho missa, ni comulgado, harto será que esté en ayuno natural. Lo dispuesto está bien dispuesto, y lo contrario ni es modestia ni aún decencia religiosa. Si el Derecho canónico encarga severamente, no solo á los Religiosos, sino aún á los mismos Clérigos seculares, que huyan, en quanto les sea possible, de los públicos convites: convivia publica fugiant; qué parecerá un Religioso en un convite público, sentado entre dos mugeres, ó una muger entre dos Religiosos?» No se atrevió á replicar el hermano Bartholo, y todos tomaron sus assientos segun la prudente disposicion del sesudo Familiar.

7. Dióse principio á la comida, segun la loable costumbre de Cámpos en mesas de Mayordomía, con un plato de chanfaina: huvo su cordero asado, sus conejos, su salpicon, su olla de vaca, carnero, cecina, chorizos y jamon, todo en abundancia, sirviéndose por postres aceitunas, pimientos y queso de la tierra, suponiéndose que no solo andaba rodando por las mesas el vino del Páramo, sino que el de la Nava hizo rodar por aquellos suelos al cabo de la comida á mas de dos convidados. No fué de este número el hermano Bartholo, porque no llegó á tanto la virtud del específico; pero á lo ménos al quarto trago (que hay opiniones se completó al acabar el plato de chanfaina,) no pudo llevar en paciencia tanta gravedad, mesura y silencio, como se observaba en la mesa, sin hacerse cargo de que assí comienzan por lo regular todos los convites que acaban en bulla, algazara y aún locura, segun aquel apophtegma: primero, silentium; secundo, stridor dentium; tertio, rumor gentium; quarto, vociferatio amentium. Pero, como el Donado no entendia latin, no le paró perjuicio la ignorancia de esta sentencia; y, queriendo desde luego alegrar la funcion, tomó en la mano un vaso de buen portante, encaró con la Tia Catanla, y, diciendo en alta voz Bomba![16] para llamar el silencio y la atencion, rompió en esta disparatadíssima décima, que assí la llamó él:

O tú, Catanla Rebollo,
Madre de este scientífico repollo,
Eres la Madre mas dichosa
p. 50
De quantas han parido alguna cosa.
La fama, con su clarin y retintin,
Hará que llegue tu gloria
Desde Campazas hasta Victoria;
Y es lástima, como dicen estos Señores,
Que no paras una camada de Predicadores.
8. Aplaudióse infinito la décima con repique universal de vasos y de platos, siendo como la señal de acometer, pues desde aquel punto todo fué bulla, zambra y algazara, tanto que se atropellaban unos á otros los bríndis y las coplas. El Canónigo Don Basilio, que no deseaba otra cosa para soltar la rienda á su festivo humor y á su admirable facilidad en el decir, tomó el vaso, gritó bomba, callaron todos, y dixo assí:

Yo no he oído sermon tal,
Ni se oyó de polo á polo;
La décima de Bartholo
Solo puede serle igual.
Está mi juício neutral;
Y tanto el cotejo aprieta
Entre una y entre otra veta,
Que es la salida mejor,
Que uno es tan grande Orador
Como el otro gran Poeta.
9. Solo el Magistral, algunos de los Religiosos, y tal qual Clérigo, á los quales se añadió el socarron y cortezudo Familiar, entendieron lo ladino de la decimilla; los demas se la tragaron como sonaba, y especialmente á los dos interessados los hizo muy buen provecho, porque el Donado se esponjó visiblemente, y Fray Gerundio, que entendia tanto de versos castellanos como de sermones, quedó muy agradecido. El Familiar, hombre en extremo veraz y que no podia dissimular lo que sentia, dixo con mucho gracia: «Mal año para los que me quieren mal, si la coplilla no abrasa. Ella se me assemeja á lo que me respondió un Flayre muy taimado, á quien le pregunté qual de dos hermanos mios, tambien Flayres, que vivian en su Convento, era mejor estudiante, y él me respondió: Ambos son peores.»

10. El Predicador Fray Blas, que havia callado hasta entónces, no pudo llevar en paciencia la pulla del Señor Familiar, y, como él se picaba tambien de Poeta, y en realidad era de aquellos Poetillas en cierne, que saben de lo que consta un verso, y toda la gracia la ponen en equivoquillos insulsos y pueriles, desembainó al punto su décima y, mirando de hito en hito al Familiar, habló de esta manera:

p. 51El sentido singular
En que el Familiar se explica,
Aunque repica, no pica,
Que es estilo familiar.
A Fray Gerundio alabar
No me toca, sí al Donado,
El qual digo de contado
Que, si es bueno, es lo mejor;
Pero será hombre mayor,
Como sea Mal-Donado.
11. Aturrullóse el Familiar, y se quebraron algunos vasos y aún platos en fuerza de los repiques con que fué celebrada la décima de Fray Blas; especialmente quatro Curas del Páramo quedaron assombrados, porque aquello de pica y repica, Familiar y familiar, buen Donado y Mal-Donado, los aturdió verdaderamente, pareciéndoles que era hasta donde podia llegar el ingenio humano. Conociólo Don Basilio y, para burlarse de los Curas tanto como del Poeta, prorumpió al instante en estas dos quintillas:

Tus equívocos, Fray Blas,
Nos admiran, como soy;
Mas perdonen los demas,
Porque yo admirado estoy
Que no sean muchos mas;
Pues tu ingeniosa cabeza
Se equivoca sin preludio,
Con tal primor, tal destreza,
Que lo que parece estudio
Es en tí naturaleza.
12. Tragósela Fray Blas, teniendo por lisonja la satyrilla; y, pareciéndole á Fray Gerundio que era obligacion suya corresponder á los elogios que se dedicaban á su amigo, (ya que á este no se lo permitia la modestia,) quiso tambien sacar los piés de las alforjas poéticas; pero, como no tenia uso, le costaba mucho trabajo: esto se entiende para encontrar los consonantes, pues, por lo que toca á los piés, no hallaba dificultad en sacarlos ajustados, por lo mucho que le gustaba el estilo cadencioso. Pero salió felizmente del empeño, acordándose en aquel punto de una décima, que se atribuye á Don Francisco de Quevedo, quando estaba preso en San Márcos de Leon, y dicen la compuso á un Canónigo de aquella santa Iglesia, que se intitula Santa María de Regla, el qual era gran copleador, pero muy poco assistente al choro. La décima decia assí:

p. 52La Musa de mi compadre
Con efecto es Musa bella
Y, si no es Musa doncella,
Es en cambio Musa madre.
No hay cosa que mas le quadre,
Porque ya es baza assentada
En soltera y en casada,
Como Hipócrates lo arregla,
Que, si falta la regla,
Parirá ó está preñada.
13. Dissimuló Don Basilio la insulsez, y aún afectó celebrarla como la mayor agudeza, para tomar ocasion de volver á la carga en los aplausos de Fray Gerundio; pero lo suspendió, porque á este tiempo tocó al vaso el Padre Vicario, haciendo señal de bomba. Callaron todos, y él, despues de calzarse mejor los anteojos, componer el becoquin, desahogar el pecho, empuñar el vaso y mirar con gravidad y con desden ázia todas partes, dixo assí con mucho remilgamiento:

Octava rima.

Sermones oí sí, de circunstancias,
Pero tan circunstanciados como este
Ni Soto, ni Fray Fiel, ni Fray Ganancias,
Ni el mismo D. Juan Lobo el Arcipreste.
Cotilla tiene mil extravagancias,
Son de Guerra los dichos una peste;
O Gerundio, Orador siempre divino!
No eres Gerundio no, sino Supino.
14. Un poco se paró el Canónigo Don Basilio al oir esta octavilla, que no le pareció del todo despreciable, y como que concibió un poco de respeto al Padre Vicario, teniéndole por poeta mas que de mesa de Cofradía; porque, si la octava era irónica, mostraba ingenio, buena crítica y bastante travesura: no obstante, le quedó algun escrúpulo de que el Padre Vicario hablaba en todos sus cinco sentidos, porque sus modales, su aire presumido y su afectado remilgamiento le daban no sé qué tufo de que tambien era de los Predicadores del uso, y que debia de ser un poco mas innocente de lo que parecia. Para sondearle pues, le dixo con su acostumbrada picaresca: «Padre Maestro, á excepcion del Señor Magistral y de estos Reverendíssimos, todos los demas que estamos en la mesa somos algo legos, aún inclusos los de corona; pues ya sabe vuestra Reverendíssima, que tambien hay Eclesiásticos de capa y espada. No entendemos de mas libros que el Breviario, y aún esse sabe Dios si le entendemos; con que no podemos hacernos cargo de quienes son essos Autores, quep. 53 vuestra Reverendíssima ha citado en su eruditíssima octava, que por todos sus piés está chorreando alusiones exquisitas. Sin duda que debieron ser los Príncipes de la Oratoria Española, quando vuestra Reverendíssima los trahe á colacion, para cotejarlos con el Reverendíssimo Padre Maestro Fray Gerundio.»

15. — «Y como que lo son, Señor Canónigo, respondió con gran tiesura y pomposidad el Padre Vicario. A lo ménos en mi pobre juicio, hasta que oí al Padre Fray Gerundio, no hallé quien los excediesse, y aún puedo añadir que no sé si encontré quien los igualasse, especialmente en tocar con el mayor primor y delicadeza las circunstancias mas menudas, que por lo mismo son las mas preciosas.»

16. «El primero, en un sermon á cierta funcion de jubiléo, concedido nuevamente por su Santidad, queriendo hacerse cargo á un mismo tiempo assí del nuevo jubiléo, como de un esquilon nuevamente fundido, que pocos dias ántes se havia colocado en el campanario de la Iglesia, traxo oportunamente aquello de Ecce nova facio omnia, y añadió immediatamente lo otro de Laudate eum in cymbalis jubilationis, laudate eum in cymbalis bene sonantibus. Los textos son comunes, no lo niego; pero la aplicacion fué singular y pasmosa.»

17. «Al segundo no se le escapó la rara circunstancia de haverse puesto peluca por la primera vez en el mismo dia de la funcion el Mayordomo de la fiesta, á que predicaba; y, haviendo hecho una bizarra pintura de los cabellos de Absalon, dixo que su padre David mandó que se los cortassen, luego que tuvo noticia de su infausta muerte, quando quedó colgado de ellos; y, dando órden para que de los mismos cabellos le hiciessen una cabellera rizada, se la puso el mismo dia en que fué bailando delante del Arca; para cuya exquisita erudicion citó el sabio orador al célebre Rabí Akádos, y no sé qué passage del Talmud, que venia muy á pelo.»

18. «El tercero tuvo presente que la noche ántes de la funcion havia parido un niño muy rollizo la Mayordoma, á la qual llamaban en el lugar la Princesa, (no se sabe si por sátira ó por mote,) y con la mayor gracia y primor imaginable se le ofreció de repente encaxar en la salutacion aquel oportuníssimo lugar de Puer natus est nobis, et filius datus est nobis; factus est principatus super humerum ejus; cosa que aturdiria á todos quantos la oyessen y que, desde que yo la leí, no he dexado de admirarla.»

19. «El quarto…» Iba á proseguir el Padre Vicario; pero le atajó el Canónigo, diciéndole: «Padre Maestro, no se canse vuestra Reverendíssima, que por el hilo se saca el ovillo, y sobra lo dicho para que yo conozca con quanta razon, con quanto candor y sinceridad religiosa celebra vuestra Reverenp. 54díssima á essos Heroes de nuestra Oratoria Española. De el quarto ya tengo yo alguna noticia, desde que leí un epigrama de Horacio, que le aplicó un mal hablado con ocasion de no sé qué sermon que predicó satirizando á otro de su paño, cuyos aplausos parece que no le sonaron bien; y el bellacon del deslenguado, (Dios me lo perdone!) aludiendo á que el tal Orador debia de ser corto de persona, pero presumido de hombre grande y de lindo, dixo por bufonada:[17]

Bellus homo et magnus vis idem, Cotta, videri,
Sed qui bellus homo est, Cotta, pusillus homo est.»
20. «Pero ahora dígame vuestra Reverendíssima: qué es lo que quiso decir en el último concepto de su admirable octava, conviene á saber que nuestro inimitable Orador ya no es Gerundio, sino Supino? Porque, si es lo que comprende mi malicia, harto será que esto ceda en el mayor elogio suyo.» — «Señor Canónigo, respondió, no sin alguna seriedad, el Padre Vicario; yo no sé lo que su malicia de vuestra Merced comprende ni dexa de comprender, porque no soy amigo de meterme en malicias agenas. Lo que sé es, que la inteligencia de aquel concepto está clara: el supino es lo último á donde puede llegar todo verbo, y no puede passar de allí. Véalo vuestra Merced, si no: amo, amas, amat, amare, amavi, amatum; doceo, doces, docet, docere, docui, doctum; lego, legis, legit, legere, legi, lectum: lectum, amatum y doctum son el supino de estos verbos, los quales todos paran en él; y no hay que andar dándole vueltas, que no me señalará vuestra Merced ni siquiera un verbo que dé un passo mas adelante. Pues ahora está ya claro lo que quiero decir, y es que, assí como el supino es el non plus ultra de los verbos, assí el Reverendíssimo Fray Gerundio (al decir esto hizo ademan de quitarse el becoquin por respeto y reverencia,) es el non plus ultra de los Predicadores.»

21. — «Tambien lo es vuestra Reverendíssima de los Poetas agudos, respondió el taimado de Don Basilio, y apuesto á que ningun ingenio daba en la genuína significacion del pensamiento, si vuestra Reverendíssima no nos huviera hecho la honra ó, por hablar al uso, no huviera tenido la bondad de explicárnosle. Lo que es el no entenderlo! Como yo havia leído, no me acuerdo donde, que en latin á un hombre tardo, rudo y que todo lo trastorna, se le llama un hombre supino, y tambien se aplica este significado á los perezosos, haraganes y galbaneros, que todo el dia se están, como se dice, con la panza al sol, confiesso que me sobresalté algun tanto, quando oí el acabamiento de la octava, y, pareciéndome que podia ser pulla, ya estaba con la Musa en ristre para volver por el decoro de nuestro incomparable Orador, al qual,p. 55 sin hacerle injusticia, no se le podia aplicar el epítheto de supino en ninguno de los significados que yo le atribuía; porque ni tiene nada de haragan ó perezoso, siendo la misma laboriosidad, ni mucho ménos se le puede llamar tardo ó rudo de ingenio, pues yo no le he conocido hasta ahora mas delicado, como lo acredita cada rasgo del sermon que acabamos de oírle.»

22. «Confiesso que el supino, en este sentido, lo soy yo, pues no caí en una significacion que se estaba viniendo á los ojos; tambien declaro, para descargo de mi conciencia y para mayor confusion mia, que ya no me parece el nombre de Gerundio tan propio y tan adequado á los méritos del Padre Predicador, como lo seria el de Supino. Antes de haver oído la erudita, ingeniosa y cabal explicacion de su significado, juzgaba yo que no havia en toda la Nomenclatura… llámase assí, Señora Catanla, (porque somos deudores á todos,) aquel vocubalario, almagacen ó despensa, de donde se sacan los nombres propios… que no havia, vuelvo á decir, en toda la Nomenclatura otro nombre mas ajustadito al talle de nuestro gran modelo de Predicadores que el de Gerundio, porque los gerundios son los que dan á conocer el carácter de los sugetos con quienes tratamos. Y assí, á un hombre de condicion altiva, furiosa y arrebatada le llamamos hombre tremendo; á un Religioso grave, autorizado y respetable le damos el título de Padre Reverendo; á uno que sea maligno, dissoluto y contagioso, y mas si está públicamente excomulgado, le distinguimos con el arrimadizo de vitando; y sabe ya el docto, que vitando, tremendo y reverendo son tan gerundios en nuestra lengua, como lo son en la latina cœnandus, prandendus, potandus.»

23. «Esto supuesto, desde que tuve la dicha de conocer, tratar y oir al Padre Fray Gerundio, discurria yo assí: Este es un hombre verdaderamente admirando, estupendo, preconizando y colendo, los quales todos son legítimamente gerundios, ó no los hay en el mundo. Luego se le puso el nombre de Gerundio con la mayor propriedad imaginable. Pero, desde que oí á vuestra Reverendíssima, digo y vuelvo á decir que harto mejor le quadraba el de Supino, porque esse es mucho mas cosa; y esto se entienda sin perjuicio de los aciertos y de la discrecion del Señor Licenciado Quixano, su digníssimo Padrino, que fué quien se le puso.»

24. El buen Licenciado, que en toda la comida havia cerrado la boca, pero tampoco la havia abierto para hablar palabra, sino parte para comer y parte para admirar los grandes elogios, que á su modo de entender se havian dicho en la mesa de su querido ahijado, solamente respondió: «Señor Don Basilio, yo soy un pobre Clérigo, que no entiendop. 56 de essas honduras: algo estudié de gerundios y de supinos, pero jamas me metí en qual era mas, qual era ménos, porque no soy amigo de revolver huessos, que al fin son cosas odiosas. Si á Fray Gerundio le puse este nombre y no otro, mis razones me tuve, que no hé menester decir á nadie; lo que podré assegurar á vuestra Merced es, que mi ahijado, allí donde vuestra Merced le ve, tan conocido ha de ser en el mundo con el nombre de Gerundio, como puede haverlo sido qualquier Supino que haya nacido de mugeres.»

25. — «Bomba, dixo á este punto el hermano Bartholo, que essa ya es endemasiada prosa; se va acabando la mesa, y entodavía no hemos dicho una palabra al Señor Mayordomo. Allá va á Dios y á dicha.» Callaron todos, y él soltó esta disparatadíssima chorrera de desatinos:

Carlo-Magno y todos los doce Pares
Fueron, o Anton Zotes! en tu comparanza
Como el dedo meñique á respeuto de tu panza,
Y como dos pajitas enjunto á dos pajares.
No venciste al Gigante Fierabras,
Pero hiciste mucho mas,
Quando por tu endustria vino al mundo
Esse pozo de cencia, tan profundo
Como la noria de mi Convento,
Que tiene mas de mil brazas, y aún mas de ciento.
Si no fuera por tí y por la Tia Catanla tu consorte,
No meteria Fray Gerundio tanto ruido en la Corte,
Donde la Reina, el Rey, el Papa y los Cardenales,
Los Duques, los Marqueses, y hasta los mismos Provinciales
Le celebran á porfía;
Que dicen que es una bataola, una algarabía.
Si el árbol se conoce por el fruto,
Como dixo un Theólogo llamado Márcos Bruto,
El qual añadia que aún por esso
Las grandes camuesas endican un gran camueso;
Qué árbol serás tú! Qué nobre tronco!
Solo de imaginarlo me pongo ronco.
La Fama
26. — «Basta, hermano Bartholo, basta,» le interrumpió el Magistral, que ya no podia aguantar mas tanto disparate, y, aunque havia dissimulado su mal humor todo lo possible por no desazonar la funcion, apurada ya la paciencia, se levantó de la mesa con pretesto de ir á dormir la siesta, haciendo lo mismo todos los demas convidados, á excepcion de Don Basilio, el Padre Vicario, Fray Blas, Fray Gerundio, el Familiar y el Donado, que se quedaron de sobre mesa, donde passó lo que dirá el capítulo siguiente.

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CAPITULO VI.
De la Conversacion no ménos útil que graciosa, que se tuvo sobre comida.

1. — «Permítame vuestra Merced, Padre Fray Gerundio, que le dé mil abrazos, dixo Don Basilio, ahora que hemos quedado solos; rato mejor que el que vuestra Merced me dió con su admirable sermon, no le he tenido ni le he de tener en mi vida. Esso es predicar, y todo lo demas es hojarasca.» — «Yo tal digo, añadió el Padre Vicario; y, si un jóven al principio de su carrera comienza assí, qué será quando la acabe? Yo conocí á un Predicador de cierta Orden, hombre ya de canas y provecto, que, aunque predicaba á este mismo aire que el Padre Fray Gerundio, no merecia descalzarle los zapatos; y con todo esso le llamaban espanta-Madrid pues, qué será el Padre Fray Gerundio quando llegue á sus años? Seguramente que le llamarán el Monstruo de España, y todavía le vendrá estrecho el renombre.»

2. — «No te lo dixe yo, amigo Fray Gerundio?» interrumpió á esta sazon Fray Blas, rebosando gozo por todas sus coyunturas. «Si no huvieras seguido mis consejos y te huvieras dexado gobernar de las vejeces de nuestro Reverendo Padre Fray Caduco, lograrias ahora estos aplausos?»

3. — «Quien es esse Flayre? preguntó el Familiar, y qué consejos daba á mi sobrino?» — «Es un Reverendíssimo Matusalem, respondió Fray Blas, de essos que alcanzaron las valonas, el qual está muy mal con todo lo que en los sermones se llama conceptos, agudezas, equívocos, circunstancias; en una palabra, con todo aquello que hace el gusto y embeleso del auditorio y produce el aplauso del Predicador. Dádole ha que se ha de predicar á lo ramplon y á lo solidote; assuntos serios y naturales, verdades indubitables y de quatro suelas; pruebas macizas y de cal y canto y, como dicen, de estas que aplastan. De circunstancias no se hable: dice que no hay mas circunstancias que las de el mysterio del Santo ó del objeto de que se predica, y que todo lo demas es locura y profanacion, que muchas veces se roza en sacrilegio. Añade, que solicitar en los sermones el gusto ó el deleite del auditorio y el aplauso del Orador, es contra toda regla de la verdadera eloquencia, la qual solo debe tirar á convencer, á persuadir y á mover; pretendiendo que los conceptos delicados, las agudezas, los equívocos y las pinturillas deleitan, pero no convencen, ni persuaden, ni mueven. Vaya Usted viendo lo que adelantaria un pobre Predicador conp. 58 estas reglecitas, y si al cabo del año tendria dos arrobas de chocolate en el caxon, ó si rodarian media docena de doblones en la naveta.»

4. — «Con que, esso decia esse buen Flayre?» volvió á preguntar el Familiar. — «Si, Señor, esso decia, esso dice, y esso estará diciendo por toda la eternidad, si Dios no lo remedia,» respondió Fray Blas. — «Pues mi alma, como la de su Reverencia, continuó el Familiar, yo soy un pobre monigote, como Ustedes ven, que solo sé leer con trabajo y echar mi firma con enfecultad; pero, por fin y por postre, dos deditos de entendimiento, de pricision los ha de tener todo hombre inracional. Mi voto le doy á esse Fray Mathias de Jerusalem, ó como le llama el Padre Predicador, y que me emprumen, si no le sobra la razon por los tejados. Quando voy á oir un sermon, sea el que se juere, voy siempre con entincion de que m’ agan güeno, ó espirándome deséos de emitar las vertudes del Santo á quien se perdica, ó propuniéndome alguna verdá de emportancia, que me la metan bien en la cabeza, y dempues como que me empujen el corazon á platicarla. Pero vaya Usté con Dios, que las mas de las veces m’ allo con una retaíla de garambainas, de entresijos, de sotilezas y de cercunloquios que, en mi ánima jurada, los entiendo yo tanto, ni sé á lo que vienen, como ahora llueven pepinos. Daca el Mayordomo, vuelve la Comedia, torna los novillos; si la Ciudá se llama assí; si su enfundidor se llamó asado; si danzaron ó no danzaron los profetas; si se usaron hogueras y cuetes y carretillas y triqui-traques en la ley de los Judíos. Dempues entran los Angeles que suben y baxan por la escala de Jacó; dempues aquellos Seraphines con sus seis alas, que no parecen sino los gorriones de todos los sermones; porque, ansí como los gorriones se encuentran en todos tiempos y en todas partes, ansí essos probes Seraphines salen á volar en todos los sermones, que no sé á fé mia como tienen ya fuerzas ni prumas; y en verdá que hicieron bien en ponerles tantas alas, una vez que huviessen de estar volando tan encontinuamente. Pues, qué diré de aquel que unos llaman carro, y otros carroza, de un tal Enzequiel? Habrá acarreado el dichoso carro mas paja en essos púlpitos de Dios que todos los carros de Cámpos, desde que se enfundió en el mundo la labranza. Con que, al cabo del sermon me güelvo á mi casa tan malo como me salí, sin haver entendido una palabra de toda aquella chanfonía; y vaya Usté con Dios, que hemos de decir, que el Perdicador es un hombre que se pierde de vista, siendo ansina que á muchos de ellos los llevara yo á la Inquisicion, si el Santo Tribunal me lo mandara.»

5. — «Señor Familiar, replicó Fray Blas, no hablep. 59 vuestra Merced en lo que no entiende.» A que añadió prontamente Fray Gerundio: «Tio, pensar vuestra Merced que ha de alcanzar mas que tantos Predicadores famosos como predican assí, y tantos hombres discretos como los celebran y los aplauden, es demasiado pensar.» — «Sobrino, respondió el Familiar, cada probe alcanza aquello que Dios le ayuda. A esso de que tantos Perdicadores perdican ansí, y que tantos hombres discretos los celebran, digo que, porque son tantos los que perdican ansina, por esso me encarabrino yo tanto; y en quanto á los hombres discretos que los celebran, peor es urgallo. Yo confiesso, porque el Diabro no se ria de la mentira, que tambien los he uído apraudir á muchos; pero acá en mi imaginamiento todos eran unos tontos. Y á lo otro que dixo el Padre Perdicador, de que yo no lo entiendo, respondo á su Usencia que, como los sermones se perdican para que los entiendan todos, por el mismo caso que yo no entiendo los mas, digo que son malos, y no me sacarán de esto quantos Tiólogos hay en la Universidá de Salamanca.»

6. — «A muchos ha hecho bien poca merced el Señor Familiar», dixo á esta sazon el Padre Vicario con su acostumbrado entonamiento. «Si son necios los que predican de essa manera y los que gustan de sermones á esse aire, se verificará á la letra lo que dice el Espíritu Santo, que stultorum infinitus est numerus, será preciso contar en esse número á muchos hombres de bien, y yo, aunque no lo sea, desde luego me encuentro entre ellos, porque mas quiero errar con los muchos que acertar con los pocos.»

7. — «Fuego de Dios en la másima! replicó con viveza el Familiar; no me la meterá Usendíssima en la cabeza: en todo causo á mí me parece mas mejor acertar con uno solo que errar con todo el mundo; porque, en concrusion, el errar siempre es errar, y el acertar siempre es acierto.» — «No estará vuestra Merced tan solo por esse partido, dixo á esta sazon Don Basilio, que no tenga tambien á su lado al Señor Magistral; porque, assí en los sermones que le he oído, como en las conversaciones que se han ofrecido sobre la materia, con el exemplo y con la palabra se muestra tan opuesto á este modo de predicar, que es gusto oírle quando se zumba de él, y estremece quando le combate en serio.»

8. — «Por algo ha estado tan grave y tan espetado en toda la mesa, interrumpió el hermano Bartholo, que en toda ella no ha dicho esta boca es mia; y alguna vez que yo le miraba, estaba con un ceño que parecia un Enquisidor. Pero dempues de todo, yo me atengo á nuestro Padre Vicario y al Reverendo Padre Fray Bras, que son Perdicadores leídos; y de mí sé decir que, quando oigo uno de estos sermones agudos, me embobo tanto que es un alabar á Dios. Puesp. 60 qué? si el Perdicador es hombre de manotéo y lo representa con garbo y, como dicen, con empropriedad! Entónces no trocaria yo un sermon por una comedia.»

9. — «Essa es otra, replicó el Familiar; Perdicadores he uído que no parecen sino mesmamente á unos farsantes que ví en Valladolí, una vez que fuí allá á cosas del Santo Oficio, y havia comedias. Ni mas ni ménos traquiñan las manos quando perdican, como las traquiñaba el primer galan, que decian era un pordigio. Si habran de cruz, espurren los brazos; si de una bandera, hacen como que la trimolan; si de una batalla, dan cuchilladas; si de una ave, parece que vuelan.» — «En esso hacen lo que deben, respondió magistralmente el Padre Vicario, porque las acciones han de acompañar á las palabras, en lo qual no debe diferenciarse el Predicador del Representante.»

10. — «A otro perro con esse huesso, dixo el Familiar, que yo no le roeré. Con que, quiere su Usencia encaxarnos que un Comediante y un Perdicador han de representar de la mesma manera?» — «Ambos han de pintar, en quanto sea possible, con las acciones, aquello que expressan con las palabras,» replicó el Padre Vicario. — «Sí, Señor, dambos tienen essa obrigacion, pero el Comediante como Comediante, y el Perdicador como Perdicador.» — «Pues, explíquenos vuestra Merced la diferencia,» dixo con un poco de desden el Padre Vicario. — «Oh! si yo supiera expricarla como acá la tengo en mi calletre, respondió el Familiar, no me truecaria por un Arcediano.»

11. — «A mí me parece, saltó entónces Don Basilio, que comprendo lo que quiere decir el Señor Familiar. Parécele que, siendo tan diversos los fines que se deben proponer el Comediante y el Predicador, han de ser tambien muy diferentes los medios, y que lo que en el uno es gala, hermosura, viveza y propriedad, en el otro seria locura, ridiculez, irrision y extravagancia. El Comediante solo tira á deleitar, á embelesar y á divertir; el Predicador únicamente debe intentar convencer, persuadir y mover. En aquel las acciones, los gestos y los movimientos parecen mejor quanto mas airosos, quanto mas vivos y quanto mas desenfadados: en este todo debe respirar gravedad, magestad, modestia y compostura; y, perteneciendo á la accion no solo el movimiento de las manos, sino el aire del semblante, la postura del cuerpo y hasta el tono de la voz, en todo debe reinar una modestia que no se pide al Comediante. Y á este propósito me acuerdo haver leído en Quintiliano, que el buen Orador ha de querer mas parecer modesto y encogido que garboso y desembarazado: modestus et esse et videri malit; y debe ser sin duda la razon, porque, siendo el principal fin del Orador el persuadir y el mover,p. 61 todo aquello que le hace mas amable, le hace tambien mas eficaz, siendo cierto que el que es dueño del corazon se hace mas presto señor del entendimiento; y como el orgullo, la presuncion y la arrogancia desagradan tanto á todos, el Predicador que en sus movimientos, gestos, acciones y menéos se ostenta orgulloso, arrogante y presumido, de contado se hace aborrecible, ó por lo ménos enfadoso. De aquí es que la modestia y el encogimiento, que pocas veces cae en gracia á un Comediante, siempre es necessaria al Predicador; y harto será que no fuesse esto lo que el Señor Familiar quiso decir.»

12. — «Pero quando lo expricaria yo con essa heregía y craridad?» exclamó el Familiar, lleno de gozo, dando un abrazo á Don Basilio. «Vuestra Merced me bebió el pensamiento; y, ya que una cosa llama á otra, díganos vuestra Merced por vida suya, y assí tenga Dios en descanso al ánima de su Señora Madre (conocíla mucho, y era una muger… válame Dios, qué muger era!): díganos vuestra Merced, vuelvo á decir, qué cosa es modestia de la voz? Porque ansí al descuído con cuidado se dexó vuestra Merced caer este vocabro, y yo no entiendo bien lo que sanefica.»

13. — «Tampoco yo lo entenderia mucho, respondió el Canónigo, si por casualidad no lo huviera leído pocos dias há en cierto libro que me envió un amigo de Madrid, y trata de estas cosas de los Predicadores. Intitúlase La Eloquencia Christiana, y su Autor es un Jesuíta francés, llamado el Padre Blas Gisbert, hombre sin duda hábil, discreto y erudito, que trahe admirables especies, aunque á mi pobre parecer escritas no con el mejor méthodo del mundo; porque repite mucho, hacina bastante; no sigue la caza, pica mil cosas y luego las dexa; y en los muchos exemplares que trahe de San Juan Chrisóstomo, á quien propone con grandíssima razon por el mejor modelo de la eloquencia sagrada, aunque todos ellos son muy escogidos, me parece que está algo prolixo. Pero hola! quien soy yo para meterme á crítico, sin acordarme que esta facultad no se hizo para un pobre Canónigo bolonio? Vuelvo á la pregunta.»

14. «Dice pues este Padre, si no me acuerdo mal, hablando de la modestia de la voz, poco mas ó ménos, estas palabras: Serás modesto por esta parte, si evitas en tu voz cierto aire bronco, hinchado y dominante, que introduce hasta el corazon de los oyentes aquella enfadosa dissonancia, que su mismo desentono causa en el oído. Una voz dulce, fuerte, igual, flexible y modestamente imperiosa es de admirable auxilio para la persuasion. Por el contrario, el entendimiento siente no sé qué repugnancia en rendirse á unas razones que se derivan por un canal tan ingrato y tan desagradable, como es una voz grossera, desapacible, fiera, impetuosa y violenta.»

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15. — «Y donde ha de ir á comprar otra, replicó Fray Blas, aquel á quien Dios se la dió con essas tachas?» — «Esso no lo dice mi Autor, respondió el Canónigo, y yo no he tomado el oficio de instruir á los Predicadores, porque soy poco hombre para esso. Solo refiero lo que he leído; bien que á mí me parecia, que el arte, el trabajo y el cuidado podian corregir essos defectos, y aún hago memoria, si no me equivoco, de haver oído ó leído, que Demósthenes y Ciceron, los dos mayores Oradores que ha conocido el mundo, ambos havian recivido de la naturaleza una voz bronca y destemplada, y ambos la reduxeron á un medio templado, sonoro y apacible, con el cuidado y con el exercicio.»

16. — «Pues oye su Mercé, Señor Don Basilio, dixo el Familiar; aunque es assí que essas vozarronas, que parecen berreaduras de güey ó de becerro, y essos menéos empetuosos de los Perdicadores, como los llama esse Padre Theatino Bras de qué sé yo qué, parece que le rompen á uno los cascos; pero á mí no me amohinan ménos otros Perdicadores que hay tan enmelados, con unas palabricas tan de azucre y de almíbare, unos cecéos y unos menéos de dama remilgada y de Sí Señor, que cierto dan á un hombre gana de gomitar.» — «Quando todo esso es natural, respondió el Canónigo, porque nace de un genio verdaderamente dulce, suave y blando, y de algun natural defecto de la lengua, no solo no fastidia, sino que cae en gracia, persuade y mueve; pero, quando se mezcla en ella la afectacion y el artificio, no hay cosa que mas empalague ni que mas irrite. Aún en una conversacion, el que afecta dulzaina, dengues y remilgamiento, se hace extremadamente fastidioso; pero, quando esto se quiere remedar tambien en el púlpito, no hay paciencia para tolerarlo.»

17. — «En esso vamos conformes,» interrumpió el Padre Vicario; y es que él tenia una voz sonora, grata y medianamente corpulenta. «No lo estamos tanto en el dictámen sobre essa obrita del Padre Gisbert, que tengo en mi celda y he leído con bastante cuidado; pues, aunque vuestra Merced la ha notado algunos defectillos, veniales á la verdad, pero en el fondo se conoce que la aprecia. Ha leído vuestra Merced los reparos críticos de Monsieur L’Enfant sobre essa obra?» — «Sí, Padre Reverendíssimo, porque están al fin de la segunda edicion, que es la que yo tengo.» — «Y qué le parece á vuestra Merced de ellos?» preguntó el Padre Vicario. — «Padre Maestro, respondió Don Basilio, un triste Canónigo de capa y espada, como yo soy, no puede dar parecer en estas materias. Pero, pues vuestra Reverendíssima desea saber lo que siento, valga lo que valiere, digo que, fuera de las notas que le pone (y á mí me parecen justas) sobre la falta de méthodo, la repeticion y la prolixidad de los lugares quep. 63 extracta de San Juan Chrisóstomo, casi todos los demas reparos de Monsieur L’Enfant son fútiles, ridículos y pueriles; y en fin, pidiendo primero licencia para usar de este equivoquillo, reparos propriamente de niños, que esso quiere decir l’enfant en nuestra lengua.»

18. «Pues qué! replicó el Vicario, pueril llama vuestra Merced al primer reparo, que pone sobre lo que dice en el prólogo el Padre Gisbert, que la hermosura del discurso suple la falta de la brevedad? Y añade el crítico, que aquí hay oscuridad y algun sentido equívoco, pues se quiere decir que lo hermoso del discurso excusa lo prolixo. Este reparo me parece justo y sólido.»

19. — «Lo que es no entenderlo! respondió el Canónigo; pues á mi me parecia que era insulso, fútil y sin razon alguna; porque no comprendia yo, que entre estas dos cláusulas la hermosura de un razonamiento suple la falta de la brevedad; la hermosura de un discurso excusa la prolixidad huviesse otra diferencia que la de decir una misma cosa con mas ó con ménos palabras; pero que en lo demas ambas proposiciones eran igualmente claras y perceptibles. Mas las superiores luces de vuestra Reverendíssima descubren lo que no vemos los que las logramos mas escasas.»

20. — «Pues la segunda nota de Monsieur L’Enfant sobre el prólogo, dixo el Padre Vicario, aún es mas substancial que la primera, y no sé qué se pueda replicar á ella. Para excusar el Padre Gisbert la prolixidad de los exemplos que propone, dice que en esso no hizo mas que imitar á San Agustin, y añade oportunamente el discreto crítico: Si el méthodo es malo, no le autoriza el exemplo del Santo; fuera de que San Agustin no es tan prolixo ni con mucho en sus citas, como lo es el Padre Gisbert en las que hace de San Juan Chrisóstomo. Tratará vuestra Merced de pueril este reparo?»

21. — «Yo me guardaré bien de esso, respondió el Canónigo; porque, aunque es verdad que á nosotros los Eclesiásticos legos nos disuena mucho esto de hablar con ménos respeto de los Santos Padres, y mas de un Padre tan sabio, tan ingenioso y tan crítico en todo como dicen que fué San Agustin; pero esso nacerá sin duda de que nosotros no lo somos: por esso nos escandaliza oir que, quando las cosas son malas, el exemplo de los Santos Padres no las autoriza; porque nos parecia á nosotros que, una vez que las autorizasse el exemplo de los Santos Padres, debiamos de creer que no eran malas. Por lo que toca á si son ó no son largas las citas de San Agustin, como los exemplos que copia el Padre Gisbert de San Juan Chrisóstomo, yo no puedo hablar con conocimiento de causa, porque confiesso que solo hep. 64 leído por el forro las obras de San Agustin en la librería del Señor Magistral; pero, como el Padre Gisbert assegura que San Agustin traslada lugares muy considerablemente largos de los Prophetas, de San Pablo y de San Cypriano en su libro ó Tratado De la Doctrina Christiana, paréceme que debemos creerle sin escrúpulo, porque no tiene traza de hombre que habla á bulto, ni de quien cita en falso.»

22. «Pero demos de barato que las citas del Santo huviessen sido mas breves ó mas cortas; acá á mi modo de concebir me parece, que no hace fuerza el cotejo, siendo muy clara la disparidad. San Agustin, en el libro De la Doctrina Christiana, no toma por assunto el instruir á un Predicador en el modo de predicar, sino imbuírle en los dogmas ó doctrina de la Religion que debe de enseñar, y para esto no era menester copiar passages largos de los Padres anteriores al Santo Doctor. Por el contrario, todo el empeño y todo el assunto del Padre Gisbert es instruir á un Orador Christiano en el méthodo y en el modo con que ha de disponer sus sermones; y para esto era al parecer indispensable hacer un poco largos los exemplares que se proponen para la imitacion; porque, como dice el mismo Padre, si no se da á estos modelos de el buen gusto una cierta proporcionada extension, es impossible sentir ó reconocer en ellos perfectamente la práctica de las reglas. Es verdad, como signifiqué al principio, que aún para este fin me parecen un poco prolixos algunos passages de San Juan Chrisóstomo, que copia el Padre Gisbert; pero yo soy un pobre Canónigo en romance, y debo someter mis bachillerías al superior dictámen de vuestra Reverendíssima, á quien suplico se sirva decirme qué hombre fué esse Monsieur L’Enfant, cuyas notas han tenido la fortuna de agradarle tanto.»

23. — «Señor Don Basilio, respondió el Padre Vicario, confiesso que no lo sé, ni me he metido en averiguarlo; porque, quando leo un libro, me importa poco saber la vida y milagros del Autor: si me gusta, le acabo y le celebro; y si me enfada, le cierro y le arrimo, sin meterme en mas honduras ni averiguaciones.»

24. — «Hay cosa! replicó el Canónigo; pues yo estaba en el errado concepto de que, para hacer juicio de una obra, especialmente crítica y en materia que se roza con la Religion, convenia mucho saber, por lo ménos en general, los estudios, las circunstancias, y especialmente la profession ó la religion del Autor. Confiesso que, haviendo observado en las notas de Monsieur L’Enfant el empeño en critiquizar, morder y censurar los lugares que traslada el Padre Gisbert, (porque, en suma, á esto se reducen sus principales notas, ó á lo ménos aquellas que no son sobre puras fruslerías,) yp. 65 haviendo reparado que, desde la misma carta que sirve de prólogo á la obrilla, muestra su poca inclinacion á este célebre Padre de la Iglesia, quando dice que, aunque él es uno de los que mas admiran su eloquencia y su genio, con todo esso no quisiera proponerle hoy por modelo sin muchos correctivos, confiesso que todo esto me hizo entrar de mala fé con este Monsieur, y me dió fiera tentacion de averiguar qué personage era.»

25. «Tuve bien poco que hacer en conseguirlo; porque, como soy uno de aquellos eruditos de repente y haraganes de la moda, que quieren saber mucho á poca costa y hablar en todas materias sin comprehender ninguna, en saliendo algun Diccionario, Compendio, Epítome, Synópsis, ó cosa que lo valga, luego escrivo á mi corresponsal de Madrid para que le haga venir á mi librería romancista. En ella tengo el Diccionario Histórico, abreviado, de Moreri, escrito en francés por el Abad Ladvocat y traducido harto fielmente en castellano por Don Agustin de Ibarra, Clérigo laborioso y aplicado. En él se dice, que Jacobo L’Enfant fué un famoso Theólogo é Histórico de la Religion Protestante, que dexó un gran número de obras y murió paralýtico el año de 1728; por señas, ántes que se me olvide, que se assegura nació en Bazoche en el Bauce, provincia que no se sabe donde cae, pues solo se tiene noticia del Bausès ó Beauzès, baxo y mediano, que comprende el país de Chartres y el de Vandoma; pero esto importa un bledo. Lo que á mi ver importa mas, es que, haviendo sido Monsieur L’Enfant un Protestante tan famoso como arrabiado, parece que se deben leer con alguna desconfianza sus notas sobre la obra de un Jesuíta, y mas sobre tal obra.»

26. — «Pues qué, replicó el Padre Vicario, no sin algun desden, es vuestra Merced de aquellos entendimientos vulgares, que juzgan no puede escrivir con acierto un Herege en ninguna materia?» — «No, Padre Reverendíssimo, respondió el Canónigo, no soy tan lego como todo esso: sé muy bien que entre ellos ha havido Autores eminentes en algunas facultades; sé muy bien, (porque al fin ya llegué á estudiar las Súmulas,) que no vale esta consequencia: es Herege, luego no sabe lo que se dice, ni lo que se escrive; sé tambien que, assí como hay cierta especie de locos que solamente desvarían en determinadas materias, assí hay muchas classes de entendimientos que solamente desbarran en assuntos determinados. Pero al mismo tiempo estoy persuadido á que por esta última razon debemos leer siempre con mucha cautela y desconfianza aquellas obras de los Hereges, que directa ó indirectamente tratan de puntos de Religion, quales son sin duda las que hacen crítica de los Santos Padres, cuya veneracion y conceptop. 66 procuran ellos disminuir por todos caminos. Por otra parte, siendo tan notoria la inquina que los Hereges professan á las Religiones, especialmente á los Jesuítas, paréceme que, quando aquellos escriven contra estos, pide la equidad que se las lea con un poquillo de precaucion, porque son parte apassionada.»

27.[18] El Donado, á quien se le secaba la boca con tanto silencio, y no podia llevar en paciencia una conversacion mas seria de lo que él quisiera, y de la qual apénas entendia palabra, pareciéndole que havia llegado la suya, dió una gran palmada en la mesa y dixo con voz temulenta: «los Hereges son unos perros judíos: pero los Theatinos!… y no digo mas. Al fin toda es gente honrada, pero mi casa no parece.»

28. — «Calla, borracho,» le interrumpió, no sin alguna indignacion, el otro Religioso de su Convento, que, despues de un ratico de siesta, havia vuelto á la mesa y se halló á la mitad de la conversacion. «Demasiado has dicho, para conocer que has bebido demasiado. Qué quieres significar por essas palabras tan preñadas?» — «Lo que yo quiero saneficar, dixo el Donado, está bien craro; porque, si los Hereges pretenden deshonrar á los Padres de la Igresia, como esse Señor Infante lo quiere hacer con San Juan Chrystósomo, los Theatinos no tratan mejor á Santo Thomas de Enquino.» — «Botarate! cose essa boca! le replicó el Religioso, y no hables lo que no entiendes, ni eres capaz de entender. No hay Religion en la Iglesia de Dios, despues de la Dominicana, que mas se haya empeñado en ilustrar á Santo Thomas que la Compañía; ninguna que cuente tanto número de Expositores de las obras de el Santo Doctor. Si en algunos lugares aquellos le entienden assí, y estos de otra manera, lo mismo sucede en muchos textos de la Sagrada Escritura, que unos Padres los interpretan de un modo, y otros de otro muy diferente, y aún muy contrario, sin que ninguno diga por esso, que los Padres de la Iglesia no siguen la Escritura ó que tiran á discreditarla. Aún entre los mismos Autores Dominicos se dan batallas campales sobre la inteligencia de muchos lugares de Santo Thomas, y no por esso le deshonran, ántes por lo mismo le ilustran mas; pero esto no es para cabeza de bolo como la tuya.»

29. — «Cabeza de bolo ó no cabeza de bolo, replicó el Donado, hasta ahora no he uído, que ningun Padre Santo huviesse llamado á la Religion de los Theatinos Religion de la verdá, como se la llamó á la Religion de Santo Domingo un Padre Santo de Roma.» — «Tampoco se la ha llamado, replicó el Religioso, á la Religion de San Francisco, ni á la de San Benito, ni á la de San Bernardo, ni á la de San Agustin, ni á ninguna otra de las innumerables, que instituyóp. 67 el mismo Dios por medio de los Santos Patriarchas para ornamento de su Iglesia. Y qué sacaremos de esso? Que todas las demas Religiones son Ordenes de la mentira, y solo la Religion de Santo Domingo es Orden de la verdad? Solo una cabeza tan burral como la tuya sacará esta consequencia.»

30. — «Aquí entro yo, dixo el Familiar, porque soy Menistro del Santo Oficio, y, si alguno dixera de qualquiera de las Religiones essa Morería ó essa Judiada, al mimento le echaba la garra y daba con él de paticas en la Enquisicion. Pero…»

CAPITULO VII.
Levántase de la siesta el Magistral, y prosigue la conversacion del Capítulo antecedente, con todo lo demas que irá saliendo.

1. A tal instante se dexó ver el Señor Magistral, despues de haver dormido una siesta muy decente. Todos se levantaron por respeto, y los mas se retiraron, unos á rezar, y otros á descabezar el sueño, entre los quales asseguran varios Autores que el hermano Bartholo era el mas necessitado. Fray Gerundio hizo tambien ademan de retirarse; pero el Magistral le detuvo, quedando solos Tio y Sobrino, Don Basilio, y el bueno del Familiar. Tomó un polvo el Magistral para despejarse, estregóse los ojos, sonóse las narices, y es fama que, encarándose con el Sobrino, le habló en esta substancia:

2. «Sin duda, Fray Gerundio, que habrás quedado muy vanaglorioso con tu desbaratado sermon. Los aplausos de los ignorantes, la gritería de essa pobre gente, el voto de la muchedumbre, y las aclamaciones de los lisongeros, si ya no han sido irónicos elogios de los zumbones ó de los malignos, te tendrán persuadido á que nos dexaste á todos assombrados. Con efecto fué assí, y dudo que algun otro lo huviesse quedado mas que yo; pero no de tu discrecion, ni de tu agudeza, ni de tu gracia, ni de tu despejo, sino de tu lastimosa ignorancia, de tu juvenil osadía, de tu raro atolondramiento, y de tu total falta de gusto y de reflexion.»

3. «Mucho me havia escrito mi amigo y tu favorecedor, el Padre Maestro Prudencio, de tu modo de predicar; algo me apuntó de las cuerdas y oportunas advertencias, que te havia hecho para que no malograsses tus talentos; no me havian dicho poco algunos, que te oyeron no sé qué plática de Disciplinantes en tu Comunidad. Todo me hizo concebirp. 68 que ibas muy descaminado; pero confiesso que no juzgué, ni aún imaginé possible, que lo fuesses tanto. Desde el primer período de tu sermon me huviera salido de la Iglesia, á haverlo podido hacer sin mucha nota y sin igual tumulto ó alboroto del apiñado auditorio: este me sitió en el confessonario, que, todo el tiempo que duró el sermon, no fué para mí tribunal de la penitencia, sino exercicio de ella.»

4. «Llaméle sermon, y le dí un nombre muy improprio; porque ni fué sermon ni cosa que de mil leguas se le parezca. Es dificultoso definir lo que fué, pero veré si me puedo acercar á dar á entender lo que concibo. Fué una escoba desatada de inconnexiones; fué una tarabilla suelta de impertinencias y de extravagancias; fué un confuso hacinamiento de textos y lugares de la Sagrada Escritura, ridículamente entendidos y osadamente aplicados; fué un turbion de conceptillos superficiales, falsos, pueriles, no solo agenos de un Orador, que en todo debe buscar la verdad y la solidez, sino insufribles aún en un mediano Poeta.»

5. «Dexo á un lado el intolerable abuso, la necia costumbre y el ignorantíssimo empeño de tocar en la Salutacion aquellas que se llaman circunstancias. Sé que contra esta impertinentíssima y tontíssima costumbre te han dicho ya mas de lo que yo te puedo decir. Solo añadiré, (por si acaso no te lo han dicho,) que ya está únicamente reducida al ínfimo vulgo de los Predicadores, y que solo se oye celebrada por las heces mas despreciables de los auditorios. Tú no te contentaste con tocar las mas comunes, que suelen repiquetear otros Oradores de tu estofa; descendiste hasta las mas menudas y ridículas, para que llegasse hasta donde podia llegar tu extravagancia: te hiciste cargo de tu Padre, de tu Madre, de tu Padrino, de los cohetes, de las hogueras, del Auto sacramental, de los novillos, de los danzantes, de sus melenas, y en fin, por no dexar ninguna impertinencia en el tintero, hiciste circunstancia hasta de la gaita gallega. No es menester mas que referirlo sencillamente para conocer, para palpar la suma ridiculez. Tus mismos colores están ahora acreditando la vergüenza que te causa solo el oírlo; pues, como tuviste valor para practicarlo? y, lo que es mas,[19] como pudiste aplicar á cosas tan baxas los sagrados textos?»

6. «Pero como? Como lo han hecho hasta aquí todos quantos te precedieron, y como no puede dexar de suceder, porque no hay otro arbitrio ni otro medio: violentando textos, desquartizando lugares, arrastrando y aún tal vez fingiendo exóticas exposiciones, ó construyendo las palabras de la Escritura con tanta materialidad como pudiera el mas zafio Sayagués ó el mas rústico Batueco.»

7. «Porque fué este el primer sermon que has predicado,p. 69 traxiste aquellas palabras de San Lúcas, con que da principio á los hechos de los Apóstoles: primum quidem sermonem feci, o Theophile, sin hacerte cargo, lo primero, de que el Evangelista no trata allí de sermones, sino del Evangelio que havia escrito, como él mismo lo dice expressamente: primum quidem sermonem feci de omnibus, o Theophile, quæ cœpit Jesus facere et docere, usque in diem etc.; lo segundo, que, aunque hablara de sermones, diria todo lo contrario de lo que tú pretendias; porque no afirmaba que era aquel el primer sermon que predicaba, ántes suponia que havia predicado otro ú otros, pues decia: el primer sermon que prediqué etc. primum quidem sermonem feci. Pero no, Señor; tú leíste que el Evangelista hablaba de primer sermon, y sin mas ni mas, entendiendo materialíssimamente sus palabras, te pareció que venian muy al intento del primer sermon que predicabas, sin reflexionar que, una vez tolerada este grosseríssimo modo de traher las palabras de la Escritura, no hay absurdo que no se pueda confirmar con ellas.»

8. «De la misma manera, y aún mucho peor si es possible, aplicaste los demas textos á tus extravagantíssimas idéas. Seria cosa interminable si quisiera detenerme en recorrerlos todos en particular, y por esso bastará traherte ligeramente á la memoria los mas estrafalarios. El cotejo que hiciste del retiro de Christo al desierto con el tuyo á la Religion, dexó de ser atrevido por passar á ser sacrílego; y la disyuntiva que añadiste de que, bautizado Jesus, se retiró al desierto ó el Diablo le llevó á él, fué un arrojo que quiso parecer gracia, y vino á parar en una blasphemia. Alucináronte á tí, como á otros muchos, aquellas palabras de que ductus est ab spiritu, sin advertir que no fué el espíritu maligno, sino el Espíritu Santo, el que le conduxo al retiro, como lo sienten los Padres Santos, y es casi evidente en el contexto de la letra. Pero á tí te hacia al caso esta exposicion, porque te abria camino para la otra chocarrería, de que te retiraste al desierto de la Religion, si ya el Diablo no te llevó á ella. Chufleta escandalosa, en que no es fácil decidir, si sobresale mas la impiedad ó el descontento que muestras con tu religioso estado.»

9. «No ignoro lo que enseña Santo Thomas, hablando de la docilidad con que debemos abrazar los consejos que son buenos, aunque las costumbres y la intencion del que los da sean perversas. Bien sé que dice el Santo que, aunque constara que era el Diablo el que te aconsejaba que entrasses en Religion, debieras seguir su consejo; porque, suponiendo que su intencion siempre seria torcida, podrias enderezarla ázia tu mayor provecho, segun aquello de salutem ex inimicis nostris; pero el angélico Doctor habla hypotética, no categóricamente. Discurre en la suposicion de que esto sea posp. 70sible, no supone que lo sea, ni mucho ménos lo da por hecho.»

10. «Las locuras, que ensartaste para hacer lugar en la Salutacion á tu Padrino el Licenciado Quixano, debieran conducirte á la Inquisicion, si ellas mismas no acreditaran que competia su juício á la casa de los Orates. Quanto dixiste de la quixada de asno con que Cain quitó la vida á su hermano Abel, (si es cierto que executó el fratricidio con este instrumento,) quanto disparataste sobre la famosa quixada de Sanson, y quantas boberías historiales fingiste sobre las armas de los Quixanos y de los Quixadas, familias á qual mas ilustres en el Reino de Leon, te harian reo de dos gravíssimos delitos, si no los disculpara tu sandez, ignorancia y bobería. Los esclarecidos individuos de una y otra nobilíssima familia se reirán de tu necedad, ó se compadecerán de tu desbarato, y nunca tendrán por assunto digno de su quexa que un simple como tú forge despropósitos, que no son capaces de obscurecer su esplendor.»

11. «Si vuelvo los ojos al estrafalario assunto que tomaste, apénas hallo términos para explicar lo que concibo: Campazas es el solar de la Eucharistía, y assí, ó no hay Sacramento en Campazas, ó no hay en la Iglesia fé. A quien sino á tí pudo venir al pensamiento tan furioso desatino? Puedo preguntarte lo que un Duque de Toscana preguntó á cierto Poeta, que le presentó un poema con grande satisfaccion de que le havia de assombrar, y con no menor confianza de que se lo havia de pagar bien: Dicami per Dio, dove pigliò questo acervo di pazzie e questa farragine di minchionerie? Dígame por Dios, donde encontró este monton de necedades y este fárrago de despropósitos y de boberías.»

12. «A un assunto tan exótico precisamente havian de corresponder unas pruebas tan exóticas como él; porque una proposicion extravagante no se puede confirmar con razones que no lo sean. Es Campazas el solar de la Eucharistía, porque la materia remota de este Sacramento es el pan y el vino, que nacen en los campos, de donde se deriva el nombre de Campazas? Por essa regla el Sacramento de la Eucharistía será originario de toda tierra de pan y vino llevar; y no tendrá mas derecho Campazas á ser la alcurnia de este augusto Sacramento, que Campomayor, Campoverde, Camposanto, Campo del Villar, y, en fin, toda tierra y lugar de Campos que tenga este nombre por delante ó por detras, como Medina del Campo, Villanueva del Campo, Morales de Cámpos, etc. Por el mismo principio, el solar de la Extrema Uncion será todo país donde haya aceite; el del Bautismo, donde haya agua; y el de la Penitencia, todo el mundo, porque en todo él se usan pecados, que son su materia remota.»

p. 71

13. «De el mismo calibre es el otro despropósito, conviene á saber que ó hay Sacramento en Campazas, ó no hay en la Iglesia fé. Qué quisiste decir con esto? Que la fé de la Iglesia Cathólica dependia de que huviesse Sacramento en Campazas? Terrible locura! Tanto depende la fé de la Iglesia Cathólica de que haya ó no haya Sacramento en Campazas, como de que le haya ó le dexe de haver en Londres ni en Constantinopla. No te tengo por tan mentecato como todo esso; quisiste sin duda significar, (pareciéndote que decias una gran cosa,) que, si no era verdad que havia Sacramento en Campazas, puesta allí la materia y la forma por Ministro competente y con la debida intencion, tampoco era verdad que le havia en Roma ni en parte alguna de la Iglesia de Dios. Pero vén acá, simple; no conoces que essa es una insulsíssima perogrullada, y que lo mismo se puede decir de la mas infeliz alquería donde entre el divino Sacramento? Salvo que seas tan páparo como el otro charro que, haviendo visto los magníficos monumentos de Sevilla, dixo muy satisfecho: los munimentos buenos son; pero Sacramento como el de mi lugar no le hay en todo el mundo.»

14. «Sabes de donde nace este disparatado modo de discurrir, y essas proposiciones, parte heréticas, parte absurdas y parte malsonantes, que echas á borbotones? Pues, no es otro el principio sino el lastimoso desprecio que hiciste de la dialéctica, de la philosophía y de la theología, persuadido neciamente á que no las havias menester para ser gran Predicador. Ya estoy informado de lo que trabajaron tus Prelados y otros hombres sabios y zelosos por desvanecerte este grossero error de la cabeza, y tambien lo estoy de que todo fué inútilmente. No presumo tanto de mis fuerzas, que me lisongée de poder conseguir lo que ellos no lograron, y mas quando, separado ya de los estudios, parece fuera de sazon la doctrina que voy á darte. No obstante, por no quedar con esse remordimiento y porque puede ser te haga mas fuerza lo que te dice un Tio tuyo, que te ama de corazon y que está ó debe estar tan práctico en la materia como yo, (porque al fin no tengo otro oficio en mi Santa Iglesia,) te expondré con toda la brevedad y con toda la claridad que me sea possible, no ya mi dictámen particular, sino el universal de todos quantos enseñan á formar un perfecto Orador, pues, si fuere tan feliz que te hagan fuerza mis razones, aunque hayas dexado de ser discípulo de los Lectores en el aula, puedes serlo de los libros en la celda.»

15. «Ciceron dice, que es impossible haya perfecto Orador sin que sea perfecto dialéctico, añadiendo que sin dialéctica conoció á muchos loquaces, á muchos habladores, pero á ningun eloquente: disertos se vidisse multos, eloquentem omp. 72nino neminem; y él mismo afirma de sí que, si es que llegó á ser Orador, no aprendió este oficio en las escuelas de los Rhetóricos, sino en las Academias ó Universidades de los Philósophos: fateor me Oratorem, si modo sim aut quicumque sim, non ex Rhetorum officinis, sed ex Academiæ spatiis extitisse. Demósthenes, Quintiliano, Longino y todos los demas Maestros de la Oratoria convienen en el mismo principio: la razon de él salta á los ojos; porque, siendo todo el fin del Orador convencer, persuadir y mover, no puede convencer sin discurrir bien, y no puede discurrir bien si ignora el arte de hacerlo con acierto; aquel que enseña á discernir lo brillante de lo sólido, lo real de lo aparente, lo superficial de lo profundo, lo probable de lo cierto, y el sophisma de la demonstracion. Tal es la verdadera dialéctica.»

16. «Otra hay, no solo inútil, sino perniciosa á todo buen Orador; pero mucho mas al Orador christiano y evangélico. Esta es aquella dialéctica, eterna disputadora de todo, quisquillosa, bachillera, sophística y cavilosa, como la llama Quintiliano: dialectica cavillatrix;[20] aquella que hace gala de sutilizar, de refinar, de methaphysiquear sobre todos los assuntos; aquella que se evapora en sutilezas, se exhala en pensamientos volátiles, y se quiebra ó se confunde en su misma delicadeza; aquella que se complace en representar lo falso como verdadero, en dar cuerpo á la sombra, y realidad á la apariencia; aquella que hace profession de vender oropel por oro, sophismas por evidencias, y trampantojos por demonstraciones; aquella, en fin, que desquartiza, que hace gigote el objeto que toma entre manos, en lugar de dividirle para aclararle ó para comprenderle. Esta dialéctica no solo es indigna de un Orador, sino de un hombre de bien, porque solo puede conducir para alucinar, mas no para encontrar la verdad, ni mucho ménos para persuadirla.»

17. «La dialéctica no solo conveniente, sino absolutamente necessaria á todo buen Orador, es aquella sútil á la verdad, pero viva y penetrante, que discierne con seguridad lo verdadero de lo falso, distinguiendo con precision y con exactitud lo que es proprio del assunto y lo que es forastero á él; aquella que reconoce con toda claridad las partes que constituyen el todo, y sabe distribuirlas, ordenarlas y disponerlas con la union, órden y méthodo que deben observar entre sí; aquella que divide con destreza la materia, pero sin hacerla añicos, ni desmenuzarla en partes tan delicadas que apénas las percibe la vista mas perspicaz; aquella que va siempre derecha á su objeto y á su fin, sin perderle jamas de vista, ni divertirse á episodios ó digressiones extrañas, que hacen olvidar el objeto principal, cansando la atencion hasta llenarla de fastidio; aquella que da al discurso una justa libertad, sinp. 73 violentarle ni oprimirle, y, desviando de las expressiones todo sentido equívoco ú obscuro, las dexa imprimir en el entendimiento una idéa clara, limpia y precisa de lo que quieren decir; aquella que dispone con tan bello órden y con tanta naturalidad todas las proposiciones del discurso, que parezcan como nacidas unas de otras, y, subiendo insensiblemente á los primeros principios, deduce de ellos unas consequencias necessarias, naturales y evidentes; aquella que descarta siempre toda prueba que no sea concluyente é invencible; aquella, en fin, que sabe unir todo el discurso como en un solo punto, para que haga mas viva y mas pronta impression en el ánimo de el que le oye, porque de una sola ojeada le entiende, le comprende, le penetra.»

18. «Esta es la dialéctica necessaria á todo buen Orador; esta es aquella ciencia de los Philósophos, sin la qual, dice Ciceron, es impossible que un hombre sea verdaderamente eloquente; porque sin ella, como ha de discernir en las cosas el género de la especie? como ha de acertar á explicarlas ni á definirlas? como ha de distinguir lo falso de lo verdadero? como ha de inferir las consequencias legítimas, evitar las contradicciones, cautelarse contra los equívocos y desembarazarse de las ambigüedades? Como es possible que sin ella sepa hablar con peso y con penetracion de las obligaciones de la vida civil, de la virtud, de las costumbres, etc.?»

19. «A vista de esto, qué quieres que diga de tí y de otros Predicadores ó, por mejor decir, de otros cómicos, representantes, charlatanes y habladores, tan ignorantes como tú, que hacen un sumo desprecio del estudio de la philosophía, (comprendida en el nombre de la dialéctica,) teniendo por tiempo perdido el que se empléa en aprenderla, por juzgarla absolutamente inútil para la oratoria, y que como tal debe abandonarse á las cavilaciones y á las disputas de la escuela? Cabezas desahuciadas, entendimientos infelices, ingenios atolondrados, que presumen caminar seguros sin luz en medio de las tinieblas, no advirtiendo que por precision han de dar tantos tropiezos como passos, faltándoles aquella arte á quien el mayor Orador del mundo llamó la máxima entre todas las artes, porque ella es la luz que dissipa la confusion y la obscuridad de todas las demas: Hic (Servius) attulit hanc artem omnium maximam, quasi lumen ad ea, quæ ab aliis confuse dicebantur. — Dialecticam mihi videris dicere. — Recte, inquam, intelligis.»

