Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes (1 de 2)

COLECCION DE AUTORES ESPAÑOLES.

TOMO XLII.

p. iii

EL P. ISLA.

HISTORIA

DEL FAMOSO PREDICADOR

FRAY GERUNDIO DE CAMPAZAS,

alias ZOTES.

PRIMERA EDICION ENTERA,

HECHA SOBRE LA EDICION PRÍNCIPE DE 1758 Y EL

MANUSCRITO AUTÓGRAFO DEL AUTOR

POR

D. EDUARDO LIDFORSS,

CATEDRÁTICO DEL NÚMERO EN LA R. UNIVERSIDAD DE LUND.

PARTE PRIMERA.

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LEIPZIG:

F. A. BROCKHAUS.

1885.

p. v

ADVERTENCIA PRELIMINAR.
Desde que en la muy noble, muy alta, muy leal é imperial ciudad de Toledo tropecé por vez primera con un ejemplar del Fray Gerundio del Padre Isla, le volví á leer muy á menudo, y cada vez le iba cobrando mas amor, al par que siempre me desesperaba el estado viciado en que se hallaba el texto de la parte segunda. Con efecto, considerando las circunstancias en que se produjeron las dos partes de aquella obra maestra, parece muy natural que no saliesen del todo satisfactorias, y en mi concepto aún seria mas de estrañar si la segunda parte hubiese salido mejor de lo que es. Estas circunstancias, que se deducen de la correspondencia del P. Isla con su hermana y cuñado, eran pues las siguientes:

Las dos partes se habian de publicar juntas, «pues ya está casi concluída la segunda» (carta del 18 nov. 1757); pero no obstante salió á fines de febrero de 1758 el primer tomo solo, con alguna anticipacion y sin noticia de su autor (3 marzo 1758). La edicion, que era de 1500 ejemplares, se agotó en tres dias, y segun Ticknor[1], que cita la Espagne Littéraire (de Nicolas Bricaire), la aprehension de que el libro hubiese de ser prohibido era tan grande, que el precio se hizo extravagante desde el momento de su publicacion, de modo que un ejemplar se pagó en 25 luises de oro y que lap. vi misma suma fué rehusada por otro. A las tres semanas la segunda edicion estaba ya muy adelantada, y por cédula Real se prohibió á todas las imprentas y alcaldes del Reino la impresion siquiera de un solo renglon contra el libro (17 marzo 1758). Sin embargo, la Inquisicion mandó suspender la reimpresion del primer tomo y la impresion del segundo «hasta nueva órden», esta no habiéndose comenzado, miéntras, como queda dicho, aquella estaba ya para acabarse; no se embargó lo impreso, y solo se mandó se reservase depositado en poder del impresor (24 marzo 1758). Despues de varias cavilaciones, que duraron nada ménos de dos años, por fin al 10 (y no al 20) de mayo de 1760 la Inquisicion condenó al Fray Gerundio, pero «al mismo tiempo que le condena á él, condena igualmente á todos sus enemigos pasados, presentes, futuros y posibles» (19 mayo 1760), es decir, segun Monlau, que se prohibieron tambien todos los papeles impresos y manuscritos divulgados con motivo de dicha Historia, y se mandó bajo pena de excomunion que nadie escribiese en pro ni en contra de ella. — En cuanto á la parte segunda, dice el autor en carta del 24 abril 1758: «Es cierto que tengo en mi poder una copia de la segunda parte, toda de la mala letra de D. Francisco Lobon, pero no puedo desprenderme de ella, porque, si se permite su impresion, necesito tenerla presente para las muchas correcciones que es preciso hacer, arregladas á los motivos ó los pretestos de la bulla que ha metido la primera. La original de mi letra está en Madrid, aprobada ya por el Consejo y rubricada por el Escribano de Cámara, sin embargo de que será preciso presentar otro original con las correcciones dichas.» Vuelve al mismo asunto en otras cartas, y con motivo de ciertos reparos impertinentes se desahoga en estas palabras harto elocuentes: «Reíme y rabié todo á un tiempo, pero tú no sabes bien lo que á un pobre hombre le cuesta el ser autor. Tal vez ó mil veces necesita rendir su juicio al de un majadero, lo cual (y créemelo) es un grandísimo trabajo» (17 nov. 1758).

p. vii

Despues de anunciar en la referida carta del 19 mayo 1760 la condenacion de su Fray Gerundio por la Inquisicion, no vuelve el P. Isla á gastar una sola palabra sobre aquel asunto, que se quedó por muchos años en la misma situacion. En la primavera del 1767 sobrevino la expulsion de los Jesuítas, y es regular que entónces se habrán secuestrado los papeles del P. Isla, lo mismo que los de sus compañeros, á no ser que, por haber sido el Fray Gerundio tan bien quisto en palacio, se le remitiese la copia de la segunda parte, que en la referida carta del 24 abril 1758 dice haber tenido, y que es posible obraba todavía en su poder. En el momento de su salida de España estaban pues las cosas así: la primera edicion de la primera parte agotada, y la reimpresion empezada y probablemente acabada, pero prohibida y quedándose la edicion en poder del impresor; de la segunda parte nada impreso, pero á lo ménos dos copias manuscritas, una original que se quedó en Madrid, y la otra «de la mala letra de D. Francisco Lobon». Ademas de estas dos es posible, y aun muy probable, que existia una tercera sacada por el autor en el intérvalo que mediaba entre la publicacion de la parte primera y la condenacion definitiva de la obra, y en la cual tal vez hubiese introducido las correcciones y adiciones que se le ofreciesen con motivo de la agria polémica á que dió lugar «el Fraylecito».

Pero ¿cuando pareció la primera edicion de la parte segunda? Y Brunet y Graesse andan equivocados, indicando que del Fray Gerundio parecieron en 1758 ambos y dos tomos, miéntras Ticknor (III, p. 291 y 292) dice que es fama, que la segunda parte haya parecido por primera vez en Inglaterra y en lengua inglesa, añadiendo en nota que él, sin embargo, poseía del tomo segundo una copia impresa «en Campazas, á costa de los herederos de Fray Gerundio, año de 1770», pero que no cuadraba muy bien con el tomo primero. No me detendré por el momento en averiguar esta asercion, á la cual hallaré ocasion de volver mas adelante; basta que el asunto entero ha sido aclarado de una manera inconp. viiitrastable por mi distinguido y excelente amigo D. José María Octavio de Toledo, Jefe en el Cuerpo de Archiveros-Bibliotecarios y empleado en la Biblioteca Nacional de Madrid, á cuya infatigable diligencia y cortesía debo la siguiente circunstanciada noticia, que sin duda tiene grandísimo interés y que por este motivo inserto á la letra. Dice pues así:

«Se publicó el tomo 1º en el año 1758, y los ejemplares de este tomo 1º, publicado (impreso) por D. Gabriel Ramirez en Madrid, son bastante comunes. En la Biblioteca Nacional tenemos 3 ejemplares colocados al servicio, formando otros tantos juegos, y cinco más en la seccion de duplicados. — El tomo 2º, yo creo que se publicó por vez primera en 1768; pues, si bien el P. Backer, en su Bibliothèque des Ecrivains de la Compagnie de Jésus (nouv. éd., tome 2me, Liège 1872), cita una edicion del tomo 2º del mismo año 1758, ni la describe ni dice haberla visto, y debe de ser erronea la cita, porque la Inquisicion prohibió el tomo 1º del Fr. Gerundio por edicto de 10 de mayo de 1760, y, si el 2º se hubiese publicado tambien en 1758, la Inquisicion hubiera incluído el tomo 2º en su edicto. — Esta es la razon porque el 2º tomo salió ya en 1768 impreso furtivamente y cuajado de erratas. La Inquisicion prohibió el tomo 2º en 1776. — El ejemplar del 2º tomo, edicion de 1768, que he visto en la Biblioteca de palacio, tiene corregidas á mano sus numerosísimas erratas. Es un vol. en 4º español con la siguiente portada: «Historia | del | famoso predicador | Fray Gerundio | de Campazas | alias | Zotes. | Parte segunda | libro quinto | (un ramo grabado) | M. DCC. L. XVIII.» Consta de 379 páginas incluso la portada, y contiene los libros 4º y 5º. Este ejemplar de palacio perteneció al conde de Mansilla y se conserva S. 5º — Est. H. — Pluteo 6. — En el año de 1770, se reimprimieron ambos tomos, uno y otro furtivamente: los tipos del tomo 1º son iguales á los del 2º tomo de 1768, y las portadas se parecen de tal manera que hacen creer se imprimieron en las mismas prensas. El 2º tomo de 1770 parecep. ix por el contrario hacer juego con el 1º de 1758: las portadas se diferencian únicamente en que la del 2º carece de la † que tiene el 1º en la márgen superior encima de la palabra «Historia», y en las lineas de la suscricion, que en el tomo 2º de 1770 dicen «En Campazas, á costa de los herederos de Fray Gerundio, Año de 1770.» Este tomo tiene 313 páginas, y una al fin sin paginacion, de índices. No conozco ninguna otra edicion del tomo 2º de 1770. — A las ediciones citadas siguió, segun parece, otra en 3 volúmenes en 4º, hecha en el año 1787. Yo no he visto de esta edicion mas que el vol. 3º en la Biblioteca Nacional; es una «Coleccion de varias piezas relativas á la obra de Fray Gerundio de Campazas. En Campazas, Año de 1787. Con licencia» 1 vol. en 4º. Al principio 2 hojas sin paginacion, con la portada y el prólogo, 89 páginas la primera parte de la Coleccion, 208 entre la 2ª y 3ª, y una hoja al fin sin paginacion, de índice. — En la seccion de manuscritos de esta Biblioteca, tenemos ademas de otras copias una del tomo 2º con numerosas tachaduras, correcciones y notas marginales que no se han tenido en cuenta, que yo sepa, en las ediciones impresas, y cuyo manuscrito lleva al fin la firma y rúbrica del Escribano de la Cámara y del Consejo de Castilla Joseph Antonio de Yarza, por el que están rubricadas tambien todas las hojas.»

Estas noticias, que se me comunicaron en carta del 16 abril 1878, son preciosísimas, tanto por corroborar la indicacion de Ticknor sobre la existencia de la edicion de 1770 de la parte segunda, como por el descubrimiento de las ediciones I2 del mismo año, y II1 de 1768, de las cuales yo al ménos no habia visto ántes ninguna mencion. Por mi parte añadiré, que el ejemplar que adquirí en Toledo se compone del tomo 1º de 1758, 2º de 1770, 3º de 1787, y que estos tres tomos hacen juego, pareciéndose perfectamente de tipos y tamaño, á pesar de la opinion de Ticknor, y con esta particularidad que el prólogo del tomo 3º lleva la data del 20 se setiembre de 1790 y, segun habla de la supresion dep. x los clérigos regulares de Francia acaecida aquel mismo año, parece realmente haber sido impreso entónces, aunque en la portada se lee el año de 1787.[2] Al contrario, los dos tomos primeros de aquel año de 1787 son de una edicion muy distinta: el tamaño de las planas es mas grande de 2 centímetros por 1, la impresion mas espaciosa, contando el tomo 1º 480 páginas, y el 2º 376, y probablemente se ha hecho en Francia[3], á pesar de que las portadas repiten respectivamente las de 1758 y 1770, solo cambiando por ambos tomos el año en el de 1787. No querria afirmar, mas bien dudo que el tomo 3º, ó sea las Varias Piezas, exista en esta forma; porque el descrito por el Sr. Octavio de Toledo, que es tambien el que yo poséo, hace juego, como lo llevo dicho, con la edicion de 1758 y 1770. Pero lo que en mi concepto da más precio á la de 1787, es la circunstancia de tener el 2º tomo un texto mucho mejor que el de las ediciones anteriores, y en el cual han desaparecido varias incorrecciones y lagunas que afeaban aquellas; de modo que en todos los puntos esenciales no se diferencia del texto adoptado por el Sr. Monlau en la edicion que dió en el tomo 15º de la Biblioteca de Autores Españoles publicada por Rivadeneyra, y que dicha edicion de 1787 puede considerarse como la edicion príncipe del emendado texto castellano de la segunda parte. Y digo castellano, porque ya quince años ántes se habia publicado la traduccion inglesa, á la que aludió Ticknor, bajo el títulop. xi de «The History of the famous Preacher Friar Gerund de Campazas: otherwise Gerund Zotes. Translated from the Spanish. London, Printed for T. Davies and W. Flexney MDCCLXXII», y esta version inglesa, dada á luz bajo los auspicios del célebre literato italiano Giuseppe Baretti, y hecha, segun una anotacion inglesa en mi ejemplar, por un hijo de Fernando Warner, ofrece un texto, cuyo original, como lo asienta la advertencia preliminar, era una copia escrita parte por un amanuense bastante cuidadoso, parte de propia mano del autor, y que este habia regalado al Sr. Baretti. No cabe duda de que sea cierta esa asercion, porque, ademas de estar el carácter del Baretti reconocido como de los mas enteros y fidedignos, justamente desde el mes de agosto de 1770 hasta el de abril del año siguiente él, que residia habitualmente en Londres, estuvo de viage en su patria, y se dice expresamente en su biografía «Egli passò l’inverno in Genova, o nelle vicine ville di alcuni signori; poi scorse la Toscana, si fermò lungamente tragli amici in Bologna,» etc.[4] Pero en Bologna ó sus inmediatas cercanías estaba entónces tambien el P. Isla, y se hace muy verosímil que ambos se conocieron y que este hizo á Baretti, como á quien fué sin duda uno de sus mas sinceros admiradores, la fineza de obsequiarle con la copia referida.

Ademas de las ediciones que acabo de registrar como las mas importantes, señala el Sr. Octavio de Toledo la existencia de las siguientes: Madrid 1804, 3 vol. 4º — ib. 1813, 4 vol. 8º — ib. 1820, 5 vol. 16º (al verso de la portada dice «Se hallará en Lyon, librería de Cormon y Blanc») — y, para abreviar, de los años 1824, 1835, 1842, 1846. Otra he visto yo de Madrid 1830, 4 tomos in 12º.

p. xii

De la parte segunda, que es de la cual me he ocupado particularmente, las dos ediciones publicadas en vida de su autor se imprimieron furtivamente, y no hay razon ninguna para creer que el P. Isla, que vivia entónces en Italia, fuese sabedor de ello ni que cuidase ó pudiese cuidar de las pruebas; luego salieron defectuosísimas. Ademas, como tienen aquellas lagunas, de que se habló ántes, es regular suponer que se hicieron no ya sobre el original primitivo de la letra del autor, el cual, como sabemos, estaba en Madrid, aprobado y rubricado por el Escribano de Cámara y probablemente en su poder, y que ahora se conserva en la Biblioteca Nacional de aquella corte, sino sobre una copia de aquel; copia que es de creer se habria sacado furtivamente, de priesa y con la falta de esmero que se habia de esperar en tales circunstancias. En cuanto á la version inglesa, conocemos ya su historia y que representa un texto auténtico[5]; por consiguiente, no tiene ninguno de los defectos de que adolecian las ediciones anteriores, y aun tiene llenadas unas pocas lagunas, y entre ellas una asaz grande, que sigue encontrándose en todas las ediciones originales publicadas hasta el dia. Está hecha generalmente con mucho tino y lleva unas notas muy oportunas; pero omite de propósito toda la polémica contra el Barbadiño y reduce no poco algunos trozos didácticos, de los cuales se dice en la advertencia preliminar que era de temer hubiesen fastidiado á los lectores ingleses. — Mas difícil es el decidir en cual original estriba la edicion de 1787: no es el de las precedentes, pues que, como tengo advertido ya, esta es más completa, y tampoco puede ser el de la version inglesa, porque entónces debia de concordar en un todo con ella; si yo hubiera de emitir una conjetura, diria que acaso sea su original aquella copia escrita «todap. xiii de la mala letra de D. Francisco Lobon,» la cual sabemos que en 1758 obraba en poder del autor y que es posible haya regalado este á algun amigo, quien, despues de la muerte del P. Isla en 1781 y publicadas ya las ediciones defectuosas de 1768 y 1770, no habrá tenido inconveniente en darla á la prensa.

Sea de esto lo que se fuere, es cierto que, aun siendo mejor que las ediciones anteriores, la de 1787 no deja de tener muchísimos errores en el texto de la parte segunda, de modo que en no pocos pasages da un sentido desvariado é incomprehensible. Y como todas las posteriores le han seguido muy fielmente, tambien los errores han seguido repitiéndose, no haciendo excepcion la de Monlau, sin embargo de que este dice en el prólogo haber «cotejado diferentes ediciones y copias manuscritas». Habrá sido de aquellas copias lo mismo que de las ediciones á cual peores. La sola copia fehaciente no es y no puede ser otra que la del autor.

El argumento que precede es de esperar haya persuadido al benévolo lector, que á pocos libros cuadran tan bien como al Fray Gerundio del P. Isla las palabras horacianas:

habent sua fata libelli,
y que las ediciones originales y la version inglesa se produjeron bajo circunstancias tan desiguales, que no es de estrañar si esta se merece la mayor atencion. Guiado de ella, emprendí un trabajo de reconstruccion, cuyo resultado, comprendiendo más de 150 pasages viciados, pareció en la Revista Européa de Madrid, año 1879, entregas 3ª y 4ª. Cúpole á este ensayo buena acogida, y, animado de ella, estaba para continuarlo, cuando aquel dignísimo amigo mio, á quien he ya tenido ocasion de nombrar aquí con repetidas expresiones de gratitud, puso el colmo á su benevolencia en obsequiándome conp. xiv el cotejo completo del manuscrito autógrafo de toda la segunda parte del Fray Gerundio, con la edicion de Rivadeneyra, teniendo á vista la 1ª edicion de 1768. Se concibe fácilmente la importancia de este cotejo por la sola circunstancia de que da un total de nada ménos que 5458 — dice cinco mil cuatrocientos cincuenta y ocho — variantes. De estos al ménos la décima parte, ó sea unos quinientos á seis cientos comprenden sendas voces que ántes estaban estropiadas ó equivocadas, como botigero por botiguero, céntrico por crítico, voces por veces, sesos por textos, disposicion por desproporcion, ameno por una mano, intensos por intentos, claridad por caridad, Grecia por gracia, mísero por mismo, hierro por yerno, piélago por peligro, en cambio por envidió, primera por manera, lugariarcha por lugar y area, etc., etc.; los otros ó suplen palabras que hacen no tanto al sentido como á la exactitud de la construccion gramatical, ó llenan lagunas que las mas de las veces son pequeñitas, no ocupando más de uno ó dos renglones, pero tambien pueden extenderse á párrafos enteros, que hasta el dia han sido inéditos.

Ahora se pudo pensar en dar á luz una nueva edicion, y á mi ruego el Sr. Brockhaus consintió á dar acogida al Fray Gerundio en la Coleccion de Autores Españoles, que con tanto esmero dirige. Pero, esta coleccion no comprendiendo ediciones críticas, sino estando destinada tan solo á los aficionados á la literatura castellana generalmente, fué preciso conformarse al sistema adoptado para los otros volúmenes de la misma. De aquí se explica la circunstancia de no contener esta edicion sino la misma novela, haciéndose caso omiso del Prólogo con morrion, el cual efectivamente no tiene interés actual, y, si se hubiera de publicar otra vez, acaso debiera juntarse con las Varias Piezas, que constituyen el tomo 3º del juego de 1758-1787 (1790). Por lo demas, se ha tratado de dar una edicion tal cual la hubiese dado el autor mismo, si le fuera lícito cuidar de ella. Así se ha conservado la ortografía y puntuacion antigua con levísimas modificaciones, siendo la mas gravep. xv la de haberse suprimido los acentos grave y circunflejo, por cuyo uso parece no habia ninguna regla fija, y aplicándose el agudo á la usanza moderna. Por el tomo primero ha servido de pauta la edicion príncipe de 1758, y por el segundo el cotejo ya mencionado. Por mal de mis pecados, no me ha sido posible evitar los errores tipográficos, y así es que debo rogar se hagan en las siguientes páginas y lineas del primer tomo las correcciones que voy á indicar: 10,8 un si es no es; 17,15, Purgatorio; 19,10 las Escuelas; 30,10 al Cojo; 37,39 hyperboleæ; 37,44 concavidades; 39,34 las Naciones; 48,22 mayor[6]; 62,7 sobran; 66,16 fiesta; 67,32 Perdicador; 69,8 se encuentran; 75,47 has de saber; 85,25 y en que puedes; 86,13 rotundo; 96,20 engreyessen; 133,26 lo que escribia; 176,5 renovó en la Corte; y tal vez haya algun otro pecadillo que pide absolucion. Por otro lado, hay no pocos, y casi estoy por decir otros tantos errores de la príncipe que se han enmendado en esta edicion. En cuanto al tomo segundo, creo que no se encontrará en él error alguno de momento, y así me atrevo á esperar que la presente edicion ofrecerá un texto si no del todo correcto, al ménos legible, y que con este motivo podrá merecerse el buen concepto de los aficionados.

Por lo que precede, el benévolo lector habrá podido inferir ya, que esta nueva edicion se debe principalmente y en lo que puede tener de bueno, á D. José María Octavio de Toledo, y así lo declaro aquí con toda formalidad, teniendo á singular gusto el poder expresar de este modo mi reconocimiento á su indefatigable y desinteresado zelo. Tampoco es para olvidada la obligacion que tengo á D. Cayetano Vidal de Valenciano, distinguido literato y catedrático en la universidad de Barp. xvicelona, por las garbosas notas al tomo primero, con que me ha favorecido. Ambos y dos me han honrado de una amistad cuyos recuerdos todos son otros tantos motivos para apreciar cada vez más una bondad, cortesía y caballerosidad, que se merecen la correspondencia del mas cariñoso afecto. Es gratísimo deber ofrecer aquí á estos amigos mis sinceros agradecimientos, como tambien me ha sido no ménos grato el poder añadir á tantos lazos que nos tienen ya unidos, el de comunes esfuerzos para un fin tan legítimo como lo es el de restablecer á su hermosura primitiva la obra maestra del simpático P. Isla.

Lund (Suecia), Enero de 1885.

EDUARDO LIDFORSS.

p. xvii

HISTORIA

DEL FAMOSO PREDICADOR

FRAY GERUNDIO

DE CAMPAZAS,

alias ZOTES.

ESCRITA

POR EL LICDO. DON FRANCISCO LOBON DE SALAZAR, Presbýtero, Beneficiado de Preste en las Villas de Aguilar, y de Villagarcía de Campos, Cura en la Parroquial de San Pedro de esta, y Opositor á Cáthedras en la Universidad de la Ciudad de Valladolid.

QUIEN LA DEDICA AL PÚBLICO.

TOMO PRIMERO.

CON PRIVILEGIO.

Filete decorativo
EN MADRID: En la Imprenta de D. Gabriel Ramirez, Calle de Atocha, frente del Convento de Trinitarios Calzados. Año de 1758.

p. xix

AL PÚBLICO.
PODEROSÍSSIMO SEÑOR,

Con efecto no le ha havido desde Adan acá mas poderoso que V. ni le havrá hasta el fin de todos los siglos. Quien trastornó toda la faz de la Tierra, de modo que, á vuelta de pocas generaciones, apénas la conoceria la madre que le parió? V. — Quien fundó las Monarchías, y los Imperios? V. — Quien los arruinó despues, ó los trasladó á donde le dió la gana? V. — Quien introduxo en el mundo la distincion de clases y gerarquías? V. — Quien las conserva donde le parece, y las confunde donde se le antoja? V. — Malo es, que á V. se le ponga una cosa en la cabeza, que solamente el Todo Poderoso la podrá embarazar.

Y si del poder de las manos hacemos tránsito al del juicio, del dictámen, y de la razon, donde le hay, ni le ha havido mas despótico ni absoluto? Sabida cosa es, que, despues del Derecho Divino y del Natural, el Derecho de V., que es el de las Gentes, es el mas respetado y obedecido en todo el mundo: esto aun en caso de que el Derecho de las Gentes y el Natural sean distintos; controversia en que no quiero embarazarme, porque para mi assunto importa un bledo. Lo cierto es, que, una vez que V. mande, resuelva, decrete, y determine alguna cosa, es preciso que todos le obedezcan; porque, como V. es todos, y todos son V., es necessario, que todos hagan aquello, que todos quieren hacer. No se me señalará otro Legislador mas respetado.

Parecióle á V. ser conveniente, que se llamassen Sabios los que sabian ciertas materias, que fuessen tenidos por ignorantes los que las ignoraban, aunque supiessen otras Artes quizá mas útiles, ó á lo ménos tanto para la vida humana. Pues salióse V. con ello. En todo el mundo el Theólogo, el Canonista, el Legista, el Philósopho, el Médico, el Mathemático, el Crítico, en una palabra, el hombre de letras, es tenido por Sabio; y el Labrador, el Carpintero, el Abañil, y el Herrero, son reputados por ignorantes. A los primeros se les habla con el sombrero en la mano, y se les trata conp. xx respeto; á los segundos se les oye, ó se les manda con la gorra calada, y se les trata de tú. Esto por qué? Porque assí lo ha querido el Público.

En consequencia de esto, y acercándome ya á lo que mas me importa, V. solo (sí por cierto,) V. solo es el que da ó el que quita el crédito á los escritos y á los Escritores; V. solo el que los eleva ó los abate, segun lo tiene por conveniente; V. solo es que los introduce en el Templo de la Fama ó los condena al Calabozo de la Ignominia; V. solo el que los eterniza en la memoria ó hace, apénas ven la luz, que entregados á las llamas, se esparzan sus cenizas por el viento. Dígolo con osadía, pero con muchíssima verdad: no tienen los Escritores que buscar fuera de V. sombra que los refrigere, árbol á donde se arrimen, escudo que los defienda, proteccion que los assegure, ni Patrono que los indemnize.

Permítame V. la flaqueza de que me cite á mi mismo. En el libro I, cap. 8, n. 15 de esta mi Historia, que lo es de lo passado, de lo presente, y de lo futuro, me burlo (y á mi parecer con razon) de los que dedican sus obras á Personages de la mas soberana elevacion, pensando, y aun diciéndolo ellos mismos en las Dedicatorias, que de esta manera los ponen á cubierto contra los tiros de la crítica, de la malignidad, ó de la invidia. Pobres hombres! aún no los han desengañado tantas experiencias! No ha havido en el mundo ni un solo Personage, que haya sacado la espada para defender al Autor, que le busca por Mecénas; ni, lo que mas es, aunque la sacara, pudiera defenderle. Demos que sea el mas poderoso Monarca del mundo. Podrá colmar de honras al benemérito Autor. Podrá hacer que en sus dominios ni se escriba, ni aun se hable contra él, y que se tribute un exterior respeto á sus obras. Pero, podrá embarazar, que la ignorancia, la mordacidad, ó la crítica descontentadiza, no las muerda y no las despedaze á sus solas? Podrá estorvar, que fuera de sus Estados no broten contra ellas tantos Zoylos como Verdolagas?

Desengañémonos: solo V. tiene este gran poder, porque solo V. en este particular (hablo de tejas abaxo) puede todo quanto quiere. Quiera el Público, que nadie chiste contra una obra; ninguno chistará. Quiera el Público, que todos la celebren interior y exteriormente; todos la celebrarán. Quiera el Público, que se reimprima mil veces; mil veces se reimprimirá. Y este poder no es limitado á estos ó aquellos dominios; extiéndese por donde se extienden los dilatados ámbitos del mundo. En qualquiera parte donde hay hombres, hay Público, porque el Público son todos los hombres. Por lo ménos, el PÚBLICO, á quien yo dedico mi Obra, este es: el PÚBLICO de España, de Francia, de Italia, de Alep. xximania, el Tártaro, el Moscovita, el de la China, y el de las Californias. Pues, si yo tuviesse la dicha de lograr, que todos los hombres la tomassen debaxo de su proteccion, á quien havia de temer? Hágome cargo de que esta fortuna es mas para pretendida, que para esperada.

Pero, Señor, valga lo que valiere, yo á ella me acojo; de V. me amparo; en solo V. solicito el patrocinio. Bien puede ser que la Obrilla no le merezca; pero no lo desmerece la intencion. Soy con el mas profundo respeto,

Poderosíssimo Señor,

Vuestra mas mínima parte,

Don Francisco Lobon de Salazar.

p. xxiii

ÍNDICE.
Pág.
Advertencia preliminar. v
Al público. xix
LIBRO PRIMERO.
Cap. I. Patria, nacimiento, y primera educacion de Fray Gerundio. 1
Cap. II. En que, sin acabar lo que prometió el primero, se trata de otra cosa. 6
Cap. III. Donde se prosigue lo que prometió el primero. 10
Cap. IV. Acábase lo prometido. 13
Cap. V. De los disparates que aprendió en la Escuela de Villaornate. 18
Cap. VI. En que se parte el Capítulo quinto, porque ya va largo. 24
Cap. VII. Estudia gramática con un Dómine, que, por lo que toca al entendimiento, no se podia casar sin dispensacion con el Cojo de Villaornate. 31
Cap. VIII. Sale Gerundio de la Escuela del Dómine, hecho un horroroso Latino. 38
Cap. IX. En que se da razon del justo motivo, que tuvo nuestro Gerundio para no salir todavía de la Gramática, como lo prometió el Capítulo passado. 50
Cap. X. En que se trata de lo que el mismo dirá. 62
LIBRO SEGUNDO.
Cap. I. Concluído su Noviciado, passa á estudiar Artes. 71
Cap. II. Prosigue Fr. Gerundio estudiando su Philosophía, sin entender palabra de ella. 80
Cap. III. Del grave y docto razonamiento, que un Padre Ex-Provincial de la Orden hizo al Predicador mayor de la Casa, donde estudiaba las Artes nuestro Fr. Gerundio. 89
Cap. IV. De la burla que hizo el Predicador mayor del razonamiento del Ex-Provincial, y de lo que passó despues con Fray Gerundio. 98
Cap. V. De una conversacion muy provechosa, que un Beneficiado del Lugar tuvo con Fray Gerundio, si este huviera sabido aprovecharse de ella. 109
p. xxivCap. VI. En que se parte el Capítulo passado, porque ha crecido mas de lo que se pensó, y se da cuenta de la conversacion prometida. 117
Cap. VII. Cánsase de hablar el Beneficiado, saca la caja, toma un polvo, estornuda, suénase, límpiase, y prosigue la conversacion. 128
Cap. VIII. Predica Fray Gerundio el primer Sermon en el Refectorio de su Convento; encaja en él una graciosíssima Salutacion y dexa los Estudios. 144
Cap. IX. De los varios pareceres, que huvo en la Comunidad acerca de la Salutacion y talentos de nuestro Fray Gerundio, y de como prevaleció, en fin, el de que era menester hacerle Predicador. 153
Cap. X. En que se trata de lo que verá el curioso Lector, si le leyere. 166
LIBRO TERCERO.
Cap. I. De un Enredo de Barrabas, que hizo el mal Dimoño, para acabar de rematar á Fray Gerundio. 179
Cap. II. Sálense á passear Fray Blas y Fray Gerundio, y de las ridículas reglas para predicar, que le dió aquel con todos sus cinco sentidos. 190
Cap. III. Lee el Maestro Prudencio el Sermon de Santa Orosia; da con esta ocasion admirables instrucciones á Fray Gerundio, pero se rompe inútilmente la cabeza. 201
Cap. IV. Entra el Granjero la Cena; interrúmpese la conversacion, y se vuelve á continuar sobre-mesa. 216
Cap. V. Estrena Fray Gerundio el oficio de Predicador Sabatino con una Plática de Disciplinantes. 225
Cap. VI. Donde se refiere la variedad de los juicios humanos, y se confirma con el exemplo de nuestro famoso Predicador Sabatino, que no hay fatuidad, que no tenga sus protectores. 236
Notas al Tomo primero. 248
p. 1

LIBRO PRIMERO.
CAPITULO PRIMERO.
Patria, nacimiento, y primera educacion de Fray Gerundio.

Campazas es un Lugar de que no hizo mencion Ptoloméo en sus Cartas Geográphicas, porque verisímilmente no tuvo noticia de él, y es que se fundó como mil y docientos años despues de la muerte de este insigne Geógrapho, como consta de un instrumento antiguo, que se conserva en el famoso Archivo de Cotanes. Su situacion es en la Provincia de Cámpos, entre Poniente y Septentrion, mirando derechamente hácia este, por aquella parte que se opone al Mediodía. No es Campazas ciertamente de las Poblaciones mas nombradas, ni tampoco de las mas numerosas de Castilla la Vieja, pero pudiera serlo; y no es culpa suya, que no sea tan grande como Madrid, Paris, Londres, y Constantinopla, siendo cosa averiguada, que por qualquiera de las quatro partes pudiera extenderse hasta diez y doce leguas sin embarazo alguno. Y si, como sus celebérrimos Fundadores (cuyo nombre no se sabe) se contentaron con levantar en ella veinte ó treinta chozas, que llamaron Casas por mal nombre, huvieran podido y huvieran querido edificar docientos mil sumptuosos Palacios con sus torres y chapiteles, con plazas, fuentes, obeliscos, y otros edificios públicos, sin duda seria hoy la mayor Ciudad del mundo. Bien sé lo que dice cierto Crítico moderno, que esto no pudiera ser, por quanto á una legua de distancia corre de Norte á Poniente el Rio grande, y era preciso que por esta parte se cortasse la poblacion. Pero sobre que era cosa muy fácil chupar con esponjas toda el agua del Rio, como dice un Viagero Francés que se usa en el Indostan, y en el gran Cayro; ó quando ménos se pudiera extraher con la Máchina Pneumática todo el ayre, y cuerpecillos extraños que se mezclan en el agua, y entónces apénas quedaria en todo el rio la bastante para llenar una vinagera, como á cada passo lo experimentan con el Rhin y con el Ródano los Philósophos modernos; qué inconveniente tendria que corriesse el Rio grande porp. 2 medio da la Ciudad de Campazas, dividiéndola en dos mitades? No lo hace assí el Támesis con Londres, el Moldava con Praga, el Spree con Berlin, el Elba con Dresde, y el Tíber con Roma, sin que por esto pierdan nada estas Ciudades? Pero al fin los ilustres Fundadores de Campazas no se quisieron meter en estos dibujos, y por las razones, que ellos se sabrian, se contentaron con levantar en aquel sitio como hasta unas treinta chozas (segun la opinion que se tiene por mas cierta) con sus cobertizos ó techumbres de paja, á modo de cucuruchos, que hacen un punto de vista el mas delicioso del mundo.

2. Sobre la etymología de Campazas hay grande variedad en los Autores. Algunos quieren que en lo antiguo se llamasse Campazos, para denotar los grandes campos de que está rodeado el Lugar, que verisímilmente dieron nombre á toda la Provincia de Cámpos, cuya punta occidental comienza por aquella parte; y á esta opinion se arriman Anton Borrego, Blas Chamarro, Domingo Ovejero, y Pasqual Cebollon, diligentes investigadores de las cosas de esta Provincia. Otros son de sentir, que se llamó, y hoy se debiera llamar Capazas, por haverse dado principio en él al uso de las Capas grandes, que, en lugar de mantellinas, usaban, hasta muy entrado este siglo, las mugeres de Cámpos, llamadas por otro nombre las Tias, poniendo sobre la cabeza el cuello ó la buelta de la capa, cortada en quadro y colgando hasta la mitad de la saya de frechilla, que era la gala recia en el dia del Corpus, y de San Roque, ó quando el Tio de la casa servia alguna Mayordomía. De este parecer son César Capi-Sucio, Hugo Capet, Daniel Caporal, y no se desvía mucho de él Julio Caponi. Pero como quiera que esto de etymologías, por lo comun, es erudicion ad libitum, y que en las bien fundadas de San Isidoro no se hace mencion de la de Campazas, dexamos al curioso Lector, que siga la que mejor le pareciere; pues la verdad de la historia no nos permite á nosotros tomar partido en lo que no está bien averiguado.

3. En Campazas, pues (que assí le llamaremos, conformándonos con el estilo de los mejores Historiadores, que en materia de nombres de Lugares usan de los modernos, despues de haver apuntado los antiguos:) en Campazas havia, á mediado del siglo passado, un Labrador, que llamaban el Rico del Lugar; porque tenia dos pares de bueyes de labranza, una yegua torda, dos carros, un pollino rucio, zancudo, de pujanza, y andador, para ir á los Mercados, un hato de ovejas, la mitad parideras, y la otra mitad machorras, y se distinguia su casa entre todas las del Lugar, en ser la única, que tenia tejas. Entrábase á ella por un gran corralon flanqueado de cobertizos, que llaman Tenadas los Naturales; y ántes de la primera puerta interior, se elevaba otro cobertizo en figura de pestañap. 3 horizontal, muy jalbegueado de cal, con sus chafarrinadas á trechos de almagre, á manera de faldon de disciplinante en dia de Juéves Santo. El zaguan ó portal interior estaba bernizado con el mismo jalbegue, á excepcion de las ráfagas de almagre, y todos los Sabados se tenia cuidado de lavarle la cara con un baño de aguacal. En la pared del portal, que hacia frente á la puerta, havia una especie de aparador, ó estante, que se llamaba Basar en el Vocabulario del País, donde se presentaba desde luego á los que entraban toda la vajilla de la casa: doce platos, otras tantas escudillas, tres fuentes grandes, todas de Talabera de la Reyna, y en medio dos jarras de vidrio con sus cenefas azules ázia el brocal, y sus asas á picos, ó á dentellones como crestas de gallo. A los dos lados del basar se levantaban desde el suelo, con proporcionada elevacion, dos poyos de tierra, almagreados por el pié, y caleados por el plano, sobre cada uno de los quales se havian abierto quatro á manera de hornillos, para assentar otros tantos cántaros de barro, quatro de agua zarca para beber, y los otros quatro de agua del Rio, para los demas menesteres de la casa.

4. Azia la mano derecha del zaguan, como entramos por la puerta del Corral, estaba la Sala principal, que tendria sus buenas quatro varas en quadro, con su alcoba de dos y media. Eran los muebles de la Sala seis quadros de los mas primorosos y mas finos de la famosa calle de Santiago de Valladolid, que representaban un San Jorge, una Santa Bárbara, un Santiago á cavallo, un San Roque, una nuestra Señora del Cármen, y un San Antonio abad con su cochinillo al canto. Havia un bufete con su sobremesa de jerga listoneada á fluecos, un banco de Alamo, dos sillas de tixera, á la usanza antigua, como las de ceremonia del Colegio Viejo de Salamanca; otra, que al parecer havia sido de baqueta, como las que se usan ahora, pero solo tenia el respaldar, y en el assiento no havia mas que la armazon; una arca grande, y junto á ella un cofre sin pelo y sin cerradura. A la entrada de la alcoba se dexaba ver una cortina de gasa con sus listas de encajes, de á seis maravedís la vara, cuya cenefa estaba toda quajada de escapularios[9] con cintas coloradas, y Santas Theresas de barro, en sus urnicas de carton, cubiertas de seda floxa, todo distribuido y colocado con mucha gracia. Y es, que el Rico de Campazas era Hermano[10] de muchas Religiones, cuyas Cartas de Hermandad tenia pegadas en la pared, unas con hostia, y otras con pan mazcado, entre quadro y quadro de los de la calle de Santiago; y quando se hospedaban en su casa algunos Padres graves, ú otros Frayles que havian sido Confessores de Monjas, dexaban unos á la tia Catuja (assí se llamaba la muger del Rico), y los mas á su hija Petrona, que era unap. 4 moza rolliza, y de no desgraciado parecer, aquellas piadosas alhajuelas en reconocimiento del hospedage, encargando mucho la devocion, y ponderando las Indulgencias.

5. Por mal de mis pecados se me havia olvidado el mueble mas estimado que se registraba en la Sala. Eran unas Conclusiones de tafetan carmesí de cierto Acto, que havia defendido en el Colegio de San Gregorio de Valladolid un hermano del Rico de Campazas, que, haviendo sido primero Colegial del insigne Colegio de San Froylan de Leon, el qual tiene hermandad con muchos Colegios Menores de Salamanca, fué despues Porcionista de San Gregorio; llegó á ser Gymnasiarca, puesto importante, que mereció por sus puños; obtuvo por oposicion el Curato de Ajos y Cebollas en el Obispado de Avila, y murió en la flor de su edad, consultado ya en primera letra para el del Berraco. En memoria de este doctíssimo Varon, ornamento de la Familia, se conservaban aquellas Conclusiones en un marco de pino, dado con tinta de Imprenta; y era tradicion en la Casa, que haviendo intentado dedicarlas primero á un Obispo, despues á un Título, y despues á un Oydor, todos se escusaron, porque les olió á petardo; con que desesperado el Gymnasiarca (la tia Catuja le llamaba siempre el Heresiarca), se las dedicó al Santo Christo de Villaquexida, haciéndole el gasto de la impression un Tio suyo, Comissario del Santo Oficio.

6. Su hermano el Rico de Campazas, que havia sido Estudiante en Villagarcía, y havia llegado hasta Medianos, siendo el primero del banco de abajo, como se entra por la puerta, sabia de memoria la Dedicatoria, que tenia prevenida para qualquiera de los tres Mecénas, que se la huviera aceptado, porque el Gymnasiarca se la havia enviado de Valladolid, assegurándole, que era obra de cierto Frayle mozo, de estos que se llaman Padres Colegiales,[11] el qual trataba en Dedicatorias, Arengas, y Quodlibetos, por ser uno de los Latinos mas deshechos, mas encrespados, y mas retumbantes, que hasta entónces se havian conocido, y que havia ganado muchíssimo dinero, tabaco, pañuelos, y chocolate en este género de trato; porque al fin (decia en su Carta el Gymnasiarca) el Latin de este Frayle es una borrachera, y sus altisonantes frases son una Babylonia. Con efecto, apénas leyó el Rico de Campazas la Dedicatoria, quando se hizo cruces, pasmado de aquella estupendíssima elegancia, y desde luego se resolvió á tomarla de memoria, como lo consiguió al cabo de tres años, retirándose todos los dias detras de la Iglesia, que está fuera del Lugar, por espacio de quatro horas: y quando la huvo bien decorado, aturrullaba á los Curas del contorno, que concurrian á la fiesta del Patrono, y tambien á los que iban á la Romería de Villaquexida, unas veces encajándosela toda, y otras salp. 5picando con trozos de ella la comida en la mesa de los Mayordomos. Y como el socarron del Rico á ninguno declaraba de quien era la obra, todos la tenian por suya, con lo qual entre los Curas del Rio grande para acá, y aun entre todos los del Páramo passaba por el Gramático mas horroroso, que havia salido jamas de Villagarcía: tanto, que algunos se adelantaban á decir, sabia mas Latin que el mismo Taranilla, aquel famoso Dómine, que atolondró á toda la tierra de Cámpos con su Latin crespo y enrebesado, como v. gr. aquella famosa Carta con que examinaba á sus discípulos, que comenzaba assí: Palentiam mea si quis; que unos construían, si alguno mea á Palencia; y por quanto esto no sonaba bien, y parecia mala crianza, con peligro de que se alborotassen los de la Puebla, y no era verisímil que el Dómine Taranilla, hombre por otra parte modesto, circunspecto, y grande azotador, hablasse con poco decoro de una Ciudad, por tantos títulos tan respetable, otros discípulos suyos lo construían de este modo: Si quis mea, chico mio, suple fuge, huye, Palentiam, de Palencia. A todos estos los azotaba irremissiblemente el impitoyable Taranilla; porque los primeros perdian el respeto á la Ciudad, y los segundos le empullaban á él; sobre que unos y otros le suponian capaz de hacer un Latin, que, segun su construccion, estaria atestado de solecismos. Hasta que finalmente, despues de haver enviado al rincon á todo el General, porque ninguno daba con el recóndito sentido de la enfática cláusula, el Dómine, sacando la caja, dando encima de ella dos golpecillos, tomando un polvo á pausas, sorbido con mucha fuerza, arqueando las cejas, ahuecando la voz, y hablando gangoso, reposadamente la construía de esta manera: mea, ve; si quis, si puedes; Palentiam á Palencia. Los muchachos se quedaban atónitos, mirándose los unos á los otros, pasmados de la profunda sabiduría de su Dómine; porque, aunque es verdad, que, echada bien la cuenta, havia en su construccion, mitad por mitad, tantos disparates como palabras; puesto que ni meo meas significa como quiera ir, sino ir por rodéos, por gyros y serpenteando; ni queo quis significa poder como quiera, sino poder con dificultad; pero los pobres niños no entendian estos primores; ni el penetrar la propiedad de los varios significados, que corresponden á los verbos y á los nombres que parecen synónymos, y no lo son, es para Gramáticos de primera tonsura, ni para Preceptores de la lengua.

7. Ya se ve, como los Curas del Páramo no estaban muy enterados de estas menudencias, tenian á Taranilla por el Ciceron de su siglo, y como oían relatar al Rico de Campazas la retumbante y sonora Dedicatoria, le ponian dos codos mas alto que al mismo Taranilla. Y por quanto la mayor partep. 6 de los Historiadores, que dexaron escritas á la posteridad las cosas de nuestro Fray Gerundio, convienen en que la tal Dedicatoria tuvo gran parte en la formacion de su exquisito y delicado gusto, no será fuera de propósito ponerla luego en este lugar, primero en Latin, y despues fielmente traducida en Castellano, para que en el discurso de esta verdadera Historia, y con el calor de la narracion, no se nos olvide.

CAPITULO II.
En que, sin acabar lo que prometió el primero, se trata de otra cosa.

Decia, pues, assí la recóndita, abstrusa, y endiablada Dedicatoria, dexando á un lado los Títulos, que no tuvo por bien trasladar el Gymnasiarca.

2. Hactenus me intra vurgam animi litescentis inipitum, tua heretudo instar mihi luminis extimandea denormam redubiare compellet sed antistar gerras meas anitas diributa et posartitum Nasonem quasi agredula: quibusdam lacunis Baburrum stridorem averrucandus oblatero. Vos etiam viri optimi: ne mihi in anginam vestræ hispiditatis arnanticataclum carmen irreptet. Ad rabem meam magicopertit: cicuresque conspicite ut alimones meis carnatoriis, quam censiones extetis. Igitur conramo sensu meam returem quamvis vasculam Pieridem actutum de vobis lamponam comtulam spero. Adjuta namque cupedia præsumentis, jam non exippitandum sibi esse conjectat. Ergo benepedamus me hac pudori, citimum colucari censete. Quam si hac nec treperat exiterint nec fracebunt quæ halucinari, vel ut vovinator adactus sum voti vobis damiumusque ad exodium vitulanti is cohacmentem. Quis enim mesonibium et non murgissonem fabula autamabit quam Mentorem exfaballibit altibuans, unde favorem exfebruate, fellibrem ut applaudam armoniæ tensore a me velut ambrone collectam adoreos veritatis instruppas.

3. Esta es la famosa Dedicatoria que el Gymnasiarca de San Gregorio, Cura de Ajos y Cebollas, electo del Berraco, envió desde Valladolid á su hermano el Rico de Campazas: la qual, despues de haver corrido por las mas célebres Universidades de España con el aplauso que se merecia, passó los Pyrinéos, penetró á Francia, donde fué recibida con tanta estimacion, que se conserva impresa una puntual, exacta, y menudíssima noticia genealógica de todas las manos por donde corrió el manuscrito, con los pelos y señales de los sugetos que lep. 7 tuvieron, hasta que llegó á las del maldito Addicionador de la Menagiana, que la estampó en el primer Tomo de los quatro, que echó á perder con sus impertinentíssimas Notas, Scholios, y Añadiduras. Dice, pues, este Scholiador de mis pecados, que el primer manuscrito que se sepa huviesse llegado á Francia, paró en poder de Juan Lacurna, el qual era hombre hábil y Baylío de Arnai-Del-Duque; que despues passó al docto Saumaise, y de este le heredó su hijo primogénito Claudio Saumaise, el qual murió en Beaune á los 34 años de su edad, el dia 18 de Abril de 1661: que por muerte de Claudio paró en la Bibliotheca de Juan Bautista Lantin, Consejero, el qual y otro Consejero llamado Philiberto de la Mare fueron Legatarios por mitad de los manuscritos de Saumaise, y que de Juan Bautista Lantin le heredó su hijo el Señor Lantin, Consejero de Dijon.

4. Todo está muy bien, con puntualidad, con menudencia, y con exactitud; porque claro está, que iba á perder mucho la República de las Letras, si no se supiera con toda individualidad, por qué manos, de Padres á hijos, havia passado un manuscrito tan importante; y, si todos los Investigadores huvieran sido tan diligentes y tan menudos como este doctíssimo y exactíssimo Addicionador, no huviera ahora tantas disputas, repiquetes y contiendas entre nuestros Críticos, sobre quien fué el verdadero Autor de la Pulga del Licenciado Burguillos, que unos atribuyen á Lope de Vega, y otros á un Frayle, engañados sin duda porque en el manuscrito, sobre el qual se hizo la primera impression en Sevilla, se leían al fin de él estas letras: Fr. L. d. V. entendiendo que el Frey era Fray, cosas entre sí muy distintas y diversas, como lo saben hasta los niños Malabares.[12] Ni en Inglaterra se huvieran dado las batallas campales, que se dieron á principio de este Siglo entre dos sabios Antiquarios de la Universidad de Oxford, sobre el orígen de las Espuelas, y la primitiva invencion de las Alforjas, fundándose uno y otro en dos manuscritos, que se hallaban en la Bibliotheca de la misma Universidad, pero sin saberse en qué tiempo ni por quien se havian introducido en ella, que era el punto decisivo para resolver la question.

5. Pero si al Addicionador de la Menagiana se le deben gracias por esta parte, no se las daré yo, porque con su Chronología sobre el manuscrito de la Dedicatoria me mete en un embrollo histórico, del qual no sé como me he de desenvolver, sin cometer un anachronismo, voz Griega y sonorosa, que significa contradiccion en el cómputo de los tiempos. Dice Monsiur el Addicionador, que Claudio Saumaise murió el año de 1661, y que, quando llegó á él el manuscrito de la Dedicatoria, ya havia passado por otras dos manos, conviene á saber, por las de su padre el docto Saumaise, y por las delp. 8 Baylío Juan Lacurna; y es mucho de notar, que no dice que passó de mano en mano, como suele passar la Gaceta y el Pronóstico de Torres, sino que da bastantemente á entender, que fué por via de herencia, y no de donacion inter vivos. Esto supuesto, parece claro como el agua, que ya por los años de 1600 se tenia noticia en Francia de la tal Dedicatoria, no siendo mucho dar sesenta años al Señor Lacurna, y veinte ó treinta á Saumaise; porque, aunque se pudiera decir, que ambos eran de una misma edad, no parece verisímil, que un particular, por doctíssimo que fuesse, viviesse tanto como un Baylío; pues bien que esto de Baylío en Francia signifique poco mas que acá un Alcalde Gorrilla, pero al fin para lo de Dios el Baylío de Arnai era tan Baylío como el de Lora. Y haviendo dicho nosotros al principio de esta verdaderíssima Historia, ó por lo ménos haviéndolo dado á entender, que la Dedicatoria la compuso un Padre Colegial, que estudiaba en Valladolid, quando ya estaba muy entrado en dias el Siglo passado, puesto que hasta la mitad de él no hacen mencion del Rico de Campazas los Anales de esta possibilíssima Ciudad, y que se la envió su hermano el Gymnasiarca; como era possible que se tuviesse noticia de ella en Francia por los años de 1600?

6. Para salir de esta intrincada dificultad, no hay otra callejuela sino decir, que el Padre Colegial leeria esta estupendíssima pieza en algun librete Francés, y despues se la embocaría al boníssimo del Gymnasiarca como si fuera obra suya, porque de estas travesuras á cada passo vemos muchas aun en el Siglo que corre, en el qual no pocos de estos, que se llaman Autores, y que tienen cara de hombres de bien, averiguada despues su vida y milagros, se halla ser unos raterillos literarios, que, hurtando de aquí y de allí, salen de la noche para la mañana en la Gaceta con los campanudos dictados de Mathemáticos, Philológicos, Phýsicos, Eléctricos, Proto-Críticos, Anti-Systemáticos, quando, todo bien considerado, no son en la realidad mas que unos verdaderos Panto-mímicos.