20. «Pero, si la dialéctica es de una indispensable necessidad para la oratoria christiana, no lo es ménos la sagrada theología. Y si no, dime, qué cosa es ser Theólogo? Es ser un hombre, cuya profession le enseña á hablar bien y con propriedad de Dios y de sus atributos, exponiendo las verdap. 74des de la Religion, explicando sus mysterios, y distinguiendo las verdades reveladas de las opinables, con bastante instruccion para combatir los errores, discernir la naturaleza de las virtudes, y penetrar assí la naturaleza como la diferencia de los vicios; es ser un hombre muy versado en la Sagrada Escritura y en la inteligencia de su verdadero y legítimo sentido, para sacar de aquel fondo inagotable pruebas eficaces y vigorosas que confirmen lo que dice; un hombre noticioso de la antigüedad, informado de la Historia eclesiástica, bien instruído en Padres y en Concilios. Esto es ser Theólogo. Y ser Predicador, que será? Es ser todo esto y algo mas; porque es poseer todas essas noticias y, sobre ellas, destreza para usarlas, eloquencia para persuadirlas y talento para representarlas. De donde se infiere concluyentemente, que puede uno ser gran Theólogo sin ser gran Predicador, pero es impossible que sea gran Predicador sin ser gran Theólogo.»

21. «Y si á esto se añade la grande diferencia de theatros en que uno y otro han de exercer su profession, y la suma distancia de el modo con que entrambos la exercitan, es preciso quedes convencido de que el Predicador ha de ser mas Theólogo que el Theólogo mismo. Y si no, dime: en qué theatro ó en qué auditorio tiene que enseñar el Theólogo las verdades de la Religion? En una aula reducida y á un puñado de discípulos, por lo comun despejados, jóvenes, instruídos ya en otras facultades, libres de toda preocupacion, y no solo sin embarazo, pero con positiva disposicion para abrazar las verdades en que se les quiere imbuir, oyendo á sus Maestros como oráculos. Y qual es el theatro y el auditorio del Predicador? O un templo muy capaz, ó tal vez las plazas y los campos cubiertos de una immensa multitud, que se compone de todo género de gentes, de niños, de viejos, de hombres, de mugeres, de sabios, de ignorantes, de rudos, de ingeniosos, de dóciles, de duros, y en fin, por lo general preocupados casi todos contra lo que el Predicador los intenta persuadir. Para qual de los auditorios se necessitará mas caudal de sabiduría y mas abundancia de doctrina?»

22. «Junta á esto el diversíssimo modo con que deben enseñar el Predicador y el Theólogo: á este le basta hacerlo de una manera abstrahida, seca y poco inteligible, ó inteligible solo á unos entendimientos cultivados y hechos ya á comprehender otras verdades sútiles, delicadas y metaphýsicas, inaccessibles á los mas, y accessibles para pocos. Pero el Predicador debe enseñar de un modo claro, perspicaz, inteligible á todo el mundo, proporcionado á las idéas comunes, de manera que igualmente le comprehenda el plebeyo que el noble, el rústico que el cultivado, el rudo que el capaz, el ignorante que el sabio; proponiéndolo de suerte que al incrép. 75dulo le convenza, al dissoluto le aterre, al obstinado le ablande, y, en fin, á todos los persuada y los mueva. Para esto, claro está que es indispensablemente necessario que el Predicador tenga en cierto modo un conocimiento casi intuitivo de las verdades y de los mysterios de la Religion, esto es, que los comprehenda todo quanto es possible comprehenderlos en esta vida; que en fuerza de su profunda meditacion los domine y sea dueño absoluto de manejarlos á su voluntad, para proponerlos de mil formas, figuras y maneras. Y qué Predicador sabrá hacer esto, si no es mas Theólogo que el Theólogo mismo? Y quien merecerá el nombre de Predicador, si no sabe hacerlo?»

23. «Mereceránle aquellos Predicadores que, quando tienen que predicar de algun mysterio, como del Sacramento, de la Trinidad, de la venida del Espíritu Santo, su mayor cuidado es huir de él, por no engolfarse en aquel abysmo, dexar el mysterio á un lado, y contentarse con proponer algun punto moral, unas veces deducido naturalmente de la meditacion del mismo mysterio, pero las mas arrastrado y como trahido por fuerza? Bueno es lo primero, mas no basta, ni cumple con su obligacion el Predicador, el qual debe al auditorio la explicacion de nuestros mysterios, no atada ni seca ni descarnada, ni mucho ménos que sepa á escuela y á cartapacio; sino libre, jugosa, llena de fuego, con aquella buena disposicion que pide el púlpito y la oratoria.»

24. «Mereceránle los otros que, por el lado contrario, rebentando de Theólogos y regoldando á Escolásticos, suben al púlpito como pudieran á la cáthedra, y hacen una leccion de oposicion en lugar de sermon, con sus sentencias, con sus pruebas, con sus argumentos; confundiendo en los mysterios lo que es de fé con lo que no lo es, lo cierto con lo dudoso, lo infalible con lo opinable, sin advertir que al pueblo no se le ha de proponer el como, sino el qué, ni en los sermones se debe hacer lugar á puntos contenciosos, sino á los indubitables, segun aquella gran máxima del Apóstol: Mis sermones son fieles y verdaderos, porque en ellos no se tratan materias que estén sugetas á opiniones de sí y de no: Fidelis Deus, quia sermo noster, qui fuit apud vos, non est in illo est et non est?»

25. «Mereceránle aquellos Predicadores inconsiderados, indignos de que se les permita exercitar el sagrado ministerio, que para explicar los mysterios mas venerables se valen de las idéas mas ridículas, como aquel que, predicando al Sacramento en la domínica infra-octava del Córpus, con el Evangelio de la Cena magna, tuvo osadía para tomar por assunto, que el Sacramento era la Cena sin sol, sin luz y sin moscas, que no sé como no le llevaron á la Casa de la Misericordia,p. 76 ya que por insensato le perdonasse el Santo Tribunal? Y el otro que, predicando al mismo mysterio, porque el Mayordomo se llamaba Fulano Maestro, y la Mayordoma Citana Largo, escogió por idéa de su sermon, que Christo en el Sacramento era el Maestro Largo: puerilidad (por no decir otra cosa peor,) que debiera ser castigada con quitarle las licencias de predicar in perpetuum.»

26. «Estos, son Theólogos ó Predicadores, ó no son sino Orates mal dissimulados, y mucho peor consentidos? Sin ser Theólogo es impossible pintar el vicio con aquellos colores vivos y proprios que le hagan aborrecible; porque no se puede conocer su naturaleza, su essencia, sus propriedades, sus diferencias, su deformidad, sus resultas, sus efectos y sus consequencias. Sin ser Theólogo no es possible descrivir la virtud de modo que enamore, que hechice, que mueva á abrazarse y practicarse, atreviéndome á decir, que el que no se huviere hecho dueño del excelente Tratado, de Santo Thomas, sobre las virtudes y los vicios, apénas sabrá pintar la hermosura de aquellas ni la fealdad de estos con los colores vivos y naturales que les corresponden.»

27. «Sin ser Theólogo ninguno podrá explicar acertadamente un solo precepto del Decálogo, porque no sabrá determinar su extension ni sus obligaciones, y confundirá lo que es de perfeccion ó de puro consejo con lo que es de necessidad y de precepto. Expondráse á dar tantos tropiezos como passos, ó extendiendo sus límites mas de lo justo ó estrechándolos mas de lo conveniente; unas veces imponiendo á las almas cargas que no deben llevar; otras, exonerándolas temerariamente de las que tienen obligacion á sufrir; y siempre incurriendo en la terrible amenaza que fulmina Dios contra aquellos, que por su antojo ó por su ignorancia aumentan ó disminuyen á lo que está escrito en el libro de la Ley: Si quis apposuerit ad hæc, et si quis diminuerit de verbis libri, auferet Deus partem ejus de libro vitæ.»

28. «De aquí podrás inferir, quanto desbarran en el verdadero concepto que debieran formar de la Oratoria christiana aquellos Predicadores inconsiderados y aturdidos que, para excusar ciertas proposiciones arrojadas, temerarias, hyperbólicas, ó ciertos conceptillos que llaman predicables, sútiles y delicados en la apariencia, pero falsos y sin substancia en la realidad, responden con grande satisfaccion que hablaron more concionatorio, et non scholastico, como Predicadores y no como Theólogos; añadiendo, como por chiste y por gracejo, que el púlpito no tiene poste,[21] esto es, que no se arguye ni se replica contra lo que se dice en el púlpito.»

29. «Si les parece que responden algo, tengan entendido que no pueden echar mano de despropósito mayor. Quienp. 77 les ha dicho que la cáthedra del Espíritu Santo pide ménos peso, ménos solidez, ménos miramiento, que la de la Universidad? Quien les ha dicho que las proposiciones, que se harian risibles en el aula, pueden jamas ser tolerables en el púlpito? En aquella se examina su verdad con el mayor rigor, para que pueda despues exponerse en este con la mas segura certidumbre. Es cierto que el púlpito no tiene poste, que no se arguye ni se replica contra lo que se dice en él; pero por qué? Porque nada se debe decir en el púlpito que admita réplica, disputa ni argumento.»

30. «Pero, quando insisto tanto en que no es possible que sea buen Predicador el que no fuere buen Theólogo, no pretendo que suba el Predicador al púlpito á hacer vana ostentacion de que lo es: dicen los Theólogos; saben los Theólogos; ya me entiende el Theólogo; vaya esto para el Theólogo, etc.; cosa ridícula, vanidad pueril, que hace despreciable al que la usa para todo hombre de juício que le oye. Si no se conoce que eres Theólogo sin que tú lo digas, solo un pobre mentecato creerá que lo eres sobre tu palabra. Essos regüeldos podrán alucinar á los páparos, pero causan bascas á todo hombre advertido y de razon. En el púlpito no se trata de lo que sabe el Theólogo, sino de lo que todos deben saber; y, siempre que dices algo que no vaya igualmente para la vejezuela mas simple que para el Theólogo mas perspicaz, por rebentar de Theólogo dexaste de ser Predicador.»

31. «Supuesto que es tan necessaria la theología, la philosophía ó la dialéctica para la oratoria, tú, que no eres Dialéctico ni Philósopho ni Theólogo, como has de predicar? Tú, que no has visto los Concilios, los Padres y los Expositores, sino que sea por el forro, (y aunque los vieras por adentro, seguramente no los entenderias,) como has de predicar? Tú, que ni de los mysterios ni de los preceptos del Decálogo, ni de los de la Santa Madre Iglesia, ni de los vicios ni de las virtudes, sabes mas que lo que enseña el Catecismo, como has de predicar? Dirás que leyendo buenos sermonarios. Y como has de saber quales son buenos y quales son péssimos; quales se deben imitar y quales abominar de ellos, especialmente quando entre tanta peste de estos escritos como tenemos en España, apénas hay dos ó tres Autores que puedan servir de modelo? Responderás que oyendo á buenos Predicadores. Y donde has de ir á buscarlos? te parece que hay tanta abundancia de ellos en este siglo? No obstante, ya algunos van abriendo los ojos y procuran tambien abrírselos á otros: ya van entrando por el camino derecho y solicitan con glorioso empeño, que otros entren igualmente por él; ya se oyen en España algunos Predicadores, (no son muchos por nuestros pecados,) que se oirian sin vergüenza, yp. 78 acaso con envidia, en Versalles y en Paris. Pero por donde has de saber discernirlos tú, ni mucho ménos tomarlos el gusto? Tú, que en todo le tienes tan perverso, que á guisa de escarabajo racional te tiras siempre á lo peor de lo peor; tú que, á lo que infiero del disparatado sermon que acabo de oírte, tanto te has pagado de un maldito Florilegio, que anda por ahí para vergüenza immortal de nuestra nacion y para que se rian de ella á carcajada suelta todos aquellos que nos quieren mal; tú…»

CAPITULO VIII.
Corta el hilo y la cólera al Magistral un Huésped no esperado, pieza muy divertida, que á tal punto se apeó en casa de Anton Zotes.

1. Al tercer tú del zeloso y encendido Magistral, quiso Dios y la buena fortuna del bendito Fray Gerundio, (el qual estaba ya tamañito, viendo al Tio que lo tomaba en un tono tan alto y tan desengañado,) que entró por la puerta del corral y se apeó en el zaguan de la casa, con mucho estrépito de caballos, relinchos, lacayo, ayuda de cámara y acompañamiento, un huésped repentino, que ni se esperaba ni podia pensarse en él. Era cierto caballerete jóven, asaz bien apuesto, de bastante desembarazo, vecino de una ciudad no distante de Campazas, que havia estado en la Corte largo tiempo en seguimiento de un pleito de entidad, para el qual le havia favorecido el Magistral (aunque no le conocia,) con varias cartas de recomendacion que le havian servido mucho; y, noticioso por una casualidad de que su protector se hallaba en aquel lugar, torció el camino real, y á costa de un corto rodéo, le pareció razon, y aún obligacion precisa, ir á dar las gracias á quien tanto le havia favorecido.

2. Llamábase Don Cárlos[22] el sugeto de nuestra Historia, y, como por una parte no era del todo lerdo, y por otra havia estado tan despacio en Madrid, frequentando tocadores, calentando sitiales, assistiendo al patio de los Consejos, dexándose ver en los arrabales del Palacio, y no dexando de tener introduccion en algunas covachuelas, se le havia pegado furiosamente el aire de la gran moda. Hacia la cortesía á la francesa, hablaba el español del mismo modo, afectando los rodéos, los francesismos, y hasta el mismo tono, dialecto ó retintin con que le hablan los de aquella nacion. Se le havian hecho familiares sus frases, sus locuciones y sus modos de explicarse, ya por haverlas oído frequentemente enp. 79 las conversaciones de la Corte, ya por haverlas observado aún en los sermones de aquellos famosos Predicadores, que á la sazon daban la ley y con razon eran mas celebrados en ella, ya por haverlas bebido en los mismos libros franceses, que construía ó entendia medianamente, y ya tambien por haverlas aprendido en las obras de los malos Traductores, de que por nuestros pecados hay tanta epidemia en estos desgraciados tiempos; en fin, nuestro Don Cárlos parecia un Monsieur hecho y derecho y, por lo que tocaba á él, de buena gana trocaria por un Monsieur todos los Dones y Turuleques del mundo; tanto que hasta los dones del Espíritu Santo le sonarian mejor, y acaso los solicitaria con mayor empeño, si se llamaran monsieures.

3. Luego que se apeó y fué recivido de Anton Zotes con aquel agasajo y cariño, que llevaba de suyo su natural bondad, le preguntó Don Cárlos si estaba en aquel village y en aquella casa Monsieur el Theologal de Leon. — «Sí, Señoria,» le respondió el Tio Anton, dándole desde luego el tratamiento que á su parecer correspondia á un hombre que trahia lacayo y repostero; porque, aunque no entendió lo que significaba Monsieur ni Theologal, pero bien conoció que sin duda aquel extrangero preguntaba por su primo. — «Monsieur el Theologal, añadió Don Cárlos, es uno de mis mayores amigos, y, aunque no he tenido el honor de conocerlo, estoy reconocido á su gran bondad hasta el excesso. Suplico á vuestra Merced, que se tome la pena de conducirme ante todas cosas á su cámara, retrete ó apartamiento.»

4. El bonazo del Tio Anton, que jamas havia oído hablar aquella gerigonza, como entendió cosa de cámara y retrete, qué pensó? Que á aquel pobre Cavallero se le ofrecia alguna urgencia natural de las que dan pocas treguas, y queria desembarazarse de ella ántes de ver al Magistral; y assí con grandíssimo candor le conduxo á un quarto estrecho y obscuro, cuya puerta falsa daba á la alcoba donde dormia su primo, y le dixo en voz sumisa: «Entre ahí su Usía, y á man derecha hallará lo que tiene de menester; porque ahí está la cámara de mi primo el Canónigo.» Avergonzóse un poco Don Cárlos; pero, como era mozo de despejo, volvió luego en sí y dixo al Tio Anton: «Bien se conoce que el huésped es un gruesso burgés y un miserable paisano; por ahora no he menester estos utensilios: lo que digo es que me conduzga al quarto ó á la sala del Señor Magistral.» — «Ah! esso es otra cosa, respondió el boníssimo de Anton; si su Usía se huviera expricado ansina desde luego, ya le huviera entrado en ella sin arrudéos.»

5. Metióle en la sala donde estaba el Magistral con los demas que diximos en el capítulo antecedente, y entró en ellap. 80 al mismo tiempo que llegaba al tercer tú de su fogosa repassata, como lo dexó notado el manuscrito antiguo que se guarda en el archivo de los Zotes y tuvimos presente para sacar estas individualidades y menudencias de todos los lances sucedidos en esta ocasion en Campazas. Luego que vió el Magistral delante de sí á un Cavallero de tanto respeto, se levantó de la silla apresuradamente, y, quando le iba á hablar con la debida urbanidad, Don Cárlos le atajó diciéndole: «Señor Magistral, no se dé vuestra Merced la pena de incomodarse; yo me he tomado la libertad de entrar en esta casa á la francesa: esta es la gran moda, porque las maneras libres de esta nacion han desterrado de la nuestra aquellos aires de servidumbre y de esclavitudinage que, constriñéndonos la libertad, no nos hacian honor. Yo soy furiosamente francés, aunque nacido en el seno del Reino de Leon. Yo tengo el honor de venir á presentar á vuestra Merced mis respetos y mis agradecimientos. Yo soy Don Cárlos Osorio, á quien vuestra Merced tuvo la bondad de favorecer tanto con sus cartas de recomendacion, que seria yo el mas ingrato de todos los hombres, si no publicara altamente que á ellas es á quien debo la dicha de haver tenido la felicidad de haver ganado mi processo. Yo, Monsieur,…»

6. El Magistral, hombre ramplon, Castellano macizo, Leonés de quatro suelas, y que, aunque estaba mas que medianamente versado en la lengua francesa, haciéndola toda la justicia que se merece, era muy amante de la suya propria, bien persuadido á que maldita la cosa necessita las agenas, teniendo dentro de sí misma quanto ha menester para la copia, para la propriedad, para la hermosura y para la elegancia: el Magistral, vuelvo á decir, se empalagó mucho desde el primer período, y desde luego le huviera atajado con desprecio, á no contenerle el respeto debido al nacimiento de Don Cárlos y la urbanidad con que era razon tratar á un hombre, que venia á buscarle por puro reconocimiento. No obstante resolvió divertirse un poco á su costa con el mayor dissimulo que pudiesse, procurando templar la burla sin descomponer la atencion, y assí le dixo: «Yo, Señor Don Cárlos, no soy Monsieur ni nunca lo he sido, venerando de tal manera á los que lo son, que, sin envidiarles este tratamiento, por desconocido en España, me contento con el que tuvieron mis padres y mis abuelos, y mas quando no he menester ser Monsieur para ser muy servidor de vuestra Merced con todas veras.»

7. — «Essos, Señor Magistral, son prejuícios de la educacion, y hace lástima que un hombre de las luces de vuestra Merced se acomode á los sentimientos del baxo pueblo. Hoy los entendimientos de primer órden se han desnudado dichosamente de essas preocupaciones, y hallan mas gracia en unp. 81 Monsieur que en un Don ó en un Señor, que en las naciones cultivadas se aplica á un marchante ó á qualquiera gruesso burgés; y no me negará vuestra Merced que un Monsieur le Margne, un Monsieur Boona suena mejor que un Don Fulano Mañer ó un Don Citano Noboa.»

8. — «Como esso de sonar mejor, replicó el Magistral, es cosa respectiva á los oídos, y ha havido hombre á quien sonaba mejor el relincho de un cavallo que la cíthara de Orpheo, no me empeñaré en negarlo ni en concederlo; solo asseguro á vuestra Merced, que á mí, como buen Español, nada me suena tan bien como lo que está recivido en nuestra lengua, y esto con ser assí que no soy del todo peregrino en las extrangeras.»

9. — «Ha! Señor Magistral, y qué domage es que un hombre de las luces de vuestra Merced se halle tan prevenido de los prejuícios nacionales!»

10. — «Mi capacidad ó mis alcances, respondió el Magistral, (pues supongo que esso quiere decir vuestra Merced, quando habla de mis luces,) no obstante de ser bien limitados, me obligan á conocer que es ligereza indigna de nuestra gravedad española y desestimacion injuriosa á nuestra lengua, introducir en ella voces de que no necessita, y modos de hablar que no la hacen falta. Pero en fin, Señor Don Cárlos, dexando á cada uno que hable como mejor le pareciere, vuestra Merced no habrá comido, y ante todas cosas es menester…» — «Perdóneme vuestra Merced, Señor Magistral, interrumpió Don Cárlos, ya hice essa diligencia en un pequeño village que dista dos leguas de aquí, y assí no es menester que nadie tome la pena de incomodarse.»

11. — «Yo no sé, dixo el Familiar, que en estas cercanías, ni aún en todo el Páramo ayga algun lugar que se llame village.» Rióse Don Cárlos de la que le pareció simplicidad de aquel buen labrador, á quien no conocia, y díxole en tono algo desdeñoso: «Paisano, llámase pequeño village toda aldéa ó lugar corto.» — «Pero, Señor Don Cárlos, le replicó el Magistral, si aldéa ó lugar corto es lo mismo que village, qué gracia particular tiene el village para que le demos naturaleza en nuestra lengua?»

12. — «Oh, Señor Magistral! respondió Don Cárlos, vuestra Merced es diablamente Castellano, y el aire en que le veo tampoco dará quartel á libertinage, por dissolucion; á libertino, por dissoluto; á pavis, por pavimiento; á satisfacciones, por gustos; á sentimientos, por dictámenes, máximas ó principios; á moral evangélica, por doctrina del Evangelio; á no merece la pena, por es digno de desprecio; á acusar el recivo de una carta, por avisar que se recivió; á cantar, tocar, bailar á la perfeccion, por cantar, tocar, bailarp. 82 con primor; á exercitar el ministerio de la palabra de Dios, por predicar; á darse la pena, por tomarse el trabajo; á bellas letras, por letras humanas; á nada de nuevo ocurre en el dia, en lugar de por ahora no ocurre novedad; á…»

13. — «Tenga vuestra Merced, Señor Don Cárlos, le interrumpió el Magistral, no se canse vuestra Merced mas, que seria interminable la enumeracion, si se empeñara vuestra Merced en reconvenirme con todas las frases, voces y modos de hablar afrancesados, que se han introducido de poco tiempo á esta parte en nuestra lengua, y cada dia se van introduciendo, con mucha vanidad de los extrangeros y con no poco dolor de todo buen Español de juício y de meollo. Dígole á vuestra Merced, que ni á essos ni á otros innumerables francesismos, que sin qué ni para qué se nos han metido de contrabando á desfigurar nuestra lengua, daré jamas quartel ni en mis conversaciones ni en mis escritos.»

14. — «Pues, poca fortuna hará vuestra Merced en la Corte, respondió Don Cárlos, y presto seria vuestra Merced el juguete de las oficinas y de los tocadores, si se fuera allá con essos sentimientos.» — «Por lo que mira á los tocadores, dixo el Magistral, passe, y convengo en que en los mas seria mal recivido. Donde se habla tanto de peti-bonets, surtús y ropas de chambre, no puede esperar buena acogida el que llama cofias, sobretodos y batas á todos essos muebles; pero en las oficinas no seria tan mal recivido como á vuestra Merced le parece, porque en ellas hay de todo. Es cierto, que se encuentra tal qual de aquellos iniciados en la política, quiero decir de aquellos covachuelistas, aprendices ó de primera tonsura, que…

anno non amplius uno
et minimo sudore et amico abdomine salvo,
solo porque leyeron las obras de Feijoó, los libros de Ciencia de Corte, el Espectáculo de la Naturaleza, la Historia del pueblo de Dios, y algunos otros pocos de los que hoy son mas de moda, no solo se juzgan capaces de hablar con resolucion y con desenfado en todas las materias, sino que se imaginan con bastante autoridad para introducirnos aquellas voces extrangeras, que suenan mejor á sus mal templados oídos; y, aunque las tengamos acá igualmente significativas, no hay que esperar se valgan de ellas, ni aún se dignen solamente de mirarlas á la cara.»

15. «Estos, si escriven una carta gratulatoria, no dirán: Doy á vuestra Merced mil enhorabuenas por el nuevo empléo que ha merecido á la piedad del Rey, aunque los saquen un ojo; sino: Felicito á vuestra Merced por el justo honor con que el Rey ha premiado su distinguido mérito. Si quierenp. 83 expressar su complacencia á un amigo por algun feliz sucesso, no tema vuestra Merced que le digan pura y castellanamente: Complázcome tanto en los gustos de vuestra Merced como en los mios proprios; es menester afrancesar mas la frase y decir: No hay en el mundo quien se interesse mas que yo en todas las satisfacciones de vuestra Merced: ellas tienen en mi estimacion el mismo lugar que las mias. Escrivir ó decir á uno sencillamente: Mande vuestra Merced, que le serviré en quanto pudiere, lo tendrian por vulgaridad y aldeanismo; cuente vuestra Merced conmigo en todo trance, es expression que huele á Corte, y lo demas es de patanes. Esse negocio no toca á mi departamento, para explicar que no corresponde á su oficina, jamas se les olvidará. Ya está sobre el bufete, para decir que ya está puesto al despacho, es cláusula corriente; y carta he visto yo de cierto covachuelista, que decia: Essa dependencia ya está sobre el tapiz, cosa que sobresaltó mucho al sugeto interessado, porque juzgó buenamente, que por hacer burla de él le havian retratado de mamarracho en algun paño de tapicería.»

16. «Digo pues, que con estos pocos oficiales novicios de covachuela no lograria buen partido mi lenguage ramplon y ceñido escrupulosamente á las leyes de Covarruvias y á las de otros, que reconozco y venero por legítimos legisladores ó jueces de la lengua Castellana; pero esta tiene tambien otros muchos partidarios dentro de las mismas covachuelas, pudiendo assegurar que son los mas y los de mejor voto que hay en todas las oficinas. Créame vuestra Merced, que estas están llenas de hombres eruditos, cultivados y aún doctos, amantíssimos de nuestra lengua, bien instruídos de las riquezas que encierra, y muy persuadidos á que dentro de su thesoro tiene sobrados caudales para salir con lucimiento de quantas urgencias se la puedan ofrecer, á excepcion de tales quales voces facultativas y de otras pocas peculiares, que es preciso se presten unas lenguas á otras, sin que se eximan de esta necessidad las primitivas, matrices ú originales. Cónstame, que estos verdaderos Españoles gimen ocultamente de haver hallado ya entremetidas y como avecindadas en sus oficinas muchas voces, que pudieran y debieran haverse excusado, como departamento, inspeccion, aproches, glacis, bien entendido que, hacer el servicio, será responsable, inteligenciado el Rey, exigir del vasallo, y otras innumerables, pues son tantas que

nec tot simul Apula muscas
Arva ferant, nec tot vendat mendacia falsi
Institor unguenti, nec tot deliria libris
Adfuerit logicis, physicis aliisque Noriscus.»
p. 8417. «Bien quisieran ellos desterrarlas de sus mesas, de sus cartas y de sus despachos; mas, ó no se hallan con fuerzas para tanto; ó, viéndolas ya como connaturalizadas en virtud de la possession, aunque no muy larga, no quieren meterse á disputarlas la propriedad; ó, en fin, las dexan correr por otros motivos políticos, que á mí no me toca examinar. Pero como quiera, esté vuestra Merced persuadido á que estos no me recivirian mal, ni me oirian con desagrado, siempre que les hablasse como hablaban nuestros abuelos.»

18. — «A lo ménos, replicó Don Cárlos, no saldré yo por garante de que los Traductores de libros franceses hiciessen á vuestra Merced buen quartel; y en verdad que estos no son ranas, ni son en pequeño número, y que en la Corte hacen la mas bella figura.»

19. — «Déxelo vuestra Merced, Señor Don Cárlos, déxelo por Dios», replicó el Magistral. «Un punto ha tocado vuestra Merced en que no quisiera hablar, porque, si me caliento un poco, parlaré una librería entera. Traductores de libros franceses! Traductores de libros franceses! no los llame vuestra Merced assí; llámelos Traducidores de su propria lengua y corruptores de la agena, pues, como dice con gracia el Italiano, los mas no hacen traduccion, sino trahicion á uno y á otro idioma, á la reserva de muy poquitos, quos digito monstrarier omni, vel cæco facile. Todo el resto échelo vuestra Merced á pares y nones, y tenga por cierto que es la mayor peste que ha inficionado á nuestro siglo.»

20. «No piense vuestra Merced que estoy mal, ni mucho ménos que desprecio á los que se han dedicado ó se dedican á este utilíssimo y gloriosíssimo trabajo; disto tanto de este concepto, que en el mio son dignos de la mayor estimacion los que le desempeñan bien. En todos los siglos y todas las Naciones han consagrado los mayores aplausos á los buenos Traductores, y no se han desdeñado de aplicarse á este exercicio los hombres de mayor estatura en la República de las letras. Ciceron, Quintiliano, y el mismo Julio César enriquecieron la lengua latina con la traduccion de excelentes obras griegas, y á San Gerónymo le hizo mas célebre y le mereció el justo renombre de Doctor máximo de la Iglesia, la version de la Biblia que llamamos la Vulgata, mas que sus doctos Comentarios sobre la Escritura y los excelentes tratados que escrivió contra los Hereges de su tiempo. Santo Thomas traduxo en latin los Libros Políticos de Aristóteles, y no le grangeó ménos concepto esta bella traduccion que su incomparable Summa Theologica. Y á la verdad, si son tan beneméritos de su nacion los que trahen á ella las artes, las fábricas ó las riquezas que descubren en las extrañas, por qué lo han de ser ménos los que comunican á su lenguap. 85 aquellos thesoros que encuentran escondidos en las extrangeras?»

21. «Assí pues, soy de dictámen que un buen Traductor es acreedor á los mayores aplausos, á los mayores premios y á las mayores estimaciones. Pero, qué pocos hay en este siglo que sean acreedores á ellas! Nada convence tanto la suma dificultad que hay en traducir bien, como la multitud de traducciones que nos sofocan, y quan raras son no digo ya las que merezcan llamarse buenas, pero ni aún tolerables! En los tiempos que corren, es desdichada la madre que no tiene un hijo Traductor. Hay peste de Traductores, porque casi todas las traducciones son una peste. Las mas son unas malas y aún perversas construcciones gramaticales, en que, á buen librar, queda tan estropeada la lengua traducida como desfigurada aquella en que se traduce; pues se hace de los dos un pataborrillo que causa asco al estómago francés, y da gana de vomitar al castellano. Ambos desconocen su idioma: cada uno entiende la mitad, pero ninguno entiende el todo. Yo bien sé en qué consiste esto, pero no lo quiero decir.»

22. «Lo que digo es, que con efecto los malos, los perversos, los ridículos, los extravagantes ó los idiotas Traductores son los que principalíssimamente nos han echado á perder la lengua, corrompiéndonos las voces tanto como el alma; ellos son los que han pegado á nuestro pobre idioma el mal francés, para cuya curacion no basta ni aún todo el mercurio preparado por la discreta pluma del gracioso Fracastorio,

unicum illum,
Ulcera qui jussit castas tractare Camenas.
Ellos son los que han hecho, que ni en las conversaciones ni en las cartas familiares ni en los escritos públicos nos veamos de polvo gálico, quiero decir, que parece no gastan otros polvos en la salvadera que arena de la Loira, del Ródano ó del Sena, segun espolvoréan todo quanto escriben de galicismos ó de francesadas. En fin, ellos son los que, debiendo empeñarse en hacer hablar al Francés en castellano, (porque al fin essa es la obligacion del Traductor,) parece que intentan todo lo contrario, conviene á saber, hacer hablar al Castellano en francés; y con efecto lo consiguen.»

23. «En esto son mas felices aquellos Traductores, que en realidad son mas desgraciados. Si por su dicha y por nuestra poca fortuna encontraron con una obra curiosa, digna, instructiva y divertida, con ella nos echan mas á perder; porque, quanto mas curso tiene y mayor es su despacho, cunde mas el contagio, y el daño es mas extendido. Por ahí anda cierta obra que se comprende en muchos volúmenes, la qual, sin embargo de ser problema entre los sabios si es mas perjudip. 86cial que provechosa, ha logrado no obstante un séquito prodigioso: no hay librería pública ni particular, no hay celda, no hay gabinete, no hay ante-sala ni aún apénas hay estrado, donde no se encuentre, tanto que hasta los perrillos de falda andan jugueteando con ella sobre los sitiales. Cayó esta obra en manos de un Traductor capaz, hábil y laborioso á la verdad, pero tan apresurado para acabarla quanto ántes, que la publicó á medio traducir, quiero decir, que la mitad de ella la dexó en francés, y la otra mitad la vertió en castellano. Olvidóse sin duda el presuroso Traductor de que siempre se da bastante prisa el que hace las cosas bien, y el que las hace mal haga cuenta que las hizo muy despacio. Y qué sucedió? Lo que llevo ya insinuado: como estos libros se han hecho ya de moda en toda España, como los leen los doctos, los leen los semi-sabios, los leen los idiotas, y hasta las mugeres los leen; y como todos encuentran en ellos tantos términos, tantas cláusulas, tantos arranques y aún tantos idiotismos franceses, que jamas havian hallado en las obras mas cultas y mas castizas de nuestra lengua, qué juzgan? Que esta es sin duda la moda de la Corte, y, encaprichados en seguirla en el hablar como la siguen en todo lo demas, unos por no parecer ménos instruídos, y otros por ser en todo monas ó monos, apénas aciertan en la conversacion con una cláusula que no parezca fundida en los moldes de Paris.»

24. «Pocos dias ha que hablando con cierta Dama me espetó esta gerigonza: Un hombre de carácter tuvo la bondad de venir á buscarme á mi casa de campaña, y por cierto que á la hora me hallaba yo en uno de los apartamientos que están á nivel con el parterre; porque, como el pavis es de bello mármol, y el depósito de la gran fuente cae debaxo de él, sobre lograrse el mas bello golpe de vista, hace una estancia muy cómoda contra los ardores de la estacion. Este hombre de qualidad estaba penetrado de dolor, por quanto havian arrestado á un hijo suyo, haciéndole criminal de no sé qué pretendidos delitos, que, todo bien considerado, se reducian á unas puras vagatelas, y venia á suplicarme tuviesse con él la complacencia de interponer mi crédito con el Ministro, para que se le levantasse el arresto. Iba á proseguir, y, no teniendo ya paciencia para sufrir su algarabía, la pregunté si sabia la lengua francesa. Perdóneme vuestra Merced, Señor Magistral, me respondió al punto, no estoy iniciada ni aún en los primeros elementos de esse idioma todo amable. — Pues, como habla vuestra Merced, la repliqué yo, un elegante francés en castellano? — Ha Señor! respondió ella: estoy leyendo la célebre Historia de…,[23] que es un encanto.»

25. — «Ya me lo daba á mí el corazon, repliqué yo; essap. 87 Historia es sin duda una de las obras mas extraordinarias que hasta ahora se han emprendido: la materia[24] de que trata no puede ser de mayor interés, y los documentos en que se funda, de los quales no se desvía un punto, son infalibles. Por esso es la única Historia, de quantas se han escrito en el mundo, de la qual puede y debe uno fiarse enteramente, dando un ciego assenso á todo lo que dice. Añádese á esto, que en la lengua francesa está escrita con tanta elegancia, con tanta gracia y con tanta dulzura, que verdaderamente embelesa; y, en tomándola en la mano, no acierta un hombre á desprenderse de ella. No obstante huvo grandes dificultades para permitir que corriesse en español, y se examinó por largo tiempo la materia, pretendiendo muchos hombres doctos que su publicacion en lengua vulgar estaba expuesta á graves inconvenientes. Prevaleció la opinion contraria; y, aunque no sé si se siguieron ó no los inconvenientes que se temian, á lo ménos es visible la experiencia de uno, bastantemente perjudicial, aunque no de aquella linea, que acaso no se esperaba. Este es la corrupcion ó el estropeamiento de nuestra lengua, que á lo ménos en la extension es reo principalmente el Traductor de esta obra.»

26. «Fué tan feliz en su despacho como poco dichoso en su traduccion: quanto mayor ha sido aquel, mas se han extendido los desaciertos y los francesismos de esta.[24] Y, como no hay pueblo ni aún rincon en España donde esta Historia no se lea con ansia, tampoco le hay donde mas ó ménos no se haya pegado el contagio francés de que adolece. Este ha inficionado con mucha especialidad á las mugeres inclinadas á libros. Como casi todas se hallan destituídas de aquellos principios que son necessarios para discernir lo bueno de lo malo, y como todas, sin casi, son naturalmente inclinadas á la novedad, han encontrado mucha gracia en las voces, en las frases, en las transiciones y en los modos de hablar afrancesados, que hierven en dicha traduccion, y no es creíble el ansia con que los han adoptado.»

27. «Sucede á nuestras Damas Españolas con la lengua francesa, lo que sucedió á las Latinas ó Toscanas con la griega. Teníase por vulgar la que no empedraba de griego la conversacion, y aún llegó á tanto la extravagancia, que entre ellas no se reputaba por linda la que no pronunciaba aún el mismo latin con el acento ó con el dialecto áttico. Todo lo havian de hacer á la griega: hablar, vestirse, tocarse, comer, cantar, reir, assustarse, enojarse; en una palabra, afectaban el aire griego en todos sus gestos, acciones y movimientos. Y esto de qué nació? No solo del comercio de los Griegos con los Latinos, sino principalmente del desacierto de algunos Traductores latinos, que por ignorancia ó por capricho se empep. 88ñaron en latinizar una infinidad de nombres griegos. Cayó esto muy en gracia á las Damas; hicieron moda de la extravagancia, y dieron motivo á Juvenal para que justamente se burlasse de ellas en la Sátyra sexta, quando dixo:

Quædam parva quidem, sed non toleranda maritis.
Nam quid rancidius, quam quod se non putat ulla
Formosam, nisi quæ de Tusca Græcula facta est,
De Sulmonensi mera Cecropis? Omnia græce,
Cum sit turpe magis nostris nescire latine.
Hoc sermone pavent, hoc iram, gaudia, curas,
Hoc cuncta effundunt animi secreta. Quid ultra?
Concumbunt græce.»
28. «Si no temiera que vuestra Merced se havia de ofender, añadí á dicha Señora, la recitaria una glosa no del todo desgraciada, que cierto amigo mio hizo de este trozo de Juvenal, aplicándole á nuestras Damas Españolas, ciegamente apassionadas por todo quanto ven, oyen ó leen, como venga de la otra parte de los Pirinéos. — No me haga vuestra Merced la injusticia de tenerme por tan delicada, respondió la Dama, y assí puede vuestra Merced recitar con toda libertad de espíritu esse passage. — Pues, con licencia de vuestra Merced, continué yo, la glosa de mi amigo sobre nuestras Españolas á la francesa dice assí:

Otros defectos tienen no crecidos,

Mas serán unas bestias los maridos,

Si los sufren y callan;

Pues, quando piensan se hallan

Con muger Andaluza ó Castellana,

Sin sentir, de la noche á la mañana,

Se les volvió en Francesa,

Por quanto dicen que la moda es essa.

Amaneció contenta con su Doña,

Y acostóse Madama de Begoña,

Pues, aunque su apellido es de Velasco,

Comenzó á causarle asco,

Quando supo que en Francia las casadas

Están acostumbradas

A dexar para siempre su apellido,

Por casarse aún assí con el marido,

Y suelen ser mas fieles con el nombre,

Las que ménos lo son con el buen hombre.

La que nació en Castilla,

Aunque sea la nona maravilla,

No se tiene por bella

Miéntras no hable como hablan en Marsella

p. 89La Manchega, Extremeña ó Campesina

Afecta ser de Orleans; la Vizcaína

Entre su Jaincoá y Echeco Andréa

Nos encaxa un Monsieur de Goicochéa,

Muy preciadas de hablar á lo extrangero,

Y no saben su idioma verdadero.

Yo conocí en Madrid á una Condesa,

Que aprendió á estornudar á la francesa,

Y, porque otra llamó á un criado chulo,

Dixo que aquel epítheto era nulo

Por no usarse en Paris tan mal vocablo;

Que otra vez le llamasse pobre diablo,

Y, en haciendo un delito qualquier page,

Le reprehendiesse su libertinage.

Una muger de manto

No ha de llamar al Papa el Padre Santo,

Porque, quadre ó no quadre,

Es mas francés llamarle el Santo Padre.

Para decir que un libro es muy devoto,

Diga que tiene uncion, y tendrá el voto

De todas quantas gastan expressiones

Necessitadas de tomar unciones.

Al Nuevo Testamento,

(Este es el aviso del mayor momento,)

Llamarle assí es ya muy vieja usanza;

Llámase à la dernière Nueva Alianza.

Al Concilio de Trento ó de Nicéa

Désele siempre el nombre de Assambléa;

Y, si se ofenden de esso los Maltheses,

Que vayan con la quexa á los Franceses.

Logro la dicha, es frase ya perdida;

Tengo el honor, es cosa mas valida.

Las honras que Usted me hace, es desacierto;

Las honras se me harán despues de muerto.

Llamar á un pisaverde Pisaverde,

No hay muger que de tal nombre se acuerde;

Petimetre es mejor y mas usado

O por lo ménos mas afrancesado.

Ya hize mis devociones,

Por ya cumplí con ellas: qué expressiones

Tan cultas y elegantes!

Y no decir, como decian ántes,

Ya rezé, frase baxa, voz casera,

Sufrible solo en una cocinera.

Tiene mucho de honrada, no hay dinero

Para pagar este lenguage; pero

Decir á secas que es muger honrada,

p. 90Gran frescura, valiente pampringada!

Doña Fulana es muy amiga mia,

Esso mi quarta abuela lo decia;

Pero ella es la mejor de mis amigas:

Oh qué expression! Parte que hace migas

El alma en la dulzura

De esta almibaradíssima ternura.

Voy á jugar mañana,

Es frase chavacana;

A una partida hé de assistir de juego,

Se ha de decir, y luego

Se ha de añadir: Ormaza

Tambien á otra partida va de caza.

Oh Júpiter! para quando son los rayos?

Si esto es ser cultos, mas vale ser Payos.»

29. «Todo esto recité á la tal Señora mia, porque ya entónces lo sabia tan de memoria como ahora; y, sin dar lugar á que hablasse otra palabra, levanté la visita, y la dexé, á mi parecer, si no del todo enmendada, á lo ménos un poco corrida y no tan satisfecha de sus traducciones esguízaras ó mestizas, que nos han afrancesado nuestro puríssimo y elegantíssimo idioma, tanto que, si ahora resucitaran nuestros abuelos, apénas nos entenderian. Y, por no dissimular nada, sepa vuestra Merced, que el Autor de esta satyrilla es este Señor Eclesiástico, mi compañero y amigo, Canónigo tambien de mi santa Iglesia.» Y al decir esto señaló con el dedo á Don Basilio, que, no obstante su despejo, se sonrojó un si es no es.

30. Apénas lo oyó el Familiar, quando sin libertad para otra cosa le echó los brazos al cuello y exclamó todo alborozado: «Oh, Señor Don Basilio! Con que su Mercé tiene engenio para componer unas copras en verso tan aventajadas? Ya me lo daba á mí el corazon dende que le uí en la mesa aquella décima de diez piés, que me quedó aturrullado. Bien haya su Mercé que empréa la habilencia que Dios l’ a dado en golver por el habra de nuestros traseros, y no c’ aora ha dado en usarse una girigonza, que en mi ánima jurada no parece sino que todos habran latin. La postrera vez que fué á Vayaolí á cosas de Enquisicion, uí á un Crérigo, que diz que era de una Cofradía que se llama, se llama… ansina como cosa de Aca mia, el qual estuvo palrando con un señor enquisidor mas de una hora, y, aunque al parecer palraba en castellano, si le entendia un vocabro, se me escapaban ciento. Bien haya la madre que le parió á su Mercé, y Dios le dé mucha vida para emprearse en tan güenas obras!»

31. Como vió Don Cárlos, que no tenia de su parte el aup. 91ditorio, y que no havia que esperar se introduxesse en Campazas el castellano á la papillota; temiendo por otra parte que, si duraba mas la conversacion, le havian de hacer añicos aquellos patanes, que por tales reputaba él á quantos no entraban en el lenguage á la moda, levantó la visita y, con pretexto de que tenia precision de dormir aquella noche en la Bañeza, se excusó á las muchas instancias que le hizo el Magistral para que la passasse en su compañía; montó á caballo, y prosiguió su camino.

CAPITULO IX.
Donde se cuenta el maravilloso fruto que hizo el sermon del Magistral en el ánimo de Fray Gerundio.

1. El qual assí atendió á toda la entretenida y graciosa conversacion, que passó entre el Magistral y el monsieuríssimo de Don Cárlos, como ahora llueven albardas; porque enteramente preocupado de la jabonadura, que aquel le estaba dando, no podia echar de la imaginacion las especies, pegándosele mas aquellas que le herian mas en lo vivo, no de otra manera que una mosca de burro se clava mas en la carne que otra mosca regular, por quanto aquella tiene el aguijon mas penetrante que esta. Sobre todo le afligia extrañamente ver desvanecidas en un instante todas aquellas alegres idéas de fortuna, que él se havia representado, dando por supuesto que su Tio quedaria encantado de sus prendas y talentos, luego que le oyesse predicar. Lloraba amargamente dentro de su corazon, que ya el Magistral, aunque llegasse á ser Arzobispo de Toledo, no haria caso de él, y que ni siquiera solicitaria con la Orden que le hiciessen Superior de una Pinzocha, quanto mas proporcionarle un Obispadillo en Indias, como ya él lo tenia consentido, y tanto que havia dado palabra á una buena viuda del lugar que, quando le hiciessen Obispo, (lo que á su parecer no podia tardar mucho,) llevaria consigo á un hijo suyo, que á la sazon tenia doze años, y le haria su Page de cámara, cosa que consoló infinitamente á la bendita de la muger, la qual le pidió por gracia, que no le dexasse comer turron ni mermelada ni cosa de dulce, porque el muchachuelo era goloso y padecia mucho de lombrizes, concluyendo que assí se lo suplicaba por amor de Dios á su Ilustríssima. Fray Gerundio la empeñó su palabra episcopal de que esta seria la primera advertencia que haria, assí á su Mayordomo como á el Maestro de Pages, y, dándola á besarp. 92 la mano con mucha autoridad, la echó la bendicion y la despidió muy consolada.

2. Pero, como todas estas alegres imaginaciones se convirtieron en humo, luego que se acabó ó se interrumpió la terrible repassata del juicioso y docto Magistral, no se puede ponderar qué triste, melancólico y pensativo quedó el pobre Fray Gerundio: todos los demas salieron á despedir á Don Cárlos; solo él se quedó en la sala, sentado en una silla, el codo derecho sobre el brazo de ella, la cabeza reclinada sobre la mano, los ojos clavados en la tierra, y lanzando profundos suspiros de lo mas íntimo de su corazon. En esta postura le encontró su grande amigo Fray Blas, que hasta entónces havia estado durmiendo la siesta, para cuya larga duracion havia hecho méritos en la mesa; y, como no havia oído el sermon del Magistral ni assistido á la visita del Cortesano Don Cárlos, quedó estrañamente sorprendido, quando vió á Fray Gerundio convertido en una viva imágen de la misma melancolía.

3. «Qué es esto, Gerundio amigo?» le preguntó sobresaltado. «Qué novedad es esta? Assí te dexas dominar de la tristeza en el dia de tus mayores glorias? Quando has llenado de regocijo á tu patria, has de dar entrada en tu corazon á essa negra melancolía? Es possible que las bocas de todos están hoy empleadas en panegyrizar tus assombrosos talentos, sin acertar con otras voces que no sean las de tus mayores aplausos, y solamente la tuya ha de obscurecer la celebridad del dia con dolorosos suspiros? Te duele algo? Te ha sentado mal la comida? O acaso te atormenta tu aprehension, pareciéndote que dexaste algo que desear en el assombroso sermon que predicaste? ó que omitiste alguna circunstancia substancial, ó que pudiste tocar mejor alguna de las que tocaste, ó finalmente que alguno de los innumerables textos que traxiste no vino tan á pelo, como ahora se le representa á tu delicadíssimo ingenio? Pues te hago saber que, si es algo de esto lo que te melancoliza, miente tu aprehension como una grandíssima embustera, y no has de hacer mas caso de ella que de un cínife que te zumba á los oídos, todo bulla y nada substancia: no ha oído el Páramo sermon igual, ni en los famosos púlpitos, que bañan las aguas del rio Tuerto y las del rio Grande, se ha de predicar en muchos siglos panegýrico mayor; hora se mire la propriedad ingeniosa del assunto, hora se atienda la delicada oportunidad de las pruebas, hora se considere la menuda y sútil comprehension de todas las circunstancias, hora se reflexione la casi divina aplicacion de los textos, hora se examine la sutileza de los reparos y la agudeza de las soluciones, hora finalmente se pare la consideracion en la variedad hermosa del estilo, unasp. 93 veces elevado, otras cadencioso, pero siempre sonoro, y elegante siempre: pues, siendo esto assí, de que te entristeces? qué motivo tienes para estar tan melancólico, tan enagenado y tan pensativo?»

4. — «Ay, Padre Predicador mio de mi alma, exclamó Fray Gerundio, y como se conoce que no sabe vuestra Merced lo que me ha passado con mi Señor Tio el Magistral! Pero aquí no estamos bien, ni podemos hablar con libertad; tomemos los sombreros y los báculos y salgámonos al campo por la puerta del corral, miéntras la gente está allá ocupada y divertida en despedir á un tal Don Cárlos, que viene de Madrid y para mí debió de ser algun Angel del Cielo, que traxo Dios para que me conservasse la vida; porque llegó á tiempo que ya no podia mas, y temí que me diesse un accidente, oyendo las cosas que me estaba diciendo mi Tio. La entrada de Don Cárlos cortó la conversacion, y ellos tuvieron allá otra á que yo no atendí, aunque me hallaba presente, porque me ocupaba enteramente la atencion aquello que me dolia. Salgámonos, salgámonos al campo, que ya rebiento por desahogarme con vuestra Merced, y oirá cosas que le aturdirán.»

5. Cogieron los sombreros, tomaron los báculos, y, sin que los viesse ninguno de los que estaban enfrascados en la bulla de la despedida, se salieron al campo por la susodicha puerta. Contó Fray Gerundio á su estrechíssimo amigo todo quanto le havia dicho el Magistral, sin perder casi punto, sýlaba ni coma; porque, sobre ser de una memoria feliz, como le havian penetrado tanto las razones de su Tio, se le havian gravado profundamente en el alma. Díxole, que lo mas que havia sentido en aquella sangrienta correccion era, que se la huviesse dado á presencia del Canónigo Don Basilio y del Familiar; porque, ademas de lo que perderia con ellos, no dexarian de divulgarlo entre otros muchos, y con esso iba su crédito por los suelos: especialmente desconfiaba mucho de su pariente el Familiar, porque le havia notado la grande complacencia con que estaba oyendo al Magistral, y que á su modo cerril y tosco seguia en todo las mismas máximas, á que se añadia tener un genio zumbon á lo socarron y ladino, en fuerza del qual no dexaria de divertirse á su costa todas las veces que se ofreciesse. Finalmente, no le dissimuló que le havian hecho mucha fuerza las razones del Magistral, y que estaba muy tentado á dexar la carrera, porque conocia que no era para ella, y entablar la pretension de que le volviessen á los estudios, ó, quando esto no pudiesse ya ser, que le dedicassen al choro.

6. «Víctor! dixo Fray Blas, y que te den un confite por la gracia: vamos claros, que la docilidad del chico y su blanp. 94dura de corazon es admirable. Es possible, (pecador de mí!) que te haya hecho tanta fuerza el lastimoso sermoncillo del Señor Magistral, que, si solo se reduxo á lo que me has contado y yo te he estado oyendo con grandíssima paciencia, es de lo mas fútil y ridículo que se puede pensar? Dime, hombre apocado, te dixo alguna cosa tu Tio, que no hayas oído ya cincuenta mil veces? Añadió algo de substancia á las vejeces de nuestro Reverendo Padre Fray Borzeguíes Marroquíes, alias el Maestro Fray Prudencio? La missioncita que te predicó á tí el circunspectíssimo Señor Don Magistral, no es tan parecida como un huevo á otro huevo á la otra, que me predicó á mí aquel otro Reverendíssimo de márras, despues de mis dos famosos sermones de la Trinidad y de la Encarnacion, cuya memoria durará por los siglos de los siglos, y de cuyas utilidades se conservarán reliquias por algunos años en el baul y en las navetas?»

7. «Oh Señor, que son disparates! Oh Señor, que son locuras! Esto se dice, pero no se prueba. Mas séanlo en buen hora. Si las locuras y los disparates grangéan tanto aplauso, dónde hay en el mundo mejor ni mayor sabiduría? Si los disparates y las locuras son tan proficuos, qué mayor locura que ser cuerdo? ni qué mayor disparate que predicar con juício? A este precio sea sabio el que quisiere, que yo á mi bolsillo me atengo: éntrese en casa la dicha, y mas que se entre por la garita. Díxolo todo divinamente un Theatino, que en Dios y en mi conciencia es lástima que lo sea:

… Quod si hæc insania dici
Debet, amabilior nulla est sapientia; malo
Desipere hoc pacto, fias utcumque beatus;
Optandum ut fias; sunt et deliria tanti.»
8. «Ven acá, corazon de lana: tú no sabes la estrecha amistad y la grande correspondencia, que tiene el Señor Magistral con los padrotíssimos de la Orden? Ignoras que estos le han pegado sus máximas de in illo tempore, y que las suyas no son mas que echos de las de sus Reverendíssimas? Pues, si no te hicieron fuerza en la boca de estos, por qué te la han de hacer en la de aquel? Acaso las da mas peso la sobrepelliz y el bonete que el escapulario y la capilla?»

9. «Amen de esso, has de tener entendido que tu Señor Tio, á lo que he oído decir, se ha declarado sectario de ciertos Predicadores, que ahora se van usando assí en la Corte como fuera de ella, los quales se llaman Predicadores modernos, ó á la moderna, para distinguirlos de los antiguos, á quienes se los da el nombre de Predicadores veteranos, y con grande propriedad á mi pobre juício; porque, assí como en la milicia vale mas un soldado veterano que quatro visop. 95ños, assí en las campañas del púlpito un veterano Predicador importará por quatro modernos; y créeme que hablo con modestia, porque no exageraria mucho, aunque dixesse que valia por quarenta.»

10. «Porque al fin, á qué se reduce esta secta? Ante todas cosas sienta por primera máxima fundamental, que todo sermon, sea panegýrico, sea moral, sea fúnebre y aunque sea tambien de ánimas (cosa ridícula), se ha de dirigir primaria y principalíssimamente á la reformacion de las costumbres, haciendo amable la virtud y aborrecible el vicio; con sola esta diferencia que en los del género laudatorio, á que se reducen los panegýricos y los fúnebres, se hace comunmente por via de imitacion; en los morales, á fuerza de razones; y en los de ánimas se ha de proceder por el terror y por el escarmiento. Has oído en tu vida cosa mas extravagante? Con que, hétele que todo sermon ha de ser una missioncita, y el Predicador que no se meta á Missionero, que aprenda otro officio… Vamos claros; que es buena impertinencia.»

11. «Supuesto este principiote, se sigue naturalíssimamente el otro, conviene á saber, que todo assunto, sea en la oracion que se fuere, ha de ser mazorral y á plomo, quiero decir, tan sólido y tan macizo que no haya mas que desear. Pongo por exemplo: predicas un panegýrico en la fiesta de Todos Santos; pues, has de tomar por assunto esta proposicion ú otra equivalente: La santidad es la verdadera sabiduría; esta habita en los Santos y reina en toda su conducta. Lo mas mas que se te permite, es que dividas el mismo pensamiento ú otro semejante en dos proposiciones, proponiéndolos con un airecillo de antíthesis, como si dixéramos: El Santo tenido por ignorante es el verdadero sabio, primera parte; el sabio sin virtud reputado por docto es el verdadero ignorante, parte segunda. Has visto cosa mas fria?»

12. «Predicas el panegýrico de un Santo, verbi gracia de San Joseph; pues guárdate bien de tomar por assunto, que San Joseph fué mas Padre de Jesus que el mismo Padre eterno, fué mas hijo del Padre eterno que el mismo Verbo divino, fué mas Esposo de la Vírgen que el mismo Espíritu Santo; porque este divino assunto, predicado por un orador portugués, monstruo del púlpito, (y no es el Padre Vieyra,) aunque se reduce en suma á tres hypérboles galantes, levantarán el grito los sectarios de la nueva moda y te dirán con la mayor frescura en tus mismas barbas, que son tres heregías valientes. Solo pues te será licito decir que San Joseph, como Padre putativo de Jesus, fué el hombre á cuyas órdenes estuvo Dios mas rendido, y fué el hombre que mas se rindió á las órdenes de Dios. Mira por tu vida, qué grandíssima frialdad!»

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13. «Quieres predicar de algun mysterio, como verbi gracia de la Trinidad? Si te empeñaras en probar, que las tres divinas Personas en una indivisible essencia eran el Geryon de la gracia, ó el impossible de Edipo, ó el lazo gordiano burlador del azero de Alexandro, todos estos Oradores á la moderna te gritarian: Al loco, al blasphemo, al impío! Y no te verias de polvo, siendo assí que todos tres son otros tantos pensamientos assombrosos, que andan impressos con todas las licencias necessarias, y que merecen realmente eternizarse, no digo yo en los moldes, sino en letras de diamantes; pero tú, guárdate bien de empeñarte en essas valentías del ingenio; porque estos hombres hocicudos, que tienen ojeriza con todo lo que es delicadeza, sobre los silvos susodichos, te delatarian á la Inquisicion ó te harian ridículo en estrados y tertulias. Conténtate pues con decir simple y sencillamente, como pudiera un Sayagués: El mysterio de la Santíssima Trinidad es entre todos los mysterios, lo primero, el mas obscuro á la razon, y lo segundo, el mas evidente á la fé. Insulsez que es capaz de hacer insípida y zonza á la misma sal.»

14. «Consiguientes en todo á su systema, dicen despues, que estos assuntos de argamassa se han de probar con razones de cal y canto, y es claro que las han de encontrar en abundancia y á qual mas metida en harina; porque, como todas aquellas proposiciones son unas verdades perentorias, que parece las está dictando la misma razon natural, á la primera azadonada de la reflexion descubren una cantera de pruebas, con que fabrican un sermon mas sólido que la obra de Escurial. Es cierto, que estas razones las tornéan, las vuelven y las revuelven de mil modos diferentes, adornándolas con tropos, con figuras y con todo el aparato rhetórico, que no parece sino que está un hombre oyendo á Ciceron, á Junio Bruto, á Cayo Graco ó á Cornelio Cethego. No dexan de la mano á aquel eterno hablador, que se ha levantado lo mas iniquamente del mundo con el título de Príncipe de los Oradores, siendo assí que le quadraria mejor el de Director ó Bastonero de todos los locutorios

manibus Cicerunculus hæret
Semper, et adtritus nocturno idemque diurno
Pollice.
Conceptos, agudezas, equívocos, reparos subtiles, réplicas delicadas, todo esso lo destierran de sus sermones, y, si tal vez tocan algo de mythología, de fábula ó de erudicion profana, es tan de corrida y con tanta vergüenza, que visiblemente se llena de vermellon donzel su pudibundo semblante.»

15. «A la Historia sagrada, á la eclesiástica y á los Santos Padres ya dan algun lugar, pero como? No como nosotrosp. 97 que, si citamos algun passo historial ó algun texto ó sentencia de Santo Padre, aunque sea muy larga, lo presentamos todo con su ser, corpulencia y tamaño natural, para que venga á noticia de todo el auditorio, con sus pelos, señales y circunstancias. Ellos no van por esse camino: toda essa erudicion la entretexen, la embuten ó la incrustan en sus proprios discursos, de modo que todo parece una misma pieza, sin que se descubra rima, encaxe, barniz ni escotadura: sermones parecidos á las fábricas modernas de Roma que llaman impelichadas, las quales parecen todas de pórphydo, mármol, jaspe ó alabastro, quando, en realidad, de todas essas piezas no tienen mas que una hojita superficial para engaño de los ojos, que se dexa levantar al impulso de una uña:

Vana superficies, quam solus judicat unguis
Aut oculus.
Y hay tanta diferencia en el modo de citar de los Predicadores veteranos al modo de citar de los modernos, quanto va de las fábricas modernas á las antiguas. En estas, para formar una urna de jaspe era menester consumir un monte:

Scilicet ut grandem mons integer iret in urnam;
y en aquellas se fabrica un palacio con el jaspe que ántes se gastaba en una urna.»

16. «Allá se va el modo con que citan los otros textos de la Escritura, que no son historiales, sino doctrinales, sentenciosos ó prophéticos. Los mas los dan desleídos en sus mismos raciocinios, pareciendo el texto, la glosa y la aplicacion vino todo de una misma cuba, al modo que San Bernardo los cita sin citarlos, componiendo una cláusula perfecta la mitad de sus palabras, y la otra mitad de palabras de la Sagrada Escritura. Tal qual textecillo presentan al auditorio á cara descubierta, pero con grande parsimonia, como se usan las especies en los guisados, porque dicen, que en cargándolos de ellas los hacen desabridos en lugar de sazonarlos. Aún los poquitos que sacan al theatro son por lo comun literales, porque del sentido alegórico gastan y gustan muy poco; del tropológico ó acomodaticio casi nada, y no les falta un tris para condenarle; no lo hacen con las palabras, pero lo hacen con la obra, dexándole arrinconado y no dándoseles un pito de que se cubra de telarañas.»

17. «De intérpretes, expositores y versiones, cuya hermosa variedad adorna tanto nuestros sermones y nos sirve para probar todo quanto se nos antoja, hacen ellos poquíssimo caudal ó, por mejor decir, ninguno. Veráse, no digo ya todo un sermon, sino un tomo entero de sermones á la moderna, sin que en todo él se haga memoria ni del sabio Cornelio,p. 98 ni de la púrpura de Hugo, ni del erudito Calmet, ni del profundo Baeza, ni de Celada, á quien nada se le esconde, ni del agudo Zuleta, y lo que es mas, ni del doctíssimo Silveyra, siendo assí que con este último inagotable expositor puede un Predicador, que sepa manejarle, andarse por esse mundo de Dios y probar hasta la existencia de los mismos impossibles, en caso urgente y necessario, siendo cosa averiguada que no hay almagacen mas socorrido para un aprieto y para qualquiera assunto.»

18. «Es lástima oir, como tratan estos Predicadores de moda á muchos expositores. No se atreven á tocar en los Santos Padres, de los quales hablan en realidad con respeto; porque no quiero infernar mi alma ni levantarles falsos testimonios. Tambien hacen la cortesía á algunos pocos intérpretes de los que no están tan arriba, confessando que fueron hombres verdaderamente sabios, de penetracion, de juício y de una profunda inteligencia de la Sagrada Escritura, á la qual convienen que ilustraron mucho con sus doctos comentarios. Pero de otros expositores, á quienes llaman ellos de escalera abaxo, de turba multa, ó Expositores de municion, da cólera oírlos hablar: dicen que los mas no hicieron otra cosa que poner en mal latin los sermones que havian predicado en peor romance; que con el glorioso título de Comentarios sobre esta ó aquella parte de la Escritura embarraron cantidad immensa de papel, llenándole de conceptillos aereos, de pensamientos inanes, de discursos pueriles y de dissertaciones phantásticas, cargándolas de erudicion á metralla; y finalmente, que los mas, como totalmente ignorantes de las lenguas Hebréa, Syriaca, Caldéa y Griega, en que se escrivieron originalmente los libros sagrados, desbarraban lastimosamente en la inteligencia del texto de la Vulgata, dándole una significacion tal vez contraria á su verdadero sentido, muy violenta y casi siempre arbitraria. Imbuídos en estas máximas, quiebra el corazon ver el desprecio, con que tratan á los mejores y mas socorridos autores de que se compone regularmente la escogida librería de un Predicador de tabla; y assí no los verás citados en sus sermones, aunque te descejes ni aunque dés una peseta por cada cita.»

19. «De esso de variedad de versiones no se trate: su Vulgata á pasto y tal qual vez, por plato extraordinario, un poco de la version de los Setenta, y á Dios amigo. La Syriaca, la Caldéa, la de Pagnino, la de Vatablo, ni saber como leyó Arias Montano, les da á ellos el mismo cuidado que averiguar qual fué el centesimo abuelo de Tamas Kauli-Kan: siendo assí que nosotros los Predicadores veteranos con la diferencia de versiones nos bandeamos maravillosamente para guisar, probar y ajustar todo quanto queremos, sazonando nuestros pensamientos conp. 99 tanta delicadeza que el apetito mas dormido abre tanto ojo, y el paladar mas melindroso se chupa los dedos tras de ellos; porque, en realidad, donde hay cosa mas aguda ni mas divertida ni mas sazonada que decir un Predicador: Donde la Vulgata lee piedra, el Syriaco vierte anillo, el Caldéo círculo, los Setenta cúpula; y donde lee pan la Vulgata, Vatablo leyó espada, Pagnino misericordia, Arias Montano sabiduría, y el Burgense calabaza? y haciendo despues, de todas estas idéas, quantas combinaciones á uno se le antoje, probar todo lo que quisiere con ingenio y con sutileza; fuera de que, oyendo el auditorio que el Predicador cita á roso y velloso al Syriaco, al Caldéo, al Griego y al Hebréo, se persuade sin razon de dudar, que sabe todas estas lenguas como la suya propria, tiénele por monstruo de sabiduría, y oye todo quanto dice con un respeto que pasma. Los oradores modernos se burlan de todo esto, teniéndolo por ostentacion, aparato, alaracas y charlatanería; pero yo, con licencia de sus Mercedes y de sus Reverendíssimas, me burlo de todos ellos.»

20. «Ves aquí, Gerundio amigo, el plan de la nueva secta, de la qual, segun tengo entendido, se ha declarado ciego partidario tu Tio el Señor Magistral, siendo uno de los que mas furiosamente predican á la francesa; que en suma, á esso se viene á reducir la nueva moda. No te dissimularé, que la gente sesuda, la que se llama crítica, la devota y la que se precia de culta, se ha declarado tambien á banderas desplegadas por el mismo partido. Vase tras de un orador á la moderna, como los niños se van tras los danzantes y tras la tarasca en el dia del Córpus: á estos los celebran, los ensalzan, los colocan mas arriba de las nubes, quando á nosotros nos desprecian, nos deprimen, haciendo tanta burla y tanta chacota de nuestro modo de predicar, que no parece sino que hemos nacido para ser los dominguillos de sus conversaciones y tertulias.»

21. «Pero, qué importa ni qué nos empece este puñado de gente melancólica y descontentadiza, quando tenemos á nuestro favor la mayor, la mas sana y la mas discreta parte de nuestra península, desde oriente á poniente y desde el septentrion á mediodía? Nuestras son todas quantas Cofradías levantan varas ó enarbolan estandartes en el continente español, desde los Pirinéos hasta la embocadura de el Tajo, y desde Finisterre hasta las Algeziras. Nuestros son todos los Mayordomos de estos ilustres cuerpos, que se exhalan por buscarnos y se empobrecen por enriquecernos. Nuestros son los formidables gremios de Zapateros, Curtidores, Sastres, Barraganeros, Mercaderes, Escrivanos, Procuradores, y hasta en el respetable gremio de los Abogados no nos faltan innumerables parciales. Nuestra es la muchedumbre de las Ciup. 100dades, el Concejo de las Villas, el total de las Aldéas, la mosquetería de las Universidades, la juventud de los Claustros, y aún en la misma ancianidad podemos contar amigos, auxiliares y defensores.»

22. «Dígalo, si no, aquel famoso campeon y aquel valiente Paladin, que á los sesenta y mas años de su edad, y á los veinte y mas de Predicador veterano, exercitados muchos de ellos en el mayor theatro de España, salió tan denodadamente á nuestra defensa. Havia predicado á la moderna en una de las funciones mas famosas de la Corte cierto Orador, Cathedrático á la sazon en una célebre Universidad, y, aunque no de muchos años, estaba reputado por gran Theólogo, por insigne Predicador, por ingenio conocido y, en fin, por hombre verdaderamente sabio, mas que regularmente instruído en las divinas y en las humanas letras (quédese esta opinion en su lugar, que yo no soy amigo de quitar á nadie la buena ó mala que Dios le deparare). En fin, él predicó un sermon que logró exquisito aplauso de todos los anti-veteranos: assunto grave, pruebas macizas, mucho de esto que se llama eloquencia, pocos textos, citas por alambique, reflexiones morales en abundancia, Escritura desleída, Evangelio, y á ello nada de chistes, y lo mismo de circunstancias. Imprimióse la oracion, y aprobóla con grandes campanillas cierto Clérigo de autoridad,[25] que ha dado la gente en la manía de que es el Gallo de Predicadores y que como tal puede y debe cantar en toda España, como si dixéramos en su propio muladar. Mas hay hombres de tan mal gusto, que no dudan decir que este Gallo, respecto de nuestra oratoria evangélica, á la qual suponian sepultada en una obscuríssima noche, es el precursor del dia, el despertador del sol, el que derrite las densas tinieblas que se havian apoderado de nuestro polo pulpital, el que dissipa las patrullas de los Predicadores arlequines, saltimbanquis, ligeros y matachines, que divertian á la gente en vez de instruírla, y empeoraban las costumbres en lugar de enmendarlas; aplícanle sin mas ni mas aquel par de estrophas de cierto hymno:

A nocte noctem segregans
Præco diei jam sonat
Jubarque solis evocat.
Hoc excitatus Lucifer
Solvit polum caligine:
Hoc omnis errorum cohors
Viam nocendi deserit.»
23. «Y qué te parece? que se contentan con esto? No paran aquí: passan adelante, y no dudan aplicarle otro buen trozo del mismo hymno, queriéndonos persuadir que le viene como de molde. Empéñanse en decir, que este Gallo hacep. 101 abrir los ojos á los amodorrados, mete tanto aguijon á los soñolientos, confunde y convence á los pertinaces, y, en fin, que á fuerza de cantar él en el púlpito como se debe, hay esperanza de que haga cantar á todos los demas Predicadores como es razon:

Gallus jacentes excitat
Et somnolentos increpat;
Gallus negantes arguit.
Gallo canente spes redit.
De este hombron, coco de los Predicadores y choriphéo de la nueva secta, es la aprobacion susodicha.»

24. «No la pudo sufrir aquel Predicador veterano, cuyos nobilíssimos sermones peinaban tantas canas como su cándida cabeza. Caló el morrion, echóse la visera, vistió la cota, que algunos, por lo breve de su cuerpo, dixeron era cotilla, enristró la lanza, y desde la misma dedicatoria, dirigida á un gran Señor, comenzó á correr el Gallo, pero como? Desplumándole, descrestándole, y en fin haciéndole añicos. Alaba lo que él reprueba, y condena lo que él aplaude, haciendo una descripcion tan galante de los sermones de moda que no hay mas que pedir; yo la tomé de memoria, porque me cayó muy en gracia, y dice assí»:

25. «Si V. E. Señor para mientes, como dice nuestro castizo idioma, hallará en estos sermones, que ya llaman de moda, si no el todo, parte mucha de lo que en aquel gabinete sucedia: Vamos, vamos á oir al Padre Don F., al Señor Don Z., al Doctor tal, que predica de moda. Quiere á mi ver decir esta palabra un quadro sin imágen, una imágen sin templo, un templo sin altar, un altar sin sacrificio, un sacrificio sin Sacerdote, y un Sacerdote sin el proporcionado ornamento: es puntual descripcion de un sermon de moda.»

«Qué te parece, amigo Gerundio? Has oído en tu vida comparacion mas á pelo, símil mas adequado, ni descripcion mas puntual de un sermon á la moderna? Porque, en realidad, si la cosa se considera bien y sin passion, la multitud de textos, la bulla de citas, el aparato de erudicion, la variedad de versiones, el paloteado de retruécanos, la gala de los equívocos, lo sútil de los conceptos, la delicadeza de los reparos, el escape de las soluciones, y de quando en quando el chiste de los gracejos, son puntualíssimamente la imágen, el templo, el altar, el sacrificio, el Sacerdote, el amito, la alba, el cíngulo, el manípulo, la estola y la casulla de un sermon equipado como es justo; y al que le falta todo esto, hágote un sermon en carnes vivas, que es una vergüenza y una compassion.»

26. «No es mi intento, ni por ahora seria del assunto, hacerte una relacion individual de todo lo que dixo el Predip. 102cador veterano en el discurso del sermon, que dedicó al susodicho gran Señor, en immortal gloria nuestra y en eterna confusion de los modernos. Essa seria obra larga, y era menester producir toda la pieza, que es única en su linea y la conservo en la celda enquadernada en papel dorado, para molde y original de mis sermones, (se entiende despues del Florilegio sacro,) si es que alcanzan mis fuerzas á una débil imitacion. Ni quiero cansar tu atencion con referirte, que un tal D. Gutierre Fernandez (hombre ignorantíssimo y desalmado, si los ha havido jamas,) disparó un par de cartas insolentes y atrevidas á un qual D. Fulano Valdenoches, las quales, puesto que no salieron á luz, anduvieron de ronda de mano en mano, de casa en casa, y de estudio en estudio, assí en la Corte como fuera de ella, é hicieron una riza de todos los diantres. Pero en quienes? En los anti-Oradores Magistrales y en sus seguaces, que son unos pobres pelones; porque, aunque es assí que las tales cartas convencen, que en el sermon de nuestro heróico defensor se hallan tres ó quatro proposicioncillas heréticas, algunas otras malsonantes, tal qual textecillo de la Escritura supuesto, muchos mal citados, este ú el otro testimonio venial levantado á los Santos Padres, y assí de otras cosuelas á este tenor, qué hombre de juício hace caso de semejantes bagatelas? Quien no sabe, que essos son hypérboles galantes, valentías del discurso, arrojos del ingenio, y festivíssimas aperturas de una fantasía que se eleva, que se arrebata y no anda arrastrando por el suelo? Si se huvieran de reparar y cortar en nuestros sermones estos Icáricos vuelos, donde iriamos á parar?»

27. «En fin, este Orador insigne á la veterana, que contaba entónces sesenta y ocho años de edad, y á los veinte y quatro de púlpito, al qual, segun esta cuenta, no subió hasta los quarenta y quatro, que es ya edad madura, en la qual al Predicador mas tardío le puede haver salido el uso de la razon pulpitable; este Orador veterano, vuelvo á decir, añoso, famoso y canoso, acredita bien que aún dentro de los claustros tenemos partido, no solo entre aquellos que apénas los apunta el bozo de la oratoria, que essos á red barredera los puedes contar por nuestros, sino entre los mas añejos, mas veteranos y aún mas vetustíssimos. Y hay la gracia particular de que estos hablan por experiencia, en cuya escuela, que es la mas segura y la mas convincente, han aprendido lo bien que les ha salido la cuenta predicando á la veterana, pues no hay mejores cien doblones que los que se hallan de repuesto en sus religiosas navetas, ni chocolate mas rico, ni botes de tabaco mas exquisito, ni pañuelos de tela y de color mas finos, ni ropa blanca mas delgada que la que encontrarás en sus pobres alacenas, caxones y baúles.»

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28. «Pues, siendo todo esto assí, quis furor, quæ te dementia cepit? qué locura es la tuya? qué delirio se apoderó de tu cabeza, quando assí te la trastornó esse tu tiesíssimo y circunspectíssimo Tio, tumbándote patas arriba á quatro razones miserables, que te alegó el tal Dómine Espetera? Perdóname si me descompongo, porque no me puedo contener al hablar de estos encaprichados y testarudos parciales de la sinrazon, aunque por otra parte sean hombres de autoridad y de respeto. No quiero ya, que hagas caudal de mis razones, sin embargo de ser todas tan convincentes, tan triumphantes que no admiten réplica ni sufren resistencia. Tampoco quiero ya, que te hagan fuerza los exemplares que te he puesto delante de los ojos, ni tantos millares de millares de Predicadores veteranos como han hecho fortuna por este camino, ni lo que has tocado y estás tocando por tus proprias manos en mí mismo, que siempre le he seguido y que en mi vida no pienso seguir otro. Será possible, Gerundio del alma, que no te convenza tu experiencia propia? Tan mal te ha ido desde que comenzaste la carrera, emprendiéndola por esta via lactea ó, hablando con mas propriedad, por este caminito de la plata? Sermon y medio has predicado hasta ahora en público, y otro entre las paredes del Convento, y qué hombre hay ya mas famoso en toda la redonda? De qué otro retumban mayores ni mas encarecidos aplausos en todo el dilatado y espacioso ámbito del Páramo? Piensas que tu fama se ha limitado á las paredes solas de Campazas? Oh quanto te engaña tu encogimiento y tu modestia! Llegó ya á Villaquexida, extendióse á Villamandos, se dilató á Villamañan, y hasta en las márgenes del Orbigo resuena el eco de tu nombre con tanta claridad como en las concavidades de Villaornate; poco dixe: ó me engaña mucho el pensamiento, ó siento acá en lo mas interior del alma no sé qué prophéticos presagios de que en breve tiempo no se ha de hablar de otra cosa que de Fray Gerundio en toda España, y aún se adelanta el vaticinio á descubrir entre no sé qué lejanas lumbres, que ha de penetrar tu famoso nombre hasta las provincias extrangeras.»

29. «Miéntras tanto, es cierto que ya no se sabe hablar sino de tus sermones, de tus prendas y de tus talentos, en essos caminos, en essos campos, en essas tierras, en essas viñas, en essos erreñales, en essas eras, y aún en todos essos mercados del contorno. Miéntras tanto, es indubitable que ya no hay Cofradía que no te desée, no hay Mayordomo que no te solicite, no hay sermon de ánimas que no te aguarde, no hay retablo nuevo que no clame por tí, y no hay semana santa que no te tienda los brazos. Pues, corazon amilanado, por qué te acobardas? Alma de cántaro, por qué te quiebras? Espíritu pusilánime, por qué te desmayas? Desprecia,p. 104 desprecia generosamente esse terror pánico que se ha apoderado de tu pecho; no hagas caso de essas pasmarotas, con que intentan aturrullarte los ciegos y apassionados sectarios de la novedad y, confirmándote en el heróico empeño de no desviarte un punto del camino real y derecho que tan gloriosamente has comenzado, ríete á carcajada tendida de todos aquellos que pretenden arredrarte de él, no dando otra respuesta á sus razones que la que yo dí, y tambien te suministré en ocasion muy semejante, de la qual te acordarás sin que yo te la repita:

Mingere cum bombis res est gratissima lumbis!»[26]
30. No de otra manera que quando en el corazon del invierno amanece el Orizonte cubierto de una densa niebla, la qual poco á poco se va al principio enrareciendo, luego que el sol presenta la batalla, comenzando la funcion con la escaramuza de sus rayos; pero no se declara tan de repente la derrota de los esquadrones tenebrosos, que no disputen por largo tiempo el terreno, pues, titubeante al parecer y como neutral la victoria, ya el sol abre los nebulosos esquadrones, ya estos se vuelven á cerrar mas densamente, muchas veces aquel los rompe, y otras tantas estos le rebaten; ya el exército del sol passa por el vientre del campo de la niebla y, aunque con luz cansada, no tanto dora quanto argentéa la cima de un vecino monte, ya se vuelve á cerrar el exército enemigo y, repeliendo al contrario, parece que le retira hasta su mismo atrincheramiento; durando el fluxo y el refluxo de la dudosa contienda hasta que, al acercarse el mediodía, encendidas en fogosa cólera las tropas de la luz, acometen tan furiosamente al campo de la niebla, que por todas partes le rompen, le penetran, le pisan, le atropellan, le dissipan, y, dueño enteramente el sol del campo de la batalla, se dexa ver en todo el hemispherio el mas claro, el mas sereno y el mas despejado dia. Assí, ni mas ni ménos, dissipó el razonamiento de Fray Blas las nieblas que havian obscurecido el entendimiento de nuestro Fray Gerundio, y quedó tan despejado y tan claro como el dia mas apacible y mas sereno del mes de Enero ó de Febrero. Dió mil abrazos á su amigo por lo que le havia consolado, iluminado y alentado, y renovó en sus manos el pleito homenage, que ya havia hecho en otra ocasion, de que no predicaria de otra manera en todos los dias de su vida, aunque el mismo Gallo de la passion le predicara lo contrario. Con esto dieron la vuelta al lugar, donde sucedió lo que dirá el capítulo siguiente; pero, ántes de escribirle, suplico al Lector que tenga un poco de paciencia, porque voy á tomar un polvo.

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LIBRO QUINTO.
CAPITULO PRIMERO.
Encárganle un sermon de honras, y no le escupe; con todo lo demas que iremos diciendo.

1. «Pero mira, le dixo Fray Blas en el camino, si tu Tio te volviere á tocar la especie, tú has de hacer la gatatumba y el agacha-panza: quiero decir, que te has de mostrar convencido de sus razones, rendido á sus consejos, dócil á sus instrucciones, oyéndole en lo exterior con mucha humildad, respeto y reverencia; pero allá dentro de tu corazon has de estar bien resuelto á reírte y hacer burla de todo quanto te dixere. La razon de este admirable y no ménos importantíssimo consejo salta á los ojos; porque estas gentes de la Iglesia, constituídas ya assí en alguna dignidad, y mas quando están asomadas á una mitra, suelen ser muy delicadas, gustan de que en todo se les oiga como á oráculos, y llevan muy á mal que se les replique. Quando á esto se añade la razon del parentesco, y mas siendo tan immediato y tan superior como el de Tio, los da un peso de autoridad sobre toda la familia, que no parecen sino unos concilios, y hasta los hermanos mayores, que no han ido por la Iglesia, los oyen con una veneracion que causa espanto. Es verdad que no siempre es oro todo lo que reluce, pues tal vez hacen burla de ellos interiormente; pero los tiene cuenta el paladearlos en el fuero externo, assí para disfrutarlos en vida como para heredarlos en muerte. A ninguno importa mas que á tí el tener grato á tu Tio, porque ninguno le necessita mas que tú, ya por los socorrillos que te suele enviar, y ya por lo mucho que con su autoridad y con la de sus amigos te puede servir dentro y fuera de la Religion para tus adelantamientos. Por tanto sigue este mi consejo capital, y trata de hacer bien tu papel: calla, dissimula, humíllate, muéstrate convencido, dale palabra de enmendarte, consúltale en todo lo que se ofreciere; pero tú, haz aquello que se te antojare!»

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2. Aunque la leccioncilla del Padre Predicador mayor no era de aquellas, que mas se conforman con el Evangelio ni aún con el Catechismo, le cayó muy en gracia al docilíssimo Fray Gerundio, y la tomó tan de memoria, que jamas se le olvidó. Llegaron á casa, donde encontraron ya refrescando á toda la patrulla. Era el refresco limonada de vino y bizcochos, que es el regular en las fiestas recias de Cámpos; y se havian agregado á los huéspedes de casa muchos Curas del contorno, que havian concurrido á la funcion, y tambien no pocos labradores de los mas pestorejudos, todos con el motivo de dar la enhorabuena á Fray Gerundio, á sus padres y á toda la parentela.

3. Fueron graciosas las expressiones con que se explicaron algunos, especialmente de aquellos que se preciaban mas de tener voto en esto de sermones. Uno que havia servido todas las Mayordomías de su lugar, y estaba persuadido á que ninguno le echaba el pié adelante en la eleccion de los mejores Oradores, dixo con voz ponderativa: «El Padre Fray Gerundio ha perdicado un sermon que, miéntras Campazas sea Campazas, no habrá quien le desquite.» Otro, que havia sido muchos años Procurador de la tierra, y era hombre de cabeza abultada y muy maciza, pareciéndole que el otro havia andado corto, añadió como para corregirle: «Sí, andáos ahora á Campazas! En Leon he uído yo á los mayores páxaros de España, pero otro Fray Gerundio… Y no digo mas, porque toda comparanza es udiosa.» Al hermano Bartholo se le hacian ya limonada las palabras, y, no pudiéndolas contener, prorumpió en el despropósito de que en todos los dias de su vida havia oído ni esperaba oir sermon mas mathemático. Voz cuyo significado no entendia, pero siempre le havia parecido que significaba alguna cosa grande é inaudita. Allá se fué el elogio del Sacristan de Benafarces, que se halló en la funcion, no se sabe por qué casualidad, y era tenido entre los que le conocian por uno de los hombres mas cultos de los que á la sazon gorgoritaban Parce-mihis. Este pidió silencio, teniendo en la mano un vaso de limonada que rebosaba por el borde, y, estando todos callados y suspensos, dixo con voz gutural, recalcada y circunspecta: «Señores, vamos haciendo justicia; que el sermon desde el principio hasta el postre, desde la cruz hasta la fecha, y desde el thema hasta el quam mihi, fué una pura construccion de Philosophía.» Quedaron todos mirándose los unos á los otros, y, aunque ninguno entendió lo que el Sacristan quiso decir, fué general la opinion de que tampoco se podia decir mas.

4. A todo esto havia estado muy atento, pero igualmente callado un buen Clérigo, de estos que llaman de missa y olla, que con su Capellanía y un decente patrimonio lo passabap. 107 quieta y pacíficamente en su lugar, mejor que un Arcediano. Era á la verdad de pocas letras, pues solo tenia las precisas para entender el Breviario y el Missal á media rienda; pero por su buena razon, por su genio apacible y bondadoso, y porque era limosnero y amigo de hacer bien, le estimaban mucho en su pueblo. Apénas moria alguno en él que no le dexasse por su principal testamentario, y él admitia sin repugnancia estos encargos, assí por tener alguna cosa en que emplear loablemente el tiempo, como por haver hecho concepto que, si cumplia fiel, legal y puntualmente con este piadoso y caritativo oficio, podia hacer mucho bien á los difuntos y ser muy útil á los vivos.

5. Havia fallecido pocos dias ántes el Escrivano de su lugar, que era ya viudo, y no solo le havia nombrado por su testamentario, sino tambien por tutor y curador de sus hijos, con la expression de que no se le tomassen cuentas ó se passasse por las que él quisiesse dar; todo en crédito de la confianza que hacia de su pureza, exactitud y legalidad. Dexaba encargado en el testamento, que se le hiciessen honras y cabo de año con sermon, segun costumbre, y señalaba doscientos reales de limosna para el Orador que se las predicasse, «en atencion, decia él, al trabajo que ha de tener qualquiera pobre Predicador en hallar de qué alabarme; porque, si no quiere mentir, se ha de ver bien apurado.»

6. Con efecto debia de ser assí, porque era pública voz y fama, que el tal Escrivano havia sido hombre no muy demasiadamente escrupuloso. Quando entró en el pueblo, (pues fué el primer Escrivano que entró en él,) no havia pleito ninguno, ni aún memoria de que le huviesse havido jamas desde su primera fundacion; pero al año, y no cabal, de su residencia ya todo el lugar se ardia en pleitos, y, quando murió, dexó pendientes treinta y seis, aunque no passaba la poblacion de doscientos vecinos: encendia á unos, azuzaba á otros, y los enzarzaba á todos. Si dos partes contrarias le consultaban sobre una misma dependencia, á cada una en particular respondia, afectando una modestia socarrona, que él no era Abogado ni entendia los puntos de derecho, ni le tocaba dar parecer; pero, por lo que le havia enseñado la experiencia en tantos años de exercicio y en tantos pleitos como havian passado ante él, era corriente su justicia, temeraria la pretension del contrario, y que á buen librar le condenarian en costas, concluyendo con que, si esto no salia assí, havia de quemar el oficio; que esto se lo decia á él solo en confianza, encargándole mucho el secreto. Despues que á uno y otro los havia metido tanto aguijon, añadia con grande remilgamiento que, aunque era cierto todo lo dicho, para qué queria pleito? que era mejor componerse, porque, aunque ningunop. 108 se interessaba mas que él en que cada qual siguiesse su justicia, (pues al fin no comia de otra cosa ni tenia otros mayorazgos,) pero que amaba mas la paz del pueblo que todos los interesses del mundo. Con este artificio, despues de haver irritado á las dos partes, él echaba el cuerpo fuera y cobraba crédito de hombre desinteressado.

7. En haviendo qualquiera quimerilla en el pueblo, por ligera que fuesse, especialmente si havia sido cosa de paliza con algun rasguño ú efusion de sangre, al punto buscaba los Alcaldes y se estrechaba con ellos, y en tono de amistad y de confianza los persuadia á que levantassen un auto de oficio y que tratassen de cubrirse, intimidándolos con que hoy ó mañana vendria una residencia, y no faltaria alguno que los quisiesse mal y los acusasse de omissos ó de parciales, y á buen librar caeria sobre sus costillas una multa que los levantasse tanta roncha. Despues de hecho el auto de oficio, arrestados los de la riña y borrajado mucho papel en declaraciones, cargos y descargos, quando ya no tenia pretexto para chupar mas á las dos partes, solicitaba él mismo por debaxo de cuerda que se compusiessen; y, cargando bien la mano en las costas á unos y á otros, porque á ninguno se las perdonaba, á un mismo tiempo llenaba el bolsillo y era aplaudido entre los innocentes con el glorioso renombre de pacificador.

8. Era muy franco en dar testimonios aún de aquello que no havia visto, y, para quitar el escrúpulo á los que podian reparar en esta mala fé, los decia con una bondad que encantaba, que un hombre de bien se havia de fiar de otro hombre de bien mas que de sí mismo; que debia de dar mas crédito á los ojos agenos que á los suyos proprios, porque estos podian alucinarle y engañarle, pero de los otros no era razon ni buena crianza ni aún conciencia presumirlo; y finalmente, que esto mismo se estaba palpando á cada passo en el uso de los anteojos, con los quales ve uno mas y mejor que con sus proprios ojos; de donde inferia que, assí como puede un Escrivano dar fé válida, lícita y legalmente de aquello que ve con anteojos, siendo assí que no son sus ojos los anteojos, assí ni mas ni ménos puede y debe darla de lo que ve con los ojos de un hombre honrado, quando este le assegura, que lo ha visto y que passó la cosa ni mas ni ménos como él se la cuenta; y á la réplica que le podian hacer, que él no sabia si era ó no hombre honrado el que le pedia el testimonio, ya él salia al encuentro diciendo, que mil veces havia oído á los Abogados ser principio de derecho que «ninguno se debe presumir malo, hasta que se pruebe que lo es, y que en caso de duda siempre se debe presumir lo mejor.»

9. Quedábanse atónitos los pobres páparos al oírle estap. 109 doctrina, que les parecia á ellos mas clara que la luz del mismo dia; y el símil de los anteojos, aunque tan disparatado, los ataba de piés y manos. Para acabarlos de aturrullar y convencer enteramente, añadia otro símil, en el qual los dexaba como embobados y lelos. «Está un Escrivano, decia, actuando con un Señor Alcalde ó con qualquiera otro Juez; firma este, y despues mas abaxo el Escrivano: ante mí, Fulano de Tal. Quantas veces sucede, que el Juez al tiempo de firmar no está delante del Escrivano, sino á un lado ó á las espaldas, porque el Alcalde verbi-gracia se está passeando en la sala? Y quien dirá por esso, que el Escrivano es falsario, porque autorizó ó legalizó la firma del Juez, diciendo que havia sido ante él? Pues, si esta no es falsedad, por qué lo ha de ser dar un testimonio de lo que no se vió ni se oyó, en la buena fé de que trata verdad el que me assegura, que lo ha visto y oído? A los de mi oficio, que tropiezan en estos melindres y delicadezas, se les puede decir que tienen escrúpulos de Mari-Gargajo.»[27]

10. En virtud de esta misma docilidad, no solo era bizarríssimo en dar testimonios de lo que jamas havia visto, sino que con su bondadoso corazon no se podia negar á darlos muchas veces contrarios á lo que havia palpado, sin detenerse mucho en dar dos testimonios opuestos á las dos partes contrarias, porque decia que era enemiguíssimo de desconsolar á nadie. Y, aunque esto le ocasionó mas de una vez algunos embarazos enfadosos en los Tribunales superiores, al cabo de ninguno salió tan mal como se podia temer, porque tenia maña para todo. Solo era muy detenido en franquear los testimonios, quando sospechaba que podian perjudicar á alguna parte predilecta suya; bien entendido que su predileccion nunca se fundaba sino en un honrado reconocimiento á expressiones prácticas, no de las mas ordinarias. Quando se hallaba en este caso, decia con grande compostura, que no podia dar testimonio alguno, sin que se lo mandasse la Señora Justicia; y, quando le reconvenian con que estaba obligado á hacerlo en virtud de su mismo oficio, por quanto todo fiel Christiano tenia derecho á que le diesse testimonio de lo que havia visto ú oído, él respondia con mucho fruncimiento, que esto era ignorar las nuevas pragmáticas-sanciones que havian salido sobre el oficio de Escrivano, y los pobres patanes, al oir el nombre de pragmática-sancion, quedaban tamañitos, pareciéndoles que debia ser alguna excomunicacion del Padre Santo de Roma, para que los Escrivanos no se metiessen en cumplir con su obligacion sin licencia de los Alcaldes.

11. Este havia sido el exemplaríssimo Escrivano que havia dexado por su principal testamentario al Licenciado Flechilla, (que assí se llamaba el Clérigo de quien íbamos hablando,p. 110 habrá como dos hojas,) dando órden en su testamento para que se le predicasse su sermon de honras, corriente, como era uso y costumbre en aquella tierra. Pues el tal Clérigo, yendo dias y viniendo dias, luego que oyó á Fray Gerundio el sermon del Sacramento, quedó verdaderamente espantado y dixo allá dentro de su corazon: «No se me escapará este páxaro, y assí predicará otro las Honras del Escrivano de mi lugar como yo soy Arzobispo.» En efecto, despues de haver oído con el mas profundo silencio la variedad de expressiones, con que todos daban la enhorabuena á nuestro Fray Gerundio, se levantó pausada y boniticamente de su assiento, encaminóse hácia donde aquel estaba, dióle un estrecho abrazo y, assomándosele las lágrimas de puro gozo, le dixo con bondadosíssima ternura: «Padrecito mio, obras son amores, que no buenas razones: yo tengo la incumbencia de encargar un sermon de honras al difunto Escrivano de mi lugar, que vale doscientos reales, y, si valiera doscientos mil, con otros doscientos mil amores le pondria yo á la disposicion de Vuesa Paternidad. El tal Escrivano, que Dios haya, ciertamente no fué hombre canonizable; pero por lo mismo los assuntos dificultosos se hicieron para ingenios peregrinos. El de su Reverencia lo es, ó tengo yo de quemar á mi Lárraga y al Piscator de Salamanca, que es toda mi librería.»

12. No cabe en la ponderacion el empavonamiento de que se sintió repentinamente embestido el corazon de nuestro Fray Gerundio, viéndose convidado en aquella publicidad y en aquellas circunstancias con un sermonazo de aquel tamaño, pues havria mas de quatro Padres Definidores, que se tendrian por muy dichosos en haverlo conseguido despues de haverlo pretendido mucho, y á él se le havia venido á las manos, como dicen, sin saber leer ni escrivir. Desde aquel mismo punto se le barrió de la memoria todo quanto le havia dicho su Tio el Magistral, como si jamas lo huviera oído, y ya miraba tan debaxo de sí al mismo Magistral, que por poco no le tenia lástima; pero sin embargo resolvió respetarle en el fuero externo por la formalidad, teniendo presente la importante leccion de su íntimo Fray Blas.

13. Respondió pues al Licenciado Flechilla, muy agradecido á la honra que le dispensaba, y aceptando, quanto era de su parte, el sermon de honras, baxo el beneplácito y la bendicion de su Prelado, que no dudaba se la franqueasse, con agradecimiento al honor que hacia á la Orden en la persona del mas mínimo individuo suyo. Hay quien diga, que casi le respondió con estas mismas voces, aunque tan forasteras á su comun estilo, bien que no faltan otros que lo contradicen, fundados en esto mismo, persuadidos á que las espressiones eran mas cultas de lo que correspondia á su crianza y á la idéap. 111 de hablar que se havia formado, assí en conversaciones privadas como en las funciones públicas. Nosotros no nos atrevemos á tomar partido en este intrincado punto de crítica, bien que nos inclinamos á creer que, aunque la substancia de la respuesta fuesse de Fray Gerundio, pero el guiso y las voces tienen traza de ser del curioso, que hizo los apuntamientos de donde sacamos estas menudencias.

14. Como quiera que esto huviesse sido, lo que consta de cierto es, que Fray Gerundio no se descuidó en pedir al Licenciado Flechilla algunos apuntes de la vida, virtudes y milagros del difunto Escrivano: diligencia muy necessaria para disponer su fúnebre panegýrico; y al mismo tiempo quiso informarse del dia, en que pensaba se celebrasse el pomposo funeral. «Los sufragios, Padre Predicador, le respondió el boníssimo Clérigo, los sufragios por las ánimas benditas del Purgatorio, aunque no se supongan tan necessitadas de ellos como la de nuestro Escrivano, quanto mas ántes se hagan mejor; porque el lugar no es muy acomodado, y ciertamente las pobres no están para esperar mucho en él. Dilatárselos por pereza es crueldad, que solo cabe en quien haga poca reflexion á lo que están padeciendo aquellos ya dichosos, pero atormentados espíritus; y assí, quanto mas aprisa disponga su Paternidad el sermon, mas pronto tendrán el alivio las ánimas benditas, mas presto saldré yo de la obligacion á mi Compadre el Escrivano, (Dios tenga su ánima en descanso!) y mas anticipado lograremos el gusto de oírle sus apassionados.»

15. Quedaron de acuerdo en que dentro de un mes le predicaria, porque Fray Gerundio protestó que necessitaba por lo ménos de este tiempo para disponerle, especialmente siendo esta la especie de sermones, á su parecer, mas enrebesada, y necessitaba tomar algunas reglas para ensurjarla. Ningun sermon de honras havia oído en su vida, y aún por entónces le pareció que tampoco le havia leído; pero le fué infiel en esto su memoria, como presto se verá. En fin, por no perder tiempo despachó luego un proprio á su Prelado, pidiendo licencia para admitir la nueva funcion, con una carta que decia assí:

16. «Reverendo Padre nuestro. Prediqué el sermon del Córpus al Sacramento de mi lugar, en la fiesta de mis Señores Padres, como otros lo dirán; que á mí no me está bien el decirlo. Solo puedo assegurar, que circunstancia ninguna no se me escapó; hasta una que me cogió de súpito, que fué una gaita-gallega en vez de órgano, la toqué tan bien; y no faltó quien dixo, que ni el mismo Gaitero havia tocado tan bien la gaita, como yo la circunstancia. Perdóneme vuestra Paternidad, que se me escapó sin querer esta alabanza, y quedop. 112 corrido, segun lo que dixo el otro: Laus in ore proprio vilescit. Los abrazos que me dieron al acabar el sermon no tienen cuenta, y las décimas, las octavas y aún los sonetos que me echaron en la mesa fué cosa de juício. Por fin y por postre, el Licenciado Flechilla, Capellan de Pero-Rubio, me encargó el sermon de honras del Escrivano de su lugar, que murió pocos dias há, y dexó doscientos reales de limosna para el Predicador. La honra me tira mas que el provecho, y tambien la esperanza de llevar para el Convento una buena porcion de missas de las muchas que dexó encargadas el difunto. Pido á vuestra Paternidad el benedícite para predicar este sermon, que ha de ser dentro de un mes, y yo le iré adjetivando por acá á ratos perdidos. El proprio lleva un carnero y una cántara de vino, que mis Padres envían de limosna á la santa Comunidad, á quien piden perdon de la cortedad, porque no puede obrar mas su buen afecto, y me encargan muchas memorias de su parte para vuestra Paternidad, cuya vida guarde Dios muchos años. Campazas, etc. — Besa las manos de vuestra Paternidad su servidor y menor súbdito

Fray Gerundio, indigno Predicador.»

17. El benedícite vino corriente á vuelta de proprio; porque, como el Prelado no havia oído el sermon del Sacramento sino en relacion hecha por Fray Gerundio, creyó buenamente que le havia desempeñado con decencia, valiéndose de algun papel ageno, y pensó que lo mismo haria con el de Honras. Por otra parte, las razones que alegaba le hacian fuerza; no eran para despreciadas las missas, que verisímilmente llevaria para la Comunidad; el carnero y la cántara de vino tambien pedian algun agradecimiento; y, en fin, un Fraile mas por un mes fuera de casa era para el Convento una boca ménos. Por esso, no solo le dió sin disgusto la licencia, sino que, haciéndose cargo de que en casa de su Padre no havria muchos libros de sobra para disponer un sermon, por el mismo proprio le envió quatro ó seis libros de los que Fray Gerundio havia dexado sobre la mesa de su celda, sin detenerse el Prelado en examinar quales eran, juzgando prudentemente que, pues los tenia tan á mano, serian los de su cariño y los que preferia su eleccion para la disposicion de los sermones.

p. 113

CAPITULO II.
Pide Fray Gerundio á su amigo Fray Blas una instruccion para disponer el sermon de honras, y este se la da divina.

1. Mucho huviera convenido prevenir en el capítulo antecedente, que ni en el proprio, ni en la carta, ni en su contenido, ni en el carnero y la cántara de vino tuvo el buen Fray Gerundio mas arte ni parte que hacer lo que su amigo el Padre Fray Blas le aconsejó, escrivir lo que él mismo le dictó, y enviar el regalito con el piadoso pretexto de limosna que él le sugirió. Es el caso que, luego que el Licenciado Flechilla le encomendó dicho sermon, fué lleno de alborozo á comunicar su fortuna con su íntimo confidente el incomparable Fray Blas; y puesto caso que á este no dexó de pellizcarle algun tantico la envidia, acompañada de un si es no es de zelillos, porque comenzaba ya á temer que Fray Gerundio en materia de fama le havia de coger la delantera y le havia de quitar muchas ganancias, haciéndole cosquillas que casi á sus mismas barbas encargassen un sermon no ménos que de doscientos reales á un oradorcillo visoño, que apénas le apuntaba el bozo de Predicador; pero al fin, considerando que Fray Gerundio era su discípulo de púlpito, que la gloria del discípulo se refunde en el maestro, y que hasta en el provecho le podia tocar alguna parte, ahogó los primeros ímpetus de aquella no muy honrada passion y, mostrando mucho gozo, por lo ménos en esto que se veía hácia fuera, le aconsejó sanamente lo que debia hacer, y le dictó la carta para el Prelado, con todo lo demas que en ella se contenia.

2. Diximos, (y aún lo volvemos á decir,) que todo esto convendria mucho huviesse quedado advertido desde el capítulo precedente, porque de essa manera ahorraríamos ahora el prevenirlo. Pero, sobre que muchas veces un pobre Historiador se descuída, y sucede tal vez que, miéntras toma un polvo, en un abrir y cerrar de caxa se le va la especie que tenia entre la pluma, quien sabe si en esta ocasion lo hicimos adredemente por no interrumpir el hilo de la narracion? A lo ménos nosotros estamos en la firme determinacion de no declarar lo que huvo en esto, para dexar al curioso Lector el trabajo de adivinarlo.

3. Tres dias naturales tardó el proprio en ida y vuelta, en cuyo espacio de tiempo fueron desfilando todos los huéspedes, retirándose cada qual á su respectivo destino: los dos Canónigos á su Iglesia, el Familiar á su casa, el Padre Vicario á sus monjas, el Fraile y el Donado á sus Conventos, solop. 114 que este fué primero al mercado de Villalon, porque tenia que comprar unas cebollas. Vayan benditos de Dios, y la Vírgen los acompañe! que cierto tenian tan ocupada la casa como la historia, la qual no sabia qué hacerse con tantos personages; especialmente el Señor Magistral nos incomodaba un poco, porque su demasiada seriedad no daba gusto á Fray Gerundio, y harto será que no cansasse tambien á muchos de nuestros Lectores. Quedaron pues solos y á sus anchuras nuestro Fray Gerundio y su Fray Blas, dueños absolutos del cortijo y teniendo pendientes de sus discreciones al Tio Anton Zotes, á la Tia Catanla y al Licenciado Quixano, que apénas los perdian de vista ni aún de oído.

4. Quando ves aquí que entra por la puerta del corral el deseado proprio, cargado con un alforjon de libros y con la carta del Prelado, que venia, como dicen, á pedir de boca. Luego que la leyeron los dos camaradas, se dieron recíprocamente muchos abrazos de puro gozo, y aún Fray Blas añadió tambien con religiosa confianza un pescozon y una coz á Fray Gerundio, todo en señal de contentamiento. Pero sobre todo les cayó en gracia la prevencion del Prelado en enviar los libros, no solo porque era señal de la complacencia con que daba su bendicion, sino porque en realidad sin libros se verian un poco embarazados, no alcanzando su erudicion de memoria á tanto empeño, y seria chasco verse precisados á retirarse al Convento para componer el sermon.

5. Passado aquel primero turbion de alegría, dixo Fray Gerundio á Fray Blas, que era preciso retirarse los dos al campo para conferenciar á solas y con libertad sobre el assunto. «Que me place!» respondió el Predicador mayor; y, luego que se vieron fuera del lugar, (que seria como á diez ó doce passos, porque la casa de Anton Zotes estaba en el centro del pueblo,) comenzó Fray Gerundio á hablar en esta substancia: «Padre Predicador, ya sabe Usted…» Atajóle al punto Fray Blas y le dixo: «Amigo Fray Gerundio:

Non bene conveniunt nec in una sede morantur
Majestas et amor.
Amistad y cumplimientos no caben en un saco. Hasta aquí te he tolerado esse tratamiento por la tal qual diferencia de edades, pues á lo sumo te llevaré veinte y dos ó veinte y tres años; ya no te lo sufriré, por lo ménos quando los dos nos hablemos mano á mano. Un hombre á quien encargan un sermon de honras que vale doscientos reales, bien puede tutearse, no digo con el Predicador mayor de una casa matriz, pero con todos los Predicadores del Rey; assí pues, ceremonias á un lado, y, si quieres que en adelante te conteste, trátame como á otro tú.» Era dócil Fray Gerundio, y no le costóp. 115 trabajo conformarse, fuera de que en aquel mismo punto sintió no sé qué secreta vanidad y complacencia de ver, que le permitian hombrear no ménos que con todo un Predicador mayor de un Conventazo como el suyo, y aún llegó á discurrir, que no debia de ser muy inferior en el mérito á quien le hacia tan igual en el tratamiento. Rompió pues la valla sin detenerse, y le dixo: «Pues, bien está, amigo Predicador, y comienzo á darte gusto.»

6. «Ya sabes, que yo en toda mi vida he oído sermon de honras: en Campazas no se usan; en Villaornate no murió persona de importancia, miéntras estuve á la escuela del Cojo; el Dómine Zancas-Largas jamas nos habló ni una palabra sobre esta especie de oraciones; quando fuí novicio y artista, no se ofreció predicar acerca de este assunto. Sermonarios no he leído sino el Florilegio, y en este no hago memoria de haver encontrado sermon de honras ni cosa que suene á esso; con que, si tú no me alumbras, habré de caminar á tientas.»

7. — «Pecador de mí! respondió Fray Blas, y qué poca memoria tienes! Con que, no te acuerdas haver leído en el Florilegio sermon de honras? Pues ven acá, badulaque; no haces memoria del famosíssimo sermon predicado por el Autor en Ciudad-Rodrigo á las honras que el Regimiento de Toledo celebró por sus soldados difuntos? Yo tampoco tengo ahora muy presente todo su contenido; pero assí en general me quedó la especie vivíssima de que es una de las piezas mas divinas, que se encuentran en aquella obra verdaderamente celestial: modelo mas acabado para disponer una oracion fúnebre con todos los primores de que es capaz el arte, es impossible que hasta ahora haya salido de humano entendimiento.» — «Vaya, hombre, le interrumpió Fray Gerundio, que soy un bolo; tú tienes razon, y ahora me acuerdo de haverla leído, y tambien me acuerdo que me aturrulló; porque, si bien no entendia lo que querian decir muchíssimas cosas, pero esso mismo me llenaba de estupor, haciéndome acá dentro del alma un eco que me atolondraba las potencias.» — «En volviendo á casa, prosiguió Fray Blas, te haré ver, admirar y penetrar parte por parte sus inimitables primores, puesto que entre los libros que te envió el Prelado advertí por el pergamino, que venia el Florilegio.» — «Pero miéntras tanto, replicó Fray Gerundio, no me darás assí unas reglecitas generales para bandearme?»

8. — «Soy contento, respondió Fray Blas, y ante todas cosas no se te olvide la que te dí en otra ocasion, con la de leerte el sermon que prediqué á San Benito del Otero, ó, por mejor decir, la que tú mismo sacaste en fuerza de tu ingenio sin que yo te la diesse pro expresso. Esta es la de acudirp. 116 siempre á alguno de los Fastos, Menologios, Almanaques ó Calendarios gentílicos sive mythologicos y ver qué fiesta se celebraba, qué ceremonia ó qué cosa remarcable se hacia en aquel mismo dia en que tú tienes que predicar, y aplicarla intrépidamente á tu assunto, sea el que fuere; que esso lo podrás hacer con una maravillosa facilidad. Observo que te ha cogido algo de repente el terminillo remarcable: no lo extraño, que á mí tambien me sucedió lo mismo la primera vez que le oí; pero ya están los oídos y los ojos tan hechos á él, que se me hace muy reparable qualquiera cosa notable que no se llame remarcable.»

9. «Esta regla es general y conviene á todo género de assuntos, panegýricos, gratulatorios, exhortatorios ó deprecatorios, fúnebres y morales. Aunque prediques el mismíssimo sermon de la Passion, te puedes aprovechar de ella con una oportunidad que encante.»

10. «Pero, viniendo en particular á sermon de honras ú oracion fúnebre, que todo viene á ser uno, es indispensable que desde luego eches unas bocanadas de erudicion á borbotones sobre el tiempo, en que comenzó este género de obsequio á los difuntos, con qué ocasion se dió principio á él, quienes fueron los primeros inventores, si los Griegos ó los Romanos; qué progressos hizo en el discurso del tiempo; y, en fin, todo quanto hacinares en esta materia será otro tanto oro; porque desde luego captarás la admiracion del auditorio con tu portentosa erudicion.» — «Pero, hombre de los demontres, le replicó Fray Gerundio, donde tengo de encontrar yo tan antiguas y tan recónditas noticias? Piensas que son todos como tú, que parece tienes presente todo quanto ha passado en el mundo desde Adan hasta el Ante-Christo, y, aunque se hable de la cosa mas despreciable ó mas ridícula, como si dixéramos de alpargatas ó de polainas, al punto señalas el inventor, con el año y el dia fixo en que comenzaron á usarse?»

11. — «Válgame Dios, Fray Gerundio, respondió Fray Blas, y qué monigote que eres! Pues, no tienes ahí á Beyerlink, que te socorrerá con abundancia de quanta erudicion repentina hayas menester para qualquiera cosa que quieras? Amen de Beyerlink, no están los Passeracios, los Ambrosios, Calepinos y los Diccionarios universales, que hoy se estilan ya en todas las lenguas, los quales te darán tantas noticias históricas y críticas sobre cada palabra, que apénas pueda con ellas tu memoria? Es verdad, que los críticos llaman erudicion de socorro á este género de erudicion, aludiendo al agua de socorro con que se bautizan los párvulos; mas, y qué tenemos con esso? Por ventura los que se bautizan con agua de socorro, substancialmente no quedan tan bautizados comop. 117 el mismo Emperador Constantino, quando le bautizó el Papa San Silvestre? si es que es cierta esta noticia, porque el dia de hoy todo se pone en duda. Pues, por qué los eruditos de socorro no serán tan eruditos como los que lo son con todas las ceremonias de la Orden? Que te respondan á esta paridad, y, miéntras no lo hicieren, que seguramente no lo harán, ríete de sus malignas y envidiosas expressiones.»

12. — «Estoy en cuenta, dixo Fray Gerundio; pero despues de toda essa retahila de erudicion, que sin duda acreditará á qualquiera, como la he de aplicar al intento particular de mi sermon de honras, y como he de hacer que venga á propósito para celebrar la memoria de mi buen Escrivano?» — «En poca agua te ahogas, respondió Fray Blas, y un hombre que aplicó tan divinamente todo quanto quiso, assí á las circunstancias del sermon del Sacramento como á la Plática de Disciplinantes, me admira que ahora se embarace en una bagatela. Mira: dos opiniones hay, á lo que me acuerdo, acerca de esto que se llama oraciones fúnebres ó panegýricos de los difuntos; unos quieren, que los primeros inventores de este género de elogios fuessen los Griegos, y aún se adelantan á nombrar al que pronunció el primero, que dicen fué Theseo, con ocasion de dar sepultura á los cadáveres de los Argivos. Otros atribuyen la gloria de esta agradecida invencion á los Romanos, afirmando que la primera oracion fúnebre que se oyó jamas, fué la que pronunció Lucio Junio Bruto con ocasion de la muerte de la casta Lucrecia, con la qual encendió tanto el ánimo de los Romanos contra el soberbio Tarquino, que le arrojaron del throno y se fundó la República, quinientos nueve años ántes del nacimiento de Christo. Algunos se esfuerzan á conciliar estas dos opiniones, diciendo que los Griegos fueron en rigor los primeros inventores de los elogios fúnebres, pero limitándolos precisamente á los que havian muerto en la guerra en defensa de la patria, y los Romanos fueron los primeros que los extendieron á todos los claros varones, que havian sido eminentes en otras virtudes, aunque no fuessen militares, ó que havian hecho algun considerable servicio á la Patria y al Estado.»

13. «Tú, no te detengas en esta question inútil, aunque convendrá que no dexes de apuntarla, para que entiendan que sabes mucho mas de lo que dices; y añadirás luego con despejo y con arrogancia: Ora se consagren los panegýricos pósthumos á las armas, ora se dediquen á las letras, ora se destinen á qualesquiera otras virtudes en que florecieron los claríssimos varones, siempre se deben de justicia estos pósthumos fúnebres y cypressinos elogios á nuestro Domingo Conejo (assí se llamaba el Escrivano, que Dios haya). Si á las armas? míresele continuamente con el cuchillo en la mano,p. 118 tajando plumas, como pudiera Moros, Turcos ó Judíos. Si á las letras? quien formó mas ni con mas airosos rasgos en toda la redonda? Regístrense si no essos inmensos protocolos. Si á las demas heróicas virtudes, que hacen rebentar el clarin de la fama por lo mas ancho de la bocina? señáleseme siquiera una, en que no huviesse sido el non plus ultra nuestro plangibilíssimo Conejo.»

14. — «Hombre de Satanas! replicó Fray Gerundio, lo de las armas y de las letras está aplicado que ni el mismo Florilegista; pero lo de las virtudes, como se puede decir, sin que el Diablo y el auditorio se rian de la mentira? No ves, pecador de mí, que en los apuntamientos del Licenciado Flechilla se dice claritamente, que el Escrivano (Dios le haya perdonado!) era un mal hombre, falsario, embustero, enredador, zizañero, ladron, con sus polvillos de hypócrita?» — «Y en esso te detienes?» le interrumpió Fray Blas con cierto airecito de fisga. «Cada dia me pareces mas cuitado, y temo que has de dar en escrupuloso. Pues, hay mas que bautizar essos vicios con el nombre de virtudes? y cátalo todo compuesto. Di que ninguno le excedió en la condescendencia, que pocos le igualaron en el ingenio, que á nadie concedió ventajas en lo penetrativo, que fué único en la persuasion, y que en órden á defender sus derechos no solo no admitió igual, sino que tocó la raya de nimio. Ves ahí desfigurados sus vicios, y vestidos á la moda en trage de virtudes morales, con lo qual ninguno te podrá hablar una palabra, y aún está á pique que, al acabar la oracion fúnebre, alguna viejecilla simple se encomiende devotamente al Santo Escrivano Conejo.»

15. «Y en fin, quando todo turbio corra, á tí qué te cuesta fingir en el difunto las virtudes que te vinieren mas á pelo, segun los materiales que tuvieres á mano? porque, si no las tuvo, á lo ménos las debió de tener. Piensas tú, que serás el primero que lo hace? Mucho te engañas en esso; hombres he visto yo de mucho pro, que lo practican á cada passo, sin que por esso pierdan casamiento ni nada del respeto que se les debe. Hay en cierta parte del mundo un gremio digno de toda veneracion, donde es costumbre hacer honras y predicar su oracion fúnebre por qualquiera individuo de él, mas que muera de la otra parte del Cabo de Comorin. Ya se ve: pensar que son canonizables todos los miembros de aquel respetable gremio, seria un juício que se passaria de puro piadoso; con todo esso, apénas se oye ó se lee oracion fúnebre de alguno, (porque las mas se imprimen,) que al oyente ó al lector no le dé gana de hacerle una novena con culto privado, siendo assí que tal vez caen las oraciones sobre sugetos que, lo que es en vida, no hicieron milagros. Como se hace esto? Tan lindamente: poniendo el Orador de su casa lo quep. 119 faltó al difunto, y que este le agradezca la buena voluntad.»

16. «Oh Señor! que esso será engañar al público, y con engaño muy perjudicial. Escrúpulos de Fray Gargajo. No sabe todo el mundo, que la primera partida del buen Orador debe ser la que se llama invencion? Esto qué quiere decir? Que el buen Orador ha de inventar lo que alaba, y es claro que, si lo encuentra en el sugeto á quien elogia, no lo inventa él, que lo refiere.»

17. Un poco le dissonó esto á Fray Gerundio, oliéndole á grandíssimo disparate, y assí no se pudo contener sin interrumpirle, diciendo: «Fray Blas, yo pienso que estás un si es no es equivocado y confundes la invencion con la ficcion, cosas entre sí muy distintas y muy distantes. Hago alguna memoria de que, quando el Dómine Zancas-Largas nos explicó esto de la invencion, no nos la dió el sentido que tú la das, y nos dixo que la invencion era aquella virtud, prenda ó gracia intelectual, en fuerza de la qual el Orador, queriendo engrandecer un hecho cierto, buscaba con arte medios, arbitrios ó modos oportunos para amplificarle y para engrandecerle, á los quales modos, arbitrios ó medios llamaba él las fuentes de la invencion: por señas que aún todavía me acuerdo bien de las tales fuentes, porque me costó el aprenderlas un par de vueltas de azotes; y assí decia, que la primera fuente de la invencion era la Historia; la segunda, los Apólogos y las Parábolas; la tercera, los Adagios ó los Refranes; la quarta, los Geroglýficos; la quinta, los Emblemas; la sexta, los Testimonios de los antiguos; la séptima, los Dichos graves y sentenciosos; la octava, las Leyes; la novena, la Sagrada Escritura; la décima, el discurso y el acierto ó la discrecion de lugares. Assí explicaba él esto de la invencion; pero nunca nos dixo, que la invencion del Orador consistia en inventar ó fingir lo que havia de alabar; ántes bien, si no me engaño mucho, nos inculcaba que esso de fingir se reservaba para los Poetas.»

18.[28] No gustó mucho Fray Blas de la tal réplica, ora fuesse porque efectivamente conoció de botones adentro el disparate, ora porque le disgustasse verse replicado por su discípulo; mas, como era fuerte, se empeñó en llevarle adelante y assí le dixo con sobrado sacudimiento: «Válgate el Diantre por tu Dómine Zancas-Largas, que ya me tiene Zanqui-largueados los híjares. Si esse tu Dómine Zancarron te enseñó que el fingir era proprio de los Poetas, tambien debe serlo de los Oradores, por quanto no puede haver buen Orador que no sea Poeta. Assí lo dice Ciceron, aunque no me acuerdo donde; pero basta que yo lo diga, que no ha de ir un hombre con la manga cargada de citas, quando se sale á passear.»

p. 120

19. Calló Fray Gerundio, viendo á su amigo algo amostazado, y este prosiguió diciendo: «Lo dicho, dicho; el alabar á los difuntos, ya sea en oraciones fúnebres, ya en epicedios poéticos cantados en su loor, y fingir las virtudes, prendas y gracias que no tuvieron, no es cosa de ayer acá ni es invencion de modernos. Ahí está uno de tantos Sénecas como andan por essas librerías (pienso que ha de ser el trágico, el qual debió de llamarse assí, porque quizá su Padre se llamaria Tragon): digo que ahí está esse tal Séneca, que introduce á los Poetas de su tiempo llorando la muerte del Emperador Claudio Druso y diciendo de él una máquina de proezas, que jamas le passaron por el pensamiento al bueno del Emperador. Mas que rabies, te he de encaxar, que quieras que no quieras, el hymno que supone compusieron en su alabanza, y solo porque me gustó el sonsonete, parecido al de Iste confessor Domini colentes, le tomé de memoria. Dice pues assí

Fundite fletus, edite planctus,
Fingite luctus, resonet tristi
Clamore forum:
Cecidit pulchre cordatus homo,
Quo non alius fuit in toto
Fortior orbe.
Ille citato vincere cursu
Poterat celeres, ille rebelles
Fundere Parthos,
Levibusque sequi Persida telis
Certaque manu
Tendere nervum,
Qui præcipites vulnere parvo
Figeret hostes, pictaque Medi
Terga fugacis.
Ille Britannos ultraque noti
Littora Ponti et cæruleos
Scuta Brigantas
Dare Romuleis colla catenis
Jussit, et ipsum nova Romanæ
Jura securis, temere Oceanum etc.»
20. «No quiero cargos de conciencia y soy hombre sincero: confiéssote que este era demasiado latin para mi gramática, y que no le entendí sino muy en monton y assí, como dicen, á media rienda. Pero me deparó Dios un Lector de nuestra Orden, que por mas de tres años havia sido Rey en el general de mayores de Villagarcía, el qual me declaró su contenido, y parece ser que en el tal hymno se alaba al Emperador Claudio de haver sido hombre muy prudente, de grandesp. 121 fuerzas, de suma celeridad, y de tanto valor que sugetó á los Persas, rindió á los Medos, subyugó á los Britanos, extendió los límites del Imperio Romano de la otra parte del Ponto, y obligó hasta al mismo Océano á que obedeciesse sus leyes. Esto dice el hymno. Mas qué huvo de todo esto? Nada en conclusion; porque yo leí en un libro viejo sin principio ni fin, pero de grande autoridad, que el Emperador Claudio fué un estúpido, tanto que su misma Madre Antonia, quando queria ponderar la simpleza de alguno, decia: Es tan fatuo como mi hijo Claudio. En todo su imperio no hizo cosa de provecho, sino comer, beber y tratar con la gente mas vil y mas despreciable. Es cierto, que su hijo Británico triumphó de los Britanos, porque los cogió desprevenidos, y acabáronse todas sus hazañas. Casóse quatro veces, y se huviera casado quatrocientas, si su sobrina y quarta muger Agripina no huviera tenido vocacion de enviudar ántes de tiempo, quitándole la vida con veneno. Adoptó á Neron, hijastro suyo, sin hacer caso de Británico su hijo, y á esto se reduxeron sus proezas. Con todo esso, el Poeta hizo bellíssimamente en fingir todas aquellas prendas, que le parecieron proprias de un grande Emperador, y celebrarle por ellas, mas que nunca las huviera tenido, que essa no fué culpa del panegyrista, y nadie le quitó que las tuviesse. Pues, qué razon havrá divina ni humana, para que tú no hagas lo mismo con el Escrivano Conejo?»

21. — «Tus argumentos son tales, respondió Fray Gerundio, que no los desatará una Universidad toda entera en cuerpo y en alma. No admiten réplica, y assí no solo me conformaré á ciegas con tu dictámen, sino que en este punto me ocurre un modo muy fácil de predicar mil sermones de honras á mil Escrivanos muertos, que cayessen en mis manos.» — «Como assí?» le preguntó Fray Blas.

CAPITULO III.
Interrumpe la conversacion un huésped inopinado, que se aparece de repente; vuelven á atar el hilo, con todo lo demas que irá saliendo.

1. Iba á responderle Fray Gerundio, quando al revolver el cercado de una viña, por donde atravesaba una senda que guiaba á Tras de Conejo, famoso sitio del monte de Valderas, se apareció un mocito como de veinte y cinco años, con todo el aparato de cazador crudo: redecilla con borla á mediop. 122 casquete, tupé asomado con sus dos caídas de bucles, chambergo y cinta de plata y oro con su lazo ó roseta entre si trepa ó no trepa á la copa del chambergo, capotillo de grana hasta la cintura, chupa verde bien cumplida de faldillas, calzon de ante fino, ajustado á la perfeccion, asomada por la faltriquera, hasta bien entrado el muslo, una cinta de oro con sello y llavecita de relox, botines de lienzo listoneado de azul, que ni pintados, y sus zapatillas blancas; escopeta, bolsas, dos podencos, y quatro perdices que llevaba en una red de hilo harto bien texida, pendiente de un cordon de seda, que á manera de banda le cruzaba desde el hombro derecho hasta el híjar izquierdo: esso se supone.

2. Era un Colegial trilingüe de la Universidad de Salamanca, bien dispuesto, despejado, hábil, de humor festivo y retozon, aunque algo vivo, osado y quisquilloso; mas que medianamente instruído en letras humanas y sobre todo en la Rhetórica, á cuya cáthedra era opositor y aún havia leído ya una vez á ella. Llamábase Don Casimiro y estaba de recreacion en Valderas, donde tenia casada una hermana muy de su cariño, y al cuñado no le havia faltado un tris para ser Corregidor de Villalobos. Aquella tarde havia salido á caza y, fatigado de la sed, iba por mas pronto recurso á Campazas á echar un trago de agua de bodega, quando al revolver del cercado se encontró con nuestros dos Frayles. Conocia á Fray Blas, porque este, bien ó mal, havia cursado en Salamanca, aunque Don Casimiro era niño gramático y Fray Blas ya era Padre colegial; assí se llaman á aquellos Theólogos de reata, que van en requa á escuelas mayores y menores.

3. Apénas se vieron los dos, quando recíprocamente se conocieron; y es que Fray Blas nada se havia mudado, porque tan calzado era de barbas y tan cerrado de mollera quando Colegial, como quando Predicador mayor de su Convento, atento á que, quando tomó el santo hábito, era ya bastantemente entrado en mozancon. Por lo que toca á Don Casimiro, es cierto que, aunque havia crecido mucho y era hombre que ya se afeitaba á menudo, pero conservaba todavía el aire, las facciones de la cara y cierta viveza de ojos, que le agraciaban mucho quando niño. Diéronse un estrecho abrazo, y despues de aquellos efectos regulares de alegría y de aquel monton de especies antiguas, que tocan de tropel dos conocidos en estos encuentros casuales, despues de haverse santiguado los dos media docena de veces con aquello de Válgame Dios! qué encuentro! Quien me lo dixera! Quien lo pensara! sin omitir Fray Blas lo otro de Jesus, y qué crecido, y qué espigado, y qué hombre, y qué galan! Venga otro abrazo, etc., le tomaron en medio los dos Frayles. El Predicador enp. 123 breves palabras dió razon á Don Casimiro de quien era Fray Gerundio, de sus prendas, de sus talentos, del sermon que acababa de predicar, de los aplausos que havia merecido, del sermon de honras que le havian encargado, y, en fin, de toda la conversacion que havian tenido los dos desde la salida del lugar hasta el mismo punto del dichoso encuentro inclusivamente.

4. Hizo Don Casimiro un cumplido muy cortesano á Fray Gerundio, y, haviéndole correspondido este con las voces que le deparó su bondad, su crianza y su cosecha, prosiguió immediatamente sin detenerse: «Pues, Señor Don Ramiro…» — «Casimiro, le interrumpió el Colegial, para servir á Vuesandíssima.» — «Perdone vuestra Merced, continuó Fray Gerundio, que, quando le nombró mi amigo el Padre Predicador, estaba yo un tantico embobado, y solo pude advertir que su gracia de vuestra Merced era un nombre acabado en iro. Pues, Señor Don Casimiro, lo que yo iba á decir á Fray Blas, quando nuestra buena suerte nos deparó la honrada vista de vuestra Merced, era que se me havia ofrecido un medio estupendíssimo para predicar, aunque fuessen mil sermones de honras á todos los Escrivanos que está comiendo la tierra. Este es el ir discurriendo en mi sermon por todas y por cada una de las diez fuentes, que llaman los Rhetóricos de la invencion.»

5. — «Essa es mi comidilla, interrumpió el Colegial, y toca Usandíssima un assunto, en que puedo decir algo con ménos desacierto, porque al fin essa es mi facultad. Si las fuentes de la invencion son diez precisamente, si son ménos ó son mas, es punto muy questionable, y no ignora Usandíssima quanto le controvierten los Autores. Ciceron, en lo de Inventione, señaló algunas mas. Nuestro Quintiliano, en sus Instituciones oratorias, las reduxo á ménos, y Casio Longino, en su Tratado de lo sublime, que leí traducido del griego en francés por Monsieur Boileau, dice, á mi ver con mayor acierto, que no se puede señalar número fixo á estas fuentes de la invencion, porque serán mas ó ménos, segun fuere mayor ó menor la fecundidad y fuerza imaginativa del Orador. Pero no hay que detenernos en lo que no es del dia: importa poco que las fuentes sean diez ó sean diez mil; lo cierto es, que con solas diez fuentes en qualquier assunto se puede juntar un caudal oratorio tan copioso, que forme un rio navegable de eloquencia. Y quales son essas diez fuentes donde Vuesandíssima piensa hacer aguada para navegar felizmente por el proceloso mar de su fúnebre parentacion?»