7. Mas, dexando este punto indeciso, lo que en Dios y en conciencia no se puede perdonar al impertinentíssimo Addicionador, es la injusta y desapiadada crítica que hace de la susodicha Dedicatoria, tratándola de la cosa mas perversa, mas ridícula, y mas extravagante, que se puede imaginar; y añadiendo, que el lenguage, aunque parece suena á Latin, es de una latinidad monstruosa, bárbara, y salvage. Pero con licencia de su mala condicion, yo le digo claritamente y en sus barbas, que no sabe qual es su Latin derecho, y que se conoce que en su vida ha saludado los Christus de la verdadera Latinidad; pues le hago saber, que ni Ciceron, ni Quintiliano, ni Tito-Livio, ni Salustio hicieron jamas cosa semejante, ni fueron capaces de hacerla. Y á lo otro, que añadep. 9 con mucha socarronería, de que, aunque en la cultíssima Dedicatoria se hallan algunas palabras latinas que se encuentran en las Glosas de Isidoro, y de Pápias, y en la Coleccion de du Cange, pero que se engaña mucho, ó no se ha de encontrar ingenio tan hábil en el mundo, que al todo de ella le dé verdadero y genuino sentido; yo le digo, que para que vea con efecto lo mucho, que se engaña, el mismo Padre Colegial, que dió al Gymnasiarca la Dedicatoria en Latin, ora fuesse composicion suya, ora agena, se la dió tambien vertida en Castellano flúido, corriente, natural, claro, perspicuo, como se ve en una Copia authéntica, que se encontró en el Libro donde el Rico de Campazas iba asentando por rayas la soldada de los Criados, y los pellejos de Ovejas que iba trahiendo el Pastor. La version, pues, de dicha Dedicatoria decia assí, ni mas ni ménos.

8. «Hasta aquí la excelsa ingratitud de tu soberanía ha obscurecido en el ánimo, á manera de claríssimo esplendor, las apagadas antorchas del mas sonoro clarin, con ecos luminosos, á impulsos balbucientes de la furibunda fama. Pero, quando examino el rosicler de los despojos al terso bruñir del Emisferio en el blando oroscopo, del argentado catre, que, elevado á la region de la techumbre, inspira oráculos al acierto en bóbedas de crystal; ni lo ayroso admite mas competencias, ni en lo heróyco caben mas eloquentes dissonancias. Temerario arrojo seria escalar con pompa fúnebre hasta el golfo insondable, donde campéa, qual vivorezno animado, el piélago de tu hermosura; porque hay systemas tan atrevidos, que á guisa de emblemáticos furores, esterilizan á trechos toda su ossadía al escrutinio; mas no por esso el piadoso Enéas agotó sus caudales al Ródano, cubierta la arrogante faz con el crespo, falaz, y alhagueño manto: que, si el jazmin sostiene pyrámides á los lisongeros Pezes, tambien el chopo franquéa espumoso lecho á las odoríferas Naves; ni es tan crítico el enojo del carrasco, que no destile rayo á rayo todo el alambique del aprisco. Mentor en cabilaciones de Sol, pudo esgrimir orgullosas sinrazones de fanal; pero tambien experimentó á golpes del desengaño desagravios incautos del alevoso zeño; quando la agigantada nobleza de tu Regia exactitud embota las puntas al azero de alentada Magestad. Admite, pues, este literario desden, elegante tributo de soporífero afan; y, si extiendes los aplausos de tu harmonía á los hirsutos cambrones, no puede ménos de penetrar tu coleto la fragrancia de la verdad, hasta calarse á las tripas, ó hasta aniquilar con dichosa fortuna los estrupros: Ut aplaudam armoniæ temsore a me velut ambrone collectam adoreos veritatis instruppas.»

p. 10

CAPITULO III.
Donde se prosigue lo que prometió el primero.

Este tal Rico de Campazas, hermano del Gymnasiarca, se llamaba Anton Zotes, familia arraygada en Cámpos, pero extendida por todo el mundo, y tan fecundamente propagada, que no se hallará en todo el Reyno Provincia, Ciudad, Villa, Aldéa, ni aun Alquería, donde no hiervan los Zotes, como garbanzos en olla de potage. Era Anton Zotes, como ya se ha dicho, un Labrador de una mediana passada; hombre de machorra, cecina, y pan mediado los dias ordinarios, con cebolla ó puerro por postre; baca y chorizo los dias de fiesta; su torrezno corriente por almuerzo y cena, aunque esta tal vez era un salpicon de baca; despensa ó agua-pié su bebida usual, ménos quando tenia en casa algun Frayle, especialmente si era Prelado, Lector, ó algun gran supuesto en la Orden, que entónces se sacaba á la mesa vino de Villamañan, ó del Páramo. El genio bondadoso en la corteza, pero en el fondo un si es no es suspicaz, envidioso, interessado, y cuentero: en fin legítimo bonus vir de Campis. Su estatura mediana, pero fornido y repolludo; cabeza grande y redonda, frente estrecha, ojos pequeños, desiguales, y algo taymados; guedejas rabi-cortas, á la usanza del Páramo, y no consistoriales, como las de los Sexmeros del Campo de Salamanca: pestorejo, se supone, á la Geronymiana, rechoncho, colorado, y con pliegues. Este era el hombre interior y exterior del Tio Anton Zotes, el qual, aunque havia llegado hasta el banco de abaxo de Medianos con ánimo de ordenarse, porque dicen que le venia una Capellanía de sangre, en muriendo un Tio suyo, Arcipreste de Villaornate; pero al fin le puso pleyto una moza del Lugar, y se vió precisado á ir por la Iglesia, mas no al Choro, ni al Altar, sino al santo Matrimonio. El caso passó de esta manera.

2. Hallábase estudiando en Villagarcía, y ya Medianista, como se ha dicho, á los veinte y cinco años de su edad. Llegaron los quince dias, que assí se llaman las Vacaciones, que hay en la Semana Santa, y en la de Pasqua, y fuése á su Lugar, como es uso y costumbre en todos los Estudiantes de la redonda. El diablo, que no duerme, le tentó á que se vistiesse de Penitente el Juéves Santo; y es, que como el Estudiantico ya era un poco espigado, adulto, y barbicubierto, miraba con buenos ojos á una mozuela vecina suya, desde quep. 11 havian andado juntos á la Escuela del Sacristan, y, para cortejarla mas, le pareció cosa precisa salir de disciplinante; porque es de saber, que este es uno de los cortejos, de que se pagan mas todas las mozas de Cámpos, donde ya es observacion muy antigua, que las mas de las bodas se fraguan el Juéves Santo, el dia de la Cruz de Mayo, y las tardes que hay bayle, haviendo algunas tan devotas y tan compungidas, que se pagan mas de la pelotilla y del ramal, que de la castañuela. Y á la verdad, mirada la cosa con ojos serenos, y sin passion, un disciplinante con su cucurucho de á cinco quartas, derecho, almidonado, y pyramidal; su capillo á moco de pabo, con caída en punta hasta la mitad del pecho; pues qué si tiene ojeras á pespunte, rasgadas con mucha gracia? con su almilla blanca de lienzo casero, pero aplanchada, ajustada, y atacada, hasta poner en prensa el pecho y el talle: dos grandes trozos de carne momia, maciza, y elevada, que se assoman por las dos troneras rasgadas en las espaldas, divididas entre sí por una tira de lienzo, que corre de alto á baxo entre una y otra, que como están cortadas en figura oval, á manera de quartos traseros de calzon, no parece sino que las nalgas se han subido á las costillas, especialmente en los que son rechochos y carnosos; sus enaguas, ó su faldon campanudo, pomposo, y entre-plegado. Añádase á todo esto, que los disciplinantes macarenos y majos suelen llevar sus zapatillas blancas, con cabos negros, se entiende quando son disciplinantes de devocion, y no de Cofradía, porque á estos no se les permiten zapatos, salvo á los Penitentes de luz, que son los jubilados de la Orden. Considérese despues, que este tal disciplinante, que vamos pintando, saca su pelotilla de cera, salpicada de puntas de vidrio, y pendiente de una cuerda de cáñamo empegada para mayor seguridad; que la mide hasta el codo con gravedad y con mesura; que toma con la mano izquierda la punta del moco del capillo; que apoya el codo derecho sobre el híjar del mismo lado (ménos que sea zurdo nuestro disciplinante, porque entónces es cosa muy necessaria advertir, que todas estas posturas se hacen al contrario); que sin mover el codo, y jugando únicamente la mitad del brazo derecho, comienza á sacudirse con la pelotilla ázia uno y otro lado, sabiendo con cierta ciencia, que de esta manera ha de venir á dar en el punto céntrico de las dos carnosidades espaldares, por reglas inconcusas de Anatomía, que dexó escritas un Cirujano de Villamayor, mancebo, y aprendiz que fué de otro de Villarramiel. Contémplese finalmente como empieza á brotar la sangre, que en algunos, si no es en los mas, parecen las dos espaldas dos manantiales de pez, que brotan leche de empegar botas: como va salpicando las enaguas, se distribuye en canales por el faldon, como le humedece,p. 12 como le empapa, hasta entraparse en los pernejones del pobre disciplinante. Y dígame con serenidad el mas apassionado contra las glorias de Cámpos, si hay en el mundo espectáculo mas galan, ni mas ayroso? si puede haver resistencia para este hechizo, y si no tienen buen gusto las mozanconas, que se van tras los Penitentes, como los muchachos tras los Gigantones y la Tarasca el dia del Corpus?

3. No se le ocultaba al bellaco de Anton esta inclinacion de las mozas de su Tierra, y assí salió de disciplinante el Juéves Santo, como ya llevamos dicho. A la legua le conoció Catanla Rebollo (que este era el nombre de la doncella su vecina, y su condiscípula de Escuela); porque, ademas de que en toda la procession no havia otro caperuz tan chusco, ni tan empinado, llevaba por contraseña una cinta negra, que ella misma le havia dado al despedirse por San Lucas para ir á Villagarcía. No le quitaba ojo en toda la procession; y él, que lo conocia muy bien, tenia gran cuidado de cruzar de quando en quando los brazos, encorbar un poco el cuerpo, y apretar las espaldas, para que exprimiessen la sangre, haciendo de camino un par de arrumacos con el caperuz, que es uno de los passos tiernos á que están mas atentas las donzellas casaderas; y el patan que le supiere hacer con mayor gracia, tendrá mozas á escoger, aunque por otra parte no sea el mayor jugador de la calva, ó del morrillo, que hayga el Lugar. Al fin, como Anton se desangraba tanto, llegó el caso de que uno de los Mayordomos de la Cruz, que gobernaba la procession, le dixesse que se fuesse á curar. Catanla se fué tras él, y como vecina se entró en su casa, donde ya estaba prevenido el vino con romero, sal, y estopas, que es todo el aparato de estas curaciones. Estrujáronle muy bien las espaldas, por si acaso havia quedado en ellas algun vidrio de la pelotilla; laváronselas, aplicáronle la estopada, vistióse, embozóse en su capa parda, y los demas se fueron á ver la procession, ménos Catanla, que dixo estaba cansada, y se quedó á darle conversacion. Lo que passó entre los dos no se sabe: solo consta de los Anales de aquel tiempo, que, vuelto Anton á Villagarcía, comenzó á correr un run run malicioso por el Lugar; que sus padres quisieron se ordenasse á título de la Capellanía; que él, por debaxo de cuerda, hizo que la moza le pusiesse impedimento; que al fin y postre se casaron; y que, para que se vea el poco temor de Dios y la mucha malicia con que havian corrido aquellas voces por el Pueblo, la buena de la Catanla no parió hasta el tiempo legal y competente.

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CAPITULO IV.
Acábase lo prometido.

Parió, pues, la Tia Catuja un niño como unas flores, y fué su Padrino el Licenciado Quixano de Perote, un Capellan del mismo Campazas, que en otro tiempo havia querido casarse con su madre, y se dexó por haverse hallado, que eran parientes en grado prohibido. Empeñóse el Padrino en que se havia de llamar Perote, en memoria ó en alusion á su apellido; porque, aunque no havia este nombre en el Kalendario, tampoco havia el de Lain, Nuño, Tristan, Tello, ni Peranzules, y constaba que los havian tenido hombres de gran pro, y de mucha cuenta. Esto decia el Licenciado Quixano, alegando las Historias de Castilla; pero como Anton Zotes no las havia leído, no le hacian mucha fuerza, hasta que se le ofreció decirle, que tampoco estaban en el Kalendario los nombres de Oliveros, Roldan, Florismarte, ni el de Turpin, y que esto no embargante no le havia estorvado esso para ser Arzobispo. «Vaya que soy un asno, dixo entónces el Tio Anton, pues no tengo leído otra cosa»; y es, que era muy versado en la Historia de los Doce Pares, la que sabía tan de memoria como la Dedicatoria del Gymnasiarca. «Llámese Perote, y no se hable mas en la materia». Pero el Cura del Lugar, que se hallaba presente, reparó en que Perote Zotes no sonaba bien, añadiendo, no sin alguna socarronería, que Zote era consonante de Perote, y que él havia leído, no se acordaba donde, que esto se debia evitar mucho quando se hablaba en prosa. «No gaste usted tanta, señor Cura, replicó el padre del niño, que tampoco suena bien Sancho Ravancho, Alberto Retuerto, Geromo Palomo, Antonio Bolonio, y no vemos ni oímos otra cosa en nuestra tierra. Fuera de que esso se remedia fácilmente con llamar al niño Perote de Campazas, dándole por apellido el nombre de nuestro Pueblo, como se usaba en lo antiguo con los hombres grandes, segun nos informan las Historias mas verídicas;[13] y assí vemos hablar en ellas de Oliveros de Castilla, de Amadis de Gaula, de Artus de Algarve, y de Palmerin de Hircania, constándonos ciertamente, que estos no eran sus verdaderos apellidos, sino los nombres de las Provincias ó Reynos, donde nacieron aquellos grandes Cavalleros, que, por haverlas honrado con sus hazañas, quisieron eternizar de esta manera la memoria de su patria en la posteridad. Y esto no solamente lo usaron los que fueron por las armas, sino tambien los que fueron porp. 14 las letras, y dexaron escritos algunos Libros famosos, como el Piscator de Sarrabal,[14] el Dios Momo, la Carantamaula, el Lazarillo de Tormes, la Pícara Justina, y otros muchos que tengo leídos, cuyos Autores, dexando el propio apellido, tomaron el de los Lugares donde nacieron, para illustrarlos: y á mí me da el corazon, que este niño ha de ser hombre de provecho, y assí llámese por ahora Perotico de Campazas, hasta que con la edad y con el tiempo le podamos llamar Perote á boca llena.»

2. — «No en mis dias, dixo la Tia Catanla. Perote suena á cosa de perol, y no ha de andar por ahí el hijo de mis entrañas, como andan los peroles por la cocina.» — «Punto en boca, señores, exclamó Anton Zotes de repente. Ahora me incurre un estupendíssimo nombre, que enjamas se empuso á nengun nacido, y se ha de impuner á mi chicote. Gerundio se ha de llamar, y no se ha de llamar de otra manera, aunque me lo pidiera de rodillas el Padre Santo de Roma. Lo primero, y prencipal, porque Gerundio es nombre sengular, y esso busco yo para m’ijo. Lo segundo, porque m’acuerdo bien, que, quando estudiaba con los Theatinos de Villagarcía, por un Gerundio gané seis puntos para la vanda, y es mi última y postrimera voluntad hacer enmortal en mi familia la memoria de esta hazaña.»

3. Hízose assí, ni mas ni ménos, y desde luego dió el niño grandes señales de lo que havia de ser en adelante, porque ántes de dos años ya llamaba pueca á su madre con mucha gracia, y decia no chero querno, tan claramente como si fuera una persona: de manera, que era la diversion del Lugar, y todos decian que havia de ser la honra de Campazas. Passando por allí un Frayle Lego, que estaba en opinion de Santo, porque á todos trataba de tú, llamaba bichos á las mugeres, y á la Vírgen la Borrega, dixo que aquel niño havia de ser Frayle, gran Letrado, y estupendo Predicador. El successo acreditó la verdad de la profecía; porque en quanto á Frayle, lo fué tanto como el que mas; lo de gran Letrado, si no se verificó en esto de tener muchas letras, á lo ménos en quanto á ser gordas y abultadas las que tenia, se verificó cumplidamente; y en lo de ser estupendo Predicador, no huvo mas que desear, porque este fué el talento mas sobresaliente de nuestro Gerundico, como se verá en el discurso de la Historia.

4. Aún no sabía leer, ni escribir, y ya sabía predicar; porque, como passaban por la casa de sus padres tantos Frayles, especialmente Questeros, Verederos, Predicadores Sabatinos, y aquellos que en tiempo de Quaresma y Adviento iban á predicar á los Mercados de los Lugares circunvecinos; y estos, unas veces rogados por el Tio Anton Zotes, y porp. 15 su buena muger la Tia Catanla, otras (y eran las mas) sin esperar á que se lo rogassen, sobre mesa sacaban sus papelones, y ni mas ni ménos que si estuvieran en el púlpito, leían en tono alto, sonoro, y concionatorio lo que llevaban prevenido; el niño Gerundio tenia gran gusto en oírlos, y despues en remedarlos, tomando de memoria los mayores disparates que los oía, que no parece sino que estos se le quedaban mejor; y si por milagro los oía alguna cosa buena, no havia forma de aprenderla.

5. En cierta ocasion estuvo en su casa á la questa del mes de Agosto un Padrecito de estos atusados, con su poco de copete en el frontispicio, cuelli-erguido, barbi-rubio, de hábito limpio y plegado, zapato chusco, calzon de ante, y gran cantador de jácaras á la guitarrilla, del qual no se apartaba un punto nuestro Gerundico, porque le daba confites. Tenia el buen Padre, mitad por mitad, tanto de presumido, como de evaporado, y contaba, como estando él de Colegial en uno de los Conventos de Salamanca, le havia enviado su Prelado á predicar un Sermon de Animas á Cabrerizos, y que havian concurrido á oírle muchos Colegiales Mayores, Graduados, y Cathedráticos de aquella Universidad, por el crédito que havia cogido en ella con ocasion de graduarse cierto Rector de un Colegio Menor, ya ordenado in Sacris, de quien era pública voz y fama, que, despues de haver recibido el Sub-diaconato subrepticiamente y á hurtadillas, havia estado un año en la Cárcel Eclesiástica de su Tierra, por quanto tres doncellas honradas havian presentado al Señor Provisor tres papeles con palabra de casamiento. Esto se compuso lo mejor que se pudo; volvió á proseguir sus estudios á Salamanca, porque era mozo de ingenio; quiso graduarse, y encomendó una de las Arengas al tal Padrecito, que era paysano suyo, el qual comenzó por aquello de aprehenderunt septem mulieres virum unum; encajó despues lo de filii tui de longe venient, et filiæ tuæ de latere surgent; y no se le quedó en el tintero el texto tan oportuno de generatio Rectorum benedicetur. Y puesto que los textos y lugares de la Sagrada Escritura en semejantes composiciones puramente rhetóricas y profanas, son tan impertinentes y tan importunos, como las fábulas y los versos de los Poetas antiguos, usados á pasto y con immoderacion, lo son en los Sermones; no embargante tampoco, que el tal Frayle incurrió boniticamente en la Excommunion, que el Sagrado Concilio de Trento tiene fulminada contra los que abusan de la Sagrada Escritura para liviandades, sátyras, chanzonetas, y chocarrerías: la tal Arenga tuvo su aplauso á título de truanesca, y el susodicho Padre quedó tildado por pieza.

6. Pues como supieron que predicaba en Cabrerizos elp. 16 Sermon de Animas, concurrieron con efecto á oírle todos aquellos ociosos y desocupados de Salamanca (háylos de todas clases y especies), que se huelgan á todo lo que sale; y el buen Religioso quedó tan pagado de su Sermon, que repetia muchas cláusulas de él en todas las casas de los Hermanos donde se hospedaba. «Oygan ustedes, por vida suya, como comenzaba», dixo la primera noche de sobremesa á Anton Zotes, á su muger, y al Cura del Lugar, que havia concurrido al levantarse los manteles, para cortejar al Frayle y brindar á la salud de su buena venida, como es uso en toda buena crianza.

7. «Fuego, fuego, fuego, que se quema la casa: Domus mea, domus orationis vocabitur. Ea Sacristan, toca essas retumbantes campanas: In cymbalis bene sonantibus. Assí lo hace; porque tocar á muerto y tocar á fuego, es una misma cosa, como dixo el discreto Picinelo: Lazarus amicus noster dormit. Agua, señores, agua, que se abrasa el mundo: Quis dabit capiti meo aquam? La Interlineal: Qui erant in hoc mundo. Pagnino: Et mundus eum non cognovit. Pero qué veo? Ay, Christianos, que se abrasan las Animas de los Fieles! Fidelium animæ, y sirve de yesca á las voraces llamas derretida pez: Requiescant in pace, id est, in pice, como expone Vatablo. Fuego de Dios! como quema! Ignis a Deo illatus. Pero albricias, que ya baxa la Vírgen del Cármen á librar á las que traxeron su devoto Escapulario: Scapulis suis. Dice Christo, favor á la justicia: dice la Vírgen, válgame la gracia. Ave Maria.»

8. Anton Zotes estaba pasmado; á la Tia Catanla se la caía la baba; el Cura del Lugar, que se havia ordenado con Reverendas de Sede-vacante, y entendia lo que rezaba como qualquiera Monja, le miraba como atónito, y juró por los santos quatro Evangelios, que, aunque havia oído predicar la Semana Santa de Campazas á los Predicadores Sabatinos mas famosos de toda la redonda, ninguno le llegaba á la suela del zapato. No acababa de ponderar aquel chiste de comenzar un Sermon de Animas con fuego, fuego, que se quema la casa. Pues qué, el ingenioso pensamiento de que lo mismo es tocar á muerto, que tocar á fuego? «Tenga usted, señor Cura, le interrumpió el Padre, alargándole la caja para que tomasse un polvo, que esso tiene mas alma de la que parece. Las almas de los difuntos, ó están en la Gloria, ó están en el Infierno, ó están en el Purgatorio: por las primeras no se toca, porque no han menester sufragios; por las segundas tampoco, porque no las aprovechan; con que solo se toca por las terceras, para que Dios las saque de aquellas llamas; pues esso, y tocar á fuego, allá se va todo. Ahora prosiga usted con su glossa, que me da mucho gusto, y se conoce que es hombre que lo entiende; y no como cierto Padre Maestro dep. 17 mi Religion, que, aunque es hombre grave en la Orden, y le tienen por docto y de entendimiento, me tiene ojeriza desde que le negué el voto en un Capítulo del Convento para que fuesse Prelado, y me dixo, que el Sermon era un hato de disparates, añadiendo, que eran delatables á la Inquisicion.»

9. — «Todos somos hombres, replicó el Cura, y como de essas envidias se ven en las Religiones. A fé, que acaso su Reverendíssima el tal Padre Maestro en todos los dias de su vida daria con una cosa tan oportuna como aquella de agua, agua, que se quema la casa, con ser assí, que despues de haver tocado las campanas á fuego, se estaba cayendo de su peso el pedir agua.» — «Añada usted, le dixo el Padre Colegial, que ahí se hace alusion al agua bendita, la qual, como usted sabe, es uno de los sufragios mas provechosos para las benditas Animas del Pulgatorio.» — «Esso es claro, respondió el Cura, porque el fuego se apaga con el agua, y assí se lo explico yo en la Missa á mis Feligreses.» — «Dende que se lo oí perdicar á su mercé (saltó la Tia Catanla), tengo yo mucho cuidado de regar bien la sepultura de mi madre, porque dizque cada gota de agua bendita, que cae sobre ella, apaga una gota del fuego del Purgatorio.» — «Lo que mas me admira, continuó el Cura, es la propiedad de los textos, que no parece sino que V. Paternidad los trahe en la manga; y quando habla de agua, luego saca un texto, que habla de agua; quando de casa, de casa; y quando de mundo, de mundo: todos tan claros, que los entenderá qualquiera, aunque no haya estudiado latin.» — «Esse es el chiste, respondió el Padre; pero va que no sabe Vm. por qué traxe el texto de Lazarus amicus noster dormit, quando dixe, que tocar á muerto y tocar á fuego, es una misma cosa.» — «Confiesso que no lo entendí, dixo el buen Cura; y que aunque me sonó á despropósito, pero, como veo el grande ingenio de V. Paternidad, lo atribuí á mi rudeza, y desde luego creí, que sin duda se ocultaba algun mysterio.» — «Y como que le hay, prosiguió el Frayle, y si no, dígame Vm. quando Christo resucitó á Lázaro, no estaba este muerto? Assí lo dice S. Agustin, Lyra, Cartagena, y otros muchos, y no hay duda, que esta es la sentencia mas probable; porque, aunque el texto dice que dormia, dormit, es porque la muerte se llama sueño, como lo notó doctamente el Sapientíssimo Idiota. Pues ahora, haviendo yo dicho tocar á muerto, venia de perlas poner delante un difunto. Y por qué escogeria yo á Lázaro mas que á otro? Aquí está el chiste; porque el Mayordomo de la Cofradía de las Animas de Cabrerizos se llamaba Lázaro, y era grande amigo de nuestro Convento, al qual enviaba de limosna todos los años un Cordero, y media cántara de Vino. Por esso dixe, Lazarus amicus noster; que al oírlo el Alcalde, el Regidor, y el Fiel de Fechos, que estaban delante del Púlp. 18pito, sentados en el banco de la Señora Justicia, dieron muchas cabezadas, mirándose unos á otros.» No pudo contenerse el Cura: levantóse del assiento, y, echando al Padre los brazos al cuello, le dixo casi llorando de gozo: «Padre, vuesa Paternidad es un demonio»; y añadió Catanla: «Benditas las madres, que tales hijos paren!»

10. A todo esto estaba muy atento el niño Gerundio, y no le quitaba ojo al Religioso. Pero como la conversacion se iba alargando, y era algo tarde, vínole el sueño, y comenzó á llorar. Acostóle su madre; y á la mañana, como se havia quedado dormido con las especies que havia oído al Padre, luego que dispertó, se puso de piés y en camisa sobre la cama, y comenzó á predicar con mucha gracia el Sermon, que havia oído por la noche, pero sin atar ni desatar, y repitiendo no mas que aquellas palabras mas fáciles, que podia pronunciar su tiernecita lengua, como fuego, agua, Campanas, Saquistan, Tio Lázaro, y en lugar de Picinelo, Pagnino, y Vatablo, decia pañuelo, pollino, y buen nabo, porque aún no tenia fuerza para pronunciar la l. Anton Zotes y su muger quedaron aturdidos: diéronle mil besos, dispertaron al Padre Colegial, llamaron al Cura, dixeron al niño, que repitiesse el Sermon delante de ellos; y él lo hizo con tanto donayre y donosura, que el Cura le dió un ochavo para avellanas, el Frayle seis chochos, su madre un poco de turron de Villada, que havia trahido de una Romería; y contando la buena de la Catanla la profecía del bendito Lego (assí le llamaba ella), todos convinieron en que aquel niño havia de ser gran Predicador, y que sin perder tiempo, era menester ponerle á la Escuela de Villaornate, donde havia un Maestro muy famoso.

CAPITULO V.
De los disparates que aprendió en la Escuela de Villaornate.

Eralo un Cojo, el qual, siendo de diez años, se havia quebrado una pierna por ir á coger un nido. Havia sido discípulo en Leon de un Maestro famoso, que de un rasgo hacia una pájara, de otro un pavellon, y con una A ó con una M al principio de una Carta, cubria toda aquella primera llana de garambaynas. Hacia Carteles, que dedicaba á grandes personages, los quales por lo comun se los pagaban bien; y, aunque le llamaban por esto el Maestro socaliñas, á él se le daba poco de los murmuradores, y no por esso dexaba de hacer sus ridículos cortejos. Sobre todo era eminente en dip. 19bujar aquellos Carteles, que llaman de letras de humo, y con efecto pintaba un Alabado, que podia arder en un candil. De este insigne Maestro fué discípulo el Cojo de Villaornate; y era fama, que por lo ménos havia salido tan primoroso garambaynista, como su mismo Maestro.

2. Siendo cosa averiguada que los cojos por lo comun son ladinos y avisados, este tal Cojo, de quien vamos hablando, no era lerdo, aunque picaba un poco en presumido y en extravagante. Como salió tan buen pendolista, desde luego hizo ánimo á seguir la carrera de las Escuelas, esto es, á ser Maestro de Niños: y para soltarse en la letra, se acomodó por dos ó tres años de Escribiente con el Notario de la vicaría de San Millan, el qual era hombre curioso, y tenia algunos Libros romancistas, unos buenos, y otros malos. Entre estos havia tres libritos de Ortographía, cuyos Autores seguian rumbos diferentes, y aun opuestos, queriendo uno que se escribiesse segun la etymología ó derivacion de las voces; otro defendiendo, que se havia de escribir como se pronunciaba; y otro, que se debia seguir en esso la costumbre. Cada uno alegaba por su parte razones, exemplos, autoridades, citando Academias, Diccionarios, Lexicones, ex omni lingua, tribu, populo & natione; y cada qual esforzaba su partido con el mayor empeño, como si de este punto dependiera la conservacion, ó el trastornamiento y ruina universal de todo el Orbe Literario, conviniendo todos tres en que la Ortographía era la verdadera clavis scientiarum, el fundamento de todo el buen saber, la puerta principal del Templo de Minerva, y que, si alguno entraba en él sin ser buen Ortographista, entraba por la puerta falsa; no haviendo en el mundo cosa mas lastimosa, que el que se llamassen Escritores los que no sabian escribir. Sobre este pié metia cada Autor una zambra de todos los diantres en defensa de su particular opinion. Al Etymologista y Derivativo, se le partia el corazon de dolor, viendo á innumerables Españoles indignos, que escribian España sin H, en gravíssimo deshonor de la gloria de su misma patria, siendo assí que se deriva de Hispania, y esta de Hispaan, aquel Héroe, que hizo tantas proezas en la caza de conejos, de donde en lengua Púnica se vino á llamar Hispania toda tierra, donde havia mucha gazapina. Y, si se quiere que se derive de Hespero, aún tiene orígen y cuna mas brillante, pues no viene ménos que del Lucero vespertino, que es Ayuda de Cámara del Sol quando se acuesta, y le sirve el gorro para dormir, el qual á ojos vistos se ve, que está en el territorio celestial de nuestra amada patria; y quitándola á esta la H con sacrílega impiedad, obscurecióse todo el esplendor de su claríssimo orígen. Y los que hacen esto se han de llamar Españoles! O indignidad! O indecencia!

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3. Pero donde perdia todos los estrivos de la paciencia, y aun de la razon, era en la torpe, en la bárbara, en la escandalosa costumbre ó corruptela de haver introducido la Y Griega, quando servia de conjuncion, en lugar de la I Latina, que, sobre ser mas pulida y mas pelada, tenia mas parentesco con el et de la misma lengua, de donde tomamos nosotros nuestra i. Fuera de que la y Griega tiene una figura basta, rústica, y grossera, pues se parece á la horquilla con que los Labradores cargan los haces en el carro; y aunque no fuera mas que por esta gravíssima razon, debia desterrarse de toda escritura culta y asseada. «Por esto, decia dicho Etymologista, siempre que leo en algun Autor y Pedro, y Juan, y Diego, en lugar de i Diego, i Pedro, i Juan, se me revuelven las tripas, se me commueven de rabia las entrañas, y no me puedo contener sin decir entre dientes: Hi-de pu… I al contrario, no me harto de echar mil bendiciones á aquellos celebérrimos Autores, que saben qual es su I derecha, i entre otros á dos Cathedráticos de dos famosas Universidades, ambos immortal honor de nuestro Siglo, i envidia de los futuros, los quales, en sus dos importantíssimos Tratados de Ortographía, han trabajado con glorioso empeño en restituir la I Latina al trono de sus antepassados; por lo qual digo y diré mil veces, que son benditos entre todos los benditos.»

4. No le iba en zaga el otro Autor, que, despreciando la etymología y la derivacion, pretendia, que en las lenguas vivas se debia escribir como se hablaba, sin quitar ni añadir letra alguna, que no se pronunciasse. Era gusto ver como se encendia, como se irritaba, como se enfurecia contra la introduccion de tantas hh, nn, ss, y otras letras impertinentes, que no suenan en nuestra pronunciacion. «Aquí de Dios y del Rey (decia el tal Autor, que no parecia sino Portugués en lo fanfarron y en lo arrogante): si pronunciamos ombre, onra, ijo, sin aspiracion, ni alforjas, á qué ton emos de pegar á estas palabras aquella h arrimadiza, que no es letra ni calabaza, sino un recuerdo, ó un punto aspirativo? Y si se debe aspirar con la h siempre que se pone, por qué nos reímos del Andaluz, quando pronuncia jijo, jonra, jombre? Una de dos: ó él jabla bien, ó nosotros escribimos mal. Pues, qué diré de las nn, ss, rr, pp, y demas letras dobles, que desperdiciamos lo mas lastimosamente del mundo? Si suena lo mismo pasion con una s que con dos; inocente con una n que con dos; Philipo con una p que con dos, ut quid perditio hæc? Que doblemos las letras en aquellas palabras en que se pronuncian con particular fortaleza, ó en las quales, si no se doblan, se puede confundir su significado con otro, como en perro para distinguirle de pero, en parro para diferenciarle de paro, y en cerro para que no se equivoque con cero, vaya;p. 21 pero en buro, que ya se sabe lo que es, y no puede equivocarse con otro algun significado, para qué emos de gastar una r mas, que despues puede acernos falta para mil cosas? Es esto mas que gastar tinta, papel, y tiempo contra todas las reglas de la buena economía? No digo nada de la prodigalidad con que malvaratamos un prodigioso caudal de uu, que para nada nos sirven á nosotros, y con las quales se podian remediar muchíssimas pobres Naciones, que no tienen una u que llegar á la boca. V. gr. en qué, en por qué, en para qué, en quiero, & reliqua, no me dirán ustedes qué falta nos ace la u, puesto que no se pronuncia? Estaria peor escrito qiero, qé, por qé, para qé, &c? Añado, que, como la misma q lleva envuelta en su misma pronunciacion la u, podiamos aorrar muchíssimo caudal de uu para una urgencia, aun en aquellas voces en que claramente suena esta letra; porqe, qé inconveniente tendria, qe escribiéssemos qerno, qando, qales, para pronunciar querno, quando, quales? Aún hay mas en la materia: puesto que la K tiene la misma fuerza que la q, todas las veces que la u no se declara, distingamos de tiempos, y concordaremos derechos; quiero decir, desterremos la q de todas aquellas palabras, en que no se pronuncia la u, y valgámonos de la K, pues, aunque assí se parecerá la escritura á los Kyries de la Missa, no perderá nada por esso. Vaya un verbi gracia de toda esta Ortographía.»

5. «El ombre ke kiera escribir coretamente, uya quanto pudiere de escribir akellas letras, ke no se egspresan en la pronunciacion; porke es desonra de la pluma, ke debe ser buena ija de la lengua, no aprehender lo ke la enseña su madre, &c.» Cuéntense las uu que se aorran en solo este período, y por aquí se sacará las que se podian aorrar al cabo del año en Libros, Instrumentos, y Cartas: y luego estrañarán que se haya encarecido el papel.»

6. Por el contrario, el Ortographista, que era de opinion, que en esto de escribir se havia de seguir la costumbre, no se metia en dibujos; y haciendo gran burla de los que gastaban el calor natural en estas vagatelas, decia, que, en escribiendo como havian escrito nuestros Abuelos, se cumplia bastantemente: y mas quando en esto de Ortographía hasta ahora no se havian establecido principios ciertos y generalmente admitidos, mas que unos pocos, y que en lo restante cada uno fingia los que se le antojaba. El Cojo, que, como ya diximos, era un si es no es muchíssimo extravagante, leyó todos los tres Tratados; y, como vió que la materia tenia mucho de arbitraria, y que cada qual discurria segun los senderos de su corazon, le vino á la imaginacion un extraño pensamiento. Parecióle, que él tenia tanto caudal como qualquiera para ser Inventor, Fundador, y Patriarca de un nuevo Systemap. 22 ortográphico; y aun se lisongeó su vanidad, que acaso daria con uno, jamas oído ni imaginado, que fuesse mas racional y mas justo, que todos los descubiertos; figurándosele, que, si acertaba con él, se haria el Maestro de niños mas famoso, que havia havido en el mundo, desde la fundacion de las Escuelas, ó hasta la institucion de los Esculapios,[15] inclusive.

7. Con esta idéa comenzó á razonar allá para consigo, diciéndose á sí mismo: «Válgame Dios! las palabras son imágenes de los conceptos, y las letras se inventaron para ser representacion de las palabras; con que, por fin y postre, ellas tambien vienen á ser representacion de los conceptos. Pues ahora, aquellas letras que representaren mejor lo que se concibe, essas serán las mas propias y adequadas; y assí, quando yo concibo una cosa pequeña, la debo escribir con letra pequeña, y quando grande, con letra grande. Verbi gracia: qué cosa mas impertinente, que, hablando de una Pierna de Baca, escribirla con una p tan pequeña, como si se hablara de una pierna de hormiga, y tratando de un Monte, usar una m tan ruin, como si tratara de un Mosquito? Esto no se puede tolerar, y ha sido una inadvertencia fatal y crasíssima de todos quantos han escrito hasta aquí. Hay cosa mas graciosa, ó por mejor decir mas ridícula, que igualar á Zaquéo en la Z con Zorobabel, y con Zabulon; siendo assí, que consta de la Escritura, que el primero era pequeñito y casi enano, y los otros dos, qualquiera hombre de juicio los concibe por lo ménos tan grandes y tan corpulentos como el mayor Giganton del dia del Corpus? Porque pensar, que no llenaban tanto espacio de ayre, como llenan de boca, proportione servata, es cuento de niños. Pues ve aquí, que salgan Zaquéo y Zabulon en un escrito, y que, siendo ó haviendo sido en sí mismos tan desiguales en el tamaño, han de parecer iguales en la escritura! Vaya, que es un grandíssimo despropósito. Item, si se habla de un hombre, en quien todas las cosas fueron grandes; como si dixéramos un San Agustin, ponderando su Talento, su Ingenio, su Comprehension, hemos de escribir y pintar en el papel estas agigantadas prendas con unas letricas tan menudas y tan indivisibles, como si habláramos por comparanza de las del Autor del Poema Epico de la Vida de S. Anton, y otros de la misma calaña? Esso seria cosa ridícula, y aun ofensiva á la grandeza de un Santo Padre de tanta magnitud. Fuera de que, donde puede haver mayor primor que el hacer, que qualquiera lector, solo con abrir un libro, y ántes de leer ni una sola palabra, conozca por el mismo tamaño y multitud de las letras grandes, que allí se trata de cosas grandiosas, magníficas, y abultadas; y al contrario, en viendo que todas las letras son de estatura regular, ménos tal qual que sobresale á trechos, como los pendones en la procession,p. 23 cierre incontinenti el libro, y no pierda tiempo en leerle, conociendo desde luego, que no se contienen en él sino cosas muy ordinarias y comunes? Quiero explicar esto con el exemplo de un estupendo Sermon, predicado al mismo S. Augustin, el mejor que he oído, ni pienso oír en los dias de mi vida. Preguntaba el Predicador, por qué á S. Agustin se le llamaba el Gran Padre de la Iglesia, y á ningun otro Santo Padre, ni Doctor de ella se le daba este Epítheto? (Assí decia él). Y respondió:»

8. «Porque mi Agustino, no solo fué Gran Padre, sino Gran Madre y Gran Abuelo de la Iglesia. Gran Padre, porque ántes de su Conversion tuvo muchos Hijos, aunque no se logró mas que uno. Gran Madre, porque Concibió y Parió muchos Libros. Gran Abuelo, porque Engendró á los Hermitaños de San Agustin, y los Hermitaños de S. Agustin engendraron despues todas las Religiones mendicantes, que siguen su santa Regla, las quales todas son Nietas del Grande Agustino. Y note de passo el discreto, que la Regla destruye la Maternidad, y la Regla fué la que asseguró la Paternidad de mi Gran Padre. Magnus Parens.»

9. «Este trozo de Sermon, que oí con estos mismíssimos oídos, que han de comer la tierra, y un pobre ignorante y mentecato, aunque tenia crédito de gran Letrado y hombre maduro, trató de puerco, sucio, hediondo, y digno del fuego; pero á mí me pareció, y oy dia me lo parece, la cosa mayor del mundo: digo que este trozo de Sermon, escrito como está escrito, esto es, con letras mayúsculas y garrafales en todo lo que toca á S. Agustin, desde la primera vista llama la atencion del Lector, y le hace conocer, que allí se contienen cosas grandes, y, sin poderse contener, luego se avalanza á leerlo: quando al contrario, si estuviera escrito con letras ordinarias, no pararia mientes en él, y quizá le arrimaria sin haver leído una letra. Assí que en esta mi Ortographía se logra lo primero, la propiedad de las letras con los conceptos que representan; lo segundo, el decoro de las personas de quien se trata; lo tercero, el llamar la atencion de los lectores. Y podia añadir lo quarto, que tambien se logra la hermosura del mismo escrito; porque son las letras grandes en el papel lo que los árboles en la huerta, que la amenizan y la agracian, y desde luego dá á entender, que aquella es huerta de Señor; quando un libro todo de letras iguales y pequeñas, parece huerta de verdura y hortaliza, que es cosa de Frayles y gente ordinaria.»

10. Con estas disparatadas consideraciones se enamoró tanto el extravagante Cojo de su ideada Ortographía, que resolvió seguirla, entablarla, y enseñarla. Y haviendo vacado por aquel tiempo la Escuela de Villaornate, por ascenso del Maestrop. 24 actual á Fiel de Fechos de Cojezes de abajo, la pretendió, y la logró á dos paletadas; porque ya havia cobrado mucha fama en toda la tierra, con ocasion de los Litigantes que acudian á la Vicaría. Llovian niños como paja de todo el contorno á la fama de tan estupendo Maestro; y Anton Zotes y su muger resolvieron enviar allá á su Gerundico, para que no se malograsse la viveza que mostraba. El Cojo le hizo mil caricias, y desde luego comenzó á distinguirle entre todos los demas niños. Sentábale junto á sí; hacíale punteros; limpiábale los mocos; dábale avellanas y mondaduras de peras; y, quando el niño tenia gana de proveherse, el mismo Maestro le soltaba los dos quartos traseros de las bragas (porque consta de instrumentos de aquel tiempo que eran abiertas), y, arremangándole la camisita, le llevaba en esta postura hasta el corral, donde el Chicuelo hacia lo que havia menester. No era oro todo lo que relucia, el bellaco del Cojo sabia bien, que no echaba en saco roto los cariños que hacia á Gerundico, porque á los buenos de sus padres se les caía con esto la baba; y ademas de pagarle muy puntualmente el real del mes, la rosca del Sabado, que llevaba su hijo, era la primera y la mayor, y siempre acompañada con dos huevos de paba, que no parecian sino mesmamente como dos bolas de trucos.[16] Amen de esso, en tiempo de matanza eran corrientes y seguras tres morcillas, con un buen pedazo de solomo: esto sin entrar en cuenta la morcilla cagalar con dos buenas varas de longaniza, que era el colgajo del dia de San Martin, nombre que tenia el Maestro. Y quando paria Señora (assí llamaban los niños á la Maestra), era cosa sabida, que la Tia Catanla la regalaba con dos Gallinas las mas gordas que havia en todo su Gallinero, y con una libra de vizcochos, que se trahian exprofessamente de la Confitería de Villamañan. Con esto se esmeraban Maestro y Maestra en acariciar al niño, tanto, que la Maestra todos los Sabados le cortaba las uñas, y de quince en quince dias le espulgaba la cabeza, y sacaba las liendres.

CAPITULO VI.
En que se parte el Capítulo quinto, porque ya va largo.

Pues con este cuidado, que el Maestro tenia de Gerundico, con la aplicacion del niño, y con su viveza é ingenio, que realmente le tenia, aprendió fácilmente y presto todo quanto le enseñaban. Su desgracia fué, que siempre le deparó la suerte Maestros estrafalarios y estrambóticos, como el Cojo,p. 25 que en todas las facultades le enseñaron mil sandeces, formándole desde niño un gusto tan particular á todo lo ridículo, impertinente, y extravagante, que jamas huvo forma de quitársele; y, aunque muchas veces encontró con sugetos hábiles, cuerdos, y maduros, que intentaron abrirle los ojos, para que distinguiesse lo bueno de lo malo (como se verá en el discurso de esta puntual historia), nunca fué possible apearle de su capricho: tanta impression havian hecho en su ánimo los primeros disparates. El Cojo los inventaba cada dia mayores; y, haviendo leído en un libro, que se intitula Maestro del Maestro de Niños, que este debe poner particular cuidado en enseñarlos la lengua propia, nativa, y materna con pureza y con propiedad, por quanto enseña la experiencia, que la incongruidad, barbarismos, y solecismos con que la hablan toda la vida muchos Nacionales, dependen de los malos modos, impropriedades, y frases desacertadas, que se les pegan quando niños; él hacia grandíssimo estudio de enseñarlos á hablar bien la lengua Castellana: pero era el caso, que él mismo no la podia hablar peor, porque, como era tan presumido y tan exótico en el modo de concebir, assí como habia inventado una extravagantíssima Ortographía, assí tambien se le havia puesto en la cabeza, que podia inventar una lengua no ménos extravagante.

2. Miéntras fué Escribiente del Notario de S. Millan, havia notado en varios processos que se decia assí: quarto testigo examinado, María Gavillan: octavo testigo examinado, Sebastiana Palomo. Esto le chocaba infinitamente; porque decia, que, si los hombres eran testigos, las mugeres se havian de llamar testigas, pues lo contrario era confundir los sexos, y parecia romance de Vizcaíno. De la misma manera no podia sufrir, que el Autor de la vida de Santa Catalina dixesse, Catalina, sugeto de nuestra historia; pareciéndole, que Catalina y sugeto eran mala concordancia, pues venia á ser lo mismo que si se dixera: Catalina, el hombre de nuestra historia, siendo cosa averiguada, que solamente los hombres se deben llamar sugetos, y las mugeres sugetas. Pues qué, quando encontraba en un libro, era una muger no comun, era un gigante? Entónces perdia los estrivos de la paciencia, y decia á sus chicos, todo en cólera y furioso: «ya no falta mas sino que nos quiten las barbas y los calzones, y se los pongan á las mugeres. Por qué no se dirá, era una muger no comuna, era una giganta?» Y por esta misma regla los enseñaba, que nunca dixessen, el alma, el arte, el agua, sino la alma, la agua, la arte, pues lo contrario era ridicularia, como dice el indigesto y docto Barbadiño.

3. Sobre todo estaba de malíssimo humor con aquellos verbos y nombres de la lengua Castellana, que comenzabanp. 26 con arre, como arrepentirse, arremangarse, arreglarse, arréo, &c. jurando y perjurando, que no havia de parar hasta desterrarlos de todos los dominios de España, porque era impossible, que no los huviessen introducido en ella algunos Arrieros de los que conducian el bagage de los Godos, y de los Arabes. Decia á sus niños, que hablar de esta manera era mala crianza, porque era tratar de burros ó de machos á las personas. Y á este propósito los contaba, que, yendo un Padre Maestro de cierta Religion por Salamanca, y llevando por compañero á un Fraylecito Irlandés recien trasplantado de Irlanda, que aún no entendia bien nuestra lengua, encontraron en la calle del Rio muchos aguadores con sus burros delante, que iban diciendo, arre, arre. Preguntó el Irlandesillo al P. Maestro, qué queria decir are, pronunciando la r blandamente, como lo acostumbran los extrangeros? Respondióle el Maestro, que aquello queria decir, que anduviessen los burros adelante. A poco trecho despues encontró el Maestro á un amigo suyo, con quien se paró á parlar en medio de la calle: la conversacion iba algo larga; cansábase el Irlandés, y, no sabiendo otro modo de explicarse, cogió de la manga á su compañero, y le dixo con mucha gracia: are Padre Maestro, are: lo qual se celebró con grande risa en Salamanca. «Pues ahora, decia el Cojo hecho un veneno, que el arre vaya solo, que vaya con la comitiva y acompañamiento de otras letras, siempre es arre, y siempre es una grandíssima desvergüenza y descortesía, que á los racionales nos traten de esta manera: y assí tenga entendido todo aquel, que me arreare las orejas, que yo le he de arrear á él el cu…» y acabólo de pronunciar redondamente. A este tiempo le vino gana de hacer cierto menester á un niño, que todavía andaba en sayas: fuése delante de la mesa donde estaba el Maestro, puso las manicas, y le pidió la caca con grandíssima innocencia, pero le dixo, que no sabia arremangarse. «Pues yo te enseñaré, grandíssimo bellaco», le respondió el Cojo enfurecido: y diciendo y haciendo, le levantó las faldas, y le assentó unos buenos azotes, repitiéndole á cada uno de ellos: anda para que otra vez no vengas á arremangarnos los livianos.

4. Todas estas lecciones las tomaba de memoria admirablemente nuestro Gerundico; y, como por otra parte en poco mas de un año aprendió á leer por libro, por carta, y por processo, y aun á hacer palotes, y á escribir de á ocho, el Maestro se empeñó en cultivarle mas y mas, enseñándole lo mas recóndito que él mismo sabia, y con lo que lo havia lucido en mas de dos convites de Cofradía, assistiendo á la mesa algunos Curas, que eran tenidos por los mayores Moralistones de toda la Comarca; y uno, que tenia en la uña todo el Lárraga,[17] yp. 27 era un hombre que se perdia de vista, se quedó embobado, haviéndole oído en cierta ocasion.

5. Fué pues el caso, que, como la fortuna ó la mala trampa deparaban al buen Cojo todas las cosas ridículas, y él tenia tanta habilidad para que lo fuessen en su boca las mas discretas, por no saber entenderlas, ni aprovecharse de ellas, llegó á sus manos, no se sabe como, una Comedia Castellana intitulada: el Villano Cavallero, que es copia mal sacada y peor zurcida, de otra que escribió en Francés el incomparable Moliere, casi con el mismo título. En ella se hace una graciosíssima burla de aquellos Maestros pedantes, que pierden el tiempo en enseñar á los niños cosas impertinentes y ridículas, que tanto importa ignorarlas como saberlas; y para esto se introduce al Maestro ó al Preceptor del repentino Cavallero, que con grande aparato, y ostentacion de voces, le enseña como se pronuncian las letras vocales, y las consonantes. El Cojo de mis pecados tomó de memoria todo aquel chistosíssimo passage; y como era tan cojo de entendederas, como de piés, entendióle con la mayor seriedad del mundo, y la que en realidad no es mas que una delicadíssima sátyra, se le representó como una leccion tan importante, que sin ella no podia haver Maestro de niños, que en Dios y en conciencia mereciesse serlo.

6. Un dia pues, haviendo corregido las planas mas aprisa de lo acostumbrado, llamó á Gerundico; hízole poner en pié delante de la mesa, tocó la campanilla á silencio, intimó atencion á todos los muchachos, y, dirigiendo la palabra al niño Gerundio, le preguntó con mucha gravedad: «Díme hijo, quantas son las letras?» Respondió el niño prontamente: «Señor Maestro, yo no lo sé, porque no las he contado.» — «Pues has de saber, continuó el Cojo, que son veinte y quatro, y si no cuéntalas.» Contólas el niño, y dixo con intrepidez: «Señor Maestro, en mi cartilla salen veinte y cinco.» — «Eres un tonto, le replicó el Maestro, porque las dos A a primeras no son mas que una letra, con forma ó con figura diferente.» Conoció que se havia cortado el chico, y para alentarle añadió: «no extraño que, siendo tú un niño, y no haviendo mas que un año que andas á la Escuela, no supiesses el número de las letras, porque hombres conozco yo, que están llenos de canas, se llaman doctíssimos, y se ven en grandes puestos, y no saben quantas son las letras del abecedario; pero assí anda el mundo!» Y al decir eso, arrancó un profundíssimo suspiro. «La culpa de esta fatal ignorancia la tienen las Repúblicas y los Magistrados, que admiten para Maestros de Escuela á unos idiotas, que no valian ni aun para monacillos; pero esto no es para vosotros, ni para aquí: tiempo vendrá en que sabrá el Rey lo que passa. Vamos adelante.»