6. — «Con licencia de vuestra Merced, respondió Fray Gerundio, el Escrivano á cuyas honras he de predicar no era pariente mio.» — «Pues, digo yo por ventura que lo fuesse?»p. 124 replicó el Colegial. — «Es que, como vuestra Merced dixo esso de emparentacion, prosiguió Fray Gerundio, creí que me emparentaba con él.» Sin mas exámen conoció Don Casimiro la pobreza del Frayle con quien trataba; pero dissimuló quanto pudo, y ya con algun mayor conocimiento del terreno respondió: «Vuesandíssima ha padecido equivocacion, nacida sin duda de alguna distraccion involuntaria; yo no dixe emparentacion, sino parentacion.» — «Pues, qué mas da uno que otro?» replicó Fray Gerundio. — «Paréceme, respondió el vellacuelo del Colegial, que Vuesandíssima tiene gana de zumbarse y que á mi costa quiere divertir la tarde. Un hombre como Vuesandíssima, que tiene noticia de la invencion y de sus fuentes, no puede ignorar que Ciceron llama parentar á los difuntos el hacer honras por ellos, y que de aquí se dice parentacion todo lo que se consagra á su memoria, ya sean ofrendas, ya elogios, ya oraciones ó sermones.» Como Fray Gerundio se vió tratar con tanto respeto, pues en realidad era la primera vez que havia recivido esse tratamiento, y no dexaba de admitirle con gusto y con entonacion, aunque quedó un poco corridillo de que le huviessen cogido en aquel punto, resolvió dissimular por no perder el concepto, y assí dixo como sonriéndose: «Ya, ya lo sabia yo, pero quise hacer del bobo, solo por el gusto de oir á Usted.» — «Pues otra vez, replicó el fisgon del Colegial, no lo haga Vuesandíssima con tanta naturalidad, porque casi me lo hizo creer. Pero, volviendo á nuestro propósito, qual es la primera fuente de la invencion que señala el Autor de Vuesandíssima?»

7. — «La Historia,» respondió Fray Gerundio. — «Tambien Quintiliano, prosiguió Don Casimiro, señala essa por la primera fuente. No sé si me acordaré de sus palabras, porque ya ha algunos años que las encomendé á la memoria; hagamos la experiencia: In primis vero (pienso que ha de decir) abundare debet orator exemplorum copia, cum veterum tum etiam novorum; adeo ut non ea modo, quæ conscripta sunt historiis aut sermonibus, veluti per manus tradita, quæque quotidie aguntur debeat nosse, verum ne ea quidem, quæ a clarioribus poetis ficta sunt, negligere. De suerte que Quintiliano desea en todo perfecto Orador no solo una noticia comprehensiva de la historia, de la tradicion y aún de los sucesos particulares que acaecen en su tiempo, sino que no debe despreciar aún las ficciones y las fábulas de los Poetas mas ilustres y mas clássicos; porque todo sirve para exornar lo que dice con exemplos antiguos y modernos.»

8. — «Veslo, Fray Gerundio, veslo? interrumpió á esta sazon Fray Blas, lleno de gozo y dándole una palmadita en el hombro izquierdo; mira como Quintiliano aprueba lo de las fábulas en los sermones y en las oraciones, segun el textop. 125 literal y terminante, que con tanta puntualidad acaba de citar y referir el Señor Don Casimiro. Y qué? te parece que el Señor Don Casimiro es rana? Pues sábete, que será muy presto tan Cathedrático de Rhetórica en la Universidad de Salamanca, como tú eres Predicador sabatino y como yo soy Predicador mayor de la casa. Di ahora á todos los Magistrales del mundo y á quantos Maestros Fray Prudencios puedan tener las Religiones mendicantes, monachales y clericales, que se vengan á contrarestar á Quintiliano.»

9. — «Poco á poco, reverendíssimo Fray Blas,» atajó Don Casimiro. «Quintiliano instruye á un Orador profano, y no á un Orador sagrado. Da reglas para los que han de hablar en las Academias, arengar á los Magistrados, hacer representaciones á los Príncipes, perorar en los Gabinetes y defender ó alegar en los Tribunales; no se mete con los que han de enseñar, persuadir y convencer al pueblo desde los púlpitos. Es cierto, que unos y otros pueden y deben usar de la Historia con moderacion, con oportunidad y con templanza; pero de la ficcion y de la fábula solamente podrán valerse con mucho tiento y con grande economía los primeros. Assí lo da á entender el mismo Quintiliano, y si no, repare Vuesandíssima el miramiento con que se explicó: ne ea quidem, quæ a clarioribus poetis ficta sunt, negligere. No dice, que hagan estudio de las ficciones y de las fábulas, sino que no las desprecien, que no las olviden del todo. Si Quintiliano quiere, que aún en las oraciones profanas se practique tanta circunspeccion en el uso de la fábula, quanto condenaria que se gastasse, digámoslo assí, á pasto en las oraciones sagradas, que él no conoció, porque tuvo la desgracia de morir en el Paganismo? Pero dexando á un lado esto, que no es de mi profession, dígame vuestra Merced, Padre Fray Gerundio, como ha de usar Usendíssima de la Historia para el sermon del Escrivano?»

10. — «Como? Tan lindamente,» respondió Fray Gerundio. «Lo primero voime derechicamente á las Concordancias á buscar la palabra Scriba, y, leyendo despues todo lo que se dice en la Biblia de los Escrivas, se lo aplico ajustaditamente á mi Escrivano. Despues voy á consultar en un Thesauro lo que hay en latin por Escrivano, que á fé de hombre de bien que no lo sé; porque no está obligado ninguno, aunque sea el mayor Latino de todo el Universo, á saber como se llaman en latin todas las cosas.» — «No se canse Vuesandíssima en buscarlo, dixo el Colegial, que yo se lo diré: Escrivano y Notario en latin se dice Tabularius y tambien Tabellio, como quieren otros.» — «Lindamente, continuó Fray Gerundio; busco pues la palabra Tabellio ó Tabularius en el Theatrum vitæ humanæ de Beyerlink, y allí encontrarép. 126 todo quanto pueda desear sobre el tiempo, orígen, progressos, variedad de fortunas, con otras mil curiosidades tocantes al oficio de Escrivano, desde su fundacion hasta el tiempo en que escrivió su Theatro el devoto y pio Lorenzo Beyerlink, Arcediano de Ambéres; si allí no encuentro esta palabra, que es muy possible, infaliblemente la he de hallar en el Calepino de Ambrosio, aumentado por Passeracio.»

11. — «Tenga Usendíssima, interrumpió el Colegial, y déme su permisso para hacer una pregunta: qué entiende Usendíssima por el Calepino de Ambrosio? porque esse modo de citarle se me representa una cosa muy parecida á la carabina de Ambrosio.» — «Cierto, Señor Colegial, que es muy honda la pregunta,» respondió Fray Gerundio, no sin hacer un gesto desdeñoso. «Qualquiera niño gramático podrá satisfacerla, pues saben hasta los menoristas que Calepino es una palabra griega, hebréa ó moscovita, que en esso no me meto, la qual significa lo mismo que Diccionario ó Vocabulario, en que, siguiendo el alphabeto, se va discurriendo por todas las palabras latinas, y se dice lo que significan en romance.» — «Tras de essa respuesta iba yo, Padre reverendíssimo, replicó el Colegial en tono sacudido, y no extraño que los niños gramáticos ignoren lo que significa Calepino, quando los reverendíssimos Padres Predicadores sabatinos no lo saben. Calepino no es voz griega, hebréa, arábiga ni úngara, sino puramente italiana; tampoco es título de la obra, sino nombre patronýmico de la patria del Autor. Este fué Fray Ambrosio Calepino, del Orden de San Agustin, llamado assí porque fué natural de Calepio en Italia; ni mas ni ménos como San Nicolas de Tolentino y Santo Thomas de Villanueva, Religiosos de la misma Orden, se llamaron assí, porque el uno, aunque era natural del lugar de Sant-Angel, cerca de Fermo en la Marca de Ancona, vivió treinta años en Tolentino, ciudad episcopal de la misma Marca, donde murió; y de esta larga residencia en dicha ciudad tomó el nombre. El otro le tomó de Villanueva de los Infantes, donde se crió, aunque havia nacido en Fuentillana, pueblo reducido que dista tres quartos de legua de aquella villa. Pues ahora, si uno citasse los sermones de Santo Thomas de Villanueva, diciendo: assí se lee en Villanueva de Santo Thomas, no seria cosa ridícula? Pues tan ridículo es, si no lo es mas, citar á secas y sin llover el Calepino de Ambrosio, como si su Autor huviesse puesto al diccionario el título de Calepino. Y ve aquí Vuesandíssima, como la pregunta tenia mas hondon de el que parecia. Ahora passe Usendíssima adelante; que esta no ha sido mas que una breve digression.»

12. Algo descalabradillo quedó Fray Gerundio de la refriega calepinal y, curándose lo mejor que pudo, prosiguió diciendo:p. 127 «Informado una vez de todo lo que trae el Calepino ó el Diccionario de Passeracio (que no hemos de reparar en quisquillas,) acerca de Escrivanos, tengo ya una buena provision de noticias antiguas para exornar mi sermon. No dexo de conocer que me hace falta un poco de erudicion moderna; pero donde la encontraré? ni quien pudo soñar jamas en escrivir la Historia de los Escrivanos?» — «Sossiéguese Usendíssima, interrumpió el Colegial; que no es esso tan impossible como le parece. Si hay Historia completa, y no mal escrita, por Juan Bautista Tiers, de las Pelucas y de los Peluqueros, por qué no la podrá haver de los Escrivanos? Y si los Libreros y Enquadernadores, Copistas y Amanuenses tienen su Historia, harto bien trabajada por Christiano Schoettgen, qué razon havrá divina y humana para que los Escrivanos no puedan tener la suya? En verdad que no estuvo muy léjos de escrivirla Juan Miguel Henecio, en su obra de á folio que intituló de veteribus Germanorum et aliarum nationum signis, de las rúbricas ó signos que usaban antiguamente los Alemanes y otras naciones para autenticar sus cartas y sus instrumentos públicos. Ni el Padre Reinerio Carsughio, que en verso didascálico enseñó el arte de escrivir bien, esto es, con hermosura, con igualdad y con limpieza, dexaria de padecer sus tentaciones de escrivir la Historia de los Escrivanos. En fin, Padre reverendíssimo, yo no puedo dar á Usendíssima noticia cierta de alguna Historia de estos, porque no la tengo; pero tanto como de la Historia de los Secretarios de Estado, con sus elogios, armas, blasones y genealogías, ahí está la del Señor Fauvelet Du-Toc, que corre con acceptacion.»

13. — «Hombre de los Demonios! exclamó á esta sazon Fray Blas, esse es un thesoro! Historia de los Secretarios de Estado! Ahí es un grano de anis el librecito! Cosa mas adequada al intento era impossible hallarla; porque el Escrivano Conejo todo lo tenia, puesto que lo primero era Secretario, y lo segundo de Estado, por estar casado in facie Ecclesiæ con la Señora Mari-Beltrana-Pichon, por otro nombre la Roma, que hoy es su viuda, y lo sea su merced por muchos años.»

14. — «Reverendíssimo, Reverendíssimo, dixo entónces Don Casimiro, cogiendo del brazo á Fray Blas, tenga por Dios, no se precipite. Un tropezon ha dado Usendíssima, que no sé como no se ha deshecho todas las narices. Secretario de Estado no es esso ni sueña en serlo, y confundir los Secretarios de Estado con los Escrivanos reales, numerarios ó de ayuntamiento, de las ciudades, villas y lugares, es un despropósito que solo la innocencia puede excusarle de grandíssimo desacato. Secretarios de Estado y del Despacho universal son aquellos Ministros superiores, que despachanp. 128 immediatamente con los Reyes, forman los decretos, autorizan los tratados y expiden las órdenes á su real nombre. Llámanse de Estado, porque solo tratan immediatamente con el Príncipe aquellas materias que pertenecen á él, ya sean políticas, ya militares, ya de marina, ya de gracia y justicia, y ya tambien de la real hacienda. No son Escrivanos, oficio imponderablemente inferior á su elevado empléo, y darles este nombre seria una insolencia digna del mayor castigo, si no la disculpara la ignorancia. Los otros Escrivanos públicos, autorizados por el Consejo para servir al comun, aunque es oficio muy honrado y le exercitan muchos hombres de bien, están mucho mas abaxo, y no sé yo de qué pueda servir la Historia de los Secretarios de Estado para las honras de un Escrivano real.»

15. — «Señor Don Casimiro, repuso muy sereno el Padre Fray Blas, como en mi Religion no se leen gacetas, no estamos duchos en essas materias tan altas; mi intencion no fué ofender á nadie: haviendo oído toda mi vida llamar Secretarios á los Escrivanos, y Escrivanos á los Secretarios, creí que era lo mismo uno que otro, y harto será que no lo huviesse errado el otro dia, que se me ofreció escrivir una carta al Secretario de cierto Señor Obispo, y puse en el sobrescrito: A Don Fulano de Tal, Escrivano del Señor Obispo de tal parte. Pero la carta ya está en el corréo, y, si el Secretario se riere, esse buen rato mas tendrá; sobre todo, el Auditorio, á quien ha de predicar el Padre Fray Gerundio, tanto sabe de Secretarios de Estado como yo; con que, en hablándole de Secretarios, sean lo que fueren, para él todo será á un precio, y yo le fio que no ha de ir á examinar si viene ó no viene á cuento la noticia.»

16. — «Esse ya es otro cantar, dixo Don Casimiro, y no me toca á mí, que huyo de meter la hoz en mies agena. Assí pues, prosiguiendo adelante en nuestro assunto, dígame Usendíssima, Padre Fray Gerundio, qual es la segunda fuente de la invencion, que señala el Autor de Usendíssima?»

17. — «Apologi et Parabolæ, respondió Fray Gerundio, los Apólogos y las Parábolas.» — «Pero, qué entiende Usendíssima por Parábolas y por Apólogos?» replicó el Colegial. — «Por lo que toca á los Apólogos, confiesso, respondió Fray Gerundio, que todavía no he podido formar concepto claro de lo que son; mas en quanto á las Parábolas, aunque tampoco sé definirlas con precision, pero ya las concibo con claridad, por las Parábolas que se leen en el Evangelio, de la viña, de la higuera, de los talentos, y otras.»

18. — «Pues, mire Usendíssima, continuó Don Casimiro, Apólogo y Parábola, Parábola y Apólogo allá se van en su significado, pues uno y otro quieren decir una semejanza óp. 129 una comparacion fundada en una cosa que se finge, verosímil ó inverosímil, para sacar de ella una sentencia ó una moralidad cierta y verdadera, como quando Menenio Agripa se valió de la Parábola ó del Apólogo del cuerpo humano para sossegar al Pueblo Romano que, amotinado contra el Senado, se havia retirado al Monte Aventino, y Menenio con su Apólogo le reduxo otra vez á la obediencia de los Padres conscriptos. El uso de las Parábolas, aún en los assuntos mas serios y mas sagrados, basta verle canonizado por el exemplo del mismo Christo para que todos le veneremos. Muchos Santos Padres le practicaron con felicidad, y sabemos que San Gregorio Nazianceno desterró la vanidad del Presidente Celusio con el gracioso Apólogo de las golondrinas y los cysnes. Mas en mi dictámen se ha de tener siempre muy presente la juiciosa regla, que da el Padre Nicolas Causino en su eruditíssima obra de Eloquentia sacra et profana, libro 4º, capítulo 4º, por estas palabras:»

19. «Observandum autem erit in his apologis, ne nimis sint crebri, ne dictione nimis faceta et quæ ad scurrilitatem accedat pertexantur: denique ut personam, ut locum, ut rem deceant: deben usarse los Apólogos con moderacion, con economía, y no con demasiada frequencia; las voces para explicarlos, aunque pueden ser algo festivas, nunca han de picar en graciosas ó en chocarreras, porque entónces se convertiria en bufon ó en truhan el Orador. Finalmente, los Apólogos se han de proporcionar á toda la decencia que pide el assunto, el lugar y la persona. Ni para disculpar la frequencia de los Apólogos sirve el exemplo de Christo, que en sus sermones solia encadenar Parábolas con Parábolas; porque el Salvador predicaba á los Asiáticos, y ya se sabe que esse es el gusto de los Orientales, á cuyo genio se acomodaba el divino Predicador. Todo esto es cierto; pero tambien lo es que, aunque los Apólogos practicados con estas reglas pueden ser muy útiles en un assunto moral, doctrinal ó de enseñanza, no sé yo como podrá Usendíssima acomodarlos al sermon de honras de un Escrivano.»

20. — «En este mismo punto, saltó entónces Fray Blas, se me está á mí ofreciendo uno que, si Fray Gerundio sabe bornearle, ha de venir á su sermon que ni aunque le huvieran cortado para él, y no es ménos que de el mismíssimo Demósthenes.» — «Y qual es, Padre Reverendíssimo?» preguntó el Colegial. — «Qual?» respondió Fray Blas. «El de aquel caminante, que alquiló un burro en dos reales por dia para cierto viage en el rigor del mes de Agosto, y, como todas las mañanas hácia las diez le calentasse el sol demasiadamente, él se apeaba y se tendia á la sombra del burro. Calló el dueño de el jumento, y, al tiempo de ajustar la cuenta, elp. 130 que se le havia alquilado le dió doce reales por seis dias de viage. Faltan otros doce, dixo el alquilador. — Pues como? replicó el caminante. Seis dias de jornada, á razon de dos reales cada dia, son doce cabales. — Sí Señor, respondió el alquilador, pero faltan otros doce por la sombra del burro, puesto que el ajuste fué solo por el burro, y no por la sombra.»

21. — «El Apólogo es gracioso, dixo el Colegial, y con efecto me acuerdo de haverle leído en Plutarco, atribuyéndosele á Demósthenes, quien con esta chanza despabiló la atencion del auditorio, que estaba un poco distrahido. Pero no veo, como el Padre Fray Gerundio le pueda aplicar á su Escrivano.» — «Esso, de los cielos! respondió Fray Blas: tiene mas que ponderar el desinterés y la limpieza del Escrivano Conejo, y decir que siempre perdonaba algo de sus derechos? Porque, aunque cargaba, como era razon, el coste del papel, de las plumas y de la tinta, sin olvidarse de prevenir al litigante que echasse sobre la mesa dos pesetas mas para el escriviente, con todo esso, no obstante de que cortaba muy á menudo las plumas, nunca cargó ni un maravedí por la navaja; y aquí entra el Apólogo del burro y de la sombra, que ni aunque le huvieran mandado fabricar de molde.»

22. Sonrióse Don Casimiro, y continuando en sus preguntas dixo á Fray Gerundio: «Segun el Autor de Usendíssima, qual es la tercera fuente de la invencion?» — «Los Adagios,» respondió sin detenerse. — «Es fuente muy copiosa, prosiguió el Colegial; pero Usendíssima qué entiende por Adagios?» — «Qué he de entender? respondió Fray Gerundio; lo que qualquiera vieja de mi lugar. Adagios y refranes son una misma cosa.» — «Pues qué? preguntó Don Casimiro, los refranes pueden hacerse lugar en algun género de sermones?»

23. — «Ahora salimos con esso! respondió Fray Gerundio. Y como que pueden y deben hacerse lugar, y mucho lugar en ellos! No hay cosa que mas los adorne, que mas los agracie ni que mas embelese. Yo tengo algunos apuntamientos de varios Adagios que he oído y leído en algunos sermones, los quales verdaderamente me han suspendido, y pienso aprovecharme de ellos siempre que me venga á pelo. Donde hay, verbi-gracia, introduccion mas magnífica para un sermon de honras que la de un Religioso grave, en el que predicó á las de un Maestro de su Orden, que se llamaba Fray Eustaquio Cuchillada y Grande, quando dió principio á su oracion fúnebre diciendo: Al Maestro, cuchillada, y grande? Refran y equívoco que desde luego captó no solo la admiracion, sino el pasmo de todo el auditorio. Hoy es el dia en que yo no acabo de aturdirme de tan bella introduccion. Pues qué! aquel divino assunto del sermon de honras, que predicó unp. 131 famosíssimo Orador en las exequias de Don Antonio Campillo, Párrocho que fué de cierta Iglesia, en cuyo campanario havia fabricado á su costa una bella aguja! Fué pues el assunto: El sastre del Campillo, que puso la aguja y el hilo. Esto es ingenio, y lo demas parla, parla. Y el otro que, predicando el sermon del demonio mudo en tiempo de Quaresma, assistiendo el Santo Tribunal, dió principio con este oportuníssimo refran: Con el Rey y con la Inquisicion, chiton; añadiendo que por esso era mudo el demonio, de que se hablaba en el Evangelio, porque estaba delante de la Inquisicion. Parécele á vuestra Merced, que no podria predicar, aunque fuesse delante del mismo Papa? Bastan estos exemplares, y estoy pronto á dar á vuestra Merced aunque sea un ciento de ellos, para que vea si los refranes se pueden hacer lugar en los sermones.»

24. — «Yo, Padre reverendíssimo, replicó el Colegial, tengo pocas barbas para meterme en assuntos tan hondos, y mas no siendo de mi profession, que se reduce á la latinidad, rhetórica y bellas letras, ó letras humanas por otro nombre. Sin embargo, como en Salamanca se trata casi por precision con tantos hombres grandes, asseguro á Usendíssima haver oído mas de una vez á varios Padres Maestros doctíssimos de todas las Religiones censurar mucho á los Predicadores, que usaban de essos refranes populares y chabacanos en sus sermones. Los mas templados decian, que era una insulsíssima puerilidad, otros se adelantaban á calificarla de insigne mentecatez, y aún no faltaron algunos que la llamaron frenesí, locura, profanacion del púlpito, y otras cosas á este tenor. Yo refiero, no califico. Lo que á mí me toca por mi profession, es assegurar á vuestra Reverendíssima que jamas entendí, leí ni oí, que otros entendiessen por el nombre de Adagios, en quanto fuente de la invencion oratoria ó rhetórica, lo que entiende vuestra Reverendíssima, esto es los refranes populares.» — «Pues, qué se entiende por Adagios?» replicó Fray Gerundio. — «Voylo á decir,» respondió Don Casimiro.

25. «Adagio ó proverbio, (que todo es uno,) dice Synesio, es una sentencia grave, digna, hermosa y comprendida en pocas palabras, sacada como del sagrado depósito de la philosophía moral: Proverbium est sermo dignitatem habens et tamquam sacrario Philosophiæ, unde antiquitatem traxit, depromptum; ex quo gravi est pulchroque aspectu. Por esso llamó Aristóteles á los proverbios preciosas reliquias de la venerable antigüedad, preservadas en la memoria de los hombres de la lastimosa ruína que padeció la verdadera philosophía, debiendo esta preservacion á su misma brevedad, destreza y elegancia: Cum proverbia dicat Aristoteles esse veteris Phip. 132losophiæ, inter maximas hominum ruinas intercidentis, quasdam reliquias, ob dignitatem dexteritatemque servatas. Si no me engaño mucho, á esto se reducen los proverbios de Salomon, que distan infinitamente de ser refranes, siendo una coleccion de sentencias inspiradas, verdaderamente divinas, enderezadas todas á gobernar nuestras acciones por las reglas de una perfectíssima conducta christiana, política y racional.»

26. «Muchos Philósophos graves entre los antiguos se dedicaron á este género de sentenciarios, adagios ó proverbios: Chrysippo, Cleanthes, Theeteto, Aristídes, Aristóphanes, Esquilo, Milon, Aristarco, y otros, cuyas obras perecieron. Las mas célebres que nos han quedado de esta classe son las de Zenobio, Diogeniano y Suidas, de las quales sacó Erasmo de Roterdam todo lo que compuso acerca de los adagios griegos. Esto es, Padre Reverendíssimo, lo que yo entendia hasta aquí por el nombre de Adagios: estos los que me parecian muy oportunos para exornar una oracion, tratados con parsimonia. Pero, pues vuestra Reverendíssima entiende otra cosa, no nos paremos, y vamos adelante.»

CAPITULO IV.
Olvídasele la sed á Don Casimiro; llegan á Campazas sin saber cómo; quédase allí el Colegial aquella noche, y se evacúa el punto que se tocó y no se prometió en el capítulo passado.

1. A la quarta pregunta que iba á hacer Don Casimiro, hallaron todos, no sin assombro, que estaban á la puerta trasera, esto es, á la puerta del corral de la casa de Anton Zotes; y es que lo divertido de la conversacion los havia embelesado de manera, que pian piano y, como dicen, sin sentir havian andado una buena media legua de camino, con sus paradas y todo. Lo mas gracioso fué que, quando llegaron al lugar, Don Casimiro no se acordó de que tenia gana de beber, y, como ya se havia puesto el sol, sin hacer mencion de agua ni de vino, quiso volverse á Valderas; pero, como tenia que andar una legua muy larga, como iba ya á anochecer, y como era hombre de una conversacion tan divertida, no obstante los tajos y reveses que con tanta urbanidad, bellaquería y dissimulo descargaba de quando en quando sobre los dos Frayles, ambos le hicieron tantas instancias para que se quedasse aquella noche, que al cabo le reduxeron, baxo la precisa condicion de que se despachasse luego un criado á Valderas, para que estup. 133viessen sin cuidado su hermana y su cuñado el casi Corregidor de Villalobos.

2. Consta, no obstante, por un manuscrito authéntico y curioso, que quien finalmente acabó de determinarle fué la Tia Catanla, la qual abria la puerta trasera para que entrassen los cerdos, puntualmente quando estaban los tres altercando, uno sobre que se havia de volver, y los dos sobre que se havia de quedar. Quando ella vió un mocito tan galan, tan majo y tan bien agestado, que venia con su hijo y que le trataba al parecer con amistad y confianza, como era muger tan bondadosa, luego le cobró cariño y, acercándose mas á los tres, preguntó sanamente á Fray Gerundio: «Quien es este Señor tan lindo? bendígale Dios.» — «Señora, respondió el Colegial sin dar lugar á que otro respondiesse: soy un servidor de vuestra Merced;» y en pocas palabras la declaró quien era, el encuentro casual que havia tenido, la precision de volverse, y la dicha que lograba en no hacerlo sin rendir todo su respeto á su obediencia. No se cortó la boníssima Catanla, porque era muger serena; ántes bien, haciéndole una reverencia á la usanza del país, (esto es, encorvando un poco las piernas y baxando horizontalmente el volúmen posterior hácia el suelo,) le encaxó seguidamente toda la retahila de Cámpos: «Viva Usté mil años; para servir á Usté; lo estimo mucho; güenos todos, á Dios gracias; viva Usté mil años; y por allá están todos güenos? Viva Usté mil años.» Y añadió luego: «Pero esso de golverse Usté hoy, ni por pienso: el hijo de mis entrañas! y quien l’ avia dexar golver á boca de noche? A pique que le comieran los lobos! Mal ajo para ellos; quatro ovejas me comieron la noche que perdicó el m’ hijo Gerundio; mal provecho les haga. No Señor: ya que tengo la fortuna de que su Mercé venga á mi casa, esta noche ha de hacer penitencia. Unos güevos frescos puestos d’ hoy no faltarán. Para qué quiero yo las gallinas sino para estas ucasiones? Palominos siempre los hay en casa (gracias á Dios), que el mi Anton tiene un palomar muy aventajado, assí no fuera por las garduñas; malditas ellas, y qué descomulgadas que son! Un salpicon de vaca, cebolla y güevos duros le sé yo componer, que le puede comer el mismo Rey. Una cama con sábanas brancas como un oro, la hay por la misericordia de Dios. Ella no será como su Mercé merece; pero por fin y por postre sirvió para mi primo el Magistral de Leon, que mañana será Obispo.» Y diciendo y haciendo, fué y le quitó la escopeta con una bondad y con una sanidad de corazon, que al Colegial le dexó prendado; y con efecto se determinó á dormir aquella noche en Campazas, previniendo lo del recado á Valderas.

3. Anton Zotes le recivió ni mas ni ménos como su muger,p. 134 porque no era ménos agasajador que ella; y, despues de aquellos cumplidos regulares, hechos por parte de Don Casimiro con despejo y con desembarazo de colegio, y correspondidos por parte de los de la casa á la buena de Dios, segun el ceremonial campesino, Anton se fué á cuidar de los mozos y á dar las órdenes sobre lo que havian de trabajar el dia siguiente, Catanla á disponer la cena, las criadas á hacer las camas; y, quedando los tres solos en una sala baxa, conviene á saber, Fray Blas, Fray Gerundio y el Colegial, «prosigamos, dixo este, con nuestra conversacion, y sírvase Vuesandíssima decirme, qual es la quarta fuente de la invencion, que le enseñó su Maestro.»

4. — «Los geroglýphicos y los emblemas,» respondió Fray Gerundio. — «Algunos, continuó el Colegial, de essa fuente hacen dos, por la diferencia que hay entre emblemas y geroglýphicos; pero es tan corta, que me inclino á que lo aciertan los que la reducen á una sola. Vuestra Reverendíssima sabrá mucho mejor que yo la diferencia que hay entre geroglýphicos y emblemas.» — «Yo nunca la he conocido ni me he parado á examinarla,» respondió Fray Gerundio. «Para mí las emblemas de Alciato y los geroglýphicos de Picinelo, que son los únicos de que tengo alguna noticia, solo se distinguen en que un libro es mas pequeño y otro es mas grande.» — «Ya está conocido, replicó el Colegial, que Usendíssima por su modestia quiere encubrir lo que sabe, y tomar de ahí ocasion para examinarme acerca de lo poco que yo he estudiado: complaceré á Usendíssima.»

5. «Los geroglýphicos son una explicacion mysteriosa, figurada y muda, de lo que se quiere dar á entender, por medio de alguna ó algunas imágenes, ya realmente dibuxadas en el papel, en el lienzo ó en la tabla; ya abultadas en el mármol, en el bronce ó en la madera, o ya únicamente ofrecidas á la imaginacion por medio de una descripcion verbal, viva, enérgica y expressiva, que imprima bien en la idéa lo que se quiere representar. No se añade á la pintura ó á la descripcion mote, lema, inscripcion ni palabra alguna que sirva de explicacion al pensamiento, dexándose enteramente al discurso ó á la penetracion de el que ve, lee ú oye el geroglýphico, el curioso trabajo de adivinar su verdadero significado. El emblema (y no la emblema, como dicen algunos,) solo añade al geroglýphico el mote, el lema ó la inscripcion en brevíssimas palabras, que declaran lo que se pretende significar por aquel.»

6. «Pondré un verbi-gracia, no para que Usendíssima me entienda, que esso seria presumir yo de maestro de quien no merezco ser discípulo, sino para que Usendíssima se actúe del modo como yo concibo lo que digo, y en caso de padecerp. 135 equivocacion se digne corregir mis yerros. Los doce signos del Zodiaco, ó las doce casas, que dividen en doce partes iguales aquel espacio de cielo que corre el sol en el discurso de un año, son otros tantos geroglýphicos ó sýmbolos, que representan lo que comunmente passa en la tierra en cada uno de los doce meses, correspondientes á las doce casas. El primero signo es Aquario, y se symboliza con un muchacho que está vertiendo un jarro de agua, para significar lo mucho que suele llover en Henero. El segundo es Piscis, y le representan dos peces pintados, para denotar que en Febrero están en sazon la mayor parte de los peces. El tercero es Aries, representado por un carnero, y quiere decir que en Marzo es la paricion de las ovejas, naciendo entónces los corderitos. El quarto es Tauro, figurado por un toro, para denotar que en Abril nacen las terneras. Síguese Géminis, pintado hoy por los dos hermanos gemelos Cástor y Pólux, y antiguamente por dos cabritillos, como lo afirma Heródoto, en significacion de que las cabras regularmente paren de una vez dos cabritos, para cuyo fin las proveyó la naturaleza con tanta abundancia de leche.»

7. «Bastan estos exemplares para dar á entender la idéa, que yo formo de los geroglýphicos, cuyo orígen comunmente se atribuye á los Egypcios; pero yo tengo para mí, que su principio fué mucho mas antiguo, inclinándome á la opinion de los que se le dan no ménos que en la Torre de Babel, aunque despues fuessen los Egypcios los que conservaron, promovieron y adelantaron mas el uso de ellos, en lo que no cabe duda racional; pero esto no es del intento. A los sýmbolos ó geroglýphicos añadieron despues los Griegos un breve lema, inscripcion ó mote que explicasse su significado, y á este conjunto llamaron emblema. Usaban de él singularmente en los arneses ó escudos, como lo dicen Esquilo, Homero y Virgilio, esmerándose mucho en la brevedad y en el álma del epígraphe, que era como el espíritu de la divisa de cada uno. Sobresalian entre todos los Athenienses, de quienes hace graciosa burla Lycon, fingiendo que en todos los escudos tenian gravada una mosca muy pequeña, con este epígraphe: donec videar: hasta que me vean; dando á entender, que todo Atheniense era tan valeroso, que se acercaba al enemigo hasta que viesse la mosca, en cuyo caso era preciso morir ó vencer.»

8. «No hay duda, que en todos tiempos assí los Oradores profanos como los sagrados usaron alguna vez de los geroglýphicos, sýmbolos y emblemas. Horo Niliaco escrivió un librito de este assunto, donde trahe exemplares de toda especie de oraciones. Los Prophetas usaron mucho de este modo de persuadir emphático y mysterioso. El Apocalypsi es unap. 136 serie continuada de figuras y representaciones symbólicas; San Agustin, en la epístola 119, dice que, assí como el christal y la gasa añaden no sé qué apacibles visos á las imágenes que se representan ó se registran por ellas, assí deleita mas la verdad quando brilla por entre sýmbolos, geroglýphicos y figuras, poniendo el Santo este exemplo: Si para ponderar las ventajas de la union y las desconveniencias de la desunion dices sencillamente: concordia res crescunt, discordia dilabuntur: con la concordia todo crece, con la discordia todo se deshace; pigrius incitat, no da golpe, y persuade con tibieza; pero, si añades: esto nos quisieron significar aquellos antiguos sabios, quando pintaron una hormiga con un caduceo encima, que creció á elephante, y un elephante con una espada desenvainada sobre las espaldas, que se disminuyó hasta el tamaño de hormiga; nescio quomodo et inventionis subtilitas et imaginis expressio sensus titillat suavius et, dum placet, persuadet efficacius: assí la sutileza de la invencion como la viva representacion de la imágen hacen no sé qué gustosa impression en el alma y en los sentidos, que, al mismo tiempo que los deleita con mucha dulzura, los persuade tambien con mas suave eficacia.»

9. — «Déme Usted un abrazo, Señor Don Casimiro, exclamó Fray Blas interrumpiéndole, que verdaderamente ha estado Usted divino! Yo soy furiosamente apassionado por los geroglýphicos y por los emblemas. Un sermon que comience: pintaban los antiguos Macedonios; otro que dé principio: pinta el docto Pinicelo, no ha menester mas para que yo me coma las uñas tras de él. Pues qué, si despues se añaden diez ó doce citas del Symbólico, otras tantas de Lilio Giraldo y algunas de Pierio, y se escoge tambien media docena del Brixiano! en el mundo hay oro para pagar un sermon tan ingenioso y erudito. Confiesso á vuestra Merced, que despues de los Mythológicos son mis héroes los Symbólicos y los Emblemáticos. Esta doctrina la he enseñado siempre á mi discípulo en lo predicativo, Fray Gerundio; con estas armas le he armado Cavallero de Púlpito; estos Autores le he recomendado; no hay otros: los demas son buenos para explicar á las viejas el Catechismo de Astete y Servitor.»

10. — «Padre Reverendíssimo, replicó el Colegial, ya he dicho, que soy poco hombre para dar mi voto en punto de sermones, y assí no me meto en calificar si son buenos ó malos los que están bien cargados de geroglýphicos, sýmbolos y emblemas. Solo sé, que el Padre Nicolas Causino previene que se use de ellos con la misma templanza, moderacion y prudencia que de los adagios, fábulas, etc.; porque si no, se convertirá en fastidio su misma amenidad, siendo cierto que los pensamientos mas ingeniosos causan tedio, si se atestap. 137 de ellos la oracion: Habent igitur amœnam eruditionem hieroglyphica et symbola, modo prudenter et parce, ut cætera, adhibeantur: quæ enim per se mirabilitatem obtinent, si crebrius inferciantur orationi, fiunt communia et fastidiosos sensus ipsa pulchritudinis satietate obruunt. Tambien debo añadir que, por lo que toca á mí, me cayó muy en gracia la enhorabuena que dió cierto Duque á un Orador, que havia predicado en su presencia un sermon texido de geroglýphicos. «Padre, le dixo, no trueco yo el juego de estampas de Don Quixote, que tengo en mi galería, por todas las pinturas de su sermon.» Esto va en gustos; el mio ronca, siempre que tocan en los sermones á cosa de geroglýphicos. Pero no nos detengamos; porque ya deséo saber qual es la quinta ó sexta fuente de la invencion, que estudió el Padre Fray Gerundio.»

11. — «Testimonia veterum, respondió al punto este; las autoridades y testimonios de los antiguos para confirmar lo que dice el Predicador.» — «Gran fuente y muy precisa! continuó Don Casimiro, especialmente los testimonios y las autoridades de los Santos Padres, ya sobre la inteligencia de la Sagrada Escritura, y ya tambien quando se trata materia de costumbres, sea de virtudes, sea de vicios. Por lo que toca á la exposicion del sagrado texto, he oído decir á varones doctíssimos, que siempre es menester apoyarla con la autoridad de algun Padre ó Expositor clássico y aprobado, siendo cosa insufrible que ningun Predicador se arrogue la autoridad de entender ó interpretar la Escritura á su modo ó segun su capricho. Y aún me acuerdo haver leído, no sé donde, que este fué uno de los errores de Luthero, el qual pretendia que cada qual tenia tanta autoridad para entender y para interpretar la Escritura como San Gerónimo y San Agustin, apoyando este arrogante, soberbio y presuntuoso delirio con aquel texto de San Pablo: unusquisque in suo sensu abundet. En órden á costumbres, ya se dexa conocer el gran peso, que da á lo que se dice qualquiera autoridad y testimonio de los Santos Padres, como tambien si se toca alguna noticia histórica ó philológica, especialmente si es algo singular ó no muy sabida, sirve de adorno y de recomendacion la cita, y aún las palabras del Autor que las refiere.»

12. — «Por algo, dixo Fray Gerundio, me gustan á mí tanto los sermones, que en el cuerpo están bien cargados de latin, y las márgenes apénas se descubren de puro embutidas que están en citas. Solo con ver un sermon impresso en esta conformidad, sin leer ni una palabra de él, estoy firmemente persuadido á que es un sermon doctíssimo y profundíssimo. Al contrario, ahora han dado en usarse y aún en imprimirse ciertos sermones, que en todos ellos apénas se venp. 138 quatro ó seis renglones de letra bastardilla, y las márgenes tan lampiñas como cara de capon, que da asco solo el verlas. Qué se puede esperar de unos sermones assí? Yo no he tenido paciencia para leer ni siquiera uno.»

13. — «Pues yo sí, interrumpió Fray Blas; por mis pecados cayó en mis manos, pocos dias ha, uno, y es de honras, que el Licenciado Don Francisco Alexandro de Bocanegra y Xivaja[29] predicó á las de la Señora Reina de Portugal Doña María Anna de Austria, en las exequias que la consagró la ciudad de Almería, y tuve cachaza para leerle de verbo ad verbum; pero sabe Dios quanto me costó. En todas las seis hojas primeras no hay mas latin que las palabras del thema: omnis gloria ejus filiæ Regis ab intus, repetidas dos ó tres veces; en las seis y media restantes solo se citan siete textos de la Escritura, y de dos de ellos no se ponen las palabras; las de los otros cinco que se expressan, componen entre todas seis renglones y medio: hártate, comilon. A los Santos Padres se les dexa descansar, solo se cita una vez á San Francisco de Sales, á San Gregorio y á San Ambrosio. De Expositores no se trate: cumplió con citar á Tirino una vez sola, y del mismo modo cumplió con los Autores profanos, no citando mas que á Séneca una sola vez. Pues, qué diré del assunto? Redúcese á que la Reina amó á Dios y al próximo; y cátate aquí el cuento acabado. Lo demas, parla y mas parla. Y estos sermones se imprimen! Y estos sermones se celebran!»

14. — «Despacio, Padre Fray Blas,» dixo con bastante viveza el Colegial, no pudiendo dissimular del todo su enfado y su indignacion. «Vuesa Paternidad se adelanta demasiado (con la cólera se le olvidó darle Reverendíssima). Tambien yo he leído esse sermon, porque llegaron á Salamanca muchos exemplares: hablóse mucho de él en todas aquellas Comunidades, donde hay tanto hombron sabio, religioso, erudito, culto y discreto, como es notorio; y á excepcion de tal qual botarate ignorante y presumido, que por nuestros pecados los hay de todas las classes y gremios, no huvo uno que no calificasse dicho sermon por una de las piezas mas eloqüentes, mas nerviosas, mas sólidas, mas graves y aún mas ingeniosas, que havia producido hasta ahora nuestra oratoria castellana. Era voz comun, que se podia equivocar con las mas preciosas oraciones que produxeron y están todavía produciendo en nuestro siglo y en nuestro hemispherio español los Gallos, los Radas, los Aravacas, los Rubios, los Nordeñanas y los Guerras; ni faltó quien assegurasse, que podia competir con qualquiera de las muchas y grandes oraciones fúnebres, con que el Reverendíssimo Padre Maestro Salvador Orosio, de la Compañía de Jesus, llenó de magestad y de assombro el púlpito y la Capilla de San Gerónimo de la Universidad de Salap. 139manca. Oraciones que, si se hiciesse una coleccion de ellas, (como decia un sabio,) compondrian un funeral, que quizá no tendria consonante en quanto logramos hasta ahora de esta especie, ni de dentro ni de fuera de España.»

15. «Esso de que tiene pocos textos la oracion del Licenciado Bocanegra, solamente lo podrán decir los que en su vida han saludado los sagrados libros; apénas hay cláusula ni aún sýlaba, que no aluda á algun lugar, sucesso ó passage de la Escritura, en saliendo de aquellas acciones de la Reina que sirven de cimiento á la verdad del assunto. No se citan, es assí, expressa y señaladamente; pero se dan desleídos y como convertidos en la substancia del mismo Orador. San Bernardo fué el primero que introduxo este admirable modo de usar y manejar la Escritura, haciéndola primero suya, y vertiéndola despues como si no fuesse agena. Pero, quien hasta ahora ha notado á San Bernardo de poco escriturario? Son pocos, no lo niego, los testimonios y autoridades de Padres, de Expositores y de Autores profanos, con que exorna su oracion el Señor Bocanegra; mas son muy oportunos essos pocos testimonios que alega.»

16. «Y quien ha dicho á vuestra Paternidad, que los sermones se han de cargar á metralla de testimonios, de autoridades y de citas? Estas deben ser como las especias en los guisados, lo que baste para sazonarlas, y no lo que sobre para que ninguno los pueda tragar. Ignora vuestra Paternidad lo que dixo un eloquentíssimo Orador, hablando de las autoridades en los sermones? Si nimiæ sint, si communes, si sine vi et pondere allatæ, puerum magis colligentem sapiunt quam virum ingeniosum: si se amontonan, si son vulgares y comuníssimas, si no tienen alma, fuerza ni meollo, mas son fárrago que erudicion; el Orador se acredita mas de un genio pueril y atolondrado, que bueno y malo, verde y seco, todo lo hacina, todo lo recoge, que de hombre ingenioso y erudito.»

17. «Dice bien este juicioso Autor: para llenar, no digo yo un sermon, sino cien tomos de á folio de citas, autoridades, testimonios, sentencias, versos, historias, exemplos, símiles, parábolas, sýmbolos, emblemas y geroglýphicos, no es menester mas que hacinar y recoger. Tanto Sentenciario, tanto libro de apophtegmas, tanta Polyanthéa, tanto Theatro, tanto Thesauro, tanto Diccionario histórico, crítico, náutico, geográphico, tanta Bibliotheca, tanto Expositor que va discurriendo por los lugares comunes é infarcinando en cada uno todo quanto se le viene á la mano; en fin, tanta selva de alegorías y de dichos como cada dia brota en essas Naciones y en essas librerías, hacen erudito de repente al mas boto, al mas mentecato, al que no sabe quien reinó en España ántes de Cárlos II. No hay mas que abrir, trasladar, embutir, y está hecha la maniobra.p. 140 Al ver un sermon atestado de essa borra, quedan aturdidos los páparos, entre los quales cuento á muchíssimos que no lo parecen, mientras los verdaderos eruditos ó gimen corridos ó se rien desengañados, segun el humor que los predomina. Mas de una vez oí á hombres de gran juício, que se debian desterrar del mundo literario estos almagacenes públicos de erudicion tumultuaria, porque solo servian para mantener haraganes, miéntras perecian de hambre los ingenios verdaderamente industriosos. Es punto problemático, en el qual se pudiera tomar un término medio. Miéntras tanto, digo que se puede aplicar á estos prontuarios de erudicion al baratillo lo que dixo Agesilao al inventor de una máquina bélica, capaz de moverla y de hacer mucho daño con ella qualquiera soldado cobarde: Papae! virtutem sustulisti: Vítor! que con essa máquina has desterrado el valor.»

18. «A lo que añadió vuestra Paternidad acerca del assunto que escogió para su oracion el Señor Bocanegra, perdóneme vuestra Paternidad, que no tiene razon para censurarle. Lo mejor y lo mas precioso de dicho assunto es el ser tan sencillo, tan natural y tan sólido. Assuntos rumbosos, delicados, alegóricos, metaphóricos, symbólicos, y mucho mas títulos de comedia, retruécanos insulsos, refranes de viejas, como el verdadero Phœnix de Arabia, á San Agustin; el Leon en su cueva, á San Gerónimo; el Onix y Onis, á Santo Thomas de Aquino; la Encyclopedia canonizada, al mismo; el Máximo Mínimo, á San Francisco de Paula; muger, llora y vencerás, á las lágrimas de la Magdalena; el Caballero de Alcántara, á San Pedro de este nombre; á muertos y á idos no hay mas amigos, en las honras de un Obispo: digo que estos y otros semejantes assuntos, Dios los haya perdonado! ya pudren, ya solo han quedado en algunos Predicadorcillos de la ínfima suerte, que solo hacen ruído entre los que se van tras el tamboril y los gigantones. Hoy va reviniendo el mundo de sus preocupaciones; por lo ménos los hombres de pro no gastan otros assuntos que sólidos, macizos, característicos, y consiguientemente naturales. Tal es el del Señor Bocanegra, fundado sobre los dos exes en que gira toda la ley y toda la perfeccion. El Sabio no da otro elogio á los hombres justos, ni cabe otro mayor: Dilectus Deo et hominibus, cujus memoria in benedictione est: Amó á Dios y amó á los hombres? pues será amado De Dios y de los hombres, y, siempre que se repita su nombre, será acompañado de muchas bendiciones. Esto dixo el Orador de aquella exemplaríssima Princesa; esto convenció y aún esto persuadió, moviendo los corazones mas duros por lo ménos á desear la imitacion de sus reales virtudes.»

19. Como Fray Blas vió, que el Colegial estaba un pocop. 141 avinagrado, y tenia alguna noticia de su genio vivo y quisquilloso, no se atrevió á replicarle; contentóse con decirle, que en esto de sermones, de versos, de latin y cosas semejantes cada qual tenia su gusto, y, sin inculcar mas en el punto, le suplicó que prosiguiesse examinando á Fray Gerundio sobre las fuentes de la invencion; porque, como observaba que este las tenia tan prontas, se le caía la baba al bueno del Predicador. Serenóse un poco Don Casimiro y, continuando en su interrogatorio, rogó á Fray Gerundio se sirviesse decirle qual era la séptima fuente de la invencion, que le havian enseñado.

20. «Los dichos graves y sentenciosos de los antiguos,» respondió sin cespitar. Y el Colegial prosiguió: «Sin duda es una fuente bellíssima y copiosíssima, especialmente haviendo tanto recogido de sus sentencias y apophtegmas, los quales solo se diferencian de aquellas en que las sentencias permiten mas extension de palabras, pero los apophtegmas se deben ceñir á las ménos voces que sea possible; las sentencias se pueden tomar de qualquier Autor donde se encuentren, mas los apophtegmas se hacen mas recomendables por ser dichos de grandes personages, como de Papas, Emperadores, Reyes, Cardenales, Obispos, etc. Vaya esta diferencia sobre la fé de Guillelmo Budéo que la señala, pues yo no me atreveré á defenderla en el siglo que corre, el qual está como inficionado de libros de apophtegmas, que son hoy de la gran moda. Tales son los libros que llaman de -ana, como la Menagiana, la Perroniana, la Scaligeriana, la Saint-Evremoniana, la Fureteriana, y otros innumerables, de que se hace graciosa burla en el primer tomo de la Menagiana, donde el Autor de una salada rima, acabada toda en la sílaba -na, despues de zumbarse de una multitud de estos escritos, unos verdaderos y otros fingidos, concluye diciendo:

Todos los libros en -ana
Se arrimen donde está la Ipecacuanha,
hierba medicinal de las Indias, que hoy se usa mucho y con grande felicidad en Europa. Es cierto, que estos apophtegmas, recogidos en los libros de -ana, no todos son dichos de grandes personages, pues hay algunos de sugetos muy de escalera de abaxo, si no entra en cuenta su agudeza ó su literatura.»

21. «Pero, al fin no se puede dudar, que los dichos, sentencias y apophtegmas, assí de los antiguos como de los modernos, usados con discernimiento y con moderacion, son un preciosíssimo adorno de todo género de eloquencia, tanto oratoria como histórica. Thucídides mereció la suprema estimacion de todos los siglos por el juício, oportunidad y bello gusto con que se valió de ellos. Hesiodo, aunque muy distante de Homero, assí en la gravedad del estilo como en lap. 142 magestad del assunto, ha logrado los mayores aplausos por la singular eleccion que tuvo en las sentencias con que adorna sus dos poemas heróicos: Las Obras y los Dias y la Theogonía ó generacion de los Dioses, bien que algunos críticos le notan, no sin razon, que las sentencias son mas frequentes de lo que fuera justo. En fin, Quintiliano encarga mucho al Orador que se aproveche de esta fuente, pero con tres precauciones: la primera, que las sentencias sean muy escogidas; la segunda, que sean raras; y la tercera, que sean correspondientes á la edad, al carácter y demas circunstancias del Orador. Si son triviales, se oyen con desprecio; si muy frequentes, cansan la atencion y aún empalagan; si no se acomodan á los connotados del Orador, mueven á risa. Yo añadiria otra quarta calidad, y es que las sentencias sean tambien proporcionadas al theatro y al auditorio. En una aldéa ó pueblo pequeño seria risible aquella sentencia ó apophtegma tan justamente celebrada, que se atribuye á Afro Domicio: princeps qui vult omnia scire, necesse habet multa ignoscere: el Príncipe que quiere saberlo todo, tiene necessidad de perdonar mucho. Qué Príncipe se podria aprovechar de esta advertencia en un pueblo reducido? En un auditorio rústico y grossero seria impertinente aquel discreto dicho de Plutarco: sero molunt Deorum molæ, sed bene comminuunt: las ruedas de los Dioses tardan en moler, pero hacen buena harina. Quantos havría en el auditorio que entendiessen la metáphora? Vamos á la octava fuente.»

22. — «Essa es para mí la mas seca, dixo Fray Gerundio, no sin chiste; porque mi Autor dice que la octava fuente son las leyes, y confiesso que de leyes ni entiendo ni he estudiado palabra.» — «Yo tampoco las he estudiado, continuó el Colegial, por no ser essa mi profession; pero no es menester hacer la de Legista para saber algunas leyes, especialmente de las antiguas y primitivas, que se instituyeron en el mundo para el gobierno de los hombres, las quales sirven de un bello adorno á qualquiera oracion sagrada, singularmente moral ó doctrinal. Es cierto, que nunca las leyes de los hombres pueden añadir peso ni autoridad á la ley santa de Dios; pero no es dudable, que encuentra el entendimiento no sé qué particular satisfaccion y consuelo en ver tan conforme la ley divina con las leyes humanas, pronunciadas por unos Legisladores que no tuvieron noticia del verdadero Dios.»

23. «Yo me acuerdo de algunas que, por lo que toca á lo directivo, son muy conformes á muchos preceptos del Decálogo, aunque sean erradas y gentílicas en lo que suponen de doctrinal. Vayan algunos exemplares. El primer mandamiento es amar á Dios sobre todas las cosas. Confórmase con él la ley de Numa Pompilio: Deos patrios colunto, externasp. 143 superstitiones aut fabulas ne admiscento. Segundo no jurar su santo nombre en vano. Es muy conforme á él la ley de los Egypcios: perjuri capite mulctentur. Quarto: honrar Padre y Madre; lo mismo mandaba aquella ley de que hace mencion Heródoto (lib. 1): magistratibus parento; y la otra de los Lacedemonios, citada por Platon en su República: majorum imperio libenter omnes parati assuefiant. Sexto: no fornicar; son muchas las leyes que prohibian esto mismo. La que trahe Josepho (lib. 11. cap. 6.): adulterii et lecti genialis injurias vindicanto; la de Numa: pellex aram Junonis ne tangito; y la célebre de los Athenienses, que prohibia predicar ó hablar en público á todo hombre deshonesto: si quis pudicitiam prostituerit aut expatrarit, huic interdicito jus apud populum concionandi. Séptimo: no hurtar; á esto aludia aquella ley de los Egypcios: singulis annis apud Provinciarum Præsides omnes unde vivant demonstranto. Si quis secus faxit aut unde legitime vivat non demonstrarit, capitale esto.»

24. «El uso assí de estas leyes antiguas como de otras mas modernas, patricias y municipales, con tal que sea sobrio, prudente y oportuno, tiene su gracia y tambien su eficacia en qualquiera sagrada oracion. Pero hacer estudio de componer un sermon como un alegato de los que se usan solo en nuestra España, embutido en textos, leyes, decretos, cánones y constituciones del derecho civil y del canónico, parecido al que yo oí á cierto Cathedrático, sobre ser una grandíssima impertinencia, es ostentacion pueril para acreditarse de erudito y sabio en facultad forastera. Hola! esta censura ó esta reflexion no es mia, pues ya he protestado, que ni mi profession ni mis años me permiten excursiones á países tan sagrados: refiero lo que por entónces se dixo entre hombres que tenian voto. Solo en unas circunstancias, añadió uno de los circunstantes, puede ser del intento cargar algo mas la mano en la cita de leyes nacionales, y es quando se predica á un auditorio compuesto por la mayor parte de gente de Curia, como en los sermones al Consejo, á las Chancillerías, á las Audiencias, etc. Si se toca entónces el punto de regalos, gratificaciones y derechos de Ministros inferiores, como Abogados, Relatores, Procuradores, Escrivanos, etc., no será fuera de propósito referir las leyes municipales que hablan en esto, y explicar con claridad hasta que punto son obligatorias en conciencia, segun la inteligencia comun de los Theólogos. Pero, dexando esto á un lado, deséo saber qual es la nona fuente de la invencion, que prescribe el Autor por donde vuestra Reverendíssima estudió.»

25. — «Sacræ litteræ, respondió Fray Gerundio como un reguilete: la Sagrada Escritura; y añadió luego: En estep. 144 punto no tiene vuestra Merced que detenerse, porque sé lo que basta para bandearme; he tomado mi partido, y no mudaré de rumbo por mas que me prediquen.» — «No tiene Usendíssima que prevenirmelo, replicó Don Casimiro; pues sé bien, que este punto no es de mi incumbencia, y no se me ha olvidado lo que leí pocos dias ha en cierto Autor de mi profession; hablando de la Sagrada Escritura dice: quod ad ejus usum attinet, Theologorum est proprius: hæc eorum hæreditas, hic campus, hoc stadium; por lo que mira al uso de la Sagrada Escritura, esse toca á los Theólogos, essa es su herencia, essa su legítima, esse es su proprio y particular terreno. Por señas de que, en confirmacion de lo que poco ha íbamos hablando, se lastima mucho en el mismo lugar de que los Predicadores se metan á Legistas, y los Legistas á Predicadores, aquellos citando leyes, y estos glosando textos: contra inverso ordine, jurisperitos, neglectis iis quæ ad se attinent, Sacra Biblia sæpius quam leges in ore habere. No excluye absolutamente, que unos tomen algo de otros por la recíproca union y buena correspondencia que hay entre las facultades; sola abomina el excesso, el prurito y la ostentacion de que se sabe de todo.»

26. «No obstante, ya me permitirá Usendíssima que, sin mezclarme en lo directo de esta fuente, que en realidad excede los límites de mis estudios, haga una reflexion acerca de ella, que parece no estar fuera de mi jurisdiccion. Es cierto que la Sagrada Escritura mereció tanto concepto aún á los Philósophos gentiles, que Emilio de Apaméa (ó Amilio, como le llama Proclo), al leer la primera cláusula del Evangelio de San Juan: in principio erat Verbum, quedó assombrado de que un Bárbaro (assí llama al Evangelista) huviesse philosophado con tanto acierto. Tambien sabemos, que Dionysio Longino, haciendo el paralelo entre Moyses y Homero, calificó al Legislador de los Judíos por un hombre nada vulgar; pues no podia serlo el que tenia tan alta idéa de Dios, como lo acredita aquel rasgo suyo en la historia de la creacion: dixit Deus: fiat lux, et facta est lux; fiat terra, et facta est, proponiéndole por modelo de un pensamiento verdaderamente sublime. Aunque la segunda parte: fiat terra, et facta est, la añadió Longino de cosecha propria, pues no se halla en la Escritura, en que el Autor, como gentil, estaba poco versado. No es ménos cierto, que en la Sagrada Escritura se encuentra no solo todo lo que se halla en los libros profanos y no profanos, sino que se halla en aquella lo que en estos no se encuentra. Pienso, si no me engaño, que ha de ser observacion de San Agustin, y que la leí en un libro de eloquencia: et cum ibi quisque invenerit omnia, quæ utiliter alibi didicit, multo abundantius ibi inveniet ea, quæ nusquam omnino alibi,p. 145 sed in illarum tantummodo Scripturarum mirabili altitudine et mirabili humilitate discuntur. Siendo esto assí, me parecia, á mi grossero modo de entender, que la Sagrada Escritura debiera ser la única ó por lo ménos la primera fuente de la invencion, respecto de todo Orador sagrado. Pues, por qué razon Usendíssima ó su Autor no solo no la señalan por la única, no solo no la dan el primer lugar, sino que la ponen á la cola, y harto será que no sea la última?»

27. Hallóse embarazado Fray Gerundio con esta pregunta que no esperaba; pero salió á su socorro su fino amigo Fray Blas, diciendo con grande satisfaccion: «Esso es claro: porque la Escritura es fuente comun de que todos beben, está á mano de qualquiera para hartarse de ella, quando le diere la gana. Un Predicador que quiera acreditarse no ha de beber del pilon, sino que sea para enjuagarse: sýmbolos, emblemas, geroglýphicos, historias, sentencias, versos, fábulas, esta ha de ser su comidilla; y á lo mas mas, allá hácia lo último, un poco de Escritura, á modo de mondadientes. Esto es lo que quiere decir poner la Escritura por la postrera fuente de la invencion, y está bien puesta, á pagar de mi dinero.»

28. En medio de los pocos años del Colegial y que, assí por su edad como por su genio, todavía no estaba muy maduro ni era de los que mas se morian por sermones de Christo en mano, no se puede ponderar quanto le irritó una proposicion tan absurda, tan loca y tan escandalosa; sin embargo, considerándose huesped y que no era razon dar una mala noche á aquella buena gente, dissimuló su indignacion lo mejor que pudo, y se contentó con decir á Fray Blas: «Si no me hiciera cargo de que vuestra Paternidad habla de chanza, zumbándose de aquellos Predicadores que, si no con las palabras, á lo ménos con las obras parece que lo sienten assí, delataria essa proposicion al Santo Tribunal.» Iba á responderle Fray Blas algo colérico, quando oportunamente y al mejor tiempo del mundo entraron á poner la mesa, porque ya era hora de cenar.

CAPITULO V.
Dispone Fray Gerundio su sermon, y vále á predicar.

1. Cenaron, se acostaron, durmieron, se levantaron, almorzaron y se despidieron de Don Casimiro, que muy de mañana quiso volverse á Valderas cazando, por lo que no admitió una yegua castaña, andadora y paridera, que ya havia dadop. 146 quatro potricos y dos muletas á Anton Zotes, el qual se la ofreció para el viaje con la mejor voluntad del mundo. Aquella misma mañana se quiso retirar tambien Fray Blas á cuidar de su fingida enferma, despidiéndose hasta que fuesse á oir á Fray Gerundio el sermon del Escrivano, como lo ofreció y como lo cumplió á su tiempo.

2. Con efecto, iba ya á montar á cavallo, quando se acordó Fray Gerundio de que no havian leído, glosado y admirado el celebérrimo sermon de honras á los Soldados del Regimiento de Toledo, por el Autor del Florilegio, como se lo havia ofrecido Fray Blas la tarde antecedente; y es que el encuentro de Don Casimiro, con la conversacion entablada en el passéo y proseguida despues en casa, enteramente los havia borrado la especie de la memoria; y, como Fray Gerundio estaba resuelto á todo trance á tomar dicho sermon por modelo para el suyo, no queria dedicarse á componerle, hasta que su amigo Fray Blas le hiciesse observar, notar y admirar todos los primores. Por tanto, tirándole de un capote de barragan que ya tenia puesto, y llamándole aparte, le traxo á la memoria dicha especie, y le conjuró por la estrecha amistad de entrambos, que á lo ménos hasta despues de comer no pensasse en marchar, para que, encerrándose los dos en aquella mañana, pudiessen recorrer el sermon del Florilegio y entresacar de comun acuerdo lo que pareciesse adaptable al suyo.

3. No se hizo de rogar Fray Blas, que en estas ocasiones era de un genio docilíssimo y muy amigo de complacer á todo el mundo. Dió Fray Gerundio órden de que retirassen la cavallería á la quadra hasta la tarde, diciendo que todavía tenian los dos que conferenciar aquella mañana. Metiéronse en la sala, cerráronse por la parte de adentro, tomó Fray Blas en la mano el libro del Florilegio, sacudióle el polvo, buscó el sermon 26, y leyó el título que decia assí: Parentacion sacra, Epicedio panegýrico en las solemnes honras con que solicitó el alivio de sus Militares difuntos el Regimiento de Toledo. Episodio. «El título solo basta para acreditar al Autor. Parentacion sacra: ya oíste al Colegial lo que significaba parentacion. Mira qué cosa tan oportuna! Epicedio panegýrico: no tengo idéa clara de lo que significa epicedio; solo sé assí en confuso, que es una especie de elogio á los difuntos.» — «Pues, hay mas que verlo en Calepino?» dixo Fray Gerundio; y abriéndole halló que decia: Epicedium, carmen quod canitur de cadavere nondum sepulto: aquellos elogios que se cantan de los difuntos á cuerpo presente, quando aún no se ha dado sepultura. Algo frio se quedó Fray Gerundio al leer esto, y preguntó á Fray Blas: «Pues qué, los cadáveres de los Soldados del Regimiento de Toledop. 147 estaban presentes, quando se predicó este sermon de honras? No se havian enterrado todavía?» — «Anda, hombre, respondió el Predicador, que essos son reparos de miñatura; si en todo se huviera de escrupulizar con essa menudencia, no havria hombre quien se atreviesse á hablar en público elegantemente. Fuera de que es phrase comun, quando se habla de algun difunto, sea para bien, sea para mal, decir que le desentierran los huessos; pues, para el caso y para la propriedad, qué mas me dará desenterrarlos que no haverlos enterrado?»

4. Esta última razon hizo grandíssima fuerza á Fray Gerundio, y prosiguiendo Fray Blas añadió: «Episodio, no lo entiendo; pero desde luego afirmo, que es discrecion como la de Epicedio. A ver, qué dice esse Vocabulario?» — Episodio, leyó Fray Gerundio, eran aquellos actos de la tragedia ó de la comedia, que se recitaban entre choro y choro, para alternar la música con la representacion, y fué su inventor el Poeta Thespis. Hoy se entiende por Episodio un incidente ó digression, que diestramente se introduce en el assunto principal del poema ó de qualquiera otra composicion. «Confiesso, añadió Fray Gerundio, que he quedado muy confuso. Pues, acaso aquel sermon se havia de cantar ó se havia de predicar á choros, para que huviesse episodios? El thema era por ventura incidente ó digression del sermon, para que llamasse episodio al thema?»

5. — «Eres un pobre hombre, respondió Fray Blas, y estás muy atrasado en esto que llamamos adelgazar y discurrir con agudeza. Quizá en todo el Florilegio no se encontrará pensamiento mas delicado ni mas oportuno. Mira: los sermones de honras se predican comunmente despues de acabada la missa de difuntos y ántes que se cante el último responso, que suele ser solemníssimo. Luego la oracion fúnebre está propriamente colocada entre el choro de la missa y el choro del responso; unos cantados, y otra representada: pues ves ahí por qué se llama episodio, porque es un acto que se representa entre choro y choro. Mas: el intento ó el assunto principal de las honras, hablando en rigor, no es otro que el Nocturno, la Missa y el Responso, que son propria y rigurosamente sufragios por los difuntos, que los sermones ó las oraciones fúnebres de suyo no son sufragios. Pues, qué son? Son unas digressiones, unos incidentes, que se introducen con arte y con destreza en el assunto principal. Mira tú con qué oportunidad se llaman episodios! Y, porque el thema es como el cimiento de estas digressiones, por esso dar al thema el título de episodio es hasta donde puede llegar el ingenio y la inventiva.»

6. — «Declárome por zopenco, dixo Fray Gerundio, yp. 148 hago voto de venerar profundamente todo quanto lea en el Florilegio, por mas que yo no lo entienda y aunque assí á primera vista me parezca contrario á toda razon. Pero veamos, como se introduce en su sermon de honras militares.» — «Hay dos introducciones, respondió Fray Blas: á una llama Episodio, y á otra Introduccion. El Episodio está reducido á dar razon de la devocion y del fervor, con que los antiguos Gentiles celebraban las honras de sus difuntos, especialmente las de los militares, á contar el orígen de ellas, á ponderar el aparato y las ceremonias con que las celebraban, á determinar el principio que tuvieron las oraciones fúnebres, á traher á la memoria la eleccion que se hacia de Oradores, y finalmente, á adaptar todo esto con feliz aplicacion á las honras de los Militares del Regimiento de Toledo, invocando, en vez de la Musa Euterpe, la intercession de la Vírgen, para dar principio al panegýrico Epicedio. Supónese, que para apoyar cada una de estas noticias se citan Autores á carretadas, pues en solo el Episodio, que comprende poco mas de una llana, (se entiende de á folio,) se cita á Polybio, Pausanias, Alexandro, Eliano, Plutarco, Celio, Suetonio, Beyerlink, Esparciano, Macrino, Novarino, Apiano, Diodoro Sículo, Heródoto, y algunos de estos tres y quatro veces. Esto es lo que se llama hablar docta, sabia y eruditamente. No pronunciar palabra y, si fuesse possible, ni aún sýlaba sin su Autor por delante y sin su latin al pié de la obra; lo demas parece conversacion de Monjas ó visita de Damas, que se passan seis horas en ellas sin oírse el nombre de un solo Autor.»

7. «Bien ves, que toda esta erudicion de funerales viene clavada á todo sermon de honras, y que te puedes aprovechar de ella para el tuyo con la mayor propriedad, especialmente si no te olvidas de la reglecita que te dí ayer tarde, para acomodar á los Escrivanos todo lo que se dice de los Militares. Tambien podrás, y en mi dictámen deberás, aprovecharte de unas nobilíssimas phrases que se leen en el episodio. Quando ponderes la piedad de los herederos del Escrivano, que le costéan las honras, dí que es tan lúgubremente generosa como coluctuosamente compassiva.» — «Hombre, replicó Fray Gerundio, que el Licenciado Flechilla me dixo, que no costeaban las honras los herederos, sino el mismo difunto, el qual havia dexado un legado determinadamente para ellas; con que, no es generosidad de los herederos ni de los testamentarios, sino obligacion precisa.» — «En esso te paras, mentecato?» respondió Fray Blas. «Y en los tiempos que corren, te parece poca generosidad de los testamentarios y de los herederos, cumplir los legados y últimas voluntades de los difuntos? Muy atrasado estás en cosas de mundo. Vamos adelante.»

p. 149

8.[30] «Claro está, que en la funcion de honras havrá tambien su túmulo cubierto de bayeta ó de algun paño negro, con sus velas y con sus hachas al rededor. Para esto te hará muy al caso aquella elegantíssima cláusula: erigian túmulos suntuosos: grandiosos fúnebres obeliscos, irradiados de luces y luctuados de bayetas; coherencia lúcido-tenebrosa, que entre hiertas cenizas cadavéricas vitalizaba memorias de sus Militares difuntos.» — «La primera parte de la cláusula, interrumpió Fray Gerundio, ya medio la comprendo; pero la segunda, no entiendo lo que quiere decir.» — «Ni yo tampoco, prosiguió Fray Blas; mas esso qué importa? Suena bien, y esto basta. Mas clara está la que se sigue; y la podrás adaptar maravillosamente á la ofrenda, con especialidad si hay en ella carnero, pan, vino y cerilla, como en algunas partes.»

9. «En cruentas aras trucidaban inocentes víctimas, que dirigian á mitigar rigores de los Dioses… esparcian rosas fragantes… confederando matices y verdores, para declamar memorias inmarcesibles y floridas esperanzas á la felicidad eterna de los Militares. El trucidar víctimas inocentes viene de molde al carnero; lo de confederar lo florido con lo verde se puede apropiar al pan y al vino, pues ya se sabe que la harina tiene flor, y el vino suele tener verde. Pero la mas brillante cláusula, para mi gusto, de todo el episodio es aquella en que, para ponderar la piedad del Regimiento de Toledo con sus difuntos, dice, que sollozando nenias sentidamente eloquentes, endechas piadosamente elegantes, declaman en sacrificios, sufragios y oraciones el suspirado eterno alivio por sus difuntos Militares. Cláusula que, aplicándola tú á la piedad de los herederos y de los testamentarios, á todos los dexarás tamañitos con el assombro.»

10. — «Yo tambien lo estoy ya, solo con haverla oído, dixo Fray Gerundio; y, aunque á primera vista me parecia á mí que no venia bien, porque me acuerdo haver oído á mi amado Dómine Zancas-largas, que nenia, neniæ significa aquellos cuentos de viejas que se suelen fingir para entretener á los niños ó para arrullarlos; pero, como me ha enseñado la experencia, que esse hombre profundíssimo no habla palabra que no sea con la mayor propiedad, aún quando parece que desatina, apuesto yo á que las tales nenias tienen algun otro significado muy adequado al assunto; porque decirme á mí, que él lo echó assí á la que salta, esso no en mis dias. Veámoslo por curiosidad en nuestro Diccionario. Nenia, neniæ. Aire ó tonadilla triste, cancion lúgubre que se cantaba en elogio de los difuntos. No lo decia yo? Para el cabron que condenasse al Autor del Florilegio sin examinar bien lasp. 150 cosas, creyendo que él las decia á bulto! Es hombre que no tiene par.»

11. — «Pues ahora empieza», continuó Fray Gerundio rebosando gozo. «Al episodio se sigue la Introduccion; y, aunque esta es muy breve, pues toda ella está reducida á un cotejo de las honras, que mandó hacer Júdas Maccabéo en el templo de Jerusalem por los soldados que havian muerto en la batalla contra Gorgias, con las que el Regimiento de Toledo dispuso hacer en Ciudad Rodrigo por los suyos, con todo esso no dexa de tener algunos rasgos dignos de observacion.»

12. «Dice, que el caudillo Maccabéo, vencidos enemigos, ganadas plazas y conseguidas victorias, entró á guarnicionar la plaza y ciudad de Odolla: collecto exercitu venit in Odollam. Nota la voz guarnicionar, y ten entendido que no se hizo solo para los guarnicioneros, como lo juzgan los que saben poco: tambien se usa con elegancia, quando se habla de los soldados que están de guarnicion. Y, para que nunca te embaraces en menudencias, quando se trata de aplicar algun texto de la Escritura á cosa que te venga á cuento, es bien que notes, que Júdas Maccabéo no entró con su exército en la ciudad de Odolla para estar en ella de guarnicion, sino puramente para que descansasse la tropa algunos dias, volviendo despues á salir á campaña, segun se colige del texto claramente. Pero, como el discreto Orador necessitaba para su cotejo unos soldados, que estuviessen de guarnicion en una plaza, despreció essa vagatela, é hizo asaz bien, porque en haviendo soldados y ciudad, que estén de guarnicion, que estén de quarteles de refresco, para el intento era una niñería. Y, para que Odolla tuviesse una admirable consonancia con Ciudad Rodrigo, encontró en Haye una exposicion oportuníssima, porque dice este glossador, que Odolla significa testimonium sive ornamentum. Y qué cosa mas parecida, añade el ingeniosíssimo Orador, á la plaza de Ciudad Rodrigo, que vino á guarnicionar el Regimiento de Toledo! Venit in civitatem, donde matiza timbres militares con pias generosas demonstraciones: Odolla, testimonium sive ornamentum.»

13. «Lo que yo no entiendo es, prosiguió Fray Blas, qué quiere significar un texto, que repite dos veces en pocas lineas de diferencia: facta collactione duodecim millia drachmas argenti. Aquella collactione es para mí un nombre algo enrebesado. Si querrá decir, que Júdas, ántes de celebrar las honras por los difuntos, hizo colacion con doce mil dragmas de plata?» Rióse Fray Gerundio de la poca latinidad de Fray Blas y le dixo: «Quítate ahí, hombre; que se conoce fué descuído de la pluma: escrivió collactione en lugar de collatione, que significa contribucion; porque Júdas debió de echar alguna sobre sus soldados, para que todos contrip. 151buyessen al gasto de las honras.» — «Vaya, que esso es, respondió Fray Blas; y prosiguió diciendo: Ahora se sigue el discurso, que divide en quatro escenas.»

14. «Scena primera.» — «Para un poco, Fray Blas, para un poco, exclamó Fray Gerundio: Scena primera! En mi vida he oído, leído ni visto cosa semejante. Scena primera! Qué quiere decir Scena? Yo no lo sé, pero apuesto, que detras de la tal palabrita se nos oculta algun mysterio recóndito y elevado, de aquellos que solo alcanza este hombre incomparable. Consultemos á Calepino.» Abrióle, hojeóle y halló que decia assí: Scena, ramas de árboles que se cortaban para hacer sombra. «No lo decia yo? el sermon es un árbol, los discursos ó los puntos son las ramas, las ramas son scenas; pues, qué invencion mas divina que llamar scenas á los puntos ó á los discursos de un sermon? Mas: scenas eran las ramas que se cortaban para hacer sombra. En las honras de los difuntos todo es sombras, ó todo es negro, que para el caso es lo mismo; el túmulo, el frontal, los ornamentos, el paño del facistol, el del púlpito, las capas largas de los que hacen el luto: pues, por qué no ha de ser sombras tambien la oracion fúnebre? Y assí, el dividirla en scenas es lo mismo que repartirla en sombras; como quien dice: Sombra primera, sombra segunda, etc.»

15. Assombrado quedó Fray Blas, quando oyó discurrir á Fray Gerundio con tanto adelgazamiento, y assí le dixo: «Hombre, qué legion de espíritus sútiles se te ha metido en esse cuerpo? Pídote perdon de lo que ántes te decia, que no tenias ingenio para delicadezas; ahora te digo que, quando te pones á ello, no hay hilandera de Leon que te iguale ni que merezca descalzarte el zapato.» Como Fray Gerundio se vió alabado de agudo, esponjóse visiblemente y ya con la mayor satisfaccion añadió: «Pues aguarda, que aún falta lo mejor: otro significado da Calepino á scena, y dice ser el mas comun en que se toma, que, si no me engaño, no acredita ménos la sutileza de esse monstruo de los ingenios.»

16. «Scena, dice, unas veces significa el theatro, donde se representa una comedia ó tragedia; otras, y es la accepcion mas comun, se entiende solo por aquella parte de la representacion, en que se mudan las personas, aumentándose, disminuyéndose ó saliendo á hablar otras diferentes. Que me emplumen, si no huviere algo y aún mucho de esto en las escenas; léelas, si no.» Leyó Fray Blas la primera, y luego gritó Fray Gerundio: «No lo vés? no está claro el pensamiento? Antes de entrar en essa scena, como por via de preámbulo, havian hablado Parentacion, Epicedio, Episodio, Introduccion y otros personages coluctuados, lúcido-tenebrosos. Ahora entran ya á hablar Gilberto, Abraham, la Magdalena,p. 152 Lázaro, y hácia el fin de la scena salen Aresio, Alciato y un Poeta.»

17. — «Discurres bien, dixo Fray Blas; pero, lo que á tí te hace mas al caso, es que todo lo que se dice en esta scena primera, lo puedes aplicar á tu sermon de honras y á qualquiera otro que se te ofrezca del assunto, ni mas ni ménos como se aplicó á la funcion del Regimiento de Toledo; porque, en suma, en esta scena solo se pondera el lugar comun de la verdadera amistad, que consiste en que el verdadero amigo se conoce en todas fortunas y en todos estados, en la prosperidad y en la adversidad, en la vida y en la muerte; y, como en todo sermon de honras los amigos vivos se acuerdan de los amigos difuntos, á todo sermon de honras se vienen por su pié Abraham, la Magdalena, Lázaro y los demas que hicieron lo mismo, ó con quienes se executó lo proprio. Vamos á la scena segunda, que en mi dictámen se debia engastar en oro.»

18.[31] Leyóla Fray Blas, y añadió Fray Gerundio: «No digo en oro, en piropos y en diamantes debiera engastarse essa scena. El haver encontrado con la Calcea, que los Athenienses consagraban á Vulcano en el dia veinte y dos de Octubre, para que mitigasse la voracidad rigurosa de sus llamas, y con la Pyrithea, que los Persas ofrecian al Sol en el mismo dia, encendiendo piras y tumulando cenizas, cuyo circuito honraban los sacerdotes, solicitando el alivio á sus difuntos, es uno de aquellos felicíssimos encuentros, que á solo este Predicador de Predicadores se le vienen á la mano. Yo discurro, que la calcea sacra seria algun calzado de hierro, puesto que se consagraba á Vulcano y á Mulcíbero, Dioses tutelares de las fraguas y de las ferrerías. Calzado de hierro solamente le usan las cavallerías, con que es natural que la calcea sacra fuesse una herradura. Por otra parte la pyrithea seria alguna cosa derivada de pyrites, pyritæ, que significa piedra de escopeta ó de fusil. Pues, donde se hallará en el mundo cosa mas apropiada para las honras por los soldados difuntos de un Regimiento? Porque, ó este es de cavallería ó de infantería. Si de cavallería, viene clavada la herradura; si de infantería, la piedra de fusil no puede venir mas á pelo.»

19. — «Y te parece, le interrumpió Fray Blas, que el águila, que en los túmulos de Aristomenes y Platon fixó por empresa la antigüedad, se apropria ménos divinamente al águila Imperial, que el Regimiento de Toledo fixa en su túmulo por Regia empresa?» — «Esso viene tan natural, respondió Fray Gerundio, que no parece sino que Beyerlink lo escrivió precisamente para aquel caso. Tambien pienso yo acomodarla al mio, porque las armas de un Escrivano son una pluma y un tintero en campo blanco; y mas, que el águilap. 153 es ave de rapiña, lo que facilita admirablemente la ocasion para una pulla, que en un sermon siempre tiene mucha gracia.»

20. — «Pero, por Dios no te olvides, añadió Fray Blas, de buscar modo para encaxar una brillantíssima cláusula, que entre otras muchas se lee en esta scena. Queriendo el Orador introducirse á elogiar al Regimiento de Toledo, escrive estos dos períodos dignos del mármol y del bronce: Gustoso permitiera lozanear el discurso en las heróicas militares proezas de este ilustre Regimiento. No niego á mi voluntad la panegýrica lisonja, porque recele en sus nobles caudillos alguna corrubescencia, que no saben estrañar las águilas todo el golpe de los solares brillos: assuetis dilector, dixo el Symbólico. Paréceme, que te puedes aprovechar de estas dos cláusulas, quando hagas el elogio de los hijos del Escrivano y de su familia, que esso es puesto en razon; y entónces te vendrá de perlas lo de panegýrica lisonja, sin recelo de alguna corrubescencia, por la razon concluyente de que las águilas están acostumbradas á todo el golpe de los solares brillos.»

21. — «Harélo sin dificultad, respondió Fray Gerundio; porque, aunque acá siento no sé qué dissonancia en que el mismo panegyrista trata sus elogios de panegýrica lisonja, y esto facha á facha y, como dicen, en las mismas barbas de aquellas á quienes alaba; pero por otra parte conozco que, quando lo dixo el Autor del Florilegio, su misterio tendria, por mas que yo no lo alcance. Por la misma razon me hace poca fuerza el no penetrar yo lo que significa el verbo dilector, que no me acuerdo haver leído ni oído en toda mi vida, pues, ora sea invencion del Symbólico, ora sea correccion del Epicédico, debo venerarla con profundo y silencioso respeto. Y en fin, estas fruslerías se deben despreciar, solo por no dexar caer en el suelo lo de lozanear el discurso, corrubescencia y lisonja panegýrica. Vamos á la tercera.»

22. Despues de leído, dixo Fray Blas: «Aquí hay poco en que detenernos, porque no veo en ella cosa que te pueda servir para tu sermon. Que los Griegos celebrassen el dia 22 de Octubre la Sacra Pambeocia, en memoria de la toma de la Ciudad de Troya, ni que el dia 21 ofreciessen un sacrificio á la Diosa Pallas por los difuntos militares, que havian muerto en el dilatado sitio de aquella plaza, no sé yo que pueda acomodarse á las honras del Escrivano Conejo.»

23. — «No eches el fallo tan aprisa, replicó Fray Gerundio, y vamos examinando qué cosicosa venia á ser essa Sacra Pambeocia, porque quizá hallaremos algo que me acomode.» Consultaron á Calepino y, no haviendo encontrado la palabra Pambeocia, passaron á la voz Beocia, y hallaron que decia assí: Beotia. Provincia de Grecia, cuya capital esp. 154 Thebas. Llamóse Beotia del buey que fué enseñando el camino á Cadmo, hasta que llegó al sitio donde fundó la ciudad de Thebas. «Tente, hombre, tente, exclamó Fray Gerundio: que me están bulliendo acá en la imaginacion mil especies, que acaso me servirán mas de lo que piensas. Pambeocia es sin duda cosa de buey: el buey tiene cuernos, de que se fabrican los tinteros. Mira como va ya saliendo poco á poco el Secretario. Mas: Cadmo, segun leí no me acuerdo donde, fué el inventor de las letras; las letras son tan propias de los Escrivanos que no puede haver Escrivano sin ellas. Mas: los escrivientes ó los oficiales de pluma de los Escrivanos se llaman en latin boeti, boetorum, como lo dice un poco mas abaxo este vocabulario; pues, mira tú si Pambeocia, buey, Cadmo, tintero, letras y escrivientes son materiales despreciables para el sermon de un Escrivano. Ni tampoco pienso passar en silencio el sacrificio de Pálas; porque, siendo la destreza una virtud ó prenda muy loable, me abre camino para decir, que nuestro Escrivano con mucha destreza metia la Pala christiana á los litigantes.»

24. — «Divino pensamiento! equívoco de los cielos! exclamó Fray Blas, y será lástima que te olvides de él. Pero, lo que sobre todo te encargo, es que busques modo de imitar una de las metáphoras, de las alegorías ó como se llaman, mas galantes y mas bien seguidas que espero oir en los dias de mi vida. No sé si la notaste, pero aquí está en esta scena, y dice assí.»

25. «Instado el Regimiento de Toledo de los suspiros y lamentos de sus militares — aperite portas! — estrecha el bloquéo á la mýstica plaza de la Gloria, passando á acordonar reverente á la Sacra Jerusalem triumphante: Regnum cœlorum vim patitur. Abren sagrados ataques en sus compassivos generosos pechos, brechéan los diamantinos muros celestiales con la batería de missas, sufragios y oraciones: misit Hierosolymam offerri pro peccatis mortuorum. Llega al Soberano Consejo de Guerra la noticia del aprieto de la celeste Plaza: exaudivit de monte sancto suo: regnum cœlorum vim patitur. Defiende la entrada la soberana Justicia: declama á favor de la rendicion de la Imperial Plaza de la Misericordia: venit hora, et nunc est quando mortui audient vocem filii Dei. Hace llamada á capitulaciones la Clemencia, dice San Juan. Satisfecha la divina Justicia del reato de la culpa, firma el alivio de la pena. Publícase en los tenebrosos quarteles del Purgatorio este dichoso, ventajoso tratado á favor de las ánimas del Regimiento de Toledo: mortui audient vocem filii Dei, y libres de las horribles penas entran triumphantes en el cielo á coronarse de glorias; et qui audierint vivent.»

p. 155

26. «Con esta brillantíssima metáphora acaba la scena 3ª., y á fé que hizo mal no acabar con ella todo el sermon, y mas para lo poco que le faltaba; pues la scena 4ª., sobre ser muy breve, no contiene cosa que dé golpe. Fué lástima añadir á la alegoría ni una coma, ni una tilde. Paréceme que estoy viendo á los Oficiales del Regimiento de Toledo como enagenados, como fuera de sí, en nada ménos pensando que en que estaban oyendo un sermon de honras, sino que estaban viendo con sus mismos ojos el sitio de una plaza: el cordon, el bloquéo, los ataques, las baterías, el brechear los muros adamantinos, la llamada de la guarnicion con bandera blanca á capitular. Solo si hago juício que los muy medrosos, ó los que no estuviessen acostumbrados á tratar con ánimas del Purgatorio, quedarian sorprendidos, quando viessen que, en vez de entrar en la ciudad los sitiadores, salian de sus tenebrosos quarteles las ánimas benditas y entraban en la Plaza, vestidas de blanco y con sus velas en las manos, como es natural. Entónces volverian en sí, conocerian la ilusion, y advertirian que no estaban delante de alguna plaza, sino en una Iglesia, á vista de un túmulo, ofreciendo sacrificios por sus difuntos hermanos, y oyendo á un Orador que los embelesaba.»

27. — «Pues mira, dixo Fray Gerundio, tanto como por alegorías no ha de quedar. Claro está, que una alegoría en términos de guerra no puede acomodarse bien en las honras de un Escrivano, pero ahora mismo se me está ofreciendo á mí otra en términos mas propios, que no ha de parecer mal. Diré pues assí, poco mas ó ménos, elevando el estilo quando lo ponga en limpio.»

28. «En virtud de quexa fiscal se levantó auto de oficio por el Supremo Juez, y se dió mandamiento de prision contra nuestro Escrivano difunto. Presentóse este en la cárcel del Purgatorio, dexando poder al Amor filial para que, como procurador suyo, contradixesse la demanda, apelando de la Sala de la Justicia á la Sala de Misericordia. Libróse despacho de inhibicion y avocacion, con remission de autos originales. Dióse traslado á la parte de nuestro mísero encarcelado. Hizo esta un poderoso alegato de missas, oraciones y sufragios, y, dándose por conclusa la causa, falló la Misericordia que debia mandar y mandaba, que el Escrivano Conexo saliesse libre y sin costas de la tenebrosa cárcel, declarando haver satisfecho suficientemente sus deudas con las penas de la prision.»

29. «Qué te parece de la metaphorilla? deberá algo á la del Florilegio? y mas, quando la vista con los textos correspondientes, que los tendré á escoger, pues todo el mundo sabe, que lo que passa en la otra vida en la hora de la muertep. 156 se explica en términos de curia: processo, tribunal, juício, sentencia, absolucion, condenacion, llamándose al Purgatorio cárcel, y al Infierno muerte eterna.» — «Manos á la obra, Fray Gerundio amigo, dixo Fray Blas; y, pues ya hemos repassado el sermon de honras y tú tienes formado ya tu idéa, tomemos un bocado, dame un abrazo, y á Dios hasta la vista!»

30. Despedido que fué el Padre Predicador Mayor Fray Blas Zebollon de la Remolacha, (estos eran sus dos apellidos, paterno y materno,) y quedado solo que huvo nuestro imponderable Fray Gerundio, no pensó mas que en trabajar su sermon, aprovechando quantas observaciones, notas, scholios, phrases y erudiciones havian glosado y admirado en las honras del Florilegio, teniendo presentes las reglas que le havia dado Fray Blas, y no olvidando del todo las dos largas conferencias, que havian tenido con el Colegial Don Casimiro sobre las fuentes de la invencion. De todo este confuso monton de especies, que á modo de torbellino le revoleteaban dentro de la fantasía, sacó al cabo de quince dias ó tres semanas (en cuya circunstancia están discordes los Autores,) una Parentacion Sacra, Epicedio trágico, lúgubre Episodio, Panegyris scenático, (assí intituló á su sermon), que dexó muy atras la Plática de Disciplinantes y el Sermon del Sacramento, en dictámen de algunos que oyeron todas tres funciones. Decorólo todo muy bien, como lo tenia de costumbre, siendo máxima suya que la principal prenda de un Predicador era la memoria, en la qual se havia de estampar el sermon ántes de predicarle, de manera que el mismo se saliesse de la boca como de chorrillo, para que en el púlpito no se divirtiesse la atencion á otra cosa que al cadencioso movimiento de las manos, al compassado contonéo del cuerpo, al gutural manejo de la voz y al concierto de todas las demas acciones, que debian regularse á compas y como con cierta especie de armoniosa symetría.

CAPITULO VI.
Predica Fray Gerundio el sermon de honras con increíble aplauso, y encárganle la Semana Santa de Pero-Rubio.

1. Ibase acercando el dia señalado para las famosas Honras, pues ya no faltaban mas que tres. Y haviéndose despedido Fray Gerundio cortesanamente de todo el lugar, hasta de aquella Tia que no le havia visitado por el cuento de la gallina, (la qual quedó tan pagada de esta accion, que desdep. 157 aquel punto hizo las paces con la buena de la Señora Catanla,) regalando á su Madre y á su Hermana con cada dos escapularios bordados de realze de plata falsa y canutillo, añadiendo á cada una su Santa Theresa de barro en urna de carton, guarnecida de seda floxa, repartiendo una peseta entre las dos criadas, bien proveída la alforja y aumentada la maleta con un par de mudas de ropa blanca, partió para Pero-Rubio, en compañía de su Padre el boníssimo Anton Zotes, que quiso ver, (assí lo decia él,) si su hijo tenia tan güena man de perdicar de los defuntos como para perdicar del Sacramento. Su padrino el Licenciado Quixano tambien havia hecho ánimo á ser de la jornada, con cuyo fin havia llamado á un primo suyo, Capellan de Gordoncillo, que acababa de venir de Leon y havia trahido licencia de confessar por seis meses, para que en su ausencia dixesse la Missa al pueblo y cuidasse de la administracion de Sacramentos; pero es tradicion que, quando ya estaba aparejada la burra, se le desenfrenaron tan furiosamente las almorranas (de que adolecia), que no le fué possible montar á cavallo; y assí se contentó con darle un abrazo y meterle dissimuladamente en la mano dos pesos gordos.

2. Eran las cinco de la tarde, quando en buena paz y compañía salieron de Campazas Padre é Hijo, con resolucion de dormir aquella noche en casa de su pariente el Familiar, cuyo lugar no distaba mas que de tres leguas cortas, y estaba como á la mitad del camino. Aquí se encuentra un vacío lastimoso en la Historia, que, despues de haver burlado nuestras mas exactas y exquisitas indagaciones, necessariamente ha de ser sensible á la curiosidad de nuestros Lectores, pues, no siendo possible sino que la conversacion que tuvieron por el camino Hijo y Padre fuesse tan graciosa como entretenida, no se halla el mas leve vestigio de ella en Archivos, Bibliothecas, Armarios, legajos ni apuntamientos. Bien pudiéramos nosotros fingir aquella que nos pareciesse mas natural, atendido el genio, el carácter y las demas circunstancias de nuestros dos Caminantes, á imitacion de aquellos Historiadores que no hacen escrúpulo de referir lo verosímil como cierto, sin detenerse en contar lo que pudo ser por lo que fué.

3. Ni se nos pudiera culpar con razon de que nosotros saliessemos con nuestras conjecturas, en un siglo en que todo el mundo sale con las suyas. Haviéndose hecho este título tan de moda, especialmente en los libros, papeles y discursos que sacan á luz los Antiquarios, Chronologistas, Investigadores y Phýsicos experimentales, que apénas aciertan con otra. No es nuestro ánimo condenar esta costumbre, y mas en aquellos pocos en quienes se conoce es verdadera modestia la que en otros muchos se conjectura ser paliada ostentacion, pues nosp. 158 hacemos cargo de que hay materias, que no admiten evidencias ni otras pruevas que meramente conjecturales; pero nuestra sinceridad, singularmente en una Historia tan verídica, tan fundamental y tan exacta como la que trahemos entre manos, no se acomoda con este uso, y mas quando, siendo tantos, tan averiguados y tan instructivos los materiales verdaderos que tenemos á la mano, es ocioso buscarlos ideales.

4. En fin llegaron nuestros dos Caminantes á Fregenal del Palo, pueblo no tan grande como Sevilla ni tan poblado como Cádiz, donde hacia su residencia el Familiar, de quien fueron recividos con agasajo, con naturalidad y con un corazon verdaderamente sano; porque, ageno en todo de afectacion y de artificio, era tan franco en descubrir las inclinaciones de su voluntad, como naturalote en no dissimular los dictámenes de su buen entendimiento.

5. Miéntras se disponia la cena, que no fué delicada ni ostentosa, pero sí maciza y abundante, dixo el Familiar á su sobrino con cariñosa llaneza: «Oyes Flayrico, y llevas enjurgadas para Pero-Rubio tantas garambainas como echastes por essa boca en Campazas?» — «Tio, y qué me quiere Usted decir por garambainas?» preguntó Fray Gerundio. — «Válasme Dios, hombre, continuó el Familiar; pues yo bien craro me exprico. Garambainas son aquellas garatusas, enrebesaduras, relumblones y azufaifas con que nos encarabrinabas á todos los que te estábamos uyendo, como unos monigotes.» — «Ménos le entiendo á vuestra Merced ahora que ántes,» replicó Fray Gerundio. — «Pues entiéndanos Dios, que nos crió, dixo el Familiar, y perdónenos nuestros pecados. Paréceme que te haces remolon de propósitamente, porque en lo demas es impussibre de Dios que no me entiendas, pues tanto como el don de craridá me l’a dado Su Magestá, bendita sea su miselicordia. Hórasme los tréminos, y conozco yo que no son retumbantes ni tan polidos como los que s’usan en las Zuidades; pero decirme á mí que no son interegibres, no habremos d’esso, que es crebarse la cabeza, y tan los calas tú como el hijo de mi Madre.»

6. — «Si vuestra Merced llama garambainas, dixo Fray Gerundio, la erudicion, los pensamientos sútiles, los equívocos, las agudezas, los chistes y el estilo elevado y harmonioso, hay bastante recado de esso en el sermon que llevo prevenido; y, como Dios no me quite el juício, no faltará en todos los que predicare.» — «Pues ves? replicó el Familiar, si yo fuera que tú, havia de pedir á Dios que me quitara luego el juício, para no perdicar enjamas ansina; pues tengo para mí que, miéntras perdiques ansina, no tienes que pedir á Su Magestá que te le quite, sino que te le güelva.» — «Vuestra Merced, Tio, dixo Fray Gerundio, no tiene obligacion á entenderp. 159 estas materias.» — «Pero los Perdicadores, respondió el Familiar, están obrigados en conciencia á perdicar de manera que todos los entendamos.» — «Basta, replicó Fray Gerundio, que nos entiendan los cultos y los discretos.» — «Pues, que vayan solamente á uíros los secretos y los encultos,» respondió el Familiar. «Y dime, sobrino, parécete á tí que en Pero-Rubio havrá muchos d’ essos hombres encultos, ó como tú los llamas?» — «Nunca faltan algunos, dixo Fray Gerundio, por infeliz que sea una aldéa, ya sean de ella misma, ya de los forasteros convidados, ó ya de los que concurren casualmente: por esso han llevado grandes chascos algunos Predicadores que, fiándose en que iban á predicar á lugares pequeños, se contentaban con qualquiera cosa, y se hallaban despues con oyentes que no esperaban; y assí oí decir á un Padre grave de mi sagrada Religion, que todo Predicador de punto se debia prevenir para predicar en Caramanchel ni mas ni ménos que si huviera de predicar en Madrid.»

7. — «No m’ arma mucho essa doctrina, replicó el Familiar, salbante que quisiesse decir esse Esentíssimo Padre, que tanto ahinco debe poner un Perdicador en convertir á los de Caramanchel como en convertir á los de Madrid, y que ansina debe expricarse en conformidá que le entiendan los unos como que le entiendan los otros; porque, fuera de esso, irse un Perdicador á Caramanchel, y lo mismo me da á la Cisterniga, (que esta es una comparanza,) con daca si eran froles ó no eran froles, en vertú de que pueden encurrir algunas presonas de la Zuidá, esso no es mas que humo, satisfaccion y laus te dé Christe.»

8. «Pero, dexando una cosa por otra, no saberiamos qué vertudes del Escrivano vas á perdicar?» — «No he menester predicar sus virtudes para predicar á sus honras,» respondió Fray Gerundio. — «Como no? replicó el Familiar; pues, quando se perdica de los defuntos, no es endisponsable que se diga aquello en que fueron güenos, para que enmiten sus exempros los vivos?» — «No Señor, respondió Fray Gerundio, nada de esso es necessario, que, si lo fuera, solo se predicarian honras de aquellos sugetos que huviessen sido muy virtuosos, havidos y tenidos por tales de todos los que los trataron; y assí vemos, que en algunas partes se predican de todos los que tienen con que pagarlas, á roso y velloso, sin que para esso sea preciso hacerles primero la informacion de moribus et vita, como se dice.»

9. — «Es impussibremente que yo no tenga el entendimiento espatarrado, ó que tú no me quieras meter los dedos por los ojos, replicó el Familiar; pues dime, sobrino, el Perdicador no ha de alabar á su defunto? es craro. Si le alaba, no le ha de alabar de alguna vertú? no, sino que vaya áp. 160 alabarle de sus defeutos y fraquezas. Demos que no tuviesse el defunto vertú nenguna: pues, qué ha de decir d’ él el probe Flayre?»

10. — «Lo primero, respondió Fray Gerundio, se puede predicar un sermon de honras que pasme, sin tomar en boca al difunto por quien se hace la funcion; y, para que vuestra Merced lo vea claramente, yo le explicaré el como. Entrase ponderando ante todas cosas, qué antigua fué la costumbre de hacer honras y funerales por los difuntos. Aquí se va discurriendo por los Hebréos, por los Babylonios, por los Persas, por los Medos, por los Griegos, por los Romanos, por los Egypcios, por los Caldéos, y en fin por todas las naciones del mundo: despues se examinan muy por menor los varios modos que tenian de celebrarlas, segun los genios, usos y costumbres de los países, ya con sacrificios, ya con hogueras, ya con pyrámides, ya con obeliscos, ya con ofrendas, ya con enramadas, ya con convites, y en algunas partes hasta con danzas y fiestas. A esto se sigue el averiguar quando, en qué tiempo, con qué motivo y en qué nacion se dió principio á las oraciones ó panegýricos fúnebres por los difuntos, y se explayan las velas de la eloquencia sobre los Epicedios, sobre los Epitaphios, sobre las Endechas, sobre los Cenotaphios y sobre las Nenias, extendiéndose tambien la erudicion, si se quiere, ó á las tablillas ó á las inscripciones, que se guardaban sobre los sarcóphagos. Bien repiqueteado todo esto, se busca despues en alguno de los muchos calendarios que hay de los antiguos, qué fiesta, funcion, sacrificio ó cosa semejante celebraban en el dia que está determinado para predicar las honras, y siempre se encontrará alguna cosa que por aquí ó por allí, de esta ó de aquella manera, venga clavada al intento. Aplícanse finalmente todas estas importantíssimas noticias al assunto de la funcion con la mayor propiedad: las hogueras, á las luces, hachas y blandones; las pyrámides y los obeliscos, al túmulo; los sacrificios, á las missas; las ofrendas, á las que se hacen comunmente; los convites, á los que hay casi en todas partes; los Epicedios, Nenias, etc., al sermon ú oracion fúnebre; y, demostrando de esta manera el Predicador que la piedad de los presentes no debe nada á la piedad de los passados, y que las honras que hacen á los difuntos los modernos son parecidas en todo á las que hacian á los mismos difuntos los antiguos: hétele vuestra Merced como, sin tomar en boca al sugeto por quien se hacen, puede acabar honradamente con su requiescat in pace, que sea seguido de muchos vítores y aclamaciones.»

11. — «Mira, dixo el Familiar, yo no te puedo negar que eres un pozo de cencia, porque ahí has enjurjado tantas cosas que me tienen aturrullados estos cascos; porque, ya se ve,p. 161 saber tú, como parece que sabes en la uña, todo lo que hicieron los Gabylonios, los Miedos, los Presas, los Enjundios, y essos otros que nombraste ahí á manera de Caldos; havérsete quedado en la memoria todos essos nombres enrebesados de embolismo, parrales, cienpedios, niñerías, cieno de zafios, y el último vocablo en que dixiste no sé qué de las escrituras de los Estrófagos: digo en mi ánima jurada, que saber tú todos estos argamandijos en los pocos años que tienes, esso sin cencia confusa no puede ser, y loado sea el Señor de quien es todo lo güeno; pero tambien te digo una cosa: tanto viene todo esso para perdicar un sermon de honras, como ahora llueven pepinos, y, si no, vaya un asemejamiento.»

12. «Yo soy estaño Alcalde de Fregenal; junto mañana el Concejo para saber si se han de guardar ó no se han de guardar los plaos. Escomienzo por decir, que esto d’ aver Concejos en las Repúblicas es cosa muy añeja, porque los Gabylonios, los Presas, los Calderos y los Mamalucos los usaban allá desde el tiempo que habraban los animales. Passo dempues á esprayarme sobre las diferentes usanzas q’ havia para esto de juntarse el Concejo, y digo, por enxempro, que en unas partes andaba el Menistro de josticia de puerta en puerta, tocando un cencerro; que en otras era incumbencia del porquerizo ir sonando por las calles el mismo cuerno, con que juntaba los cerdos; qu’ allá tocaba al muñidor pregonar el Concejo por las calles; qu’ acá se enseñaba á rebuznar á un burro desde niño con tales y con tales señas, y q’ este burro, en estando ya bien endustriado, y en teniendo, como dicen, uso de razon, se le entregaba al fiel de fechos, con la carga y con la obrigacion de que los dias de Concejo havia de ir rebuznando por todo el puebro, para que viniesse á noticia de los vecinos y nenguno pudiesse alegar escusa ni ignorancia. D’ aquí me meto á expricar la importancia de los Concejos y la grande entauridá q’ han tenido siempre, no solo en toda Uropa, sino en toda España. Digo por fin y por postre, que todos los Consejos, si se les ofrece hacer informacion de nobreza ó de hidalguía, han de venir á probar su alcurnia de los Concejos, y q’ assí como los primeros son en sobre las Udencias y en sobre las Chancellerías, pues vemos que de las sentencias d’ estas s’ apela á aquellos, ansina tambien, si estubiera el mundo bien gobernado, s’ havia d’ apelar d’ ellos á la endicision de los Concejos. Y concruyo con preguntar, si en vertú de todo lo dicho s’ han de guardar ó no s’ han de guardar los plaos. Dime, Gerundio, ansí Dios t’ haga bien, vendria todo esto al caso para la enresolucion d’ aquel punto?»

13. — «Buenas cosas tiene vuestra Merced, respondió Fray Gerundio; con que, ahora quiere hacer comparacion dep. 162 lo que un Alcalde propone en el Concejo, con lo que un Predicador ha de decir en el púlpito? Tio, en los Concejos se va derechamente á la substancia.» — «Pues qué! replicó el Familiar, en los cúlpitos se va no mas que á entretener el tiempo?» — Como Fray Gerundio se vió un poco apretado, procuró sacar el cavallo por otro lado, y para divertir el argumento dixo: «Tambien se puede alabar á un difunto, aunque no haya hecho milagros ni tenido revelaciones ni su vida huviesse sido la mas exemplar y ajustada. Quantas oraciones fúnebres se han predicado en la Iglesia de Dios á grandes Capitanes, á grandes Conquistadores, á grandes Políticos y á muchos hombres verdaderamente sabios, de cuya canonizacion no se ha tratado, ni verisímilmente se tratará jamas de ella! Con todo esso, á estos se les alaba del valor, de la intrepidez, de la presencia de ánimo, de la pericia militar, del zelo por la gloria de sus Príncipes y, en fin, de otras virtudes que no se encuentran ni en las cardinales ni en las theologales, y que no hacen al caso para la vida christiana, pues sabemos que muchos Gentiles, Moros y Hereges florecieron en ellas. Pues, por qué no pudiera yo tambien alabar á mi Escrivano, si quisiera, de la sagacidad, de la astucia, del ingenio, de la penetracion, y hasta de la velocidad con que escrivia, de su buena letra, de sus airosos rasgos y de la rúbrica que usaba, por una parte tan garbosa, y por otra tan difícil que parecia impossible falsearse ni remedarse?»

14. — «Yo soy un probe Lego, respondió el Familiar, que sólasmente sé lér de deletreado y echar mi firma con letra de palotes, estrujando bien la pruma, y no me puedo meter en si es bien premitido ó no es bien premitido, que en la Igresia de Dios s’ alaben púbricamente y se propongan como enxempro de emitacion al puebro christiano essas vertudes que tú dices, y con las quales puede una presona irse al infierno tan lindíssimamente. Este es un punto muy hondo, que no es para mi cabeza; y, quando tú dices q’ assí s’ usa, (que yo no lo he visto, por no haverme topado enjamas en essas perdicaciones,) debe d’ haver razones muy emportantes para premitir que s’ haga ansina. Lo que yo digo es que, por lo ménos acá en las aldéas, donde no se pueden praticar essas vertudes campanudas y donde la gente es sencilla, si yo juera Obispo, de nenguno se m’ havia de perdicar sermon de honras que no huviesse sido un christiano vertuoso y enxemprar, al modo q’ acá nosotros nos imaginamos las presonas enxemprares y vertuosas. Porque horasme decir tú del Escrivano, que fué sagaz, estuto, engenioso, que luego se empunia en los autos, que calaba las entenciones de las presonas, que escrivia de corridamente, q’ hacia una letra estupenda, que su rúbrica y su sino se podian presentar al mesmo Rey:p. 163 todo esso güeno será, pero qué sacamos d’ ahí para las benditas ánimas del Purgatorio?»

15. A tal tiempo entraron á poner la mesa para cenar, de que no se alegró poco nuestro Fray Gerundio, porque su Tio le iba apurando demasiado. Anton Zotes se havia quedado primero á dar órden de que se cuidasse de las cavallerías, y despues trabó conversacion con la muger del Familiar y con sus sobrinos y sobrinas, que entre todos eran seis, y el mayor no passaba de doce años, repartiendo entre ellos turron, confites, avellanas y piñones, que havia trahido para este efecto, entreteniéndose con todos miéntras se asó una pierna de carnero, se hizo una gran tortilla de torreznos y se guisó una buena cazuela de estofado de vaca, que con unas sardinas escabechadas y una tajada de queso por postre, comenzando con su gazpacho de huevos duros, componia entre todo una cena substancial y sólida, sacándose despues de levantados los manteles un plato de cebolletas con su salero al lado, para echar la de San Victoriano.

16. Entraron todos en la salita ó quarto baxo, donde estaban Tio y Sobrino; sentáronse y cenaron con tanta paz y alegría como gana. Casi toda la conversacion de la cena se la llevaron el Familiar y Anton Zotes, siendo su assunto el regular entre Labradores. Preguntóle aquel, como iba de cosecha y en qué estado tenia su verano. Respondió este, que de cebada havia cogido poco por la falta de agua, y que, si no fuera por los tres erreñales que estaban linde del arroyo, apénas tendria para el gasto y para sembrar; que de morcajo no estaba mal, y de trigo esperaba que seria mediana la cosecha; porque, sobre tener ya diez cargas en la panera, quedaban en la era tres peces, dos parvas, otras dos mantas, y entodavía estaban en las tierras como unas doce morenas. «Pues por acá, amigo mio, dixo el Familiar, no podemos echar piernas, y algunos probes Labradores se quedarán per ostiam santam incionem. Sobre q’ hay hombre que no coge lo que sembró. Yo, bendita sea la misilicordia de Dios, no estoy tan endesgraciado, porque, como la hoja que tocaba est’ año es la que está carre Vallaolí y aquella tierra es tan espiojosa, hizo bodega con las aguas de la otoñada y con las que cayeron dempues por entruejos, con que ha dado bonicamente, y hast’ unas ciento y cinquenta cargas de todo pan ya espero coger, con que m’ animaré á umbiar á Bertholo á Villagarcía, para que escomience la glamática con aquellos benditos Flaires de Dios, que llaman Padres Theatinos.»

17. — «Sí, dixo á este punto, hecha una vívora, la Tia Cecilia Cebollon, (que assí se llamaba la muger del Familiar,) para que aquellos Flairones te le desuellen á azotes.» — «Mijor, respondió con mucha sorna el socarron del Familiar;p. 164 por esso nació el dia de San Bertholomé, y fué mi gusto que le pusiessen Bertholo, para que me lo desollassen; porque, desengáñate Cicilia, que la letra con sangre entra.» — «Pues dígote, replicó la Cebollona, que, por mas q’ hagas, no he d’ umbiar m’ hijo á Villagarcía.» — «En esso harás bien, respondió el Familiar; y, por lo mesmo que no l’ has de umbiar tú, tendré cuidado d’ umbiarlo yo.» — «Irá donde yo quisiere, replicó la Cebollona, porque es tan hijo mio como tuyo.» — «Y aún mas, si lo apuras, respondió muy fresco el Familiar; pues, sin meternos por ahora en mas honduras, al fin tú le pariste, y yo no. Ea, Cicilia, tengamos buenos manteles y dexémonos de crebaderos de cabeza: ya te he dicho mil veces, que tú cuidarás de las hembras, y yo de los varones. Tú darás á aquellas la enseñanza que te pareciere, y yo daré á estos la dotrina que me diere la gana.»

18. — «Tambien yo la tenia, dixo á esta sazon Anton Zotes, que el mi Flairico estudiasse en Villagarcía, donde yo havia estudiado; pero por tener paz con la mi Catanla l’ umbié á Villaornate, y no me pesa, porque no ha salido por ahí nengun morondo.» — «En todas partes, respondió el Familiar, hay malos y güenos, soldesmente que en unas son mas los güenos que los malos, y en otras son mas los malos que los güenos. Lo que yo veo es, que los que estudian con los Theatinos no alborotan los puebros, ni apedréan los Santos, ni silvan los Rosarios, ni se juntan en las tabernas, ni embarran los vítores, ni se desvergüenzan contra los Flaires que estudian por otros libros. Allá en sus controversias y desputas vocéan, berréan y gritan hasta desgañitarse; pero dempues y acabado aquello, punto en boca, cortesía hasta el suelo, y tan amigos como d’ antes. Esto parece bien á Dios y á todo el mundo; lo contrario es mala crianza, y se conocen al vuelo los que estudian con unos y con otros.»

19. En estas conversaciones se passó la cena: llegó la hora de recogerse, y se retiraron todos, quedando despedidos desde la noche, porque los huéspedes pensaban madrugar mucho para librarse del calor. Assí lo hicieron, saliendo de Fregenal á las tres de la mañana y llegando á Pero-Rubio entre siete y ocho, ántes que, como se dice, comenzasse á calentar la chicharra.

20. No se puede ponderar el gusto y el agasajo con que fueron recividos del Licenciado Flechilla, en cuya casa se apearon derechamente, segun havian quedado de concierto al despedirse en Campazas. Era la víspera del dia en que se havian de celebrar las honras, y aquella tarde fueron concurriendo algunos parientes y amigos del difunto, no solo de los que vivian en los lugares circunvecinos, sino tambien tal qual que residia en poblacion algo distante. Entre estos llegó unp. 165 Reverendíssimo Abad Benedictino, primo del Escrivano Conejo, varon verdaderamente respetable; porque, sobre ser Monge muy ajustado, de porte serio, de estatura heróica, de venerable presencia, de semblante magestuoso y al mismo tiempo apacible, era sugeto á todas luces sabio, no solo muy versado en todas las facultades serias que son proprias de su profession, sino admirablemente instruído en todo género de bellas letras, de erudicion amena y escogida, lo que, junto á un trato humaníssimo y urbano, hacia sumamente grata su conversacion y le constituía un sugeto cabal y redondeado.

21. Trahia por socio á un Predicador segundo de la casa, jóven como de treinta años y Monge de su especial cariño; porque, aunque era de genio abierto, festivo y desembarazado, se contenia siempre dentro de los límites de la modestia y de la urbanidad religiosa, sin que los chistes y gracias, de que abundaba, cediessen jamas los términos de la decencia, ni se propassassen á quemazones ó pullas, que pudiessen ofender ni aún levemente á los mismos con quienes se zumbaba. Por esto, porque era mozo muy pundonoroso, exactíssimo en el cumplimiento de su obligacion y en el desempeño de su oficio, rendido á quanto se le mandaba, y dócil á todas las advertencias que se le hacian, havia merecido la especial inclinacion y aún concepto del Abad, que esperaba formar en él un Monge á su modo y de su mano, capaz de honrar con el tiempo no solo á la Congregacion, sino á toda la Orden Benedictina.

22. Poco despues que se apearon los dos Monges, entró á visitarlos, como tambien al Padre Predicador Fray Gerundio, el Cura de Pero-Rubio. Era Arcipreste de aquel partido, Comissario del Santo Oficio, y hombre de singular fábrica en el cuerpo, y de no ménos singular estructura en las potencias del alma. Estatura algo ménos que mediana, cabeza abultada y un si es no es oblonga, con canas entre rucias y tordas, corona episcopal, pestorejo colorado y con pliegues, ojos acarnerados, y en la circunferencia unas ojeras ó sulcos que le havian formado los anteojos perdurables, que solo se los quitaba para leer y para escrivir, ó quando estaba solo; pero en visitas, en passéos, ó en funciones públicas, al instante los montaba. Era lleno de semblante, aunque se conocia no ser maciza la gordura; porque á veces fluctuaban los carrillos, subiendo y baxando como fuelles de órgano. Tampoco el color era constante: unos dias muy encendido, otros malignamente jaspeado, con unas manchas verdi-pardas, entre enjundia y apostema; la lengua muy gorda; el modo de hablar hueco, gutural y autoritativo, resoplando con frequencia para mayor gravedad. Sus letras eran tan gordas como la persona; pero al fin havia rebuelto algunos libros de moral, tenia bienp. 166 atestada la cabeza de las noticias mas ridículas y mas apócryphas que se encuentran en los libros; porque para él, una vez que estuviessen impressos, todos eran á un precio y las vertia en las conversaciones de los páparos, assí de corona como legos, con una satisfaccion, con un coram-vobis y con unos resoplidos que no dexaban la menor duda de su certidumbre y de su authenticidad. Leía Gazetas y Mercurios, quando podia pillar algunos sin que le costassen un maravedí, porque en materia de gastar era strictioris observantiæ, y solia decir, no sin gracia, que para relaxacion bastábale la potra (era muy quebrado). Hablaba mucho de la Lusacia, de la Pomerania, de la Carinthia y de la Livonia, diciendo que estas provincias componian el grande Manzgrabiato de Westphalia, con que le oían como unos parvulillos todos los Curas de la redonda; y, como por otra parte era infinitamente curioso é indagador de todo quanto passaba en las chimenéas y en los rincones, cuchucheador y mysterioso, le miraban todos con un gesto equívoco, entre respeto y burla, entre desprecio y temor.

23. Aún estaban en los primeros cumplimientos del Señor Comissario, quando se entró á galope por la sala el Predicador Fray Blas en trage de camino y, sin saludar á nadie, se fué derechamente á dar un estrecho abrazo á su amigo Fray Gerundio, como si huviera veinte años que no se havian visto; y es tradicion, que aún se estaba componiendo los hábitos que trahia enfaldados, quando se dió recado de parte del Concejo, y entraron los dos Alcaldes, los dos Regidores, el Procurador de la Villa y el Fiel de fechos; porque aún no se havia provisto el oficio de Escrivano. Aquel dia no debió de acaecer sucesso considerable; por lo ménos se ha frustrado en su indagacion nuestra solicitud y diligencia, sin que en las memorias que hemos podido recoger se halle mas que lo sucedido en el mismo dia de las honras, cuya relacion pide capítulo aparte, y vamos á servir á nuestros Lectores con el capítulo siguiente.

CAPITULO VII.
Lo mismo que el otro.

1. Amaneció el dia tantos de tal mes, corriendo dichosamente el año de mil setecientos y quantos. (Hablamos assí por estar algo embrollada la chronología, y no es negocio de engañar á nadie, aunque nos pagaran á peso de oro cadap. 167 noticia incierta.) Reinaba en España su gloriosíssimo Monarca; governaba la Iglesia de Dios el Sumo Pontífice, Vicario de Jesu-Christo, y era General de la Orden un varon grave, elegido canónicamente por el Capítulo, quando el relox de sol de Pero-Rubio señaló la hora de las diez de la mañana. Este relox era la sombra que hacia un sobradil, que atravesaba la pared sobre la misma puerta del matadero, único edificio del lugar cuya fachada principal miraba derechamente á mediodía. Desde el mismo punto del amanecer se havia doblado toda la clave de las campanas; eran dos esquilones y un cencerro que servia de hacer señal para las missas rezadas; y, aunque los esquilones en su primitiva fundacion ó fundicion, segun la tradicion de padres á hijos, havian sido de los afamados en toda la comarca, con el tiempo, que todo lo consume, uno havia perdido la lengüeta, y se suplia esta falta con una pesa de hierro de á dos libras ménos onza, que por defectuosa havia quitado al Carnicero del lugar un Juez de residencia. Servia á la pesa de espigon un gruesso cordel de cáñamo, que prendia del anillo ó hembrilla interior del esquilon deslenguado; y, como el cordel no tenia consistencia para contener la pesa en aquella direccion que la daba el movimiento de la campana, siempre que esta se empinaba, giraba en círculo la cuerda y sonaba á almirez de boticario, quando el mancebo desprende los polvos que se pegan á las paredes. El otro esquilon se havia relaxado un poco en cierta funcion, en que hizo mas fuerza que la acostumbrada, y, como se le iba la voz por la rendija, era su sonido acatarrado.

2. En fin, todo esto importaba un bledo para el sermon de honras que predicó nuestro Fray Gerundio, el qual, llegada la hora, encendido el túmulo, concluída la missa, tomada la capa negra por el Preste y acomodado el auditorio, subió al púlpito y predicó su sermon; pero, qué sermon! Excusamos repetirle, porque ya dexamos hecho un exacto y puntual análysis, que casi casi puede ser anatomía, de su fúnebre oracion, en todo el capítulo 5º de este mismo libro quinto, adonde remitimos á nuestros Lectores; porque no se desvió un punto nuestro insigne Orador ni de aquel plan, ni de aquel assunto, ni de aquella division, ni de aquellas pruebas. Mas, por quanto no es impossible que se halle tal qual Lector tan perezoso, que no quiera tomarse el ligero trabajo de recorrer aquel capítulo, no de otra manera (porque un símil oportuno adorna mucho la narracion,) que un Clérigo galbanero se da al diantre, siempre que en el Breviario ó en el Missal encuentra parte del rezo ó de la Missa en remissiones ó en citas, y, por no ir á buscarlas, apechuga con el primer comun que se le pone delante; para obviar nosotros este inconveniente, hemos tenido por bien recopilar aquí con lap. 168 mayor brevedad lo mismo que diximos allí, en gracia de nuestros próximos flacos, miserables y poltrones.

3. Introdúxose pues Fray Gerundio á su famosa oracion con esta primera cláusula, que dexó atónito al gruesso del auditorio: Esta parentacion sacro-lúgubre, este epicedio sacri-trágico, este coluctuoso episodio y este panegýris escenático se dirige á immortalizar la memoria del que hizo immortales á tantos con los rasgos cadméos que, á impulsos de aquilífero pincel, estampó en cándido lino triturado, sirviendo de colorido el atro sudor de la verrugosa agalla, chupado en cóncavo aéreo vaso de la leve madera Pambeocia: calamus Scribæ velociter scribentis. No es ponderable, con quanta satisfaccion rompió en esta primera cláusula, y quantos parabienes se dió á sí mismo dentro de su corazon por haver encontrado con voces tan adequadas como significativas para explicar su pensamiento. «Que se me vengan, que se me vengan, decia allá para consigo, no solo á impugnar, sino á empujar la clausulilla! que levante, que levante el Rhetórico mas culto la postura de las voces, y que me las dé ni mas empinadas ni mas eruditas! Llamar á las letras rasgos cadméos, á la pluma aquilífero pincel, al papel cándido lino triturado, á la tinta el atro sudor de la verrugosa agalla, al tintero de cuerno concavo aéreo vaso, añadiendo despues para mayor explicacion de leve madera Pambeocia, con alusion al buey que fué enseñando á Cadmo el camino hasta llegar al sitio donde fundó la Ciudad de Thebas: esto lo pensaria por ahí qualquiera Predicador sabatino de la legua? Y no havria mas de quatro Predicadores mayores y aún mas de dos Predicadores generales, que no tengan númen para tanto?»

4. Metióse al instante en el espesso matorral del antiquíssimo principio, de la costumbre immemorial, y de los diferentes modos y ritos con que en todos tiempos y en todas las naciones se han celebrado las honras de los difuntos: no olvidó las repetidas citas de Polybio, Pausanias, Alexandro (Natal), Eliano, Plutarco, Celio, Suetonio, Beyerlink, Esparciano, Marino, Novarino, Apiano, Diodoro Sículo y Herodoto, todos de la misma manera y por el mismíssimo órden que los cita el Florilegio. Encaxó con la mayor oportunidad las cláusulas mas brillantes y las que á él le havian petado mas en el nunca bastantemente aplaudido sermon de honras á los Militares difuntos del Regimiento de Toledo. Aquella de tan lúgubremente generosa como luctuosamente compassiva; la otra de erigian túmulos suntuosos, grandiosos fúnebres obeliscos irradiados de luces y luctuados de bayetas, coherencia lúcido-tenebrosa, que entre hiertas cenizas cadavéricas vitalizaba memorias de sus Militares difuntos; solo que en lugarp. 169 de Militares dixo Escrivanales. Y en la que se sigue despues: en cruentas aras trucidaban innocentes víctimas que dirigian á mitigar rigores de los Dioses, esparcian rosas fragantes, confederando matices y verdores, para declamar memorias immarcessibles y floridas esperanzas á la felicidad eterna de los Militares difuntos, solo mudó las dos últimas palabras, diciendo en vez de Militares difuntos, Estilíferos finados, aludiendo á que antiguamente se escrivia con unos punzones de hierro ó de acero, que se llamaban estilos. Pero, lo que repitió varias veces, porque le havia dado mas golpe que todo, fué aquello de sollozando nenias sentidamente eloquentes, gimiendo endechas piadosamente elegantes; y aún notó que el auditorio, siempre que decia algo de esto, como que se sonaba los mocos.

5. En donde estuvo sin comparacion mas feliz que el Autor del Florilegio, fué en aprovecharse de la exposicion de Haye sobre lo que significa Odolla, Ciudad donde Júdas Machabéo decretó las primeras honras ó los primeros sacrificios, que se lee en la Escritura haverse ofrecido á Dios por los difuntos. Dice Haye, que Odolla se interpreta Testimonium sive ornamentum (testimonio ú ornamento). Al Autor del Florilegio le hacia al caso el ornamento y no el testimonio; porque, assí como las franjas, los galones y las guarniciones se llaman ornamento de los vestidos, assí la guarnicion de los soldados parece que se ha de llamar ornamento de las plazas; con que Ciudad de ornamento, Odolla, id est ornamentum, es Ciudad o Plaza de guarnicion, y por aquí la vino á Ciudad Rodrigo el parentesco estrecho con Odolla. Puede ser, que á mas de dos críticos de estos que tratan de genealogías mentales, les parezca algo largo el parentesco; pero no haya miedo, que les parezca assí el que probó nuestro Fray Gerundio con la Ciudad de Odolla de su difunto Escrivano, ó ya se siga la interpretacion de testimonio, ó ya se adopte la exposicion de ornamento.

6. «Aquí conmigo, dixo el ingenioso Orador: si Odolla es testimonio, Odolla id est testimonium, todos quantos testimonios dió nuestro malogrado Heroe dan testimonio de que fué de Odolla su elevadíssima prosapia. Nadie note el elevadíssima; porque, como se cuentan en ella tantas plumas, pudo elevarse, pudo remontar el vuelo hasta dexar muy debaxo de sí al Icaro presumido: Icarus Icarias nomine fecit aquas. Si Odolla es testimonio, Odolla id est testimonium, luego es la Ciudad de los testimonios la Ciudad de Odolla. Ciudad de los testimonios y Ciudad de los Escrivanos, aunque parecen dos, son una misma synonýmica poblacion, como sabe el Rhetórico elegante, segun el cánon de la divina Synecdoche: Synecdoche figura est, in qua parsp. 170 apponitur pro toto. Y si no, dígame el entendido: por qué Juan se singulariza por secretario del Verbo? Quia testimonium perhibet de illo, et scit quia verum est testimonium ejus. Repare el discreto: lo primero, porque dió testimonio, testimonium perhibet; lo segundo, porque fué testimonio verdadero, et verum est testimonium ejus. Aquello le acreditó de Escrivano, porque para ser Escrivano basta dar testimonio: testimonium perhibet. Esto le calificó de buen Escrivano, porque para ser buen Escrivano es menester que sea el testimonio verdadero: et verum est testimonium ejus. Pero de una y de otra manera, el dar testimonio es tan proprio de los Escrivanos, como es proprio de la Ciudad de Odolla el ser la Ciudad de los testimonios: Odolla id est testimonium.»

7. «Volvamos al texto: celebráronse ó se decretaron las primeras exequias lúcido-tenebrosas en la Ciudad de los testimonios, en la Ciudad de los Escrivanos: Odolla id est testimonium; y essa misma Ciudad era tambien la Ciudad de los ornamentos: Odolla id est ornamentum. Espantábame yo, que no estuviessen los ornamentos pared en medio de las exequias: alto al mysterio. Llámanse ornamentos, con antonomástica possession, las vestiduras sacro-séricas de que usa el Sacerdote para celebrar el sacrificio de la missa: paramenta seu ornamenta, que dixo con elegancia el lithúrgico Rubriquista. Y claro está, que exequias sin missa son cuerpo sin alma, ó á lo ménos es la missa la que principalmente vivifica y refrigera las almas que fueron de los cadavéricos cuerpos: in Spiritum sanctum Dominum vivificantem. Ahora conmigo: la missa en dias comunes es de puro consejo: Consilium autem do, que dice el Vaso escogido; la missa en dias de Domingo es de riguroso precepto: Mandatum meum do vobis. Notólo con discrecion la rubicunda púrpura de Hugo: Omnes tenentur audire sacrum die Dominica. Infiera ahora el Lógico: luego, siendo estas exequias de nuestro Domingo Conejo, era indispensable la missa, porque la missa es indispensable en dia de Domingo: Omnes tenentur audire sacrum die Dominica. Qué hay que replicar á esta consequencia? Pues, allá va otra: luego fueron clara y patente figura de estas coluctuosas exequias las que se decretaron por el invicto Machabéo en la Ciudad de Odolla, Ciudad de los Escrivanos, Ciudad de los ornamentos: Odolla, id est testimonium sive ornamentum, paramenta, ornamenta: omnes tenentur audire sacrum die Dominica.»

8. A este modo y del mismíssimo gusto fué toda la oracion fúnebre, cuyo traslado con mejor consejo nos ha parecido omitir, porque seria impropriedad en assunto tan doloroso hacer llorar de risa á los lectores. Baste decir que, para cerrarla con llave de oro, dió glorioso fin á ella con aquellap. 171 ridícula alegoría que se le ofreció de repente en el ya citado capítulo 5º., para contrarrestar la otra no ménos estrafalaria metáphora, que tanto celebró Fray Blas en el sermon de honras del famoso Florilegio; solo que allí la dixo seguida y sencillamente, sin adornarla con textos; pero en el púlpito la vistió y la sacó de gala con todos los adornos correspondientes. Hácesenos lástima, y aún casi pica en escrúpulo, defraudar al público de los oportuníssimos textos con que la engalanó; y assí allá vá, ni mas ni ménos como la pronunció, con todos sus atavíos.

9. «En virtud de queja fiscal, adversarius vester diabolus circuit quærens, se levantó auto de oficio por el supremo Juez, tenens adversus nos chirographum, y se dió mandamiento de prision contra nuestro Escrivano difunto, tenete eum et ducite caute: presentóse este en la cárcel del Purgatorio, claudentur ibi in carcere, dexando poder al Amor Filial para que, como Procurador suyo, gloria patris est filius sapiens, contradixesse la demanda, posuisti me contrarium tibi, apelando de la sala de Justicia á la sala de Misericordia, secundum magnam misericordiam tuam. Libróse despacho de inhibicion y avocacion, con remission de autos originales, ego veniam et judicabo; dióse traslado á la parte de nuestro mísero encarcelado, nihil respondes ad ea quæ adversus te dicunt? Hizo este un poderoso alegato de missas, oraciones y sufragios, Domine, oratio mea in conspectu tuo semper; y, dándose por conclusa la causa, non invenio in eo causam, falló la Misericordia que debia mandar y mandaba, que el Escrivano Domingo Conejo saliesse libre y sin costas de la tenebrosa cárcel, sinite hunc abire, declarando haver satisfecho suficientemente todas sus deudas con las penas de la prision, dimitte nobis debita nostra, y que assí se fuesse á la gloria en paz, requiescat in pace.»