7. «De estas veinte y quatro letras, unas se llaman bocales,p. 28 y otras consonantes. Las bocales son cinco, a, e, i, o, u: llámanse bocales, porque se pronuncian con la boca.» — «Pues acaso las otras, señor Maestro (le interumpió Gerundico con su natural viveza), se pronuncian con el cu…?» y díxolo por entero. Los muchachos se rieron mucho; el Cojo se corrió un poco, pero, tomándolo á gracia, se contentó con ponerse un poco sério, diciéndole: «no seas intrépido, y déxame acabar lo que iba á decir. Digo, pues, que las bocales se llaman assí, porque se pronuncian con la boca, y puramente con la voz; pero las consonantes se pronuncian con otras bocales. Esto se explica mejor con los exemplos. A, primera bocal, se pronuncia abriendo mucho la boca, A.» Luego que oyó esto Gerundico, abrió su boquita, y, mirando á todas partes, repetia muchas veces a, a, a: tiene razon el señor Maestro. Y este prosiguió: «la E se pronuncia acercando la mandíbula inferior á la superior, esto es, la quijada de abajo á la de arriba, e.» — «A ver, á ver como lo hago yo, señor Maestro, dixo el niño, e, e, e: a, a, a, e: Jesus, y qué cosa tan buena!» — «La i se pronuncia acercando mas las quijadas una á otra, y retirando igualmente las dos extremidades de la boca hácia las orejas, i, i.» — «Dexe usted, á ver si yo sé hacerlo? i, i, i.» — «Ni mas ni ménos, hijo mio, y pronuncias la i á perfeccion. La O se forma abriendo las quijadas, y despues juntando los labios por los extremos, sacándolos un poco hácia fuera, y formando la misma figura de ellos como una cosa redonda, que representa una o.» Gerundillo con su acostumbrada intrepidez luego comenzó á hacer la prueba y á gritar o, o, o: el Maestro quiso saber si los demas muchachos havian aprendido tambien las importantíssimas lecciones que los acababa de enseñar, y mandó que todos á un tiempo y en voz alta pronunciassen las letras que les havia explicado. Al punto se oyó una gritería, una confusion, y una algarabía de todos los diantres: unos gritaban, a, a; otros e, e; otros i, i; otros o, o. El Cojo andaba de banco en banco, mirando á unos, observando á otros, y emendando á todos: á este le abria mas las mandíbulas, á aquel se las cerraba un poco; á uno le plegaba los labios, á otro se los descosía; y en fin era tal la gritería, la confusion y la zambra, que parecia la Escuela, ni mas ni ménos, al Choro de la Santa Iglesia de Toledo en las Vísperas de la Expectacion.[18]

8. Bien atestada la cabeza de estas impertinencias, y muy aprovechado en necedades y en extravagancias, leyendo mal y escribiendo peor, se volvió nuestro Gerundio á Campazas, porque el Maestro havia dicho á sus padres, que ya era cargo de conciencia tenerle mas tiempo en la Escuela, siendo un muchacho, que se perdia de vista, y encargándoles que no dexassen de ponerle luego á la Gramática, porque havia dep. 29 ser la honra de la Tierra. La misma noche que llegó, hizo nuestro Escolin ostentacion de sus habilidades, y de lo mucho que havia aprendido en la Escuela, delante de sus Padres, del Cura del Lugar, y de un Frayle, que iba con Obediencia á otro Convento, porque de estos apénas se limpiaba la casa. Gerundico preguntó al Cura: «A que no sabe usted, quantas son las letras de la Cartilla?» El Cura se cortó, oyendo una pregunta, que jamas se la havian hecho, y respondió: «Hijo, yo nunca las hé contado.» — «Pues cuéntelas usted, prosiguió el chico, y va un ochavo á que, aun despues de haverlas contado, no sabe quantas son?» Contó el Cura veinte y cinco, despues de haverse errado dos veces en el a, b, c; y el niño, dando muchas palmadas, decia: «Ay! ay! que le cogí, que le gané, porque cuenta por dos letras las dos A a primeras, y no es mas que una letra escrita de dos modos diferentes.» Despues preguntó al Padre: «Vaya otro ochavo á que no me dice usted como se escribe burro; con b pequeña, ó con B grande?» — «Hijo, respondió el buen Religioso, yo siempre le he visto escrito con b pequeña.» — «No señor, no señor, le replicó el muchacho: si el burro es pequeñito, y anda todavía á la Escuela, se escribe con b pequeña; pero, si es un burro grande, como el Burro de mi padre, se escribe con B grande; porque dice señor Maestro, que las cosas se han de escribir como ellas son, y que por esso una pierna de baca se ha de escribir con una P mayor, que una pierna de carnero.» A todos les hizo gran fuerza la razon, y no quedaron ménos admirados de la profunda sabiduría del Maestro, que del adelantamiento del discípulo, y el buen Padre confessó, que, aunque havia cursado en las dos Universidades de Salamanca y Valladolid, jamas havia oído en ellas cosa semejante; y vuelto á Anton Zotes y á su muger, los dixo muy ponderado: «Señores hermanos, no tienen que arrepentirse de lo que han gastado con el Maestro de Villaornate, porque lo han empleado bien.» Quando el niño oyó arrepentirse, comenzó á hacer grandes aspamientos, y á decir: «Jesus! Jesus! qué mala palabra! arrepentirse! no señor, no señor, no se dice arrepentirse, ni cosa que lleve arre; que esso, dice señor Maestro, que es bueno para los burros, ó para las Ruecas (Requas querrás decir, hijo, le interrumpió Anton Zotes, cayéndosele la baba): Sí señor, para las Requas, y no para los Christianos; los quales debemos decir enrepentir, enremangar, enreglar el papel, y cosas semejantes.» El Cura estaba aturdido; el Religioso se hacia cruces; la buena de la Catanla lloraba de gozo; y Anton Zotes no se pudo contener sin exclamar: Vaya, que es bobada! que es la frase con que se pondera en Cámpos una cosa nunca vista ni oída.

9. Como Gerundico vió el aplauso, con que se celebraban sus agudezas, quiso echar todos los registros, y, volviéndosep. 30 segunda vez al Cura, le dixo: «Señor Cura, pregúnteme usted de las bocales y de las consonantes.» El Cura, que no entendia palabra de lo que el niño queria decir, le respondió: De qué brocales, hijo? del brocal del pozo del Humilladero, y del otro que está junto á la Hermita de San Blas? — «No señor; de las letras consonantes, y de las bocales.» Cortóse el bueno del Cura, confessando, que á él nunca le havian enseñado cosas tan hondas. «Pues á mí sí», continuó el niño, y de rabo á oreja, sin faltarle punto ni coma, los encajó toda la ridícula arenga, que havia oído al Cojo de su Maestro sobre las letras vocales y consonantes; y en acabando, para ver si la havian entendido, dixo á su madre: «Madrica, como se pronuncia la A?» — «Hijo, como se ha de pronunciar: assí, A, abriendo la boca.» — «No madre; pero como se abre la boca?» — «Como se ha de abrir, hijo, de esta manera, A.» — «Que no es esso, señora: pero, quando usted la abre para pronunciar la A, qué es lo que hace?» — «Abrirla, hijo mio», respondió la boníssima Catanla. — «Abrirla! esso qualquiera lo dice: tambien se abre para pronunciar E, y para pronunciar I, O, U, y entónces no se pronuncia A. Mire usté, para pronunciar A, se baxa una quijada, y se levanta otra, de esta manera»: y, cogiendo con sus manos las mandíbulas de la madre, la baxaba la inferior, y la subia la superior, diciéndola, que quanto mas abriesse la boca, mayor seria la A que pronunciaria. Hizo despues, que el padre pronunciasse la E, el Cura la I, el Frayle la O, y él escogió por la mas dificultosa de todas la pronunciacion de la U, encargándolos, que todos á un tiempo pronunciassen la letra que tocaba á cada uno, levantando la voz todo quanto pudiessen, y observando unos á otros la postura de la boca, para que viessen la puntualidad de las reglas, que le havia enseñado el Señor Maestro. El metal de las voces era muy diferente; porque la Tia Catanla la tenia hombruna y carraspeña; Anton Zotes, clueca y algo aternerada; el Cura, gangosa y tabacuna; el Padre, que estaba ya aperdigado para Vicario de Choro, corpulenta y becerril; Gerundico, atiplada y de chillido. Comenzó cada uno á representar su papel y á pronunciar su letra, levantando el grito á qual mas podia: hundíase el quarto; atronábase la casa; era noche de Verano, y todo el Lugar estaba tomando el fresco á las puertas de la calle. Al estruendo y á la algazara de la casa de Anton Zotes, acudieron todos los vecinos, creyendo que se quemaba, ó que havia sucedido alguna desgracia: entran en la sala; prosiguen los gritos descompasados: ven aquellas figuras; y, como ignoraban lo que havia passado, juzgan que todos se han vuelto locos. Ya iban á atarlos, quando sucedió una cosa, nunca creída ni imaginada, que hizo cessar de repente la gritería, y por poco no convirtió la música en responsos.p. 31 Como la buena de la Catanla abria tanto la boca para pronunciar su A, y naturaleza liberal la havia proveído de este órgano abundantíssimamente, siendo muger que de un bocado se engullia una pera de donguindo hasta el pezon, quiso su desgracia que se la desencajó la mandíbula inferior tan descompassadamente, que se quedó hecha un mascaron de retablo, viéndosela toda la entrada del esóphago y de la traquiarteria, con los conductos salivales, tan clara y distintamente, que el Barbero dixo descubria hasta los vasos lympháticos, donde excretaba la respiracion. Cessaron las voces; assustáronse todos; hiciéronse mil diligencias para restituir la mandíbula á su lugar; pero todas sin fruto, hasta que al Barbero le ocurrió cogerla de repente, y darla por debaxo de la barba un cachete tan furioso, que se la volvió á encajar en su sitio natural, bien que, como estaba desprevenida, se mordió un poco la lengua, y escupió algo de sangre. Con esto paró en risa la funcion; y, haviéndose instruído los concurrentes del motivo de ella, quedaron pasmados de lo que sabia el niño Gerundio, y todos dixeron á su padre que le diesse estudios, porque sin duda havia de ser Obispo.

CAPITULO VII.
Estudia gramática con un Dómine, que, por lo que toca al entendimiento, no se podia casar sin dispensacion con el Cojo de Villaornate.

En esso estaba ya Anton Zotes; pero toda la duda era, si le havia de enviar á Villagarcía, ó á cierto Lugar no distante de Campazas, donde havia un Dómine, que tenia aturdida toda la Tierra, y muchos decian, que era mayor Latino que el famoso Taranilla. Pero la Tia Catanla se puso como una furia, diciendo, que primero se havia de echar en un pozo, que permitir, que su hijo fuesse á Villagarcía, á que se le matassen los Theatinos; porque su marido toadía tenia las señales de una guelta de azotes, que le havian dado en junta de Generales, solo porque de quando en quando bebia dos ó tres azumbres de vino mas de las que llevaba su estógamo, y porque se iba á divertir con las mozas del Lugar, que todas eran niñerías, y cosas que las hacen los mozos mas honrados, sin que pierdan por esso casamiento, ni dexen de cumplir honradamente con la Perrochia, como qualquiera Christiano viejo. Con esto, por contentarla, se determinó finalmente, que el muchacho fuesse á estudiar con el Dómine; y mas, que Anton Zotes afirmaba con juramento, que solo él havia construído la elegante Dedicatoria de su hermano el Gymnasiarca, sin errar punto: cosa, que no havian hecho los mayores Morap. 32listas de todo el Páramo, ni ninguno de quantos Religiosos doctos se havian hospedado en su casa, aunque algunos de ellos havian sido Definidores.[19]

2. Luego, pues, que llegó San Lucas, el mismo Anton llevó á su hijo á presentársele y á recomendársele al Dómine. Era este un hombre alto, derecho, seco, cejijunto, y populoso; de ojos hundidos, nariz adunca y prolongada, barba negra, voz sonora, grave, pausada, y ponderativa, furioso tabaquista, y perpetuamente aforrado en un tabardo talar de paño pardo, con uno entre becoquin y casquete de cuero rayado, que en su primitiva fundacion havia sido negro, pero ya era del mismo color, que el tabardo. Su conversacion era taraceada de latin y de romance, citando á cada passo dichos, sentencias, hemistichios, y versos enteros de Poetas, Oradores, Historiadores, y Gramáticos Latinos antiguos y modernos, para apoyar qualquiera friolera. Díxole Anton Zotes, que aquel muchacho era hijo suyo, y que como padre queria darle la mejor crianza, que pudiesse. «Optime enim vero, le interrumpió luego el Dómine, essa es la primera obligacion de los padres, maxime quando Dios les ha dado bastantes conveniencias. Díxolo Plutarco: Nil antiquius, nil parentibus sanctius, quam ut filiorum curam habeant: iis præsertim quos Pluto non omnino insalutatos reliquit.» Añadió Anton Zotes, que él havia estudiado tambien su poco de Gramática, y queria que su hijo la estudiasse. «Qualis pater, talis filius, le replicó el Preceptor: aunque mejor lo dixo el otro, hablando de las madres y de las hijas:

De Meretrice puta, quod sit semper filia puta,
Nam sequitur leviter filia matris iter.
Lo que ya Vm. ve, quan fácilmente se puede acomodar á los hijos respecto de los padres; y obiter sepa Vm., que á estos llamamos nosotros versos Leoninos; porque, assí como el Leon (animal rugibile le define el Philósopho), quando enrosca la cola, viene á caer la extremidad de ella (cauda caudæ, cola de la cola la llamé yo en una Dedicatoria á la Ciudad de Leon) sobre la mitad del cuerpo ó de la espalda de la rugible fiera; assí la cola del verso, que es la última palabra, como que se enrosca y viene á caer sobre la mitad del mismo verso. Nótelo Vm. en el exámetro; puta-puta: clavado; despues en el pentámetro: iter-leviter, de quien iter es eco. Porque, aunque un moderno (quos Neotericos dicimus cultissimi Latinorum) quiera decir, que esto de los ecos es invencion pueril, ridícula, y de ayer acá; pace tanti viri, le diré yo en sus mismas barbas, que ya en tiempo de Marcial era muy usado entre los Griegos, juxta illud: Nusquam Græcula quod recantat echo. Y si fuera menester citar á Aristóteles, á Eurípides, á Callímaco, y aunp. 33 al mismo Gauradas, que no porque sea un Poeta poco conocido, dexa de tener mas de dos mil años de antigüedad, yo le haria ver luce meridiana clarius, si era ó no era invencion moderna esto de los ecos: y luego le preguntaria, si era verisímil, que inventasse una cosa pueril y ridícula un hombre que se llamaba Gauradas. O furor! O insania maledicendi!»

3. — «Pues, señor, prosiguió Anton Zotes, este niño muestra mucha viveza, aunque no tiene mas que diez años.» — «Ætas humanioribus litteris aptissima (interrumpió el Pedante), como dixo Justo Lipsio; y aún con mayor elegancia en otra parte: decennis Romanæ linguæ elementis maturatus. Porque, si bien es verdad, que de essa, y aun de menor edad se han visto en el mundo algunos niños, que ya eran perfectos Gramáticos, Rhetóricos, y Poetas (quos videre sis apud Anium Viterbiensem de præcocibus mentis partubus); pero essos se llaman con razon monstruos de la naturaleza: monstrum horrendum, ingens. Y Quinto Horacio Flacco (quem Lyricorum Antistitem extitisse mortalium nemo iverit inficias) no gustaba de essos frutos anticipados, pareciéndole que casi siempre se malograban; y assí solemne erat illi dicere: odi puero præcoces fructus.» — «Y el Cojo de Villaornate, que fué su Maestro…» (iba á proseguir el buen Anton). — «Tenga Vm., le cortó el enlatinizado Dómine: Siste gradum, viator. El Cojo de Villaornate fué Maestro de este niño?» — «Sí, señor,» respondió el padre. — «O fortunate nate! exclamó el eruditíssimo Preceptor. O niño mil veces afortunado! Muchos Cojos famosos celebró la antigüedad, como lo avrá leído Vm. en el curiosíssimo tratado de Claudis non claudicantibus, de los Cojos que no cojearon, tomando el presente por el pretérito, segun aquella figura rhetórica, præsens pro præterito, á quien nosotros llamamos Enalage: tratado que compuso un Prevoste de los Mercaderes de Leon de Francia, llamado Monsiur Pericon, porque, sépalo usted de passo, en Francia hasta los Pericones son Monsiures, y pueden ser Prevostes. Imo potius, sin recurrir á tiempos antiguos, novissimis his temporibus, en nuestros dias huvo en la misma Francia un celebérrimo Cojo, llamado Gil Menage, que, aunque no fué cojo natura sua, al fin, sea como se fuesse, él fué cojo real y verdadero, esto es, cojo realiter & a parte rei, como se explica con elegancia el philósopho; y no obstante de ser cojo, él era hombre sapientíssimo: Sapientissimus claudorum quotquot fuerunt & erunt, que dixo doctamente Plinio el mozo. Pero, meo videri, en mi pobre juicio todos los cojos antiguos y modernos fueron cojos de teta, respecto del cojo de Villaornate; hablo, intra suos limites, en su linea de Maestro de Niños; y por esso dixe, que este niño havia sido mil veces afortunado en tener tal Maestro: O fortunate nate!»

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4. — «No lo es ménos, prosiguió Anton Zotes, en que Vm. lo sea suyo.» — «Non laudes hominem in vita sua; lauda post mortem, dixo mesurado el Dómine. Son palabras del Espíritu Santo, pero mejor lo dixo el Profano:

Post fatum laudare decet, dum gloria certa.»
— «Señor Preceptor, mejor que el Espíritu Santo!» le preguntó Anton Zotes. — «Pues qué! ahora se escandaliza Vm. de esso? Quantas veces lo havrá oído en essos Púlpitos á Predicadores, que se pierden de vista? Assí el Profeta Rey; assí Jeremias; assí Pablo; pero yo de otra manera. Esso qué quiere decir sino: pero yo lo diré mejor? Præterquam quod: yo no digo que el dicho sea mejor, sino que está mejor dicho, porque las palabras de la Sagrada Escritura son poco á propósito para confirmar las reglas de la Gramática: Verba Sacræ Scripturæ Gramaticis exemplis confirmandis parum sunt idonea.» — «Esso ya lo leí yo en no sé qué libro, quando estudiaba en Villagarcía, replicó el buen Anton, y cierto que no dexé de escandalizarme.» — «A esse llaman los Theólogos, dixo el Dómine, scandalum pusillorum, escándalo de parvulillos; y aunque dicen que no debe despreciarse, y en este particular me parece que llevan razon, pero tambien dicen ellos otras mil cosas harto despreciables, por mas que ellos las digan.»

5. — «Yo no me meto en essas honduras, respondió el bonazo de Anton Zotes: y lo que suplico á Vm. es, que me cuide de este muchacho, que yo cuidaré de agradecérselo, y que le mire como si fuera padre suyo.» — «Prima magistrorum obligatio, respondió el Dómine, quos discipulis parentum loco esse decet, dixo á este intento Salustio. Es la primera obligacion del Maestro tratar á los discípulos como hijos, porque ellos están en lugar de padres. Y díme, hijo, le preguntó al niño Gerundio, mirándole entre recto y cariñoso, has estudiado algunos Cánones Gramaticales?» — «No señor, respondió el chico prontamente; los cañones que yo traigo no son Grajales, que son plumas de pato, que mi madre se las quitó á un pato grande, que tenemos en casa: no es assí, padre?» Sonrióse el Preceptor de la viveza y de la intrepidez del muchacho, y le dixo: «non quæro a te hoc, no te pregunto esso; pregúntote, si trahes alguna talega?» — «Señor, la talega era quando andaba en sayas; pero, despues que me puso calzones, me la quitó Señora madre.» — «Non valeo a risu temperare, dixo el Dómine, y enmedio de su grande seriedad soltó una carcajada, añadiendo: ingenium errando probat, aun en los desaciertos muestra su viveza. Hijo, lo que te pregunto es, si has estudiado algo del Arte?» — «Ah! esso sí Señor: ya llegué hasta Musa, æ.» — «No has de decir assí, querido; sino Musa, Musæ.» — «No Señor, no Señor: mi Arte no dice Musa, Musæ,p. 35 sino Musa, æ.» — «Vaya, segun esso has estudiado en el Arte de Nebrija?» — «No, Señor, en mi Arte no está pintada ninguna Lagartija, sino un Leon muy guapo; mírele usté», y enseñóle el Leon, emblema, ó insignia de la Oficina, que está en la llana del fróntis.

6. No dexaron de caer en gracia á la rectíssima severidad del Preceptor las candideces de Gerundico; pero volviéndose al padre, le dixo en tono ponderativo: «Ecce tibi sebosus. Ve aquí uno de los errores tan crassos, como velas de sebo, que yo noto en este Arte de Nebrija, ó de la Cerda, de que usan los Padres de la Compañía, con quienes tambien estudié yo. Es cierto que son Varones sapientíssimos, pero son hombres, y hominum est errare: son agudos, son buenos ingenios, y muy despiertos; pero muy despierto y muy bueno fué el ingenio de Homero, y con todo esso quandoque bonus dormitat Homerus. Lo primero, comenzar la Gramática por Musa, Musæ, es comenzar por donde se ha de acabar: cæpisti qua finis erat: porque las Musas, esto es la Poesía, es lo último, que se ha de enseñar á los muchachos, despues de la Rhetórica. Argumento es este, que le he puesto á muchos Jesuítas, claríssimos Varones, y ninguno ha sabido responderme. Pero qué me havian de responder, si no tiene respuesta? Deinde, en la impression de muchos Artes, en lugar de poner Nominativo Musa, Genitivo Musæ, Dativo Musæ, Accusativo Musam, todo á la larga y por extenso; por ahorrar papel lo ponen en abreviatura: Nom. Musa. Gen. æ. Dat. æ. Accus. am. Y qué sucede? ó que los pobres chicos lo pronuncian assí, quod video quam sit ridiculum; que sea menester gastar tiempo malamente en enseñárselo á pronunciar; & nihil est tempore pretiosius. Pero, donde se palpan ad oculum los inconvenientes de estas abreviaturas, son en los Thesauros, ya sea de Salas, ya de Requejo. Va un niño á buscar un nombre, exempli causa, qué hay por Madre, y en lugar de encontrar mater, matris, halla mater, tris. Quiere saber qué hay por enviar, y en vez de hallar mitto, mittis, encuentra mitto, is. Busca qué hay por camisa, y en lugar de subucula, subuculæ, no lee mas que subucula, æ. Antójasele, como al otro muchacho, escribir á su madre una carta latina, para darla á entender lo mucho que havia aprovechado, en la qual la dice, que la envía una camisa sucia, para que se la lave, y encájala esta sarta de disparates: Mater, tris; mitto, is; subucula, æ; ut labo, as. Quid tibi videtur? Qué le parece á Vm. señor Anton Zotes?» — «Qué me ha de parecer? que, aunque havia oído mil cosas de la estupendíssima sabiduría de usted, y yo tenia alguna experiencia, pero haviéndole oído ahora, me he quedado aturdido, y, en llegando á mi Lugar, he de dar muchas gracias á la mi Catanla, porquep. 36 me quitó de la cabeza el unviar al mi Gerundio á Villagarcía; pues, dempues de Dios, á ella se le debe el que m’ijo mereza tener tan doctíssimo Maestro.» Con esto se despidió del Preceptor, dexó á su hijo en una posada, y se restituyó á Campazas, donde luego que llegó, dixo á su muger y al Cura, que le estaban esperando á la puerta de la calle, que, si Gerundico havia tenido fortuna en topar con el Cojo de Villaornate, mas enfortunado havia sido entoadía en dar con un Maestro, como el Dómine, con quien le dexaba, porque era un Latino de todos los diantres, y que todos los Theatinos de Villagarcía juntos no llegaban al zancajo de su sabiduría. «Déxelo, señor, aquello era una Gabilonia: mas de una hora estuvimos palrando mano á mano, y á cada palabra, que yo le decia, luego me sacaba un rimero de testos en latin, que no parecia sino que los trahia en el balsopeto de una enguarina muy larga que tenia puesta. Por fin y por postre, el Cojo de Villaornate bien puede ser el Tuauten de los Maestros de Escuela; pero en linia de Preceptor, el Dómine de Villamandos es el per omnia secula seculorum, y miéntras Cámpos sea Cámpos, no havrá quien le desquite.»

7. Con efecto el paralelo no podia ser mas justo; porque, si el cultíssimo Cojo tenia una innata propension á todo lo extravagante en órden á la ortographía, y á la propiedad de la lengua Castellana, el Latiníssimo Dómine no podia tener gusto mas estrafalario en todo lo que tocaba á la Latinidad, comenzando por la Ortographía Latina, y acabando por la Poesía. A la verdad él entendia medianamente los Autores, y havia leído muchos; pero pagábase de lo peor, y sobre todo le caían mas en gracia los que eran mas retumbantes, y mas ininteligibles. Preferia la afectada pomposidad de Amiano y Plinio el mozo, á la grave magestad de Ciceron; la obscuridad y la dureza de Valerio Máximo, á la dulce elegancia de Tito-Livio; los entusiasmos de Estacio, á la elevacion sublime y juiciosa de Virgilio: decia que Marcial era un insulso, respecto de Catulo, y que todas las gracias del inimitable Horacio no merecian descalzar el menor de los chistes de Plauto. Los cortadillos de Séneca le daban grandíssimo gusto; pero de quien estaba furiosamente enamorado era de aquel sonsonete, de aquel paloteado, de aquellos triqui-traques del estilo de Cassiodoro; y, aunque no le havia leído sino en las aprobaciones de los libros, se alampaba por leerlas, assegurado de que hallaria pocas, que no estuviessen empedradas de sus cultíssimos fragmentos, porque Aprobacion sin Cassiodoro es lo mismo, que Sermon sin Agustino, y olla sin tocino.

8. Para él no havia cosa como un libro, que tuviesse título sonoro, pomposo, y altisonante, y mas si era alegórico, y estaba en él bien seguida la alegoría. Por esso hacia una suprema estimacion de aquella famosa obra, intitulada: Pentap. 37contarchus, sive quinquaginta militum ductor; stipendiis Ramirezii de Prado conductus, cujus auspiciis varia in omni Litterarum ditione monstra profligantur, abdita panduntur, latebræ ac tenebræ pervestigantur & illustrantur. Quiere decir: El Pentacontarcho, esto es, el Capitan de cinquenta Soldados, á sueldo de Ramirez de Prado, con cuyo valor y auspicio se persiguen y se ahuyentan varios monstruos de todos los dominios de la Literatura, se descubren cosas no conocidas, se penetran los senos mas ocultos, y se ilustran las mas densas tinieblas. Porque, si bien es verdad, que el título no puede ser mas ridículo, y mas quando nos hallamos con que todo el negocio del señor Pentacontarcho se reduce á impugnar cinquenta errores, que al bueno de Ramirez de Prado le pareció haver encontrado en varias facultades; y no embargante de que á la tercera paletada se le cansó la alegoría, pues no sabemos que hasta ahora se hayan levantado Regimientos ni Compañías de Soldados, para salir á caza de monstruos ni de fieras, y mucho ménos que sea incumbencia de la Soldadesca examinar escondrijos, ni quitar el oficio á los candiles, á cuyo cargo corre esto de desalojar las tinieblas; pero el bendito del Dómine no reparaba en estas menudencias, y atronado con el estrepitoso sonido de Pentacontarcho, Capitan, Soldados, y estipendio, decia á sus discípulos, que no se havia inventado título de libro semejante, y que este era el modo de bautizar las obras en estilo culto y sonoroso. Por el mismo principio le caía muy en gracia aquella parentacion latina, que se hizo en la muerte de cierto personage llamado Fol de Cardona, Varon pio y favorecido con muchos consuelos celestiales; á la qual se la puso este oportuníssimo título: Follis spiritualis, vento consolatorio turgidus, acrophytio Sacræ Scripturæ armatus, manuque Samaritani applicatus. Es decir: Fuelle espiritual, hinchado con el viento de la consolacion, aplicado al Organo de la Sagrada Escritura, siendo su entonador el Samaritano. «Quien hasta ahora, decia el Pedantíssimo Preceptor, ha excogitado cosa mas discreta ni mas elegante? Si alguna pudiera competirla, era el incomparable título de aquel eloquentíssimo libro, que se imprimió en Italia á fines del siglo passado, con esta harmoniosa inscripcion: Fratrum Roseæ crucis fama scancia redux, buccina jubilæi ultimi, Evæ hyperboleæ prænuncia, montium Europæ cacumina suo clangore feriens, inter colles & valles Araba resonans: Fama recobrada de los hermanos de la Roja Cruz; Trompeta sonora del último Jubiléo, precursora de la hyperbólica Eva, cuyos ecos, hiriendo en las cumbres de los montes de Europa, retumban en los valles y en las concavidades de Arabia. Esto es inventar y elevarse, que lo demas es arrastrar por el suelo. Y no que los preciados de críticos yp. 38 de cultos han dado ahora en estilar unos títulos de libros tan sencillos, tan claros, y tan naturales, que qualquiera vejezuela entenderá la materia de que se trata en la obra á la primera ojeada, queriéndonos persuadir, que assí se debe hacer, que lo demas es pedantería, nombre sucio y mal sonante.» Y al decir esto se espritaba de cólera el enfurecido Dómine. «Por toda razon de un gusto tan ratero y tan vulgar, nos alegan, que ni Ciceron, ni Tito-Livio, ni Cornelio Nepote, ni algun otro Autor de los del Siglo de Augusto, usaron jamas de títulos rumbosos, sino simples y naturales. Ciceronis Epistolæ: Orationes Ciceronis: Cicero de Officiis: Historia Titi-Livii: Annales Cornelii Taciti; y daca el Siglo de Augusto, torna el Siglo de Augusto, que nos tienen ensiglados y en-Augustados los sessos, como si en todos los Siglos no se huvieran estilado hombres de mal gusto, y que cometieron muchos yerros, como lo dice expressamente la Iglesia en una oracion que comienza: Deus qui errantibus, y acaba: per omnia secula seculorum. Digan Ciceron, Tito-Livio, y Tácito, y cien Tácitos, cien Tito-Livios, y cien Cicerones lo que quisieren, todo quanto ellos hicieron no llega al carcañal de aquella estupendíssima obra, intitulada: Amphitheatrum sapientiæ æternæ, solius, veræ, Christiano-Cabalisticum, divino-Magicum, necnon Physico-Chymicum, ter-triunum-Catholicum; instructore Henrico Conrath: Amphiteatro de la Sabiduría eterna, única, verdadera, Christiano-cabalístico, divino-Mágico, Phýsico-Chýmico, uni-trino-Cathólico, construído ó fabricado por Henrico Conrath. Que me den en toda la antigüedad, aunque entre en ella su Siglo de Augusto, cosa que se le parezca. Dexo á un lado aquella oportunidad de adjetivos encadenados, cada qual con su esdrújulo corriente, que son comprehensivos de todas las materias tratadas en el discurso de la obra. Despues de haverla llamado á esta Amphiteatro, qué cosa mas aguda, ni mas oportuna, ni mas al caso, que decir construído, fabricado, y no escrito, ni compuesto por Henr. Conrath, siguiendo la alegoría hasta la última boqueada? Si este no es primor, que me quiten á mí el crisma de la verdadera Latinidad.»

CAPITULO VIII.
Sale Gerundio de la escuela del Dómine, hecho un Latino horroroso.

Despues de haverse echado el Preceptor á sí mismo tan terrible maldicion, que, si por nuestros pecados le huviera comprehendido, quedaria la Latinidad Preceptoril defraudada de uno de sus mas ridículos ornamentos, passaba á instruir á sus discípulos de las buenas partes, de que se compone unp. 39 Libro latino. «Despues del título del Libro, los decia, se siguen los títulos ó los dictados del Autor; y assí como la estruendosa, magnífica, é intrincada retumbancia del título excita naturalmente la curiosidad de los Lectores; assí los dictados, títulos, y empléos del Autor dan desde luego á conocer á todo el mundo el mérito de la Obra. Porque claro está, que viendo un Libro compuesto por un Maestro de Theología, un Cathedrático de Prima, y mas si es del Gremio y Claustro de alguna Universidad, por un Abad, por un Prior, por un Definidor: pues qué si se le añade un Ex á muchos de sus dictados, como Ex-Definidor, Ex-Provincial, &c. y se le junta que es Theólogo de la Nunciatura, de la Junta de la Concepcion, Consultor de la Suprema, Predicador de su Magestad de los del Número: sobre todo, si en los títulos se leen media docena de Protos, con algunos pocos de Archis, como Proto-Médico, Proto-Philo-Mathemático, Proto-Chýmico, Archi-Historiógrapho? De contado es una grandíssima recomendacion de la Obra, y qualquiera, que tenga el entendimiento bien puesto, y el juicio en su lugar, no ha menester mas para creer, que un Autor tan condecorado no puede producir cosa, que no sea exquisitíssima; y entra á leer el Libro ya con un conceptazo de la sabiduría del Autor, que le aturrulla. Bien hayan nuestros Españoles, y tambien los Alemanes, que en esso dan buen exemplo á la República de las Letras; pues, aunque no impriman mas que un Folleto, sea en latin, sea en romance, un Sermoncete, una Oracioncilla, y tal vez una mera Consulta Moral, ponen en el fróntis todo lo que son, y todo lo que fueron, y aun todo lo que pudieron ser, para que el Lector no se equivoque, y sepa quien es el sugeto que le habla; que no es ménos que un Lector Jubilado, un Secretario General, un Visitador, un Provincial, y uno que estuvo consultado para Obispo. Assí debe ser; pues sobre lo que esto cede en recomendacion de la Obra, se adelanta una ventaja, que pocos han reflexionado dignamente. Hoy se usan en todas partes Bibliothecas de los Escritores de todas las Naciones, en que á lo ménos es menester expressar la patria, la edad, los empléos, y las obras que dió á luz cada Escritor, de quien se trata. Pues con esta moda de poner el Escritor todos sus dictados, y mas, si tienen cuidado de declarar la patria donde nacieron, como loablemente lo practican muchos, por no defraudarla de essa gloria, diciendo: N. N. Generosus Valentinus, Nobilis Cesaraugustanus, clarissimus Cordubensis, & reliqua, ahorran al pobre Bibliothechista mucho trabajo, pesquisas y dinero; porque, en abriendo qualquiera Obra del Escritor, halla su vida escrita por él mismo, ante todas cosas.»

2. «Y aun por esso, no solo no condeno, sino que alabo muchíssimo á ciertos Escritores modernos, que, si se ofrecep. 40 buena ocasion, se dexan caer en alguna obrilla suya la noticia de las demas Obras, que ántes dieron á luz, ya para que allí las encuentre juntas el curioso, y ya para que algun malsin no les prohije partos, que no son suyos, pues por la diversidad del estilo se puede sacar concluyentemente la suposicion del hijo espurio. Por este importantíssimo motivo se vió precisado á dar individual noticia de todas, ó casi todas las producciones, con que hasta allí havia enriquecido á la República Literaria cierto Escritor Neotérico, culto, terso, aliñado y exactíssimo Ortográphico hasta la prolixidad, y hasta el escrúpulo. Un Autor Columbino y Serpentino, que todo lo juntaba, pues decia el Pericon mismo, que se llamaba Fr. Columbo Serpiente, dió á luz un papelon, que se intitulaba: Derrota de los Alanos, contra el doctíssimo, el eloquentíssimo, y el modestíssimo M. Soto-Marne; pues no porque el Rey y el Consejo sean de parecer contrario, y le huviessen negado la licencia de escribir ó de imprimir contra esse pobre hombre del Maestro Feyjoó, nos quitan á los demas la libertad de juzgar lo que nos pareciere. Sospechóse y díxose en cierta Comunidad que el Autor del tal derrotado ó derrotador papel era Fulano. Ya se ve, qué injuria mas atroz, que esta sospecha! ni qué agravio mas público, que el discurso de quatro amigos en la Celda de un Convento! Monta en cólera el irritadíssimo Doctor: enristra la pluma, y escribe una Carta dirigida á cierto hermano suyo, que era casi-Lector en aquella Comunidad: dala á la estampa, y espárcela por España, para que venga á noticia de todos su agravio, y su satisfaccion, que sin duda era grandíssima. Y despues de haver tratado á la tal Derrota como merecia, llamándola derrota de la conciencia y la urbanidad, derrota de la lengua Castellana, derrota de la erudicion, derrota d’el gracejo, derrota d’el méthodo, derrota de la Ortographía, y derrota al fin de todas las derrotas, que toman las nobles plumas en el mar de la Crítica y de las Letras, añade: Nada hai en ella, que pueda llamarse cosa mia. Ni locucion, ni phrase, ni contextura, ni transiciones, ni el modo de traher las noticias, ni la falta de aliño, ni la impropiedad de las voces, ni la grosería d’el dicterio, ni lo ramplon de unos apodos, i la improporcion de otros: i para decirlo de una vez, ni aquella falta de aire subtilíssimo, que dá en los escritos á conocer sus Auctores, i no lo perciben mas que los entendimientos bien abiertos de poros. Que es lo mismo que decir: Hermano, si tus Frayles no fueran tan cerrados de poros, ó no tuvieron el entendimiento constipado, á mil leguas olerian, que no era, ni podia ser obra mia essa derrota; porque en todas mis Obras la locucion es tersa, la phrase culta, la contextura natural, las transiciones ni de encaje, el modo de traherp. 41 las noticias, ni aunque vinieran en silla de manos; las voces propiíssimas, los dicterios delicados, los apodos no ramplones, sino con mas de quatro dedos de tacon. Aunque no fuera mas que por la Ortographía, qualquiera, que no estuviesse arromadizado, podria oler, que, si fuera cosa mia la Derrota, no permitiria, que se imprimiesse como se imprimió, aunque supiera quedarme sin borla. Permitir yo, que se escribiesse la conjuncion con la y Griega, y no con i Latina! Tolerar que en mis Obras se estampasse de el Padre, de la agua, de ayer acá, y no con el apóstrophe, que las dá tanta sal y tanto chiste, escribiendo d’ayer acá, de l’agua, d’el Padre! Vaya, que es falta de criterio, y no tener olfato para percibir aquel ayre subtilíssimo, que dá en los escritos á conocer sus Auctores: y el que no conociere, que mis escritos están llenos de este ayre, no vale para podenco; declárole por mastin.»

3. «Prueba perentoria de quanto digo sean mis producciones. Ahora entra lo que ántes os decia (continuaba el Dómine, hablando con sus discípulos) del cuidado que tienen los Escritores de mejor nota, no solo de authorizar sus Obras con todos sus dictados, sino de dexarse caer en alguna de ellas la importante noticia de todas las que las han precedido. Y no hablando de las Latinas, que á la sazon quando se escribió dicha Carta, se sabe que serian como media docena de Arengas, y otra tanta porcion de Dedicatorias: De las Hespañolas en prosa i verso (prosigue nuestro Autor), unas guardan clausura en el retiro de mi Celda…. otras andan como vergonzantes, embozadas siempre con los retazos de un acertijo, cuyo ribete es un anagramma: otras, en fin, llevan todo el tren de mis nombres i apellidos, campanillas i cascabeles. Y haveis de saber, hijos (interrumpia aquí el socarron del Dómine), que en esto de cascabeles son muchos los que los tienen. D’este calibre son (esto es, del calibre de los cascabeles) la aprobacion, que dí á un Sermon del P. M…. la que hice al Sermon de… la que está en el libro de las siestas de… una Oracion que pronuncié en el Capítulo de mi Orden, otra que dixe en las Exequias de… el libro de las siestas de… Y qué sé yo qué mas! Veis aquí una noticia curiosa, individual, y menuda de unas obras de grandíssima importancia, que qualquiera Autor que mañana quiera proseguir la Bibliotheca Hispana de Don Nicolas Antonio, las encuentra á mano en esta Carta, y por lo ménos hasta el año de 1750 sabe puntualmente todas las obras, que dió á luz nuestro gravíssimo Escritor, con sus nombres, apellidos, campanillas, y cascabeles.»

4. «Yo bien sé, que algunos Críticos modernos hacen gran burla de esta moda, tratándola de charlatanería y de titulomanía, con otras voces dissonantes, y piarum aurium ofensivas,p. 42 pretendiendo, que es una vana ostentacion, y muy impertinente para dar recomendacion á la obra, pues dicen, que esta no se hace recomendable por los dictados del Autor, sino por lo bien ó mal dictada, que esté ella. Trahen-nos el exemplar de los Franceses y de los Italianos, que por lo comun nunca ponen mas que el nombre, el apellido, y á lo mas la profession del Autor, aun en las obras mas célebres y de mas largo aliento (gústame mucho esta phrase), como: Historia Romana por Monsieur Rollin. Mabillon, Benedictino, de la Congregacion de S. Mauro, de Re diplomatica. Historia Ecclesiástica, por el Abad Fleuri. Specimen Orientalis Ecclesiæ, Autore Joanne Bapt. Salerno, Societ. Jesu. Y aún nos quieren tambien decir, que los títulos, assí magníficos como ridículos, que han tomado algunas Academias, especialmente de Italia, no son mas que una graciosa sátyra, con que se ríen de los títulos, con que salen á la luz pública algunos Autores phantasmas: y que por esso unas Academias se llaman de los Seráphicos, de los Elevados, de los Inflamados, de los Olýmpicos, de los Parthénicos, de los Entronizados; y otras por el contrario, de los Obscuros, de los Infecundos, de los Obstinados, de los Ofuscados, de los Ociosos, de los Somnolientos, de los Inhábiles, de los Phantásticos. Pero, digan lo que quisieren estos desenterradores de las costumbres, usos, y ritos mas loables, y estos grandíssimos bufones y burladores de las cosas mas sérias, mas establecidas, y mas generalmente recibidas de hombres graves, doctos, y pios, yo siempre me tiraré á un libro, cuyo Autor salga con la comitiva de una docena de dictados, que acrediten bien sus estudios y su literatura, ántes que á otro, cuyo Autor parece, que sale al theatro en carnes vivas, y que no tiene siquiera un trapo, con que cubrir su desnudez. Esto parece que es escribir en el estado de la innocencia, y ya no estamos en esse estado. Obras de Fr. Luis de Granada, del Orden de Predicadores. Miren qué insulsez! Y qué sabemos quien fué esse Fr. Luis? Obras del P. Luis de la Puente, de la Compañía de Jesus. Otro que tal! Y por donde nos consta, que este Padre no fué por ahí algun Grangero ó Procurador de alguna Cabaña?»

5. «Y ya que viene á cuento, y hablamos de esta Religion, es cierto que en todo lo demas la venero mucho; pero en esto de los títulos de los libros y de los Autores, no dexa de enfadarme un poco: aquellos, por lo comun, son llanos y sencillos; y estos, por lo regular, salen á la calle poco ménos que en cueros: su nombre, su apellido, su profession, y tal qual su patria, por no confundirse con otros del mismo nombre y apellido, y santas pascuas. No parece sino que los Autores mas graves, los de primera magnitud, hacen estudio particularp. 43 de intitular sus libros como si fueran por ahí la vida del Lazarillo de Tormes, y de presentarse ellos, como pudiera un pobre Lego pelon. De Religione: Tomus primus, Autore Francisco Suarez Granatensi, Societatis Jesu. De Concordia Gratiæ & liberi arbitrii: Autore Ludovico de Molina, Soc. Jesu. De Controversiis Tom. I, Autore Roberto Bellarmino, Soc. Jesu. Y, si alguno de estos añade Presbýtero, ya le parece, que no hay mas que decir. No alabo esta moda, ó acaso esta manía; y, por mas que me quieran decir, que es modestia, juicio, cordura, religiosidad, y aun en cierta manera mayor autoridad y gravedad, no me lo persuadirán quantos aran y caban, que parece son los Oradores mas persuasivos, que se han descubierto hasta ahora. Y sino díganme: dexan de ser modestos, cuerdos, religiosos, y graves aquellos Autores Jesuítas (no son muchos), que ponen á sus obras títulos magníficos y sonorosos, como Theopompus, Ars magna lucis & umbræ. Pharus scientiarum, etc. Y los otros que no dexan de decir si son ó fueron Maestros de Theología, y en donde, Doctores, Cathedráticos, Rectores? Díganme mas: no vemos que hasta los Reyes ponen todos sus títulos, dictados, y Señoríos en sus Reales Provisiones, para darlas mayor autoridad; y que lo mismo hacen los Arzobispos, Obispos, Provisores, y quantos tienen algo que poner, aunque sean títulos in partibus, ó del Kalendario, que dan señoría simple, sin carga de residencia? Solo el Papa se contenta con decir Benedictus XIV, Servus Servorum Dei, y acabóse la comission; pero essa es humildad de la Cabeza de la Iglesia, que no hace consequencia para los demas, y no debe traherse á colacion.» Estas últimas razones, aunque tan ridículas, hacian grandíssima fuerza á nuestro insigne Preceptor; y procuraba imprimírselas bien en la memoria á sus muchachos, para que supiessen, qué libros havian de escoger y de estimar.

6. De los títulos, assí de las obras como de los Autores, passaba á las Dedicatorias. En primer lugar ponderaba mucho la utilíssima y urbaníssima invencion del primero, que introduxo en el Orbe Literario este género de obsequios; pues, sobre que tal vez un pobre Autor, que no tiene otras rentas que su pluma, gana de comer honradamente por un medio tan lícito y honesto, logra con esto la ocasion de alabar á quatro amigos, y de cortejar á media docena de poderosos; los quales, si no fueren en la realidad lo que se dice en las Dedicatorias que son, á lo ménos sabrán lo que debieran de ser. En segundo lugar se irritaba furiosamente contra el Autor de las Observaciones Halenses, y contra algunos otros pocos de su mismo estambre, que con poco temor de Dios, y sin miramiento por su alma, dicen con grande satisfaccion, que esto de dedicar libros es especie de petardear, ó á lop. 44 ménos de mendigar: «Dedicatio librorum est species mendicandi; y aún no sé quien de ellos se adelanta á proferir, que el primer inventor de las dedicatorias fué un Frayle mendicante. Blasfemia! malignidad! ignorancia supiníssima! Pues no sabemos, que Ciceron dedicaba sus obras á sus parientes y á sus amigos? Y Ciceron fué Frayle mendicante? No sabemos que Virgilio dedicó, ó á lo ménos pensó dedicar su Eneida á Augusto? Y fué Frayle mendicante Publio Virgilio Maron? Finalmente no saben hasta los Autores Malabares, que Horacio dedicó á Mecénas todo quanto escribió, y que de ahí vino el llamarse Mecénas qualquiera á quien se dedica una obra, aunque por su alcurnia y por el nombre de pila se llame Pedro Fernandez? Y no me dirán, de qué Religion fué Frayle mendicante el Reverendíssimo P. Maestro Fray Quinto Horacio Flacco? Assí que, hijos mios, este uso de las Dedicatorias es antiquíssimo y muy loable, y no solo le han usado los Autores pordioseros y mendicantes, como dicen estos bufones, sino los Papas, los Emperadores, y los Reyes; pues vemos que S. Gregorio el grande dedicó el libro de sus Morales á S. Leandro, Arzobispo de Sevilla: Carlo Magno compuso un tratado contra cierto Conciliábulo, que se celebró en Grecia para desterrar las Santas Imágenes, y le dedicó á su Secretario Enginardo, y Henrique VIII, Rey de Inglaterra, dedicó al Papa, y á la Iglesia Cathólica, de quien despues se separó, el libro, que escribió en defensa de la Fé contra Luthero.»

7. — «Y, señor Dómine, le preguntó uno de los Estudiantes, como se hacen las Dedicatorias?» — «Con la mayor facilidad del mundo, respondió el Preceptor, diga lo que dixere cierto semi-autorcillo moderno, que se anda traduciendo libretes Franceses y quiere parecer persona, solo porque hace con el Francés lo que qualquiera Medianistilla con el Latin; siendo assí, que hasta ahora no hemos visto de su pegujal mas que una miserable Aclamacion del Reyno de Navarra en la Coronacion de nuestro Rey Fernando el VI (á quien Dios immortalice): por señas que la sacudió bravamente el polvo un papel, que salió luego contra ella, intitulado: Colirio para los cortos de vista; el qual, aunque muchíssimos dixeron, que no tocaba á la obrilla en el pelo de la ropa, y que en suma se reducia á reimprimirla en pedazos, añadiendo á cada trozo una buena rociada de desvergüenzas á metralla contra el Autor, y contra los que este alababa; y, aunque tambien es verdad, que immediatamente le prohibió la Inquisicion, pero en fin el tal papel ponia de vuelta y media y mas negro que su sotana al susodicho Autorcillo. Este, pues, en cierta Dedicatoria que acaba de hacer á un gran Ministro, nos quiere persuadir, solo porque á él se le antoja, que no hay en todo el Paísp. 45 de la Eloquencia Provincia mas ardua, que la de una Dedicatoria bien hecha.»

8. «Yo digo que no la hay mas fácil, como se quiera tomar el verdadero gusto y el verdadero ayre de las Dedicatorias. Porque lo primero se busca media docena de substantivos y adjetivos sonoros y metaphóricos (y si fuere una docena, tanto mejor), los quales se han de poner en el fróntis del Libro, de las Conclusiones, ó de la Estampa de Papel (porque hasta estas se dedican), ántes del nombre y apellido del Mecénas, que sean apropriados, y vengan como de molde á su carácter y empléos. Por exemplo, si la Dedicatoria es latina y se dirige á un Señor Obispo, el sobre-escrito, la direccion, ó el epígraphe ha de ser á este modo: Sapientiæ Oceano, Virtutum omnium Abisso, Charismatum Encyclopædiæ, Prudentiæ Miraculo, Charitatis Portento, Miserationum Thaumaturgo, Spiranti Poliantheæ, Bibliothecæ Deambulanti, Ecclesiæ Tytani, Infularum mytræ, Hesperiæque totius fulgentissimo Phosphoro: Illmo. Dño. Domino meo D. Fulano de tal. Si la obra se dedica á una Santa Imágen, como se dixéramos á N. Señora de la Soledad, ó de los Dolores, hay mil cosas buenas de que echar mano; como Mari Amaro, Soli Bis-Soli, Orbis Orbatæ Parenti, Ancillæ Liberrimæ absque Libero, Theotoco sine filio, Confictæ non ficte Puerperæ, inquam, diris mucronibus confossæ sub Iconico Archetypo de tal y tal. Pero, si la Dedicatoria fuere de algun Libro Romancista, y se dirigiere á un Militar, aunque no sea mas que Capitan de Cavallos, entónces se ha de ir por otro rumbo, y ante todas cosas se ha de decir: Al Xerxes Español, al Alexandro Andaluz, al Cesar Béthico, al Cyro del Genil, al Tamborlan Europeo, al Kauli-Kan Cis-Montano, al Marte no-fabuloso, á D. Fulano de tal, Capitan de Cavallos Ligeros del Regimiento de tal. Y no encajar el nombre y el apellido del Mecénas de topeton, como lo estilan ahora los ridículos modernos, diciendo á secas: á D. Fulano de tal, á mi Señora Doña Citana de tal, á la Excma. Señora Duquesa de qual; que no parece sino sobre-escrito de Carta, que ha de ir por el correo.»