10. Desengáñese la eloquencia mas valiente, persuádese la elegancia mas retumbante, humíllese la pluma de mas rápido remonte, y créame la fantasía de mas delicado perspunte, que no es possible, no digo ya explicar dignamente un solo rasgo, pero ni aún concebir entre sombras un tenebricoso bosquejo del embeleso, de la admiracion, del pasmo, del assombro con que fué oída la oracion de todo el numeroso auditorio, que componia un gruesso peloton de paparismo. A excepcion del Reverendíssimo Abad y de su Socio, que tambien estaban aturdidos, aunque por muy diverso término, no huvo siquiera uno entre todos los oyentes, que por buen espacio de tiempo no pareciesse estatua en virtud del extático pasmo que los preocupó. Hasta el mismo Fray Blas estaba enajenado, haciéndose cruces intelectuales en lo mas íntimo de su alma, y tan persuadido ya, allá de la saya para dentro, que en comp. 172paracion de Fray Gerundio él era un pobre motilon, que desde aquel punto le costaba grandíssima violencia el no tratarle con respeto, y, solo por no dar su brazo á torcer, prosiguió en la llaneza comenzada, pues por lo demas, en su estimacion y concepto, passaba Fray Gerundio por el primer hombre de toda la universal Orden. Assí lo confessó él despues á un confidente suyo, por quien se supo esta interior particularidad, que hace tanto honor á nuestro Heroe.

11. El Licenciado Flechilla, que le havia encargado el sermon y aquel dia hacia de Diácono en las honras, enagenado y fuera de sí, se quedó sentado en el banco donde havia oído la oracion, á mano derecha del Preste, tanto que ya el Comissario, que oficiaba, estaba incensando el túmulo (calados sus anteojos) en el último responso, y todavía permanecia en su banco el bueno del Licenciado, llorando á hilo tendido de gozo y de ternura, sin advertir lo que passaba. Apénas entraron en la sacristía los del altar, quando el Comissario Preste, sin dar lugar á que le quitassen la capa, se arrojó violentamente al cuello de Fray Gerundio; túvole un gran rato estrechíssimamente apretado entre los brazos, sin hablarle palabra, y despues, retirando un poco el cuerpo y poniéndole las manos sobre los dos hombros, prorumpió en estas exclamaciones: «O gloria immortal de Campos! O afortunado Campazas! O dichosíssimos Padres! O monstruo del púlpito! O confusion de Predicadores! O pozo! O sima! O abysmo! Es un horror! Es un horror! Es un horror! O! O! O!» Y fuése á quitar la capa, haciéndose cruces.

12. No pudo articular mas palabra por entónces el Licenciado Flechilla que decir interrumpidamente: «Padre, Padre, Padrico! La semana santa, la semana santa del año que viene; la semana santa; no tiene remedio, no tiene remedio.» Y, como á este tiempo entrasse en la sacristía Anton Zotes, creyó que era llegada la postrimera hora de su vida, porque consintió morir allí ahogado, segun los abrazos que le dieron, no contribuyendo poco para añudarle las muchas lágrimas que le hacia derramar el gozo. Fray Blas estaba atónito, y solamente se explicó con las cejas y con los ojos. Al Reverendíssimo Abad le pareció, que no le permitia la urbanidad dexar de presentarse, y assí, dexándose ver en la sacristía, seguido de su Socio, solo dixo con afabilidad y con agrado, que havia tenido un rato muy divertido, y que era razon que el Padre Fray Gerundio descansasse; á que añadió el Socio: «Yo estaria oyendo á vuestra Paternidad otras dos horas; la erudicion á carretadas; el estilo, de lo que hay poco; y el modo de discurrir es original.» Con las expressiones equívocas de los dos prudentes Monges se confirmaron los otros paletos en que apénas un Angel podria predicar mejor.

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13. Vueltos todos á casa y ya puesta la mesa, se sentaron á ella por su órden, menudeáronse los bríndis, repitiéronse las enhorabuenas, subieron de punto las expressiones, y solo no huvo décimas ni octavas, porque, como la funcion era de mortuorio, parecia importunidad. Con todo esso, no se pudo contener un estudiantillo legista, que aquel año havia comenzado los Vinios en Valladolid y tambien comenzaba á hacer pinicos de Poeta, echando sus quintillas y de quando en quando sus décimas en las porterías ó locutorios de las Monjas, quando havia funcion de hábito ó de professiones. Havia concurrido á las honras del Escrivano Conejo en nombre de su Padre, vecino de un lugar cercano y muy amigo del difunto, que por hallarse achacoso no havia podido venir personalmente. Pidió licencia para decir un epitaphio que se le ofrecia; y, como el assunto era tambien de requiem, fácilmente se le concedió, con que prorumpió en este disparate:

Yace entre estas dos losazas
Conejo: no yace tal,
Puesto que le hizo immortal
Fray Gerundio de Campazas.
Caminante, quando cazas,
No hallarás vivar mas guapo
Que este sitio en que te atrapo,
Pues con qualquier perro viejo
Cogerás aquí un conejo,
Y en el púlpito un gazapo.
Los dos Monges conocieron bien la insulsez de la décima, llena de ripio y sin mas sal que un equivoquillo ridículo que no tenia substancia; pero los demas, que no hilaban tan delgado y ni entendian ni atendian mas que al sonsonete, la levantaron sobre las nubes y hicieron sacar incontinenti muchos traslados para esparcirlos por toda la redonda, conviniendo todos en que el Licenciado era tan gran Poeta, como Fray Gerundio Predicador. Con esto se retiraron los Padres á dormir la siesta, y despues de ella sucedió lo que vamos á decir en el capítulo siguiente.

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CAPITULO VIII.
Sálense á passear los quatro Religiosos, y el Padre Abad, en tono de conversacion, da á Fray Gerundio una admirable doctrina.

1. Dormida la meridiana, tomado un polvo, rezadas vísperas y completas, y ya adelantada un poco la tarde, que estaba muy apacible, dixo el Padre Abad á Fray Blas y á Fray Gerundio, que si gustaban de salir á espaciarse un poco al campo. Aceptaron gustosos el convite los dos amigos, y se salieron á passear en compañía de los dos Monges. Apénas se vieron fuera del lugar, (y no tuvieron que andar mucho para esso,) quando impaciente ya Fray Blas preguntó al Padre Abad: «Qué le pareció á vuestra Reverendíssima del sermon de esta mañana? No fué un assombro?» — «En su linea, respondió el Reverendíssimo, es de lo singular y de lo precioso que he oído.» A tal punto se incorporó con la tropa el Comissario, que venia con alguna acceleracion á cortejarlos, no haviéndolos encontrado en casa del Licenciado Flechilla. Era su trage de passéo, becoquin mocho, sombrero nuevo de castor, alzacuello con su esclavina, sobre-ropa con alamares, baston con puño de plata y buen recado de borla; en fin, parecia un Arcediano. Despues de los cumplidos ordinarios, prosiguió la conversacion entablada, porque Fray Blas repitió la misma pregunta, y el Padre Abad le dió la misma respuesta.

2. «No esperaba yo ménos de la profunda sabiduría de vuestra Reverendíssima, dixo el Comissario. Malo es que á mí me dé golpe un sermon, un libro, una obra, sea de la facultad y de la especie que se fuere, que lo mismo mismíssimo ha de parecer á todos los hombres sabios y discretos del mundo. Tengo mil experiencias de esso. Aquellas exquisitíssimas noticias, que dió el Padre Fray Gerundio del orígen de los elogios y de las oraciones fúnebres, como tambien de los diferentes ritos con que se han celebrado y se celebran las honras de los difuntos, comprobadas todas con testimonios de tanta multitud de Autores, no prueban un milagro de lectura y un abysmo sin suelo de sabiduría?»

3. — «Bien puede ser, respondió el Padre Abad, que al Reverendo Fray Gerundio le huviesse costado esso mucho sudor, mucho aceite y mucho tiempo; porque, como todavía es jóven, no puede tener grande noticia de los Autores, que tratan de propósito varios assuntos. Dionysio Halicarnasseo, célebre Historiador y uno de los mejores críticos de la antigüedad, tiene una bella, elegante y muy erudita dissertacionp. 175 sobre esta única materia, intitulada: De origine et vario ritu Funeralium. Allí se encuentra todo quanto dixo el Padre Fray Gerundio, y mucho mas. En esta especie de escritos philológicos, dicen los críticos que están puestas en su lugar todas essas noticias; pero en los sermones las tienen por impertinentes y por una pueril vanidad de ostentar erudicion fuera de tiempo. A lo mas mas permiten, que se apunten muy de passo, huyendo mucho de recalcarse en ellas. Yo solo refiero lo que los críticos dicen, pero sin tomar partido; porque no es mi ánimo defraudar un punto el concepto que se merece el Padre Fray Gerundio.»

4. — «Oh Padre Reverendíssimo! replicó el Comissario. Los críticos! Los críticos son extraña gente: dudarlo todo, impugnarlo todo, negarlo todo, y cátate que soy crítico. Hay manía mas graciosa como negar, que Júdas se crió desde niño en casa de Pilatos; que le sirvió de Jardinero ó de Hortelano; que despues mató á su Padre sin conocerle, porque quiso llevarse unas peras de la huerta; que al cabo se casó con su misma Madre sin saber que lo era, y que á esta tambien le quitó la vida por no sé qué niñería, y que, viéndose viudo, se quiso meter Frayle, pero, no haviéndole querido recivir en ninguna Religion monacal ni mendicante, por fin y postre se metió Apóstol y vendió á su Maestro, se ahorcó de un moral muy alto, estando tres dias colgado de él sin poder morir por mas diligencias que hizo, hasta que, en el mismo punto en que Christo resucitó, se rompió el cordel, y cayó precipitado sobre una peña ó guijarro puntiagudo, que le abrió las entrañas y le hizo arrojar los intestinos? Noticias todas tan ciertas, tan authénticas, tan indubitables, como que están escritas é impressas por un varon pio, docto y religioso, en un libro de título muy retumbante. Y en medio de esso los críticos no solamente las niegan, sino que hacen grandíssima chacota de el que las escrive, y no menor burla de los que las creen. No haga pues caso vuestra Reverendíssima de los críticos, y déxelos decir hasta que se cansen.»

5. — «Soy de essa opinion,» dixo el Socio del Abad algo socarronamente. «Los críticos vienen á turbarnos en la quieta y pacífica possession en que estábamos, de creer buenamente mil y quinientas cosas sin perjuicio de tercero; y, pues ellos no hacen caso de un título tan justo como es el de la possession, tambien es puesto en razon que nosotros no hagamos caso de ellos. La erudicion sirve de adorno en los sermones, y los Santos Padres no la despreciaban quando la tenian á mano.»

6. — «Por lo ménos, interrumpió el Padre Abad, ni San Gregorio Nazianceno en las oraciones fúnebres que pronunció, ya en la muerte de su grande amigo San Basilio, ya en lap. 176 de su Padre, que se llamaba tambien Gregorio, ya en la de su hermana Santa Gorgonia; ni San Gregorio Nysseno en las que predicó á las honras de las Emperatrices Plácida y Pulqueria; ni San Ambrosio en las que dixo en elogio del Emperador Theodosio el Grande, se cansaron en gastar essa especie de erudicion. Mucho peso, mucha solidez, mucha piedad, mucha eloquencia, mucho ingenio y mucha ternura, esso sí; pero erudicion, ni poca ni mucha, y en verdad que todos tres Santos eran muy leídos.»

7. — «A esso, Padre Maestro, dixo el Socio, se me ofrece una gran disparidad; essos Santos predicaban las honras de otros Santos, y quando ménos de unos Emperadores que, aunque no están canonizados, compitieron en lo heróico sus virtudes christianas con las políticas y con las militares. Todos essos grandes objetos estaban tan llenos de nobles materiales, que era inútil el adorno, y ociosa la invencion, quando sin esta y sin aquel no tenia tiempo el Orador ni aún para apuntar, quanto mas para explayarse en dar á el auditorio un claro conocimiento de sus Héroes. Nuestro Reverendo Fray Gerundio no tuvo por objeto de su oracion á ningun San Basilio ni á ningun Emperador Theodosio. El Señor Escrivano (que Dios haya) seria muy buen Christiano; pero sus virtudes no hicieron ruído. Comulgaba una vez al año con mucha devocion, oía missas los dias de fiesta, y ganaba en oficio todo quanto podia. No venció tyranos, ni ganó batallas, ni conquistó provincias, ni defendió á la Religion; y en fin, no sabemos que sobresaliesse mucho en alguna de aquellas virtudes morales ó prendas naturales, que tal vez se reputan por assunto digno de los elogios fúnebres. Bien ve vuestra Paternidad, que para alabar á un hombre assí, esto es, á un hombre de vida comun y por ventura no muy exemplar, con precision de gastar por lo ménos una hora en celebrarle, es menester arte, inventiva, y forragear mucho en la erudicion para llenar el tiempo y para divertir la curiosidad del auditorio, ya que no se pueda decir cosa que la edifique demasiadamente.»

8. — «Admirable réplica!» exclamó Fray Blas. — «No tiene respuesta el argumento,» dixo el Comissario. — «Quitómele de la boca el Padre Predicador,» añadió Fray Gerundio. — «Sosiéguense Ustedes, replicó el Padre Abad, que yo veré si puedo responder á él, pero me han de oir con paciencia.»

9. «No tiene duda, que las oraciones fúnebres se inventaron en el mundo para celebrar á los claros varones, alentando á los vivos á la imitacion de los difuntos en las heróicas virtudes, que practicaron en beneficio de la Patria y de la República. Esso de que los Athenienses fuessen los primeros que introduxeron esta loable costumbre, como lo afirmó en su sermon el Padre Fray Gerundio, es muy dudoso y seguidop. 177 de muy pocos. Lo mas mas que se les concede fué la invencion de ciertos juegos eqüestres, que en honor de los difuntos esclarecidos practicaban sus amigos y parientes, como lo hizo Achiles con Patroclo, y mucho tiempo ántes Hércules con Pélope.»

10. «Lo que no admite duda es, que una de las primeras oraciones fúnebres que se leen en toda la antigüedad es la de Lucio Junio Bruto, como dice Ciceron, diez y seis años anterior á las que se leen de los Griegos, celebrando la memoria de los que murieron en la famosa batalla del Marathon; y por el mismo tiempo, poco mas ó ménos, tuvieron principio los epitaphios ó elogios sepulchrales, que se gravaban sobre las sepulturas de los difuntos, dando una succinta noticia de las principales acciones de su vida ó de los dictados mas visibles que los adornaron; como el de Anicio Probo, cinco veces Cónsul, Questor y Candidato, á su madre Anicia Phaltonia Proba, muger de un Cónsul, hija de otro, y madre de dos; pero, sobre ser esta una qüestion inútil, fácilmente podemos conciliar las dos opiniones encontradas, diciendo que los Griegos fueron los primeros que inventaron los elogios fúnebres, dedicándolos precisa y únicamente á los que morian con las armas en las manos en defensa de la patria; y los Romanos fueron los primeros que los extendieron á todos los difuntos, que en qualquiera linea huviessen sido beneméritos de la República ó de el Estado. Aquellos los limitaron á las virtudes militares, estos los extendieron á todas las virtudes.»

11. «Hasta que la Iglesia comenzó á lograr alguna paz permanente, hácia los principios del quarto siglo, ni se introduxo ni pudo introducirse esta costumbre entre los Christianos. Las primeras oraciones fúnebres completas que tenemos y que merezcan este nombre, son las de San Gregorio Nazianceno, que murió el año de 391. Es cierto, que ni entónces ni en muchos siglos despues se permitieron en la Iglesia de Dios este género de elogios públicos, pronunciados en el Templo á vista de todo el pueblo, sino en la muerte de sugetos esclarecidos, notoriamente recomendables por su eminente virtud ó por sus grandes servicios en obsequio de la Religion. Despues la lisonja, la vanidad y la condescendencia, ayudadas de la calamidad de los tiempos, introduxeron el intolerable abuso de celebrar magníficas exequias con oraciones fúnebres á todos los difuntos que dexaban conveniencias para costearlas. Tuvo principio esta corruptela en el siglo 11º, quando se comenzó á relaxar la disciplina, y las revoluciones del Imperio abrigaron la simonía, la violencia y la ignorancia, pues se hallan en aquel siglo y en los dos siguientes algunos panegýricos pósthumos de sugetos no solo escandalosos y perversos, sino hombres verdaderamente facinorosos.»

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12. «Para formar estos elogios, claro está que era menester una de tres cosas: ó fingir descaradamente las virtudes que no tuvieron, ó ponderar las que debian de tener, ó sacar al theatro con nombre de virtudes los mas vergonzosos vicios, echándolos una capa que los diesse otra apariencia. Entónces fué quando se comenzó á torcer en los púlpitos el verdadero significado de aquellos grandiosos nombres magnanimidad, bizarría, intrepidez, generosidad, gran corazon, política, prudencia, teson, animosidad, heroísmo, etc. Contagio ó trastornamiento que, derivándose de siglo en siglo hasta nuestros tiempos, ya apénas nos dexa discernir los verdaderos Héroes de los que no fueron mas que unos verdaderos tyranos, ladrones, usurpadores, falaces, astutos, pérfidos, ambiciosos, atrevidos, temerarios, arrogantes y descarados mofadores de todo el género humano.»

13. «Apoderada de los pueblos y de las naciones esta perniciosa introduccion, mas ó ménos se ha conservado hasta ahora en todas las de la Christiandad. Es verdad que en nuestra España ya es muy rara la provincia, y aún los pueblos, donde se permiten sermones de honras que no sean á sugetos de virtud sobresaliente, sobre lo qual se han tomado varias providencias, assí en algunos Concilios provinciales como en diferentes Sýnodos diocesanos. Si hay algun Gremio ó Comunidad, donde constantemente se observe esta demonstracion con todos sus individuos difuntos, es por la justa presuncion que funda el mismo hecho de haver sido de tal Comunidad ó de tal Gremio, de que el difunto necessariamente sobresalió en alguna virtud, prenda ó talento recomendable. Algunos son de opinion que, quando estas prendas no salen de la esphera de virtudes puramente morales ó intelectuales, tampoco debieran salir los elogios de los sugetos que las posseyeron, de aquellas piezas donde las Comunidades ó Gremios sabios celebran sus juntas ó sus exercicios literarios. Assí se observa en las dos Academias de las Ciencias y de las Bellas Letras de Paris: los nobles elogios fúnebres que se consagran á la memoria de los miembros de ellas que murieron, se encierran siempre dentro de las paredes de sus académicos Muséos, y hacen una preciosa parte de sus utilíssimos exercicios. El púlpito y los Templos parece que solo debieran reservarse para elogiar aquellas virtudes verdaderas que, sin volver siquiera los ojos hacia la vana immortalidad del nombre, miran derechamente á la eterna felicidad. Los que son de este sentir, juzgan que es profanarlos el dedicarlos á otra cosa. Yo prescindo de esta opinion, porque mi dictámen no hace falta ni para defenderla ni para impugnarla.»

14. — «Hace bien vuestra Reverendíssima, interrumpió el Comissario; porque, si llevara la contraria, nos havian de oirp. 179 los sordos. Yo tengo en mi poder el sermon, que se predicó en las honras de un primo mio Cathedrático, y, aunque no fué negocio de que la gente anduviesse á cachetes por sus reliquias, pero al fin el Orador, que tampoco es ménos que un Cathedrático de prima, le compara á Salomon; y en verdad que pienso dexarle á mis sobrinos como la alhaja mas preciosa de mi herencia, mandando expressamente en el testamento, que le archiven entre los papeles mas importantes de la familia; y aún no estoy ageno de hacer á mi costa otra impression, si pinta bien la venta de los carneros. Pero prosiga vuestra Reverendíssima, porque le oímos con gusto.»

15. — «Digo pues, continuó el Padre Abad, que, aún tolerada en algunas partes la costumbre de predicar sermones de honras á los que en vida no tuvieron las costumbres mas arregladas, pero se hicieron recomendables por otras prendas naturales dignas de estimacion, parece á muchos hombres discretos, (cuyo dictámen no me atrevo á reprobar,) que están en ellos muy fuera de su lugar las noticias eruditas, gastadas, como dicen, á pasto y muy de intento, especialmente aquellas que se toman de los funerales del Paganismo.» — «Pues, como se ha de bandear el pobre Orador sin esse socorro?» preguntó Fray Blas. — «Yo se lo diré á vuestra Paternidad,» respondió el Padre Abad.

16. «Como se bandeó San Gregorio Nazianceno en su admirable oracion fúnebre predicada en las honras de San Basilio, quando llegó á tratar de su universal pericia en casi todas las ciencias. Ya ve vuestra Paternidad, que esto pertenece puramente á las prendas intelectuales y naturales; pues, sin distraherse el Santo á noticias impertinentes ni hacer ostentacion de alusiones importunas, va haciendo una noble descripcion de las ciencias que posseía con gran perfeccion el gran Basilio, insinuando al mismo tiempo con artificioso dissimulo una admirable instruccion para que los oyentes aprendiessen el modo de posseerlas, sin descuidarse de enseñarlos como havian de usar de ellas con utilidad. Contentóme mucho este hermoso trozo de la oracion, aún leído en la version latina, que sin duda perderia no poco de su elegancia original en la lengua griega. Tradúxele en castellano, y aún le tomé de memoria, por si acaso se me ofrecia alguna vez aprovecharme de él; y á fé que han de tener Ustedes la paciencia de oírmele, porque no les ha de disgustar. Dice pues assí:»

17. «Qué ciencia, qué facultad huvo en que Basilio no estuviesse muy versado, y tan versado como si se huviesse dedicado á ella sola? De tal manera las posseyó todas, que jamas huvo quien posseyesse una sola con igual perfeccion; y con tanta eminencia se hizo dueño de cada una, que parecia ignoraba todas las demas. Y esto porqué? Porque áp. 180 un ingenio tan sútil como elevado añadia una aplicacion tan continua como laboriosa: medio único para adquirir el imperio sobre las ciencias y las artes. Su ingenio pronto, rápido y penetrativo hacia al parecer ocioso su estudio infatigable; y, á vista de su continuo estudio, parecia inútil la rápida perspicacia de su ingenio. Sin embargo, juntó la una con la otra con tanto empeño, que dexó neutral la admiracion, sin saber á qual de las dos partes debia aplicarse mas, si á la elevada viveza de su ingenio ó al teson incansable de su estudio. Quien pudo competir con Basilio en la rhetórica, aquella divina arte que en todo respira fuego? Superior á los Rhetóricos mas célebres en el inimitable uso de los preceptos, pero muy desemejante de ellos en las costumbres. Quien le excedió en la gramática, aquella arte de hablar correctamente, que pule y forma la lengua para el Griego mas castizo, aquella que recoge la historia, preside en la poesía, y como suprema Legisladora publica é intima leyes para el metro? Quien en la philosophía, ciencia verdaderamente sublime, que se eleva á lo mas alto de la naturaleza, ya se considere aquella noble parte suya, que se dedica á la práctica y experimental indagacion de las verdaderas causas que producen los efectos naturales, ya se atienda aquella otra, que se entrega toda á la especulacion en las disputas, sutilezas y argumentos lógicos, que comunmente se conoce con el nombre de dialectica? En ella sobresalió tanto Basilio que, si alguna vez la necessidad le empeñaba en la disputa, su argumento no tenia solucion, y era mas fácil al adversario burlarse del mas intrincado laberintho que desembarazarse de su réplica. Por lo que toca á la astronomía, geometría y arithmética, se contentó con saber lo que bastaba para que los peritos en estas facultades le mirassen y le oyessen con respeto; lo demas lo consideró como inútil á la profession de un sabio religioso y serio, que en sus estudios buscaba el provecho y no la curiosidad: de manera que tanto se debe admirar en Basilio lo que no quiso estudiar, como lo que escogió para aprender.»

18. «Aquí tienen Ustedes un elogio limitado precisamente á prendas ó virtudes naturales, que á un mismo tiempo deleita é instruye, persuade y mueve, sin el fárrago de erudicion ó de noticias triviales que un Predicador de los que se usan fácilmente embutiría en los varios puntos que toca San Gregorio Nazianceno: un elogio que, no rozándose ó rozándose apénas con las virtudes christianas, no obstante se pronunció dignamente en el púlpito mas grave y á vista del auditorio mas autorizado y mas serio. Pues, quien quita que á imitacion de este se formen otros muchos, quando en los sugetos, cuyos funerales se celebran, no hay que alabar sino prendas natup. 181rales ó virtudes puramente morales, que, aunque no son mérito para la vida eterna, son imitables por útiles á la sociedad civil?»

19. — «Y si ni aún esso se halla en el difunto, dixo Fray Gerundio con algun sacudimiento y retintin, como que él se havia visto en esse caso, de qué ha de echar mano el triste Predicador?» — «Penetro, Padre Fray Gerundio, respondió el Padre Abad, todo el émphasis de la pregunta, que no es tan innocente como parece: confiesso á vuestra Paternidad, que mi primo el Escrivano ni fué canonizable, ni se hizo muy visible por otros talentos de la linea natural, que logran alguna recomendacion entre los hombres; por esso tuve lástima del Orador que havia de predicar sus honras, luego que me avisaron de su última disposicion, y aún él mismo se hizo cargo de la dificultad, quando por conocerla dexó una limosna tan quantiosa al Predicador, atento al apuro en que se havia de ver para encontrar en él algo digno de alabarse. Pero digo, que aún en este apretado lance hay en la rhetórica ciertos lugares comunes, y todos graves, de que puede y debe echar mano el Orador para formar su panegýrico fúnebre, sin dispendio del tiempo, sin perder el respeto al púlpito, y con utilidad del auditorio.» — «Y qué lugares son essos, Padre Reverendíssimo?» preguntó Fray Gerundio. — «Yo se los diré á vuestra Paternidad,» respondió el Padre Abad.

20. «Los que llaman de la persona, y se pueden reducir á quatro capítulos: á las prendas del cuerpo, á las del alma, á la nobleza ó méritos de sus antepassados, y al oficio, empléo ó ministerio que exerció el difunto quando vivo. En el cuerpo se puede considerar la proporcion, gentileza, symetría ó hermosura, la agilidad, la robustez, la fortaleza, etc. En el alma, el entendimiento, la penetracion, el juício, la prudencia, etc. En la nobleza ó méritos de sus antepassados, todas las hazañas que los hicieron recomendables. En el oficio ó empléo, la superioridad, la exactitud, la aplicacion, los medios, los fines, la utilidad, etc.» — «Pues qué! interrumpió Fray Blas, tambien se ha de hacer assunto en el púlpito, de que el difunto no havia sido corcovado ni contrahecho, sino galan y bien apuesto, parándonos en si fué ágil ó pesado, torpe ó industrioso, buen ginete ó mal ginete, etc.? Valiente impertinencia!» — «Allá va essa mosca,» dixo el Comissario, dando un resoplido. — «Yo me sacudiré de ella,» respondió con serenidad el Padre Abad.

21. «Sí, Padre Fray Blas, quando no hay otra cosa mejor de que echar mano, puede el Orador valerse de las prendas corporales, con tal que lo haga con la debida gravedad, circunspeccion y decencia. No se celebran en la Escritura las fuerzas corporales de Sanson? No se elogian los hermososp. 182 cabellos de Absalon? No se aplaude la agilidad de Saul y su destreza en el manejo del arco? No se ensalza el primor con que David heria las cuerdas del harpa? Y quantas veces havrá celebrado vuestra Paternidad en sus sermones la hermosura exterior de la humanidad de Christo, y havrá hecho algunas pinturillas ó descripciones de la singular belleza de la Santíssima Vírgen? Y del juício que supongo en vuestra Paternidad, no quiero creer que sus descripciones ó pinturillas havrán sido tan profanas, tan escandalosas, tan sacrílegas como las que yo he oído mas de una vez á muchos Predicadores, que, en lugar de pintar á la Reina de las Vírgenes y Madre de la pureza, parece que hacian el retrato de una Helena incendiaria ó de una Venus provocativa. Cavendum est, dice á este intento una pluma igualmente zelosa que elegante, ab ineptiis eorum, qui in laude gravis personæ, ut Beatæ Virginis, vernante styli lascivia speciem aliquam Helenæ efformare nituntur.»

22. «Qué cosa al parecer mas indiferente que la agilidad y la destreza en el exercicio de la caza? Con todo esso, esto se alaba mucho, y no sin razon, en la historia de varios Príncipes que fueron eminentes en este exercicio, dedicándose á él con moderacion y por provechoso passatiempo, sin declinar en el extremo de una passion desordenada y viciosa. Tales fueron Mithridátes, Adriano, Carlo-Magno, Henrico Primero y Alberto, Emperadores los tres últimos de Alemania. Nicetas ensalza con los mayores elogios á la Emperatriz de Constantinopla Euphrosina, muger del Emperador Alexo Angelo, porque en la intrepidez y en la destreza de la caza de cetrería no solo igualaba, sino que excedia á los mas hábiles cazadores de su tiempo. Ni en los nuestros nos faltan exemplares de augustíssimas Princesas, que no dan ménos muestras de su pericia y de su valor en el bosque que de su penetracion y de su profunda política en el gabinete; tan felices en los aciertos de la escopeta, como diestras en la puntería de los negocios. Lo que se aplaude en la historia, por qué no se podrá elogiar dignamente en el púlpito?»

23. «Dixe dignamente, y lo dixe con reflexion; porque, para que se hagan decente lugar en la cáthedra del Espíritu Santo estas prendas naturales, siempre es menester elevarlas á motivos superiores, insinuando que aquellos que las posseyeron, ó las enderezaron ó debieron enderezarlas á fines útiles á la Religion ó, quando ménos, al Estado. Un Orador medianamente diestro puede fácilmente instruir con arte á su auditorio en los medios de elevar á fines de superior órden las acciones mas regulares y mas indiferentes. No salgamos del exercicio de la caza. Quien quita ponderar la oportuna ocasion que ofrece la soledad para el recogimiento, los variosp. 183 obgetos innocentes del campo para levantar el corazon á Dios; la velocidad, el furor, la astucia y aún la valentía de las mismas fieras, para mil reflexiones conducentes á la utilidad del alma ó al prudente gobierno de las operaciones en la vida civil? Sabemos que San Francisco de Borja, quando Duque de Gandía, era aficionadíssimo á la caza de cetrería, en la qual exercitaba mil virtudes diferentes: ya la mortificacion, retirando de repente la vista quando mas la convidaba la diversion del obgeto; ya el sufrimiento, tolerando sin quexarse assí las fatigas del campo como los rebeses de los temporales; ya una profunda meditacion, sacando utilíssimas consideraciones de la velocidad con que el halcon se disparaba á la presa, de la docilidad con que á la primera insinuacion del reclamo se restituía al alcándara,[32] de la fidelidad con que presentaba la caza á su legítimo dueño, refrenando su natural voracidad por cumplir con su obligacion y con su agradecimiento.»

24. «Aún en el Gentilismo tenemos un bello trozo del panegýrico de Trajano, que puede servir de instruccion á qualquiera christiano Orador para dirigir á la religion el elogio de las prendas naturales. Eres, dixo Plinio el jóven, diestríssimo en la caza. Usasla con moderada freqüencia. Parece recréo, y no es mas que mudanza de fatiga. Tienes por alivio lo que solo es mudar de trabajo; interrumpes algunas veces los cuidados del gabinete, mas para qué? Para penetrar los bosques, para perseguir las fieras aún en los mas profundos senos de sus lóbregas cavernas, para trepar por riscos y breñas inaccesibles sin mas auxilio que el de tus piés, sin otras huellas que las que estampan tus plantas; y esto, en qué viene á parar? En que con sobreescrito de diversion exercitas la piedad, visitando aquellos sagrados lugares y saliendo al encuentro á los Dioses tutelares que los presiden y los protegen: Quod si quando cum influentibus negotiis paria fecisti, instar refectionis existimas mutationem laboris: quæ enim remissio tibi nisi lustrare saltus, excutere cubilibus feras, superare immensa montium juga et horrentibus scopulis gradum inferre, nullius manu, nullius vestibus adjutum, atque inter hæc pia mente adire lucos et occursare numinibus?»

25. — «Y si el bueno del difunto, replicó el Socio, no tuvo ninguna destreza ni habilidad, sino para comer, beber, passearse y vita bona, adonde ha de acudir el angustiado Orador por los elogios?» — «Adonde? respondió el Abad; á su profession ó á su oficio, pues no hay oficio ni profession que no dé abundante materia para celebrar, si no al que la exercitó, al modo con que debe exercitarse y á los fines á que debe dirigirse, lo que todo redundará en provechosa enseñanza del auditorio.»

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26. — «Y parécele á vuestra Reverendíssima, dixo Fray Blas, que se encuentran ahí á la puerta de la calle los elogios de todas las facultades y de todas las professiones?» — «Jesus! respondió el Abad: no hay cosa mas á mano, ni tampoco mas de sobra. Qualquiera Autorcillo que escrive sobre el todo ó la parte de alguna facultad, oficio ó empléo, comienza colocándole mas allá de las nubes, pues ó el prólogo ó el primer capítulo, quando muchas veces no sea la mayor y la mas inútil parte de la obra, se reduce por lo comun á recoger todo quanto se ha escrito en recomendacion de la materia que trata, de su antigüedad, de su nobleza, de su necessidad, de su suma importancia: tanto que, al leer la introduccion del mas despreciable folleto sobre alguna parte de qualquiera de las facultades y aún artes ú oficios mechánicos, un Lector incauto se persuade á que no la hay mas noble, mas importante ni mas necessaria. A este propósito me acuerdo, que siendo muchacho leí cierto librete sobre las fiestas que havia hecho en una Ciudad el gremio de los Sastres, con ocasion de un retablo que havia costeado el mismo gremio. El Autor, assí en la introduccion como en lo restante de la obrilla, juntó ó esparció tantos y tan magníficos elogios de este oficio; sobre todo se inculcó tanto su antigüedad y su nobleza, probando, á su parecer concluyentemente, que este era el primero que se havia exercitado en el mundo, siendo Adan y Eva los primeros Sastres, fundado en aquellas palabras del capítulo 3º del Génesis: Cumque cognovissent se esse nudos, consuerunt folia ficus et fecerunt sibi perizomata, que, convencido yo á lo mismo, faltó poco para que no me metiesse á Sastre.»

27. — «Tan baxos pensamientos como essos, interrumpió el Socio, nunca los tuve yo; pero tanto como dedicarme á Boticario, no me faltó un tris para hacerlo, desde que leí en cierto papelejo sobre la confeccion del Alkermes, que el Espíritu Santo era el verdadero fundador de las Boticas, por quanto él es el que inspira el conocimiento de la virtud de los simples y el modo de elaborarlos: añadiendo que por esso las quintas essencias, que son los medicamentos mas activos, se llaman espíritus, con alusion á su divino inventor.»

28. — «Chanzas á un lado, continuó el Padre Abad; al Gramático, al Rhetórico, al Orador, al Poeta, al Phýsico, al Mathemático, al Músico, al Astrónomo, al Legista, al Theólogo, y á proporcion á todos los Professores aún de las artes ú oficios mechánicos, se les puede alabar en el púlpito con magestad y con decencia por el exercicio de sus mismos oficios y facultades. Para hacer el elogio de un Gramático, no hay mas que leer á Marciano Capela, en su libro 3º; á Diomedes, en la Epístola á Athanasio; á Diodoro Sículo, en elp. 185 libro 12º, sobre las leyes de Charondas; y á Suetonio, De illustribus Grammaticis et Criticis. Para el de un Rhetórico y Orador, sobre lo mucho que dice Philon Hebréo en su libro Del Cherubin, se puede leer á Lucano en el poema á Calphurnio Pison; á Ovidio, en el libro segundo Del Ponto, Elegía 5ª.; á Plinio el menor, en el libro segundo, Epístola 3ª.; á Séneca, en el Prólogo á las Controversias de Crasso Severo; y tambien á Ausonio, en su Panegýrico á Graciano.»

29. «No hay cosa mas de sobra que los elogios de la poesía; tropiézanse tantos, que son estorvo mas que diversion. Casi todos los que se encuentran en los modernos, son copia de los que se leen en el Diálogo sobre la Oratoria, que corre con nombre de Cornelio Tácito y muchos creen ser de Quintiliano, donde se dicen muchas cosas en pro y en contra de la Poesía; de los que recogió Silvio Itálico hácia el fin del libro undécimo; de los que se hallan en el Genethlíaco de Luciano, como se ve en las obras de Estacio; y, finalmente, de lo mucho que dixo Florido en el capítulo 7. del libro tercero Contra los detractores de los Poetas. En amontonar alabanzas de la philosophía, parece que todos han conspirado: Oradores, Poetas, Historiadores, Ciceron, Capela, Claudiano, Sidonio Apolinar y todos los que escrivieron las vidas de los Philósophos antiguos y modernos, como Eunapio Sardiano, Porphyrio, Philóstrato Lemnio, Ammonio Egypcio, Dion Biothynio, Diógenes Laercio; y entre los modernos Bruquero, Vossio, Jonsi, Capasi, y el Inglés Thomas Stanley.»

30. «Para poner la medicina sobre los cuernos de la luna, no es menester mas que abrir qualquiera tratadillo, que haya escrito en algun assunto de ella el mas desdichado Pedante. A carretadas recoge lo infinito que se ha dicho de la buena, cuidando mucho de suprimir lo no ménos infinito que se ha declamado contra la mala. Pero al fin, por expressar algunas fuentes determinadas, léase la Vida de Galeno, recogida por Julio Alexandrino, los Comentarios de la Nobleza, por Andrés Tiraquel, y la Epístola del Ilustríssimo Guevara al Doctor Melgar, y encontrará el Orador un almagazen de elogios de la medicina, que no los ha de consumir en un tomo entero de sermones de honras, á los que han hecho predicar tantos por sus desaciertos.»

31. «De las mathemáticas sé muy bien lo que dice San Agustin: Quas multi Sancti nesciunt quidem, et qui etiam sciunt eas Sancti non sunt: que muchos Santos las ignoran, y los que las saben no son Santos. Esta sentencia, que parece dura, no quiere decir lo que suena: solo intenta el Santo significar por ella el grande embeleso, con que esta nobilíssima ciencia arrebata hácia sí á sus professores, los quales necesp. 186sitan de un esfuerzo muy particular para desviar su atencion de las especulaciones mathemáticas, si han de encontrar tiempo para dedicarse á la meditacion de las verdades evangélicas. Por lo demas, nadie puede negar que el mismo embeleso, con que arrebatan el alma, es un medio tan eficaz como innocente para desviarla de las passiones, que son los mayores enemigos de la santidad. Y assí, apénas se encontrará Mathemático sobresaliente, que no sea hombre de costumbres irreprehensibles. Por esso casi siempre va sobre seguro el elogio de estos Professores; y para formarle prestan sobrados materiales Platon en su Timéo, Aristóteles en muchos lugares de sus obras, y Alcínoo en el Isagoge á la Doctrina de Platon.»

32. «Un Músico tiene mil capítulos que le pueden hacer justamente recomendable; solo con passar los ojos por el bello panegýrico, que Cassiodoro hace de la música en el tratado que dirigió á Boecio Patricio, libro segundo Variar., hay copia de escogidos materiales para celebrar á los que professan esta preciosa facultad. Y el que no se contentare con estos, puede leer al ya citado Marciano Capela en todo el libro nono. De los Jurisconsultos y de los Theólogos no hablo, porque es menester que sea muy ignorante el que no sepa, que se puede formar una grande librería, compuesta precisamente de los elevados y merecidíssimos elogios con que todos los han engrandecido.»

33. — «No se fatigue mas vuestra Reverendíssima, dixo á esta sazon el Comissario; que, aunque yo le estaria oyendo con grandíssimo gusto desde aquí á mañana, me causa congoja el miedo de que se canse.» — «Pues yo, añadió Fray Gerundio, con licencia de vuestra Merced y solo por oir á su Reverendíssima, tengo de hacerle todavía una pregunta. Y si el difunto no solo no sobresalió en prendas algunas christianas, morales ó naturales; no solo no fué eminente en la facultad que professó, ni en el oficio que exerció, sino que en la Religion fué un mal christiano, en la facultad un zopenco, y en el oficio un mal hombre: qué ha de hacer el Orador sino refugiarse al sagrado de la erudicion?»

34. — «El caso es algo apretado, respondió el Padre Abad, pero no tanto que no tenga salida. Entónces puede hacer lo que se refiere en la vida de San Antonio de Padua (caso que no pueda excusarse de predicar á sus honras, que será el arbitrio mejor): obligaron al Santo á predicar en las de un usurero; quitóse de cuentos, no dissimuló el torpe vicio de que havia adolecido públicamente el difunto, declamó vehementemente contra él; y ponderando aquel texto de la Escritura: Ubi est thesaurus tuus, ibi est et cor tuum: donde está tu thesoro, allí está tu corazon; para probar la verdad de este oráculo, dixo con instinto superior que acudiessen alp. 187 cofre donde el difunto tenia su thesoro, y que hallarian su corazon en él. Hízose assí, encontróse efectivamente, tráxose á la Iglesia con espanto de todos, y, á vista de aquel desdichado corazon, hizo el Santo un sermon de ninguna utilidad para el difunto, pero de grandíssimo provecho para los vivos.»

35. «En la vida del venerable Capuchino y Apostólico Missionero Fray Joseph de Carabantes se refiere otro caso muy parecido: dícese en ella que, estando un Religioso de la misma Orden para predicar el sermon de honras de cierto Ministro de Justicia, se le apareció rodeado de llamas, la noche antecedente, y le dixo: No prediques mis honras, sino mis deshonras; porque te hago saber, que assí yo como todos los que hemos tenido cargo de Justicia en este Pueblo por espacio de quarenta años, estamos ardiendo en el infierno. Con efecto, este fué el sermon que predicó, dándosele poco de que los parientes del difunto se diessen por ofendidos, como se diessen por avisados y por escarmentados, ellos y los demas. No se puede aconsejar en cerro, que se haga lo mismo siempre que la vanidad ó la lisonja insistan en que se prediquen honras de sugetos, cuya vida fué notoriamente desordenada y escandalosa. Para esso era menester un espíritu tan iluminado y una santidad tan reconocida como la de San Antonio de Padua; pero á lo ménos debe guardarse bien el Orador de tocar en las costumbres del difunto, porque ó ha de mentir ó ha de escandalizar. Mucho mayor cuidado ha de poner en huir de suponerle en estado de gracia, ponderando fuera de tiempo la infinita misericordia del Señor; porque el auditorio incauto y sencillo, y tambien el que no lo es, oyendo desde el púlpito las imprudentes congeturas de que se salvó un hombre de tan mala vida, entra en la necia confianza de que igualmente se podrán salvar los que le imitaren en sus disórdenes.»

36. — «Pues, qué partido juicioso, preguntó el Socio, se podrá tomar en esse apurado lance?» — «El que debiera seguirse, respondió el Abad, en casi todos los sermones de honras, especialmente las que se dedican á sugetos que no huviessen sido de una virtud singular, notoria y generalmente reconocida: desviar enteramente la atencion de aquel difunto particular, y fixarla en todos los fieles difuntos. Quiero decir, ponderar la terribilidad de las penas del Purgatorio, el rigor con que se castigan las mas leves culpas con los mas graves tormentos, la indispensable obligacion que todos tenemos de aliviar con nuestros sufragios á las almas que los padecen, siendo esta obligacion mayor ó menor, segun la mayor ó menor conexion de los vivos con los difuntos; el sumo reconocimiento de aquellas afligidas almas respecto de todos los que contribuyen á aliviarlas; su grande poder con Dios, quando se veanp. 188 en el descanso eterno de la gloria; y concluir de aquí demonstrativamente, que nosotros interessamos mucho mas que ellas en los sufragios que las ofrecemos, porque nuestros sufragios á lo mas las podrán anticipar una felicidad de que ya están asseguradas, pero su poderosa intercession con Dios nos podrá assegurar á nosotros essa misma felicidad, que aún está expuesta á tantas contingencias. Nosotros podremos conseguir, que salgan quanto ántes del Purgatorio; ellas podrán alcanzar, que no caigamos jamas en el infierno. Hé aquí unos materiales copiosíssimos para disponer muchos sermones de honras, aún en la muerte de los hombres mas foragidos.»

37. — «No son malos, dixo el Comissario, ahuecando la voz entre resoplido y regüeldo; pero, si no se ilustran los tormentos del Purgatorio con algo de la rueda de Ixíon, con un poco de los perros de Antéo, con un rasgo de los buitres de Prometheo, con mucho del toro de Phálaris, y, sobre todo, para pintar bien la pena de daño, con buen recado de la sed de Tántalo á la vista del cristalino chorro, es negocio de dormirse el auditorio; y, si los ronquidos no valen por sufragios, no hay que esperar otros.» — «Soy de essa opinion,» añadió Fray Blas. — «Nunca me apartaré de ella,» prosiguió Fray Gerundio. — «Padre nuestro, perdimos el capítulo,» concluyó el Socio. — «No perdimos tal, respondió el Abad; porque yo no hice empeño de traher á mi opinion al Señor Comissario ni á estos Reverendos Padres, conociendo bien ser empressa muy superior á mis fuerzas. Dixe mi dictámen por modo de conversacion, y en lo demas cada qual abunde en su sentir.» — «Esto es, añadió el Socio, cada loco con su thema.»

38. «Pero, como yo estoy convencido de lo que vuestra Paternidad ha dicho y, por lo que á mí toca, con firme resolucion de no separarme un punto de sus máximas, solo quisiera saber qué Autor ó Autores podria seguramente imitar en las oraciones fúnebres, y si ha havido alguno sobresaliente y cabal en este género de composiciones.»

39. — «Usted, que entiende medianamente la lengua francesa, respondió el Padre Abad, ó á lo ménos sabe de ella lo que basta para el gasto de casa, no ignorará que hay escrito en ella mucho y bueno de esta especie. Apénas hallará oracion fúnebre pronunciada en esta lengua, singularmente de un siglo á esta parte, que no sea un bello modelo de la mas castiza y aún de la mas christiana eloqüencia. San Francisco de Sales fué de los primeros que abrieron este noble camino á la oratoria francesa, en la tierna oracion fúnebre que predicó en las honras del Duque de Mercurio. La que el Padre Bourdalue pronunció en las del gran Príncipe de Condé, Luis de Borbon, parece que apuró todos los primores del arte.p. 189 Pero el que entre todos los Oradores franceses se elevó en este género de eloqüencia á tan superior altura, que no parece possible se remonte mas el vuelo de algun Orador humano, fué el grande Espíritu Flechier, Obispo de Nimes, excediéndose singularmente á sí mismo en la célebre oracion al Vizconde Mariscal de Turena. Si despues se acercó alguno á este grande hombre, fué el Ilustríssimo Señor Don Pedro Francisco Lafiteau, Obispo de Cisteron, en la que pronunció en las honras de nuestro gran Rey Phelipe Quinto, que al punto se traduxo en castellano, sirviendo de exemplar á pocos y de confusion á innumerables.»

40. «Verdad es, que en este punto no están los Franceses tan indulgentes como yo, á lo ménos en todos los artículos; porque suponen, lo primero, que las oraciones fúnebres no se hicieron para el púlpito, el qual las adoptó á regañadientes, viendo que la lisonja ó quando ménos la condescendencia con los grandes se empeñaban en introducirlas en el Santuario. En esto no me separo mucho de ellos. Suponen, lo segundo, que para celebrar dignamente á un Héroe, es menester que sea tambien Héroe el Orador, porque, no siéndolo, no puede tener idéas ni expressiones proporcionadas al mérito ni á la grandeza de su obgeto. De manera que el auditorio ha de estar como indeciso, no sabiendo determinar qual es mayor Héroe en su linea, si el Héroe del púlpito ó el Héroe de la campaña, del gabinete ó del solio. Consiguiente á esto suponen, lo tercero, que en materia de oraciones fúnebres no se sufren medianías: ó han de ser excelentes, ó son intolerables. Si el auditorio no está embelesado, tiene derecho para silvar al Orador. Esta máxima me parece que inclina demasiado al rigorismo, y no mudo de opinion porque diga Tulio en la carta á Marco Bruto, que eloquentia quæ admirationem non habet, nullam judico: que, miéntras el Orador no assombra, no es Orador. Mas acá hay posada: como llegue á agradar, á persuadir y á mover, cumplió bastantemente con su obligacion.»

41. «Suponen, lo quarto, que los grandes empléos, los primeros puestos, la autoridad, la nobleza, la sabiduría, el genio, el valor, el heroísmo, ni aún el mismo throno, mirados precisamente en sí, no son assuntos dignos de un Orador christiano, y que, para serlo, es menester que el Orador haga reflexion á su inanidad, á su inconstancia, inspirando en el auditorio el ningun aprecio que merece este vano humo, útil solo quando se usa de él para fines elevados y superiores. Tampoco me atrevo á desviar de este dictámen; porque le hallo muy conforme á los principios de la Religion, y aún fundado en las mas sólidas máximas de una buena philosophía moral. Estas son las severas leyes que los Franceses se prop. 190ponen para sus oraciones fúnebres, y es cierto que los mas se arreglan admirablemente á ellas.»

42. «Pero no crean Ustedes, que ellos solos los observan y que no tengamos nosotros dentro de casa algunos bellos exemplares que imitar, sin necessitar de mendigarlos afuera. Sin salir de la Universidad de Salamanca, hay modelos muy acabados. El amor de la cogulla no me permite olvidar á nuestro Maestro Vela, á quien arrebató la muerte, quando el mundo comenzaba á conocerle. En dos ó tres oraciones fúnebres que predicó, y se dieron á la luz pública, mostró su raro talento para este género de composiciones, en que sin duda compitió con los mas nobles Oradores. El Reverendíssimo Padre Salvador Osorio, de la Compañía de Jesus, Cathedrático de aquella Universidad y Provincial de la Provincia de Castilla, fué muy singularmente buscado para este género de empeños, y salió de ellos con tanta felicidad, que casi todos los sermones fúnebres que predicó se dieron á la estampa, aún ménos para immortalizar la memoria de los difuntos, que para la enseñanza de los vivos y para admiracion de los sabios. Varias veces me he lamentado de que algun sugeto zeloso de la gloria de nuestra Nacion no huviesse hecho una coleccion de estas oraciones, para que tuviessemos en España un funeral, que pudiesse hombrear con los mas célebres que tanto ruído meten en las naciones extrangeras.»

43. «En la Corte de Madrid se predicaron tambien nobles oraciones en las exequias del gran Rey Phelipe Quinto. No hablo de todas, porque algunas inquietarian las cenizas de aquel piadosíssimo, juiciosíssimo y advertidíssimo Monarca, si fuera capaz de turbarse el descanso de sus reales despojos, que con gran fundamento considera la piedad como preludio del eterno y glorioso, que algun dia los espera. Entre otras muy dignas del mayor aprecio, me arrebató la atencion y el gusto la que pronunció el Doctor Don Joseph de Rada y Aguirre, Capellan de honor de su Magestad, su Predicador de los del número, y hoy digníssimo Cura de su real Palacio. Díxola en las exequias, que consagró á la memoria tierna de aquel gran Monarca su real Congregacion de María Santíssima de la Esperanza. Su assunto fué un nobilíssimo cotejo de las gloriosas hazañas de Príncipe con las heróicas virtudes de Christiano, protestando el discretíssimo Orador, que aquellas sin estas serian materia indigna para un elogio pronunciado al pié de los altares. Confiesso que me embelesó aquella noble oracion, y que es grande mi dolor de que muchos Oradores españoles se desvien tanto del verdadero camino de elogiar dignamente á los difuntos, con aprovechamiento de los vivos, quando tienen á la vista conductores tan seguros.»

44. Al decir esto se hallaron todos dentro de casa, dep. 191 vuelta del passéo, que no fué corto, porque insensiblemente los fué empeñando en él la divertida conversacion; y, si la cercanía de la noche no les huviera avisado de que era tiempo de retirarse, es de creer, que el Reverendo Padre Abad nos huviera enriquecido con otros muchos materiales igualmente preciosos y oportunos sobre una materia de tanta importancia. Lo peor del caso fué, que perdió el aceite y el trabajo, porque, segun atestigúan concordemente varios documentos innegables, solo el Socio se aprovechó de la doctrina: los demas la oyeron con grandíssima frescura. El Comissario dixo entre dientes, volviéndose hácia Fray Blas: «No me encaxa»; Fray Blas respondió: «Topo»; y Fray Gerundio añadió: «Viva el Florilegio, y muérase la peste.»

CAPITULO IX.
Es buena cosa y merece leerse.

1. Al dia siguiente descamparon todos los huéspedes, llevándose en todo caso Fray Gerundio sus doscientos reales en el bolsillo, y su Semana-Santa entre pecho y espalda. Esto le acomodaba infinito, y ya no dudaba que se sorberia todos los sermones famosos de veinte leguas al contorno, ni mas ni ménos como si se sorbiera un par de huevos passados por agua: tan firme en este concepto, que ya repartia en su imaginacion algunos de los que le sobraban, entre Fray Blas y otros amigos. Fray Gerundio, Fray Blas y Anton Zotes se fueron á comer á Fregenal del Palo, donde se dividia el camino para Campazas y para el Convento, con ánimo de descansar aquel dia en casa del famoso Familiar.

2. Reciviólos este con su agrado, sossiego, paz y socarronería natural. Luego que se apearon, los saludó á todos cariñosamente, pero sin quitarse de la cabeza un monteron perdurable, y dixo á Fray Gerundio: «A fé, Sobrino, que llegas al mas mijor tiempo del mundo, para que nos saques de una enfecultá; porque yo bien conozco, que eres gran Letrado y que has regolvido mas libros que un Vilboticario…» — «Bibliothecario querrá vuestra Merced decir,» le corrigió Fray Gerundio. — «Ya escomienzas, majadero?» le replicó el Familiar. «Si entiendes lo que quiero decir, qué te emporta á tí el modo con que lo digo? Al fin, Vilboticario ó Bribioquitario, ó sea lo que se juere, lo que yo te digo es, que tu Tia y yo estábamos ahora en una controversia: el punto tiene uñas, y ó me parió mi madre al rebés, ó hartop. 192 será que yo no tenga razon. Es el causo… pero desalfórgense primero Ustedes, y entrémonos en la sala baxa; porque no es nigocio de tratar unas materias tan hondas en el corral.»

3. Hiciéronlo todos assí, entráronse en la salita, limpiáronse el sudor, aliviáronse de ropa, echaron un trago, y, estando ya sossegados, prosiguió el Familiar de esta manera: «Pues, como iba diciendo de mi cuento, no ves sobre aquella arca grande una arpillera liada? Mas va que no adivinas lo que tiene.» — «Como quiere vuestra Merced que lo adivine?» respondió Fray Gerundio. — «Pues, yo te lo diré en prata, dixo el Familiar; tantas varas de una tela muy rica, que yo no sé como se llama; solo sé que me costó á sesenta reales la vara, porque dicen que viene allá de las Indias y no se sabe frabicar en nuestro incontinente, y es de color de pechuga de tordo zorrero ó de aquellos páxaros que se llaman… válasme Dios, como se llaman? Ello es assí una cosa que suena á maravedises.» — «Malvises,» apuntó Fray Blas. — «Sí, Padre nuestro, prosiguió el Familiar, malguises; que no parece sino mesmamente el color del hábito de nuestro Padre San Francisco. Amen d’ esso, hay en la tal arpillera otras tantas varas de raso liso, amarillo como yema de huevo, para la enforradura. Allende de todo lo dicho se contienen en la susodicha otras milenta varas de listonajos y de fruecos con campanillas ó con esquilones ó con zencerros, que dice mi muger que es cosa muy precisamente necessaria para hacer un piso ó un friso ó qué sé yo como le llama? con sus ondas escalfadas ó escaroladas en el roda-pié de la basquiña. Item, un cordoncito de hilo d’ oro muy sótil, para los cabos de la casaca. Item, otro cordon grande del mesmíssimo hilo, con sus nudos á trechos como los cordones de los Flayres, pero trabajado con mucha progilidá, delicadeza y sienmetría, que real y verdaderamente encalabrina la vista. Ea pues, apostemos una azumbre de vino á que no sabes para qué es todo esse matalotage.»

4. — «Como quiere vuestra Merced que yo lo adivine?» respondió Fray Gerundio. — «Ten paciencia, dixo el Familiar, que yo te lo diré sin que te cueste esse trabajo. Tu Prima Sidora estuvo enprimero con ensarampion, dempues con viruelas, dempues con distenseria, y en fin si se va, si no se va, que era un joício esta casa. A este tiempo vino aquí un Flayrico, (ni mas ni ménos como tú, salvante el santo hábito,) que perdicó á San Antonio de Paula y dixo, entr’ otras cosas, que era güeno encomendar las Doncellas enfermas al Santo y ofrecerle, que traherian su hábito por tanto ó por quanto tiempo. Para esto contó un enxempro d’ una Doncella rica, hermosa y la única engénita de su casa, que estaba ya agonip. 193zando por unas viruelas malinas, que la havian ponido la cara como un sapo hinchado; la madre la ofreció con mucha endevocion al bendito Santo, dixiendo que, si la sanaba y la quedaba sin oyos en la cara, la havia de vestir de su hábito hasta que se casasse, ó en fin tuviesse otra conveniencia que Dios la deparasse. Súpitamente sanó la Doncella, y la cara se la quedó tan lisa y tan llana mesmamente como si fuesse una mesa de turcos. Oyó este enxempro tu Tia Cicilia; viene á casa, cuéntamele, y dice que quiere hacer lo mismo con Sidorica. Dígola que me parece santo y güeno. Al cabo d’ algunos dias comenzó á remprazarse la muchacha, hasta q’ al fin se levantó de la cama, y con el tiempo se la jueron cerrando los augeros de la cara, tanto que quedó como unas froles y como si enjamas huviera tenido tales viruelas. Díceme tu Tia que quiere cumprir su promesa; yo la respondo que la cumpra, que es josticia y razon. Y qué hace? Va y despacha un mozo á Vayadolí, el qual llegó anoche con todos essos argamandijos para el santo hábito. Qué te parece, Gerundio?»

5. — «Qué me ha de parecer? Que hizo muy bien mi Tia Cecilia, porque es justo cumplir lo que se ofrece á los Santos.» A este tiempo entró Cecilia en la sala y, conociendo de lo que se hablaba por la respuesta que oyó á Fray Gerundio, dixo con mucho alborozo: «Bien haya la Madre que te parió, Sobrino mio, que das la razon á quien la tiene, y no tu Tio, que es un testarron, y en dando en una no le sacarán de allí quatro yuntas de güeyes.» — «Tanto me ha entendido el Sobrino como la Tia, replicó frescamente el Familiar, y mejor matrimonio era impussibre que se ajuntasse, si él no juera Flayre y ella no juera mi muger. Vamos al causo. Yo no digo, que no se cumpra lo que se promete á los Santos. Soy acaso por ahí algun herejazo de mala raléa, para enseñar essa mala dotrina? Lo que digo es que, quando se promete á un Santo poner el hábito de su Religion, como si dixeramos: á San Antonio de Paula, el de San Francisco; á San Vicente Ferdel, el de Santo Domingo; á San Francisco Gabriel, el de los Theatinos, y ansina d’ otros: lo que yo entiendo es, que se ha de vestir la tal presona d’ aquel mismo paño, sayal ó estameña, de q’ anduvon vestidos los Santos á quienes s’ hace el prometimiento, ó al ménos del q’ andan vestidos los Flayres de su Religion, probe y humildemente; porque decirme á mí, q’ ha de ser inculto y ensequio de los Santos traher unos hábitos que cuestan mas que las galas de una novia, solo porque se assemejan un si es no es en el color, pero en lo demas telas muy ricas ó al ménos muy delicadas, mucho cintajo, mucha farfulá, mucha franja, cabos por aquí, güeltas por allá, escudos con mucha pedrería,p. 194 evillas en las corréas de lo mismo, y ansina otras fantasías q’ ha inventado la vanidá de las Mugeres: esso es habrarme de la mar, y no me sacarán de que esto mas es bulra que devocion, mas es inritar á los Santos que hacérnoslos prespicios, aunque me perdiquen Flayres Descalzos.»

6. — «Segun esso, replicó Fray Gerundio, Usted querria que, si una Muger tierna y delicada ofrecia traher el hábito de San Antonio, ó por devocion ó por reconocimiento de algun beneficio, se vistiesse de un sayal áspero y burdo; si el de San Vicente Ferrer, de una estameña grossera y ordinaria; si el de San Francisco Xavier, de un paño comun y basto?» — «Craro está, que lo querria y que lo quiero, respondió el Familiar, porque lo endemas no es vestir el hábito que truxon los Santos, ni es divocion, ni es pinitencia, ni es muertificacion, ni es molestia verginal, sino ventolera, vanidá, estintacion, porfanidá, descarnio, sancrilegio y qué sé yo qué mas? Mal me quieran mis güessos, si los Santos no se inritaren de este enculto, en lugar de darse por exequiados. Y, para que no magines c’ abro de mi calletre, te he de contar un enxempro que m’ acuerdo haver oído á este dempropósito. A cierto Cavallero muy jurador y maldiciente le castigó Dios, dispuniendo que se le hinchasse la lengua y le saliesse un palmo fuera de la boca. El probe empaciente s’ aenrepintió y ofreció á la Santíssima Vírgen que, si por su entercession le libraba su Hijo d’ aquel trabajo, se vesteria de hermitaño y la serveria como tal en un Santuario suyo muy célebre. Al punto y al mimento se le recogió la lengua á su lugar, y él espenzó á cumprir su promesa honradamente, yéndose al Santuario y echándose á cuestas un saco de hermitaño con todo rigor, que no havia mas que pedir. Pero el Diabro, que no duerme, le sugerió endempues q’ aquel trage le deshonraba, y que podia cumprir su promesa conservando no mas que la fegura y mudando la materia, de manera que pareciesse hermitaño sin dexar de mostrar que era Cavallero. Cayó el probe Señor en la red, que le armó el estuto inimigo. Echóse un saco y un manto y una capilla de paño muy fino, prendiendo la corréa con un evillon de prata sobredorada, que pareceria bien en el pretal del cavallo del mismo Rey; su sombrero branco de castron con su galon d’ oro que ’namoraba; sus medias de seda entaraceadas de varios colores, que formaban un pardo enceniciento muy apacibre á la vista; sus zapatillas brancas, listoneadas á trechos de negro, para remedar las sandalias de los Flayres Descalzos; y por báculo una caña de Indias con su puño d’ oro en fegura de cayada, como diz que lo usan agora algunos Señores de la Corte: y qué sucedió? C’ á pocos dias c’ anduvo con este trage enresible para los hombres de juício, se le golvió á escurrir la lengua de lap. 195 boca, y en verdá, en verdá c’ ansina murió, no haviendo nenguno que no lo atribuyesse á castigo de la Vírgen, por la bulra q’ havia hecho del hábito q’ avia ofrecido; y esto siendo ansí que el hábito de hermitaño no está bendito ni, como dicen, santuficado. Pues, que s’ anden agora las Señoras Damas á bulrarse con los santos hábitos!»

7. — «No creo yo, dixo entónces Fray Blas, que lo hagan por burla, sino porque la natural delicadeza del sexo no las permite usar de unas telas ó paños tan bastos que las brumarian.» — «Padre Perdicador Mayor, replicó el Familiar, déxese de cercunloquios. Lo primero, del mesmo seso fueron todas las santas y grandes Señoras que sabemos anduvon en el siglo vestidas de los hábitos de varias Religiones, y de nenguna se dice c’ anduviesse vestida en essa conformidá, sino lisa, llana y probemente, como los Flayres ó las Monjas; lo segundo, del mesmo seso son tantas Capuchinas Descalzas, Recoletas, Carmelitas y otras inumerables, que pueden muy bien con los paños burdos, sin que las agovien las fuerzas ni las prejudique á la salú; lo tercero, que yo no pongo el ahinco en que los hábitos de las Damas sean de la mesma mesmíssima materia que los de las Monjas ó de los Flayres. Bien está que sean de una tela de lana un poco mas delgada que la c’ usan estos y aquellas, aunque se incrine algo á tela fina, con tal que sea honesta, simpre, sencilla, sin arrumacos ni recobecos. Pero de seda! pero de telas d’ oro y prata! pero mucho encaxe, mucho perifollo, y mucho sí Señor! Déxelo, Padre; que esse es un lurdibrio de la Religion, y no sé yo como no han metido en esto la mano los que pueden atajar estos escanrios.»