9. «Dedicatoria he visto yo muy ponderada por algunos ignorantes y boqui-rubios, dirigida al mismo Rey de España, la qual solo decia en el fróntis, AL REY, con letras gordas iniciales, sin mas principios, ni postes, caireles, ni campanillas. No puedo ponderar quanto me estomacó, moviéndome una nausea, que aun ahora mismo me está causando arcadas y bascas. AL REY! Pero á qué Rey, majadero? Pues no sabemos si es á alguno de los Reyes magos, al Rey Perico, ó al Rey que rabió. AL REY! Puede haver mayor llaneza? Como si dixéramos, á Juan Fernandez, ó á Perico el de losp. 46 Palotes. AL REY! Díme, insolente, desvergonzado, y atrevido, es al Rey de bastos, ó al de copas? Nos quieren embocar los críticos y los cultos, que este es mayor respeto, mayor veneracion, y tambien mas profundo rendimiento, como que ningun Español puede ni debe entender por el nombre anthonomástico de Rey, á otro que al Rey de España, y como que lo mismo debieran entender todas las demas Naciones, puesto que no hay Rey en el mundo descubierto, que tenga tan dilatados dominios como nuestro Cathólico Monarcha, ni con algunos millares de leguas de diferencia. Vagatelas, y mas vagatelas! Por lo mismo era muy puesto en razon, que ántes de llegar á su Augusto nombre, se le diera á conocer, por lo ménos, con unos cinquenta dictados, ó inscripciones alegóricas, que fuessen poco á poco conciliando la expectacion y el assombro, los quales pudieran ser, como si dixéramos de esta manera: Al poderoso Emperador de dos mundos; al émulo del Sol, Phebo sublunar en lo que domina, como el celeste en lo que alumbra: al Archi-Monarcha de la tierra; y despues, para dar á entender sus Reales virtudes personales, añadir: Al depósito Real de la Clemencia; al coronado Archivo de la Justicia; al Sacro Augusto thesoro de la Piedad; al Escudo Imperial de la Religion; al Pacífico, al Benéfico, al Magnético, al Magnífico, al Cathólico Rey de las Españas FERNANDO el Sexto, Pio, Feliz, siempre Augusto, Rey de Castilla, de Leon, de Navarra, de Aragon, etc. y ir prosiguiendo assí hasta el último de sus Reales dictados. Lo demas es tratar al Rey como se pudiera á un hidalgo de polayna, y sacarle tan solo al theatro del papel, como si fuera uno de aquellos Reyes antiguos, que se andaban por essos campos de Dios, pastoreando ovejas, y ellos mismos llevaban los bueyes á beber en su propia Real persona.»

10. «Despues tampoco me gusta que se comience á hablar con el Rey, espetándole un Señor tan tiesso como un garrote, que ya no falta mas sino que añadan un Señor mio, como si fuera carta de oficio de algun Ministro superior á otro subalterno. Nuestros antepassados eran hombres mas respetuosos, y verdaderamente circunspectíssimos, pues nunca hablaban con el Rey, sin que comenzassen de esta manera: Sacra, Cathólica, Real Magestad, cosa que llenaba la boca de veneracion, y de contado se tenia ya hecho un pié magestuoso para un romance heroico, al modo de las coplas de Juan de Mena. He oído decir, que esta moda de tratar al Rey, llamándole Señor á secas, nos le han pegado tambien los Franceses, como otras mil y quinientas cosas mas, por quanto ellos, quando hablan con su Rey Christianíssimo, le encajan un Sire, in puris naturalibus; y vamos adelante. Válgate Dios por Franceses, y qué contagiosos que sois! Con que si á ellos se les antojarap. 47 llamar Sirena á la Reyna, tambien nosotros se lo llamaríamos corrientemente á la nuestra? Y cierto que quedaria su Magestad muy lisongeada! Ellos tratan de Madama á la suya; y en verdad, que si á algun Español se le antojara tratar assí á la Reyna nuestra Señora, no le arrendaria yo la ganancia; salvo que fuesse por ahí algun Lego, ó algun Donado, de estos que son Santos y simples adredemente, que essos tienen licencia para tutear al mismo Papa, pues ahí está toda la gracia de su santidad. Por tanto, hijos mios, lo dicho dicho, y tomad bien de memoria estas importantíssimas lecciones.»

11. «Nunca imprimais cosa alguna, aunque sean unos tristes Quodlibetos, sin vuestra Dedicatoria al canto, que en esso no vais á perder nada, y de contado mal será, que no ahorreis por lo ménos el coste de la impression; pues no todos los Mecénas han de ser como aquel conchudo Papa (Dios me lo perdone) Leon X, á quien un famoso Alchimista dedicó un importantíssimo Libro, en que, como él mismo asseguraba, se contenian los mas recónditos arcanos de la Crysopeya, esto es, un modo facilíssimo de convertir en oro todo el hierro y todos los metales del mundo; y el bueno del Pontífice (perdónemelo Dios) por todo agradecimiento le regaló con un carro de talegos, para que recogiesse en ellos el oro que pensaba hacer: cosa, de que se rieron mucho los mal intencionados; pero los eruditos y verdaderamente literatos la tuvieron por mezquindad, y la lloraron con lágrymas de indignacion. Resuelta vuestra Dedicatoria, atacadla bien de epígraphes alegóricos, symbólicos y altisonantes; y si fuere á alguna persona Real, cuidado con tratarla como es razon, y que no salga en público sin su Compañía de Guardias de Corps, y sin su Guardia de Alabarderos, esto es, de epíthetos bien galoneados y bien montados, precedidos de epígraphes á mostachos, que vayan abriendo calle.»

12. «Y, aunque ya va un poco larga la leccion, por concluir en ella todo lo que toca á lo substancial de las Dedicatorias, quiero instruíros en otros dos puntos, que son de la mayor importancia. Autores Latinos hay tan Romancistas, que, quando llegan á poner los verdaderos títulos, que tienen los sugetos, á quienes dedican sus Obras, como Duque de tal, Conde de tal, Marques de tal, Señor de tal, Consejero de tal, &c. los ponen en un Latin tan llano, tan natural, y tan ramplon, que le entenderá una Demandadera, aunque no sepa leer ni escribir, solo con oírle, pues dicen muy á la pata llana: Duci de Medina-Celi; Comiti de Altamira; Marchioni de Astorga, Domino de los Cameros, Consiliario Regio, etc. Cosa ridícula! Para esso mas valiera decirlo como pudiera un Maragato. Quanto mas culto y mas Latino será decir: Cælico-Metimnensi; Doctori-Satrapæ; A Comitiis de Cacuminatop. 48-conspectu; Mœnium Asturicensum a Markis; Lecti-Fabrorum Dynastæ, a Penetralibus Regiis; y si no lo entendieren los Lectores, que aprendan otro oficio, porque essa no es culpa del Autor, el qual, quando se pone á escribir en Latin, no ha de gastar un Latin, que le entienda qualquiera Reminimista.»[20]

13. «Otra cosa es, quando los títulos no son verdaderos y reales, sino puramente symbólicos ó alegóricos, inventados por el ingenio del Autor; que entónces, para que se penetre bien toda la gracia y toda la oportunidad de la invencion, conviene mucho ponerlos llana y sencillamente. Explicaréme con un exemplo. El año de 1704, cierto Autor Aleman publicó una Obra Latina, intitulada: Geographia Sacra seu Ecclesiastica; Geografía Sagrada ó Eclesiástica. Dedicóla á los tres únicos Soberanos Príncipes hereditarios en el Cielo y en la Tierra: Tribus summis atque unicis Principibus hæreditariis in Cælo et in terra; esto es, á Jesu-Christo, á Frederico-Augusto, Príncipe Electoral de Saxonia, y á Mauricio Guillermo, Príncipe hereditario de las Provincias de Saxe-Ceitz: Christo, nempe, Frederico Augusto, Principi Electorali Saxoniæ, & Mauritio Wilhelmo, Provinciarum Saxo-Cizensum hæredi. Cosa grande! pero aún todavía la haveis de oír mucho mayor. Y qué títulos inventaria nuestro incomparable Autor para explicar los Estados, de que era Príncipe hereditario Jesu-Christo? Atencion, hijos mios, que acaso no leeréis en toda vuestra vida cosa mas divina; y lo que es yo, si fuera el inventor de ella, no me trocaria por Aristóteles ni por Platon.»

14. «Llama, pues, á Jesu-Christo en Latin claro y sencillo, como era razon que le usasse en esta importante ocasion, Imperator coronatus cælestium Exercituum; electus Rex Sionis, semper Augustus; Christianæ Ecclesiæ Pontifex Maximus, et Archi-Episcopus Animarum; Elector Veritatis, Archi-Dux Gloriæ; Dux Vitæ; Princeps Pacis; Eques Portæ inferni; Triumphator Mortis; Dominus hæreditarius Gentium; Dominus Justitiæ, et Patris Cœlestis a Sanctioribus Consiliis, etc. etc. etc. Quiere decir, porque es importantíssimo, que ninguno se quede sin entenderlo: es Christo coronado Emperador de los Exércitos celestiales; electo Rey de Sion, siempre Augusto; Pontífice máximo de la Iglesia Christiana, Arzobispo de las Almas; Elector de la Verdad; Archi-Duque de la Gloria; Duque de la vida; Príncipe de la Paz, Cavallero de la Puerta del Infierno; Triunfador de la Muerte; Señor hereditario de las Gentes; Señor de la Justicia, y del Consejo de Estado, y Gavinete del Rey su Padre celestial. Y añadió el Autor muy oportunamente tres & & &c.as, para dar á entender, que todavía le quedaban entre los deditos otros muchos títulos y dictados, y que de aquí á mañana losp. 49 estaria escribiendo, si no bastaran los dichos, para que se conociesse los que podia añadir. Muchachos, encomendad esto á la memoria; aprendedlo bien; tenedlo siempre en la uña, que se os ofrecerán mil ocasiones, en que os pueda servir de modelo, para acreditaros vosotros, y para acreditarme á mí.»

15. «Falta decir dos palabritas sobre el cuerpo y el alma de las Dedicatorias. Supónese, que el Latin siempre ha de ser de boato, altísono, enrebesado, é inconstruible, ni mas ni ménos, como el Latin de una insigne Dedicatoria, que años ha me dió á construir el padre de Gerundio de Campazas, alias Zotes, y en verdad, que se la construí sin errar un punto, á presencia de todo el Arciprestazgo de San Millan, en la Romería del Christo de Villaquexida. Supónese tambien, que á qualquiera, á quien se le dedica una Obra, sea quien fuere, se le ha de entroncar por aquí ó por allí con el Rey Bamba, ó á lo ménos ménos con Don Veremundo el Diácono, sea por linea recta ó por linea transversal, que esso hace poco al caso, y es negocio de cortíssimo trabajo; pues ahí está Jacobo Guillermo Imhoff, Dinamarqués ó Sueco (que ahora no me acuerdo), famoso Genealogista de las Casas ilustres de España y de Italia, que á qualquiera le emparentará con quien le venga mas á cuento. Sobre este supuesto, ya se sabe, que la entrada de toda Dedicatoria ha de ser siempre exponiendo la causa impulsiva, que dexó sin libertad al Autor para emprehender aquella ossadía, la qual causa nunca jamas ha de ser otra, que la de buscar un poderoso Protector contra la emulacion, un escudo contra la malignidad, una sombra contra los abrasados ardores de la envidia, assegurando á rostro firme, que con tal Mecénas no teme ni á los Aristarchos, ni á los Zoylos; pues, ó acobardados no ossarán sacar las cabezas de sus madrigueras y escondrijos, ó, si tuvieren atrevimiento para hacerlo, serán ícaros de su temeridad, derretidas sus alas de cera á los encendidos centelleantes rayos de tan fogoso resplandeciente Padrino. Porque, si bien es verdad, que, aunque un Libro se dedique al Santíssimo Sacramento, si él es malo, hay hombres tan insolentes y tan mordaces, que, adorando al divino Objeto de la Dedicatoria, hacen añicos al Libro, y tal vez á la misma Dedicatoria no la dexan huesso sano; y mas de dos Libros de á folio he visto yo recogidos por la Inquisicion, con estar dedicados á Reyes, á Emperadores, y aun al mismo Papa, sin que los Mecénas hagan duelo de esso, ni se les dé un ardite, no hallándose noticia en la Historia de que jamas haya havido guerras entre los Príncipes Christianos por la defensa de un Libro, que se les haya dedicado; siendo assí, que muchas veces las ha havido por quítame allá essas pajas. Digo, que, aunque todo esto sea assí (por justos juicios de Dios, y por los pecadosp. 50 del mundo), en todo caso siempre debemos atenernos á aquel refran, que dice: Quien á buen árbol se arrima, buena sombra le acobija; y de una manera ó de otra, es indispensable de toda indispensabilidad, que toda Dedicatoria bien hecha se abra por este tan oportuno, como delicado y verdadero pensamiento.»

CAPITULO IX.
En que se da razon del justo motivo, que tuvo nuestro Gerundio para no salir todavía de la Gramática, como lo prometió el Capítulo passado.

Admirado estará, sin duda, el curioso Lector, de que, haviéndose dicho en el Capítulo antecedente, como salia en él de la Gramática el ingenioso y aplicado Gerundico, todavía le dexemos en ella, oyendo con atencion las acertadas lecciones de su Doctíssimo Preceptor, contra la fé de la Historia, ó á lo ménos contra la inviolable fidelidad de nuestra honrada palabra. Pero si quisiere tener un poco de paciencia, y prestar oídos benignos á nuestras poderosíssimas razones, puede ser, que se arrepienta de la temeridad y de la precipitacion, con que ya en lo interior de su corazon nos ha condenado sin oírnos.

2. Lo primero es una intolerable esclavitud, por no llamarla ridícula servidumbre, esto de querer obligar á un pobre Autor á que cumpla lo que promete, no solo en el título de un Capítulo, sino en el título de un Libro. Qué Escritura de obligacion hace el Autor con el Lector para obligarle á esso, ni en juicio, ni fuera de él? Y assí vemos, que Autores, que no son ranas, ponen á sus Libros los títulos que se les antoja, aunque nunca tengan parentesco con lo que se trata en ellos, y ninguno los ha hablado palabra, ni por esso han perdido casamiento. Verbi gratia, al leer el título de Margarita Antoniana, ó de Antoniana Margarita, con que bautizó su Obra el famosíssimo Español Gomez Pereyra, que fué el verdadero Patriarcha de los Descartes, de los Newtones, de los Boyles, y de los Leibnitzes; quien no creerá, que va á regalarnos con algun curiosíssimo Tratado sobre aquella margarita ó aquella perla, que valia no sé quantos millones, con la qual, desatada en vino, ó en agua (que esto aún no está bien averiguado), brindó Cleopatra á la salud de su Antonio, ó se la dió á este de colacion en un dia de ayuno, que de una y otra manera nos lo cuentan las Historias? Pues no, señor, no es nada de esso. La Antoniana Margarita no es mas que un delicadíssimo Tratado de Philosophía, para prop. 51bar que los brutos no tienen alma sensitiva, y para citar á juicio, con esta ocasion, otras muchas opiniones de Aristóteles, que por larga serie de Siglos estaban en la quieta y pacífica possession de ser veneradas en las Escuelas, no solo como opiniones de tal Autor, sino como principios indisputables, que solo el dudar de ellos seria especie de herética pravedad: y no obstante aquel travieso, sútil, y litigioso Gallego, se atrevió á ponerles á pleyto la propiedad, ya que no pudiesse litigarles la possession. Pero por qué puso á su Obra un título tan distante del assunto? Por qué? por una razon igualmente fuerte que piadosa, y que ninguno se la impugnará: porque su padre se llamaba Antonio, y su madre Margarita; y ya que no se hallaba con caudal para fundar un Aniversario por sus almas, quiso á lo ménos dexar fundada esta agradecida memoria. Pues que se me vengan ahora á hacerme cargo, de que no cumplo lo que ofrezco en mis Capítulos.

3. Amen de esso: por grave que sea el Capítulo de un Libro, lo será nunca tanto como el Capítulo de una Religion? Y no obstante, quantas veces vemos, que nada de lo que se decia al principio del Capítulo sale despues al fin de él? Y qué Capítulo se ha declarado hasta ahora nulo, precisamente por este motivo? Finalmente, si un pobre Autor comienza á escribir un Capítulo con buena y sana intencion de sacarle moderado, y de justa medida y proporcion, y de cumplir honradamente lo que prometió al principio de él, y despues se atraviesan otras mil cosas, que ántes no le havian passado por el pensamiento, y le da gran lástima dexarlas; es possible que no se le ha de hacer esta gracia, ni dissimularle esta flaqueza, siendo assí, que á cada passo vemos en las conversaciones atravesarse especies, que interrumpen el hilo del assunto principal por una y por dos horas, y no por esso se hacen aspamientos, ántes bien se llevan en paciencia adversidades y flaquezas de nuestros próximos, y vamos adelante. Pues, por qué no se usará la misma charidad, y se exercitará la misma obra de misericordia con los Autores y con los Libros? Fuera de que, no seria gran lástima, que, solo por cumplir con lo que prometió el Capítulo inconsideradamente, sacássemos á nuestro Gerundio de la Gramática ántes de tiempo, y sin haver oído otras lecciones, no ménos curiosas que necessarias, con que enriquecia á sus discípulos el pedantíssimo Maestro?

4. Decíales, pues, que en sus composiciones Latinas, fuessen de la especie que se fuessen, se guardassen bien de imitar el estilo de Ciceron, ni alguno de aquellos otros estilos, á la verdad propios, castizos, perspicuos, y elegantes; pero por otra parte tan claros y tan naturales, que qualquiera Lector, por boto que fuesse, comprehendia luego á la primera ojeadap. 52 lo que le querian decir. Esto por varias razones, todas á qual mas poderosas: la primera, porque hasta en las Sagradas Letras se alaba mucho á aquel no ménos valeroso que discreto Héroe, que trataba las Ciencias magníficamente: Magnifice etenim scientiam tractabat; y ciertamente nada se puede tratar con magnificencia, quando se usa de voces obvias, triviales, y comunes, aunque sean muy propias y muy puras. La segunda, porque, si no se procura tener atada la atencion de los lectores y de los oyentes con la obscuridad, ó á lo ménos, con que no esté á primer folio la inteligencia de la frase, enseña la experiencia, que unos roncan, y otros piensan en las babias, por quanto es muy volátil la imaginacion de los mortales. La tercera, porque, miéntras el Lector anda revolviendo Calepinos, Vocabularios, y Lexicones, para entender una voz, se le queda despues mas impresso su significado, y á vueltas de él la doctrina y el pensamiento del Autor. La quarta, y mas poderosa de todas, para que sepan essos Extrangerillos, que notan el Latin de los Españoles de despeluzado, incurioso, ó desgreñado, que tambien acá sabemos escribir á la papillota y sacar un Latin con tantos bucles, como si se huviera peynado en la calle de San Honorato de Paris: lo que no es possible que sea, miéntras no se ande á caza de frases escogidas, crespas, y naturalmente ensortijadas.

5. «Ahí teneis al Inglés, ó al Escocés Juan Barclayo (que yo no tengo ahora empeño, en que fuesse de Londres ó de Edimburgo), el qual no dirá exhortatio, aunque le quemen, sino parænesis, que significa lo mismo, pero un poco mas en Griego; ni obedire por obedecer, que lo dice qualquiera Lego, sino decedere, que, sobre tener mejor sonido, es de significado mas abstruso, por lo mismo que es equívoco. Llamar Prologus al Prólogo, qué Lego no entenderá esse Latin? llamarle Proœmium suena á zaguan de Lógica: Præfatio parece cosa de Missal, y luego ofrece á la imaginacion la idéa del Canto Gregoriano: llámese Alloquium, Ante-loquium, Præloquium, Præloquutio, y dexadlo de mi cuenta. Al estilo doctrinal llámesele siempre en Latin Stilus didascalicus, y cayga quien cayere: quando se quiera notar á algun Autor Latino, aunque sea de los mas famosos, de que aún no ha cogido bien el ayre de la lengua Romana, y que hasta en ella se descubre el propio de la suya Nacional, dígase: á Dios, te la depare buena, redolet Patavinitatem; porque, si bien es assí, que todavía no han convenido los Gramáticos en el verdadero significado de esta voz, qualquiera que la usa queda ipso facto calificado de un Latino, que se pierde de vista, elegante, culto, y terso. Sobre todo os encargo mucho, que ni á mí, ni á algun otro Preceptor, Maestro, ó Doctor, apellideis jamas con los vulgaríssimos nombres de Doctor, Magister, Præceptor.p. 53 Jesus, qué parvulez, y qué patanismo! A qualquiera que enseñe alguna facultad, llamadle siempre Mystagogus; porque, aunque es cierto, que no viene á propósito, aun el mismo, que lo conoce, os lo agradecerá, por ser voz, que presenta una idéa mysteriosa y extraordinaria. La mejor advertencia se me olvidaba. Es de la mayor importancia: quando leais alguna Obra Latina, de las que están mas en voga (frase que me cae muy en gracia), decir de quando en quando: hic est Trasonismus, este es Trasonismo: y no os dé cuidado, que vosotros, ni los que os oyeren, entendais bien lo que en esso quereis decir; porque yo os empeño mi palabra de que los dexareis aturrullados, y arqueando los ojos de admiracion. Con esto, y con hacer grande estudio en no escribir jamas trabados los diphtongos de a y e, ni de o y e, como lo han hecho hasta aquí muchos Latinos honrados, sino con sus letras separadas, escribiendo, v. g. feminae en lugar de feminæ, y Phoebus en vez de Phœbus; con no contar las datas por los dias del mes, sino por las Kalendas, los Idus, y las Nonas; con guardaros mucho de no llamar á los meses de Julio y Agosto con sus nombres sabidos y regulares, sino con los de Quintilis y Sextilis, como se llamaban in diebus illis; y finalmente con desterrar los números Arábigos de todas vuestras composiciones Latinas, usando siempre de las letras Romanas, en vez de números, y essas dibujadas á la antigua, v. gr. para poner anno millesimo septingentesimo quinquagesimo quarto, año de mil-setecientos-y-cinquenta-y-quatro, no poner, como pudiera un Contador ó un Comerciante, anno 1754, sino an. CIↃ.DCC.LIV: digo, hijos mios, que con solo esto podeis echar piernas de latin por todo el mundo: et peream ego, nisi cultissimi omnium latinissimorum hominum audieritis.»

6. Muy atento estaba nuestro Gerundio á las lecciones del Dómine, oyéndolas con singular complacencia, porque como tenia bastante viveza, las comprehendia luego; y por otra parte, como eran tan conformes al gusto extravagante, con que hasta allí le havian criado, le quadraban maravillosamente. Pero como vió, que el Dómine inculcaba tanto en que el latin fuesse siempre crespo, y todo lo mas obscuro que fuesse possible; y por otra parte, en fuerza de la inclinacion, que desde niño havia mostrado á predicar, su Padrino el Licenciado Quijano le havia enviado los quatro tomos de Sermones del famoso Juan Raulin, Doctor Parisiense, que murió en el año de 1514, los quales, por ser de un latin muy llano, muy chavacano, y casi macarrónico, los entendia perfectamente Gerundico, dixo al Dómine muy desconsolado, hablándole en latin, porque havia pena para los que en el Aula hablassen en romance: Domine, secundum ipsum, quidamp. 54 sermones latini, quos ego habeo in pausatione mea, non valebunt nihil, quia sunt plani, et clari sicut aqua: Pues, Señor, segun esso, unos Sermones Latinos, que yo tengo en mi posada, no valdrán nada, porque son llanos y claros como el agua. — Qui sunt hi sermones? le preguntó el Dómine: Qué Sermones son essos? — Sunt cujusdam Prædicatoris, respondió el chico, qui vocatur Joannes de… non me recordor, quia habet appellitum multum enrebesatum: Son de un Predicador, que se llama Juan de… no me acuerdo, porque tiene un apellido muy enrevesado. — De quo agunt? le volvió á preguntar el Dómine; de qué tratan? — Domine, respondió el muchacho, de multis rebus, quæ faciunt ridere: Señor, de muchas cosas, que hacen reír. — «Anda, ve, y tráhelos, le dixo el Preceptor, y veremos, qué cosa son ellos, y qué cosa es el latin.»

7. Partió volando el obediente Gerundio; traxo los Sermones; abrió el Dómine un tomo, y encontróse con el Sermon 3. de Viduitate, donde leyó en voz alta este admirable passage.

8. Dicitur de quadam vidua, quod venit ad Curatum suum, quærens ab eo consilium, si deberet iterum maritari, et allegabat, quod erat sine adjutorio, et quod habebat servum optimum, et peritum in arte mariti sui. Tunc Curatus dixit: Bene, accipite eum. E contrario illa dicebat: Sed periculum est accipere illum, ne de servo meo faciam Dominum. Tunc Curatus dixit: Bene, nolite eum accipere. Ait illa: quomodo ergo faciam? Non possum sustinere pondus illud, quod sustinebat maritus meus, nisi unum habeam. Tunc Curatus dixit: Bene, habeatis eum. At illa: sed si malus esset, et vellet me disperdere et usurpare? Tunc Curatus: non accipiatis ergo eum. Et sic Curatus semper juxta argumenta sua concedebat ei. Videns autem Curatus, quia vellet illum habere, et haberet devotionem ad eum, dixit ei, ut bene distincte intelligeret, quid campanæ Ecclesiæ ei dicerent, et secundum consilium campanarum quod ipsa faceret. Campanis autem pulsantibus intellexit, juxta voluntatem suam quod dicerent: prends ton varlet, prends ton varlet. Quo accepto, servus egregie verberavit eam, et fuit ancilla, quæ prius fuerat domina. Tunc ad Curatum suum conquesta est de consilio, maledicendo horam, qua crediderat ei. Cui ille: non satis audisti, quid dicant campanæ. Tunc Curatus pulsavit campanam, et tunc intellexit, quod campanæ dicebant: ne le prends pas, ne le prends pas: tunc enim vexatio dederat ei intellectum.

9. No obstante la seriedad innata y congénita del gravíssimo Preceptor, afirma un Autor coetaneo, sýncrono, y fidedigno, que, al acabar de leer este gracioso trozo de Sermon, no pudo contener la risa; y, para que le entendiessen hastap. 55 los niños que havian comenzado aquel año la Gramática, mandó á Gerundio, que le construyesse. Este dixo, que de puro leerle se le havia quedado en la cabeza, y que sin construirle, si queria su merced, le relataria todo seguidamente, y aun le predicaria como si fuera mesmamente el mismo Predicador. Parecióle bien la proposicion, hizo silencio, dando sobre la mesa tres golpes con la palma: plantóse Gerundio con gentil donayre enmedio del general; limpióse los mocos con la punta de la capa; hizo la cortesía con el sombrero á todos los condiscípulos, y una reverencia con el pié derecho, á modo de quien escarba; volvió á encasquetarse el sombrero, gargajeó, y comenzó á predicar de esta manera, siguiendo punto por punto el Sermon de Juan Raulin.

10. «Cuéntase de cierta viuda, que fué á casa de su Cura á pedirle consejo, sobre si se volveria á casar, porque decia, que no podia estar sin alguno, que la ayudasse, y que tenia un criado muy bueno, y muy inteligente en el oficio de su marido. Entónces la dixo el Cura: Bien, pues cásate con él. Mas ella le decia: pero está á pique, si me caso con él, que se suba á mayores, y que de criado se haga amo mio. Entónces el Cura la dixo: Bien, pues no te cases tal. Pero ella le replicó: no sé, que me haga; porque yo no puedo llevar sola todo el trabajo que tenia mi marido, y he menester un compañero, que me ayude á llevarle. Entónces la dixo el Cura: Bien, pues cásate con esse mozo. Mas ella le volvió á replicar: y si sale malo, y quiere tratarme mal, y desperdiciar mi hacienda? Entónces el Cura la dixo: Bien, pues no te cases. Y assí la iba respondiendo siempre el Cura, segun las proposiciones y las réplicas, que la viuda le hacia. Pero al fin, conociendo el Cura, que la viuda en realidad tenia gana de casarse con aquel mozo, porque le tenia passion, díxola, que atendiesse bien lo que la dixessen las Campanas de la Iglesia, y que hiciesse segun ellas la aconsejassen. Tocaron las Campanas, y á ella le pareció que la decian, segun lo que tenia en su corazon: ca-sa-te-con-él, ca-sa-te-con-él. Casóse, y el marido la azotó, y la dió de palos tan lindamente, passando á ser esclava, la que ántes era ama. Entónces la viuda se fué al Cura, quejándose del consejo, que la havia dado, y echando mil maldiciones á la hora, en que le havia creído. Entónces el Cura la dixo: sin duda, que no oíste bien lo que decian las Campanas. Tocólas el Cura, y á la viuda le pareció entónces, que decian clara y distintamente: no-te-cases-tal; no-te-cases-tal; porque con la pena se havia hecho cuerda.»

11. Aplaudió mucho el Dómine lo bien que Gerundio havia entendido el cuento del Predicador, y la gracia con que le havia recitado, conociendo, que sin duda havia dep. 56 tener mucho talento para predicar: los condiscípulos tambien le vitorearon, y rieron mucho el cuento. Pero el Preceptor, volviendo á tomar la palabra, hizo algunas reflexiones sérias y juiciosas, acabando con otras, que no podian ser mas ridículas. «Por lo que toca al latin, dixo á sus discípulos, es muy chavacano, y aun los mismos, que gustan de latin claro y corriente, no le aprobarán, porque esse no tanto es claro y natural, quanto apatanado y soez (en lo qual tenia muchíssima razon). Pero haveis de notar una cosa, y es la poca razon, que tienen algunos señores Franceses para hacer mucha burla del latin de los Españoles, tratándonos de bárbaros en punto de Latinidad, y diciendo, que siempre hemos hablado esta lengua, como pudieran hablarla los Godos, y los Vándalos. Esto, porque huvo tal qual Autor nuestro, que realmente escribió en un latin charro y guedejudo, ó como latin de Boticario y Sacristan. Ea Monsiures, démonos todos por buenos, que si acá tuvimos nuestros Garcías, nuestros Cruces, y nuestros Pedros Fernandez, tambien ustedes tuvieron sus Raulines, sus Maillardos, sus Barletas, sus Menotos; y en verdad, que su Autor de ustedes, el célebre Monsieur du Cange, en el vocabulario, que compuso de la Baja Latinidad, la mayor parte de los exemplos que trahe, no los fué á buscar fuera de casa. Y de camino adviertan ustedes, que, quando allá en su Paris se usaba un latin tan elegante, como el del Doctor Juan Raulin, acá teniamos, dentro de aquel mismo Siglo, á los Montanos, á los Brocenses, á los Pereyras, á los Leones, y á otros muchos, que pudieran escupir en corro, y hablar barba á barba con los Tulios y con los Livios, que ustedes alaban tanto, aunque no sean de mi Parrochia, ni de mi mayor devocion.»

12. Esto, en quanto al latin, dixo el Dómine; mas por lo que mira á la substancia del Sermon, continuó, cansándose de hablar en juicio, ó dexándose llevar de su estrafalario modo de concebir: «por lo que mira á la substancia del Sermon, aunque de este Predicador no he leído mas que este trozo, desde luego digo, que fué uno de los mayores Predicadores, que ha havido en el mundo, y me iria yo hasta el cabo de él, solo por oírle. A mí me gustan tanto en los Sermones estos cuentecitos, estas gracias, y estos chistes, que Sermon, en que el Auditorio no se ria por lo ménos media docena de veces á carcajada tendida, no daria yo quatro quartos por él, y luego me da gana de dormir. Yo creía, que esta era una gracia privativa de algunos famosos Predicadores Españoles, y que en otras partes no se estilaba este modo de predicar, y de divertir á la gente; pero ahora veo, que todo el mundo es País; y aunque por una parte siento, que no tengan la gloria de ser los únicos en esto algunos dep. 57 nuestros célebres Oradores, por otra no me pesa, que tambien participen de ella otras Naciones, porque lo demas seria envidia, y una especie de viciosa ambicion.» No echó esta leccion en saco roto nuestro Gerundico; porque, como desde niño havia mostrado tanta inclinacion á predicar, oía con especial gusto y atencion todo quanto podia hacerle famoso por este camino, y desde luego propuso en su corazon, que, si algun dia llegaba á ser Predicador, no predicaria Sermon, fuesse el que se fuesse, que no le atestasse bien de chistes y de cuentecillos.

13. Finalmente el bueno del Dómine instruía á sus discípulos en todas las demas partes, de que se compone la perfecta Latinidad, ó el perfecto uso de la Lengua Latina, con el mismo gusto, ni mas ni ménos, con que les havia instruído en el estilo. Decíales, que la Rhetórica no era arte de persuadir, sino arte de hablar; y que esso de andar buscando razones sólidas y argumentos concluyentes para probar una cosa, y para convencer al entendimiento, era una mecánica buena para los Lógicos, y para los Mathemáticos, que se andaban á caza de demonstraciones, como á caza de gangas; que el perfecto Rhetórico era aquel, que le atacaba, y le convencia con quatro fruslerías, y que para esso se havian inventado las figuras, las quales eran inútiles para dar peso á lo que de suyo le tenia, y que toda su gracia consistia en alucinar á la razon, haciéndola creer, que el vidrio era diamante, y oro el oropel. Enseñábales, que no gastassen tiempo, ni se quebrassen la cabeza en aprender lo que es Introduccion, Proposicion, Division, Prueba, Confirmacion, Aumento, Epílogo, Peroracion, ni Exortacion; porque eran cuentos de viejas, invenciones de modernos, y querer componer una Oracion Latina con la misma symetría, con que se fabrica una casa. No les dissimulaba, que Aristóteles, Demósthenes, Ciceron, Longino, y Quintiliano havian enseñado, que esto era indispensable, no solo para que una Oracion fuesse perfecta, sino para que mereciesse el nombre de Oracion; pero añadia, que essos havian sido unos pobres hombres, y porque ellos nunca havian sabido hablar en público de otra manera, dado les ha, que havian de hablar assí todos los que havian de hablar bien. Prueba clara de que no tenian razon, eran millares de millares de Sermones, que andaban por esse mundo de Dios, impressos de letra de molde, con todas las licencias necessarias, y con aprobaciones de hombres muy científicos y muy sapientes, los quales havian sido oídos con un aplauso horroroso; y sabiendo todo el género humano, que los Sermones no son, ó no deberian de ser otra cosa, que una artificiosa y bien ordenada composicion de Eloquencia y de Rhetórica, en los susodichos no se hap. 58llaba pizca de toda essa faramalla y barahunda de Introduccion, Proposicion, Division, etc.; sino unos pensamientos brillantes, saltarines, y aparentes, á qual mas falso, sembrados por aquí y por allí, conforme se le antojaba al Predicador, sin convencimiento, persuasion, ni calabaza; y con todo esso fueron aplaudidos, como piezas de eloquencia inimitables, y se dieron á la prensa, para que se eternizasse su memoria. De todo lo qual, legítima y perentoriamente se concluía, que la verdadera Rhetórica y la verdadera eloquencia no consistia en nada de esso, sino principalíssimamente en tener bien decoradas las figuras Rhetóricas con los nombres Griegos y retumbantes, con que havia sido bautizada cada una, estando pronto el Rhetórico á dar su propia y adequada definicion, siempre que fuesse legítimamente preguntado. «Y assí, concluía el Dómine, dadme acá uno, que sepa bien quid est Epanorthosis, Ellypsis, Hyperbaton, Paralypsis, Pleonasmo, Synonymia, Hypotyposis, Epiphonema, Apostrophe, Prolepsis, Upobolia, Epitrophe, Periphrasis, y Prosopopeya; y que en qualquiera composicion, sea Latina, sea Castellana, use de estas figuras conforme se le entojare, vengan ó no vengan; que yo os le daré mas Rhetórico y mas eloquente, que cien Cicerones, y docientos Demósthenes, passados por alambique.» Assí, pues, todo el empeño del cultíssimo Preceptor era, que sus muchachos supiessen bien de memoria estas vagatelas; y á los que veía mas instruídos y mas expeditos en ellas, los decia lleno de satisfaccion y de vanidad: Andad, hijos, que ya podeis echar piernas de Rhetóricos por todos essos Estudios de Dios, y por todos essos Seminarios de Christo. Con efecto los Rhetóricos del Dómine Zancas-largas (este era su mote, ó su verdadero apellido) eran muy nombrados por toda la Rivera de Orbigo, y por todo lo que baña el famoso Rio Tuerto.

14. Finalmente las lecciones, que les daba sobre la Poesía Latina, última parte de todo lo que les enseñaba, eran primas hermanas de las otras, pertenecientes á las demas partes de la Latinidad. Contentábase con hacerlos aprender de memoria la Prosodía, la cantidad de las sýlabas, los nombres Griegos de los piés, dáctilo, spondeo, yambo, trochaico, pyrrichio, etc., aquellos que explicaban la uniformidad ó la variedad de las estrophas, monócolos, monóstrophos, dícolos, dístrophos, tetrástrophos, y que decorassen gran número de versos de los Poetas Latinos, única y precisamente para probar con ellos la cantidad de las sýlabas breves ó largas por su naturaleza; sin advertir, que esta regla no es absolutamente infalible, por quanto los mejores Poetas Latinos hicieron, no pocas veces, largas las sýlabas breves, y breves las largas, ó usando de la licencia Poética, ó tambien, porque, no embargante de serp. 59 Poetas, eran hombres y pudieron descuidarse, puesto que tal vez hasta el mismo Homero dormitó. Hecho esto, como los muchachos compusiessen versos, que constassen, mas que fuessen lánguidos, insulsos, y chavacanos, y aunque estuviessen mas atestados de ripio, que pared maestra de argamasa, no havia menester mas, para coronarlos con el laurel de Apolo. Una vez decia en el tema, ó en el romance, para una quartilla, estas palabras: Entónces se supo, con quanta razon castigó Dios al mundo con el Diluvio, y se fabricó el Arca de Noé. Compúsola en verso latino un discípulo de Zancas-largas, y dixo:

Dilubiumque, Arcamque Noe; tum qua ratione.
Por solo este admirable verso le dió el Dómine dos parces, y un abrazo, sin poderse contener. En otro tema se decia esta sentencia: Se deben tolerar las cosas, que no se pueden mudar, y un chico la acomodó en este bello pentamentro:

Quæ non mutari sunt, toleranda queunt.
Valióle doce puntos para su vanda, y una tarde de assueto. Mandó componer en una estropha de versos sáphicos este breve romance: Andrés Corbino convidó á Pedro Pagano, á que el Miércoles por la tarde fuesse á merendar á su casa, porque aquel dia se havia de hacer en ella la matanza de un cerdo. Un muchacho, que passaba por ingenio milagroso, le llevó el dia siguiente la siguiente estropha:

Domine Petre, Domine Pagane,
Corbius rogat, velis ut, Andreas,
Vesperi quarta mactabimus suem,
Ad se venire.
15. Faltó poco para que el Preceptor se volviesse loco de contento, y luego incontinenti le declaró Emperador perpetuo[21] de la vanda de Roma: hízole tomar possession del primer assiento, ó trono Imperial; mandó que provisionalmente fuesse laureado con una corona de malvas y otras yervas, por quanto no havia otra cosa mas á mano en uno, que se llamaba huerto, y era un erreñal de la casa del Dómine, miéntras se hacia venir de la montaña un ramo de laurel; y ordenó, que desde allí adelante, y por todos los siglos venideros, hasta la fin del mundo, fuesse habido, tenido, y reputado por el Archi-Poeta Paramés (era del Páramo el rayo del muchacho), para diferenciarle, y no confundirle jamas con Camilo Cuerno, Archi-Poeta de la Pulla.

16. Pararse el Dómine á explicar á sus discípulos, en qué consistia la alma y el divino furor de la Poesía; pedirle, que los hiciesse observar el carácter y la diferencia de los mejoresp. 60 Poetas; esperar, que los enseñasse á conocerlos, á distinguirlos, y á calificarlos; pretender, que los instruyesse, en que no se pagassen de atronamientos, ridiculeces, y puerilidades: no havia que pensar en esso, porque ni él lo sabia, ni él mismo se pagaba de otra cosa. Naturalmente se le iba la inclinacion á lo peor, que encontraba en los Poetas, como tuviesse un poco de retumbancia, ó algun sonsonetillo ridículo, insulso, y pueril. Por el primer capítulo, elevaba hasta las nubes aquellas dos bocanadas ó ventosidades poéticas de Ovidio:

Semi-bovemque virum, semi-virumque bovem:
Egelidum boream, egelidumque notum.
Y decia con grande satisfaccion, que en este Poeta no encontraba otra cosa que alabar. Por el segundo, no havia para él cosa igual á aquella recancanilla tan ridícula y tan fria de Ciceron, que para siempre le dexó tildado por tan pobre hombre entre los Poetas, como máximo entre los Oradores:

O fortunatam natam, me Consule, Romam!
17. Pero nada le assombraba tanto, como el divino ingenio de aquel Poeta oculto, que en solas dos palabras compuso un verso exámetro cabal, y ajustado á todas las reglas de la Prosodía, pero tan escondido, que sin revelacion apénas se puede conocer que es verso. Porque sin ella, quien dirá, que lo es este:

Consternabatur Constantinopolitanus?
Y con todo esso no le falta sýlaba. Assí, pues, todo su mayor empeño y todo su conato le ponia en enseñar á sus muchachos puntualmente todo aquello, que en materia de Poesía debieran ignorar, ó saberlo únicamente para abominarlo, ó para hacer de ello una solemníssima burla, como la hacen quantos hombres de pelo en pecho merecen hacerse la barba en el Parnasso. Por mal de sus pecados havia caído en sus manos cierta obra de un Escritor de este Siglo, intitulada: de Poesia Germanorum symbolica, de la Poesía symbólica de los Alemanes; en la qual se trata y se celebra la prodigiosa variedad de tantas especies de versos Leoninos, Alexandrinos, Acrósticos, Chronológicos, Geroglíficos, Cancrinos, Pyramidales, Laberýnthicos, Cruciformes, y otras mil varatijas, como ha inventado aquella Nacion, por otra parte docta, ingeniosa, y sesuda, pero en este particular, de un gusto tan extravagante, que ha dado mucho que admirar, y no poco que reír á las demas Naciones, aunque muy rara será aquella, á quien no la haya pegado este contagio; bien assí como el de las viruelas, que por lo comun solo se pegan á los niños,p. 61 y á los muchachos de poca edad, de la misma manera esta ridiculíssima epidemia, por lo regular, solo cunde en Poetillas rapaces, que aún no tienen uso de razon poética; y, si tal vez inficiona á algun adulto, es mal incurable, ó punto ménos que desesperado.

18. A todas las demas castas de versos preferia Zancas-largas los que son de la peor casta de todos, esto es, los Leoninos ó aconsonantados, que fueron, en opinion muy probable, los que introduxeron en el mundo Poético la perversa secta de las rimas, ó de los consonantes, que con su cola de dragon arrastró tras de sí la tercera parte de las estrellas; quiero decir, que ha sido la perdicion de tantos nobles ingenios, los quales huvieran enriquecido á la posteridad con mil divinidades, y por estos malditos de consonantes (Dios me lo perdone), felizmente ignorados de toda la antigüedad, la dexaron un thesoro inagotable de pobrezas, de impropriedades, y de ripios insufribles. Encaprichado nuestro Dómine en su mal aconsejada opinion, juraba por los Dioses immortales, que toda la Ilíada de Homero, toda la Eneida de Virgilio, y toda la Pharsalia de Lucano, no valian aquel solo dísticho, con que Mureto hizo burla de Gambarra, Poeta Antuerpiense, salva empero la suciedad, la hediondez, y el mal olor, que esso no era de quenta de la Poesía.

Credite, vestratum merdosa volumina vatum
Non sunt nostrates tergere digna nates.
19. Por fin y por postre, los instruía en la que él llamaba divina ciencia de los Equívocos y de los Anagrammas; y de esta última con especialidad estaba furiosamente enamorado. «Un Anagramma perfecto, decia, es arte de artes, ciencia de ciencias, delicadeza de delicadezas, elevacion de elevaciones, en una palabra, es el Lydius lapis, ó la piedra de toque de los ingenios castizos, de ley, y de quilates. Donde hay en el mundo cosa, v. gr. como llamar bolo al lobo, y lobo al bolo, como decir pace al Gato, y zape al Buey, quando está paciendo? Pues qué? si en una oracion perfecta se dissimula no ménos que un nombre, y un par de apellidos, sin faltar ni sobrar sýlaba ni letra, como, por exemplo, el bello disfraz, con que el Autor de cierto escrito moderno ocultó, y salió en público con su nombre y aledaños, diciendo en el fróntis de la obra: Homo impugnat lites, y concluyéndola con un pinguet olim, que vale un Potosí, por quanto es perfectíssimo anagramma de sus dos apellidos, y una y otra oracion tienen unos significados propíssimos, y que se pierden de vista. Anagrammas hay imperfectos, que con ser assí que lo son, son de un valor inestimable, y en su misma imperfeccion tienen mas gracia, que toda la que se pondera en las insulsecesp. 62 de Owen y de Marcial. Por exemplo: el que hizo un Anagramma del apellido Osma, y dixo Asno, y sobra una pierna,[22] no merecia por este solo dicho, que le erigiessen una estatua en el Capitolio de Minerva? Y mereceria ménos el otro, que, haviendo encontrado en el nombre y apellido de cierto Obispo este anagramma: Tú serás Cardenal, pero sobraban dos ll, que no podia acomodar, añadió: Y sobran dos ll, para látigos de la posta, que ha de traher la noticia? Desengañémonos, que esto de los Anagrammas es cosa divina, digan lo que dixeren media docena de bufones, que los tienen por juego de niños, y que nos quieren decir, que aquello de Marcial: Turpe est difficiles habere nugas, et stultus labor est ineptiarum, está bien aplicado á los Anagrammatistas. Y ménos fuerza me hace la otra sátyra del indigesto Adrian de Valois, que, porque él no sabia, qual era su Anagramma derecho, cantó este bello epiphónema á deum de dere.

Citharœdus esse qui nequit, sit Aulœdus:
Anagrammatista, qui Poeta non sperat.
Vítor! y denle un confite por la gracia. Pues yo le digo, que el que no supiere hacer Anagrammas, no espere ser Poeta en los dias de su vida; y el que los hiciere buenos, tiene ya andado mas de la mitad del camino, para ser un Poetazo de á folio; porque, si la Poesía no es mas, que un noble trastornamiento de las palabras, los Anagrammas no son otra cosa, que un bello trastornamiento de las letras. Y váyase muy enhoramala el otro Colletet, ó Coletillo, que dixo con bien poco temor de Dios:

Esso de hacer Anagrammas,
Y andar trastornando letras,
Lo hacen solo los que tienen
Trastornada la cabeza.»
CAPITULO X.
En que se trata de lo que el mismo dirá.

Cinco años, quatro meses, veinte dias, tres horas, y siete minutos gastó nuestro Gerundio en aprender estas y otras impertinencias de la misma estofa (segun una puntualíssima leyenda antigua, que nos dexó exactamente apuntados hasta los ápices de la Chronología); y cargado, á entera satisfaccion del Dómine, de figuras, de reglas, de versos, de hymnos, y de lecciones de Breviario, que tambien hacia construir á sus discípulos y tomarlas de memoria, por ser un admirablep. 63 prontuario para los Exámenes de Ordenes, se restituyó á Campazas un dia del mes de mayo, que nota el susodicho Chrónicon, havia amanecido pardo, y continuó despues lluvioso. Convienen todos los gravíssimos Autores, que dexaron escritas las cosas de este insigne hombre, en que, siendo assí, que el Dómine era grande azotador, y que especialmente en errando un muchacho un punto de algun hymno, la cantidad de una sýlaba, el acomodo de un Anagramma, y cosas á este tenor, iba al rincon irremissiblemente, aunque le atestasse el gorro de parces. Con todo esso, nuestro Gerundio era tan exacto en todo, y supo guardar tan bien su coleto, que en todo el susodicho tiempo, que gastó en estudiar la Gramática, no llevó mas que quatro cientas y diez vueltas de azotes, por quenta ajustada, que apénas salen tres cada semana: cosa, que admiró á los que tenian noticia del rigor y de la severidad de Zancas-largas. No causa ménos admiracion, que en todo el discurso de este tiempo no huviesse hecho Gerundio novillos del Estudio, sino doce veces, segun un Autor, ó trece, segun otro, y essas siempre con causas legítimas y urgentes; porque una los hizo por ir á ver unos Toros á la Bañeza, otra por ir á la Romería del Christo de Villaquexida, otras dos por ir á cazar pájaros con liga á una zarza, junto á una fuente, que havia tres leguas del Lugar, donde estudiaba, y assí de todas las demas; lo que acredita bien su aplicacion, y el grande amor que tenia al Estudio. Tambien asseguran los mismos Autores, que en todo él no havia muchacho mas quieto, ni mas pacífico. Jamas se reconocieron en él otros enredos, ni otras travesuras, que el gustazo que tenia en echar gatas á los nuevos, que iban á su posada: esto es, que despues de acostados, los dexaba dormir, y, haciendo de un bramante un lazo corredizo, le echaba con grandíssima suavidad al dedo pulgar del pié derecho ó izquierdo del que estaba dormido; despues se retiraba él á su cama con el mayor dissimulo, y tirando poco á poco del bramante, conforme se iba estrechando el lazo, iba el dolor dispertando al paciente, y este iba chillando, á proporcion que el dolor le afligia, el qual tambien iba creciendo, conforme Gerundio iba tirando del cordel: y como el pobre paciente no veía quien le hacia el daño, ni podia presumir, que fuesse alguno de sus compañeros, porque á este tiempo todos roncaban adredemente, fingiendo un profundíssimo sueño, gritaba el pobrecito, que las Brujas ó el Duende le arrancaban el dedo. Y si bien es verdad, que dos ó tres niños estuvieron para perderle, pero siempre se tenia por una travesura muy innocente, y mas diciendo Gerundio por la mañana, que lo havia hecho por entretenimiento, y no mas que para reír. Por lo demas era quietíssimo, pues havia semana, en que apénas descalabraba á media docena de mup. 64chachos; y en los cinco años bien cumplidos, que estuvo en una misma posada, nunca quebró un plato ni una escudilla; y lo mas que hizo en esta materia, fué en quatro ocasiones hacer pedazos toda la vasija, que havia en el basar; pero esso fué con grande motivo, porque un gato rojo, á quien queria mucho el Ama, le havia comido el torrezno gordo, que tenia para cenar. Su compostura en la Iglesia del Lugar, adonde todos los Estudiantes iban á oír Missa de Comunidad, era exemplar y edificante. No havia que pensar, que nuestro Gerundio volviesse la cabeza á un lado ni á otro, como veleta de Campanario, ni que tirasse de la capa al muchacho, que estaba delante, ni que, mojando con saliva la extremidad de una pajita, se la arrimasse suavemente á la oreja ó al pescuezo, como que era una mosca; ni mucho ménos, que se entretuviesse en hacer una cadena con lo que sobraba del cordon del justillo ó de la almilla, tirando despues por la punta, para deshacerla de repente. Todos estos enredos, con que suelen divertir la Missa los muchachos, le daban en rostro, y le parecian muy mal. Nuestro Gerundio siempre estaba con la cabeza fixa enfrente del Altar, y con los ojos clavados en las fábulas de Esopo, construyéndolas una y muchas veces con grandíssima devocion.

2. Vuelto á Campazas, quien podrá ponderar la alegría y las demonstraciones de cariño, con que fué recibido del Tio Anton, de la Tia Catanla, del Cura del Lugar, y de su Padrino el Licenciado Quijano, que eran los continuos commensales de la casa de Anton Zotes; y apénas havian salido de ella, desde que supieron, que ya havia ido la burra por Gerundio.[7]

3. Despues de los primeros abrazos, que le dieron todos, se quedaron atónitos y aturdidos al verle echar españadas de latin por aquella boca, que era un juicio. Hablóse luego, como era natural, del Preceptor, y el chico exclamó al instante: Proh Dii immortales! Mystagogus meus est homo, qui amittitur de conspectu: O Dioses immortales! Mi Maestro es un hombre, que se pierde de vista. Preguntáronle, si havia muchos muchachos? y al punto respondió:

Qui numeret stellas, poterit numerare puellas:
El que pudiere contar el número de las estrellas, podrá contar el número de los muchachos. Su Padrino el Licenciado Quijano, que era el ménos Romancista de todos los circunstantes, le dixo: «mira hombre, que puellas no significa muchachos, sino muchachas». — «Pace tua dixerim, Domine Dripane, le replicó su ahijado: puella puellæ es epiceno juxta illud:p. 65 Uno epicena vocant Graii, promiscua nostri.» No tuvo qué responderle el Padrino, y solamente le preguntó, por qué le llamaba Dripane, que le sonaba á cosa de mote, y le parecia atrevimiento. «Neutiquam per medium fidium! le respondió Gerundio, sonriéndose, y como quien se burlaba de su ignorancia: Dripane est Anagrammaton de Padrine; et Anagrammaton figura est, qua unius vel plurium vocum litteræ transponuntur, vel invertuntur. Y assí, señor Padrino, con licencia de usted, y para que lo entiendan todos, si en lugar de decir mi Madre, dixera mi Merda, y en vez de decir Antonio Zotes, dixera ó Tina, ó Zesto, y sobran dos piernas, tan léjos estaria de perderlos el respeto, que usaria de una de las figuras mas delicadas y mas ingeniosas que hay en toda la Rhetórica.»

4. Con estas y otras necedades de la misma calaña, passaba Gerundio el tiempo, dando muestras de sus grandes progressos en la Latinidad, y esperando á que llegasse San Lucas, para dar principio á las Súmulas; quando ázia la mitad del Verano passó por su casa y se detuvo en ella algunos dias el Provincial de cierta Orden, Varon religioso y docto. Componíase su comitiva, como se acostumbra, de otro Padre grave, que era su Socio y Secretario, y de un Lego rollizo, despejado, mañoso, y de pujanza, que en los caminos servia para los menesteres de las posadas, y en los Conventos para los oficios de la Celda. Era el Lego de buen humor, nada gazmoño, y mucho ménos que nada escrupuloso. Dábale á Gerundio periquitos, rosquillas, y alcorzas, con que le havian regalado unas Monjas, cuyo Convento acababan de visitar. Con esto se le aficionó mucho el muchacho, y tambien con los cuentos y chistes, que contaba entre la familia, miéntras su Paternidad y el Secretario dormian la siesta, que el Lego no gustaba de dormir, y dicen, que los contaba con gracia. Por las tardes, luego que acababan de refrescar los dos Padres graves, el Lego se salia á passear con Gerundio, y este le llevaba unas veces á las Eras, otras al Humilladero, y otras al Majuelo de su padre, que linda con el Carrascal. En estas conversaciones vertia el muchacho todos los disparates, que havia aprendido con el Dómine; y, como el Lego le oía hablar tanto en Latin, que para él era lo mismo que Griego, y por otra parte el chico era bien dispuesto y desembarazado, parecíale, que podia ser muy á propósito para la Orden, y assí comenzó á cathequizarle.

5. Decíale, que en el mundo no havia mejor vida que la de Frayle, porque el mas topo tenia la racion segura, y en assistiendo á su Choro, santas pasquas; que el que tenia mediano ingenio iba por la carrera de Maestro, ó por la carrera de Predicador; y que, aunque la de las Leturías era mas lup. 66cida, la del Púlpito era mas descansada y mas lucrosa, pues conocia él Predicadores Generales,[23] que en su vida havian sacado un Sermon de su cabeza, y con todo esso eran unos Predicadores, que se perdian de vista, y havian ganado muchíssimo dinero; y que en fin, en jubilando por una ó por otro carrera, lo passaban como unos Obispos. «Pues qué, la vida de los Colegiales! que assí llamamos á los que están en los Estudios. Ni el Rey ni el Papa la tienen mejor, por lo ménos mas alegre. Algunas crugías passan con los Lectores, y con los Maestros de Estudiantes, si son un poco ridículos, ó zelosos de que estudien; pero qué importa, si se la pegan guapamente? Nunca comen mejor, que quando les dan algun pan y agua por flojos, porque no llevaron la leccion, ó porque se quedaron en la cama; pues entónces los demas compañeros los guardan en la manga lo mejor de su pitanza, y comen como unos Abades. Ahora: la bulla, la fiesta, la chacota, que tienen entre sí, quando están solos; los choscos que se dan unos á otros, esso es un juicio, y han sucedido lances preciosíssimos. Es verdad, que si los pillan lo pagan, y hay despojos que cantan mysterio: pero datus sunt passatus sunt. De la vida de los Novicios no se hable: ya se ve, que assisten siempre al Choro, que nunca faltan á Maytines, que ayudan las Missas, que tienen mucha oracion y muchas disciplinas, que andan con los ojos baxos, y con la cabeza colgando, á manera de higo maduro; pero esso es una friolera: en volviendo la suya el Maestro, ó en aquellos ratos de libertad y de assueto, que los dan de quando en quando, hay la zambra y la trisca, que se hunde el Noviciato: juegan á la gallina-ciega, á fiel-derecho, y á los batanes, que no hay otra cosa que ver.»

6. No se puede ponderar el gusto, con que oía nuestro Gerundio esta indiscreta pintura de la Vida religiosa, representada con mas imprudencia, que verdad; pues, descubriendo únicamente las travesuras de los religiosos imperfectos, ocultaba la severidad, con que se reprendian y se castigaban, dissimulando el rigor, con que se zelaba la observancia, y lo mucho que pide á todos sus individuos qualquiera Religion, por mitigada que sea. Pero al bueno del Lego le parecia, que como él, una por una, le metiesse al chico en el cuerpo la vocacion, hacia una gran cosa, y que lo demas allá lo veria. Con efecto se la metió tan metidamente, que desde luego dixo á su Cathequista, que, aunque le ahorcassen, havia de ser Frayle de su Orden, y que aquella misma noche havia de pedir el Hábito al Padre Provincial delante de sus padres. El Lego le dió un abrazo, dos corazones de alcorza, y un escapulario con cintas coloradas, y su escudo bordado de hilo de oro, con lo qual se le arraygó la vocacion, de manera quep. 67 ya no le quitarian de ser Frayle, aunque le dieran el Curato de su mismo Lugar. Y mas, que el Lego le instruyó en el modo con que se havia de explicar con el Provincial, y que, despues de haver conseguido el sí, le havia de pedir, que él mismo fuesse su Padre de Hábito; pues de essa manera asseguraba su fortuna, por quanto el partido de su Paternidad era el que mandaba, y mandaria verisímilmente por algunos años, puesto que apénas havia Definidor, Jubilado, ni Prelado Conventual, que no fuesse hijo ó nieto de su Reverendíssima, esto es, ó discípulo suyo, ó discípulo de sus discípulos, y que assí se llevaba los Capítulos en el pico, disponiendo en ellos á destajo, quanto se le antojaba.

7. Siglos se le hicieron á Gerundio las horas, que faltaban hasta la de cenar, y llegada esta, se sentó á la mesa junto á sus padres, con el Provincial y Secretario, como acostumbraba: pero, en vez de que otros dias los divertia mucho con sus intrepideces, latines, anagrammas, y versos de memoria, que decia á borbotones, aquella noche, segun la instruccion del socarron del Lego, se mostró mustio, cabiz-baxo, y desganado. Picábanle por aquí y por allí, mas él apénas hablaba palabra; hasta que, levantados los manteles, el Provincial y el Secretario le hicieron sentar entre los dos, comenzaron á acariciarle mucho, y le preguntaron qué tenia. Despues que se hizo bien de rogar, y de burlas ó de veras se le assomaron algunas lagrymitas, dixo por fin y por postre, que queria ser Frayle de su Orden, y que, aunque fuesse á pié, se havia de ir tras ellos, hasta que le diessen el Hábito. Al oír esto la buena de la Catanla, volviéndose á su marido, puestas ó encrucijadas las manos, y meneando la cabeza, le dixo con la mayor bondad del mundo: No te lo dixe yo, mi Anton, que al cabo el chico havia de ser Flayre? No ves como se cumpre el prefacio de aquel bendito Lego, que pernosticó, que este niño havia de ser un gran Perdicador? Y volviéndose despues á Gerundio, echándole la bendicion, le dixo: Anda bendito de Dios, con la bendicion de su Divina Magestad, y con la mia; que, aunque te venia una Capellanía de sangre, y tu Padrino el Licenciado Quijano queria persignar en tí el Beneficio simpre de Berrocal de arriba, mas te quiero ver en un Cúlpito convirtiendo almas, que si te viera Arcipeste de todo el partido. Anton Zotes, que era bueno como el buen pan, solo respondió: Yo por mí, como sea buen Flayre, mas q’aga lo que quisiere, porque los padres no podemos quitar la voluntad á los hijos.

8. Viendo el Provincial lo poco, que havia que hacer por parte de los Padres, y conociendo, que el muchacho tenia en realidad viveza y habilidad, y que los disparates, que le havian enseñado, eran efectos de la mala Escuela, los que se podiap. 68 esperar, que con el tiempo y con los libros los conociesse y emendasse, desde luego ofreció que le recibiria, y que él mismo le daria el Hábito, y seria siempre su Padre y su Padrino. Pero, como era Varon docto y Religioso, y el punto era tan sério, temió, que fuesse alguna veleydad de muchacho, ó que á lo ménos quisiesse abrazar aquel estado atolondradamente y sin conocimiento de lo que abrazaba; y para cumplir con su conciencia, con su oficio, y con su grande entendimiento, resolvió desengañarle delante de sus mismos padres, y assí le habló de esta manera.

9. «Sabes, hijo mio, lo que es el estado Religioso? Es una Cruz, en que se enclava el alma con los tres Votos Religiosos, desde el mismo punto en que los hace, y no se desprende de ella, hasta que espira. Es un martyrio continuado, que comienza quando se abraza, y se acaba quando se dexa, advirtiéndote, que solo se puede dexar, ó perdiendo la vida, ó abandonando la honra, y tambien con ella el alma. Es un estado de humildad, todo de mortificacion, y todo de obediencia. El que no se desprecia á sí mismo, esse es el mas despreciado de todos; ninguno es mas mortificado, que el que ménos se mortifica, con el desconsuelo de que padece mas, y merece ménos. Al que no quiere ser obediente, se le obliga á ser esclavo. Ves estas nevadas canas, que blanquéan mi cabeza? (al decir esto, se quitó un becoquin ó escofieta, que trahia en ella): pues sábete, que ha veinte años, que me la cubren, me la desfiguran, y desmienten los que tengo, que aún hoy faltan algunos para llegar á cinquenta; y nunca se anticipa tanto el color tardío de estas naturales plantas, sino quando las desseca el calor de las pesadumbres; y puedes observar, que apénas hay Religioso, que no encanezca por razon de estado muchos años ántes de lo que debiera por la edad. Ciertamente, que esta violencia, que se hace á la naturaleza, no puede tener regularmente otro principio, que la que se hace voluntaria ó involuntariamente al natural.»

10. «Como nunca has tratado mas Religiosos, que los que la caridad de nuestros hermanos y tus padres hospeda christiana y piadosamente en su casa, temo, que alguno ménos prudente (pues no podemos negar que en todas partes los hay,) te haya pintado la Religion, como aquel Pintor, que para ocultar la deformidad de Philipo, Padre de Alexandro, á quien le faltaba un ojo, le pintó á medio perfil, representándole solo por aquel lado de la cara, que no era defectuoso, y cubriendo el otro con el lienzo. Quiero decir, temo, que solo te hayan pintado á la Religion por donde puede agradarte, ocultándote artificiosamente aquello, por donde pudiera retraher tu natural inclinacion. Sí, hijo mio, hay en el estado Religioso hombres graves, justamente atendidos por sus méritos conp. 69 privilegios y con exenciones; pero no hay, ni puede haver privilegios contra la obediencia, ni contra la observancia, ni hasta ahora se han descubierto en el mundo exenciones de las pesadumbres y de los trabajos. Qué importa, que á essos Padres graves les sobre quanto han menester en la Celda, si, en caso de no ser ajustados, los falta lo que mas necessitan en el corazon? Tampoco te negaré, que en la Religion mas estrecha se encuentran inobservantes, y tal vez se ve algun escandaloso. Pero tambien en el Cielo huvo Angeles apóstatas, en el Paraíso hombres inobedientes, y en el Colegio Apostólico un alevoso, un presumido, un inconstante, un incrédulo, y muchos cobardes, y ni el Cielo dexó de ser un Cielo, ni el Paraíso Paraíso, ni el Colegio Apostólico la Comunidad mas Santa, que ha havido, ni ha de haver en el mundo. No se llama perfecto un estado, porque no se hallen en él hombres defectuosos, sino porque, á los que lo son, se les corrige, y á los que no se corrigen, no se les tolera; porque, ó se les corta como miembros podridos, para que no inficionen á los sanos, ó se les conjura como á las tempestades, para que vayan á descargar, donde á ninguno hagan daño: quiero decir, que encerrados de por vida entre quatro paredes, ó la pena les hace entrar en sí mismos, y entónces son verdaderamente felices; ó, si con la desesperacion echan el sello á su desgracia, solo se perjudican á sí propios, y passan solos de un infierno á otro, del temporal al eterno. Assí, pues, hijo mio, si quieres ser Religioso, has de hacer ánimo á que, si fueres bueno, has de vivir y morir en una perpetua Cruz; si fueres malo, aun vivirás y morirás mas atormentado; y de qualquiera manera siempre te aguarda un martyrio, que durará miéntras te durare la vida. Yo he cumplido con lo que á mí me toca; tú ahora resolverás lo que te pareciere, en la inteligencia de que, si, no obstante la claridad con que te hablo, te determinares á abrazarte con la Cruz, yo, como Padre y como Padrino tuyo, que desde luego me constituyo por tal, aunque no pueda quitártela de los hombros, haré quanto me sea possible por aligerártela, salva siempre la religiosa observancia.»

11. Atentíssimos estuvieron Anton Zotes y la buena de Catanla á la discreta harenga del prudente y piadoso Provincial, y no dexaron de enternecerse un si es no es, tanto que la última tuvo necessidad de limpiarse los ojos y las narices, estas con el delantal, y aquellos con la punta de la toca. Pero Gerundio la oyó con grandíssima serenidad y sin ninguna atencion, pensando solo, como havia de jugar á fiel-derecho, quando estuviesse en el Noviciado; en dar ya trazas, como pegársela al Despensero, corriendo un par de raciones cada semana, y figurándose ya en su imaginacion el mayor Predicador de toda aquella tierra; confessando despues,p. 70 que, miéntras el Provincial estaba hablando, él estaba ideando una plática de disciplinantes, para quando le echassen la Semana Santa de Campazas. A esto contribuyó tambien, que el bellacon del Lego se puso donde, sin ser visto del Provincial, pudiesse serlo de Gerundio, y, quando este ponderaba alguna cosa, aquel le guiñaba el ojo, y le hacia señas con la cabeza, como que no hiciesse caso de lo que le decia: con que, luego que acabó de hablar aquel Prelado, el muchacho se cerró en que queria ser Frayle, y que, si otros passaban por todas aquellas cosas, él tambien passaria por ellas, sin dar otra razon chica ni grande. Viéndole todos tan resuelto, se determinó, que lo que havia de ser tarde fuesse luego, porque, teniendo ya quince años, estaba en la mejor edad para entrar en Religion: y assí, dentro de dos dias, el Provincial, con su comitiva, acompañado de Gerundio, de su padre, de su madre, y del Licenciado Quijano, su Padrino, que quiso hacer la costa de la entrada, se fueron á un Convento de la Orden, no muy distante de Campazas, donde el mismo Provincial le puso por su mano el Hábito con grande solemnidad; y assí al Prelado de la Casa, como al Maestro de Novicios, se le dexó muy recomendado, al fin como cosa suya.

p. 71

LIBRO SEGUNDO.
CAPITULO PRIMERO.
Concluído su Noviciado, passa á estudiar Artes.

Ya tenemos á Fray Gerundio en Campaña, como toro en plaza, Novicio hecho y derecho, como el mas pintado, sin que ninguno le echasse el pié adelante, ni en la puntual assistencia á los exercicios de Comunidad, porque guardaba mucho su coleto, ni en las travesuras que le havia pintado el Lego, quando podia hacerlas, sin ser cogido en ellas, porque era mañoso, dissimulado, y de admirable ligereza en las manos y en los piés. No obstante, como no perdia ocasion de correr un panecillo, de encajarse en la manga una racion, y en un santi-amen se echaba á pechos un Jesus, quando ayudaba al Refitolero á componer el Refectorio, llegó á sospecharse, que no era tan limpio como parecia, y assí el Refitolero como el Sacristan le acusaron al Maestro de Novicios, que, quando Fr. Gerundio assistia al Refectorio, ó ayudaba á las Missas, se acababa el vino de estas á la mitad de la mañana, y á un volver de cabeza se hallaban vacíos uno ó dos Jesuses, de los que juraria á Dios y á una Cruz, que ya havia llenado; y, aunque nunca le havian cogido con el hurto en las manos, pero que por el hilo se sacaba el ovillo, y que en Dios y en su conciencia no podia ser otra la lechuza,[24] que chupaba el aceyte de aquellas lámparas.

2. Era el Maestro de Novicios un bellíssimo Religioso, devoto y pio hasta mas no poder, pero sencillo y cándido como él mismo. En viendo á un Novicio con los ojos baxos, con la capilla calada, las manos siempre debaxo del escapulario, poco curioso en el hábito, traquiñándose al andar, y andando siempre arrimado á la pared, puntual á todos los actos de Comunidad, silencioso, rezador, y que en las recreaciones hablaba siempre de Dios; pues qué, si naturalmente era bien agestadillo y vergonzoso? si le pedia licencia parap. 72 hacer mortificaciones y penitencias extraordinarias y ocultas, aunque nunca las hiciesse? si acudia frequentemente á comunicarle las cosas de su espíritu, y á darle quenta de los sentimientos, que tenia en la oracion, especialmente si havia algo, que oliesse á cosa de vision imaginaria? sobre todo, si en tono de caridad, de escrúpulo, ó de zelo, iba á contarle las faltas, que havia notado, ó que quizá solo havia aprendido en los otros su malicia? Para el buen Maestro no havia mas que pedir: no creeria cosa mala de este Novicio, aunque se la predicaran Frayles descalzos; y, si alguno le acusaba de alguna faltilla, lo tenia por envidia ó por emulacion, diciendo casi con lágrymas, que la virtud, hasta en los claustros, es perseguida. Los bellacos de los Novicios, aunque por la mayor parte de poca edad, ya tenian bastante malicia para conocer esta flaqueza ó esta bondad de su Maestro, y assí los mas ladinos se la pegaban tan lindamente, haciéndole creer, que eran los mas santos. Nuestro Gerundio no iba en zaga al mas raposilla de todos, ántes bien en esta especie de farándula los hacia muchas ventajas, y se sabia, que era el queridito del Maestro, y mas añadiéndose á su buen parecer, dissimulo, y afectada compostura el ser ahijado y tan recomendado de nuestro Padre Provincial; porque, si bien es verdad, que el Maestro de Novicios era Varon espiritual y mýstico, no embargante todo esso, á mayor gloria de Dios y por el mayor bien de la Religion, hacia con puríssima intencion su corte á los mandones, y no querria disgustar á un Padre grave, por quanto tuviesse el mundo.

3. En esta disposicion del Maestro, dicho se está lo mal recibidas que fueron las acusaciones del Refitolero y del Sacristan. Díxoles el bendito Varon, que conocian mal al Hermano Fr. Gerundio, y que no sabia, con qué conciencia hacian juicios tan temerarios y levantaban aquellos falsos testimonios á un Novicio tan Angelical; que, si supieran bien, quien era aquel mancebo, se tendrian por dichosos en poner la boca, donde él ponia los piés; y que, si era verdad, que les faltaba el vino, seria sin duda, porque el Diablo tomaba la figura del Santo Novicio para beberle, y para desacreditarle: concluyendo con decirlos, que, si la Orden tuviera media docena de Fr. Gerundios, essa media docena de Santos mas adoraria con el tiempo en los Altares.

4. Sucedió, que, miéntras el bueno del Maestro de Novicios estaba dando esta repasata á los dos Legos acusadores, el Angelical Fr. Gerundio passó (no se sabe, si por casualidad, ó por aviso que tuvo) por delante de la despensa, y, viendo á la puerta de ella una cesta de huevos, se embocó media docena en el seno, y con la mayor modestia del mundo siguió su camino para el Noviciado, y se fué derecho á la celda delp. 73 Maestro, á darle cuenta de lo que le havia passado en la oracion de aquel dia. Entró, como acostumbraba, con los ojos clavados en el suelo, la capilla hasta como dos dedos sobre la frente, las manos en las mangas debajo del escapulario, sonroseado adredemente, para lo qual le vino de perlas la travesurilla, que acababa de hacer; y en todo caso (lo que era mucho del conjuro) amagando á una risita. Luego que el Maestro le vió entrar, se le renovó todo el cariño; mandóle sentar junto á sí, comenzó la cuenta de oracion, y comenzaron las mentiras, ensartando todas quantas se le vinieron á la cabeza, pero tan bien concertadas, y dichas con tanta gracia y con tanta compostura, que el bonazo del Maestro, sin poderse contener, se levantó de la silla y, para alentar mas y mas á su Novicio, le dió un estrechíssimo abrazo. En hora menguada se le dió; porque, como le apretó tanto en el Señor, se estrellaron en el pecho los huevos, que el Angelical mancebo trahia escondidos en él, y comenzaron á chorrear yemas y claras por el hábito abaxo, que parecia haverse vaciado el perol donde se batian los huevos para las tortillas de la Comunidad. El Maestro quedó atónito y confuso, y le preguntó al Novicio: «Pues, qué es esto, Hermano Fray Gerundio?» El santo mozo, que era assaz sereno y de imaginacion pronta y viva para salir con lucimiento de los lances repentinos, le respondió sin turbarse: «Padre, yo se lo diré á su Reverencia. Como ha dos meses, que su Reverencia me dió licencia para tomar disciplina en las espaldas, por no poderla ya tomar en otra parte, se me han hecho unas llagas, y llevaba estos huevos para ponerme una estopada; y no me atreví á decirlo á su Reverencia, porque su Reverencia no me privasse del consuelo de esta corta mortificacion.» Tragó el anzuelo el boníssimo Varon, y, pasmado de la estupenda mortificacion de su Novicio, volvió á darle otro abrazo, aunque ménos apretado que el primero, por no lastimarle en las llagas de las espaldas, y por no mancharse con la chorrera del hábito; y contentándose con advertirle blandamente, que mejor es la obediencia, que no los sacrificios, le despidió, dándole órden, de que se fuesse á mudar otra saya y otro escapulario.

5. Con estas trazas passó nuestro Fr. Gerundio su Noviciado, y hizo su profession inoffenso pede, sin que le faltasse voto; y, como todavía duraba el Provincialato de su Padrino y Padre de Hábito, le envió luego á estudiar las Artes á un Convento de los mas graves de la Provincia, sin que passasse por la regular aduana de Chorista, por dos ó por tres años, como passan los demas Frayles en canal, que no tienen arrimo.

6. Era Lector un Religiosito mozo, como de hasta treinta años escasos, de mediano ingenio, de bastante comprehension, de memoria feliz, estudianton de cal y canto, furiosamentep. 74 Aristotélico, porque jamas havia leído otra Philosophía, ni podia tolerar, que se hablasse de ella; eterno disputador, para lo qual le ayudaba una gran volubilidad de lengua, una voz clara, gruessa, y corpulenta, una admirable consistencia de pecho, y una maravillosa fortaleza de pulmones: en fin, un Escholástico essencialmente tan atestado de voces facultativas, que no usaba de otras, ni las sabia, para explicar las cosas mas triviales. Si le preguntaban como lo passaba, respondia, materialiter, bien; formaliter, subdistingo; reduplicative ut homo, no me duele nada; reduplicative ut Religioso, no dexa de haver sus trabajos. En una ocasion se le quejó su madre, de que en las Cartas, que la escribia, no la hablaba palabra de su salud; y él la respondió: «Madre y Señoría mia, es cierto, que signate no decia á Vm. que estaba bueno, pero exercite ya se lo decia. Ahora pongo en noticia de Vm. como estoy explicando á mis discípulos la transcendencia á la intranscendencia del Ente: yo llevo la analogía, y niego la transcendencia. A mi hermana Rosa dirá Vm. que me alegro mucho lo passe bien, assí ut quo, como ut quod, y que, en quanto á las calcetas con que me regala, la materia ex qua me pareció un poco gorda, pero la forma artificial viene con todos sus constitutivos. De las quatro libras de chocolate, que Vm. me envía, diré in rei veritate lo que me parece: las qualidades intrínsecas son buenas, pero las accidentales le echaron á perder, por haver estado aplicado mas tiempo del conveniente á la naturaleza ignea, mediante la virtud combustiva. B. L. M. de Vm. su hijo inadæquate, et partialiter, y su Capellan totaliter, et adæquate. Fr. Toribio, Lector de Artes.»

7. Por aquí se puede sacar el carácter del P. Lector Fray Toribio, que en un argumento á todos se los llevaba de calle, porque con la voz sonora, con el pecho fuerte, con la lengua expedita, y con la abundancia de términos no havia quien le resistiesse, y assí le llamaban el azote de los concursos. Tenia atestada la cabeza de apelaciones, ampliaciones, alienaciones, equipolencias, reducciones, y de todo lo mas inútil y mas ridículo, que se enseña en las Súmulas, sirviendo solo para gastar el tiempo en aprender mil cosas inútiles. Exercitábase él, y hacia que sus discípulos se exercitassen, en componer contradictorias, contrarias, sub-contrarias, y sub-alternas, en todo género de proposiciones, en las cathegóricas, en las hypothéticas, en las simples, en las complexas, en las necessarias, en las contingentes, y en las de impossible, gastando meses enteros en estas vagatelas impertinentíssimas. Sobre la importante y gravíssima question de si Blictiri es término, era cosa de espiritarse; y, si alguno le queria defender, que la union era tan término, como todos los demas, y que en ellap. 75 se resolvia la proposicion tan resolvidamente, como en el sugeto y en el predicado, era negocio de volverse loco, y á lo ménos no le faltaba un tris para perder el juicio.

8. El mismo exquisito gusto y la misma buena eleccion, que tenia en las Súmulas, mostraba en lo perteneciente á la Lógica. Aunque sabia muy bien, que esta no es mas que un arte, que ayuda á la razon natural á discurrir con penetracion y con solidez, enseñándola el modo de buscar y descubrir la essencia de las cosas, de formar diferentes idéas de una misma, segun los diversos respetos, nociones, ó formalidades, con que se presenta al entendimiento; y que estas diferentes formalidades, nociones, y respetos le dan bastante fundamento, no para que de una sola cosa haga dos, sino para que conciba, como si fueran dos, la que en realidad es una sola; y que, supuesta esta penetracion y esta division ideal, pueda ir despues raciocinando y discurriendo acerca de ellas, hasta llegar muchas veces á la demonstracion, y casi siempre á un prudentíssimo assenso: repito, que, aunque el buen P. Lector no ignoraba, que esta, y no otra, era la verdadera Lógica, de nada ménos cuidaba, que de instruir á sus discípulos en lo que conducia para esto, y de los nueve meses del Curso gastaba los siete en enseñarlos, lo que de maldita la cosa servia, sino de llenarles aquellas cabezas de idéas confusas, de representaciones impertinentes, y de idolillos, ó figuras imaginarias. Si consiste en un único hábito, qualidad, ó facilidad científica, ó en un complexo de muchos, correspondientes á la variedad de los actos logicales? Si es ciencia práctica ó especulativa? Si la docente se distingue de la utente, esto es, si la instruccion en las reglas se distingue del uso de ellas? Si su objeto es un entecillo duende, enteramente fingido por el entendimiento, ó una entidad, que tiene verdadero y real ser, aunque puramente intelectual? Si la Lógica artificial es tan necessaria para aprender otras Ciencias, que sin ella ninguna pueda aprenderse ni bien ni mal? Y assí de otras questiones proemiales, que de nada sirven, y para nada conducen, sino para perder tiempo, y para quebrarse la cabeza lo mas inútilmente del mundo.

9. Esto es, por paridad, como si un Maestro de obra prima (que assí se llama, no se sabe por qué, á los Zapateros), con un aprendiz, que quisiesse instruírse en el oficio, gastasse un mes en enseñarle, si la facultad zapateril era arte ó ciencia; y si arte, si era mecánico ó liberal? Otro en instruírle, si era lo mismo saber cortar, que saber coser, saber coser, que saber desvirar, ó si para cada una de estas operaciones era menester un hábito, ó instruccion científica, que las dirigiesse? — Señor, que yo quiero aprender á hacer zapatos. — Espérate tonto, como has de saber hacerlo, si no sabes si el obp. 76jeto del arte zapateril es el zapato, que realmente se calza, ó aquel, que se representa en la imaginacion, como idéa del que despues se ha de hacer? — Señor, que yo no quiero hacer zapatos imaginarios, sino estos, que se palpan, se tocan, y se calzan. — Eres un Orate: por ventura sabrás nunca hacer essos zapatos, no estando bien enterado de si las reglas, que se dan para hacerlos, son ó no son diferentes del uso y práctica de ellas? — Señor, qué se me da á mí, que lo sean, ni dexen de serlo? Enséñeme usted essas reglas, pues ha quatro meses, que estoy en su casa, y hasta ahora ni siquiera una me ha enseñado. — Ven acá, idiota: como te las he de enseñar yo, ni como las has de aprender tú, miéntras no estés pleníssimamente instruído en que esta Arte, que llamamos de Obra prima, es en parte práctica, y en parte especulativa? Práctica, porque su fin es enseñar á hacer zapatos, ajustados, ayrosos y duraderos; especulativa, porque las reglas, que da para esso, es menester, que dirijan primero á la razon, sin lo qual no se gobernarian bien las manos. — Por vida de… (y echóle redondo), que Vm. matará á un Santo. Y dígame, señor, para que yo aprenda essas reglas, qué me importará saber, si el Oficio es plático, ó culativo, ó la perra, que me parió?

10. Si alguno fuera al Padre Lector con este quento, bien sé yo, que no lo havia de contar por gracia; porque, sobre abundar de un humor escolástico flavo-bilioso, que, hiriendo en un momento las fibras del celebro, se comunicaba rápidamente al corazon por el nervio intercostal, con movimiento crispatorio, y de aquí, por una instantanea repercussion, volvia al mismo celebro, donde agitaba con igual ó con mayor crispatura las fibras, que se ramifican en la lengua, estaba tan furiosamente posseído de todas estas vanas inutilidades, que era capaz de chocar con el mismo Sol, si pretendia alumbrarle en este punto. En primer lugar, luego daba en los hocicos con aquella prodigiosa multitud de hombres grandes, que se han ocupado loablemente en estas materias, y eran tenidos de todo el mundo por hombres sapientíssimos. Si alguno le replicaba, que los hombres mas sabios y los hombres mas grandes al fin son hombres, y que no se havian acreditado, ni de grandes, ni de sabios, por haver gastado el tiempo en essas fruslerías, sino por haver escrito grave y doctamente otras materias utilíssimas; y, si se havian empleado en aquellas impertinencias, no era por no conocer, que lo fuessen, sino porque la obediencia ó la política los havia precisado á no desviarse del camino carretero, y á seguir el uso comun: le faltaba poco para romperle los cascos, y, si lo dexaba de hacer, era de pura compassion, despreciándole como á un pobre mentecato. Despues echaba mano de aquel otro lugarp. 77 comun, con que se defienden los que no tienen bastante valor ni bastante generosidad para confessar, que estas son impertinencias, diciendo, que sirven de mucho, aunque no sirvan de otra cosa, que de materia para aguzar los ingenios, y para exercitarlos en la disputa.

11. No havia que reponerle lo primero, que, siendo la Lógica la que enseña á discurrir y á disputar, parecia cosa ridícula comenzar á aprenderla arguyendo y disputando. Porque, ó ya se sabian las reglas de la disputa, ó se ignoraban: si se sabian, era ociosa la Lógica; si se ignoraban, como era possible, que se disputasse, sino diciendo en la materia y en la forma quatrocientos disparates? Y assí vemos, que las Artes mas mecánicas y los Oficios mas fáciles no se comienzan á aprender por el exercicio, sino á lo ménos por aquellas reglas generales, que son necessarias para saber imperfectamente exercitarle. No hay oficio mas fácil, que el de Aguador, porque en sabiendo echar al burro la albarda, y el camino del rio ó de la fuente, está aprendido el oficio: con todo es indispensable, ántes de ir por agua, saber echar la albarda al burro, y saber el camino. Si á un Aprendiz de Herrero le dixessen desde el primer dia, que hiciesse una sarten, se reiria del Maestro. Primero es menester darle una noticia general de todos los instrumentos del oficio, del uso particular de cada uno, del modo de manejarlos y de disponer la materia, para recibir la forma artificial, que se pretende darla; despues irle exercitando en lo mas fácil. Pues ahora: hay cosa mas graciosa, que comenzar disputando, si la Lógica docente se distingue de la utente, y empedrar por precision la disputa de toda la doctrina, que se da acerca de los hábitos naturales, infusos, y adquiridos, suponiendo ya sabido el modo, con que estos se engendran, y en que consiste la virtud, que tienen, para producir despues unos hijos, enteramente parecidos á sus abuelos, esto es á los actos, que engendraron á los hábitos; siendo assí, que el pobre niño no tiene idéa ni noticia de otros hábitos, que de los Hábitos largos de los Curas, ó de los Hábitos de los Frayles, que vió predicar la Quaresma y pedir el Agosto en su Lugar? Qué concepto formará de toda aquella algaravía de hábitos, de actos, de semejanza específica, de semejanza genérica, que es indispensable entienda, aun solo para penetrar los términos de la question, si nada de esto se le ha de explicar, hasta que estudie la Metaphýsica, ó la Animástica?

12. No havia que reponerle lo segundo, que tolerado, y no concedido, que, para exercitar el entendimiento en la disputa, fuesse conveniente excitar algunas questiones Proemiales, seria razon tomarlas de aquellos puntos históricos, que pertenecen al fin, invencion, progressos, y estado actual de lap. 78 misma Lógica. Como v. gr. para qué fin fué inventada la Lógica, si solamente para enseñar á discurrir bien, ó para evitar, que otros no nos alucinassen con sofismas y con paralogismos? Si la Lógica es mas antigua ó mas moderna que la Philosophía en todas sus partes? Y aquí entraba naturalmente un curioso resúmen historial del orígen de la Philosophía, y de su division en tanta variedad de Sectas, la Iónica, la Itálica, la Cyrenaica, la Eliaca, la Megárica, la Cýnica, la Estoyca, la Académica, la Peripatética, la Eleánica, la Pyrrhónica ó Scéptica, la Epicuréa, y finalmente la Ecléctica, ántes de hablar de los diversos systemas de la Philosophía moderna. Hallaríase, que la Lógica, respecto de unas Sectas havia sido muy posterior, muy anterior respecto de otras, y respecto de algunas sýnchrona ó coetanea.

13. Despues se podia preguntar, si la Lógica se inventó por casualidad, ó de propósito? Y suponiendo, como suponen todos, que se inventó por casualidad, haciendo algunas observaciones para descubrir y para desembarazarse de los sofismas, se seguia la pregunta de quien fué el primero, que hizo estas observaciones y formó una coleccion de ellas, para enseñar y para abrir los ojos á los demas? Si Zenon Eleátes, si Sócrates, si Platon, si Aristóteles, ó si Speusippo? Y constando por la historia, que Zenon hizo algunas observaciones, Sócrates otras, y Platon otras, todos tres anteriores á Aristóteles, de quien Platon fué Maestro, preguntar, por qué, no obstante esso, se tiene comunmente á Aristóteles por inventor de la Lógica ó de la Dialéctica? A lo qual se ha de responder necessariamente, que porque fué el primero, que hizo una Coleccion de todas las observaciones de aquellos tres Philósophos, añadiendo él otras muchas de suyo, disponiéndolas en estilo didascálico ó instructivo, y dándolas un méthodo seguido, claro, conexo, y natural. Assí como Pedro Lombardo, por otro nombre el Maestro de las Sentencias, se llama regularmente el Inventor de la Theología Escolástica, no porque lo fuesse de los Tratados, de que se compone, sino porque los que estaban esparcidos y sin órden en las Obras de los Padres, especialmente Latinos, los reduxo á un méthodo uniforme en los quatro Libros de los Sentenciarios, disponiéndolos de manera, que formassen un cuerpo bien repartido de facultad y de doctrina; añadiendo de suyo, ademas de esso, el poner en estilo de Escuela y de disputa algunos puntos, que en las Obras de los Padres se leen en estilo puramente doctrinal.

14. Despues de todas estas questiones, se concluía naturalíssimamente con las pertenecientes á los progressos y estado actual de la misma Lógica: si Aristóteles la concluyó, ó la dexó imperfecta? si la que hoy tenemos es la misma, quep. 79 enseñó aquel Philósopho, ú otra diferente? si la misma, aunque muy añadida, qué partes son las que se añadieron? quando? por quienes, y con qué ocasion ó motivo? y de estas partes añadidas, quales son necessarias, quales útiles, y quales impertinentes? Ve aquí unos Proemiales de mucha utilidad, de mucha curiosidad, y de muchos y bellos materiales, para que los entendimientos se exerciten en disputas históricas y críticas, pertenecientes á la misma Lógica, con tanto gusto como aprovechamiento. Pero ve aquí tambien lo que oía nuestro Padre Lector Fray Toribio, unas veces con una cólera espantable, y otras con una risa falsa y despreciativa, que le caía muy en gracia. Decia por toda respuesta, que todos eran tiquis-miquis, fruslerías de entendimientos superficiales, y que essos Proemiales eran buenos para una Lógica de corbatin ó de sofocante: en una palabra, admirables questiones para aquellos Lógicos, que leían Gacetas y encargaban á un corresponsal de Madrid, que los enviasse el Mercurio.

15. No puede omitir la Historia un caso curioso, que sucedió con nuestro escolasticíssimo Padre Lector. Cierto Padre Maestro de su misma Orden, hombre de vasta erudicion, y de igualmente grave que amena literatura, harto mejor instruído en lo que era verdadera Lógica y verdadera Philosophía, que el bendito Fray Toribio, viéndole tan escolastizado en aquellas vaníssimas sofisterías, y no pudiendo reducir á la razon aquella mollera endurecida y callosa, le dixo por burla cierto dia: «Pues de esse modo, Padre Lector, para usted no havrá en el mundo question mas importante, que aquella, que se defendió en Alemania: Utrum chimæra bombilians in vacuo possit comedere secundas intentiones?» Quedóse atónito y como pasmado al oír semejante question el Metaphysiquíssimo Fray Toribio; porque, aunque no havia Curso Thomista, Scotista, Suarista, Okamista, Nominalista, ni Baconista, que, á su parecer, no huviesse rebuelto, no hacia memoria de haver leído jamas aquella question in terminis. Suplicó al Padre Maestro, que se la volviesse á repetir; hízolo este con grande socarronería. Quedóse el Lector suspenso por un rato, como quien repassaba allá para consigo los términos de la question, queriendo penetrarlos; y despues de haver repetido dos ó tres veces en voz inteligible: Utrum chimæra bombilians in vacuo possit comedere secundas intentiones? Utrum chimæra bombilians in vacuo possit comedere secundas intentiones? dió una gran patada en el suelo, y prorrumpió, diciendo: Por el santo Hábito que visto, que mas quisiera ser Autor de esta question, que si desde luego me hicieran Presentado;[25] y concluído me vea yo en las primeras Sabatinas,[26] si no la defendiere en acto público, llevando la afirmativa. Rióse á su satisfaccion el bellacon del Maestro del fanático Lector, yp. 80 para echar el sello á la burla, que estaba haciendo de él, le dixo con bufonada: «Hará bien, Padre Lector, hará bien; y muérase con el consuelo de que le podrán poner sobre la piedra este Epitaphio, que se puso sobre la sepultura de otro, que era de su mismo genio y gusto:

Hic jacet Magister noster,
Qui disputavit bis aut ter
In Barbara et Celarent,
Ita ut omnes admirarent
In Fapesmo et Frisesomorum;
Orate pro animis eorum.»
CAPITULO II.
Prosigue Fr. Gerundio estudiando su Philosophía, sin entender palabra de ella.

La verdad sea dicha (porque, qué provecho sacará el curioso lector, de que yo infierne mi alma?), que, quanto mas cuidado ponia el incomparable Fr. Toribio en embutir á sus discípulos en estas inútiles sutilezas, ménos entendia de ellas nuestro Fr. Gerundio: no porque le faltasse bastante habilidad y viveza, sino porque, como el genio y la inclinacion le llevaban hácia el Púlpito, que contemplaba carrera mas amena, mas lucrosa, y mas á propósito para conseguir nombre y aplauso, le causaban tedio las materias Escolásticas, y no podia acabar consigo el aplicarse á estudiarlas. Por esso era gusto oírle las idéas confusas, embrolladas, y ridículas, que él concebia de los términos facultativos, conforme iban saliendo al teatro en la explicacion del Maestro. Llegó este á explicar los grados metaphýsicos de ente, substancia, criatura, cuerpo, etc., y por mas que se desgañitaba en enseñar, que todo lo que existe es ente; si se ve, y se palpa, es ente real, phýsico, y corporeo; si no se puede ver, ni palpar, porque no tiene cuerpo, como el alma y todo quanto ella sola produce, es ente verdadero y real, pero espiritual, immaterial, é incorporeo; si no tiene mas ser, que el que le dá la imaginacion y el entendimiento, es ente intelectual, ideal, é imaginario: siendo esta una cosa tan clara, para Fray Gerundio era una algaravía; porque, habiendo oído muchas veces en la Religion, quando se trataba de algun sugeto exótico y estrafalario, vaya que esse es ente, jamas pudo entender por ente otra cosa que un hombre irregular, ó risible por algun camino. Y assí, despues que oyó á su Lector las propiedades del ente, contenidas en las letras iniciales de aquella palabra bárbarap. 81 R. E. V. B. A. U., quando veía á alguno de genio extravagante, decia, no sin vanidad de su comprehension escolástica: este es un Reubau, como lo explicó mi Lector.

2. Por la palabra substancia, en su vida entendió otra cosa, mas que caldo de gallina, por quanto siempre havia oído á su madre, quando havia enfermo en casa, voy á darle una substancia. Y assí se halló el hombre mas confuso del mundo, el año que estudió la Phýsica. Tocándole arguir á la question, que pregunta, si la substancia es immediatamente operativa? su Lector defendia que no; y Fray Gerundio perdia los estrivos de la razon y de la paciencia, pareciéndole, que este era el mayor disparate, que podia defenderse, pues era claramente contra la experiencia, y á él se le havia ofrecido un argumento, á su modo de entender demonstrativo, que convencia concluyentemente lo contrario. Fuése, pues, al General muy armado de su argumento, y propúsole de esta manera: El caldo de gallina es verdadera substancia; sed sic est, que el caldo de gallina es immediatamente operativo: luego la substancia es immediatamente operativa. Negáronle la menor, y probóla assí: Aquello, que, administrado en una ayuda, hace obrar immediatamente, es immediatamente operativo. Sed sic est, que el caldo de gallina, administrado en una ayuda, hace obrar immediatamente: luego el caldo de gallina es immediatamente operativo. Rióse á carcajada tendida toda la mosquetería del Aula; negáronle la menor de este segundo sylogismo; y él enfurecido, parte con la risa, y parte con que le huviessen negado una proposicion, que tenia por mas clara, que el Sol que nos alumbra, sale del General precipitado y ciego, sin que nadie pudiesse detenerle, sube á la Celda, llama al Enfermero, dícele, que luego luego le eche una ayuda con caldo de gallina, si por dicha havia alguno prevenido para los enfermos. El Enfermero, que le vió tan turbado, tan inquieto, y tan encendido, creyendo sin duda, que le havia dado algun accidente cólico, para el qual havia oído decir, que eran admirable específico los caldos de pollo, juzgando, que lo mismo serian los de gallina, va volando á su cocinilla particular, dispónele la lavatiba, y adminístrasela; hace prontamente un prodigioso efecto; llena una gran vasija, de las que se destinan para este ministerio, y, baxando al General sin detenerse, dixo colérico al Lector, al que sustentaba, y á todos los circunstantes: Los que quisieren ver si el caldo de gallina hace ó no hace obrar immediatamente, vayan á mi Celda, y allí encontrarán la prueba; y despues que se vayan á defender, que la substancia no es immediatamente operativa.

3. Este lance acabó de ponerle de muy mal humor con todo lo que se llamaba estudio Escolástico. Y, aunque algunosp. 82 Padres graves y verdaderamente doctos, que le querian bien, procuraron persuadirle, que se dedicasse algo á este estudio, á lo ménos al de aquellas materias, assí Phýsicas, como Metaphýsicas, que no solo eran conducentes, sino casi necessarias para la inteligencia de las questiones mas importantes de la Theología en todas sus partes, Escolástica, Expositiva, Dogmática, y Moral, sin cuya noticia era impossible saber hacer un Sermon, sin exponerse á decir mil necedades, heregías, y dislates, no fué possible convencerle; ni, aunque le dieron algunos panes y agua, hasta llegar tambien á media docena de despojos, ni por essas se pudo conseguir, que se aplicasse á lo que no le llevaba la inclinacion, y mas haviendo en casa quien le ayudaba á lo mismo.

4. Era el caso, que por mal de sus pecados se encontró nuestro Fr. Gerundio con un Predicador mayor[27] del Convento, el qual era un mozalvete, poco mas ó ménos de la edad de su Lector, pero de traza, gusto, y carácter muy diferente.

5. Hallábase el Padre Predicador mayor en lo mas florido de la edad, esto es, en los treinta y tres años cabales. Su estatura procerosa, robusta, y corpulenta; miembros bien repartidos, y assaz symétricos y proporcionados; muy derecho de andadura, algo salido de panza; cuelli-erguido, su cerquillo copetudo, y estudiosamente arremolinado; hábitos siempre limpios, y muy prolixos de pliegues, zapato ajustado, y sobre todo su solidéo de seda, hecho de aguja, con muchas y muy graciosas labores, elevándose en el centro una borlita muy ayrosa; obra toda de ciertas Beatas, que se desvivian por su Padre Predicador. En conclusion, él era mozo galan, y juntándose á todo esto una voz clara y sonora, algo de cecéo, gracia especial para contar un cuentecillo, talento conocido para remedar, despejo en las acciones, popularidad en las modales, boato en el estilo, y osadía en los pensamientos, sin olvidarse jamas de sembrar sus Sermones de chistes, gracias, refranes, y frases de chimenéa, encajadas con grande donosura, no solo se arrastraba los concursos, sino que se llevaba de calles los estrados.

6. Era de aquellos cultíssimos Predicadores, que jamas citaban á los Santos Padres, ni aun á los Sagrados Evangelistas por sus propios nombres, pareciéndoles, que esta es vulgaridad. A San Mathéo le llamaba el Angel Historiador, á San Márcos el Evangélico Toro, á San Lucas el mas divino Pincel, á San Juan el Aguila de Patmos, á San Gerónimo la Púrpura de Belen, á San Ambrosio el Panal de los Doctores, á San Gregorio la Alegórica Thiara. Pensar, que al acabar de proponer el tema de un Sermon, para citar el Evangelio y el capítulo de donde le tomaba, havia de decir sencilla y naturalmente: Joannis capite decimo tertio: Matp. 83thæi capite decimo quarto, esso era cuento, y le parecia, que bastaria esso, para que le tuviessen por un Predicador Sabatino: ya se sabia, que siempre havia de decir: Ex Evangelica lectione Matthæi, vel Joannis capite quarto decimo; y otras veces, para que saliesse mas rumbosa la colocacion: Quartodecimo ex capite. Pues qué! dexar de meter los dos deditos de la mano derecha, con garbosa pulidez, entre el cuello y el tapacuello de la Capilla, en ademan de quien desahoga el pescuezo, haciendo un par de movimientos dengosos con la cabeza, miéntras estaba proponiendo el tema, y, al acabar de proponerle, dar dos ó tres brinquitos dissimulados, y, como para limpiar el pecho, hinchar los carrillos, y, mirando con desden á una y otra parte del Auditorio, romper en cierto ruído gutural, entre estornudo y relincho! esto afeytarse siempre que havia de predicar, igualar el cerquillo, levantar el copete, y, luego que, hecha ó no hecha una breve oracion, se ponia de pié en el Púlpito, sacar con ayroso ademan de la manga izquierda un pañuelo de seda de á vara y de color vivo, tremolarle, sonarse las narices con estrépito, aunque no saliesse de ellas mas que ayre, volverle á meter en la manga á compas y con harmonía, mirar á todo el concurso con despejo, entre ceñudo y desdeñoso, y dar principio con aquello de sea ante todas cosas bendito, alabado, y glorificado, concluyendo con lo otro de en el primitivo instantaneo ser de su natural animacion: no dexaria de hacerlo el Padre Predicador mayor en todos sus Sermones, aunque el mismo San Pablo le predicara, que todas ellas eran, por lo ménos, otras tantas evidencias de que allí no havia ni migaja de juicio, ni assomo de syndéresis, ni gota de ingenio, ni sombra de meollo, ni pizca de entendimiento.

7. Sí, andaos á persuadírselo, quando á ojos vistas estaba viendo, que solo con este preliminar aparato se arrastraba los concursos, se llevaba los aplausos, conquistaba para sí los corazones, y no havia estrado ni visita, donde no se hablasse del último Sermon, que havia predicado.

8. Ya era sabido, que siempre havia de dar principio á sus Sermones, ó con algun refran, ó con algun chiste, ó con alguna frase de bodegon, ó con alguna cláusula emphática ó partida, que á primera vista pareciesse una blasfemia, una impiedad, ó un desacato; hasta que, despues de tener suspenso al Auditorio por un rato, acababa la cláusula, ó salia con una explicacion, que venia á quedar en una grandíssima friolera. Predicando un dia del Mysterio de la Trinidad, dió principio á su Sermon con este período: Niego, que Dios sea Uno en Essencia, y Trino en Personas; y paróse un poco. Los oyentes, claro está, comenzaron á mirarse los unos á los otros, ó como escandalizados, ó como suspensos, esperandop. 84 en qué havia de parar aquella blasfemia heretical. Y quando á nuestro Predicador le pareció, que ya los tenia cogidos, prosigue con la insulsez de añadir: Assí lo dice el Evionista, el Marcionista, el Ariano, el Manichéo, el Sociniaino; pero yo lo pruebo contra ellos con la Escritura, con los Concilios, y con los Padres.

9. En otro Sermon de la Encarnacion, comenzó de esta manera; A la salud de ustedes, Cavalleros; y, como todo el Auditorio se riesse á carcajada tendida, porque lo dixo con chulada, él prosiguió, diciendo: «No hay que reírse, porque á la salud de ustedes, de la mia, y la de todos, baxó del Cielo Jesu-Christo, y encarnó en las Entrañas de María. Es artículo de Fé. Pruébolo: Propter nos homines, et propter nostram salutem, descendit de cœlis, et incarnatus est.» Al oír esto, quedaron todos como suspensos y embobados, mirándose los unos á los otros, y escuchándose una especie de murmurío en toda la Iglesia, que faltó poco para que parasse en pública aclamacion.