8. — «Oyes, oyes, dixo á esta sazon Cecilia con bastante viveza, pues por mi vida que el bendito San Antonio, que está en la capilla de la Perroquía, no tiene por ahí nengun hábito de sayal tosco; sino que tiene un hábito de saya de la Reina muy rica, con su flanjon d’ oro por olra, y al rededor de la capilla y de las mangas un galon ó punta de lo mesmo, c’ apuesto yo que el habitico costó mas de veinte dobrones. Y has de saber que, quando ofrecí poner el hábito á la mi Sidorica, la ofrecí poner el hábito de San Antonio, y no el de los Flayres; pues, si la he umbiado á traher una tela y una flanja y un galon, ello por ello como el del mesmíssimo Santo, para qué nos estás ahí quebrando la cabeza y gruñendo los livianos?»

9. — «Ahora no ven Ustedes, respondió con flema y con marragería el Familiar, si mi muger es enginiosa? Qual si huviera estudiado Thaulogía, á la hora de esta ya era por ahí saminadora sindonal de media docena de Obispados. Mire Usted, Señora Cicilia, á los Santos en los altares, enregularp. 196mente habrando, los ponen muy galanos, para representar acá á nuestro modo la vestidura enmortal y riquíssima de que están adornados en la groria. Horasme; para esto craro está que, aunque se empreen las telas mas esquesitas, ni las joyas y piedras mas preciosas, todo es poco y nada ascanza; porque quanto hay en la tierra, todo es una bazofia enrespeutivamente al menor rasguño del Cielo; pero, quando se promete á un Santo traher su hábito, como por comparanza á San Antonio, ora sea por devocion, ora por pinitencia, ora por qualquiera otro motivo, no se promete andar vestido como San Antonio grorioso, sino como San Antonio penitente; no como maginamos que está en el Cielo, sino como sabemos q’ anduvo vestido en la tierra. Lo endemas, Señora Letrada, de persumir andar un pecador y una pecadora como nos feguramos á los Santos en la groria, no sé yo si güele á cosa de Enquisicion; y en verdá que, como oliera, yo mismo la enseñaría á Usté el camino, que ya le sé por mi uficio, y no se ha de decir por mí que en casa del herrero cuchillo de palo.»

10. — «No sino, dixo Cecilia, que vestiria yo á mi hija como si fuera por ahí una demandadera de las Descalzas. M’ hija es tan güena como las demas, y, si otras sacan hábitos ricos, ella no ha de ser ménos.» — «Y si las otras son locas, añadió el Familiar, que lo sea tambien tu hija? si las otras se van al infierno, que se vaya tambien ella?» — «Pues qué, dixo Cecilia, es pecado traher hábitos de moda?» — «Esso, amiga mia, respondió el Familiar, Dotores tiene la Santa Madre Iglesia que te sabrán responder. Lo que yo te sé decir es que, estando en Vayadolí, uí á un santo Messonero, (que diz que era hombre muy sapientíssimo,) que el hacer bulra de los santos hábitos de las Religiones, aprobadas por el Padre Santo de Roma, el apricarlos á usos profanos, y otras cosas ansina, era un pecado muy gordo, y no me acuerdo si dixo algo de descomunion. Si es ó no es porfanar los santos hábitos el traherlos para la vanidá, para la sostentacion, para la gula, haciendo soberbia de la humildá, convirtiendo en riqueza la probeza, y queriendo juntar la honestidá y la modestia de los Santos con todas las modas y aún con toda la desenvoltura del sigro, la resolucion de este causo no es para cabezas redondas como la mia.»

11. — «Bien hace Usted, Tio, en no resolverle, interrumpió Fray Gerundio; porque, si esse fuera pecado, no estaria tan públicamente consentido ni se huviera extendido tanto el uso de los hábitos, que ya se ha hecho especie de moda. Vemos que los trahen Señoras de todas classes, y que muchas de ellas freqüentan los Sacramentos, confessándose con hombres sabios, que las absuelven y se lo permiten; con que, no debe de haver en esso tanto mal como á vuestra Merced se lep. 197 figura.» — «Dobremos la hoja, Sobrino, respondió el Familiar; que quizá nos meteremos en cosas muy hondas, donde ni tigo ni migo podamos salir. En esso de hombres sabios hay su mas y su ménos: las ausoluciones tambien he uído decir que andan muy baratas, y, en fin, de encultis no judicas Ecclesia.»

12. «Una cosa te puedo decir, que, aunque yo fuera Padre Santo, por lo ménos no m’ havian de llevar la ausolucion las que anduviessen com’ una que yo vi, y diz que era Señora de emportancia. Trahia una bazquiña bien cumprida d’ una tela morada riquíssima, con sus encaxes á trechos, de prata, cad’ uno de mas de tercia, y en baxo de la basquiña y del guardapiés un tontillote que, como mi parió mi madre, no cabia á las derechas por una puerta muy ancha; en conformidá que, quando entraba la Señora por alguna, era menester enjurjarse de lado, ni mas ni ménos como lo hace la moza quando mete una brazada de manojos por la puerta del horno. Colgábala de la centura una cosa á manera de trenza ó de cordon, que se componia de tres cintas muy anchas de tesú, todas entreveradas para salpicar mijor los tres colores, que eran morado, branco y azul, los quales tenian ilusion á no se qué mysterio. Esta trenza, cordon ó lo que fuesse no baxaba empiependicularmente hácia en baxo, como las corréas, los cordones ó los ceñidores de los Religiosos y de las Religiosas; no, Señor: venia caracoleando por un lado de la basquiña, con sus lazos de tramo en tramo, y remataba postreramente entre las dos últimas carreras del encaxe con un roseton d’ á palmo, que no parecia sino un girasol pentiparado. La casaca era de la misma tela que la basquiña, y tambien subian y baxaban por ella unos encaxes de hilo de prata, entortijados ansí á manera de los cohetes que llaman con cola, ó si no (y es mas mijor comparanza), como los capotillos de llamas de los enjusticiados por el Santo Uficio y rejalgados á el brazo seglar. Trahia prendido al pecho un escudo de pedrería, todo él desgastado en oro, y en medio el retrato d’ un devino Señor vestido de Nazareno, con la cruz á cuestas, que no havia mas que ver. Las sortijas, los anillos, las mesredaldas, los dinamantes y los rubines que trahia en los dedos de las manos, esso era un juício. Pues, qué te diré d’ unos rosarios á manera de gargantillas que tenia entortijados en las muñecas, y eran d’ unas pelras finas como avellanas? Tampoco digo nada de essos que llaman buelos las mugeres, todos bordados tan sotilmente que me se assemejaban á las venicas de un niño muy branco y rubio, quando se descubren por entre el cútis. Los buelos eran de tres Religiones…» — «De tres Ordenes querrás decir, borrico,» interrumpió la Cecilia, no sin una grande carcajada. — «Estimo la lisonja, prosiguió frescamente el Familiar; qué mas me da Religionesp. 198 que Ordenes? En fin, ellos eran tan cumpridos que se m’ antojaron mangas de roquete, como las que trahen los Legos qu’ ayudan á missa mayor.»

13. «Assí vi á la tal Señora, y, creyendo yo boniticamente que debia de ser recien casada y qu’ aquella era sin duda la mas rica gala de novia, se lo dixe á un Mercadel mi conocido, que estaba enjunto á mí. El Mercadel se rió mucho, y me respondió qu’ aquella no era gala, sino un hábito de Jesus Nazareno que s’ avia echado la Señora en cumprimiento d’ una promesa. Hábito de Jesus Nazareno! le repriqué admirado. Pues, qué Religion es essa de Jesus Nazareno? que yo en toda mi vida he uído qu’ aiga Flayres de essa Orden. — No es Religion, respondió el Mercadel, sino que las Señoras por devocion quieren andar vestidas como anduvo Jesus Nazareno. — Y Jesus Nazareno anduvo vestido ansina? le repliqué todo descandalizado. — Esso pregúnteselo Usté á ellas, respondió el Mercadel.»

14. «Confiesso, Señores, que me quedé entónito, y que no creyera que en la Religion christiana se permitiesse tan ensinsibremente una cosa, que parece hacer chanza de lo mas sagrado y mas doloroso de ella. Aquel mesmo dia se lo dixe á un Perlado de cierta Religion, con quien me confessaba siempre que iba á Vayadolí, porque es un pozo de cencia y de vertú. Dió el buen Religioso un gran sospiro, y á fé que me respondió que tenia razon; y m’ acuerdo qu’ á este dempropósito me dixo dos cosas: la primera, qu’ abrá como unos quatrocientos años qu’ allá en Italia se inventó una Seta que llamaban de los Frangelantes…» — «Flagelantes diria,» corrigió Fray Gerundio. — «Pues, estos tales Flangelantes ó Frangelantes, ó como tú quisieres, diz que fueron condenados como hereges por un Papa que se llamaba Cremente Siesto; lo primero y prencipal, porque enseñaban muchos errores, y entrotros que no se podian salvar sino los que, quitándose el pellejo á azotes, se bautizaban con su mesma sangre; y lo segundo, porque á este fin andaban vestidos de pinitentes muy garifos y muy emperifollados. Esto último me dixo el santo Religioso, que aún s’ avia golvido á usar en España en tiempo de Cárlos II, haviendo algunos mozuelos de malos cascos, que en la Semana Santa se vestian de pinitentes muy guapos, para galantear á las Damas; pero que el piadoso Préncipe, dempues d’ aver castigado á algunos regurosamente, havia prohibido este abuso con un jostíssimo y severíssimo decreto.»

15. «La segunda cosa que me contó, aún es mas al causo presente. Relatóme que, dempues que un Emperador llamado Heuraclio rescató el madero de la Santa Cruz del poder d’ un Rey de Presia, que tiene un nombre muy enrebesado, ansí á manera de Costras, enstituyó una precision muy solemne parap. 199 culicarle en un Tempro munífico de Jerusalem: el mesmo Emperador, vestido de sus ropas empiriales, llevaba en sus hombros la Santa Cruz; pero sucedió una cosa de espanto, y fué qu’ al querer entrar por la puerta de Jerusalem, qu’ era la mesma por donde el Salvador havia salido con la Cruz á cuestas para el Calvario, se quedó immobre el Emperador, sin ser impussibre de Dios dar un passo para adelante. Entónces el Obispo de Jerusalem, que iba enjunto del Emperador y debia de ser un Santo, le dixo: Señor, sin duda que el Salvador debe estar muy desgustado de que vos lleveis el madero de nuestra ridencion en esse trage tan sustentoso; porque en verdá que, quando él le llevó por esta mesma puerta, iba en hábito muy diferente. Vos llevais corona empirial en la cabeza, y Su Magestá iba con corona de espinas; vos vais con un manto empirial de púrpura, todo cubrido de froles, y él iba con la probe túnica enconsútil, que era de lana, bañada de su propia sangre; vos llevais un rico collar al cuello, y Su Magestá llevaba una gruessa y larga soga, por la qual le tiraban aquellos malditos sayones; vos vais con un calzado que deslumbra la vista, y el Salvador iba descalzo de pié y pierna, con los piés todos ensangrientados. Apénas oyó esto el güeno del Emperador, quando, arrasados los ojos en lágrimas, se despiojó al memento de las vestiduras empiriales; vistióse una probe túnica, púsose una corona de espinas en la cabeza, echóse un dogal al cuello, descalzóse los piés, y encontinenti espenzó á andar sin estorbo ni embarazo.»

16. «Eran de oir las refrisiones que sobre este enxempro hacia el bendito Padre, ponderando el enojo del Señor por una cosa en que al parecer no havia culpa nenguna, y sacando de ahí quanto se enritará con estas otras, que no es pussibre dexen de ser muy culpables; porque, en concrusion, el Emperador iba con aquel trage que era propio y priciso de su alta dinidá, pero estas otras Nazarenas no tienen pricision de andar ansina, y se visten ansina no mas que por antojo y que por envincion de su loca fantasía. El Emperador no hacia vanidá de su vestido, pero las Nazarenas usan de este vestido por pura vanidá; el Emperador en medio de la magestá de la púrpura iba con mucha divocion, pero las Nazarenas, quando havian de dar enxempro de compostura, siquiera por lo que sanifica el vestido, no parece sino que se valen de él para ser mas desengolvidas; y poco mas ó ménos lo mesmo que decia de las Nazarenas, lo apricaba tambien á las demas que trahen hábitos galanos.»

17. — «Vaya, dixo Fray Blas, que debia de ser muy escrupuloso esse Prelado. A mí, por lo ménos, un hábito bien puesto en una muger me gusta mucho: á todas las dice bellap. 200mente, pero, si son bien parecidas, las cae muy en gracia.» — «Santíssima razon! respondió el Familiar, y en boca de un Religioso no hay mas que pedir. Yo, Padre nuestro, por ahora no me opongo á que las mugeres, especialmente las solteras, percuren líncitamente agradar á los hombres y engalanarse por esto cada una segun sus pussibres. Su alma, su palma; y cada qual se componga con su conciencia. Ya vi lo que dice un Autor, que los hombres tenemos tres inimigos, el Dimonio, mundo y carne; pero las mugeres tienen quatro, el Dimonio, mundo y carne, y el deséo de parecer bien. Lo que digo es, que valerse de las cosas santas para parecer mijor, esso es lo que á mí me parece muy mal. Y en fin, fuesse ó no fuesse escripuloso el Perlado de quien vamos habrando, es cierto que no lo era otro Religioso mocito, aunque no tanto que no fuesse ya Letor de Thaulugía en aquella santa Comunidá, el qual s’ alló presente á nuestra convresacion, y cierto que tenia unos ojos tan vivos y tan aquellados, que se conocia á la legua que no era gazmoño. Este tal sabia muchas copras en latin y en romanze, y diz que tambien las hacia harto guapas. Con todo lo que convresamos se conformó tan lindamente, y aún me dixo que yo debia de tener güen entendimiento, aunque no me expricaba con la mayor escrecion. Quando relaté aquello del tontillo, se rió mucho y añadió, que esta moda siempre l’ avia parecido la mas grande mamarrachada en que podia dar la maginacion de las mugeres, aún en sus trages de gala; porque, como todos saben en qué consiste aquel balumbo, hacen de él la mesma bulra que de los Palitoques, que levantan hasta el tejado á los gigantones del Córpus, y de los cuerpos de paja con que se feguran los espantajos y los estafermos.»

18. «A este empropósito relató unas copras, primero en latin y despues golvidas en romanze por él mesmo, las que le contentaron mucho al mesmo Perlado; y, viendo que á mí tambien m’ avian gustado las segundas, aunque no entendia las primeras, le mandó que me diesse unas y otras escrividas. Hízolo allí súpitamente, y me las metí en el balsopeto, y por vida del hijo de mi madre que las ha de leer aquí ahora mi sobrino Fray Gerundio; porque, como yo no ascanzo el latin, no sé leerle con aquel sentido y con aquella enlegancia que se debiera.» Diciendo y haciendo, sacó del bolsillo un papel tan sobado y aceitoso, que parecia quarteron de encerado. Diósele á Fray Gerundio, que lo leyó en voz alta con bastante alma, y se sabe por tradicion de padres á hijos que decia assí:

Sunt hodie … muliebria corpora, quæ, dum
Conclavi neglecta suo atque inculta morantur,
p. 201Macra videbuntur brevibusque simillima sardis.
Fac tectis prodire eadem expectanda per urbem,
Non eadem forma est: nam, cum peronibus altis
Incubuere pedes, cum tot redimicula frontem
Aedificant, circum et vestis sinuosa tumescit,
Prægnantem artifici defendens turbine ventrem,
Protinus augetur species majorque videri
Atque alia, ingentes una implet fæmina postes
Angustatque viam, magnos imitata elephantes
Aut orcam per aquas vasta se mole ferentem.
Trova.

Si coges de repente

En trage descuidado y negligente

A una Dama en su quarto, á una Mozuela,

Tendrásla por sardina ó por truchuela:

Tan seca, tan enjuta y estrujada

Que ménos es muger que rebanada.

Pero espérate un poco,

Que presto verás nympha á la que es coco.

Dexa que salga á vistas por las calles;

Que, aunque cien veces la halles,

Te has de decir mirando á la Doncella:

«Vive diez que ya es otra aquesta aquella!

Como creció una quarta en un instante!

Hoy plenilunio, y ayer menguante!

Cabia ayer metida en qualquier cesto,

Y hoy no cabe en la plaza! Como es esto?»

No te canses, Lucilo, en reflexiones;

Pues, no ves que se empina en dos tacones,

Tan altos, tan iguales

Que salen con baston los carcañales?

Y piensas se contenta

Con crecer por los piés? Tambien intenta

Poner en la cabeza su quarto alto.

Da con la vista un salto,

Y verás el tupé, el jardin, el rizo,

La mitad natural, la otra postizo,

Con el petiboné medio al desgaire,

Pues todo es ganar tierra por el aire.

Pero lo que te pasma

Aún mas que te admirara una phantasma,

Es verla tan anchota

Que casi llena un juego de pelota;

Y dudas, al mirar el envoltorio,

p. 202Si es muger lo que anda ó si es cimborio.

Eres un monaguillo,

Pues no ves que es milagro del tontillo,

Aquel que á las casadas

Sirve entre otras mil cosas excusadas,

Pero en tal qual soltera no muy lisa

Es sin duda una alhaja harto precisa.

Para qué? me dirás. Eres sincero:

Ibatelo á decir, pero no quiero.

El tontillo á la flaca la hace gorda,

Y tal vez finge tórtola á la torda;

Porque son los tontillos nobles piezas

Para encubrir gorduras y flaquezas.

Una muger, en fin, con guarda-infante,

Cátala convertida en elephante.

Haces ascos al símil? No te llena?

Pues por mí, mas que sea una ballena.

19. No obstante que ni Fray Gerundio ni Fray Blas eran los hombres del gusto mas delicado que se ha reconocido hasta ahora en el orbe de las tierras, como lo puede haver observado el curioso lector en la serie de esta exactíssima Historia, se sabe que aplaudieron bastantemente la trova, por ser lo que mas entendian; bien que Fray Gerundio, por saber sin comparacion mucho mas latin que Fray Blas, no dexó de hallar singular gracia en los versos latinos, y como que se inclinaba á que tenian mas que los castellanos. Assí lo dió á entender, y con esso se pelaba las barbas el Familiar, porque sus padres no le huviessen dado estudios, por lo ménos hasta que saliesse un inracionable gramático, que fué la phrase con que él se explicó.

20. Los que lo oyeron todo con una grande indiferencia, fueron Anton Zotes y la Señora Cecilia. Anton Zotes, porque casi desde el principio de la conversacion se havia medio dormido, á causa de estar algo alcanzado de sueño por haverse levantado aquella noche dos veces á dar un pienso á las cavallerías; la Señora Cecilia, porque del latin (ya se ve) no entendia palabra, y del romanze le sucedia con corta diferencia lo mismo. Solo percibió que allí se hablaba de tontillo, y esto bastó para que dixesse muy alegre: «Ahí me la dén todas; que yo ni para mí ni para m’ ija he pensado enjamas en tontillo, pues ni mi madre ni mi agüela usaron por enjamas de los enjamases de essas envinciones.»

21. Tú que tal dixiste! Tomó la taba el Familiar y la dixo: «Oyes, y tu madre ni tu agüela usaron jamas de los enjamases de galones d’ oro, de encaxes de prata, de telas de tiesú, de enguarinas, de trapacería, de mantos de tafetan dep. 203 ilustre, con encaxe de media vara, de embanicos d’ á dobron, de manguito enforrado por de juera en terciopelo, de rosario de pisázuli ó de inventurina, engazado en prata ó en oro, ni de otras mil embusterías, (otra cosa peor iba á decir, pero la callo,) de qu’ usas tú y quieres tambien qu’ usen tus hijas? Unas sayas de estameña, una basquiña de cordellate, una enguarina de paño fino en los dias recios, una capa sobre la cabeza con su vuelta negra de rizo ó, á lo mas mas, de terciopelo, un embanico redondo de papel pintado con almagre encima de una caña, un rosario de lágrymas, y el mas pricioso de cachumbo: estas eran sus galas, y servitor. Ansina vivieron muy honradamente, ansina nos dexaron un pedazo de pan que comer; y no tú, que tienes traza de echarme por puertas, porque los dias de fiesta pareces una Condesa, y tus hijas unas Marquesicas, siendo ansí que no sois mas que unas probes y honradas labradoras, sin considerar que causais risa á las presonas de meollo; por qu’ al fin, por mas que la mona se vista de seda, mona se queda.»

22. Iria el sermon mas adelante, si en aquel punto no huviera entrado una criada á poner la mesa, porque ya era hora de comer, y, por la cuenta, ni en la comida ni en lo restante de aquel dia que se quedaron á descansar en Fregenal, no debió de suceder cosa remarcable; á lo ménos los Autores de aquellos tiempos tan retirados nada refieren, contentándose con decir que la mañana siguiente, muy de madrugada, despedidos todos cortesanamente unos de otros, Anton Zotes tomó el camino de Campazas, y Fray Gerundio y Fray Blas se fueron á comer á su Convento, donde Fray Gerundio fué recivido del Prelado con mucho agasajo, y de los demas, particularmente de la gente moza, con indecible alegría y aplauso, porque ya havia llegado al Convento la fama de sus sermones. Solo se sabe por un libro de becerro, escrito en letras góthicas y ya muy desgastadas despues de tantos siglos, que luego que llegó el Prelado le puso en la mano una patente del Padre Provincial, en que le hacia Predicador mayor de la Casa, dispensándole en los años de Predicador sabatino y de Predicador segundo que pedia la constitucion, por justas causas que le movian á ello, todo con acuerdo del Definitorio, en virtud de la facultad que le concedia para ello la Bula del Papa Eleutherio LII. que comienza: Ad promovendum. Al mismo tiempo recivió Fray Blas otra patente de jubilacion, en que se le declaraba Presentado por el púlpito para el Magisterio, con que los dos amigos del alma no se veían de polvo, de abrazos y de enhorabuenas.

p. 204

LIBRO SEXTO.
CAPITULO PRIMERO.
Donde se refiere lo que no se sabe; pero al fin del capítulo se sabrá su contenido.

1. La mañana siguiente al dia de su arrivo se fué á buena hora á la celda prelacial, á dar cuenta al Superior de todas sus gloriosas expediciones, sin olvidarse de hacer con él alguna expresioncilla de agradecimiento, pretextando el influxo que havia tenido su Paternidad en el nuevo empléo á que acababan de elevarle. Refirióle lo mas substancial que le havia sucedido, sin dissimular los aplausos con que le havian honrado, bien que añadió que estos mas suelen ser hijos de la dicha que del merecimiento. Pero se guardó muy bien de hablar palabra ni de la terrible repassata del Magistral de Leon, ni de las graciosas pullas y solidíssimos argumentos del Familiar, ni de la bella doctrina del Padre Abad de San Benito. Por fin, le dixo al Prelado como le havian encargado la Semana Santa de Pero-Rubio, la qual tenia entendido que valia cinqüenta ducados en dinero phýsico, y como otros treinta, poco mas ó ménos, en lo que se sacaba de limosnas, y que le pedia su bendicion para acetarla. Diósela el Prelado con mil amores; porque, si bien no le armaba mucho el modo de predicar de Fray Gerundio, por quanto él era hombre ramplon y solidote, pero, como entendia que las gentes le oían con gusto, y él necessitaba complacer á todos, ya para no perder, ya para aumentar los devotos de la Orden y los bienhechores del Convento; viendo tambien por otra parte que los Prelados mayores le promovian y le autorizaban, le dixo desde luego que durante su triennio podia predicar todos los sermones que le encomendassen.

2. Salió Fray Gerundio muy contento de la celda prelacial con esta licencia tan amplia; y apénas havia entrado en la suya, quando llamaron á la puerta el Maestro Fray Prudenciop. 205 y aquel otro Beneficiado tan hábil, tan leído y de tan buen humor, de quien se hizo larga y honorífica mencion en los capítulos 5 y 6 del libro segundo de la primera parte. Venia con dos fines: el primero y principal, á divertirse un poco con Fray Gerundio, ya que havia desesperado de sacar de él otra cosa; y el segundo, á darle la bienvenida y juntamente la enhorabuena de su promocion á la dignidad de Predicador mayor del Convento.

3. Passáronse los primeros cumplidos en palabras de buena crianza, y despues de las generales dixo el Beneficiado: «De los sermones que vuestra Paternidad ha predicado por essas tierras no hablo, porque ya llegaron por acá los ecos esforzados á soplos del clarin sonoro de la Fama. Nada me cogió de susto, porque siempre hice juício que predicaria vuestra Paternidad como acostumbra.» — «Y yo y todo, añadió Fray Prudencio; pero esso es lo peor que tendria el Padre Predicador.» — «Fuesse lo peor ó fuesse lo mejor, respondió Fray Gerundio, crea vuestra Paternidad muy reverenda, Padre nuestro, que nada perdió la Religion por mis sermones.» — «Assí lo creo, dixo el Maestro Prudencio; porque adonde iriamos á parar, si las Religiones perdiessen algo por las boberías ni por los desaciertos, sean de la linea que se fueren, de estos ó de aquellos particulares? Todas las Universidades son unos cuerpos sabios, aunque no todos sus miembros lo sean mucho. Todas las familias religiosas son santas, aunque tal qual Religioso no sea muy exemplar. Y, en fin, la Religion christiana es santíssima, aunque haya innumerables Christianos escandalosos.»

4. — «Dexémonos de puntos serios, interrumpió el Beneficiado, y alegremos un poco la conversacion. A propósito de sermones y de Predicadores, acabo de recivir el corréo, y un amigo de Madrid me envía dos papeles muy preciosos, cada uno por su término, que me han dado el mayor gusto. El uno es una esquela, con que se hallaron muchos sugetos de la Corte baxo un simple sobreescrito, y dice assí:

«El Mayordomo de la Casa de los locos de la Ciudad de Toledo participa á V. havérsele escapado dos docenas de los mas furiosos, los quales le asseguran se han disfrazado de Predicadores en la Corte. En cuya atencion suplica á V. se sirva concurrir á los sermones y notar si hablan desconcertados, sin méthodo, órden ni decencia, si amontonan conceptos, textos truncados, fábulas de Gentiles, cuentos ridículos, idéas phantásticas, acciones y expressiones burlescas, contra el respeto y decoro de la palabra de Dios, de la Cáthedra del Evangelio, del auditorio christiano, á fin de dar las providencias necessarias para restituirlos á esta santa Casa y curarlos en ella; en lo que hará V. una obra dep. 206 charidad. Me asseguran que uno ha de predicar el dia… á las… de la mañana, en la Iglesia de…»

5. — «Bella esquela! noble esquela! especie de exquisito gusto y de gran juício!» exclamó el Maestro Prudencio. — «Yo por tal la tengo, dixo el Beneficiado, y me dicen que la han celebrado infinito todos los hombres serios, entendidos y cultos. Verdad es, que tambien me añaden que á otros muchos los ha consternado extrañamente.» — «Esso es muy natural, repuso el Maestro Prudencio; todos aquellos, que, por las señas que da el Mayordomo, teman que los recojan á la santa Casa por orates de los mas furiosos, levantarán el grito y alborotarán al mundo contra la esquela; y en verdad que yo no esperaria á otros indicios para recogerlos al instante.» — «Engruesse vuestra Reverendíssima esse partido, que es bien numeroso, dixo el Beneficiado, con los muchos que los aplauden y los celebran, y se juntará contra la esquela un exército formidable. Es menester echarse esta cuenta, porque estos tales se ven reducidos á uno de dos extremos: ó á reconocer y confessar que hasta aquí han vivido alucinados, aplaudiendo lo que debieran abominar y siguiendo ciegamente á los que debieran huir; ó á obstinarse, por tema y por capricho, en su errado dictámen. Lo primero no hay que esperarlo, ó hay que esperarlo de muy pocos, porque son muy raros los que quieren confessarse engañados; con que es preciso que suceda lo segundo.»

6. — «Essa esquela, replicó Fray Gerundio con innocentíssimo candor, no merece fé ni crédito en juício ni fuera de él y aún, si mucho se apura, está condenada por la Inquisicion: lo primero, porque no trahe nombre de Autor, y lo segundo, porque no se sabe á quien se dirige, pues en toda ella no se habla con nadie, sino con V.V. y V., y no hay noticia de que haya ni haya havido en el mundo muger ni hombre que se llame V.» — «Hace fuerza el argumento, dixo el bellaco del Beneficiado, y en verdad que no es tan facililla la solucion. Con todo esso, me parece que se pudiera responder á lo de que no trahe nombre de Autor, que ya dice ser del Mayordomo de la Casa de los locos de Toledo, el qual es muy natural que tenga su nombre y apellido.» — «Mas que tenga treinta apellidos y otros tantos nombres, replicó Fray Gerundio, lo dicho dicho: no trahe nombre de Autor; porque Autor es el que da ó ha dado á la estampa algunos libros, y no sabemos que el Mayordomo de la Casa de los locos de Toledo haya impresso hasta ahora alguna obra.» — «Vaya, dixo el Beneficiado, que la solucion no admite réplica. Pero, á lo otro que añadió vuestra Paternidad de que no ha havido hasta aquí hombre ni muger que se llamasse U, paréceme que se pudiera decir, lo primero, que,p. 207 si ha havido una tierra que se llamaba Hus, y fué la patria de Job, segun aquello de vir erat in terra Hus, nomine Job, yo no hallaba inconveniente en tener por verosímil que en aquella tierra huviesse muchos con el apellido de U, pues no hemos de reparar en letra mas ó ménos, siendo tan comun esto de dar apellidos á las familias los lugares y las tierras. Lo segundo, que aún en nuestros tiempos huvo un Emperador de la China que se llamaba Can-Y. Pues, por qué no podrá haver otros ciento que se llamen, unos Can-A, otros Can-E, otros Can-O, y otros Can-U?»

7. — «Valiente gana tiene vuestra Merced, Señor Beneficiado, dixo Fray Prudencio, de perder tiempo con esse pobre simple. Ahora se para en contestar con un hombre, que no sabe lo que significa la V. en convites ó avisos de esquelas y en cartas circulares? El reparo de nuestro nuevo Padre Predicador mayor se parece mucho á el del otro Clérigo, tonto como él, que, haviendo leído los quatro tomos de Cartas eruditas del Maestro Feijoó, los arrojó de sí con desprecio, diciendo que las mas de aquellas cartas eran fingidas, y que él no creía que fuessen respuestas á sugetos verdaderos que huviessen consultado al Autor sobre los puntos que en ellas se trataban. Y se quedó muy satisfecho el pobre mentecato, sin advertir que, aún quando fuesse cierto lo que presumia su apatanada malicia, no por esso se disminuía un punto el mérito de las cartas.»

8. «Pero, dexando á un lado esta impertinencia, lo que yo reparo en la graciosa esquela es, que su Autor anduvo muy moderado. Suponer que no fueron mas que dos docenas los locos furiosos que se escaparon de la Casa de los orates y andaban por la Corte disfrazados en Predicadores, es una moderacion digna de que muchíssimos se la agradezcan mucho; porque, segun las señales que él mismo da, el número de los locos es incomparablemente mas crecido.» — «Sí, Señor, respondió el Beneficiado; pero no todos estarian recogidos, y él solo habla de los que lo estaban y se le escaparon.»

9. «El segundo papel que me envían por el corréo, en su linea no es ménos solemne ni ménos divertido; y desde luego digo, que este sí que ha de caer en gracia al Reverendo Padre Fray Gerundio. Es un cartel ó cedulon que se fixó en las esquinas y parages mas públicos de la Corte, convidando para ciertas funciones de Iglesia, que se hicieron en obsequio de la seráphica Madre Santa Theresa de Jesus. El cedulon aún fué mas solemne que las mismas fiestas, y, haviéndole leído con singular complacencia cierto amigo mio de gusto muy delicado, arrancó uno para remitírmele, sabiendo quanto lisongéa mi diversion con este género de piezas. Aquí está el mismo cartel, todavía con las señas del engrudo óp. 208 pan mascado con que se pegó, y dice assí, sin quitar letra:

10. «Jesus, María y Joseph.
«A la Tierra del Cielo, por quien criara el Cielo el que fundó la Tierra: Profunda en la Humildad, Fértil en la Virtud: A la Agua que da Vida, A la Vida con la Agua clara de su Doctrina, Dulce, por Soberana: Al Aire, que da espíritu, Al Espíritu, que da el Aire Sútil, de su Pluma, Puro de su Alma: Al Fuego, que da Amor, al Amor hecho Fuego, Para abrasar el corazon, á una Muger Seraphin: A la Luna que pisa, Al peso de la Luna, Nueva en Favores, Creciente en Verdades, Llena de Luces, Menguante de Errores: Al Sol que ofusca brillos, A los Brillos del Sol, Fanal del Carmelo, Farol del Mundo: A la Estrella de la Alba, A la Alba de la Estrella, Que todos buscan Guia, como Norte en el Mar de la Vida, Para el Puerto de la Gloria: Al Prodigio de Pathmos, repetido y sentado en el Sitial de la Justicia, Donde, mejor Astrea, Celestial Signo, Vírgen sabia, domina los Astros: A la Motriz Inteligencia de los animados Cielos, Que delicado Vidrio guardan vasos de barro: Al Agustin de las Mugeres, Angélica Doctora de los hombres, Theóloga Mýstica, Phýsica Seráphica, Natural Rhetórica, Espiritual Médica, Crítica Cherúbica, Universal Maestra en la Ciencia de los Santos, en las Artes de los Justos: A la Niña Architecta, que de Modelos Pueriles levantó para Dios Palacios Celestiales: A la Grande en el Poder, Mayor en el Penar, Máxima en el Amor: A la Muger Apostólica, ó Apóstol en la Esphera de Muger, Por su Virtud, Por su Nobleza, Por su Prudencia, Por su Patria, Hechizo de la Europa, Señora de ambos Mundos, Abogada de España, Consejera de Castilla, Santa Theresa de Jesus, A quien los dos Atlantes de la Militante Iglesia, Nuestros Cathólicos Monarcas, rinden devotos y reverentes cultos, Magestuosa expression de sus santos afectos, cuya soberana luz, cuyo eficaz exemplo siguen leales, imitan fieles, todos los Reales Consejos y Tribunales de esta Corte, en…, dando feliz principio á tan elevado fin el Domingo 14 de Octubre de 1753 á la hora de Vísperas, desde las quales hasta el dia 24 del referido mes (quando en carroza de cristal hace su marcha el Sol,) hay Jubiléo pleníssimo. Serán Trompetas Mýsticas de las Voces Evangélicas Confiteor tibi, Pater, los Oradores siguientes…»

11. Quedó atónito el Maestro Prudencio y, no persuadiéndose á que el cartel pudiesse ser cierto, figurándosele que seria acaso alguna festiva invencion del buen humor del Beneficiado, se le arrancó de las manos para leerle él mismo, con amistosa confianza; pero aún se quedó mas pasmado, quandop. 209 le vió impresso, ni mas ni ménos como llevamos escrito, con sus comas y puntos y orthographía, solo que en el cartel se expressa el Templo donde se celebraron las fiestas, y nosotros le omitimos por justos respetos. Leyóle, releyóle, tornóle á leer, y apénas creía á sus proprios ojos. Al fin, como era hombre serio, entendido, religioso y verdaderamente sincero, despues de haverse encogido de hombros, arqueado las cejas, levantado los ojos al cielo y hecho muchas cruces, santiguándose de admiracion, prorumpió diciendo:

12. «Que esto se permita en España! y en una Corte! y á vista de tanto hombre verdaderamente sabio, culto y discreto! y donde concurren tantos millares de extrangeros de casi todos los Reynos y Países del mundo! Qué han de decir de nosotros las naciones? En qué predicamento nos tendrán, si llegan á entender, que precisamente para publicar unas fiestas sagradas, lo qual en todo el mundo se hace y se debe hacer sencilla y llanamente, diciendo que tal dia comienzan tales fiestas, que durarán tantos dias, que estará ó no estará el Sacramento expuesto desde tal hora á tal hora, que havrá ó no havrá jubiléo, y que predicará Fulano, Citano y Perenzano: qué han de juzgar de nosotros, vuelvo á decir, si saben que precisamente para un assunto como este se embarra un gran pliego de papel, llenándole de bazofia, de antíthesis ridículos, de esdrújulos phantásticos, de phrasotas que nada significan ó significan un grandíssimo disparate, de epíthetos pueriles y alocados á una Santaza como Santa Theresa, que mas la ultrajan que la honran, y qué sé yo si de proposiciones heréticas ó á lo ménos malsonantes?»

13. «Quien le dixo al Autor del cartel (el qual no es possible sino que fuesse por ahí algun Licenciaduelo atolondrado, de estos que comienzan á ser aprendices de cultos, y no saben ni son capaces de saber en qué consiste el serlo) quien le dixo al Autor del cartel que Santa Theresa, ni otra pura criatura, por sí sola era la tierra del Cielo, por quien criara el Cielo el que fundó la tierra? Una proposicion semejante á esta, que se dixo por María Santíssima, conviene á saber que Ipsa colenda est, non tantum ut causa nostræ redemptionis, sed etiam ut motivum creationis omnium rerum, está notada por gravíssimos Theólogos como digna de muy severa censura. Quien le ha dicho que Santa Theresa, ni algun otro Santo ó Santa, puede ser en ningun sentido verdadero el agua que da vida, pues no hay otra agua que dé vida, sino el agua del bautismo? Quien le ha dicho que es el aire que da espíritu, no haviendo otro quien le dé ni pueda darle, sino el soplo figurado ó la inspiracion del Espíritu Santo? Quien le ha dicho que…?»

14. — «Sossiéguese vuestra Paternidad, dixo el Beneficiado;p. 210 que estas cosas no se han de tomar con tanta seriedad: un poco de sangre fria y un mucho de buen humor es la mejor receta para curarlas, ó á lo ménos para que no nos perjudiquen. Mire vuestra Paternidad: los hombres sabios de la Corte saben, que la Corte está llena de ignorantes, presumidos de sabios; los extrangeros tambien tienen por allá sus Autores de cedulones, ó cosa equivalente; porque pensar que los tontos no están sembrados por todo el mundo como los hongos, es cosa de chanza, y si no, ahí está Menckenio en su librete de Charlataneria eruditorum, que no me dexará mentir. El artífice de nuestro cedulon no fué tan mal intencionado como á vuestra Paternidad se le figura. El quiso hacer á Santa Theresa un remedo de todos los quatro elementos, tierra, agua, aire y fuego; no se le ofreció otra cosa mejor, y dixo essos disparates, sin meterse en mas honduras. Aquí no huvo mas, y vuestra Paternidad no haga juícios temerarios en materia de su doctrina; porque, si sabe la que enseña el catechismo, esto le basta para salvarse, sin que sea necessario aprender otras Theologías.»

15. — «Assí supiera yo lo que él sabe, interrumpió á esta sazon Fray Gerundio; cada qual siga su opinion, pero en la mia esse hombre es un monstruo de ingenio. Qué bellos assuntos ofrece en tan pocas lineas, para predicar muchos sermones á la seráphica Madre! No se me olvidarán á mí, quando se presente la ocasion. La luna que pisa el peso de la luna. Qué divinidad! Pues la prueba: nueva en favores, creciente en verdades, llena de luces, menguante de errores. Es un assombro!» — «Por lo ménos, dixo el Beneficiado, están diestramente aplicadas todas las fases de esse planeta: luna nueva, luna creciente, luna llena y luna menguante. Los labradores, los hortelanos y los médicos lunáticos excusan otro calendario, y solo con ver el cartel sabrán quando han de plantar, sembrar, purgar y sangrar.»

16. — «Dígame vuestra Merced lo que quisiere, continuó Fray Gerundio, que yo aquello de el sol que ofusca brillos á los brillos del sol, no tengo con que ponderarlo.» — «Ni yo tampoco, respondió el Beneficiado, si entendiera bien qué es esto de ofuscar brillos al sol. Las nubes no los ofuscan, solo estorban que se comuniquen á nosotros, y lo mismo hacen las paredes, las ventanas, los toldos y los tejados. Si alguna cosa los huviera de ofuscar, serian las manchas que dixo el Padre Christóval Scheinero havia descubierto en el sol con un telescopio de nueva invencion; pero es natural, que el Autor no quisiesse decir que Santa Theresa era pared, tabique, ventana, toldo, tejado ni mancha. Como quiera, ello suena bien, y soy de la opinion de Usted, mi Padre Fray Gerundio.»

17. — «Y qué me dirá Usted, prosiguió Fray Gerundio,p. 211 de aquello de fanal del Carmelo, farol del mundo? No es un prodigio?» — «Claro está, respondió el Beneficiado, que fanal y farol hacen un eco que encanta; porque, aunque fanal es una cosa y farol es otra, aquí no nos hemos de gobernar por lo que las cosas son, sino por lo que suenan.» — «Sobre todo, añadió Fray Gerundio, lo que no se me olvidará
para aprovecharme de ello en tiempo y en sazon, es el bello pensamiento de la estrella de la alba, y la alba de la estrella.» — «Téngolo por muy conceptuoso, dixo el Beneficiado, pues ahí da á entender que debe haver alguna estrella ordenada in sacris, que se reviste el alba para exercitar su órden, y, en fin, el lucero del alba no puede estar explicado con mayor émphasis ni hermosura.» — «El concepto predicable que mas me agrada, prosiguió Fray Gerundio, es decir que Santa Theresa fué el Agustin de las mugeres y la angélica Doctora de los hombres.» — «Esso está dicho con gran chiste, respondió el Beneficiado; porque á las mugeres las dió su hombre, y á los hombres los dió su muger; y, si alguno dixere que hacer á la Santa por una parte Agustin y por otra angélica Doctora, es hacerla Doctora hermaphrodita, merece desprecio por la bufonada. Qué cosa mas comun el dia de hoy que llamarse un hombre Agustin-María? Pues, por qué no se podrá llamar una muger Agustin-Thomasa ó Thomasa-Agustin? La terminacion en -a es impertinente para el sexo, porque Juno fué muger, y se acaba en -o; y Caracalla fué hombre, y se termina en -a.»

18. — «Con Usted me entierren, dixo Fray Gerundio, que se hace cargo de las cosas; pero no repara vuestra Merced en aquellos cinco assuntos para cinco sermones, que se podrán predicar delante del mismo Papa: Theóloga mýstica, phýsica seráphica, natural rhetórica, espiritual médica, crítica cherúbica?» — «Dígole á Usted, Padre Predicador mayor, respondió el Beneficiado, que respecto de essos cinco assuntos esdrujulados, las cinco piedras de la honda de David, que predicó en Roma el Padre Vieyra en cinco domínicas de Quaresma, para derribar al Philistéo de la culpa, fueron cinco guijarros incultos y de los mas vastos. Essas son cinco piedras preciosas, dignas de engastarse en la corona de hierro de los Longobardos, que dicen se conserva en Aquisgran y pesa algunas arrobas. Lo que extraño es, que el Autor dexasse quexosas á otras facultades, quando con igual razon pudiera dexarlas favorecidas. Pues, quien le quitaba añadir que Santa Theresa havia sido Astrónoma extática, Geógrapha célica, Mathemática týpica, Poetisa métrica, etc.?» — «Es que no cabria en el cartel,» respondió Fray Gerundio. — «Seria por esso, continuó el Beneficiado; pero era fácil el remedio con haverle dispuesto en papel de marca.»

p. 212

19. — «El pensamiento que yo prefiero á todos, añadió Fray Gerundio, y el que no se me escapará para el primer sermon que se me ofrezca predicar á la gloriosa Santa, es aquel que comprende tres puntos admirables: grande en el poder, mayor en el penar, máxima en el amor.» — «Ellas son tres verdades, dixo el Beneficiado, bien probadas en la vida de la seráphica Madre, y no hay duda que la graduacion de grande, mayor, máxima, está segun arte; y la terminacion en -er, -ar, -or es de exquisito gusto. Lástima fué no añadiesse que la Santa havia sido óptima en escrivir, sabia de oriente á sur, y quedaban comprendidas todas las terminaciones de -ar, -er, -ir, -or, -ur.»

20. — «Y le parece á vuestra Merced, interrumpió Fray Gerundio, que no es digno de la mayor admiracion el último elogio con que acaba, diciendo que Santa Theresa era y havia sido por su virtud, por su nobleza, por su prudencia, por su patria, hechizo de la Europa, Señora de ambos mundos, Abogada de España, Consejera de Castilla?» — «Oh, mi Padre Fray Gerundio!» respondió el Beneficiado. «Essa es una cabeza de obra (perdóneme nuestra lengua, que se me ha puesto en la cabeza explicarme assí). Esse es un golpe; qué digo golpe? es un porrazo que descubre los sesos al assombro. Por algo le reservó el Autor para lo último, que es donde se ha de dar el mayor chispazo. Tiene, tiene mas alma de la que parece á primera vista. Es uno de aquellos elogios que llaman de correspondencia; porque á los quatro primeros substantivos han de corresponder por su órden los quatro segundos adjetivos, casándolos y pareándolos segun su numeracion. Yo me explicaré, si acierto.»

21. «Pidieron informe á cierto bellacuelo de no sé qué Rector, (porque no dice la leyenda si era de Universidad ó de Colegio,) y él le dió en este dístico, que pienso ha de ser de Juan Owen:

Est bonus et fortasse pius, sed rector ineptus:
Vult, meditatur, agit, plurima, pauca, nihil.
Ahora note vuestra Merced aquí la correspondencia ó el casamiento de los tres verbos con los tres acusativos: vult plurima, meditatur pauca, agit nihil. Pues, á este modo el ingeniosíssimo Autor del cedulon dixo que Santa Theresa de Jesus era, por su virtud, hechizo de la Europa; por su nobleza, Señora de dos mundos; por su prudencia, Abogada de España; y por su patria, Consejera de Castilla. Es verdad que, despues de haverla supuesto Señora de dos mundos, baxó mucho la puntería, primero en hacerla Abogada, y despues Consejera. Pero, qué tirador hay tan diestro que lo acierte todo y que alguna vez no baxe un poco los puntos? En todop. 213 caso, todos aquellos y todas aquellas que tuvieren la dicha de haver nacido en la nobilíssima Ciudad de Avila, donde nació Santa Theresa, deben dar gracias al Autor del cartel por haverlos descubierto un honorífico privilegio, de que verosímilmente ninguno de ellos ni de ellas tenia noticia. Sepan que son por su patria Consejeros ó Consejeras de Castilla. Y assí, desde aquí adelante no se ha de llamar Avila de los Cavalleros, sino Avila de los Consejeros y de las Consejeras. De las ilustres familias de los Zepedas y Ahumadas, que dieron á luz á esta gran Santa, no hay que hablar. Su privilegio ó su gloria es mucho mayor, pues precisamente por su nobleza son Señoras de ambos mundos.»

22. — «Paréceme, dixo Fray Gerundio, que vuestra Merced á ratos se zumba; pues en verdad que yo hablo muy de veras en todo quanto digo. A lo ménos no tendrá vuestra Merced que glosar sobre aquella elegantíssima phrase que dice: Comienza el jubiléo pleníssimo desde la hora de vísperas, quando en carroza de crystal hace su marcha el sol.» — «Qué he de glosar de esse parénthesis, ni qué puedo decir de él, respondió el Beneficiado, que no sea muy debaxo de lo que merece? La elevacion de la phrase no puede ser mayor, pues llega hasta el mismo sol. La del concepto es clara como un crystal, y, sobre todo, la oportunidad no tiene precio. Añádese la novedad con que se corrige la plana á todos los Poetas que ha havido, desde que se fundó la poesía en la Arcadia ó en Caldéa, que esse es chico pleito. Todos hasta aquí havian dado en la manía de que el sol hacía sus marchas en carroza de fuego, y despues, segun unos, se sepultaba en urna de crystal, y, segun otros, se dormia en catre de plata líquida. Ha sido enorme error, ó por lo ménos una alucinacion tan universal como de grave perjuicio. Por un telescopio de nueva invencion, con las lentes invertidas, que por dicha llegó á manos de nuestro Autor, descubrió claríssimamente, que la carroza en que el sol corre la posta es de crystal; y, aunque desde léjos parece que rua toda embestida de fuego, y que es fuego lo que respiran por las narices y boca los cavallos que la tiran, es ilusion de vista. Esto nace de que, como el sol va dentro de la carroza, y esta es de crystal, assí como tambien son diáphanos y transparentes los cavallos, penétranse los rayos por las vidrieras, y parece fuego lo que en la realidad no es mas que crystal de roca.»

23. — «Búrlese vuestra Merced ó no se burle, dixo Fray Gerundio, no podrá negar que es elegante la expression con que anuncia al público los sugetos que han de predicar, y el texto sobre que serán trompetas mýsticas de las voces evangélicas (Confiteor tibi, Pater) los Oradores siguientes…» — «Pues vé Usted? respondió el Beneficiado, esso es puntualp. 214mente lo único que yo huviera omitido; no porque no esté dicho con mucha sonorosidad y en una bella cadencia de los dos esdrúxulos, mýsticas y evangélicas; sino porque, como ahora hay tantos en el mundo que perderán un par de amigos por aprovechar un equivoquillo insulso, havrá mas de dos que digan que muchos, todos ó algunos de los Oradores nombrados eran unos pobres trompetas, y citarán para prueva al mismo Cartel.»

CAPITULO II.
Estornuda el Beneficiado; interrúmpese la conversacion con el Dominus tecum y con el Vivan Ustedes mil años, y despues se suena.

1. — «No solo cortó vuestra Merced mi cólera, dixo á esta sazon el Maestro Prudencio con semblante placentero, sino que la ha convertido en risa. Ya veo, que no es negocio de tomar con seriedad los disparates de essos cedulones que se fixan en las esquinas. De essos no se sigue otro inconveniente, que el que á sus Autores los tengan por lo que son; pero otras bocanadas parecidas á essas, en los púlpitos no se pueden tolerar, porque son de grave consequencia para la Religion, para la Nacion y para las costumbres. En suma, el cartel es disparatadíssimo, y no parece possible otro que lo iguale.»

2. — «Esso es mucho decir, Padre Maestro, replicó el Beneficiado; la esphera de lo possible es muy dilatada, y á pique está que tenga en el bolsillo con que convencer á vuestra Reverendíssima, quanto se equivoca en juzgar que no caben en la linea mayores dislates.» — «Vuestra Merced se chancéa», dixo el Maestro Prudencio. — «Me chancéo? replicó el Beneficiado; ahora lo veredes, dixo Agrages.» Y, diciendo y haciendo, sacó del bolso otro papel, que tambien protestó se le havian enviado por el corréo como pieza única; y era un cartel que se fixó, no en la Corte, sino en otra Ciudad muy autorizada, publicando una fiesta de San Cosme y San Damian. Leyóle con fidelidad, á excepcion de tal qual cosa que omitió por prudencia, y decia assí literalmente:

«Solemnes Cultos, Obsequiosos Aplausos, Aclamaciones Festivas, Demostraciones del mas fino Amor, que á sus fidelíssimos Achates, Templos vivos de la Charidad, Seutipiubsores, Cosmiclimatas, Brachamanes, Oficinas de las maravillas divinas, Prodigios de Milagros, Milagros de Prodigios, Chrysoprasos de la Gracia, Agapetas de Corazones, Val.

p. 215San Cosme y San Damian
Dedican, Consagran y Ofrecen con cordial devocion los Hijos de etc.»

3. — «Me doy por convencido, dixo el Maestro Prudencio, volviéndose á santiguar; esse cartel es mas breve que el antecedente, no tiene otra cosa mejor. Por lo demas, se puede decir de los dos lo que respondió cierto Provincial á un Padre, que tenia dos hijos en la Religion y le preguntó qual de los dos era el peor, Fray Pedro ó Fray Juan? A que respondió el Provincial: Ambos son peores. Yo no entiendo la lengua griega, de lo que estoy muy pesaroso, y lo digo con vergüenza; pero harto será que hasta para los mismos Griegos no sea grieguíssima toda essa gerigonza de Achates, Seuptipiubsores, Cosmiclimatas, Brachamanes, Chrysoprasos y Agapetas. Brachmanes (y no Brachamanes) no es voz griega, y ya sé lo que significa. Es una casta ó muchas, de las familias mas nobles y mas sabias en las Indias orientales, sumamente dificultosas de convertir, porque, teniendo por viles y por vitandos á todos los que no son de igual familia ó casta, se desdeñan de tratar con ellos, tanto que ni aún para exercer los mas baxos oficios de la casa los admitirán. Y assí el cocinero del Brachman ha de ser Brachman; llegando en algunas partes la extravagancia á señalar tambien sus castas brachmanales á los cavallos, á los jumentos y á los demas brutos domésticos, para que los Brachmanes se puedan servir de ellos con honor. Pero al fin, yo no sé por donde los pueda venir lo Brachman á los dos gloriosíssimos Mártyres San Cosme y San Damian.»

4. — «Ahora se detiene en esso vuestra Reverendíssima? repuso el Beneficiado. Lo Brachman los viene por tan linea recta, como lo Seuptipiubsor, Cosmiclimata y Chrysopraso. El inventor del solemníssimo cedulon no se paró en essas menudencias. Tiró, lo primero, á acreditarse de otro Cornelio Schrevelio en la inteligencia de la lengua griega para con los ignorantes de ella, y pretendió, lo segundo, aturrullar los oídos del populacho con essas voces barbarisonantes, sin havérsele passado otra cosa por la imaginacion. Si entónces se le huviera ocurrido á ella el Heautontimorumenos de Terencio, tan cierto es que llama Heautontimorumenos á los dos benditos Santos, como los llamó Cosmiclimatas y Agapetas. Yo bien sé, que se llamaban Agapetas aquellos que assistian á los convites de la charidad, que se estilaban entre los fieles allá en los primeros siglos de la Iglesia, y que los mismos convites se llamaban agapes, de agapa, que significa amor; pero se me esconde, qué aplicacion oportuna y natural se puede hacer de esta voz á los dos santos Médicos.» — «Comop. 216 quiera que ello sea, dixo entónces Fray Gerundio, tomando un polvo y haciendo del socarron, estos epitectos suenan bien y pueden hacer su papel en un sermoncito de rumbo.»

5. — «Tenga Usted, exclamó á esta sazon el Maestro Padre Prudencio, dándose una palmada en la frente, que tambien yo he de contribuir con mi cornadillo al provechoso assunto de esta conversacion. Ahora me acuerdo, que tengo en la celda dos papelitos impressos á manera de esquelas, que pocos dias há me envió de Zaragoza cierto corresponsal mio de la Orden, hombre de juício, de delicadeza y de literatura; para que sepa vuestra Merced, Señor Beneficiado, que todos tenemos tambien nuestros amigos y nuestras correspondencias de gustillo. Si no me engaño, estos papelejos están en el mismo gusto que los dos carteles, salvo que son por término muy diferente y están escritos en latin. Son quatro décimas latinas en ecos, las quales forman dos elogios distintos al angélico Doctor Santo Thomas; y dudo mucho que hasta ahora hayan dado á luz las prensas quatro locuras semejantes. Voy por ellas.» Salió, llegó, volvió, sentóse, y leyó lo que se sigue:

Eucharistico Ecclesiæ Calamo.

Angelico Præcep tori,
Tori Cathedram a genti,
Genti ut luceat pubesc enti,
Entique fulgeat majori:
Humilitatis A mori,
Mori Thomæ, qui extat Pr ora,
Ora, Cymba Matre F lora,
Lora, Dux, Gladius, A cantus,
Cantus, Sidus, Turris, Xan thus,
Thus, Paradisus, Au rora.
Soli lucis ful minoso;
Minoso hæresis ter rori,
Rori gratiæ g estuoso,
Aestuosoque Doc tori,
Castissimo intacto fl ori,
Ori Sophiam evo menti,
Menti proclivæ cl amori,
Amorique Dei ferv enti,
Hæc libens consecro Thura,
Dona dum expecto fu tura.
6. — «Padre Maestro, qué dice!» exclamó el Beneficiado, tendiéndose de risa por aquellos suelos. «Es possible que se han impresso essas preciosidades? Si no conociera á vuestrap. 217 Reverendíssima y no supiera que es hombre tan serio y tan veraz, creeria que era invencion suya. Venga por Dios esse papel, que no hay dinero con que pagarle.» Tomóle, leyóle, releyóle, estuvo pasmado y suspenso por algun tiempo, y al cabo prorumpió en estas exclamaciones: «Soy un insulso! soy un tonto! soy un mentecato! soy un ignorante! Yo creí que sabia algo de composiciones locas, disparatadas, ridículas, y tenia mi poco de vanidad de que las que havia encomendado á la memoria eran originales; pero todas ellas no valen un pito en comparacion de estas dos décimas; y, hablando determinadamente de mis dos carteles, con que yo venia tan confitado, digo con ingenuidad que

non sunt nostrates tergere digna nates.»
7. «Me ha de dar vuestra Reverendíssima licencia, aunque parezca un poco prolixo, para construir fielmente en castellano lo que dicen essas dos décimas, siguiendo puntualmente el mismo órden de su epígraphe y de sus piés, aunque no sea possible conservar sus divinos ecos; porque, como las voces castellanas son tan distintas de las latinas, no pueden corresponder á unas los ecos de las otras.

A la Eucharística Pluma de la Iglesia.

Al angélico Preceptor,
Cathedrático de la cama,
Para lucir á los que apunta el bozo,
Y para resplandecer al mayor ente:
Al amor de la humildad,
A la costumbre de Thomas, que es proa,
Ora marítima y el bote Flora,
Cota, Capitan, espada, Acanto,
Canto, estrella, torre, Xanto,
Incienso, Paraíso, Aurora.
Al sol que fulmina luz,
Amenazante terror de la heregía,
Rocío que lleva á la gracia,
Y Doctor ardiente:
A la castíssima intacta flor,
Boca que vomita sabiduría,
Entendimiento inclinado al clamor,
Y amor de Dios ferviente,
Consagro con gusto estos inciensos,
Miéntras espero los dones futuros.»
8. «No me detengo ahora en los barbarismos ni en los solecismos, que hierven en el latin; porque, si me detuvierap. 218 en esto, seria tan pobre hombre como el que lo compuso. Lo que me arrebata toda la atencion, es pensar qué cansado quedaria el brazo de su Autor, y qué ufanos los que costearon la impression de esta grande obra y sembraron de sus papeluchos á la Ciudad de Zaragoza. Entre quantos mentecatos passaria el artífice por un ingenio monstruoso! Quantos innocentes creerian que no se havian dado al Angel de las escuelas elogios mas delicados! Hora bien, Padre Maestro, yo no soy Poeta, ni permita Dios que lo sea. En serio he compuesto bien pocas coplas, y, aunque algunas se han celebrado, bien conozco que estoy muy distante de la perfeccion de esta facultad, tan grande como desgraciada; pero tanto como para componer de repente, no digo una décima, sino aunque sea una cancion real con su cola y todo, y un romance tan largo como el de Don Diego de Mendoza, con tal que sea sin connexion, sin órden, sin sentido, y á desbarrar á tiros largos, dicen que tengo algun talento, y en parte me inclino á creerlo, porque me he experimentado en algunas funciones. Pues á Dios y á dicha, y á salga lo que saliere, allá va essa décima con ecos, imitando perfectamente á las dos latinas; y sea para mayor honra y gloria de su incomparable Autor.

Décima.

La batalla de Bi tonto,
Tonto no fué en Mon dragon,
Dragon que vió la f uncion,
Uncion tomó junto al Ponto.
Si al Parnasso me re monto,
Monto sobre tí, Pol lino,
Lino se hila en el mo lino,
Lino de Mingo Ca zurro,
Zurro y mas zurro á este burro;
Y cátate un desa tino.»
9. — «Es buen repente, dixo el Maestro Prudencio, y digna retribucion del simple que ultrajó mas que honró al angélico Doctor con essa sarta de necedades. Llámale Pluma eucharística de la Iglesia, y es lo único bueno que tiene el elogio, con alusion á que el Santo compuso el oficio del Santíssimo Sacramento; y, aunque no faltaron algunos que le quisieron disputar esta gloria y á nosotros este consuelo, ya el hecho no admite duda. Y, si fué tambien Autor del devotíssimo hymno Sacris solemnis, juntamente con el otro

Pange lingua gloriosi
Corporis mysterium;
p. 219qué indignacion ó qué risa le causaria, si los Santos fuessen capaces de estos afectos en aquella region de immutable serenidad, al verse elogiar tan torpemente por un Poeta igualmente zafio que zurdo? Harto será le dissimulasse los barbarismos de minoso, fulminoso, æstuoso, gestuoso, que dudo mucho huviesse dado con ellos el célebre Cárlos de Fresne, Señor de Cange, en su laboriosíssimo Glossario ó Diccionario de la baxa latinidad.» — «Como quiera, Padre reverendíssimo, replicó el Beneficiado, las dos décimas son tan disparatadas, que no parecen possibles otras que las igualen.»

10. — «Esso es mucho decir, respondió el Padre Maestro, tomando al Beneficiado las mismas palabras de que se havia valido para creer, que no era possible otro cartel tan desbarrado como el primero; esso es mucho decir, Señor Beneficiado; la esphera de lo possible es muy dilatada, y á pique está que tenga en esta otra mano con que convencer á vuestra Merced, quanto se equivoca en juzgar que no caben en la linea mayores dislates. Ahora lo veredes, dixo Agrages.» Y, diciendo y haciendo, leyó otro par de décimas, assimismo impressas, en elogio del proprio Santo, que decian de esta manera:

Sanctissimo Conciliorum Altari.

Maximo Scholæ Pa trono,
Throno Pudoris ve terni,
Terni contra vim A verni,
Verni Solis gaudes dono,
Sedulo Ecclesiæ Colon o.
O multiplex tui vo lumen.
Lumen, Lagena, C acumen,
Acumen, Sol, Luna, Na vis,
Vis, Radius, Lancea, Cl aris,
Avis, Tuba, Scutum, Flumen.
Firmo doctrinæ Cas tello,
Telo humoris no civo,
Cibo Domini no vello,
Bello Veneris læsivo,
Numini cœli f estivo,
Aestivo orandi sa cello,
Zelo Universi attr activo,
Activo virtutis cœlo,
Hæc serta dico gratanter,
Numenque nixurio instanter.
11. — «Vuestra Reverendíssima tiene razon, dixo el Beneficiado, luego que le permitieron hablar las carcaxadas, enp. 220 fuerza de las quales temió arrojar los hijares por la boca; en comparacion de essas dos décimas, las otras dos son discretíssimas, son elegantíssimas, son conceptuosíssimas, y son todos los superlativos que puede inventar el Autor italiano mas ensuperlativado: es lástima no volverlas en romance. Voy á hacerlo con la misma legalidad que las otras.

Al Santíssimo Altar de los Concilios.

Al máximo Patrono de la Escuela,
Throno del pudor veterano,
Contra la fuerza del terno Averno,
Que gozas del don del Sol de Verano,
Al cuidadoso Labrador de la Iglesia.
Oh, quantos volúmenes has escrito!
Luz, botella, cumbre,
Agudeza, Sol, Luna, nave,
Fuerza, rayo, lanza, llave,
Ave, trompeta, escudo, rio.
Al firme Castillo de la doctrina,
Dardo de humor nocivo,
Comida nueva del Señor,
Guerra lesiva de Vénus,
Al festivo Dios del Cielo,
Capilla para orar en el Verano,
Zelo attractivo del Universo,
Activo Cielo de la virtud,
Dedico con gusto estas coronas,
Y con instancia estoy pariendo el Númen.»
12. «Desafío á todos los ingenios del mundo, exceptuando únicamente el del Autor, á que en tan pocos renglones pongan en pié tanta multitud de disparates ni de cosas tan inconnexas, tan absurdas y tan alocadas. Lo de Santíssimo Altar de los Concilios, ya sé á lo que alude: hace alusion á no sé qué Papa del Orden de Predicadores, que, estando para celebrar missa á presencia de los Padres de un Concilio, mandó le pusiessen por ara un libro de Santo Thomas. Passe la noticia, por mas que la contradigan muchos; que yo no hallo repugnancia en creerla, ni encuentro dissonancia en que un Papa quisiesse distinguir con este singularíssimo honor las obras de un Santo Thomas tan beneméritas de la universal Iglesia. Pero, qué nos querrá dar á entender el Decimista con decir, que Santo Thomas es throno del pudor veterano? Si se havrá excitado otra disputa sobre el pudor veterano y el pudor moderno, como la que en años passados divirtió por algunos dias á la Corte sobre los Oradores á la moderna y á la veterana? No haria mal el Decimista en explicarnosp. 221 qual era el pudor veterano, para ver si nos convenia trocar el moderno por él.»