10. Havia en el Lugar un Zapatero, truhan de profession y eterno decidor, á quien llamaban en el Pueblo el azote de los Predicadores, porque en materia de Sermones su voto era el decisivo. En diciendo del Predicador: Gran pájaro! pájaro de quenta! bien podia el Padre desvarrar á tiros largos, porque tendria seguros los mas principales Sermones de la Villa, incluso el de la Fiesta de los Pastores, y el de San Roque, en que havia Novillos y un Toro de muerte. Pero, si el Zapatero torcia el hozico, y al acabar el Sermon decia: Polluelo! Cachorrillo! Iráse haciendo; mas que el Predicador fuesse el mismíssimo Vieyra, en su mesma mesmedad, no tenia que esperar volver á predicar en el Lugar, ni aun el Sermon de San Sebastian, que solo valia una rosca, una azumbre de hypocras, y dos quartas de cerilla. Este, pues, formidable censor de los Sermones estaba tan pagado de los del Padre Fray Blas (que esta era la gracia del Padre Predicador mayor), que no encontraba voces para ponderarlos: llamábale pájaro de pájaros, el non prus hurta de los Púlpitos, y en fin el Orador por Antonio mesía, queriendo decir, el Orador por Antonomasía; y, como el tal Zapatero llevaba en el lugar, y aun en todo aquel contorno, la voz de los sermones, no se puede ponderar lo mucho que acreditó con sus elogios á Fray Blas, y la gran parte que tuvo, en que se hiciesse incurable su locura, vanidad, y bobería.

11. Compadecido igualmente de la sandez del Predicador, que de la perjudicial simpleza del Zapatero, un Padre grave, religioso, docto, y de gran juicio, que, despues de haver sido Provincial de la Orden, se havia retirado á aquel Convento, emprendió curar á los dos, si podia conseguirlo; y, como elp. 85 dia despues del famoso Sermon de la Anunciacion, le fuesse á calzar el Zapatero (porque era el Maestro de la Comunidad), y este, con su acostumbrada bachillería comenzasse á ponderar el Sermon del dia antecedente, pareciendo tambien, que en aquello lisongeaba al Reverendíssimo, por ser Frayle de su Orden, el buen Padre Ex-Provincial quiso aprovechar aquella ocasion, y sacando la caxa dió un polvo á Martin (que este era el nombre del Zapatero), hízole sentar junto á sí, y encarándose con él le dixo con grandíssima bondad:

12. «Ven acá, Martin, qué entiendes tú de Sermones? Para qué hablas de lo que no entiendes, ni eres capaz de entender? Si no sabes escribir, ni apénas sabes deletrear, como has de saber, quien predica mal, ni bien? Díme: si yo te dixera á tí, que no sabias cortar, coser, desvirar, ni estaquillar, y que todo esto lo hacia mejor fulano ó citano, de tu misma profession, no me dirias con razon: Padre, déxelo, que no lo entiende; métase allá con sus libros, y déxenos á los Maestros de obra prima con nuestra tixera, con nuestra lesna, y con nuestro trinchete? Esto siendo assí, que saber qual zapato está bien ó mal cosido, bien ó mal cortado, es cosa, que puede conocer qualquiera, que no sea ciego. Pues, si un Maestro y un Predicador haria mal en censurar, y mucho peor en dar reglas de cortar ni de coser á un Zapatero; será tolerable, que un Zapatero se meta en dar reglas de predicar á los Predicadores, y en censurar sus Sermones? Mira, Martin: lo mas mas que tú puedes conocer, y en que puedes dar tu voto, es en si un Predicador es alto ó baxo, derecho ó corcobado, Cura ó Frayle, gordo ó flaco, de voz gruessa ó delgada, si manotéa mucho ó poco, y si tiene miedo ó no le tiene; porque para esto no es menester mas que tener ojos y oýdos: pero, en saliendo de aquí, no solo te expones á decir mil disparates, sino á elogiar cien heregías.»

13. — «Vítor, Padre Reverendíssimo, dixo el truhan del Zapatero. Y por qué no acaba su Reverendíssima con Gracia y Gloria, para que el Sermoncillo tenga su debido y legítimo final? Segun esso tendrá V. Rma. por heregía aquella gallarda entradilla, con que el Padre Predicador mayor dió principio al Sermon de la Santíssima Trinidad: Niego, que Dios sea Uno en Essencia, y Trino en Personas.» — «Y de las mas escandalosas, que se pueden oír en un Púlpito Cathólico,» respondió el grave, y docto Religioso. — «Pero, si dentro de poco (replicó Martin) añadió el Padre Fr. Blas, que no lo negaba él, sino el Evarista, el Marconista, el Marrano, el Macabéo, y el Sucio Enano, ó una cosa assí, y sabemos, que todos estos fueron unos perros Hereges; qué heregía de mis pecados dixo el buen Padre Predicador, sino puramente referir la que estos Turcos y Moros dixeron?»p. 86 Sonrióse el Reverendo Ex-Provincial, y, sin mudar de tono, le replicó blandamente: «Dígame, Martin; si uno echa un voto-á-Christo redondo,[28] y de allí á un rato añade valillo, dexará de haver echado un juramento?» — «Claro es que no, respondió el Zapatero, porque assí lo he oído cien veces á los Theatinos, quando vienen á missionarnos el alma. Y á fé, que en esto tienen razon; porque el valillo, que se sigue despues, ya viene tarde, y es assí á la manera que digamos de aquel lo que dice el refran: romperle la cabeza, y despues labarle los cascos.» — «Pues á la letra sucede lo mismo en essa proposicion escandalosa, y otras semejantes, que profieren muchos Predicadores de mollera por cocer (repuso el buen Padre): la heregía ó el disparate sale rotundo, y en todo caso descalabran con él al Auditorio, y esso es lo que ellos pretenden, teniéndolo por gracia; despues entran las hilas, los parchecitos y las vendas para curarle. De manera que todo el chiste se reduce á echar por delante una proposicion, que escandalice, y quanto sea mas dissonante, mejor; despues se la da una explicacion, con la qual viene á quedar una grandíssima friolera. No te parece, Martin, que, aun quando assí se salve la heregía, á lo ménos no se puede salvar la insensatez y la locura?»

14. — «No entiendo de Tulogías, respondió el Zapatero; lo que sé, es que, por lo que toca á la entradilla del Sermon de ayer: á la salud de ustedes, Cavalleros, ni V. Rma. ni todo el Concilio Trementino me harán creer, que allí huvo heregía, porque la probó claramente con el Credo: proter nostra salute descendit de Cœlos, y que á todos nos dexó aturdidos.» — «Es cierto (replicó el Rmo.), que en esso no huvo heregía; pero no me dirá Martin, en que estuvo el chiste ó la agudeza, que tanto los aturdió?» — «Pues qué (respondió el Maestro de obra prima), no es la mayor agudeza del mundo comenzar un Sermon, como quien va á echar un bríndis; y, quando todo el Auditorio se rió, juzgando, que iba á sacar un jarro de vino para convidarnos, echarnos á todos un jarro de agua con un texto, que vino, que ni pintado?» — «Oygase, Martin, le dixo con sosiego el Rmo., quando en una Taberna comienza un borracho á predicar, qué se suele decir de él?» — «A essos, respondió Martin, nosotros los Cofrades de la cuba, los llamamos los borrachos desahuciados; porque sabida cosa es, que borrachera, que entra por la mýstica ó á la apostólica, es incurable.» — «Pues venga acá, buen hombre (replicó el Ex-Provincial), si la mayor borrachera de un borracho es hablar en la Taberna, como hablan en el Púlpito los Predicadores, será gracia, chiste, y agudeza de un Predicador, usar en el Púlpito las frases, que usan en la Taberna los borrachos? Y á estos Predicadores alaba Martin!p. 87 á estos aplaude! Vaya, que tiene poca razon.» — «Padre Maestro, respondió convencido y despechado el Zapatero: yo no he estudiado Lógica ni garambaynas; lo que digo es, que lo que me suena me suena. V. Paternidad es de essa opinion, y otros son de otra, y son de la misma lana, y en verdad, que no son ranas. El mundo está lleno de envidia, y los Claustros no están muy vacíos de ella. Viva mi Padre Fray Blas, y V. Paternidad deme su licencia, que me voy á calzar al Padre Refitolero.»

15. No bien havia salido Martin de la Celda del Padre Ex-Provincial, quando entró en ella Fray Blas á despedirse de su Reverendíssima, porque el dia siguiente tenia que ir á una Villa, que distaba quatro leguas, á predicar de la colocacion de un Retablo. Como estaban frescas las especies del Zapatero, y el buen Reverendíssimo, ya por la honra de la Religion, ya por la estimacion del mismo Padre Predicador, á quien realmente queria bien, y sentia ver malogradas unas prendas, que, manejadas con juicio, podian ser muy apreciables, deseaba lograr coyuntura de desengañarle, y pareciéndole, que era muy oportuna la presente, le dixo luego, que le vió: «Padre Predicador, siento, que no huviesse llegado Vm. un poco ántes, para que oyesse una conversacion en que estaba con Martin el Zapatero, y él me la cortó, quando yo deseaba proseguirla.» — «Apuesto, respondió Fray Blas, que era acerca de Sermones, porque no habla de otra cosa, y en verdad, que tiene voto.» — «Podrále tener, replicó el Ex-Provincial, en saber donde aprieta el Zapato, pero en saber donde aprieta el Sermon, no sé por qué ha de tenerle.» — «Porque para saber quien predica bien, ó mal, respondió Fr. Blas, no es menester mas, que tener ojos y oídos.» — «Pues de essa manera, replicó el Ex-Provincial, todos los que no sean ciegos, ni sordos, tendrán tanto voto como el Zapatero.» — «Es que hay algunos, respondió el Padre Fray Blas, que, sin ser sordos, ni ciegos, no tienen tan buenos ojos, ni tan buenos oídos como otros.» — «Esso es decir, replicó el Ex-Provincial, que para calificar un Sermon, no es menester mas, que ver como lo acciona, y oír como lo siente el Predicador.» — «No, Padre nuestro, no es menester mas.» — «Con que, segun esso, arguyó el Ex-Provincial, para ser buen Predicador, no es menester mas, que ser buen Representante.» — Concedo consequentiam, dixo Fray Blas, muy satisfecho.

16. — «Y es possible, que tenga aliento para proferir semejante proposicion un Orador christiano, y un Hijo de mi Padre San N. que viste su santo Hábito? Ora bien, Padre Predicador mayor: qual es el fin, que se debe proponer en todos sus Sermones un christiano Orador?» — «Padre nuestro, respondió Fray Blas, no sin algun desenfado, el fin que debep. 88 tener todo Orador christiano, y no christiano, es agradar al auditorio, dar gusto á todos, y caerles en gracia: á los doctos, por la abundancia de la doctrina, por la multitud de las citas, por la variedad y por lo selecto de la erudicion; á los discretos, por las agudezas, por los chistes, y por los equívocos; á los cultos, por el estilo pomposo, elevado, altisonante, y de rumbo; á los vulgares, por la popularidad, por los refranes, y por los cuentecillos, encajados con oportunidad, y dichos con gracia; y en fin, á todos, por la presencia, por el despejo, por la voz, y por las acciones. Yo á lo ménos, en mis Sermones no tengo otro fin, ni para conseguirle me valgo de otros medios; y en verdad, que no me va mal, porque nunca falta en mi Celda un polvo de buen tabaco, una jícara de chocolate rico; hay un par de mudas de ropa blanca; está bien proveída la frasquera; y finalmente, no faltan en la naveta quatro doblones para una necessidad, y nunca salgo á predicar, que no trayga cien Missas para el Convento, y otras tantas para repartirlas entre quatro amigos. No hay Sermon de rumbo en todo el contorno, que no se me encargue, y mañana voy á predicar á la colocacion del Retablo de…, cuyo Mayordomo me dixo, que la limosna del Sermon era un doblon de á ocho.»

17. Apénas pudo contener las lágrymas el Religioso y docto Ex-Provincial, quando oyó un discurso tan necio, tan aturdido, y tan impío en la boca de aquel pobre Frayle, mas lleno de presuncion y de ignorancia, que de verdadera sabiduría; y compadecido de verle tan engañado, encendido en un santo zelo de la gloria de Dios, de la honra de la Religion, y del bien de las almas, en las quales podia hacer gran fruto aquel alucinado Religioso, si empleara mejor sus naturales talentos, quiso ver si podia convencerle y desengañarle. Levantóse de la silla, en que estaba sentado, cerró la puerta de la Celda, echó la aldabilla por adentro, para que ninguno los interrumpiesse, tomó de la mano al Predicador mayor, metióle en el estudio, hízole sentar, y sentándose él mismo junto á él, con aquella autoridad, que le daban sus canas, su venerable ancianidad, su doctrina, su virtud, sus empléos, su crédito, y su estimacion en la Orden, le habló de esta manera:

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CAPITULO III.
Del grave y docto razonamiento, que un Padre Ex-Provincial de la Orden hizo al Predicador mayor de la Casa, donde estudiaba las Artes nuestro Fr. Gerundio.

«Aturdido estoy, Padre Fray Blas, de lo que acabo de oírle, tanto, que aun ahora mismo estoy dudando, si me engañan mis oídos, ó si sueño lo que oygo. Bien temia yo al oírle predicar, y al observar cuidadosamente todos sus movimientos, ántes del Púlpito, en el Púlpito, y despues del Púlpito, que en sus Sermones no se proponia otro fin, que el de la vanidad, el del aplauso, y del interés; pero este temor no passaba de ofrecimiento, y ni aun se atrevia á ser sospecha, porque no se fuesse arrimando á juicio temerario. Mas ya veo, por lo que acabo de oírle, que me propasé de piadoso.»

2. «Con que el fin de un Orador Christiano, y no christiano, es agradar al Auditorio, captar aplausos, grangear crédito, hacer bolsillo, y solicitar sus convenenzuelas! A vista de esto, ya no me admiro de que el Padre Predicador se disponga para subir al Púlpito, como se dispone un Comediante para salir al Theatro: muy rasurado, muy afeytado, muy copetudo, el mejor Hábito, la capa de lustre, la saya plegada, zapatos nuevos, ajustados, y curiosos, pañuelo de color sobresaliente, otro blanco, cumplido, y de tela muy delgada, ménos para limpiar el sudor, que para hacer ostentacion, de lo que debiera correrse un Religioso, que professa modestia, pobreza, y humildad. Un Predicador Apostólico, que subiesse á la Cáthedra del Espíritu Santo con el único fin de enamorar á los oyentes de la virtud, y moverlos eficazmente á un santo aborrecimiento del pecado, se avergonzaria de essos afectados adornos, tan impropios de su estado, como de su ministerio; pero, quien sube á profanarla con fines tan indecentes, y aún estoy por decir tan sacrílegos, ni puede ni debe usar otros medios. No quiero decir, que el desaliño cuidadoso sea loable en un Predicador; solo pretendo, que la afectada curiosidad en el vestido, ó en el trage, es la cosa mas risible, y no hay hombre de juicio, que no tenga por loco al Religioso, que pone mas cuidado en componer el Hábito, que en componer el Sermon, pareciéndole, que el afeyte de la persona puede suplir la tosca grosería del papel. En una palabra, Padre mio, el que se adorna de essa manera para predicar, bien da á entender, que no va á ganar almas para Dios, sino á conquistar corazones para sí. No sube á predicar, sino á galantear; tiene mas de Orate, que de verdadero Orador.»

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3. «El fin de este, sea sagrado, sea profano, siempre debe ser convencer al entendimiento y mover á la voluntad, ya sea á abrazar alguna verdad de la Religion, si el Orador es sagrado, ya á tomar alguna determinacion honesta y justa, si fuere profano el Orador. No havrá leído, ni leerá jamas el Padre Predicador, que un Orador profano, por profano que fuesse, se huviesse jamas propuesto otro fin. Este es el único, que se propusieron en sus Oraciones Demósthenes, Ciceron, y Quintiliano, dirigiéndose todas á algun fin honesto y laudable; unas á conservar á la República, otras á encender los ánimos contra la tyranía; estas á defender á la innocencia, aquellas á reprimir la injusticia; muchas á implorar la misericordia, no pocas á excitar toda la severidad de las leyes contra los atrevimientos de la insolencia. Si se huviera olido, que alguno de aquellos famosos Oradores no tenian otro fin en sus declamaciones, que hacerse oír con gusto, captar el aura popular, ostentar el asséo ó la magestad del vestido, el ayre de la persona, el garbo de las acciones, lo sonoro de la voz, lo bien sentido de los afectos, la pomposa ojarasca de las palabras, y la agudeza ó falsa brillantez de los pensamientos; si se huviera llegado á entender, que sus harengas no se dirigian á otro fin, que á solicitar aplausos, á conquistar corazones, y á ganar dinero, huvieran sido el objeto de la risa, del desprecio, y aun de la indignacion de todos. Y si algunos concurriessen á oírlos, no seria ciertamente para dexarse persuadir de ellos, como de Oradores, sino para divertirse con ellos, como se divertian con los Histriones, con los Pantomimos, y con los Charlatanes. Porque en suma, mi Padre Predicador, el Orador no es mas que un hombre, dedicado por su ministerio á instruir á los hombres, haciéndolos mejores de lo que son. Y dígame: los hará mejores de lo que son, el que, desde que se presenta en el púlpito, se muestra tan dominado de las passioncillas humanas, como el que mas? Hará humilde al vano y al sobervio, el que en todas sus acciones y movimientos está respirando presuncion y vanidad? Corregirá la profanidad de los adornos, y el desordenado artificio de los afeytes, el que, dentro de los términos á que puede extenderse su estado y su profession, sube al Púlpito de gala? Emendará los desórdenes de la codicia, el que se sabe, que hace tráfico de su ministerio, que predica por interés, y que rebuelve al mundo, para que le encarguen los Sermones, que mas valen? Finalmente, á quien persuadirá, que á solo Dios debemos agradar, el que confiessa, que en sus Sermones no tiene otro fin, que el agradar á los hombres?»

4. «No me dirá el Padre Predicador, si los Apóstoles se propusieron este bastardo fin en los sermones, con que doce hombres rústicos, groseros, y desaliñados convirtieron á todop. 91 el mundo? Dirá, que Dios hacia la costa. Y quien le ha dicho, que no la haria tambien ahora, si se predicara con el espíritu, con que predicaron los Apóstoles? Replicará, que aquellos eran otros tiempos, y que los nuestros son muy diferentes, que aquellos. Qué quiere decir en esso, Padre mio? Si quiere decir, que los Apóstoles predicaron á una gente idiota, bárbara, inculta, ignorante, que se convencia de qualquiera cosa, y en qualquiera manera que se la propusiessen, acreditará, que está mas versado en leer Libros de conceptillos, que llaman predicables, y yo llamo intolerables y contentibles, que en la historia Ecclesiástica y profana. Sabe, que nunca estuvo el mundo mas cultivado, que quando Dios embió sus Apóstoles á él? Ignora, que aún duraban, y duraron por algun tiempo las preciosas reliquias del dorado Siglo de Augusto, dentro del qual nació Christo, y en el qual florecieron mas, que en otro alguno, todas las Artes y Ciencias, especialmente la Oratoria, la Poesía, la Philosophía, y la Historia? Nuestro Siglo presume, con razon ó sin ella, de mas cultivado, que otro alguno; y no se puede negar, en algunas determinadas Facultades y Artes se han hecho descubrimientos, que ignoraron los que le precedieron. Con todo esso, en aquellas, que cultivaron los Antiguos, no se ha decidido hasta ahora entre los Críticos la famosa question sobre la preferencia de estos á los Modernos; y sepa el Padre Predicador, que, aunque las razones, que se alegan por unos y por otros, son de mucho peso, pero el número de votos, que están por los primeros, hace incomparables excessos al que cuentan los segundos. Vea ahora, si eran ignorantes, bárbaros, é incultos aquellos, á quienes predicaron y convirtieron los Apóstoles, quando se disputa con grandes fundamentos, si nos excedieron en comprehension, en ingenio, en buen gusto, y en cultura.»

5. «Responderá, que aun por esso mismo los Apóstoles no convertian mas que á la gente popular, idiota, y del vulgacho. Otra alucinacion, que nace del mismo principio. No me hará merced el Padre Predicador de decirme, si era idiota, popular, y del vulgacho Cornelio el Centurion? si el Eunucho de la Reyna Candace era tambien del vulgacho, y popular? si era idiota San Dionysio Areopagita? si era un pobre ignorante San Justino Mártyr? si San Clemente Alexandrino fué idiota? si era popular, del vulgacho San Lino, y sus Padres Herculano y Claudia, ambos de las familias mas ilustres de Toscana? si tantos Reyes, tantos Príncipes, y tantos Magistrados, como convirtieron los Apóstoles en sus respectivas Provincias, eran del vulgacho, y populares? Un Predicador, que siquiera se tomasse el corto y necessario trabajo de leer las Vidas de los Santos, de quienes predica,p. 92 no incurriria en semejante pobreza; pero como no ha de incurrir en esta, y en mas crassas ignorancias, quando muchas veces quien tiene ménos noticia del Santo, á que se predica, es el mismo Predicador, haciendo vanidad de tomar assuntos tan abstraídos, que un mismo Sermon se pueda predicar á San Liborio, á San Roque, á San Cosme y San Damian, á la Vírgen de las Angustias, y, en caso necessario, á las benditas Animas del Purgatorio?»

6. «Pero, si acaso quiere decir el Padre Predicador, que aquellos primeros tiempos de la Iglesia, aunque no eran ménos instruídos, eran ménos estragados que los nuestros, y consiguientemente no era tan dificultoso reducirlos á la verdad del Evangelio con razones claras, naturales, desnudas, y sencillas, dirá otra necedad, que en conciencia no se le puede perdonar. Con que, eran ménos estragados, que los nuestros, unos tiempos, en que los vicios eran adorados como virtudes, y las virtudes aborrecidas como vicios? Unos tiempos, en que la incontinencia recibia inciensos en Cytheréa, la embriaguez adoraciones en Bacho, el latrocinio sacrificios en Mercurio? Unos tiempos en que se adoraba á Júpiter estrupador, á Vénus incestuosa, á Hércules usurpador, y á Caco ratero? Unos tiempos, en que la vanidad se llamaba grandeza de corazon, el orgullo elevacion de espíritu, la sobervia magnanimidad, la usurpacion heroismo, y al contrario, la modestia, el encogimiento, la moderacion, y el retiro, se trataban como baxeza de ánimo, como apocamiento, no solo inútil, sino pernicioso á la sociedad?»

7. «Mas no quiero estrecharle tanto: no quiero hacer cotejo de nuestro Siglo con el primer Siglo de la Iglesia; conténtome con hacer la comparacion entre nuestros tiempos y aquellos, en que floricieron los Paduas, los Ferreres, los Thomases de Villanueva. Dígame: hay mucha diferencia entre nuestras costumbres y las de aquellos tiempos? Si sabe algo de historia, precisamente responderá, que, si hay alguna diversidad, es en los trages, en las modas, en la mayor perfeccion de las lenguas, y en algunos usos puramente accidentales y exteriores; que en lo demas reynaban entónces, como ahora, las mismas costumbres, las mismas passiones, las mismas inclinaciones, los mismos vicios, los mismos desórdenes; solo, que estos eran mas frequentes, mas públicos, y mas escandalosos en aquellos tiempos, que en estos. Con todo esso, qué conversiones tan portentosas y tan innumerables no hicieron aquellos Santos en los suyos? Qué séquito no tenian siempre que predicaban, despoblándose las Ciudades y aun las Provincias enteras por oírlos? Y se predicaban á sí mismos? No se proponian otro fin en sus Sermones, que el de captar aplausos, grangear admiraciones, ganar dinero, y meter ruído en el mundo? Metíanle, y grande; pero, era esto lo que ellosp. 93 intentaban? Y conseguíanlo por unos medios tan impropios, tan indecentes, tan indignos, y aun estoy por decir tan sacrílegos?»

8. «Paréceme, que estoy ya oyendo lo que me dirá interiormente el Padre Predicador: lo que veo, es que yo lo consigo por los que uso; que tambien meto ruído; que me siguen, que me aplauden, y que me admiran. Lindamente! Y de ahí, qué se infiere? Que predica bien? Que sabe siquiera lo que se predica? O qué mala consequencia! Mete ruído; tambien le mete una farsa, quando entra en un Lugar. Síguenle; tambien se sigue á un charlatan, á un truhan, á un titiritero, á un arlequin, quando hacen sus habilidades en un Pueblo. Apláudenle; pero quienes? los que oyen como Oráculo á un infeliz Zapatero, y los que celebran á un Predicador, como pudieran á un Representante. Admíranse al oírle; pero de qué? los necios y los aturdidos, de su osadía y de sus gesticulaciones; los cuerdos y los inteligentes, de su satisfaccion y de su falta de juicio.»

9. «Ora bien, Padre Predicador, quien le ha dicho, que los aplausos y las admiraciones de la muchedumbre son hijas de los aciertos? Frequentíssimamente, por no decir las mas veces, son hijas de la ignorancia. El vulgo, por lo comun, aplaude lo que no entiende; y sepa, que en todas las classes de la República hay mucho vulgo. Ya havrá leído ú oído lo de aquel famoso Orador, que harengando en presencia de todo el Pueblo, y oyendo hácia la mitad de la Oracion una especie de alegre murmurío de la multitud, que le sonó á aclamacion, se volvió á un amigo suyo, que estaba cerca, y le preguntó sobresaltado: He dicho algun disparate? porque este aplauso popular no puede nacer de otro principio. Aun el mismo Ciceron, que no escupia los aplausos, desconfiaba de ellos, si eran muy frequentes, pareciéndole, que, no siendo possible merecerlos siempre, necessariamente havia de tener en ellos mucha parte la adulacion ó la ignorancia: No gusto oír muchas veces en mis oraciones: qué cosa tan buena! no se puede decir mejor. Belle et præclare nimium, sæpe, nolo.»

10. «Aún mas equívocas son las admiraciones que los elogios; estos nunca debieran dirigirse sino á lo bueno y á lo sólido; aquellas pueden, sin salir de su esfera, limitarse precisamente á lo singular y á lo nuevo; porque la admiracion no tiene por objeto lo bueno, sino lo raro. Y assí, dice discretamente un Jesuíta Francés, muy al caso en que nos hallamos, que puede suceder, y sucede con frequencia, una especie de paradoxa en los Sermones; esta es, que el Auditorio tiene razon para admirar ciertos trozos del discurso, que se oponen al juicio y á la razon; y de aquí nace, que muy frequentemente se condena poco despues lo mismo, que á primera vista se havia admirado. Quantas veces lo pudop. 94 haver notado el Padre Predicador? Están los oyentes escuchando un Sermon con la boca abierta, embelesados con la presencia del Predicador, con el garbo de las acciones, con lo sonoro de la voz, con la que llaman elevacion del estilo, con el cortadillo de las cláusulas, con la viveza de las expressiones, con lo bien sentido de los afectos, con la agudeza de los reparos, con el aparente desenredo de las soluciones, con la falsa brillantez de los pensamientos. Miéntras dura el Sermon, no se atreven á escupir, ni aun apénas á respirar, por no perder ni una sýlaba. Acabada la Oracion, todo es cabezadas, todo murmuríos, todo gestos, y señas de admiraciones. Al salir de la Iglesia, todo es corrillos, todo pelotones, y en ellos todo elogios, todo encarecimientos, todo assombros. Hombre como este! Pico mas bello! Ingenio mas agudo!»

11. «Pero, qué sucede? Algunos hombres inteligentes, maduros, de buena crítica, y de juicio claro, que oyeron el Sermon, y no se dexaron deslumbrar, no pudiendo sufrir, que se aplauda lo que debiera abominarse, sueltan ya esta, ya aquella especie, contra todas las partes, de que se compuso el Sermon, y hacen ver con evidencia, que todo él fué un texido de impropiedades, de ignorancias, de sandeces, de pobrezas, y quando ménos ménos de futilidades. Demuestran con toda claridad, que el estilo no era elevado, sino hinchado, campanudo, ventoso, y de pura ojarasca; que las cláusulas cortadas y cadenciosas son tan contrarias á la buena prosa, como las llenas y las numerosas, pero sin determinada medida, lo son al buen verso; que este género de estilo causa risa, ó por mejor decir, asco, á los que saben hablar y escribir; que las expressiones, que se llaman vivas, no eran sino de ruído y de boato; que aquel modo de sentir, y de expressar los afectos, mas era cómico y theatral que Oratorio, loable en las tablas, pero insufrible en el Púlpito; que los reparos eran voluntarios, su agudeza una fruslería, y la solucion de ellos tan arbitraria como futil; que los pensamientos se reducian á unos dichicos de conversacion juvenil, á unos retruécanos ó juguete de palabras, á unos conceptos poéticos, sin meollo ni xugo, y sin solidez; que en todo el Sermon no se descubrió ni pizca de sal Oratoria, pues no havia en él ni assomo de un discurso methódico y seguido; nada de enlace, nada de conexion, nada de raciocinio, nada de mocion: en fin, una escoba desatada, conceptillos esparcidos, pensamentuelos esparramados por aquí y por allí, y acabóse. Con que, todo bien considerado, no havia que aplaudir, ni que admirar en nuestro Predicador, sino su voz, su manotéo, su presuncion, y su reverendíssimo coram vobis. Los que oyen discurrir assí á estos hombres perspicaces, penetrativos, y bien actuados en la materia, vuelven de su alucinacion, conocen su engaño, yp. 95 el Predicador, que por la mañana era admirado, ya por la tarde es tenido por pieza; los compasivos le miran con lástima, y los duros con desprecio.»

12. «No quiero mas prueba de esta verdad, que los Sermones mismos del Padre Predicador. Quanto se celebró, y quanto se admiró aquella famosa entradilla del Sermon de la Santíssima Trinidad: Niego, que Dios sea Uno en essencia, y Trino en Personas? Quanto se admiró, y quanto se ponderó la otra del Sermon de la Anunciacion: A la salud de ustedes, Cavalleros? Qué elogios no se oyeron de una y otra al acabarse las funciones? Pero, quanto duraron estas admiraciones y estos aplausos? El tiempo, que tardó un hombre zeloso, charitativo, y prudente en abrir los ojos á los oyentes, para que conociessen, que la primera proposicion havia sido una grandíssima heregía, y la segunda una grandíssima borrachera; y quando ménos, añadida la explicacion de la una y de la otra, ambas havian quedado en dos grandes insulseces. Porque la primera se reduxo á decir, que muchos Hereges havian negado el Mysterio de la Santíssima Trinidad: miren qué noticia tan exquisita! Y la segunda, estrujada su substancia, no vino á decir mas, que Christo ó el Verbo Divino havia encarnado por la salud de los hombres: miren qué pensamiento tan delicado! Luego que sus oyentes cayeron en la cuenta, quedaron corridos de lo mismo, que havian admirado poco ántes; y sé muy bien, que en las mismas tardes de la Trinidad y de la Anunciacion se lo dieron á entender al Padre Predicador, si él huviera querido percibirlo. Porque yendo á visitar á sus penitentas, como lo acostumbra los dias que predica, para recoger los aplausos de los estrados, cierta Señorita le dixo el dia de la Trinidad: Jesus, Padre Predicador! Dios se lo perdone á Vm. el susto, que me dió con el principio de su Sermon; porque cierto temí, que el Comissario del Santo Oficio le mandasse callar, y que desde el Púlpito le llevasse á la Inquisicion. Y tambien sé, que otra le dixo la tarde de la Anunciacion: Quando Vm. comenzó el Sermon esta mañana, creí que estaba dormida, y que soñaba, que, en lugar de llevarme á la Iglesia, me havian llevado á la Taberna. Ambas fueron dos pullas muy delicadas y bien merecidas; pero, como el Padre Predicador todo lo convierte en substancia, túvolas por chiste, y le entraron en provecho.»

13. «Estos son, Padre mio, los aplausos, que logra, aun de aquellas personas, que no tienen mas luces, que las de un sindéresis natural bien puesto: burlarse de él, y estimarle en lo que vale. Las que están mas cultivadas, las que tienen alguna tintura del buen gusto, y sobre todo aquellas, que no miran con indiferencia un ministerio tan sério y tan sagrado de la Religion, no le puedo ponderar el dolor, que las causap. 96 verle tan profanado en su boca, y la compassion, con que miran tan infelizmente malogrados unos talentos, que, si los manejara como debe, serian utilíssimos para el bien de las almas, para la gloria de Dios, para mucha honra de nuestra Sagrada Orden, y para mas sólida y mas verdadera estimacion del Padre Predicador. No puede dudar este la especial inclinacion, que siempre le he manifestado, desde que fué mi Novicio; las pesadumbres de que le libré, quando fuí Prelado suyo; la estimacion, que hice de sus prendas siendo su Provincial, pues yo fuí quien le colocó en el candelero, encargándole uno de los Púlpitos mas apetecidos de la Provincia. Ya se acordará de la Carta paternal, que con esta ocasion le escribí, recomendándole mucho, que desempeñasse mi confianza, que no diesse ocasion, para que me insultassen los que censuraron esta eleccion, sin duda porque le conocian mejor que yo; predicasse á Jesu-Christo Crucificado, y no se predicasse á sí mismo, ó, á lo ménos, que predicasse con juicio y con piedad, ya que no tuviesse espíritu para hacerlo con zelo y con fervor. Protéstole, que uno de los mayores remordimientos, que tengo de los muchos desaciertos, que cometí en mi Provincialato (aunque pongo á Dios por testigo, que todos con buena intencion), es el de haver hecho Predicador al Padre Fray Blas, fiando la conversion de las almas á quien en nada ménos piensa que en convertirlas, y á quien muestra tener la suya no poco necessitada de conversion. Díle á conocer en el mundo, quando estaria mejor en el retiro del Claustro y en la soledad del Choro. Púsele en ocasion de que los aplausos de los necios le engreyessen, y la vanidad le precipitasse. Conózcolo, llórolo; pero ya no lo puedo remediar, pues veo, con imponderable dolor mio, que aun dentro de la Religion no faltan fomentadores de su vanidad, elogiadores y panegyristas de sus locuras; unos, porque no alcanzan mas, otros por adulacion, algunos pocos por interés, y la mayor parte, porque se dexa llevar de la corriente, y no tiene mas regla, que el grito de la muchedumbre.»

14. «Entre estos últimos cuento á essa pobre juventud, compuesta de Colegiales, Philósophos, y Theólogos, que se cria en este Convento, y á quien es indecible el daño, que hace con su mal exemplo el Padre Predicador. Venle aplaudido, celebrado, buscado, regalado, y sobrado de religiosas conveniencias; oyen al mismo Padre Predicador hacer ostentacion pueril de ellas, alabarse de lo mucho, que le fructifica la semilla del Verbum Dei; ponderar la utilidad y la estimacion de su carrera, haciendo chunga y chacota de la de los Lectores y Maestros de la Orden, á quienes trata de pelones, pobretes, mendigos, pordioseros, y camaleones, que se sustentan del ayre de los ergos, y que tienen las navetas tanp. 97 vacías de chocolate, como los cascos llenos de questiones impertinentes. Qué sucede? que cobran horror al estudio Escolástico, tan necessario para la inteligencia de los mysterios y de los dogmas, y, para no decir de unos y de otros tantos disparates, como dice el Padre Predicador, dedícanse á leer libros de sermonarios inútiles y disparatados, ó á trasladar Sermones tan ridículos, tan insubstanciales, y aun tan perniciosos, como los del Padre Fray Blas; tómanle á él mismo por modelo, remedándole hasta las acciones y los movimientos, sin advertir, que los que parecen bien, quando son naturales, se hacen risibles y despreciables en el remedo. Críanse con esta leche, y salen despues á ser la diversion del vulgo, la admiracion de los ignorantes, la risa de los discretos, el dolor de los piadosos, el descrédito de la Orden, y tal vez su azote y su tormento.»

15. «Viéndolo estamos todos en esse pobre, simple, y atolondrado de Fray Gerundio. Su sencillez por una parte, y el Padre Predicador por otra, ambos concurren á echarle á perder á tiros largos. Aunque no le faltan talentos, para que con el tiempo saliesse hombre de provecho, viendo estoy, que nos ha de sonrojar, y que nos ha de dar que padecer. No hay forma de estudiar una conferencia, de dedicarse á entender una question, y mira con horror al estudio Escolástico, gastando el tiempo en leer Sermones impressos, y en trasladar los manuscritos del Padre Fray Blas. Y esto por qué? porque me dicen, que no sale de su Celda; que tiene en ella letra abierta para desayunarse, para merendar, y para perder tiempo; que el Padre Predicador le va imbuyendo en todas sus máximas, hasta pegarle tambien sus afectos y desafectos, no solo con perjuicio de su buena educacion, sino en grave detrimento de la charidad, y de la union fraternal y religiosa.»

16. «Por tanto, Padre mio, si el amor de nuestra Madre la Religion le debe algo; si tiene algun zelo por la salvacion de las almas, que Jesu-Christo redimió con su preciosa Sangre; si su misma estimacion sólida y verdadera le merece algun cariño, ruégole, por la misma preciosíssima Sangre de Jesus, que mude de conducta: sea mas noble, mas christiano, y mas religioso el fin de sus Sermones, y será muy otra su disposicion: predique á Christo Crucificado, y no se predique á sí mismo; y á buen seguro, que no pondrá tanto cuydado en el afectado aliño de su persona: no busque otro interés, que el de las almas, da mihi animas; cætera tolle tibi; y yo le fio, que predicará de otra manera: no solicite aplausos, sino conversiones; y tenga por cierto, que no solo logrará las conversiones, que desea, sino los aplausos, que no solicita, y estos de órden muy superior al aura popular y vana, que ahora le arrebata tanto. Sobre todo le encargo, le ruego, lep. 98 suplico, que, quando no haga caso de lo que le digo, y se obstine en seguir el errado rumbo, que ha comenzado, á lo ménos no dogmatice, no haga escuela tan perniciosa, no quiera imitar aquel Dragon, que con la cola arrastró tras de sí la tercera parte de las Estrellas. Estremézcale aquel Væ! tan espantoso, contra los que escandalizan á los pequeñuelos. Y no trate de vejez, de impertinencia, de prolixidad, y de mala condicion de los muchos años esta paternal, charitativa, y reservada advertencia, que le hago; sino mírela como la mayor prueba del verdadero amor, que le professo.»

CAPITULO IV.
De la burla, que hizo el Predicador mayor del razonamiento del Ex-Provincial, y de lo que passó despues con Fray Gerundio.

Sin cespitar estuvo oyendo Fray Blas el Sermon, que le espetó el Reverendo Padre Ex-Provincial, y á pié firme sufrió la carga cerrada, que le disparó, con una contenencia tal, que qualquiera se persuadiria, que quedaba convencido, persuadido, y trocado ya en otro hombre. Porque, dice la leyenda de la Orden, que le oyó con semblante sereno, con los ojos baxos, con las manos debaxo del Escapulario, con el cuerpo algo inclinado ázia adelante, en postura humilde, aplicando un poco el oído izquierdo, como para no perder sýlaba, sin estornudar, sin escupir, y aun sin sacar la caja, ni tomar un polvo de tabaco en todo el tiempo, que duró la mission. Ya el buen Padre Ex-Provincial se aplaudia interiormente á sí mismo de aquella feliz conquista; ya tenia por mil veces dichosa la hora, en que se havia determinado á hablarle con tanta resolucion y claridad; ya estaba para echarle los brazos al cuello, dándole mil parabienes de que finalmente huviesse abierto los ojos á la luz de la razon; quando vió, que el bueno del Predicador levantó los suyos, le miró con serenidad, sacó las manos debaxo del Escapulario, reclinó el codo derecho sobre el brazo de la silla, refregóse la barba, echó despues mano á la manga, sacó la caja, dió dos golpecitos pausados sobre la tapa, abrióla, tomó un polvo, y, encarando al Ex-Provincial, le dixo muy reposado: Acabó ya V. Paternidad? — Sí, ya acabé. — Pues, Padre nuestro, óygame V. Paternidad este cuento.

2. «Assistia un loco al Sermon del Juicio universal, que se predicaba en cierta Mission. Estuvo verdaderamente ferp. 99voroso y Apostólico el zeloso Missionero, y dexó tan aturdido al auditorio, que, aun despues de acabado el Sermon, por un rato ninguno se rebullia. Aprovechóse el loco de aquel compungido silencio, y, levantando la voz descompassadamente, dixo: Señores, todo esso, que nos acaba de predicar el Padre Missionero de juicio, juicio, y juicio, sin duda que debe de ser assí. Pero nondum venit hora mea, y yo llevo la contraria con el doctíssimo Barradas. Vea V. Paternidad si manda algo para Cevico de la Torre, porque yo parto mañana»; y, sin esperar á mas razones, se levantó de la silla, tomó la puerta, y se fué á su Celda.

3. Esperábale en ella su queridito Fray Gerundio, que, ademas de ser un eterno admirador de las locuras y de los disparates de Fray Blas, cuya sola razon bastaria para que este le estimasse mucho, era, fuera de esso, un Fraylecito rollizo, bien agestado, muy compuestico de andadura, de acciones, y movimientos; por lo qual, no solo se llevaba todos los cariños del Padre Predicador mayor, sino generalmente los de casi todos los Padres graves de la Casa, entre los quales havia una especie de celillos y de competencia, sobre quien le havia de hacer mas cocos. Embiábanle desde la mesa traviesa la fruta, los extraordinarios, y el platillo, quando solo le tenian los Padres gordos, y no los Colegiales y aun por lo mismo era entre estos embidiado, acechado, y mas que medianamente mordido, para lo que daba él mismo poco motivo; ya por lo que se engreía con los alhagos de los Reverendíssimos, ya por las mañuelas y artificios de que se valia para tenerlos mas engaytados, ya finalmente, porque el horror, que tenia al estudio Escolástico, los daba muchas ocasiones de burlarse de él, y de sonrojarle, las quales no las perdian los bellacuelos de los otros Colegiales; pero á Fray Gerundio se le daba muy poco de esso, procurando en todo caso cultivar la predileccion de los mandones del Convento, y entre todos inclinándose mas (aunque con el mayor dissimulo possible) al despejo, al garbo, y á la discrecion del Padre Predicador mayor.

4. Luego, que este entró en la Celda, contó á Fray Gerundio quanto le acababa de passar con nuestro Padre: hízole un resúmen del Sermon, remedó su voz, imitó su postura, pintó sus gestos, glossó sus palabras, y burlóse de todo, tratándole de Carcuezo, de Fray-Zaragüelles, de Hombre de antaño, y de otros apodos semejantes. Finalmente le dixo: Chico, como la Mission duró tanto, tengo gana de cierta cosa, y assí con tu licencia. Retiróse á la alcoba, tiró la cortina, hizo lo que tenia que hacer, y, acabada esta funcion, dixo Fr. Blas á Fr. Gerundio: «Ya sabes, que mañana voy á Cevico de la Torre, á predicar del Patriarcha San Benito,p. 100 en su Hermita del Otero; es voto de Villa, Pasqua de flores, y hay Romería: y el Sermon es de los de á oncita de oro. Ante todas cosas, tómate essos dulces (y llenóle la manga de los que sacó de una naveta), cerremos la puerta, porque no venga á inquietarnos algun Reverendo Muletilla (y echó la aldaba); siéntate, y oirás uno de los mejores Sermones, que he compuesto en toda mi vida.»

5. «Título y assunto: Ciencia de la ignorancia, en la sabia ignorancia de la Ciencia.» — «Tenga usted, Padre Predicador, le interrumpió luego Fray Gerundio: no diga mas, que solo esso me encanta. Essos retruecanillos, esse palotéo de voces, y esse triquitraque de palabras, con que usted propone casi todos los assuntos de sus Sermones, es cosa, que me embelesa: Ciencia de la ignorancia, en la sabia ignorancia de la Ciencia! Vaya, que no hay mas que decir. A la verdad, yo no entiendo bien lo que quiere significar; pero lo que me suena, me suena, signifique lo que significare, ello es una gran cosa.» — «No quiere decir mas, replicó el Predicador, que lo que dice San Pablo, que la Ciencia de los Santos es la verdadera sabiduría, y que la sabiduría de este mundo es verdadera ignorancia y estulticia.»

6. — «Con que esso, y no mas quiere decir?» — «Sí.» — «Pero, válgame Dios! quien lo adivinaria? Otro, que no fuera V. Paternidad, diria sencillamente: San Benito supo lo que le convenia saber, é ignoró lo que no importaba ignorar; y de essa manera, aunque lo entenderian todos, pero tambien qualquiera gañan sabria decirlo. Mas esso de proponer una cosa tan comun con el ayrecillo especial, con que la propone V. Paternidad, en el mundo hay quien lo haga con tanta gracia. Y si no, dígalo aquel otro assunto del Sermon, que V. Paternidad predicó al Capítulo dos meses ha, en el dia de las Elecciones particulares: Eleccion de la rectitud, para la rectitud de la Eleccion. Primero que se me olvide el tal assunto, me he de olvidar yo de como me llamo. Pero, ya que hablamos de él, no me explicará V. Paternidad el concepto? porque, á decir la verdad, no le penetré muy bien. A mí, lo que se me ofreció, que querria decir, era que, para que la eleccion fuesse recta, era preciso, que fuesse recta la eleccion; mas esto, claro está, que no lo querria decir V. Paternidad, porque seria una verdad de Pero-Grullo.»

7. — «Calla, simplon, le respondió al punto Fray Blas; pues claro está, que no quise decir otra cosa; y ahí estuvo el chiste, en decir una pero-grullada, de manera que parecia una cosa del otro mundo. Si te acordaras del modo tan claro, tan perspicuo, tan brillante, con que entablé essa proposicion, para introducirme en el discurso, verias mas claro, que el Sol de mediodía, lo que yo quise decir.» — «Como soy Chrisp. 101tiano, que ya no me acuerdo (replicó Fr. Gerundio), aunque tengo el Sermon en la Celda, porque al punto le trasladé, como sabe V. Paternidad.» — «Pues yo te lo traheré á la memoria, que bien en ella lo tengo.»

8. — «Concluída la Salutacion, que esse fué vino de otra cuba, dí principio al Sermon con este apóstrophe al Sacramento, que estaba patente: Amorosamente Sabio os ofreceis (Soberano Sacramentado Monarca), Maestro y Director de este Capítulo. Nota de passo la oportunidad de llamar Presidente del Capítulo al Sacramento, y díme si esto se ofrece á qualquiera? Añadí despues: Para la mas acertada rectitud de las Elecciones, ofrece esse Augusto Sacramento vitales luces á los Electores Prelados. Prueba perentoria y terminante: Ego sum panis vitæ. Nota lo de panis vitæ, para las luces vitales. Mas por quanto los Electores eran muchos, y cada uno tenia su vida, buena ó mala, como Dios sabe (que á nosotros no nos toca indagar vidas agenas), y el texto solo hablaba de una vida, vitæ, era menester uno, que hablasse de muchas. Halléle, á pedir de boca, en el Syriaco, que lee: Panis vitarum. Ya tenemos al Sacramento Pan de muchas vidas: pero, por quanto estas vidas podian ser de Choristas, de Sacristanes, de Refitoleros, y de otros muchos Frayles, que no tenian voto en Capítulo, y yo havia menester precisamente un Sacramento, que fuesse pan de las vidas de los Padres Capitulares y Electores; aquí estuvo mi felicidad y mi discurso. Halléle, como lo podia desear, en Zacharías, en Tyrino, en Menochio, y en Lyra; porque el primero llama al Sacramento Frumentum Electorum; el segundo Panem Electorum; el tercero Frumentum Electorum; y el quarto, Frumentum Electorum est Corpus Christi consecratum pane frumenti.»

9. — «Digo, que V. Paternidad es demonio, ó que tiene familiar (le interrumpió Fray Gerundio, sin poderse contener). Donde diantres fué á encontrar unos textos tan á pelo, tan al intento, y que hablan de pan de Electores, con tanta claridad, que los entenderá el mas zafio Batueco, de los que van á vender miel á la Villa de Bezar? Ahora me acuerdo, que, especialmente quando oí essos textos en el Sermon, me quedé como atorrollado. Es verdad, que, hablando despues acerca de ellos con un Padre Maestro de la Casa, que me quiere mucho, me dexó un poco confuso; porque me dixo claritamente, que todos ellos, en el sentido en que V. Paternidad los entendió, havian sido unos grandíssimos disparates, delatables á la Inquisicion; que assí el Texto como los Intérpretes solo querian decir, que el Pan del Sacramento, ó que el Sacramento era Pan de los Escogidos, que esso, y no otra cosa significaba Electorum; que aplicarlo á los Electores, puramente por el sonido material de la palabra, era un abusop. 102 intolerable de la Sagrada Escritura, condenado por el Concilio Tridentino, por los Papas, y por la Inquisicion; que esta havia castigado en Roma á un Predicador, porque en las Honras del Cardenal Cibo havia dicho, que la Carne de Christo en el Sacramento era verdaderamente la carne del Cardenal, probándolo con aquel texto: Caro mea vere est cibus, el qual le havia querido entender aquel loco (assí le llamó el Padre Maestro), ni mas ni ménos, como V. Paternidad havia querido entender el Frumentum Electorum; que, si se permitiera la licencia de usar, ó de abusar de la Sagrada Escritura con essa materialidad, no havria heregía, disparate, torpeza, ni suciedad, que no se pudiesse probar con ella: y de aquí fué ensartando tantas cosas, que me metieron en mucha confusion, y no sé como tuve paciencia para oírlas.»

10. — «Y tú hiciste caso de ellas?» — «No, Padre Predicador, qué caso havia de hacer, si estaba conociendo palpablemente, que todo era embidia; porque el tal Padre Maestro es un hombre indigesto, que no sabe mas, que sus Ergos, su Theología, su Biblia, sus Concilios, sus Santos Padres, y servitor. En sacándole de ahí, no sabe una palabra: ni él ha leído jamas el Theatro de los Dioses, ni á Rabisio Textor, ni á Aulo Gelio, ni á Natal Cómite, ni á Alexandro de Alexandro, ni á Plinio, ni á Picinelo: con que, ya se ve, qué obligacion tiene el pobre á entender de Sermones, ni á saber, como se han de traher, ó como no se han de traher los textos de la Sagrada Escritura? Y, como por otra parte es un triste pelon, que anda con la hortera para tomar una jicarilla, y ve, gracias á Dios, la Celda de V. Paternidad tan abastecida de todo, se pudre á todo podrir, y de aquí proviene, que todo quanto hace V. Paternidad le da en rostro.» — «Dame un abrazo (le dixo al oír esto el Padre Fray Blas), que tú has de ser la honra de la Orden; toma essos quatro bollos de chocolate, para que te remedies en mi ausencia, y vamos adelante con el Sermon Capitular.»

11. — «Otro dia hablarémos de esse Sermon (dixo Fray Gerundio), que ahora, como está V. Paternidad para irse mañana, temo, que no nos ha de quedar tiempo para leer el de San Benito, aunque no sea mas que la Salutacion, y yo estoy rabiando por oírla, porque solo el pensamiento de Ciencia de la ignorancia, en la sabia ignorancia de la Ciencia, me ha excitado una curiosidad, que es un horror.» — «Tienes razon (respondió Fray Blas), y vamos á ella: aquí está el cartapacio sobre la mesa. Ten presente, que estamos en Primavera, que es Pasqua de flores, y que la Hermita del Santo está en el campo, y oye.»

12. «Al celebrado Dios del Regocijo consagraba la Grecia, Esparta, y Thesalia, festivos, solemnes cultos el dia 27 dep. 103 Marzo: Thessali huic Deo Risui quotannis rem divinam in summa lætitia faciebant, dice Rabisio Textor. Texian verdes guirnaldas, esmaltadas de matizadas flores, ofreciendo una Primavera de gozo al obsequiado Dios del Regocijo:

Vernis intexens floribus arva
· · · · · · · · · · · · · · ·
Risibus, et grandes mirata est Roma cachinnos,
dice Lilio Giraldo. Ofrecíase esta Deydad al culto en la figura de un jóven desnudo, coronado de myrto, adornado de alas, y en la frondosidad de un prado ameno: Puer nudus, alatus, myrthoque coronatus, qui humi sedebat, dice Vincencio Cartario.»

13. «Has visto entradilla mas florida para un Sermon de Primavera, en Pasqua de Flores, y toda ella no ménos que con autoridad de Cartario, Lilio Giraldo, y Rabisio Textor? Pues aguarda un poco, y escucha la aplicacion. Este es vernal paralelo del esclarecido Patriarcha San Benito, á quien con festivo gozo consagra hoy este Pueblo este solemnizado culto. Qué te parece, Gerundio amigo?» — «Qué me ha de parecer? Lo primero, que V. P. tiene mas en la uña el Kalendario de las fiestas de los Gentiles, que la misma Epacta de la Orden; porque jamas le he visto errar ni siquiera una de aquellas, y mas de una vez le he notado, que no sabia bien el Santo de quien se rezaba aquel dia. Lo segundo, que casi todos los Sermones de V. P. comienzan con una fabulilla tan á pelo y tan al caso, que no parece sino que la fábula se fingió para el mysterio, ó que el mismo Dios fué sacando el mysterio por la idéa de la fábula. Por exemplo: quando se me olvidará á mí aquella crespa entradilla del Sermon de la Concepcion, que oí este año á V. P. y la tomé de memoria, porque no espero oír en mi vida cosa mas adequada al assunto?»

14. «De la rizada espuma del celebrado Egéo, fingió la Ethnicidad fabulosa, fué su idólatra Vénus concebida:

Nuda Cythereis edita fertur aquis,
dice Ovidio. Concibióse de las tres celestiales gracias sociada:

Et Veneris turba ministra fuit,
dice Giraldo; porque no se verificasse instante, en que faltasse alguna gracia á su hermosura. Y en memoria de esta concepcion graciosa, celebraban los Cýclades el dia 8 de Diciembre con solemne alborozado culto: «Hoc tamen die octavo Decembris, festum Conceptionis pulcherrimæ Veneris ingenti jubilo celebratur. No me detengo ahora en reparar la culp. 104tura de llamar Ethnicidad á la Religion de los Gentiles, y no Gentilidad, ó Paganismo, que esso lo diria qualquier Gavacho.» — «Y si no la llamé Polytheismo, ó Poly-Deismidad, interrumpió el Padre Predicador, fué por reservar estos dos terminillos para otra ocasion.» — «Digo, que no me detengo en esto, porque con especialidad en esta invencion de voces nuevas y flamantes, alambicadas de la Lengua Latina, es V. P. inimitable; y yo tengo ya apuntadas algunas, para valerme de ellas en ocasion y tiempo, con la seguridad que, aunque no haga mas que hablar en esse estilo, no ha de haver Sermon de Cofradía, que no me busque. Ya sé, que al mar salado siempre le he de llamar, salsuginoso elemento; á la Vara de Aaron, Aaronítica Vara; al contraer el pecado original, traducir el fómes del pecado; Adam futurizado, al decreto de la Creacion de Adam; á su misma creacion, Adamitico fundamento; universal opificio, á la fábrica de todas las criaturas; á la naturaleza ciega, cecuciente naturaleza; y á un deseo ardiente y encendido, ignitas alas del deseo. Este bello, claro, perspicuo, y delicado estilo, déxelo V. P. de mi quenta, y yo salgo por fiador de mí mismo, que, por lo que toca á él, no ha de tener V. P. discípulo, que mas le honre.»

15. «Tampoco quiero detenerme ahora en el reparo de aquella ingeniosa figura, con que V. P. llamó idólatra á Vénus, quando dixo: Fué su idólatra Vénus concebida. Mas de dos ignorantes lo tendrian por necedad, pareciéndoles, que esso queria decir, que Vénus idolatraba en ellos, y no ellos en Vénus, y que V. P. debiera de haver dicho su idolatrada Vénus. Pero, sobre que entónces no constaria el pié de verso heróyco, de que se compone dicha cláusula: Fué su idólatra Vénus concebida, que era á lo que V. P. tiraba; y (quede dicho de passo) esta es una de las gracias, que mas me encantan en el elegante estilo de V. P., la multitud de piés lýricos y heróycos de que consta, que algunas veces me parece que estoy oyendo una relacion, amen de los consonantes; digo, que fuera de este primor faltaria otro, que no advierten, ni son capaces de advertir essos tontos. Esta es aquella figura rhetórica, que se llama… que se llama… válgate Dios! como se llama? que se llama… no sé como; la qual enseñaba á usar el presente por el pretérito, lo activo por lo passivo: y assí decimos, mi amantíssimo amigo, por mi amigo muy amado; recibí la favorecida carta de Vm. por la carta favorecedora; pues lo demas querria decir, que se le hacia favor en recibirla, y no me pareceria mucha modestia, ni mucha política. De la misma manera se puede decir tan lindamente idólatra Vénus, por Vénus idolatrada, como lo sabemos muy bien todos los que tuvimos la dicha de estudiar con el famosop. 105 Preceptor de Villaornate, y por esso tengo yo tan en la uña todas las figuras rhetóricas, con sus nombres, pelos, y señales.»

16. «Pero dexándonos de estos pelillos, como iba diciendo de mi cuento, digo, que la fábula de la concepcion de Vénus, para el Mysterio de la Concepcion de María, no parece sino que V. P. mismo la inventó, tan adequada viene, y tan al caso. Digo mas, que, á mi pobre juicio, estuvo de sobra aquella valiente cláusula, con que V. P. la aplicó. Gallardo, aunque fabuloso, paralelo del milagroso obgeto, que termina los regocijados cultos de este dia octavo de Diciembre, en que la Iglesia Cathólica celebra la Concepcion passiva de María, Vénus del Amor Divino, Diosa de la hermosura de la Gracia; porque no havria en todo el Auditorio entendimiento tan zopenco, que no se hiciesse luego cargo de la propiedad del gallardo paralelo, sin el cansancio de la aplicacion. Porque es claro como el agua, que, si Vénus fué madre del Amor, María fué Madre del Amor; si Vénus fué concebida de la espuma del mar, en la nivea espuma de la Gracia fué concebida María del mar de la humana naturaleza, como dixo V. P. un poco mas abaxo; si en la concepcion de Vénus assistieron las tres Gracias, en contraresto á las Gracias, sociaron á María en su Concepcion las horas, siendo las horas y las gracias dos cosas tan parecidas, que es impossible hayga otras dos mas semejantes. Finalmente, si Vénus fué concebida el dia ocho de Diciembre, el dia ocho de Diciembre fué concebida María. Assí que el paralelo no puede ser mas gallardo, por lo que toca á estas quatro propiedades. Y en quanto á la segunda, en que se coteja la espuma del mar Erythréo con la nivea espuma de la Divina Gracia, se encierra en ella una propiedad tan recóndita, que no es fácil se dé en el chiste á quatro paletadas. Porque, si la espuma no es otra cosa que el viento, que se introduce en el agua, ó en qualquiera otro licor, mas ó ménos movido, y agitado del mismo ayre, ó de algun otro agente extraño, como leí pocos dias ha en uno de estos libros, que se usan, y tratan de novedades; es claro como el agua, que la Divina Gracia ha de ser muy espumosa, y precisamente ha de hacer una espuma nivea, que disgregue la vista. Por qué? porque la Divina Gracia se atribuye particularmente al Espíritu Santo: este, ya se sabe, que unas veces es aura suave y apacible, y otras es viento impetuoso, que agitando á la Divina Gracia, é introduciéndose al mismo tiempo en sus divinos poros é intersticios, necessariamente ha de levantar una espuma nivea, como el ampo: y qué cosa mas propia, que el que de esta nivea espuma fuesse concebida la Vénus del Amor Divino? Con que realmente no pudo ser mas gallardo el paralelo.»

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17. «A mí assí me lo pareció, y assí lo defendí tambien contra aquel simplon, beaton, y testarudo de Fray Gonzalo, que estaba junto á mí, y al oírlo hizo muchos gestos, diciéndome despues del Sermon, que aquello le havia escandalizado. Preguntéle, por qué? y me respondió el tontarron, que porque hacer cotejo de la Madre de la Pureza con la madre de la torpeza; de la muger mas limpia con la muger mas sucia; de la Concepcion Immaculada de María con la puerquíssima concepcion de Vénus; de las gracias profanas con la Gracia Divina, y concluir llamando á María Vénus del Divino Amor, Diosa de la hermosura de la Gracia; sobre ser la última proposicion una heregía formal, las demas eran unas blasfemias tan impías, tan sacrílegas, tan indecentes en la boca de un Christiano, quanto mas de un Predicador Apostólico, como V. P. dice que lo es, monstrando su título en toda forma, que á su parecer el Sermon merecia la hoguera; concluyendo con que, si él fuera Prelado, le quitaria á V. P. la licencia de predicar. No sé como Dios me tuvo de su mano, y no le llené de dedos aquella cara compungida; pero contentéme con decirle, que no era la miel para la boca del asno, que no se havian hecho los gallardos paralelos, paralelos gallardos, y volvíle las espaldas.»

18. «Y ya que hablamos de paralelos, volvamos por Dios al vernal paralelo del Sermon de San Benito, donde dexamos la salutacion; que, como unas cosas llaman á otras, y todas las de V. P. me emboban, yo mismo interrumpí la letura, sin poderme remediar. Ya me acuerdo, que la introduccion era del Dios del Regocijo, á quien celebraban los antiguos el dia 27 de Marzo; que le representaban un jóven desnudo y en pelota, como su madre le parió, muy coronado de myrto, y muy adornado de alas, tendido en aquel campo, como si dixéramos, con la panza al Sol: Puer nudus, alatus, myrthoque coronatus, qui humi sedebat; y finalmente, que el modo de celebrarle era con grandes risadas, zambra, bulla, y carcajadas:

Et grandes mirata est Roma cachinnos.
Decia despues V. P. este es vernal paralelo del esclarecido Patriarcha San Benito. Pero, ántes de passar mas adelante, dígame V. P. qué quiere decir vernal paralelo, porque confiesso, que no lo entiendo.» — «Ay, bobo! díme, qué significa ver, veris?» — «Ver, veris significa la Primavera, que assí lo dicen los Géneros de Lara, por donde yo estudié.» — «Pues, tonto, vernal paralelo quiere decir paralelo Primaveral, por ser en tiempo de Primavera, en que se celebraba la fiesta del Regocijo, y tambien la de San Benito. Y ves ahí, como de camino está encajada con grande arte y dissimulo la cirp. 107cunstancia de celebrarse esta fiesta en Pasqua de Flores: Vernis intexens floribus arva; que en esso de hacerme cargo de todas las circunstancias, por ridículas que sean, aunque yo lo diga, ninguno me echará la pierna adelante.»

19. — «Ya estoy, dixo Fray Gerundio, en lo que significa vernal paralelo: ahora me falta saber la aplicacion, y en qué se pareció San Benito al Dios del Regocijo, y la fiesta de aquel á la fiesta de este.» — «Ten un poco de paciencia, continuó el Predicador, y presto lo sabrás. Y, en quanto á la omnímoda semejanza de las fiestas, es cosa tan clara, que solo un ciego podrá no distinguirlas, sin que nadie se lo diga; porque, si aquella se celebraba en la Primavera, en la Primavera se celebra esta; si aquella en el dia 27 de Marzo, cavalitamente se celebra esta en el mismo dia; si aquella en el campo, esta en el Otero; si allí havia flores, flores hay aquí; si gente en aquella, gente en esta; y en fin, si aquella havia grandes carcajadas, esta no la va en zaga, pues no se oye otra cosa por aquellos campos, y aun dentro de la misma Hermita, durante el Sermon, si el Predicador tiene un poco de sal, que grandíssimas risadas:

Et grandes mirata est Roma cachinnos.»
— «Ahora digo, respondió Fray Gerundio, que las dos fiestas son tan parecidas una á otra, como un huevo á otro huevo, y ahora tambien descubro yo la clave para aplicar qualquiera cosa, que haya sucedido en el mundo, en el mismo tiempo y en el mismo dia del Sermon, á la fiesta que predicare, sea la que fuere.»

20. «Mas dígame V. Paternidad, como diantres pudo casar á San Benito con el Dios del Regocijo?» — «Con la mayor facilidad del mundo, respondió Fray Blas. No dice la Historia, que, siendo el Santo de solos quince años, se salió de Roma, se fué al Desierto, se escondió entre las mayores asperezas del monte Sublac, se sepultó en una cueba, ó en una profunda cisterna; que allí hizo asperíssima penitencia por espacio de tres años; que padeció crueles tentaciones del Demonio; que se rebolcó en una zarza, hasta dexarla toda ensangrentada; que solo se alimentaba de pan y agua, que de ocho en ocho dias le trahia un Monge, llamado Roman, descolgándoselo por una cuerda, hasta que al cabo de los tres años un buen Clérigo, por Divina revelacion, vino á buscarle, trayéndole vianda para comer, y diciéndole, que la comiesse, porque era dia de Pasqua, lo que el Santo mozo no sabia? Pues, qué cosa mas parecida al Dios del Regocijo, que San Benito en este passage de su vida? Este jóven, aquel niño; este en el campo, aquel en el desierto; este tendido en la yerva, aquel en el pozo; este desnudo, aquel mal vestido; y,p. 108 quando se rebolcó en la zarza, tan desnudo como su madre le parió; este coronado de flores, aquel cubierto de espinas, y finalmente este celebrando en tiempo de Pasqua, y aquel regalándose en ella con lo que el buen Clérigo le traxo. Mira tú ahora, si pudo venir mas ajustado el vernal paralelo? Porque en lo demas, aunque el Dios del Regocijo fuesse un Dios de tararira, de trisca, de bulla, y de chacota, y San Benito en el desierto fuesse una imágen viva de la mas áspera penitencia, exemplar assombroso de compuncion y de lágrymas; esso para el assunto importa un bledo, porque ni los paralelos, aunque sean vernales, ni las semejanzas, ni las comparaciones han de correr á quatro piés.»

21. Iba Fray Blas á proseguir en la letura de su Sermon, quando llamaron á la puerta de la Celda con tanta fuerza, que se sobresaltó; y, aunque á los principios hizo ánimo de no abrir, como el que llamaba era el Padre Prior, y le dixo en voz alta, que abriesse, que era él el que llamaba, y que bien sabia estaba dentro, no pudo resistirse, y se vió precisado á abrir. Entró en la Celda el Prior, y, encontrando en ella á Fray Gerundio, le dixo con alguna seriedad, qué hacia allí perdiendo tiempo, y por qué no se iba á estudiar? Fray Gerundio le respondió, sin turbarse, que havia venido, de parte de su madre, á dar al Padre Predicador la limosna de tres Missas, para que las mandasse decir en el Altar de San Benito del Otero, porque havia parido un niño quebrado, y el Santo, en aquella Santa Imágen, diz que era prodigioso con los niños, que padecian este trabajo. «Y qué lleva en essa manga?» le preguntó el Prior, notando que abultaba demasiado. Aquí saltó prontamente el Predicador: «Son unos dulces, que le dí yo, para que de mi parte los embie á sus dos primas, las hijas del Familiar de Cojeces,[29] que el otro dia me regalaron con dos pares de calcetas». No satisfizo mucho al Padre Prior una ni otra respuesta; pero, como era buen hombre y nada malicioso, dexólas passar, y contentándose con decir á Fray Gerundio, que tratasse de ser mas aplicado, y de guardar mas la Celda, le embió á ella, y él se quedó con el Padre Predicador mayor tratando el negocio á que iba, de cuyo contenido no se encuentra rastro alguno en el Archivo del Convento, ni en los exactos documentos de donde se ha sacado esta puntualíssima historia; lo que da bien á entender, que no debió ser cosa de importancia, ó, á lo ménos, que no trataron materia alguna, que tenga concernencia con ella.

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CAPITULO V.
De una conversacion muy provechosa, que un Beneficiado del Lugar tuvo con Fray Gerundio, si Fray Gerundio huviera sabido aprovecharse de ella.

Havia en aquella Villa (ya conocerá el sagaz y penetrativo Lector, que hablamos de aquella Villa donde estaba el Convento): havia, pues, en aquella Villa un Beneficiado hábil, capaz, despejado, de edad ya madura, porque estaba entre los quarenta y los cinquenta. Havia estudiado la Philosophía, que se usa en España, con aplauso, y la Theología con crédito, tanto que havia sido Opositor en Toledo, y, despues de haverle dado uno de los mejores Curatos, le renunció con pension, porque le probaba mal la tierra, y se havia retirado á su Lugar, donde tenia un mediano Beneficio, con el qual y con la pension lo passaba con mucha decencia. Era de costumbres muy ajustadas, de un porte Eclesiástico sério y grave, pero al mismo tiempo de un genio jovial y festivo, lo que le conciliaba la general estimacion de todos, acompañada de inclinacion y cariño. Dedicábase mucho al exercicio del Confessionario, y de quando en quando predicaba tambien sus Sermones con juicio, con piedad, y con zelo, porque era muy aficionado á las Obras de los Padres Señeri y Bourdalue, á quienes procuraba imitar en sus Sermones, assí panegýricos como morales. Y, como entendia medianamente las lenguas Italiana y Francesa, tenia algunos otros de los mejores Sermonarios que se han impresso en uno y en otro Idioma, sin dexarse llevar tan totalmente del estudio de las Letras Sagradas y sérias, que no hiciesse sus excursiones hácia las mas amenas, especialmente hácia los libros de Crítica, de que tenia algunos selectos en su librería, no copiosa, pero escogida.

2. A favor de ellos, con su natural penetracion y juicio, ni estaba tan encaprichado con todas las opiniones antiguas, como lo suelen estar los que no han estudiado otras, ni tan ciegamente enamorado de las modernas, que no descubriesse la fruslería y la insubstancialidad de muchas. Conocia, y confessaba de buena fé, que en todas las facultades se havian introducido mil inutilidades, preocupaciones, y no pocas extravagancias; era de parecer, que en realidad necessitaban de mucha reforma; pero al mismo tiempo era de opinion, que ninguna estaba mas necessitada de ella, que la Crítica. Juzgaba, que esta se havia remontado con excesso, y que era menester cortarla los vuelos; porque, no contenta con rajar,p. 110 cortar, y trinchar, algunas veces con razon, otras sin ella, y no pocas por puro antojo, ó capricho por las ciencias naturales, se havia atrevido á escalar hasta el Sagrado Alcázar de la Religion, con tanta osadía, que apénas dexaba costumbre immemorial, tradicion antigua, ni monumento, aun de los mas respetables, que no pretendiesse zapar hasta el cimiento; siendo este el verdadero principio, no solo de tanto error, como ha brotado en el Campo de la Iglesia en estos últimos Siglos, sino de tanta libertad de costumbres, de tanta irreligion, y aun de tanto Atheismo.

3. Sobre todo se reía mucho de la grande presuncion de la Crítica en punto de Phýsica natural, y de aquella intolerable satisfaccion, con que se jactaba de haver arrollado la de Aristóteles, abriendo los ojos al mundo, para que conociesse los grandes excessos, que la hacia qualquiera de las Phýsicas modernas. Aquí se descalzaba de risa el bueno del Beneficiado; porque decia, que, á excepcion de tal qual fruslería de poca consideracion, tan en ayunas se estaba el mundo de las verdaderas causas de casi todos los efectos de la naturaleza con la Phýsica de Descartes, de Newton, y de Gasendo, como con la de Aristóteles; y que para él tan inconcebibles eran los torbellinos ó turbillones y materia ethérea del primero, como la materia primera y las formas substanciales del último, protestando, que ni con una ni con otra explicacion veía gota. «Yo no sé (añadia con gracia) con qué conciencia hacen tanta burla los modernos de los Aristotélicos, porque preguntados estos, en qué consiste, que el fuego queme, responden: porque tiene una virtud ustiva ó quemativa. Convengo en que nada dicen en esto; pues en suma solo vienen á decir, que el fuego quema, porque tiene virtud para quemar. Philosophía tan recóndita, que la alcanzará el mas zafio Sayagués.»

4. «Pero quisiera saber, si dicen mas los moderníssimos señores, quando responden, que el fuego quema, porque es una substancia compuesta de unas partículas pyramidales ó puntiagudas, sutilíssimas, agilíssimas, que, agitadas continuamente con suma rapidez en movimiento vortical, se penetran por los poros de los cuerpos mas consistentes, los taladran, los desunen, los deshacen. En esta respuesta hay sin duda mas aparato de voces; pero, bien reflexionada, tiene ménos substancia, que la otra; porque la Aristotélica siquiera ya dice una verdad de Pero-grullo, con la qual modestamente viene á confessar su ignorancia; mas la de nuestros Phýsicos á la Chamberí, entre un gran follage de palabras, solo nos vende unas puríssimas arbitrariedades. Quien ha hecho el análysis del fuego, para descubrir de qué figura son sus partículas, si pyramidales, cylíndricas, ovales, quadradas, ó globup. 111losas, agudas, ó chatas? Por donde se prueba, que su movimiento es vortical ó arremolinado? siendo assí, que, si son tan ágiles y tan sútiles, como se supone, de necessidad han de ser levíssimas y volátiles, mucho mas ligeras que el ayre, y consiguientemente su movimiento no ha de ser hácia el centro, como lo es todo movimiento vortical, sino hácia arriba, como se observa en la llama; de donde vendria á inferirse el grandíssimo absurdo de que ningun cuerpo estaria mas libre de la actividad del fuego, que el que estuviesse mas dentro de él, y que el remedio mas eficaz para no quemarse uno, era arrojarse en medio de la hoguera.»

5. En fin, en esta materia estaba preciosíssimo el bellaco del Beneficiado, y concluía con decir, que, si él fuera hombre de talentos y de chiste, se le havia ofrecido un buen proyecto, con que hacer, por lo ménos, tan ridícula la Philosophía moderna, como la Aristotélica. Havia de formar un Exaplo Philosóphico, á manera de los Bíblicos, ó una Philosophía Polyglota, compuesta de quatro ó de seis columnas, en cada una de las quales, discurriendo por todos ó por los principales tratados de la Phýsica, havia de exponer con sus mismas palabras lo que dicen acerca de él Aristóteles y los Gefes de las principales Sectas Philosóphicas modernas. Por exemplo: Principios ó constitutivos del cuerpo en general. 1ª. columna Aristóteles, 2ª. Descartes, 3ª. Gasendo, 4ª. Maignan, 5ª. Newton, 6ª. Boyle. Principios ó constitutivos de los cuerpos celestes. 1ª. 2ª. 3ª. etc. Principios ó constitutivos del cuerpo sub-Lunar inanimado, del vegetable, del orgánico y sensitivo, del racional, etc. 1ª. 2ª. 3ª. etc. Y descendiendo despues á los cuerpos y efectos particulares de sol, luz, calor, frio, humedad, sólidos, flúidos, opacos, transparentes, colores, sonido, sensacion, etc. trasladar en cada columna con toda fidelidad lo que dice cada Gefe acerca de cada uno de estos entes naturales. Y despues, para amenizar mas la obra, y aun para variarla, añadir por modo de apéndice un breve resúmen de la variedad, de la voluntariedad, del capricho, y aun de la extravagancia, con que en estas y en otras materias philosóphicas han discurrido aquellos modernos mas acreditados, que son nullius Diœcesis, esto es, que no son partidarios de alguna secta particular; y que, aprovechándose de la libertad de conciencia para philosophar, que se han tomado, especialmente en este Siglo, casi todas las Naciones, cada uno ha philosophado segun su fantasía. Asseguraba, que solo con trasladar sus opiniones, con sus mismíssimas voces, explicando las obscuras, y dexando en su tenebrosa incomprehensibilidad á las ininteligibles, se formaria una obra, que en España hiciesse olvidar á los Cervantes, en Francia á los Despréaux, en Italia á los Bocalinis, en Alemania áp. 112 los Menkenios, y arrinconarse en Inglaterra á los Waltones.

6. Assí que, por lo que toca á todas las Philosophías Systemáticas, tanta burla hacia de unas como de otras, y aun mas que todas se burlaba mucho de la Crítica de ellas. Solo daba algun quartel á la Phýsica experimental, pero no tanto como otros, que eran mas indulgentes; pretendiendo, que de cien experimentos apénas se hallarian dos, hechos con la debida exactitud. En órden á la Phýsica Mathemática, que es hoy la Phýsica de la gran moda, adoptada por casi todas las Academias de Europa, y es aquella, que pretende deducir todas sus conclusiones de principios Mathemáticos y Geométricos, se reservaba el derecho de juzgar, hasta que estuviesse mejor instruído de ella; bien que decia le daba el corazon, que los principios de estas dos Facultades apénas podian servir mas, que para explicar las leyes del movimiento, la mayor ó menor resistencia, gravedad ó levedad de los cuerpos, su elasticidad respectiva, y algunos pocos efectos de la luz. Por lo demas, no concebia de qué utilidad podian ser los principios de la Mathemática y de la Geometría, para explicar las verdaderas causas y constitutivo de todo cuerpo sensible y natural, que es obgeto de la Phýsica; pero al fin suspendia su juicio, hasta que, mejor instruído en autos, se hallasse en estado de pronunciar con conocimiento de causa.

7. En lo que no le suspendia era en el acierto y en la felicidad, con que la Crítica moderna trataba el importantíssimo punto de la Oratoria Christiana, en la evidencia que hacia de que esta no solo estaba adulterada, sino vilipendiada, estragada, despedazada, y lastimosamente corrompida; en las verdaderas y radicales causas, que señalaba de esta lamentable corrupcion; y en las sabias, discretas, é infalibles reglas, que prescribia para resucitarla, para darla nueva vida, y para conducirla al mayor estado de perfeccion, á que puede llegar en lo humano.

8. Por lo que toca á la hedionda corrupcion de la Oratoria Christiana, la Crítica no hace mas, que remitirnos á los Sermones, que oímos. Entre mil Predicadores, apénas se hallarán dos, ó tres, que sepan las partes, de que se compone un Sermon; y entre millares de Sermones, con dificultad se encontrarán otros tantos, que merezcan este nombre. Los mas son un texido de disparates sin órden, ó una sarta de osadias sin juicio, ó un encadenamiento de agudezas sin solidez, ó una chorrera de dichicos sin xugo, y los ménos malos un matorral de verdades trivialíssimas, sin méthodo, sin cultura, sin eficacia, y sin mocion.

9. Las verdaderas, legítimas, y originales causas de estar tan corrompido el Púlpito christiano, singularmente en España,p. 113 todas se pueden reducir á tres: á la poca ó ninguna estimacion, que hacen del Púlpito los que ordinariamente nombran á los Predicadores; á la poca ó ninguna aplicacion de los mismos Predicadores nombrados, que no se dedican á instruírse en su facultad, y á hacerse Maestros en ella; y en no pocos á su incapacidad de aprenderla, aun quando se dedicaran; y finalmente, al mal gusto de los Auditorios, que aplauden lo que debieran abominar, y abominan lo que debieran aplaudir.

10. En casi todas las Religiones de España se aprecia mucho mas la carrera de las Cáthedras, que la del Púlpito; se hace mas estimacion de la Cáthedra de Aristóteles, que de la del Espíritu Santo; se conceden mayores honores al Maestro mas inepto, que al Predicador mas sobresaliente. Esto es de notoriedad pública; pero puede haver error mas perjudicial, ni mas lamentable? Dícese, que el Médico comienza donde acaba el Phýsico: Ubi desinit Physicus, incipit Medicus: Si la Philosophía es la que se enseña ordinariamente en nuestras Escuelas, tan impertinente es para la Medicina, como para la Música. Pero quien negará, que, donde acaba el Theólogo, allí ha de comenzar el Predicador? Como podrá serlo, no digo sobresaliente, pero ni aun tolerable, el que no sabe los mysterios de la Fé, los dogmas de la Religion, ni los sentidos de la Escritura? Y como sabrá los primeros, para enseñarlos al Pueblo, el que no está mas que medianamente versado en la Theología Escolástica; ni los segundos, el que ignora la Dogmática; ni los terceros, el que jamas ha estudiado la Expositiva, ni mucho ménos la Mýstica? Quanto desbarrará en los mysterios de la Trinidad, de la Encarnacion, de la Eucharistía, el que no ha estudiado estas materias? Quantos disparates dirá acerca de la Predestinacion, de la Reprobacion, de la Providencia, de la economía de la Gracia, de la presciencia infalible de Dios, sin perjuicio de la libertad, el que no esté mas que razonablemente instruído en todos estos necessaríssimos Tratados? Qué locuras, qué puerilidades, qué chocarrerías, y tal vez, qué blasphemias hereticales no dirá, abusando de los textos de la Sagrada Escritura, el que no sabe manejarla, ni en su vida se ha dedicado á estudiar los quatro únicos sentidos, en que es capaz de explicarse, el literal, el alegórico, el mýstico, y el tropológico? Todo esto no se puede saber, sin estar mas que superficialmente versado en las quatro partes de la Theología. Pues, por qué se ha de hacer mas aprecio de esta, que de la Oratoria, siendo assí, que puede uno ser gran Theólogo, sin ser Predicador, pero no puede ser gran Predicador, sin ser gran Theólogo?

11. Digo, pues, para descargo de mi ánima, que no me parece razonable esta preferencia, y que, á mi pobre juicio,p. 114 debieran reflexionar las Religiones, que la usan, que ninguna de ellas se introduxo en el mundo, se propagó, y se elevó al auge de estimacion en que hoy las vemos, por las funciones de la Cáthedra, sino por los ministerios del Púlpito, exercitados con solidez, con meollo, y con zelo, á la usanza Apostólica. Assí, que no ha llegado á nuestra noticia, que hasta ahora se haya fundado en la Iglesia de Dios ninguna Religion de Mathemáticos, de Phýsicos, de Philósophos, de Theólogos; y en verdad, que se han fundado algunas con el título de Religion de Predicadores, de Missioneros, de la Doctrina Christiana, et reliqua. Pues aquí de Dios y del Rey; si las cosas se conservan por aquellos mismos principios, que las producen (hablo como se acostumbra, que la verdad de este principiote quédese en su lugar); si las cosas se conservan por aquellos mismos principios, que las producen, y si es indubitable, que las mas de las Sagradas Religiones fueron producidas, propagadas, y elevadas á la prócera estatura, en que hoy las veneramos, por los Apostólicos ministerios del Púlpito; qué razon havrá, divina ni humana, para que se haga en ellas mas caudal de las fatigas literarias de la Cáthedra?

12. No quiero decir por esto (ni Dios permita tal), que no ha de haver en ellas Maestros, y que no se ha de hacer un sumo aprecio de los que verdaderamente lo fueren; ántes pretendo todo lo contrario. Si voy suponiendo que es impossible de toda impossibilidad, que hayga buenos Predicadores, sin que sean buenos Theólogos, como he de intentar, que no sean sumamente estimados los que los enseñan á serlo? Lo que digo es, que, si el Predicador supone al Theólogo, no debe ser mas estimado el Theólogo que el Predicador. Lo que digo es que, en mi corto entender, no debieran las Religiones nombrar á alguno, para que enseñe desde el Púlpito, que no fuesse capaz, y muy capaz, de enseñar desde la Cáthedra, y que ya no huviesse enseñado desde ella. Pero qué sucede por lo regular? Al que no entiende los ergos, ó mira con tedio las arideces escolásticas, como tenga buena voz, buena memoria, buena presencia, y mucho despejo, hágote Predicador de la noche para la mañana, y ármote de punta en blanco Cavallero del Púlpito, con dos grandes legajos de papeles agenos, buenos ó malos, con media docena de Sermonarios impressos, malos ó buenos, y vandéate como pudieres.

13. De aquí nace, lo primero, que, como las Religiones saben muy bien, hasta donde llegan los talentos de los que por lo comun hacen Predicadores, los miran un poco al soslayo, y, aunque los conceden algunos honorcillos, son de prima tonsura, ornatus gratia, y dedaditas de miel para engolosinarp. 115 niños; y aquellos, que llegan á jubilar por la carrera del Púlpito, son jubilados de media braga ó de tapadillo. Nace, lo segundo, que los que pueden ir por la carrera de las Cáthedras y pudieran ser Predicadores eminentes, no los harán ir por la del Púlpito, aunque los descrismen; y visto lo visto, de tejas abaxo hacen bien, como soy Clérigo. Nace finalmente, lo tercero, que los que van por esta via son, por lo comun, unos lindos Religiosos, que por su parola, verbosidad, y despejo, harian unos buenos Procuradores, unos buenos Sacristanes, unos famosos Demandantes, pero hacen unos perversos Predicadores. Etele, si no me engaño, la principalíssima causa de la corrupcion de la Christiana Oratoria en España de parte de los Electores.

14. Y de camino queda dicha la que hay de parte de los Electos. Siendo la mayor parte de ellos unos hombres, como los acabamos de pintar, poco Gramáticos, nada Philósophos, y ménos Theólogos; por donde han de saber, qual es su Sermon derecho, ni ázia donde caen las partes de la Oracion (salvo las del Arte de Nebrija)? Estudian sus mamotretos, zurzen unos, hilvanan otros, desquartizan estos, enjalman aquellos, y vamos adelante; que al cabo de los diez ó de los doce años, jubilado me he de ser, y no me ha de faltar mi platillo, ni, á mal dar, un Vicariato de Monjas; y desdichada la madre, que no tiene un hijo Predicador jubilado, que llegue á Definidor.

15. Finalmente, contribuye tanto, como lo que mas, á la corrupcion de nuestra Oratoria el mal gusto de los oyentes. Mas, porque no quiero infernar mi alma, declaro, para descargo de ella, que el mal gusto de los oyentes es hijo legítimo, y de legítimo matrimonio, del perverso gusto de los Predicadores. Si aquellos pobrecillos no oyen otra cosa, como no se les ha de pegar necessariamente lo que oyen?

16. Ora bien, yo leí en cierta parte del mundo un Tratadillo Oratorio del Padre Sanadon, Jesuíta, en que prueba, que esto de mal gusto de los ingenios es enfermedad contagiosa, y que se deben usar preservativos contra ella; pero la lástima es, que al mismo discretíssimo Padre le parece, que es muy dificultoso encontrarlos eficaces, y en verdad que, si no me engaño mucho, lo esfuerza de manera, que, si no convence, concluye. Que el mal gusto se pegue como contagio, es mas claro, que chocolate de Padre de la Compañía; y no hay mas que ir discurriendo por los siglos, en que reynó el mas perverso, buscar la causa de su propagacion, y se encontrará la prueba. Solo hay una diferencia entre la peste y el mal gusto, que los estragos de aquella se conocen ántes, que se experimenten; los de este, hasta que se experimentan, no se advierten: aquella cunde á ojos vistas, este se propaga sinp. 116 sentir: por lo demas, assí como aquella se dilata por la comunicacion de los apestados, assí, ni mas ni ménos, se va extendiendo este por el comercio de los que se sienten tocados del gusto epidémico.

17. Que no se encuentren á dos tirones preservativos eficaces contra esta epidemia, y, consiguientemente, que su curacion sea muy dificultosa, por no llamarla desesperada, es una verdad, que casi salta á los ojos. Lo primero, hay pocos Médicos capaces de emprehenderla. Los genios superiores, quales se requieren para tomar á su cargo el desengañar á los entendimientos de sus erradas preocupaciones, son raros. Algunos hay, que las conocen muy bien, que se lamentan de ellas, que en lo interior de su corazon las abominan; pero en el fuero externo déxanse llevar de la corriente, y hacen lo que todos los demas; porque el laudo meliora, proboque… deteriora sequor, en toda especie de cosas tiene muchos Sectarios. Lo segundo, la naturaleza de la enfermedad la hace casi irremediable. Como se ha de curar un mal, con el qual se halla tan lindamente el enfermo? que le cae muy en gracia? y que, á su parecer, nunca está mas robusto, que quando está mas achacoso? Si algun Médico charitativo intenta su curacion, ríese el enfermo de la locura del Médico, y dice, que él es el que verdaderamente tiene necessidad de curarse. Con que ve aquí la peste del mal gusto extendida, y punto ménos que sin remedio.

18. Uno solo hay, y esse es eficacíssimo. Este seria, que á ninguno, á ninguno se le permitiesse predicar, que no fuesse hombre muy probado en letras, en virtud, y en juicio. Y no hay que decir, que esto es pedir gullorías; porque solo es pedir lo que David y San Pablo piden indispensablemente á todo Predicador. El primero dice en sentido acomodable al intento: Disponet sermones suos in judicio; vele ahí el juicio. El segundo quiere, que el Predicador sea irreprehensible: Oportet irreprehensibilem esse; vela ahí la virtud; de doctrina sana, y capaz de arguir y de convencer á los que le contradixeren: In doctrina sana, et eos qui contradicunt arguere; ves ahí las letras. Y no hay que salirme con la pata de gallo, de que San Pablo no habla de los Predicadores, sino de los Obispos. Vagatelas: habla de los Obispos, en quanto son Predicadores, ca sabida cosa es, que el oficio de predicar es propio y privativo del Obispo, y que en la primitiva Iglesia el Obispo predicaba de oficio. Como despues se multiplicó el número de los Fieles, se extendieron tanto las Diócesis, y no era possible, que los Obispos estuviessen en todas partes, para repartirlos el pan de la divina palabra, introduxéronse los Predicadores, á quienes los Concilios llaman Coadjutores de los Obispos en el ministerio de predicar:p. 117 Coadjutores Episcoporum in ministerio verbi; y por tanto solo se escogian para esso á los que sobresalian mas entre todo el Clero en virtud y en sabiduría. Yo quisiera saber, por qué ahora no se podria hacer lo mismo?

19. Y no que, en ordenándose de Missa qualquiera Theologuillo, luego solicita sus licencias corrientes para confessar, predicar, bobear, etc. y allá se las campanéa. Pero, siendo esto tan malo, todavía no es lo peor. Hay en una Universidad un manteistilla chusco, pero aplicado, y grande arguidor. Ha estudiado su Philosophía, y sus tres ó quatro años de Theología con créditos de ingenio, y ha sustentado un par de Actos con despejo y con intrepidez. Hacen á su padre ó á su tio Mayordomo de la Cofradía del Santíssimo de su Lugar: echa el Sermon al hijo, ó al sobrino; acude por la licencia; despáchasele por lo comun, sin tropezar en barras; sube al Púlpito con su Sobrepelliz almidonada y de perifollo; representa con desembarazo lo que otro le compuso, ó echa por aquella boca, con grande satisfaccion, los disparates, que él mismo enjurjó; porque un pobre muchacho, sin mas estudio que quatro párrafos escolásticos, qué obligacion tiene á saber componer otra cosa? Acábase el Sermon, ó lo que fuere: hay vítores, hay aclamaciones, hay enhorabuenas, hay despues grandes bríndis, y muchas coplas en la mesa. Y qué sucede no pocas veces? Que al dia siguiente sale una mozuela, poniendo demanda de matrimonio al señor Predicador, y en aquella misma Iglesia, donde le oyeron tantas maravillas del Sacramento de la Eucharistía, le ven recibir pocos dias despues las bendiciones para el del santo Matrimonio.

CAPITULO VI.
En que se parte el Capítulo passado, porque ha crecido mas de lo que se pensó, y se da quenta de la conversacion prometida.

Pues, como iba diciendo de mi quento, de esta y otras bellas especies de Crítica estaba mas que medianamente instruído nuestro Beneficiado; y, como por otra parte no era de aquellos Sectarios plebeyos, ó de escalera abaxo, que hay en todas las Escuelas, los quales miran á los de la contraria con sobrecejo, con desden, y aun con horror, sino de los nobles, de los distinguidos, de los verdaderamente despejados, que, haciendo la debida diferencia entre los dictámenes del entendimiento y los de la voluntad, conocen muy bien, que en todas las Escuelas Cathólicas hay Maestrazos, que se pierp. 118den de vista, Doctores sapientíssimos, hombrones de Doctrina consumada, y que tambien hay en todas insignes majaderos; aunque él havia estudiado opiniones contrarias á las que comunmente se enseñaban en el Convento de su Lugar, donde estudiaba nuestro Fray Gerundio, veneraba mucho á algunos de aquellos Padres Maestros, y tenia grande y familiar trato con todos los Padres graves de la Comunidad; los quales, viendo su gran juicio, su porte verdaderamente Eclesiástico, su mucha erudicion, sus bellas y gratíssimas modales, su chiste y gracia natural, sin salir jamas de los términos de una modesta compostura, y sobre todo el sólido amor y estimacion, que professaba á la Orden, acreditadas con buenas pruebas, no solo le correspondian con igual estimacion y cariño, sino que no se reservaban de tocar en su presencia algunas materias domésticas con religiosa y amistosa confianza.

2. A dos de los Padres mas sabios, mas religiosos, y mas graves del Convento, cuyas Celdas eran las que él frequentaba mas, y á quienes él trataba con mayor estrechez, oyó lamentarse muchas veces de los lastimosos desbarros del Predicador mayor de la Casa; pero mucho mas del daño, que hacia con su exemplo y con sus disparatadas máximas, en punto de predicar, á los Colegiales mozos, y especialmente al candidíssimo Fray Gerundio, á quien tenia tan imbuído en que para ser gran Predicador no era menester ser Philosópho, ni Theólogo, ni calabaza, que havia cobrado un sumo horror á todo estudio escolástico, sin haver bastado para hacerle, que se aplicasse á él, ni avisos particulares, ni reprehensiones públicas, ni panes y agua, ni disciplinas, ni otros castigos, que usaba santamente la Orden. Añadian, que ya le huvieran sacado ignominiosamente de los estudios, si no tuviera unas prendas por otra parte tan amables, y á no estar apadrinado de un Padre Ex-Provincial, que le havia dado el Santo Hábito, y sobre todo por el respeto de sus buenos Padres, que, aunque eran unos Labradores honrados y no ricos, con todo esso eran de los hermanos mas devotos y mas proficuos, que tenia la Orden.

3. Una de las ocasiones, en que aquellos dos Reverendíssimos trataron esta materia con mayor vehemencia y con mayor compassion, en presencia de nuestro Beneficiado, les dixo este: «Ora, Padres Maestros, tanto como la cura del Padre Predicador mayor, no me atrevo á emprenderla, porque la tengo por desesperada. Está el mal tan arraygado, que se ha convertido en naturaleza, y el enfermo tan casado con su mal, que echará á passear á quien pretenda curarle. Pero Fray Gerundio es otra cosa; el achaque está muy á los principios, ni está tan duro el alcacer; y, como quiera, nihil tentasse nocebit. Yo, ni confio, ni desespero; mas qué vamosp. 119 á perder en intentarlo? A Dios y á dicha voy allá sin perder tiempo» — y diciendo, y haciendo partió derecho á su Celda.

4. Entró en ella con familiaridad de doméstico, encontróle leyendo, y le preguntó con festivo desembarazo: Qué hace Vm., amigo Fray Gerundio? — «Qué he de hacer, señor Beneficiado? Havrá una hora, que acabé de trasladar un Sermon, y, cansado ya de escribir, me puse á leer en un libro el mas guapo, que he leído, ni pienso leer en todos los dias de mi vida; y en verdad, que si le leyeran nuestros Padres Maestros, no me aporrearan tanto para que estudiasse las impertinencias, que estudian sus Paternidades.» — «Ay cosa! replicó el Beneficiado; y como es la gracia de esse libro?» — «Por qual me pregunta usted? que tiene muchas, y todo él es una pura gracia.» — «No digo esso, continuó el Beneficiado, sino que como se intitula el libro?» — «Ah! como se intitula? respondió Fr. Gerundio: como se intitula? esso es otra cosa, y no la havia entendido. Como se intitula… par diez, que ya no me acuerdo. Pero tenga usted, que ya se me vino á la memoria. Se intitula el Capuchino… No, no: soy un borracho; no se intitula el Capuchino; pero ello es cosa de barbas. Ah: ya me acuerdo bien; se intitula el Barbon.» — «El Barbon?» — «No: válgate Dios por memoria! mas ello, pues está aquí el mismo libro, hay mas que ir á ver la primera llana, y lo sabremos.»

5. Bien conoció desde luego el Beneficiado, que hablaba de la Obra del Barbadiño, pero no le quiso interrumpir, por el gusto que le daba oírle desatinar, y para ver si caía en quenta de que quien no sabia ni aun el título del libro, que estaba leyendo, como havia de entenderle? Al fin, viéndole tan embarazado, le dixo: «No es menester, que Vm. lea la primera llana, que ya sé, qué libro es esse. Está escrito en Portugués, y se intitula el Verdadero Méthodo de estudiar; y, aunque su Autor quiso esconderse tras de las venerables barbas de un Capuchino de la Congregacion de Italia, y por esso tuvo por bien llamarse el P… Barbadiño, pero, con licencia de sus barbas postizas, ya todo el mundo le conoce por las verdaderas, con sus pelos y señales, y hasta los niños quando passa por la calle, le señalan con el dedo, diciendo, ahí va el Señor Arcediano. Pero á propósito, mi Padre Fray Gerundio, usted entiende la lengua Portuguesa?» — «Toda no, señor, respondió el candidíssimo Religioso, pero tanto como hasta una docena de palabras, ya las entiendo bien, y con ellas me vandéo: como Pregador, Evangelho, Sermoens, Fieis, y assí otras á este tenor. Y, como por el hilo se saca el ovillo, por unas palabras saco otras, y acá á mi modo formo el concepto de lo que quiere decir. Masp. 120 puesto que, segun parece, Vm. ha leído esta obra, dígame, qué siente de ella, en Dios y en su conciencia?»

6. — «Esso, Padre mio, es quento largo, respondió el Beneficiado, y hoy no estoy muy de vagar: puede ser, que algun dia se ofrezca ocasion de que hablemos de este punto; aunque de passo diré á Vm., que, como huviera escrito con ménos satisfaccion, sin tanta arrogancia, y con mas respeto de muchos hombres de bien, habidos y reputados por tales entre todos los Literatos del mundo, puede ser, que huviera sido mejor recibida la obra, porque no se puede negar, que tiene muita coiza boa.» — «Entre essas, dixo Fray Gerundio, las que mejor me parecen á mí, son aquellas, en que da contra la Lógica, la Phýsica, la Metaphýsica, la Animástica, y la Theología escolástica, tratándolas de ridicularias, nombre que repite mucho, y á mí me da grande choz, porque me suena tan lindamente.» — «Poco á poco, Padrecito mio, replicó el Beneficiado, no levante Vm. esse falso testimonio al Señor Arcediano de Ebora, aunque no es Vm. el primero, que se lo ha levantado, pero el hecho es, que él no da contra essas facultades. Lo primero, da contra el mal méthodo, con que se enseñan en Portugal, y aun en toda España, y en esso no le falta razon: lo segundo, contra las muchas questiones inútiles é impertinentes, que se mezclan en ellas, y en esto le sobra: lo tercero, contra el demasiado tiempo, que se gasta en enseñar las que pueden ser de algun provecho, y en esto tampoco va descaminado. En materia de Phýsica natural, no dice, que no se estudie, sino que no es Phýsica, ni calabaza, la que comunmente se estudia por acá; y tambien esto, son pocos los hombres verdaderamente sabios los que no lo conozcan, aunque no sean muchos los que lo confiessen.»

7. — «Pues, si no es Phýsica la que se enseña por acá, replicó Fray Gerundio, y yo no tengo de ir á estudiarla donde se enseña, escuso aporrearme la cabeza.» — «No se ha de tomar esso tan en cerro, respondió el Beneficiado, ni quiere decir el Barbadiño, que nada de lo que acá se enseña sea Phýsica, sino que mucha y aun la mayor parte no lo es. Item, aunque da á entender, que en Portugal, y aun en toda España, apénas se tiene noticia de la que es Phýsica legítima, castiza, y verdadera, con licencia de sus venerables barbas, no tiene razon. No ha salido, ni verisímilmente saldrá en mucho tiempo Curso alguno Español, que de intento la professe y la promueva, porque para esso es menester superar muchos estorvos, que en el genio nacional son punto ménos que invencibles; pero tanto como saber hácia donde cae todo lo que soñaron los antiguos y cavilaron los modernos, assí acerca de la constitucion del mundo en general, como de lap. 121 composicion del cuerpo natural, que es el obgeto preciso de la Phýsica, impugnando con vigor, con nervio, y con solidez á unos y á otros, hay por acá muchos hombres honrados, que lo saben, por lo ménos tan bien como el Reverendo Padre Barbadiño.»

8. «Dexo á un lado, que el famoso Antonio Gomez Pereyra no fué Inglés, Francés, Italiano, ni Aleman, sino Gallego por la gracia de Dios, y del Obispado de Tuy, como quieren unos, ó Portugués, como desean otros; pero sea esto ó aquello, que yo no he visto su Fé del Bautismo, al cabo Español fué, y no se llamó Jorge, como se le antojó á Monsieur el Abad Ladvocat, Compendiador de Moreri, y no tuvo por bien de corregirlo su escrupulosíssimo Traductor, sin duda por no faltar á la fidelidad. Pues, es de pública notoriedad en todos los estados de Minerva, que este insigne hombre, seis años ántes que huviesse en el mundo Bacon de Verulamio; mas de ochenta ántes que naciesse Descartes; treinta y ocho ántes que Pero Gasendo fuesse bautizado en Chantersier; mas de ciento ántes que Isaac Newton hiciesse los primeros puchericos en Volstrope de la Provincia de Lincoln; los mismos, con corta diferencia, ántes que Guillermo Godofredo, Baron de Leibnitz, se dexasse ver en Leipsic, embuelto en las secundinas: digo, Padre mio Fray Gerundio, que el susodicho Antonio Gomez Pereyra, mucho tiempo ántes que estos Patriarchas de los Philósophos Neotéricos y á la papillota levantassen el grito contra los podridos huesos de Aristóteles y saliessen, uno con su Organo, otro con sus Atomos, este con sus Turbillones, aquel con su Atraccion, el otro con su Cálculo, y todos refundiendo á su modo lo que havian dicho los Philósophos viejíssimos; ya nuestro Español havia hecho el processo al pobre Estagyrita. Havia llamado á juicio sus principales máximas, principiotes, y axiomas: havíalos examinado con rigor y con imparcialidad, y sin hacerle fuerza la quieta y pacífica possession de tantos siglos, havia reformado unos, corregido otros, desposeído á muchos, y hecho solemne burla de no pocos: tanto que algunos Críticos de buenas narices son de sentir, que Antonio Gomez fué el texto de essos revolvedores de la naturaleza, que ahora meten tanto ruído, pretendiendo aturrullarnos, los quales no fueron mas que unos hábiles Glosadores ó Comentadores suyos; y yo, aunque algo romo y pecador, me inclino mucho á que tienen razon, á lo ménos en gran parte, como fácilmente lo probaria, si mereciera la pena.»

9. «Pero, no metiéndonos ahora con los huesos del señor Antonio Gomez, que están bien enterrados, siquiera por los que su merced hizo enterrar en Medina del Campo, quando fué Médico de aquella Villa, digo, que bien pudiera no disp. 122simular el Padre Fray Barbadiño, que aun en las phýsicas mas rancias de España se hace larga y muy comprehensiva mencion de las antiguas, y consiguientemente tambien de las modernas; porque estas, segun dixe poco ha, á la reserva de tal qual bachillería, experimentillo, ó cosa tal, apénas son mas que una pomposa ó galana refundicion de aquellas. A Melisso y Parménides, que no reconocian mas que un único principio, immutable, indivisible, sin ponerle nombre, ni querernos decir, como era su gracia, pretendiendo, que de la varia combinacion de él se componian todos los cuerpos, y consiguientemente no reconociendo en ellos diferencia alguna específica y substancial, sino meramente accidental, copiaron despues todos los modernos, que negaron las formas substanciales, y no reconocieron otro principio de todo cuerpo sensible que uno solo, al qual bautizó cada uno con el nombre, que le dió la gana. Este le llama Atomas, aquel Materia, el otro Glóbulos, et sic de reliquis.»