13. «Aquello de contra la fuerza del terno Averno (terni contra vim Averni) es un descubrimiento terrible. Hasta aquí creímos que no havia mas que un infierno, esto es, un único seno de los precitos y de los condenados; y lo mas á que se adelantaba la consideracion, segun el pensamiento de San Agustin, era á que para los Christianos parece que debiera haver dos. El Decimista por la cuenta ha descubierto otro tercero, ó un terno de infiernos horroroso:

Pues que vencia allá el pudor veterano
La fuerza superior del terno Averno.»
14. «Pero, lo que no se puede negar es que el pensamiento del quarto pié, Verni solis gaudes dono, (que gozas del don del sol de Verano) es un pensamiento verdaderamente alto y profundo. No dixo que Santo Thomas gozaba del don del sol del invierno, del de la primavera, ni del del otoño; sí del del verano, del del estío, y verosímilmente del mismo de la Canícula. Y esto por qué? Porque mereció vestir el religiosíssimo hábito del grande Patriarcha Santo Domingo; y todos sabemos que este Santo, aún ántes de nacer, fué mysteriosamente prenunciado á su Madre, quando soñó que trahia en su vientre un perro con una hacha encendida en la boca: figura la mas cabal de la Canícula, la qual por ahora siempre es en el rigor del verano, que, andando el tiempo, no sabemos por quando caerá. Pues, sin duda que esso quiso decir el Poeta, quando afirmó que Santo Thomas gozaba del don del sol de Verano; pero, si quiso decir otra cosa, agradézcame la buena voluntad.»

15. — «Gana tiene vuestra Merced de perder tiempo, interrumpió el Maestro Prudencio, en ir interpretando, ni mucho ménos glosando, los disparates de las décimas. Hemos menester hacernos cargo de que el Poeta era un pobre simple, que solo tiró á ajustar sus ecos, saliessen como saliessen, sin consequencia para lo demas. A no ser esto assí, quien le havia de tolerar que llamasse á Santo Thomas dardo de humor nocivo (Telo humoris nocivo), festivo Dios del Cielo (Numini Cœli festivo), y capillita para orar en el verano (æstivo orandi Sacello)?» — «A fé que tiene vuestra Reverendíssima razon, dixo el Beneficiado, y no gastemos mas prosa con este innocente. Mas, porque no se quexen estas segundas décimas de que no las saludo yo con otra de mi invencion, como á las primeras, allá van essos diez piés en busca del Autor, que debiera andar en quatro:

Salvages en la Ca nada,
p. 222Nada teneis que bus car,
Cár… los quinto, ni aún el Zar,
Porque mas acá hay po sada:
Sada fué mi cama rada,
Rada toma chocol ate,
Ate Roque el cordel late,
Late un oculto myste rio,
Ríome del Magisterio,
Y cátate otro disparate.»
16. Como durante la glosa de las quatro décimas no dexaron hacer baza á nuestro Fray Gerundio, guardó un profundo silencio; pero no se le dió mucho, porque á él no le havian parecido tan mal las décimas como al Beneficiado y al Padre Maestro; ántes bien hallaba en los écos una gracia sin igual, que casi casi le encantaba; y, si salia á defenderlas, bien conocia que no havia de sacar buen partido; si se ponia de parte de los que se burlaban de ellas, iria contra su propria conciencia. Con que, todo bien considerado, se alegró de que no le dexassen hablar. Solo suplicó al Padre Maestro, que le permitiesse sacar una copia de aquellos papeles, para reservarlos entre los mas curiosos, lo que sin dificultad le concedió, pareciéndole que, despues de la merecida zurra que havian llevado, no le passaria por la imaginacion conservarlos para otra cosa que para diversion y para risa, y no para modelo.

17. Con esto levantó la visita el Beneficiado, á quien salieron á despedir el Maestro Prudencio y Fray Gerundio. En el camino, y como de passo, dixo el Padre Maestro al Beneficiado: «Por aquí se conoce, con quanta justificacion está mandado por diferentes autos acordados del Consejo y por otras varias reales órdenes, que ningun Impressor pueda imprimir libro, memorial ú otro algun papel suelto de qualquier calidad y tamaño, aunque sea de pocos renglones, sin que le conste y tenga licencia para ello del Consejo ó del Señor Juez privativo y Superintendente general de imprentas, pena de dos mil ducados y seis años de destierro. Es justíssima esta providencia, por mas que parezca demasiadamente rígida, y, si se observara con el debido rigor, no se imprimirian carteles necios, décimas locas ni folletos indignos, que, todo bien reflexionado, no tanto nos divierten quanto nos afrentan. Hoy se cela esto de los libros y de las imprentas con mayor severidad que nunca, y, aunque algunos se quexen de la nimiedad, ménos inconveniente hay en este extremo que en el contrario, y mas quando enseña la experiencia, que ni aún todo este rigor alcanza para librarnos del todo de estas monstruosidades. Ojalá que con el mismo se celaran las dedicap. 223torias de las conclusiones, en las quales hay tanta bazofia y tanto desatino, que alguna vez he estado tentado á hacer una coleccion de las mas ridículas, y solo me ha detenido la consideracion de que las Naciones no nos tengan á todos por bárbaros, siendo assí que somos tantos á llorar la intrépida ignorancia de los que dan motivo para esto.» A tal punto llegaron á la portería, y el Beneficiado se fué á su casa, y cada uno de los dos Religiosos á su celda.

CAPITULO III.
Dispone Fray Gerundio su Semana Santa.

1. Tomóla con tanto empeño, que se negó con exemplar constancia y edificacion á los muchos que tuvo para predicar varios sermones en aquel verano. Entre otros, le importunaron con excesso para que admitiesse uno de grande aparato y de no menor utilidad, para una fiesta que se havia de celebrar en cierto lugar vecino, en accion de gracias de haver hecho el Rey Obispo de Indias al Cura que era del mismo lugar, hombre docto, piadoso y limosnero. No le pudieron vencer á que lo admitiesse, por no distraherse á otros assuntos ni exponerse á que le faltasse el tiempo para prevenir su Semana Santa. Y, por quanto uno de los que mas le instaban, para que admitiesse el sermon de gracias, le dió á entender que se atribuiria su resistencia á que era assunto nuevo y enrevesado, de lo que havia poco en los libros, y por esso no se atrevia con él, Fray Gerundio, para desengañarle, le enseñó al instante unos apuntamientos que tenia, á su parecer muy escogidos, para este género de funciones.

2. Eran todos sacados á la letra de cierto sermon, que se predicó en cierta Ciudad al mismíssimo idéntico assunto, de un Párrocho electo Obispo de Indias, llamado Juan, (assí se llamaba tambien el nuevo Electo,) que lloró mucho con la noticia de su eleccion, se resistió á consentir en ella, al fin aceptó. Celebró una fiesta muy solemne, en su misma Parrochia, una numerosa Congregacion que havia en ella, de que era Padre espiritual el mismo Señor Obispo. Se buscó Orador de fuera, y fué un Padre Maestro, ingenioso y hábil sin duda, pero de los que en el púlpito se dexan llevar de la corriente. Se traxo la música de la Cathedral, huvo fuegos, toros y vítor, que sacaron los Estudiantes de la Escuela que havia professado el Prelado. De todo se hizo cargo el Orap. 224dor en la salutacion, y todo le pareció á Fray Gerundio que con grandíssima facilidad se podia adaptar á la eleccion de qualquiera Señor Obispo. Y, si en la fiesta estaba el Sacramento patente, como es regular, seria otro tanto oro. El excerpto, que leyó al que le importunaba, decia assí á la letra:

3. «Apuntamientos para Sermones en elecciones de Obispos:

Si se aflige el Electo, como suele suceder, consolarle con esta entradilla: No lloreis, Juan, no lloreis: Ne fleberis. Y por qué llora Juan? Ya lo dice él mismo: Vidi in dextra sedentis super thronum librum scriptum intus et foris, signatum sigillis septem… et ego flebam multum. El que está sentado sobre el throno es el Rey: el libro del qual pendian siete sellos, segun unos, es figura de las Bulas plumbadas, de las quales viene pendiente el plomo con el sello pontificio: Pictores nostri hunc librum cum septem sigillis pendentibus instar Bullarum depingunt. Segun otros, era una carta cerrada, llamada libro, como llaman los Hebréos á qualquiera papel ó pergamino escrito: Hebræi quodcumque scripti genus librum appellant. Ille, de quo hic agitur, erat potius epistola quædam plicata. Carta cerrada á nombre del Rey, que amenaza con unas bulas plumbadas, motivo es para que Juan llore y se aflija mucho: et ego flebam multum. Ya tenemos Cedula Real, Bulas y llanto.»

4. «Quien ha de consolar al pobre Obispo? Ya lo dice el texto: Vicit Leo de Tribu Juda. El Leon de Judá, que se representa no solo como manso Cordero, sino como muerto sobre el mismo libro, Agnum stantem tamquam occisum, es figura del Sacramento. Este Cordero sacramentado le alarga con su propria mano las Bulas: et accepit de dextra sedentis in Throno librum… instar bullarum depingunt. Mándale que las acepte y que dé cuenta á su santa Iglesia: scribe Ecclesiis; no puede resistirse: vicit Leo. Ni tiene para qué, porque el mismo Cordero se empeña en darle quanto ha de menester para desempeñar su ministerio. Por esso se representa unas veces passeándose, otras sentado, y otras en pié: ambulantem, sedentem, stantem. Quando pesa los méritos del que ha de elegir, se passéa, ambulantem; quando los califica, se sienta, sedentem; quando los premia, se pone en pié, stantem. Como que está pronto para ayudarle y para defenderle! Necessita el Obispo ojos? El Cordero tiene siete, habentem oculos septem. Necessita los dones del Espíritu Santo? Ahí los tiene figurados en los siete cuernos del Cordero, cornua septem. Necessita atravesar el mar y que los Angeles del Señor le conduzcan felizmente á Tierra firme? Ahí lo tiene todo: Habentem cornua septem et oculos septem, qui sunt septem spiritus Dei missi in omnem terram.»

p. 225

5. «Supuesta la aceptacion como triumpho del Cordero, quien le da ó quien le instituye la solemníssima fiesta en accion de gracias? Al texto: Cum aperuisset librum, viginti quatuor Seniores ceciderunt coram Agno, habentes singuli citharas et phialas aureas… dicentes, etc. Los Antiguos, los Doces, los Veinte y quatro, que son los que ocupan el palenque de esta nobilíssima Congregacion y se distinguen en ella con estos nombres: Viginti quatuor Seniores ceciderunt coram Agno. Ellos parece que todos se han convertido en músicos por el amor, para cantar gracias al Cordero: Habentes singuli citharas. Mas, no contentos con esto, han conducido essa dulcíssima y acorde música, que tiene su orígen, no allá de los podridos nervios ó cuerdas de la tortuga de Mercurio, sino del mismo Cielo: Itaque cœlum instrumentum musicæ Archetypum videtur mihi, non propter alia sic elaboratum, quam ut rerum Parentis hymni decantarentur et musice. Hasta el Orador parece que estaba figurado en el texto; porque, ya fuesse él ó ya fuesse otro, como lo pretendió, el sermon siempre seria nuevo: Et cantabant canticum novum.»

6. «Los cohetes están claros, puesto que se disparaban desde el mismo throno: Et de throno procedebant fulgura et voces et tonitrua. El víctor de los Estudiantes de la Escuela Jesuíta es el que no se puede dexar de reconocer es aquellos quatro mysteriosos vivientes, que assistian á la cáthedra ó throno de Jesus, in circuitu sedis; y con el semblante y vuelo de águilas, et quartum simile aquilæ volanti, se remontaron mas victoreando dia y noche: Et requiem non habebant die ac nocte, dicentia Sanctus, Sanctus, Sanctus. Finalmente, hasta los toros se divisan en nuestro texto, pues tampoco faltan en él semblantes de toros: Et secundum animal simile vitulo.»

ASSUNTO.

El Laberintho.

7. «Eslo Christo en el Sacramento por cinco razones. Primera, porque fué figurado en el desierto: Apparuit in deserto. Segunda, porque se admiraron los Israelitas: Quid est hoc? Tercera, porque en él se confunden los sentidos: Et si sensus deficit. Quarta, porque se les hizo duro á los Judíos: Durus est hic sermo. Quinta, porque es Alpha y Omega, principio y fin de todo.»

8. «El Sacramento pues ha de ser el centro del laberintho: no ha de tener mas que dos calles; y las calles han de ser los otros dos Evangelios que concurren á la fiesta, porque el del Sacramento está ya aplicado al centro.»

p. 226

9. «Primera calle y primer Evangelio: Tu es Petrus, et super hanc petram ædificabo Ecclesiam meam. Por qué elige Christo á Pedro para Obispo de los Obispos y para piedra fundamental de su Iglesia? Porque, desde que le impusieron el nombre, se llamó Cephas, que es lo mismo que Pedro ó piedra: Tu vocaberis Cephas, quod interpretatur Petrus. Hermoso registro! pues descúbrese ya (hablemos aquí claros) la cifra, que desde la pila del bautismo goza por alta providencia nuestro amantíssimo Señor Obispo. Como se llama su Señoría? DON JUAN GARCÍA ABBADIANO. Vuélvase esto ahora en latin, y escrívase de esta manera: DOMINUS JOANNES GARCÍA ABBADIANUS. Qué sale en anagrama? JUAN OBISPO DE CARACAS AD MINUS, esto es, Juan Obispo de Caracas por lo ménos.»

10. «Vaya otro anagrama latino para mayor confirmacion: Joannes gratia Domini Abba ad nos, y sobra una v; pero es fácil acomodarla, porque, significando Abba lo mismo que Padre, se puede decir: Juan, por la gracia del Señor V Padre (Obispo) para nosotros. El Señor V es Phelipe V, que le presentó para el Obispado. A este modo es fácil hacer anagramas del nombre de qualquiera Obispo electo; porque, si no saliere en romance, saldrá en latin; y, si sobraren algunas letras, mejor, pues mas vale que sobren que no que falten.»

11. Iba á proseguir Fray Gerundio en la lectura de sus apuntamientos, pero el sugeto á quien se los leía le interrumpió diciendo: «Basta; que estoy de priesa, y quedo convencido de que no es fácil le coja á vuestra Merced de susto ningun empeño, por arduo que parezca, y que el negarse á este sermon no es ni puede ser por falta de materiales.» Despidióse, y nuestro Fray Gerundio, sin perder tiempo, comenzó á hacer sus prevenciones.

12. Havia trahido de Pero-Rubio una nota de los sermones que havia de predicar, con todas las circunstancias agravantes de cada uno, la qual havia tenido gran cuidado de entregarle el Licenciado Flechilla, hombre puntual y muy exacto. Venia la nota con toda distincion, precision y claridad, para evitar toda equivocacion, y nos ha parecido trasladarla aquí, ni mas ni ménos como se encontró en un manuscrito Arábigo muy antiguo, (de donde fielmente se copió, si no nos engañó nuestro Traductor), por lo que podrá conducir para la inteligencia de lo que adelante se dirá. Estaba pues concebida en estos proprios términos:

Semana Santa de Pero-Rubio.

Instruccion de la Villa á los reverendos Predicadores.

p. 227Primer Sermon.
Domingo de Ramos.

13. «Hácese la procession al vivo: va á cavallo en la Santa Asna el que hace al Christo, que es siempre el Mayordomo de la Cofradía de la Cruz: rodéanle los doce Cofrades mas antiguos de luz, vestidos de Apóstoles, con túnicas talares de diferentes colores. Anda la procession al rededor de la Iglesia, donde hay dos olivos y un moral: trepan á ellos todos los muchachos que pueden, los quales, durante la procession, están continuamente cortando y arrojando ramos al suelo. Quando el Sacristan canta: Pueri Hebræorum, los muchachos corresponden con descompassados chillidos: Benedictus qui venit etc., hasta el Hosanna in excelsis inclusive. Tiene el pueblo gran devocion con la Santa Asna, la qual va llena de cintas, trenzas, bolsos y carteras de seda; y antiguamente llevaba tambien muchos escapularios, hasta que un Cura los quitó, pareciéndole irreverencia. No queda en el lugar manta, cobertor ni cabezal que no se tiendan en todo el sitio por donde anda la procession. Este año se llama por dicha Domingo Ramos el Mayordomo de la Cruz, que representa á Christo. De todo se ha de hacer cargo el Padre Predicador, si ha de dar gusto.»

Lúnes Santo.

14. «Buen Ladron. Fíxanse tres cruces grandes á la entrada del Presbyterio, y son las mismas que sirven para el sermon del descendimiento. Todas las tres efigies que se representan en ellas, son de artífice muy diestro, y las costeó un hijo del lugar, que llegó por sus puños á ser Canónigo de La Bañeza. La de el medio es un crucifixo muy devoto; la de la derecha es de San Dímas, y la de la izquierda de Géstas, con semblante desesperado y rabioso, que parece cara de condenado. Es tradicion que se sacó por la de un Escrivano, (otros dicen Ventero,) gran ladron que havia en la comarca. Como quiera, ya es uso y costumbre immemorial que en este sermon se dé contra los Oficiales de pluma. Concurre mucha gente del contorno á oir las pullas y los chistes.»

Mártes Santo.

15. «Lágrimas de San Pedro. Cántase la Passion por la tarde; y, quando el que la canta se va acercando á aquellas palabras: Accessit ad eum una ancilla, salen de la sacristía un viejo con una calva muy venerable, que representa á San Pedro, y una Muchachuela en trage de moza de cocina, la qual, en cantando el de la Passion: Accessit ad eum unap. 228 ancilla dicens, prosigue ella cantando tambien muy gorgoriteado: Et tu cum Jesu Galileo eras; y el Viejo entona con enfado y con desabrimiento: Nescio quid dicis. Va San Pedro andando poco á poco por la Iglesia, y, al cantarse aquellas palabras: Vidit eum alia ancilla et ait iis, qui erant ibi, sale del medio otra Mochachuela y canta: Et hic erat cum Jesu Nazareno: San Pedro la da un empellon muy enfadado y dice: Voto á Christo, quia non novi hominem. Al fin hace como que se quiere salir de la Iglesia, y á este tiempo entra una tropa de Mozancones que, mirándole de hito en hito á la cara, comienzan á berrear descompassadamente: Vere et tu ex illis es, nam et loquela tua manifestum te facit. Aquí el pobre Viejo, colérico, enfurecido y como fuera de sí, comienza á detestar, á jurar y á perjurar que no conoce tal hombre, echándose quantas maldiciones le vienen á la boca. No bien las acaba de pronunciar, quando sale allá de encima del choro, y como hácia detras del órgano, un chillido muy penetrante que remeda la voz del gallo, y comienza á cantar tres veces quiquiriquí, quiquiriquí, quiquiriquí. Al oírle San Pedro hace como que se compunge: se va debaxo del choro, se mete en una choza ó cabaña que le tienen prevenida, y en ella está durante el sermon, plañendo, llorando y limpiándose los mocos. Es funcion tierna y curiosa; concurre mucha gente, y es obligacion del Predicador decir algunos chistes acerca de los gallos y de los capones, observándose que el que mas sobresale en esto saca despues mas limosna de gallinas.»

Miércoles Santo.

16. «Este dia no hay sermon. Despues de missa y por la tarde sale el Padre Predicador con la Señora Justicia á pedir la limosna de los huevos y pescado; y, si dió gusto en los dias antecedentes, suele sacar mas de doscientos huevos y una arroba de cecial, sin contar las sardinas saladas, que suelen ser mas que los huevos.»

Juéves Santo.

17. «Lavatorio y Mandato. No hay cosa especial que notar. Dió mucho gusto en este pueblo un Predicador, que tomó por assunto del Mandato Amor es arte de amar: lo que se advierte, por si el Padre Predicador quisiere imitarle. Generalmente han parecido bien todos aquellos que han predicado, desleídas, algunas relaciones de las comedias de capa y espada, como tuviessen eleccion en escoger las mas tiernas, derretidas y discretas. Ninguno logró mas aplauso que el que se empeñó en probar, que Christo en la última cena se acrep. 229ditó el Chichisvéo de las almas. Imprimióse el sermon; y, aunque luego se recogió por el Santo Tribunal, como no se recogió la memoria, ha quedado eterna de él en la Villa. Hácense estas advertencias, por si conducen para algo.»

Viérnes Santo.

18. «Por la mañana á las quatro la Passion. No hay mas célebre en toda la redonda: assiste al sermon debaxo del púlpito el Mayordomo de la Cruz, vestido de Jesus Nazareno. Quando se llega al passo del Ecce homo, sube al púlpito, y el Predicador le muestra al pueblo, haciendo las ponderaciones y exclamaciones correspondientes á este passo. Es grande la commocion, y se ha observado ser mucho mayor que si se mostrara una imágen del Salvador en aquel trance. Pronunciada la sentencia por Pilatos, es obligacion del Escrivano de la Villa, y en su ausencia del Fiel de Fechos, notificársela á Jesus Nazareno, esto es, al Mayordomo de la Cruz, que se encoge de hombros con grande humildad en señal de su aceptacion. Quando sale del Pretorio para el monte Calvario, el Sacristan ó, faltando este, el Muñidor, con voz ronca y descompassada, publica el pregon de los delitos de aquel hombre. Rara vez dexa de haver desmayos. En el momento en que expira y dice el Predicador Exspiravit, tocan las campanas á muerto. Hace el Predicador una breve suspension ó pausa, y despues él mismo entona el responso: Ne recorderis, continuándole los Clérigos, y se acaba la funcion con el Requiescat in pace.»

19. «Por la tarde á las tres el Descendimiento. Se hace en la plazuela que está delante de la Iglesia, si el tiempo lo permite. Se executan en él los mismos juegos de manos que en los demas descendimientos. Salen los venerables Varones que representan á San Juan Evangelista, á Nicodemus y á José Arimathéa, con sus toallas, martillos y tenazas, estando ya prevenidas las dos escaleras arrimadas á los brazos de la Cruz del medio. Colócase á un lado del theatro una devota imágen de la Soledad, con goznes en el pescuezo, brazos y manos, que se manejan por unos alambres ocultos, para las inclinaciones y movimientos correspondientes, quando San Juan va presentando los instrumentos de la crucifixion, y, sobre todo, quando al último los tres venerables Varones ponen delante de la imágen el cuerpo difunto de su Hijo, pidiendo la licencia de enterrarle. Suele ser dia de juício. El Predicador que de todos desempeñó con mayor aire esta funcion, fué el que tomó por assunto de ella Los Títeres espirituales y, al acabar por la mañana el sermon de la Passion, convidó al auditorio para una funcion de títeres. Todo dió gran golpe.»

p. 230Sábado Santo.

20. «No hay sermon este dia; pero, acabados los oficios, sale el Predicador con la Señora Justicia á pedir la limosna de torreznos, hornazos, longanizas y chorizos, y, si cayó en gracia, suele juntar tantos que beneficia los que le sobran, despues de regalarse bien los tres dias de Pascua. Y Predicador ha havido que ha sacado ciento y cinquenta reales de estos despojos.»

Domingo de Pascua.

21. «Sermon de gracias á las cinco de la mañana. Es obligacion precisa del Predicador contar en este sermon todas quantas gracias, chistes, cuentecillos, chocarrerías y truhanadas pueda recoger, para divertir al immenso gentío que concurre á él. No ha de ser hazañero ni escrupuloso. Sean de la especie que se fueren, puercos, sucios, torpes é indecentes, ya se sabe que en aquel dia todo passa. Debe hacerse cargo de que la gente está harta de llorar en la Semana Santa, y que es preciso alegrarla y divertirla en el Domingo de Pascua. Los Padres Predicadores que han trahido Socio ó Lego, (porque algunos le han trahido,) han dispuesto que el Lego subiesse al púlpito y que predicasse un sermon burlesco, atestado de todas las bufonadas possibles. Por lo comun estos sermones se acababan con un acto de contricion truhanesco, y por Christo sacaba el Lego una empanada, un pernil ó una bota, á la qual decia mil requiebros en tono de afectos compungidos, que hacian descalzar de risa.»

22. «Adviértesele al Padre Predicador, que en sus sermones no passe de una hora, á excepcion del de las lágrymas de San Pedro, Passion, Descendimiento y Sermon de Gracias, en los quales podrá detenerse lo que quisiere.»

23. «Por mandado de los Señores Alcaldes y Concejo de la Villa de Pero-Rubio, jurisdiccion de Caramanchel de arriba.

Roque Morchon,
Fiel de Fechos.

Concuerda con su original, á que me remito.

Morchon.»

24. Esta fué á la letra la instruccion, que el Licenciado Flechilla entregó á nuestro Fray Gerundio, recibida immediatamente de mano del Fiel de Fechos que exercia el oficio de Escrivano in sede vacante, y se acostumbraba dar una copia legalizada de ella al Padre Predicador pro temporep. 231 existente de la Semana Santa, para que, notificado de todas sus circunstancias, le parasse entero perjuicio, si no se conformaba con ellas. Discurra el pio y contemplativo Lector qué torbellino de idéas, á qual mas extravagantes, no se atropellarian en la fantasía de nuestro neotérico Predicador mayor, quando se halló con un almagazen de materiales tan copiosos como estrafalarios y ridículos, y los parabienes que se daria de que le huviesse tocado la dicha de meter su cortadora hoz en mies tan abundante.

25. Bien conoció, que la instruccion le daba ya hecha una gran parte del trabajo, y aún casi la mayor, mostrándole como con la mano el camino por donde havia de ir, y poniéndole á vista de ojos los assuntos que debia escoger, para captar los aplausos y poner el pié, si pudiesse, encima de todos sus gloriosos predecessores de feliz recordacion. Pero, como los assuntos eran tantos, y necessitaba de una immensa multitud de especies para llenarlos, no se puede ponderar la aplicacion con que se dedicó los ocho meses que faltaban para la Semana Santa, á revolver todo género de libros, notando, apuntando, amontonando verde y seco, todo quanto se le venia á la mano y podia conducir, aunque fuesse remotíssimamente, para alguno de los assuntos.

26. En el del Domingo de Ramos tuvo poco que hacer para determinarle; porque, notando que se llamaba Domingo Ramos el Mayordomo de la Cruz de aquel año y que era el primer papel del dia, tomó por idéa de su sermon El Inxerto ó los Ramos del Domingo, enlazados con Domingo Ramos. Acordóse haver leído ú oído, que havia un célebre Autor moderno que se llamaba el Señor Ramos del Manzano, y, pareciéndole que llamándose Ramos y Manzano era impossible, que dexasse de tratar pro dignitate y, como dicen, á fondo la materia de Ramos, lo fué á buscar con ansia á la librería del Convento. Hallóle y se quedó helado, quando vió que aquel docto Escritor trataba de cosa muy diferente, que él no entendia. Haciendo despues reflexion á que, segun el texto y tambien segun lo que se practicaba en la funcion de Pero-Rubio, los ramos eran de olivo, se le vino á la memoria el libro de Doña Oliva Sabuco de Nántes, de que havia oído hablar al Beneficiado como de un libro raro y exquisito, que él tenia en grande estimacion. Enviósele á pedir, creyendo que encontraria en él un thesoro para su assunto, y, aunque vió que trataba del xugo nutricio de las plantas y de los árboles, como no halló cosa particular de olivos, se enfadó y le arrinconó con desprecio. En este punto se le vino á la memoria que, assí en el Breviario como en el Missal, se da á este Domingo el título de Dominica in Palmis (Domínica de las Palmas); reflexionó con oportunidad á que en aquelp. 232 mismo Domingo daba principio la Iglesia á cantar la Passion; ocurrióle haver visto alguna vez por el forro en la librería de la Casa un libro intitulado Palma de la Passion y, dándose muy alegre el parabien, dixo para sí: «Vaya, que, siendo Palma y de Passion, no puedo ménos de encontrar aquí todo quanto he menester para atestar de erudicion las Palmas de esta Domínica.» Abrióle y, quando halló que era la devotíssima y juiciosíssima Historia de la Passion, escrita por el Padre Luis de la Palma, le faltó poco para echar el libro por la ventana, del enfado que le dió. Desesperado, en fin se refugió á su Polianthéa, y allí encontró una selva entera de ramos, olivos y palmas, que podia competir con la vega de Granada y con los mismos olivares de Tudela, Cascante y los aledaños.

27. Lo que le dió muy poca pena fué la circunstancia de la Santa Asna, como blasfemamente, aunque con mucha innocencia por su simplicidad, la llamaban aquellos pobres rústicos. Al instante se le vino á la imaginacion el Asno de oro de Apuleyo; y, aunque esta fué una graciosa invencion de aquel chufletero Autor, ó no lo conoció Fray Gerundio ó se le dió muy poco de esso, porque, verdadero ó fingido, siempre le parecia especie divina para formar el paralelo. Fuera de esso, por fortuna suya, havia leído pocos dias ántes en el tomo 2º. del Espectáculo de la Naturaleza el bello elogio que se hace del Asno en boca del Prior, y desde luego determinó encaxarle, reduciéndole á su estilo, assí por dar á su auditorio una razon plausible del motivo por que havia preferido el Salvador este humilde animal para hacer su triumphante entrada en Jerusalem, como para promover en sus oyentes la devocion con la Santa Asna, en quanto estaba de su parte.

28. El assunto en que finalmente se fixó para el sermon del buen Ladron, fué sin duda feliz. Dió por supuesto, sin razon de dudar, que el buen Ladron se llamaba Dímas, y el malo Géstas, sin embargo de que sobre el verdadero nombre de los dos haiga tanta variedad en los Autores, como saben los eruditos. Y, aún supuesto que se llamassen assí, todavía no falta quien diga que el malo fué Dímas, y el bueno fué Géstas, como lo prueban aquellos versos bastantemente vulgarizados:

Imparibus meritis tria pendent corpora ramis:
Dismas, Gestas, in medio est divina Potestas.
Dismas damnatur, Gestas super astra locatur.
29. Fray Gerundio no se paró en esso, y es sumamente verosímil que ni siquiera tuviera noticia de ello. Dando por indisputable la opinion vulgar, (que acaso tendria él por artíp. 233culo de fé,) de que el buen Ladron se havia llamado Dimas, tomó por assunto que el buen Ladron havia sido el Dí-ménos de todos los Ladrones, y el Dí-mas de todos los Santos. Probólo ingeniosamente, assegurando que, miéntras el mal Ladron estaba vomitando blasfemias contra Jesu-Christo, el bueno le procuraba contener, diciéndole: Dí-ménos, Dí-ménos. Y quando, despues que expiró el Salvador, los mismos que le havian crucificado se volvian á Jerusalem, hiriéndose los pechos y aclamándole por verdadero Hijo de Dios, el buen Ladron animaba á cada uno de ellos, diciéndole: Dí-mas, Dí-mas. Miéntras el mal Ladron juraba y perjuraba contra el Escrivano que le havia hecho la causa, tratándole de tan ladron y tan homicida como él, procuraba sossegarle el buen Ladron, diciéndole: Dí-ménos, Dí-ménos. Quando Longinos abrió los ojos del cuerpo y del alma, y confessó al Salvador á quien havia abierto el costado, el buen Ladron le alentaba con estas palabras: Dí-mas, Dí-mas.

30. Exornó despues este delicadíssimo pensamiento con un passo rhetórico, sin duda alguna ingenioso, enérgico y oportuno. Hacinó una buena porcion de elogios, que hacen del buen Ladron assí los Santos Padres como los sagrados Expositores, y esto le costó poco trabajo, porque en solos Silveira y Baeza encontró una decente provision para llenar muchos sermones. Hizo una especie de apóstrophe, hablando con cada uno de aquellos Autores como si los tuviera presentes, y preguntaba, verbi-gracia, á San Agustin: «Ea, qué dices del buen Ladron, Sol Africano, Phénix único de la Arabia feliz? Dum patitur, credit. — Dí-mas. — Non ante crucem Domini sectator, sed in cruce confessor. — Dí-mas. — Inter martyres computatur, qui suo sanguine baptizatur.» — «Y tú, purpurado Bethlemítico, Máximo entre los quatro Maestros generales de la universal Iglesia, Gerónimo divino! qué dices de nuestro Dímas? — Latro credit in cruce et statim meretur audire: Hodie mecum eris in Paradiso. — Dí-mas. — Latro crucem mutat Paradiso et facit homicidii pœnam martyrium. — Dí-mas. Pero qué mas ha de decir? Diga esto mismo con poética elegancia la mitrada Musa de Viena (ya sabe el docto que hablo de Avito, Obispo Vienense):

Sicque reus, scelerum dum digna piacula pendit,
Martyrium de morte rapit.»
p. 234

CAPITULO IV Y ULTIMO.
Interrúmpese la obra por el mas extraño sucesso que acaeció al Autor, y de que quizá no se encontrará exemplar en los annales.

1. Aquí llegaba dichosamente la pluma, volando con gustosa rapidez por la region de la Historia, en alas, á nuestro modo de entender, de la verdad mas acendrada; aquí corria la narracion sin tropiezo por el dilatado campo de la vida de nuestro Héroe, faltando por lo ménos la mitad para llegar al término de su espaciosa carrera; aquí comenzábamos (por decirlo assí) á tender las velas de nuestra navegacion, desviándonos de la tierra para engolfarnos en el mar alto de las mas famosas proezas pulpitables de nuestro nunca bastantemente aplaudido Fray Gerundio; aquí, aquí era donde lográbamos los documentos mas copiosos, las mas preciosas memorias, y los instrumentos no solo mas abundantes, sino tambien (á nuestro parecer) los mas puntuales, los mas exactos y los mas fidedignos, para divertir, entretener, embelesar y (en quanto nos fuesse possible) instruir sin especial trabajo nuestro á los Lectores, quando el sucesso mas extraño, el acaecimiento mas singular, y el mas exótico, triste, melanchólico, funesto y cypresino accidente, que podia caber en la humana imaginacion, nos obligó á cortar los vuelos á la pluma, á parar el cavallo en medio de la carrera, á echar las áncoras al principio de la navegacion, y, en una palabra, ó á levantar la mano de la tabla, arrinconándola para siempre, ó por lo ménos á suspender el pincel hasta ver lo que producen las nuevas diligencias que estamos haciendo, en cumplimiento de nuestro empeño y de nuestra obligacion.

2. Bien conocemos, que estarán ya nuestros amados Lectores con una ansiosa impaciencia por saber el triste fatal sucesso, que ocasionó esta desgracia. Tengan por Dios un poco de flema y déxennos respirar, haciéndose cargo de que no somos de bronce. La memoria solo nos conturba, los ojos se arrasan, la voz se corta, el pecho se cierra, la garganta se añuda, y hasta la pluma misma parece que no quiere dar tinta. Ya hemos tomado un poco de huelgo: allá va pues lo que nos sucedió.

3. En varias partes de esta, que nos parecia fidelíssima Historia, hemos advertido, que para formarla fuimos recogiendo una prodigiosa multitud de manuscritos, documentos, memorias, instrumentos que creíamos originales, papeles, cartas, inscripciones, medallas, y en fin todo aquello que juzgábamosp. 235 conducente para conseguir las mas puntuales noticias históricas, genealógicas, geográficas, críticas y exóticas, las quales sirviessen de verdaderos materiales á nuestra obra, sin dexarnos á nosotros mas trabajo que la diligencia de recogerlas y el esmero de ordenarlas, dándolas digeridas en aquel estilo que considerássemos mas proprio de una Historia de este charácter. Quantos archivos revolvimos! Quantos becerros, tumbos, chronicones, libros de Cofradía, notas de espolios monásticos y otros documentos de este jaez registramos, lo dexamos á la consideracion del Lector erudito y discreto, el qual solo podrá dar su justa estimacion á este trabajo tan deslucido como necessario.

4. Pero nuestra desgracia consistió en havérsenos significado que, como Fray Gerundio floreció en un siglo tan remoto de nuestros tiempos, y como havian sido tan ruidosas en el mundo sus empressas y hazañas oratorias, todas las Naciones se havian dado prisa á trasladarlas en su lengua: de manera que, haviéndose perdido quantos apuntamientos havia de este Héroe en la antigua lengua española, con motivo de la invasion y entrada de los Sarracenos, no havria noticia de él en España, si una feliz casualidad no huviera dispuesto, que cierto Viagero muy inteligente en las lenguas orientales, al passar por Egypto y hospedarse en un Monasterio de Coptos, enseñándole los Monges su inculta y desaliñada librería, no huviesse reparado en quatro grandes caxones, que estaban á un rincon de ella, rotulados con esta inscripcion Arábiga: Memorias para la Historia de un famoso Predicador Español.

5. Picado de la curiosidad, pidió y consiguió que se los dexassen registrar. Encontró en ellos mil preciosidades; y, viendo que unos estaban escritos en Hebréo, otros en Caldéo, otros en Syriaco, otros en Armenio, otros en Copto, otros en Arábigo, muchos en Persa, y una buena porcion en Griego, cuyas lenguas posseía él perfectamente, solicitó con los Monges que se los vendiessen. Ellos lo hicieron por bien poco dinero, porque ni conocian su mérito ni aún estaban enterados de lo que contenian, y assí los tenian llenos de polvo. El Viagero los conduxo á España; murió en Barcial de la Loma, su patria; los papeles se esparcieron por aquí y por allí en aquellas cercanías, bien que la mayor parte se reservó en el famoso Archivo de Cotanes, de que hicimos mencion en el mismo zaguan de esta desgraciada Historia, á la qual llamamos assí por lo que presto se verá.

6. Informados pues de que todos los documentos, que se hallaban en nuestra Península, estaban escritos en las referidas lenguas, abandonamos del todo el intento de recogerlos, por no entender palabra ni siquiera de una de ellas; y aquí nop. 236 podemos ménos de lamentar segunda vez nuestra desgracia en no haver tenido quien en nuestra adolescencia nos enseñasse por lo ménos la lengua griega y hebréa, que no solo nos servirian mucho en esta ocasion, sino en otras de mucha mayor importancia; y, aunque oímos condenar á muchos que parecen personas, este género de estudio como inútil ó como ménos necessario, á nosotros nos hace mas fuerza el exemplo de los mayores hombres de todos los siglos, que el particular dictámen de los que en ningun siglo tienen traza de ser muy hombres.

7. Hácennos mas fuerza las Constituciones 14, 42, 53, 72 y 79 de Gregorio XIII, en que recomienda con los mayores encarecimientos el estudio de estas dos lenguas, para el qual y para el de otras fundó á sus expensas veinte y tres Colegios ó Seminarios en diferentes partes de la Christiandad. Hácenos mas fuerza la Constitucion 65 de Paulo V, en la qual se manda, que «en todos los estudios de los Regulares, sean del Orden ó Instituto que fueren, se enseñen las lenguas hebréa, griega y latina, y en los estudios mas célebres haya tambien Maestros de la arábiga: in cuiuslibet Ordinis et Instituti Regularium studiis sint linguarum hebraicæ, græcæ et latinæ, in maioribus vero ac celebrioribus etiam arabicæ Doctores.» Hácenos mas fuerza el exemplo del gran Pontífice Clemente XI, peritíssimo en la lengua griega y no ménos zeloso de que los Jóvenes se aplicassen á ella. Y en fin, nos hace mas fuerza la segura noticia que tenemos de que el gran Patriarcha San Ignacio de Loyola, en sus Constituciones aprobadas por la Silla Apostólica, dexó muy encargado á sus Hijos el estudio de estas dos lenguas, y nos inclinamos tambien á que el de la syriaca y caldéa.

8. Si huviéramos tenido quien nos le enseñasse y nosotros nos huviéramos dedicado á él, no nos veriamos en el estrecho en que nos vimos resueltos á dexar la idéa de la obra, por no entender los manuscritos donde haviamos de tomar los materiales. Pero, quando ya no pensaba en esso, (ahora comienzo á hablar en singular,) ves aquí que me depara la suerte ó la desgracia una rara vision. Díceme la Criada, que me quiere hablar un Moro. Hágole entrar, y encuéntrome con un hombre de aspecto venerable, de estatura heróica, con barba prolongada y rubia, ojos modestos pero vivos, color blanco, y vestido enteramente á la turca; sotana talar y abotonada, de lanilla fina color morado, aforrada en tafetan carmesí; una gran banda de seda por ceñidor, que le daba muchas vueltas; chinelas aforradas en tela amusca, y borceguíes á media pierna, adonde salian á recivir unos anchurosos y prolixos calzones de marinero, que le baxaban hasta ella; una especie de capa ó de manto corto, que no passaba de lap. 237 cintura, de la misma tela que la sotana, solo que estaba aforrado en martas cibelinas y le trahia terciado al brazo izquierdo airosamente; su turbante de tres altos y como de á media vara, con las tres divisiones regulares, blanca, encarnada y amusca, del que pendia por todas partes multitud de hermosas bandas, ya de gaza, ya de muselina, y algunas tambien de seda.

9. Díxome en buen cortado Castellano, que era un co-Epíscopo armenio, que venia á pedir limosna para los Cathólicos del Monte-Líbano, que vivian entre los Schismáticos, sugetos todos al Turco, para ayuda de pagar los excessivos tributos que les exigia el Gran Señor por permitirles el exercicio libre de la Religion Cathólica en los estados de la Sublime Puerta. Añadió que aquel era el quarto viage que havia hecho á España con tan charitativo intento, y que en las dilatadas mansiones que havia hecho en ella, recorriendo todos sus Reinos y Provincias, havia aprendido la lengua con toda perfeccion, especialmente que el Señor le havia dotado de conocido don de lenguas, pues, sobre haverse instruído bastantemente en todas las européas, posseía perfectamente todas las orientales, que en cierta manera podia llamar sus lenguas nativas. Concluyó exhibiéndome una multitud de cartas de recomendacion de Príncipes y Potentados, con otra igual ó mayor cantidad de despachos y licencias exhortatorias de Señores Obispos, para que pidiesse y se le diesse limosna en el distrito de sus respectivas jurisdicciones, y por fin me suplicó que, como Párrocho, no solamente las diesse el uso en mi Parrochia, sino que le hiciesse el gusto de acompañarle en la demanda, para excitar mas la charidad de los fieles.

10. Yo que me ví con un personage al parecer tan recomendable y que para mayor autoridad trahia consigo dos Turquitos como de catorce á quince años, de aspecto muy agraciado, que decia ser Pagecitos suyos, y como por otra parte le oí, que era tan versado en las lenguas orientales en que estaban los manuscritos cuyo contenido deseaba saber con tanta ansia, y mas hablando la castellana con tanta propriedad como desembarazo, no puedo ponderar el gozo interior que me causó esta aventura, pareciéndome que no debia tenerla por acaso, sino por alta providencia del Cielo, que por este camino queria abrirle á la execucion de mis zelosos intentos.

11. En fin, por ahorrar razones, yo le hospedé en mi casa, le agasagé, le cortegé y le regalé en ella por muchos dias, todo quanto mi pobreza pudo dar de sí. Declaréle el pensamiento que havia tenido y el motivo por que le havia abandonado, no entendiendo los manuscritos que estaban esparcidos en varios lugares del contorno, aunque la mayor parte sep. 238 guardaban juntos y con buena custodia en el célebre Archivo de Cotanes, Pueblo que solo distaba una legua larga de esta Villa. El Señor co-Epíscopo se sonrió gravemente y me dixo con mucho agrado que no me diesse pena, que él me sacaria de aquel embarazo, y que, pues no podia agradecer de otra manera mi charitativo hospedage, celebraba la ocasion de manifestar su agradecimiento en cosa tan de mi gusto, como seria darme traducidos en Castellano todos los manuscritos que le pusiesse delante, aunque fuesse menester detenerse en mi casa algunas semanas y aún meses; porque las virtudes no se oponen, y era tambien especie de limosna para los Cathólicos del Monte-Líbano, el reconocimiento á sus insignes bienhechores.

12. Besé la mano á su Señoría por tanto favor. Al punto hize venir todos los manuscritos que pude recoger, especialmente los dos grandes legajos del Archivo de Cotanes, cuyo Archivero mayor (íntimo amigo mio) me los franqueó prontamente en virtud de Real Albalá y Privilegio, que tenemos los de esta Villa para esso, dándomelos con testimonio y con recibo, como se previene en la misma facultad. Mi co-Epíscopo tomó con el mayor calor la traduccion. En ménos de mes y medio me los presentó todos traducidos y numerados, para que se supiesse adonde correspondian unos y otros; y para mayor autoridad y abundamiento puso su sello y echó su firma en cada uno de los documentos traducidos, como se ve en ellos por estas palabras:

«Concuerda. Isaac-Ibrahim Abusemblat
co-Epíscopo del Gran Cairo.»
13. Despidióse de mí, dexándome este inestimable thesoro, que por tal le tenia yo; y, pareciéndome que havia hecho poco por él, respecto de lo que él havia hecho por mí, le regalé á la partida lo mas y mejor que pude. Sin perder tiempo puse mano á la obra, con qué desvelos, con qué afanes y con qué fatiga, Dios lo sabe; porque las especies estaban todas esparcidas por aquí y por allí, sin órden, connexion ni méthodo. Mi suma atencion fué no desviarme un punto de las memorias en órden á las noticias; porque, quien no se havia de fiar de las que estaban firmadas y selladas por un hombre que se llamaba Isaac-Ibrahim Abusemblat, era co-Epíscopo del Gran Cairo y, ménos el hacer milagros, parecia un Santo?

14. Ahora entra la funestíssima catástrophe. Quando, despues de dos años de trabajo, de vigilias y de un ímprobo sudor, tenia ya formadas las dos primeras partes de mi Historia en la conformidad que van escritas, y puntualíssimamente quando estaba trasladando con la mayor fidelidad losp. 239 singulares é ingeniosos apuntamientos de Fray Gerundio para su Semana Santa, passó por este Pueblo un Inglés de autoridad, que se dirigia á Portugal con no sé qué comission. Trahia cartas de recomendacion de algunos amigos mios para que yo le hospedasse, y lo hize con especial gusto, porque, aún sin ellas, le tengo grande en cortejar á todo hombre de bien que transite por esta Villa. Díxome que havia sido muchos años Cathedrático de lenguas Orientales de la Universidad de Oxford, y que actualmente se hallaba en la Corte de Londres sirviendo el empléo de Intérprete y Secretario de ellas. Creíle sin dificultad, porque, salvo la Religion protestante que professaba, en lo demas parecia hombre de honor, de bondad, de penetracion, de gran juício y de honradíssimos y muy cavallerosos respetos, sobresaliendo singularmente en él una vasta y comprehensiva erudicion en casi todas las facultades.

15. Díle brevemente razon de la obra que estaba trabajando, de los materiales ó documentos que havia tenido presentes para disponerla, del embarazo en que me hallé para su inteligencia, de la aventura que me deparó mi dicha en el co-Epíscopo Armenio para salir de este embarazo, de la bondad con que me los traduxo en castellano aquel santo Prelado, y finalmente le dixe, que havia de merecerle la honra de que descansasse algunos dias en mi casa, y que en ellos, por via de entretenimiento, aunque molesto, se sirviesse tomar el trabajo de leer los cartapacios que tenia dispuestos de mi Historia, y cotejarlos con los instrumentos y manuscritos á que se remitian; porque, aunque yo tenia toda la seguridad possible de su legalidad, en estas materias nunca sobraban los motivos para afianzarla.

16. Todo lo aceptó el Cavallero inglés con atentíssima urbanidad, diciéndome que la detencion en mi casa por algunos dias le era precisa, pues, informado de mi buen corazon, havia dado órden para que le enviassen á esta Villa ciertos despachos de la Corte que esperaba por la via de Madrid, sin los quales no podia passar adelante, y que, por lo que tocaba á mi obra, la leeria con especialíssimo gusto, porque á su parecer no podia ménos de tenerle yo muy delicado.

17. Con efecto, en los seis dias que tuve la honra de lograrle por mi huésped, se entregó tan ansiosamente á la lectura de la Historia, que apénas acertaba á dexarla de las manos ni aún para comer; y, aunque protestó que no me havia de hablar palabra de ella hasta que, cotejada con los manuscritos, pudiesse hacer juício cabal de el todo, se le conocia bien en todas sus acciones, gestos y movimientos, que la obra le havia quadrado extrañamente. En fin, lap. 240 mañana del dia último que estuvo en mi casa, (era por cierto mártes, que mártes havia de ser un dia tan aziago para mí,) despues de havernos desayunado juntos, me dixo que era preciso cerrarnos, y, haviéndole hecho, me restituyó el manuscrito de mi Historia, con todos los demas instrumentos y papeles que havia recorrido, en la misma conformidad y con el mismo órden con que yo se los havia entregado; y, mirándome entre risueño y compassivo, me hizo un razonamiento en esta substancia:

18. «Señor Cura, tengo que dar á vuestra Merced mil enhorabuenas y mil pésames: aquellos, porque ha escrito vuestra Merced una obra, que en su linea dudo que tenga consonante: yo á lo ménos no se le hallo en todo lo que he leído, y no ha sido poco; estos, porque, creyendo vuestra Merced de buena fé, que ha trabajado una historia exacta, verdadera, puntual y fiel, (calidades que, quanto es de su parte de vuestra Merced, verdaderamente la assisten,) ha gastado el calor intelectual en disponer la relacion mas falsa, mas embustera, mas fingida y mas infiel que podia caber en humana phantasía. Si, como vuestra Merced la llama Historia, la llamara Novela, en mi dictámen no se havia escrito cosa mejor ni de mas gracia ni de mayor utilidad. Tan provechosa sería para muchos de nuestros Predicadores de la Iglesia Anglicana, como para muchos Predicadores de la Iglesia Romana; pero, haviéndola vuestra Merced intitulado Historia, no me permite mi sinceridad engañarle, ni lo merecen las honras con que me ha favorecido y la noble confianza con que se ha fiado de mí. Nada tiene de Historia, porque toda ella es una pura ficcion. Sossiéguese vuestra Merced, y no se assuste hasta haverme oído.»

19. «El llamado co-Epíscopo Armenio, que á vuestra Merced le dió traducidos estos papeles, tanto tenia de Armenio como de Húngaro, tanto de co-Epíscopo como de Monja, y tanto entendia las lenguas Orientales como vuestra Merced la Iroquesa, la China y la Japona. Dexo á un lado que ha muchos siglos, que assí en la Iglesia Latina como en la Griega se suprimió la dignidad de los co-Epíscopos; dexo á un lado que el Gran Cayro dista tanto de la Armenia como la Circassia de España; y, en fin, dexo á un lado que ni los Cathólicos ni los Schismáticos Armenios están hoy sugetos al Gran Señor, desde que los Mogoles ó Sophys de Persia conquistaron la Armenia y la Georgia, sin que en aquella conserve el Turco mas que dos plazas de poca importancia ó, por mejor decir, dos fortalezas, que son la de Alcalziké y la de Cotatis, teniendo en la primera un Baxá de una cola ó de inferior órden, y en la segunda un simple Governador ó Comandante. Todas estas son fuertes señalesp. 241 de que el supuesto co-Epíscopo debia de ser un picaron, un tunanton, un vagamundo de los que de quando en quando suelen aparecerse en varias partes de la Europa, y con sus hypócritas artificios engañan tal vez á personages, que tenian motivo para no dexarse sorprender con tanta facilidad.»

20. «Lo que no admite género de duda es, que él engañó á vuestra Merced, pero graciosíssimamente, en todo ó en casi todo lo que dixo que contenian essos legajos de papeles, y que el haverlos legalizado con su sello y con su firma fué una de las mas preciosas invenciones ó bufonadas, que pudo discurrir para burlarse de la sinceridad de vuestra Merced.»

21. «A la verdad se habla en varias partes de ellos de un Predicador extravagante y ridículo, de cuyos sermones se entresacan varios trozos y passages. Pero ni se nombra al Predicador, ni hay tal Fray Gerundio en todos los manuscritos, ni se dice si el Predicador anónymo fué Español ó Francés, Campesino, Andaluz ó Guipuzcoano, y consiguientemente todo quanto se refiere de Campazas, de su familia y del Licenciado Quixano, es una pura patraña. El sermon de Animas, que en el capítulo 4º. del libro 1º. se supone que se predicó en Cabrerizo, un manuscrito dice que es cierto se predicó, pero no expressa donde. Assimismo se da por cierto todo quanto se refiere en el capítulo 5º. del mismo libro como sucedido con un Maestro de Escuela; pero no encuentro rastro de que fuesse coxo ni dexasse de serlo, ni mucho ménos de que huviesse sido Maestro de Escuela en Villa-Ornate, pues solo se habla en general de un Maestro de Niños. Pero el bellacon del Señor co-Epíscopo, haviendo fingido que su Gerundio era de Campazas, púsole voluntariamente á la Escuela de Villa-Ornate, porque quizás será un lugar poco distante del otro.»

22. «Con igual libertad finge todo quanto atribuye al Dómine Zancas-largas, sacando de su phantasía un Preceptor imaginario, que no ha existido in rerum natura. No se puede negar, que muchas de las sandezes que se ponen en su boca, se encuentran repartidas entre innumerables pedantes, que se meten á Maestros de Gramática, Preceptores ó no Preceptores; pero no es verosímil, que todas ellas se encuentren solas en uno solo, porque no necessitaria de mas prueba para que le tuviessen por orate.»

23. «La ficcion mas perjudicial de todas en la Religion Cathólica que vuestra Merced professa, (que en la nuestra no tendria inconveniente,) es aquella con que el bribon del tunante hace á su Gerundio del estado religioso. No hay ni el mas leve rasgo de esso en todo lo que he registrado, porque al Predicador de que se trata no se le señala estado nip. 242 profession: por esso, todo quanto se dice de su vocacion, noviciado, estudios, empléos, etc., se lo regaló de su bella gracia el Ilustríssimo Señor Isaac-Ibrahim Abusemblat, co-Epíscopo del Gran Cayro.»

24. «El mismo concepto se ha de hacer de su inseparable amigo y compañero Fray Blas, del qual no se halla ni la mas leve mencion en todos estos papeles. Solo se da una noticia vaga y general de otro Compañero del Predicador anónymo, que con su mala doctrina y peor exemplo contribuyó mucho á estragarle. Por tanto, aunque todos los razonamientos del ex-Provincial y del Maestro Prudencio son graves, macizos y ponderosos, debo prevenir á vuestra Merced para su govierno, que no se encuentran en los documentos originales.»

25. «Mucho ménos se lee en ninguno de ellos el nombre de Bastian ni el apellido de Borrego, ni puedo discurrir el motivo que tendria el Señor Tunante para poner en boca del sesudo Labrador Bastian Borrego las graciosas, pero solidíssimas reflexiones que hizo en la granja con el Maestro Prudencio. Solamente congeturo que, haviendo hecho Campesino á su Gerundio, aplicó á los interlocutores aquellos apellidos que son freqüentes en esta Provincia, escogiendo quizá los que á su modo de entender le parecian ridículos; pero, si tuvo por tal el apellido de Borrego, acreditó igualmente su malicia que su ignorancia. No tiene mas de ridículo el apellido de Borrego que los de Carnero, Vaca, Mula, Leon, Osorio (de Oso), y entre las aves Aguila, Paxarillo, Paxaron, Gallo, Palomo y otros muchos, con que se honran tantas familias distinguidas, y algunas de la mas elevada nobleza. Aún vuestra Merced mismo no pierde nada por llamarse Lobon, siendo tan conocida en la Historia Eclesiástica de España desde el primer siglo de la Iglesia aquella famosa Matrona Lupa ó Luparia, que algunos hacen Reina y todos suponen Señora nobilíssima; y, en fin, allá en Inglaterra todos tenemos mucha noticia de la gran casa de Villalobos.»

26. «Los documentos, que vuestra Merced tuvo presentes para componer la segunda parte, no son mas fieles que los que le guiaron para formar la primera. El Señor Abusemblat le vendió á vuestra Merced gato por liebre, y le puso delante todo lo que á él se le antojó. Aquellos Apuntamientos sobre los vicios del estilo son un bello trozo de rhetórica, que me acuerdo haver leído no sé donde; pero bien sé, que en estos papeles Syriacos, Arábigos y Caldéos no he leído ni una sola palabra de tales apuntamientos. La carta que el Estudiante Rhetórico de Villagarcía escrivió á su Padre, la tengo por apócrypha; pero, pues vuestra Merced está enp. 243 el mismo lugar, le será facil averiguar la verdad ó la suposicion de esta noticia.»

27. «Una pintura que hace vuestra Merced de no sé qué convite en un Convento de Monjas, allá en el capítulo 3º del libro 4º, bien sé que la sacó á la letra del instrumento traducido, que está notado con el número 97; pero el original á que se remite no habla mas de Monjas que de berengenas. Es una relacion Arábiga de la toma de Damasco en tiempo de las cruzadas. Sin duda que al tunanton le debieron de tratar mal algunas Monjas, conociendo quien era y no dexándose engañar de sus embustes, y él para vengarse fingió de su cabeza todos aquellos absurdos, que no caben ni se pueden creer del recogimiento y modestia que dicen professan las Religiosas; que yo, aunque he viajado mucho por payses Cathólicos, no las he tratado mucho, pero siempre he oído hablar de ellas con estimacion y respeto.»

28. «No puedo negar, que me cayó muy en gracia todo quanto en esta segunda parte se pone en boca del Familiar, que es mucho y bueno. Se conoce que el Señor co-Epíscopo no era lerdo: assí fuera tan veraz como advertido; pero debo decir á vuestra Merced, para descargo de mi conciencia, que todo esto fué de su invencion, y nada de essos papeles. Aún assí y todo, se descuidó su Señoría en guardar conseqüencia; porque en una parte llama Cuco al hijo del Familiar, y en otro le llama Bertholo. Verdad es que lo podrá componer, diciendo que el muchacho se llamaba Cuco-Bertholo ó Bertholo-Cuco. El terrible razonamiento del Magistral de Leon tambien es lástima que no se encuentre en estos documentos; pero al fin, aunque sea fingido que lo dixo, es cierto que todo quanto en él se dice es muy verdadero.»

29. «Todo el capítulo 8º del libro 4º, en que se trata de aquel Cavallerito mono, ó mona, furioso remedador de los Franceses, es de exquisita sal, y solo por él merece el co-Epíscopo del Gran Cayro, que vuestra Merced dé por bien empleado quanto le agasajó y le regaló, y que le perdone todo lo que le engañó. Fácilmente puede vuestra Merced discurrir, que en estos mamotretos Orientales no se toca ni se puede tocar tal especie; pero, si vuestra Merced se resolviere á publicar su obra, reformándola y poniéndola otro título, le aconsejo que de esse capítulo no mude ni una silaba.»

30. «Lo mismo digo del capítulo 9º del libro 5º, en que se habla del intolerable abuso de las Mugeres Cathólicas, que se visten por gala los hábitos de las Religiones, ú otros de capricho que ellas inventan. Si esto lo hicieran las de mi Religion, las aplaudiriamos mucho, porque sería la mas graciosa invencion para zumbarse de los trages Religiosos, dep. 244 que hacen tanta burla; pero en Mugeres Cathólicas parece que no se debe tolerar. Como quiera, el Tunante le dexó á vuestra Merced escrita una sátyra de grande importancia, que debe engastarse en oro, y no importa que la huviesse puesto en el estilo zafio del Familiar, ni esto se debe censurar como inverisímil ó como dissonante, pues quiso dar á entender, que para conocer el absurdo de este abuso no era menester ser Cathedrático ni culto; porque su misma dissonancia da en los ojos á qualquiera que tenga medianamente puesta la razon natural.»

31. «Una cosa debe vuestra Merced borrar absolutamente, y es toda la instruccion que se supone da el lugar de Pero-Rubio á los Predicadores de Semana Santa. Yo no sé si con efecto hay en España tal lugar de Pero-Rubio; pero, háigale ó no le haiga, es cierto, que ni de tal instruccion ni de tal lugar se hace mencion en los manuscritos originales, y que fué pura phantasía del Señor Abusemblat. Tengo noticia de que en varias partes de España se toleran, assí en la Semana Santa como en otras festividades, especialmente en la que Ustedes llaman del Córpus, algunas mamarrachadas, que hacen ridículos los mysterios de la Religion Romana, y nos dan grandes materiales á nosotros, á quienes Ustedes nos tratan de hereges, para reírnos de algunos que impugnamos. Por allá nos causa admiracion de que sufran esto los que fácilmente lo pudieran remediar. Los passos de la Passion son buenos para meditados, y tambien para representados en imágenes ó estatuas que aviven la consideracion, en lo qual no me conformo con los de mi secta, que se burlan de todas las imágenes sagradas, al mismo tiempo que hacen tanta estimacion de las profanas, tratando algunas con mucha veneracion. Debo este testimonio á la verdad, porque soy hombre sincero y hablo en país libre; que en Inglaterra yo me guardaria bien de hablar de esta manera. Bien está, pues, que los passos de la Passion, y tambien los demas, que constan assí de la Historia sagrada como de la eclesiástica, se hagan presentes á la vista por el pincel, por la prensa, por el buril y por el escoplo; quanto mayor sea la viveza con que se figuren, contemplo que será mayor la impression que harán en los ánimos piadosos. Pero, que la persona de Christo y la de los Apóstoles en algunos lances de la Historia evangélica se representen al vivo por algunos hombres de la ínfima classe del pueblo, y tal vez no los de mejores costumbres, ignorantes y atestados de vino, perdónenme los que lo sufren, que allá nos disuena mucho.»

32. «En virtud de esto que he oído decir, tengo por cierto, que en varios lugares de España se practicarán distributivamente todas las extravagancias, que supone la fingida instruccionp. 245 de Pero-Rubio, esto es, que unas se practicarán en unos, y otras en otros; pero no es verisímil, que en un solo lugar se practiquen todas. Y como quiera, no constando de estos originales ni que haya tal lugar de Pero-Rubio, ni mucho ménos que se representen en él essos passos theatrales, soy de sentir que vuestra Merced debe reformar esse passage, ó á lo ménos prevenir, que no está muy seguro de que no se haya padecido alguna equivocacion en lo que se atribuye á Pero-Rubio.»

33. «Finalmente, para convencer á vuestra Merced demonstrativamente de que no debiera haverse fiado de la llamada traduccion legal del co-Epíscopo del Gran Cayro, no es menester mas que hacer un poco de reflexion á los anacronismos, en que están hirviendo sus papeles. Por una parte supone á Fray Gerundio muy anterior á la irrupcion de los Moros en España, y por otra le llama Fray, cosa que ni en España ni en parte alguna del mundo se usó hasta muchos siglos despues. Aquí dice que floreció en siglos muy atrasados, y allí cita dichos, escritos y hechos, que sucedieron ayer y casi están sucediendo hoy. Si me huviera de detener á particularizar todos estos anacronismos, seria menester recapitular toda la obra; pero basta esta insinuacion para que vuestra Merced caiga en cuenta.»

34. «En los demas papeles, de que todavía no se ha valido vuestra Merced, porque las reservaria sin duda para la tercera parte, hallo otras mil graciosas invenciones del Tunante, tan fingidas como las passadas. Trátase en ellos del ridículo modo con que entendia Fray Gerundio el mandato de casi todos los Señores Obispos de España, de explicar por lo ménos un punto de doctrina christiana en la salutacion de todos los sermones, y de lo que le passó con un Prelado zeloso. Háblase mucho de un Sermon de Confalon, que predicó en la Ciudad de Toro; de otro llamado del Vexilla, en Medina del Campo; de un Adviento y de una Quaresma, en varios lugares; de Pláticas á Monjas; de una Mission que hizo en cierta parte; y concluye el Señor Abusemblat sus apuntamientos con la conversion de Fray Gerundio al verdadero modo de predicar, efecto de no sé qué libro convincente que la divina Providencia le puso en las manos, de su muerte exemplar, precedida de una pública retractacion de los disparates que havia hecho en sus sermones, y de una pathética exhortacion que hizo á sus Frayles, para que predicassen siempre la palabra de Dios con el decoro, gravedad, juício, nervio y zelo que pide tan sagrado ministerio.»

35. «Es cierto, que el Armenio de mis pecados dice admirables cosas en todos estos documentos, assí de las que pertenecen á su idéa principal, como de otras accessorias quep. 246 entretexe al modo de las antecedentes, y tocan en costumbres, escritores, críticos, mesas, trages, extravagancias mal usadas y peor toleradas, en las processiones, abusos de rosarios públicos, de las novenas, de las imágenes sagradas en esquinas de las calles y zaguanes de las casas, y, finalmente, en otras cien materias, todas de grande importancia y tratadas, á mi ver, con solidez y con gracia. Pero mi conclusion es que nada, nada de esto se halla en los papeles Arábigos, Syriacos y Caldéos, que á vuestra Merced le ha vendido por originales.»

36. «En virtud de todo lo qual, haciéndome por una parte gran lástima que no salga á la luz pública una obra como la que vuestra Merced tiene trabajada, y no pudiendo por otra negar este testimonio á la verdad, ni este desengaño á la confianza que le merezco, soy de parecer que vuestra Merced no la suprima; pero que, ó ya la continúe ó ya la dé por concluída, mude solamente el título y la divulgue de esta manera:

Historia que pudo ser del famoso Predicador
Fray Gerundio de Campazas.»

37. Viste tal vez, quando se cae de repente el techo de una casa y coge debaxo á un perro, sea dogo, galgo ó perdiguero, como se queda espatarrado? Pues assí, ni mas ni ménos, me quedé yo, quando acabó el Mylor Inglés su razonamiento. Por mas de un quarto de hora quedé atónito, enagenado, fuera de mí, sin acertar á hablar palabra; pero, recobrados los espíritus y dándome una palmadita en la frente, me acordé que todo esto ya lo havia dicho yo en mi Prólogo, protestando que yo era el Padre y la Madre, el Hacedor y el Criador de Fray Gerundio; con que, Lector mio, vamos á otra cosa, y cátate el cuento acabado.