10. «A Melisso, Anaxímenes, Heráclito, y Hesíodo, que tambien fueron Philósophos Monothelitas, esto es, que tampoco reconocian mas que un principio de todos los mixtos, pero dieron un passito mas adelante, y cada uno le nombró segun su genio ó capricho, porque Melisso, que debia de ser flemático y aguado, dixo, que todas las cosas se componian de agua, y no mas; Anaxímenes, que debia de adolecer de fantástico y ligero, defendió, que todo era puro ayre; Heráclito, que sin duda era de genio ardiente y fogoso, se desgañitaba por persuadir, que todo era fuego; y Hesíodo, que, en su Poema intitulado las Obras y los Dias, acreditó su inclinacion á la Agricultura, y consiguientemente á los terrones, juraba por los Dioses immortales, que todo quanto veíamos y palpabamos era tierra, y no le sacarian de ahí quantos araban y cavaban. Digo, pues, que á estos Philósophos de antaño tambien remedaron aquellos Philósophos de hogaño, que, firmes en la resolucion de no admitir mas, que un único principio de todos los entes corporeos, andan besando las manos á todos los quatro elementos, unos á este, y otros á aquel, para acomodarse cada qual con el que mejor le parece. Y note Vm. sobre la marcha, mi Padre Fray Gerundio, que el peso del ayre, que tanto nos cacaréan los modernos, como un descubrimiento muy importante que no se havia hecho en el mundo, hasta que se inventó la Máquina Pneumática, con el qual nos encajan una Philosophía llena de ventosidades, ya en tiempo de Anaxímenes debia ser tan conocido, como el peso del plomo. Porque, si este Philósopho tuvo para sí por cosa cierta é indubitable, que todo quanto veía y palpaba era ayre, y nada mas (y en cierto sentido, á fé que no le faltaba razon), que el plomo era ayre,p. 123 el hierro era ayre, las piedras eran ayre, necessariamente havia de persuadirse, á que el ayre era pesado.»

11. «En la misma cierta, firme, y valedera persuasion estuvo no ménos que el mismo Aristóteles, á quien sus propios discípulos en muchas materias dexan padecer unas persecuciones injustas de estos bellacones de Philósophos modernos, que, en Dios y en mi conciencia, no sé como se lo sufre el corazon. Pero, qué han de hacer los pobres, si los mas ni aun por el pergamino han leído en su vida á su Maestro? Pues, este hombre, verdaderamente grande, conoció demonstrativamente el peso del ayre con un experimento que hizo, sencillo, simple, y natural, sin mas Máquina Pneumática, que la de un triste pellejo: pesóle primero estrujado, y pesóle despues inflado, y halló, que inflado pesaba mas que estrujado; con que infirió legítimamente, que á no ser por arte de encantamiento esto no podia suceder, sin que el ayre tuviesse peso. Esta experiencia la refiere el mismo buen viejo claritamente, y no con palabras Góthicas, como él ó sus intérpretes se explican en otras partes, en el libro 4º de Cœlo, cap. 4º, y en verdad, que para hacerla no huvo menester andarse con bolas de vidrio llenas de ayre, ni con Máquinas Pneumáticas para extrahérsele, como lo hizo el bueno del Académico Monsieur Amberg, supongo que no mas que ad terrorem, pues para la prueba bastaba qualquiera vejiga de puerco, de buey, y aunque fuesse de un burro viejo.»

12. «No le agradó á Empedocles esta monotonía en la constitucion de los cuerpos, y, queriendo echar el pié adelante á todos los que le havian precedido, dixo, que aquellos tan léxos estaban de componerse de un solo único elemento, que todos se componian de todos quatro; pero no como nosotros grosera y sensiblemente los percibimos, impuros, mezclados, y revueltos unos con otros, sino puríssimos, desecadíssimos, y en fin como á cada uno le parió su madre la naturaleza. Preguntado, en qué consistia la diferencia específica de los mixtos, puesto que todos se componian de unos mismos simples, respondia, con aquella gravedad y con aquella soberanía propia de un hombre, que despreciaba Coronas y Cetros, que, á la reserva del hombre (á quien no negaba alma racional, distinta de los quatro elementos), todos los demas mixtos solo se diferenciaban entre sí, ya por la varia combinacion de los elementos mismos, ya por el mayor predominio del uno sobre el otro, y que assí entre la rana y el burro no havia otra diferencia, sino que en aquella dominaba el agua, y en este la tierra, y que por esso croaba la una, y el otro rebuznaba.»

13. «Parécele á Vm., Padre mio Fray Gerundio, que los modernos no remedaron tambien al amigo Don Empedocles? Pues, cuente Vm. por sequaces suyos á todos aquellos Médicosp. 124 à la dernière (son estos innumerables), los quales no se contentan con decir, que en todos los mixtos se mezclan los elementos, lo que apénas se puede dudar; sino que añaden, que á ellos, y á nada mas, se reducen todos los mixtos, pretendiendo, que todo quanto se extrahe de ellos por el análysis, ó por la resolucion, es ayre, agua, tierra, y fuego, et præterea nihil. Cuente Vm. tambien por el mismo partido á los Chýmicos, y sepa, que este, el dia de hoy, es un partido formidable; los quales, aunque de los elementos de Empedocles solo admiten en la apariencia dos, conviene á saber, el agua y la tierra, y en lugar de los otros dos inventan ellos tres, á los quales llaman espíritu, azufre, y sal; pero en realidad el espíritu se reduce al ayre, el azufre al fuego, y la sal al agua; con que solo añaden voces al Systema Empedocliano. Finalmente, cuente Vm. por el mismo vando (segun quieren malas lenguas) al habilíssimo Jesuíta Honorato Fabri, el qual, aunque en rigor hizo burla de todos los Systemas Philosóphicos, sin declararse partidario de alguno de ellos, pero alguna mayor inclinacioncilla mostró á la opinion de nuestro Empedocles, bien que exceptuando de ella al hombre y á los brutos, porque esto no lo podia ajustar con lo que enseña la Fé.»

14. «Y los señores Philósophos Atomistas y Corpusculares, que son los que hasta pocos años ha han metido mas bulla, piensa Vm. que fueron originales? Ríase de esso por su vida: tan monas ó tan monos fueron, como todos los demas. En diciéndole á Vm., que la Philosophía Atomista y Corpuscular cuenta ya por lo ménos cerca de dos mil y cien años de antigüedad; que la inventó Leucipo, la adelantó Demócrito, y la extendió Epicuro, mas de trecentos años ántes que naciesse Christo: sabrá que los Galiléos de Galiléis, los Gasendos, los Bacones, los Descartes, los Maignanes, los Sagüens, los Toscas, y otros, que no se pueden contar, no hicieron otra cosa que christianizarla, en lo que pudieron, refundirla, en lo que no encontraron inconveniente, y sacarla al theatro barbi-hecha, afeytada, y con zapatos nuevos.»

15. «Solo con poner en limpio lo que dixo Epicuro está hecha la prueba. Soñó, pues, alguna noche, que havia cenado poco y bebido mucha agua (porque con efecto fué hombre templado), que allá desde la eternidad andaban revoleteando libremente y á sus aventuras, sin órden y sin concierto, por essos immensos espacios que llamamos Cáhos, una infinita multitud de átomos ó de cuerpecillos, los quales se estuvieron moviendo y traveseando sin forma y sin destino, siglos de siglos, hasta que quiso su buena suerte y la nuestra, que por una dichosa casualidad se travaron, unieron, y pegaron todos unos con otros, y formaron esta prodigiosa massa, de que sep. 125 compone todo el Universo: Cielos, Astros, Montes, Valles, Rios, Plantas, Brutos, Hombres. Para que esta casualidad, aunque extraordinaria, no fuesse milagrosa, vino muy á pelo y conduxo mucho, que los tales átomos ó cuerpecillos no eran todos ni de una misma figura, ni de un mismo peso; sino que quiso la suerte, que unos fuessen redondos, otros quadrados, estos cúbicos, aquellos pyramidales, unos cylíndricos, otros triangulares, agudos estos, y aquellos chatos, unos mas pesados, y otros mas leves. Y como estuvieron tanta infinidad de siglos encontrándose unos con otros, no fué impossible, que al cabo acertassen á enlazarse, enredarse, y engancharse recíprocamente, mezclándose con variedad unos con otros, y étele formada toda la massa del mundo, con toda la diversidad de mixtos y de entes, que la constituyen.»

16. «Y no crea Vm., amigo Fray Gerundio, que Epicuro, ni los muchos corbatines, bonetes, y capillas, que le copian al somormujo, se embarazan en explicar la diversidad sensible de los entes, segun esta sentencia. Bueno es esso para su despejo! Si Vm. les pregunta, qué cosa es la tierra, responderán con la mayor satisfaccion del mundo: es un gran agregrado de átomos cúbicos, que juntó la casualidad en un monton, y en esso consiste la consistencia y la solidez de la tierra. Y el agua, qué cosa es? Esso es claro como el agua: es un casual conjunto de átomos redondos, circulares, y globulosos, que no pueden estar parados, si no los cierran en alguna vasija, ó no los reprimen con algun dique, y ve ahí en qué topa toda la fluidez de este elemento. Y el fuego? El fuego, quien no ve, que es una massa de átomos pyramidales, puntiagudos, y muy afilados, que á fuer de tales todo lo penetran, lo taladran, y lo deshacen; y cátate ahí el secreto de su prodigiosa actividad. Y el ayre, qué será? Bella pregunta! qué entendimiento havrá tan romo, que no conozca, que el ayre no viene á ser mas, que un immenso espacio ocupado de bolillas revoleteantes, mucho mas menudas, tersas, y lisas, que las que componen el agua; y en esto consiste clara é indubitablemente, que aquel sea mucho mas flúido y mucho mas diáfano que esta.»

17. «Ve aquí, Fray Gerundio amigo, los principales sueños de los Philósophos antiguos, y las principales imaginaciones de los modernos, que apénas se diferencian de aquellos mas que en media docena de terminillos, y en haver sacado al theatro sus opiniones con otro trage mas de moda. Yo no negaré, que unos y otros hicieron lo que pudieron, para averiguar sus secretos á la naturaleza, y para sacar á luz sus escondrijos, y que esto es lo que se llama Philosophía. Pero quien le ha dicho al Reverendo Señor Don Barbadiño, que esta Philosophía se ignora en Portugal y en España?p. 126 Cierto que, teniendo su merced tanta obligacion, como se sabe, á no ignorar lo que ha passado en su misma Universidad de Cohimbra, causa admiracion, que afecte ignorar lo que escribieron los Sabios Jesuítas Conimbricenses en su Curso Philosóphico. Allí verá explicados muy extensamente todos estos systemas, y tambien los verá impugnados con el mayor nervio. Es verdad, que, como aquellos Padres no alcanzaron á estos Monsiures novíssimos, no pudieron impugnarlos en sus propios términos. Pero sí es cosa averiguada, que la que se llama Philosophía nueva y flamante es solo un texido de las mas añejas y de las mas podridas del mundo; todos los que tienen noticia de estas, tienen noticia de aquella, y todos los que impugnan las unas, impugnan la otra. Pues por esta quenta, no solo en el Curso de los Conimbricenses, sino en muchos de los Cursos Philosóphicos, que de docientos años á esta parte se han impresso en España, hallará mucha noticia de la que su Paternidad Barbadiña llama Philosophía legítima, castiza y verdadera.»

18. «Pero, si todavía no se contenta con esto y pretende, que sea cierta su proposicion, miéntras no se verifique, que en los Cursos de España se conoce en su propia y mismíssima figura esta Philosophía del tiempo, aun assí será preciso, que la vuelva al cuerpo. Porque, si le dieran lugar para saber lo que passa por acá sus estrechas correspondencias con ciertos amigos de Francia, y su aplicacion infatigable á entender mal, ó á interpretar peor las Bulas y Breves Pontificios sobre las Missiones del Oriente, tendria sin duda noticia de que mas ha de treinta años se publicó en España el Curso Philosóphico del Sabio Padre Luis de Lossada, cuya admirable Phýsica comienza por un largo y docto discurso preliminar, en que se exponen, se examinan, y se baten en brecha casi todos los Systemas Philosóphicos, que se llaman Modernos por mal nombre, representándolos todos con sus pelos y señales. Aunque esta impugnacion, como imparcial, y como verdaderamente sabia, no es tan en cerro, ni tan á destajo, que en el discurso de la obra no se abracen algunas opiniones de los Philósophos experimentales, desamparando la de los Aristotélicos, á cuyo Gefe, por lo demas, se sigue con juicio y sin empeño.»

19. «Acordaríase tambien de que el insigne Valenciano Don Vicente Tosca no solo nos dió larga noticia de todas las recientes Sectas Philosóphicas, sino que aun se empeñó el santo Clérigo en que havia de introducirlas en España, desterrando de ella la Aristotélica. No logró el todo de su empeño, pero le consiguió en gran parte; porque en los Reynos de Valencia y de Aragon se perdió del todo el miedo al nombre de Aristóteles; se examinaron sus razones, sin respetar su autoridad; se conservaron aquellas opiniones suyas,p. 127 que se hallaron estar bien establecidas, ó por lo ménos no concluyentemente impugnadas; y al mismo tiempo se abrazaron otras de los Modernos, que parecieron puestas en razon; de manera que en las Universidades de aquellos dos Reynos se tiene tanta noticia de lo que han dicho los novíssimos Terapeutas de la Naturaleza, como se puede tener en la mismíssima Berlin; y hay Philósophos, que pueden hablar con tanta inteligencia en estas materias á las barbas de la misma Academia de las Ciencias de Paris, como los Regis y los Regaults en su mesma mesmedad.»

20. «Finalmente, ahora, ahora en fresco y, como dicen, todavía chorreando tinta, se acaba de imprimir en Salamanca el primer tomo de un Curso Philosóphico, que ha de constar no ménos que de doce volúmenes, en el qual, segun promete el Autor, quando llegue al tercero, todo él le ha de emplear en llamar á juicio todas las Sectas Philosóphicas, recien nacidas ó resucitadas, y el quarto en examinar los recobecos de la Naturaleza, al gusto de los Modernos, sin perjuicio del derecho, que se reserva, de averiguar en el quinto las verdaderas causas de tantas travesuras, como hacen los Metéoros, y de passearse en el sexto por los Cielos, como pudiera por su Celda, donde es preciso, que vuelva á encontrarse con los Neotéricos, y ó los abrace como amigos, ó los precipite de aquellas alturas, como espíritus rebeldes, que no merecen pisar el estrellado país, que no conocen. Ora bien, yo salgo por fiador de la habilidad del Autor, pero no respondo del acierto de su execucion; y mas quando él mismo destina ya in prævisione el tomo undécimo para corregir los errores, descuidos, ó equivocaciones de los diez precedentes; lo que parece señal de que á lo ménos en estos diez tiene ánimo de errar, descuidarse, ó equivocarse mucho, pues le ha hecho tan de antemano á dedicar todo un tomo á este único assunto. Verdad es, que para esso está seguro de que en el tomo duodécimo y último no ha de padecer la menor equivocacion, error, ó descuido en los Prolegómenos á la Theología Positiva y Dogmática, de que ha de tratar, si Dios fuere servido, para abrir los ojos á los Theólogos, y Predicadores novicios; pues, á no estar muy cierto de que este último volumen no ha de contener alguna errata ó descuidillo, era natural, que el tomo de las erratas le reservasse para el postrero, para comprehender tambien en él las de los Prolegómenos, como lo han hecho hasta aquí todos aquellos Escritores, que quisieron dexarnos el buen exemplo de confessar, que fueron hombres.»

p. 128

CAPITULO VII.
Cánsase de hablar el Beneficiado, saca la caja, toma un polvo, estornuda, suénase, límpiase, y prosigue la conversacion.

«De todo lo qual inferirá Vm., mi Padre Fray Gerundio, que el señor Arcediano Barbadiño habló con sobrada indigestion en punto de Philosophía de España; pues, aunque bien se pudiera ahorrar mucho de lo que en ella se enseña, y emplearlo mejor sin salir de la materia, pero no se pierde tanto tiempo, como pondera su merced muy Reverenda; y al cabo el Philósopho Gasendista, el Cartesiano, el Newtoniano, y el Aristotélico, algaravía mas, algaravía ménos, todos salimos á nuestra algaravía. Pero bien entendido que, sin este tal qual estudio de la Naturaleza, apénas se puede dar passo con acierto en las demas Sagradas Facultades.»

2. Atónito estuvo oyendo el pacientíssimo Fray Gerundio todo el largo razonamiento del señor Beneficiado, sin toser, sin escupir, sin cespitar, y aun sin pestañear, sino una sola vez allá házia el medio de la harenga, que se le puso una mosca de burro sobre la ceja zurda, y se le pegó de modo, que le costó mucho trabajo el desprenderla. Pasmóse de lo que le havia oído ensartar, con la leve ocasion de lo que le havia preguntado acerca del Barbadiño; y, aunque zorroclonco, no dexó de conocer, que tenia razon en lo que havia dicho, pero que sobraba la mitad, y aun las tres partes y media, para lo que pedia una conversacion, en que no se trataba, sino por incidencia, acerca de este Autor. Pero, como en efecto le havia dado gusto todo lo que acababa de oírle, y el empeño del Fraylecito era escapar el cuerpo, si pudiesse, á todo estudio Escolástico, por dedicarse quanto ántes al baratillo del Verbum Dei, segun la instruccion del Lego, su Cathequista, y de su Héroe el Padre Predicador mayor de la Casa, quiso apurar del todo la materia. Y pareciéndole, que por lo ménos lo que decia el Barbadiño acerca de la Theología Escolástica no tenia respuesta, le dixo: «Señor Beneficiado, todo lo que Vm. me acaba de explicar acerca de la Philosophía me parece lindamente; y aunque, la verdad sea dicha, que en lo mas de ello yo no hé entendido palabra, pero á mí me suena bien, y convengo en que no hace daño saber un poco de Philosophía, aunque sea de la que nos enseñan por acá. Yo, bien ó mal, ya estoy para acabar mis tres años, y tanto como hablar de materia primera, de formas substanciales, de union, de compuesto in fieri, de principio quod y quo, y assí de otras zarandajas, ya me atreveré áp. 129 hacerlo como qualquiera Arcipreste. Pero esso de pensar nuestros Padres en que me han de obligar á que estudie Theología Escolástica, tararira! no lo conseguirán, aunque me emparedaran.»

3. — «Y por qué, amigo Fray Gerundio?» le preguntó el Beneficiado. — «Por qué? por las cosas, que dice de la tal dichosa Theología el susodicho Barbadiño.» — «Pues, qué dice?» le replicó el bellacuelo del Clérigo. — «Qué ha de decir, mejor lo sabe Vm. que yo. Dice, lo primero, que esta facultad se trata pésimamente en Portugal, no solo en los Conventos, sino tambien en las Universidades. Y consiguientemente lo mismo dirá de toda España, porque en toda ella no se trata la Theología de otra manera que en Portugal.» — «Y esso, como lo prueba, Padre mio?» — «Como lo ha de probar: con una razon, que no tiene respuesta; porque dice, que acá se estudian quatro años de Theología, assistiéndose á quatro Cáthedras, en las quales se explican cada año dos materias de Theología Escolástica, una de Moral, y otra de Escritura, á la que ningun Estudiante concurre, porque dicen, que solo es buena para los Predicadores.» — «Y en esto, en verdad, que tiene razon; porque en este nuestro Convento por lo ménos, donde tambien hay Estudios de Theología, yo no he visto otro modo de enseñarle, y discurro, que lo mismo sucederá en los demas.» — «Y parécele á Vm., que esso basta, le preguntó el Beneficiado, para decir, que se trata pésimamente la Theología?» — «A mí me parece que sí», respondió Fray Gerundio. — «Pues á mi me parece que no, replicó el Beneficiado. Porque esso á lo sumo probará, que el méthodo no es bueno; que al cabo de los quatro años es poca Theología la que se trata; que ocho Materias, ó Tratados Escolásticos, quatro de Moral, y otros tantos de Escritura, no bastan para que el Estudiante salga Theólogo hecho, ni aun para que tenga noticia de la vigésima parte de la Theología, y en esto no iria descaminado; pero no prueba, que la Theología, poca ó mucha, que se trata, se trate pésimamente, que es lo que suena su valiente y atrevida proposicion. Fuera de que, no puede ignorar el Barbadiño, que en una de las célebres Escuelas de España, al cabo de los quatro años se estudian ó se recorren todos los Tratados de la Theología Escolástica, por un famoso Compendio, que no le hizo ningun Español, sino un docto Religioso Francés, y por lo mismo será de su aprobacion. Si en otra de las Escuelas no ménos célebres se observa el méthodo, que él satyriza, será, ó porque todavía no tiene un Compendio Theológico, segun sus principios, de su satisfaccion, y acomodo para el uso de los Estudiantes, ó por otras razones, que allá él se tendrá; pues al fin, como decia un Alp. 130calde de Villaornate, si es Theatino, y se ahogó, cuenta le tendria.»

4. — «Y qué me dice Vm., le preguntó Fray Gerundio, de lo que añade poco despues el mismo Barbadiño: Que el primer perjuicio ó la primera preocupacion, que saca el Estudiante del méthodo de las Escuelas, es persuadirse, que la Escritura para nada sirve al Theólogo: y el segundo es estar en la persuasion de que no hay otra Theología en el mundo, sino quatro questiones de especulativa, y que todo lo demas son harengas y ociosidades de Extrangeros… siendo esta en efecto la preocupacion general de todos los Theólogos de este Reyno, y no rapaces ó ignorantes, sino Maestros y hombres de barbas hasta la cintura?»

5. — «Qué quiere Vm. que me parezca? respondió el Beneficiado; que, como el Barbadiño escribió la carta donde estampó estos disparates (y es la 14ª. del segundo tomo), quando acababa de padecer ciertos vertigos, ó vertígenes, ó vahidos, ó como quisieren llamarlos, segun él mismo dice al principio de ella, y debia de ser muy acosado de este accidente, por lo que se reconoce en sus cartas; todavía parece, que le duraban algunas reliquias del vertigo, quando afirmó dos proposiciones tan disparatadas con aquella osadía, que es tan natural al hombre. Yo Estudiante he sido, y con Estudiantes he tratado en las tres Universidades de Salamanca, Alcalá, y Valladolid, donde se estudia la Theología Escolástica, punto mas, punto ménos, con el mismo méthodo que en Cohimbra y en Ebora; pero hasta ahora no encontré Estudiante tan zopenco que de dicho méthodo sacasse la preocupacion de persuadirse, que la Escritura para nada sirve al Theólogo. Ni como es possible, que alguno la sacasse, á ménos que padeciesse vertigos, viendo con sus mismos ojos, que en la Theología Escolástica no hay question alguna, por especulativa, por abstrahida, por metaphýsica, por sútil, ó por inútil que sea ó que parezca, la qual, bien ó mal, no se procure probar con la Escritura? Y si no, señale siquiera una el Barbadiño. Aun la que él pone repetidas veces por verbigracia de las que llama puerilidades Theológicas, conviene á saber, si el principio quo generativo ó productivo en el Padre y en el Hijo consiste en predicado relativo ó absoluto, todos los Autores, que siguen diferentes opiniones, procuran fundar la suya en Textos de la Escritura. Pues qué Estudiante ha de persuadirse, que la Escritura para nada sirve al Theólogo, quando sin Escritura no encuentra siquiera una question de Theología.

Esto es saber hablar mal,
Por no saber hablar bien;
p. 131
Y esto es mentir Magistral,
Por siempre jamas, Amen.»
6. «El otro testimonio, que levanta el Barbadiño, no ya á los Estudiantes rapaces, sino á Maestros con barbas hasta la cintura, de que están en la persuasion de que no hay otra Theología en el mundo, que quatro questiones especulativas, no le va en zaga al primero. Aquí donde Vm. me ve, sepa, que tambien corrí mi cachico de Portugal, donde traté con Lentes y Mestres de Theología, que regentaban as primeiras Cadheiras del Reyno: en España he rodado mucha bola, y aunque indigno, pecador, y vil gusano, he conversado silla á silla, y facha á facha, con muchos Padres Cathedráticos, y hasta algunos Padres Lectores de la legua; quiero decir, aquellos Lectores in partibus, y como de burlas, que son Lectores titulares de Conventos semi-pinzochas, los quales suelen ser mas fieros y mas entonados, que los mismos Cathedráticos de veras; digo, que hasta algunos de estos Padres Lectores de honor se han dignado darme puerta y silla, tratándome con cariño, y casi con amistad. Pues certifico, y en caso necessario juraré in verbo Sacerdotis, que á ninguno, á ninguno he encontrado tan boto de entendimiento, que no supiesse muy bien, que ademas de la Theología Escolástica ó Positiva, como la llama siempre el Padre de las barbas largas, hay la Dogmativa, la Expositiva, y la Moral, á las que algunos añaden, como Theología aparte, la Ascética ó la Mýstica, y que todas estas quatro ó cinco Theologías se dan la mano unas á otras, de manera que tienen cierta dependencia ó conexion entre sí, y tanta que ninguno puede llamarse Theólogo consumado, si no está versado mas que medianamente en todas ellas. Es verdad, que suponen nuestros Maestros (y por mí la quenta, si se engañaren en esta suposicion), que sin entender mas que á media rienda á la Theología Escolástica, hay grande peligro de desvarrar mucho en la Dogmática, de dar de hocicos en la Expositiva, de no entender bien la Moral, y de escribir cien disparates en la Ascética, salva siempre la iluminacion sobrenatural, que lo suple todo. Esto es lo que he oído constantemente á todos nuestros Maestros, no solo á aquellos, que tenian barbas hasta la cintura, pero aun á muchos, que apénas los apuntaba el bozo del Magisterio, y aun tal qual que parecia capon en el fuero externo, aunque delante de la cara de Dios seria lo que su Magestad fuesse servido. Pues donde encontró el señor Padre Barbadiño essos Maestros con barbas hasta la cintura, que estaban persuadidos á que no havia otra Theología en el mundo, que quatro questiones especulativas?»

p. 132

7. — «A lo ménos, replicó Fray Gerundio, no me negará Vm., que tiene razon, en lo que añade mas abaxo: Que todos los Theólogos Escolásticos están tan satisfechos de su especulativa, que dan al diantre á los extrangeros, porque se desviaron de ella… y que no vió hasta ahora Theólogo alguno de los que abrazaron con todo su corazon el Peripato, que, haviendo de proferir censura sobre los que introduxeron el méthodo moderno, tomasse el trabajo de examinar bien las razones, en que se fundan los contrarios.»

8. — «Pobre Fray Gerundio (respondió el Beneficiado), y qué bellas tragaderas que tiene! Si assí engulle todo lo que encuentra en los libros, morirá de replecion de disparates. Muchos ensarta el Barbadiño en esse par de cláusulas, que le copia. Supone, lo primero, que todos los Extrangeros se desvían de la Theología especulativa, pues esso, y no otra cosa, quiere decir aquella proposicion indefinida y absoluta, de que los Theólogos Escolásticos dan al diantre á los Extrangeros, porque se desviaron de ella. Pero quien le ha dicho á su Paternidad Barbadiña, que todos los Extrangeros se desviaron, ni se desvían de la Theología Escolástica? Gonet y Contenson, Dominicos, fueron Portugueses ó Andaluces? Rodes, Lesio, Tanero, Jesuítas, fueron Asturianos ó Estremeños? El Cardenal de Norris y la Martiniere, Augustinos, fueron Gallegos ó Campesinos? Mastrio y Wigant, Franciscanos, fueron Babazorros ó de las Batuecas? Y estos se desviaron de la Theología Escolástica, quando muchos la comentaron toda, y los mas una gran parte de ella? No quiero alegarle mas exemplos, porque seria negocio de formar una Biblioteca. Los únicos Extrangeros, que se desvían de la Theología Escolástica, son aquellos, á quienes incomoda esta, para delirar á su satisfaccion en la Dogmática, en la Moral, y en la Ascética, sin reconocer otra regla para la inteligencia de la Expositiva, que el capricho y la bodoquera de cada uno. Quienes sean estos Monsiures, no es menester declarárselo al Barbadiño, porque en sus escritos, y aun sin salir de esta carta, da fieros indicios de mantener gran correspondencia, ó á lo ménos de professar mucha devocion á los principios, y tener gran fé con las noticias, que gasta cierto gremio de ellos. Y aun de estos, no todos tienen tanta ogeriza con la Theología Escolástica, como graciosamente quiere suponer su merced Barbadiña. Y si no, ahí está el Doctor Jorge Bull, Professor de Theología y Presbýtero de la Iglesia Anglicana, que murió Obispo de San David el año de 1716, cuyas Obras Theológico-Escolásticas, en folio, nada deben á las mas alambicadas, que se han estampado en Salamanca y en Cohimbra; y como los puntos, que por la mayor parte trató en ellas, son sobre los Mysterios capitales de nuestrap. 133 Santa Fé, conviene á saber, sobre el Mysterio de la Trinidad y sobre el de la Divinidad de Christo, en los quales su Pseudo-Iglesia Anglicana no se desvía de la Cathólica, en verdad que los manejó con tanto nervio y con tanta delicadeza, que los Theólogos Orthodoxos mas escolastizados, como si dixéramos electrizados, hacen grande estimacion de dichas obras. Y aun en los dos Tratados, que escribió acerca de la Justificacion, que es punto mas resvaladizo, en los principios, que abrazó, no se separó de los Theólogos Cathólicos; pero en algunas consequencias que infirió, ya dió bastantemente á entender la mala leche, que havia mamado. Pues, por qué nos ha de querer embocar el Señor Barbon, que los Extrangeros se desvían de la Theología especulativa, y que por esso los dan al diantre los Theólogos Escolásticos de Portugal y de España? Yo sí, que doy al diantre los vertigos, que afligieron á dicho Señor, en fuerza de los quales deliró tanto el coitado Fradiño, y nos quiso embocar tantas parvoizes.»

9. «Pues ahí es un grano de anis, las que contiene la otra cláusula suya, con que me reconviene Vm.: que no vió ainda Theólogo alguno, de los que abrazaron con todo su corazon el Peripato, que, haviendo de proferir censura sobre los que introduxeron el méthodo moderno, tomasse el trabajo de examinar bien las razones, en que se fundan los contrarios. Tampoco yo ví ainda Escritor alguno de los que abrazaron con todo su corazon la mordacidad, que escribiesse con mayor satisfaccion, ni que digiriesse ménos lo que escribia.»

10. «Qué le parece á Vm. que entiende por Theólogos, que abrazaron con todo su corazon el Peripato? Lea un poquito mas abaxo, y lo encontrará. Entiende los que estudian la Theología Escolástica, por cuyo nombre (dice él) se entiende una Theología fundada en los perjuicios de la Philosophía Peripatética: quiere decir sobre las formas substanciales y accidentes, y sobre todas las otras galanterías de la Escuela. Pero no me dirá donde encontró esta casta de Theólogos? ni donde halló Theología de esta especie? La Theología Escolástica, que se usa por acá, no está fundada sobre las preocupaciones de la Philosophía Peripatética, ni se vale de ella para maldita la cosa, sino única y precisamente para el uso de los términos facultativos, á los quales se les dió una significacion arbitraria, como Essencia, Predicados, Formas, Accidentes, Propiedades, Emanaciones, ut quo, ut quod, Formaliter, Materialiter, Auxilium quo, et sine quo, Ecceidades, Individuaciones, Relativos, Absolutos, etc. Todas estas galanterías solamente la sirven para explicar con ménos palabras lo que quiere decir, y se vale de estas voces, por suponerlas ya entendidas desde la Lógica y Philosophía Peripatética, donde se usa de ellas para los mismosp. 134 significados; pero estos significados se aplican á principios y assuntos muy distintos, y aun inconexos con casi toda la Theología Escolástica. Es esto estar fundada esta Theología sobre los perjuicios de la Philosophía Peripatética? De essa manera tambien dirá, que están fundados sobre el Peripato todos los Príncipes de Europa, sean de Paces, sean de Comercio, sean de Alianza, sean tambien aquellos que se llaman Tratados de Familia; porque en casi todos ellos se lee el terminillo, de que se quedarán las cosas in statu quo, que es tan peripatético como el ut quo, y el ut quod, el in eo quod quid, y el quoad an est. Si hay algunas questiones en la Theología Escolástica, que en la substancia sean amphibias, esto es, que igualmente pertenezcan á la Theología que á la Philosophía, como son las que tratan de la existencia de Dios, como primera causa de la Creacion del Mundo en tiempo, de la espiritualidad del alma, del libre albedrío ó de la libertad de los actos humanos, y algunas otras pocas mas; estas se tratan con total independencia de los principios Aristotélicos, y muchas de ellas con positiva oposicion á ellos, y para nada recurrimos á la Philosophía del Estagyrita, sino puramente para explicarnos, y para que recíprocamente nos entendamos. Pues, qué Theología Escolástica de mis pecados es esta, que está fundada en la Philosophía Peripatética? Vaya, que, quando escribió esto, todavía le debia de durar el vertigo al Santo Padre.»

11. «Y con qué conciencia dice, que ainda no vió Theólogo alguno, de los que abrazaron con todo su corazon el Peripato, que, queriendo censurar á los que introduxeron el méthodo moderno, tomasse el trabajo de examinar bien las razones, en que se fundan los contrarios? De qué méthodo habla su Paternidad muy Arcediana? Porque, si habla del méthodo de la Theología Escolástica (que es la Theología en question), ni los modernos, ni los antiguos, ni los Peripatéticos, ni los Newtonianos han inventado otro méthodo, que el que introduxo Pedro Lombardo, imitó Santo Thomas, y siguieron despues todos los demas. Y si no, díganos su merced por su vida, donde encontró otro méthodo de Theología Escolástica? Si habla del méthodo de la Theología puramente dogmática (que será un grande despropósito para el assunto), lo primero, hasta ahora no se ha escrito cuerpo alguno entero, que comprehenda methódicamente todos los tratados pertenecientes á esta Theología; y si no, díganos el Señor Barbadiño, como es la gracia del Autor que los escribió, ó que á lo ménos hizo la coleccion de ellos? Lo segundo, en los innumerables Tratados Dogmáticos, que se han escrito, cada Autor ha seguido el méthodo, que mejor le ha parecido, ó el que le ha venido mas á cuento: unos Oratorio,p. 135 otros Académico; estos con ergos, aquellos sin ellos; los mas por libros ó tratados, muchos por disputas y questiones, algunos en figura de Diálogos; y finalmente los Dogmáticos moderníssimos, que han escrito contra las heregías del tiempo, y especialmente contra la que hoy es de la gran moda, de la qual muestra tener grandes noticias el Señor Fray Arcediano, han preferido el méthodo de cartas dialogizadas, el idioma vulgar, y el ayre un poco chufletero, para lo qual no les han faltado buenas y sólidas razones. Ningun Theólogo Escolástico y Cathólico ha censurado hasta ahora alguno de estos méthodos; ó señálenosle con el dedo el Padre de las barbas á tiros largos. Pues, para qué es meter tanta bulla, y fingir fantasmones para dar de palos al ayre?»

12. «Mas no es esta la madre del cordero. Con el sobre-escrito del méthodo, su verdadero intento es desterrar del mundo la Theología Escolástica, como él mismo lo confiessa sin rebozo, pues de ella dice constantemente, que no solo es superflua, sino perjudicial á los dogmas de la Religion. Esto hiede que apesta. Luthero, Beza, Calvino, Melanchton, y el Barbadiño de su tiempo Erasmo de Roterdam, dixeron lo mismo en propios términos. Los amigotes del Señor Arcediano son de la misma opinion; y nada acredita mas la utilidad, y aun la necessidad de la Theología Escolástica, para la inteligencia y para la defensa de los Dogmas, que lo mucho que incomoda á estos Monsiures.»

13. «Pues el Padre de las barbas postizas escribe dentro de Italia, ya tendrá noticia (y si no la tiene, yo se la doy ahora) de las Obras de Benedicto Alctini (alias el Padre Benedicti Jesuíta), y de las explicaciones Theológicas de los Cánones del Concilio de Trento sobre los Sacramentos, que el sabio Servita Juan María Bertoli imprimió en Venecia el año de 1714. Lea lo que escribieron estos dos Autores de á folio contra cierto Autorcillo Italiano, que salió por entónces con el mismo proyecto, con que sale ahora el Señor Barbazas, de querer desterrar del mundo la Theología Escolástica, para substituir en lugar de ella la leccion y la explicacion de las Obras de los Ss. Padres. Allí verá, que el Autor Italiano supone tan en falso, como el Señor Portugués, que en las Escuelas no se hace caso del estudio de los Santos Padres. Impostura palmaria! Pues la Theología Escolástica apénas es mas que un compendio de sus Obras, en el qual ó se examinan sus diferentes opiniones sobre principios ciertos, comunes, y admitidos por todos ellos, ó se comparan y se cotejan unos con otros, para discernir por medio de este exámen y comparacion lo que en su modo de hablar no parece tan exacto; ó juntando las opiniones de todos acerca de los dogmas, se forma una especie de cadena y serie chronológica dep. 136 tradicion; y en fin, en ella se encuentra toda la doctrina de los Padres, pero digerida segun el órden de las materias, desembarazada de digressiones inútiles, limpia, y como acrivada de todos los descuidos, que pudo mezclar en ella la flaqueza humana, ilustrada y confirmada con la autoridad de la Escritura, y con el peso de la razon. De manera que estudiar Theología Escolástica es estudiar á los Santos Padres, pero estudiarlos con méthodo. El Autor Italiano, dice el sabio Servita (y óygalo con atencion, con docilidad, y con espíritu de compuncion el Pseudo-Capuchino): el Autor Italiano y sus semejantes, poco versados en este género de estudios, ingenios y genios superficiales, amigos de la novedad, que, afectando hacerse distinguir, se apartan del camino carretero, introducirian en las Escuelas una extraña confusion, si llegasse á abrazarse su proyecto. El estudio vago y mal arreglado de los Santos Padres, reducido á leer sus Obras, sin haverse instruído ántes en los principios necessarios para entenderlas bien, y para formar recto juicio de lo que quieren decir, llenaria al mundo de hereges, ó de Sabios de perspectiva, bien cargada su memoria de lugares, de sentencias, y de centones en monton, pero su pobre entiendimiento mas oprimido que ilustrado con todo aquel estudio ó embolismo. Hasta aquí el docto Servita.»

14. «Y luego nos dirá en nuestras barbas el barbadíssimo, y aun barbaríssimo señor, que la Theología Escolástica no solo es superflua, sino perjudicial á los dogmas de la Religion! Sea por amor de Dios la desvergüenza. Si se contentara con decir, que en casi todos los Tratados de ella se mezclan algunas questiones inútiles, que pudieran y aun debieran ahorrarse; que aun muchas de las útiles y necessarias se tratan con una prolixidad intolerable; que, en varias de ellas, de cada argumento se ha formado una question, y aun una disputa, y aun tal vez una materia entera, para cuyo estudio no sé yo, si el mismo Job tendria bastante paciencia, adelante: ya se le oiría con christiana conformidad, y aun puede ser, que en esta opinion no fuesse solo. Pero espetarnos á red barredera y en cerro, que la Theología Escolástica no solo es superflua, sino perjudicial á los dogmas de la Religion! voto á… que si yo fuera Inquisidor General. Mas tomemos un polvo, mi Padre Fray Gerundio, y refresquémonos un poco, que ya me iba calentando.»

15. Con efecto le tomó el bueno del Beneficiado, sonóse, gargajeó, y prosiguió en su tono y frescura natural: «No es tan lerdo el Barbadiño, que no conociesse, que luego le havian de dar en las barbas con los Patronos y Sequaces de la Theología Escolástica, como v. gr. Alberto Magno, Santo Thomas, San Buenaventura, San Juan Capistrano, y en finp. 137 todos los Santos Theólogos, que han florecido desde el Siglo XII acá, porque su Paternidad no quiere hacer mas anciana á dicha Theología; á algunos de los quales Santos los tiene admitidos la Iglesia por sus Doctores, y parece terrible osadía decir que los Doctores de la Iglesia enseñaron una Theología perjudicial á los dogmas de la Religion. No dissimula el Padre Barbeta este feroz argumento, aunque es verdad, que le propone blandamente, y como al soslayo. Pero qué solucion dará á él?»

16. «Dice, lo primero, que esto importa un bledo, porque los Santos florecieron en un Siglo, en que casi no se sabia otra cosa, y que, conformándose con lo que se practicaba en su tiempo, tienen alguna disculpa. Vamos, que la solucion se lleva los vigotes; y queda el entendimiento plenamente satisfecho de que la Iglesia pudo, con grandíssima razon y con no menor serenidad de conciencia, colocar en la classe de sus doctores á unos Santos, que enseñaron una Theología perjudicial á sus dogmas, por quanto los pobres no tuvieron la culpa de florecer en un Siglo, en que casi no se sabia otra cosa; y, en caso de tener alguna en conformarse con lo que se practicaba en su tiempo, seria una culpilla venial, que se quitaba con agua bendita, y no podia perjudicarles para obtener la suprema borla de Doctores de la Iglesia.»

17. «Pero vaya una preguntita, assí como de passo y sobre la marcha: Con qué Theología confundió Santo Thomas á los Hereges, que se levantaron en su tiempo? Fué con la que aprendió y enseñó, ó con la que todavía no se havia fundado ni se fundó hasta que essos Theologazos modernos, llenos de zelo y de charidad, abrieron los ojos á la pobre Iglesia, que por tantos siglos los havia tenido lastimosamente cerrados ó á lo ménos legañosos? Y en qué consistirá, que todos los Hereges están de tan mal humor con este Santo Doctor, como dice con discrecion cierto Moderno? Si su Theología es tan perjudicial á los dogmas de la Religion, por qué no la abrazan? por qué no la siguen? por qué no hacen muchas cortesías al Santo, y celebran su fiesta con un Octavario de Sermones? El hecho es, dice el citado Recencior, que el verdadero motivo, porque todos los Hereges están tan avinagrados contra este admirable Doctor, es porque á él se le debe aquel méthodo regular, que reyna en las Escuelas, con el qual se desenredan las opiniones, se quita la mascarilla al error, se pone de claro en claro la verdad, se explican con limpieza y con claridad los dogmas de la Fé, segun el verdadero sentido de la Iglesia y de los Padres. Y concluye: No ha tenido la heregía enemigo mayor que nuestro Santo, porque nunca ha podido defenderse contra la solidez y, si me es lícito hablar assí, contra la casi inp. 138falibilidad de su doctrina. A seo Calcillas: y todavía dirá Vm., y lo dirá constantemente, que la Theología Escolástica es perjudicial á los dogmas de la Fé? Pues yo tambien le diré á Vm. constantemente, que creo á ciegas en la del Sýmbolo de los Apóstoles; mas, para creer en la que Vm. professa, necessito mucho exámen. Y le advierto á Vm., que el Autor de dichas palabras no es algun Padre Dominico, á quien le ciegue la passion, sino otro de profession muy distinta, que sabe venerar las opiniones del Santo Doctor y, si algunas no le arman, separarse de ellas con reverencia.»

18. «Dice, lo segundo, que, si Alberto Magno y su discípulo Santo Thomas comentaron á Aristóteles, no fué, á lo que él cree, porque lo juzgassen útil, sino por hacer esse servicio al público, que en aquel tiempo estaba muy preocupado por Aristóteles. Hizo bien en añadir á lo que creo; porque el hombre da muchos indicios de creer enrebesadamente. Esto es decir en buenos términos, que cree, que Alberto Magno y Santo Thomas fueron unos hombres aduladores, unos Doctores lisongeros, unos Maestros de aquellos, que caracteriza San Pablo, los quales, por acomodarse al gusto y á las passiones del Pueblo, le enseñan doctrina falsa, inútil, y aun perniciosa, y, apartando voluntariamente los ojos de la verdad, aunque saben muy bien házia donde cae, le embocan fábulas, patrañas, ó embelecos inútiles. Pobres Lumbreras de la Iglesia, y en qué manos haveis caído! Siquiera no os dexa el carácter de hombres de bien, de honor, y de sinceridad, que no saben engañar á nadie, sin que primero se engañen á sí mismos: y, quando en qualquiera materia es la mayor vileza de un Autor escribir contra lo que siente, por lisongear el mal gusto del público, en una materia de tanta gravedad y de tanta importancia como la Sagrada Theología, no repara en hacer reos de semejante ruindad á unos hombres, como Alberto Magno y Santo Thomas de Aquino, á quienes sobraba su santidad, y bastaria al uno su dignidad de Obispo de Ratisbona, y al otro su nacimiento, para que los hiciesse mas merced y mas justicia. Si esto lo dixera un rapagon desbarbado, adelante, pudiera passar por rapazada; pero decirlo y estamparlo un hombre, que afecta profession de barbas largas, no merecia que se las arrancassen todas pelo á pelo?»

19. «Ora bien, mi sinceríssimo Padre Fray Gerundio, un año duraria nuestra conversacion, si huviera de seguir pié á pié al Barbadiño en todos los disparates, que dice con su acostumbrada satisfaccion y regüeldos, en sola esta Carta sobre el méthodo con que se estudia la Theología Escolástica, y si me huviera de empeñar en impugnarlos. Yo estoy ya cansado, y solo el hablar de este hombre me fastidia. Elp. 139 abrirle los ojos á él, que los tiene cerrados con la presuncion, y el abrírselos á sus apassionados, que se conoce lo son á cierra ojos, y no mas que por el sonsonete, seria una grande obra de charidad, pero seria obra muy larga, aunque no muy dificultosa; porque yo, con ser assí que soy un pobre pelon, me atrevia á hacerle ridículo y á poner de par en par, mas claros que la luz que nos alumbra, los innumerables desbarros, que profiere en casi todas las materias que trata, aunque, como dixe á Vm. al principio de nuestra conversacion, no dexe de traher muita coiza boa. Pero, ni yo estoy de vagar, ni esto es por ahora de mi instituto. Solo diré á Vm., que en esta Carta sobre la Theología Escolástica muestra una grande adhesion á los enemigos mas solapados y mas perniciosos de la Iglesia; que adopta sus máximas; que celebra sus Libros, ó sus Ediciones de las Obras de los Santos Padres, que están prohibidas por adulteradas; que insinúa con grande artificio su doctrina; y en fin, que todas quantas reflexiones hace sobre la Theología Escolástica, con intento de desterrarla del mundo, de ellos las tomó, y en sus cenagosos charcos las bebió; especialmente de los seis Libros, que el año de mil y setecientos dió á luz Juan Owen, no el célebre Poeta Inglés, sino otro de su mismo nombre y apellido, que los intituló de Natura, ortu, progressu, et studio veræ Theologiæ. Y ya que hablamos de Juan Owen, no debe llevar á mal el Padre Barbadiño, que me den en rostro muchas cosas suyas, quando hago justicia al mérito de otras, siquiera porque no me comprehenda la paulina del Poeta al principio de sus Epigrammas

Qui legis ista, tuam reprehendo, si mea laudas
Omnia, stultitiam; si nihil, invidiam.
Y porque temo, que el Latin, que enseñó á Vm. el Dómine Zancas-largas, no alcanza á que entienda de repente este Epigramma, allá va su traduccion en esta quarteta, que se me antojó hacer ahora, para alegrar un poco la conversacion.

Desde luego te declaro,
Lector de estos Epigrammas,
Por necio, si alabas todo,
Por embidioso, si nada.»
20. «Pero me hace lástima acabar esta conferencia, sin que Vm. me ayude á reír del méthodo, que propone el Barbadiño para estudiar la verdadera y provechosa Theología, despues de haver hecho tan solemne burla del que se observa para estudiar la que él llama inútil y perjudicial.»

21. «Dice, pues, que el primer prolegómeno de la Theología ha de ser la Historia Eclesiástica y Civil, ántes dep. 140 Christo y despues de Christo; que, consiguientemente, la primerita cosa, que ha de hacer el Estudiante, que entra en la Theología, es estudiar en breve la Historia del Testamento antiguo; despues la de Christo para acá; despues la de los Emperadores Romanos, por lo ménos hasta el sexto Siglo, y que esta se ha de estudiar muito bem. Que, como no se puede estudiar ni entender bien la Historia sin la Chronología y la Geographía, ante todas cosas debe buscar una tabla Chronológica, de estas que se encuentran en un pliego de papel de marca, y encajar bien en la cabeza las principales Epocas de la Historia Civil, observando el órden y la serie de los tiempos. Que, una vez metida bien en los cascos la Chronología, debe tener siempre á la vista el tal Estudiante ó Theólogo Cathecúmeno una Carta Geográphica, esto es, un mapa general, ó muchos particulares, en los quales, siempre que se habla de algun successo particular, ha de buscar la Provincia y el Lugar donde sucedió, y de esta manera irá aprendiendo facilíssimamente la Geographía sin trabajo, y como por entretenimiento.»

22. «Y, por quanto el pobre Theólogo Neóphito no puede tener noticia de adonde caen estos Mapas, ya el charitativo Barbadiño toma el trabajo de darle razon de los que, á su parecer, fueron los mejores Autores Geográphicos, aprovechando esta bella ocasion de lucir su vasta erudicion en la Geographía, siendo assí, que ciertamente no le costó mas que abrir el primer Catálogo de alguna famosa Librería, que tuvo mas á mano, buscar el título de los Autores Geógraphos, y trasladar al papel los primeros, que se le vinieron á la pluma.»

23. «Dice, pues, que es indispensable de toda indispensabilidad, que el tal Candidato de Theólogo se arme con el Atlas Geográphico de Janson, que se compone de ocho grandes volúmenes, ó por lo ménos con el Compendio de él, que se reduce á un volumen de á folio, se entiende en papel de marca, como libro de Choro, ó de Solfa de Facistol. Item del Atlas de Blaeu, que son once grandes volúmenes del mismo tamaño. Item del Atlas mas breve de los Señores Sanson. Item del de Monsieur de l’Isle. Y basta esto para Cartas generales: para las particulares no se le puede dispensar en que haga provision de las siguientes. De las de Inselim, que comprehenden la Inglaterra, Países-Baxos, Francia, España, y Portugal. De las de Nolin, que describen la Venecia y la Istria. De las del P. Placido, que siguen todo el curso del Po. De las de Ensishmid que representan la Alemania, y de las de Scheuchzero, que demarcan la Elvecia. Estos Autores (aquí llamo la atencion de mi auditorio) débense saber, para buscarse en las ocasiones. Con que, si estos Autores no se saben, y consiguientemente si no se tienen,p. 141 voló el primer prolegómeno de la Theología; y el que tuviere vocacion de estudiarla, ofrezca al Señor sus buenos deseos, y aprenda otro oficio.»

24. «Bueno es, que hasta aquí estábamos todos en la persuasion de que, para equipar á un Estudiante Theólogo, no era menester mas que proveerle de un vade, que no passasse de catorce quartos; de un plumero, que se arma en un abrir y cerrar de ojos, con un par de naypes; de una redoma de tinta; de media docena de plumas; de la quarta parte de una resma de papel; sus opalandas raídas, y á Dios amigo. Al Theólogo, que no fuesse por la pluma, con meterle en una alforja el par de tomos de Gonet, estaba ya ajustado todo su matalotage Escolástico; y, si se le añadia á Lárraga ó á la Suma de Busembaum, era una India. Y ahora, segun el nuevo méthodo Barbadiñal, ve aquí Vm. que un triste aprendiz de Theólogo, solo para libros, ha menester llevar mas equipage que un Mariscal de Campo. Porque, qué piensa Vm. que, aun precisamente para la Geographía, se contenta con los citados? Bueno era esso para su humor! Todavía le encaja otra runfla de ellos, que debió encontrar despues en otro catálogo, especialmente de Diccionarios Geográphicos, de los quales protesta, que tambien es necessario tener noticia, como son de el de Varea, Baudrand, Ferrario, Maty, y sobre todo de el de la Martiniere.»

25. «Síguense despues los libros Chronológicos, que ha de llevar para mantenerse los primeros meses de Estudiante Theólogo. En esto está parco el Barbadiño, porque la Chronología es algo indigesta, y pudiera ocasionar crudezas al Estudiante, si cargara de ella el estómago con demasía. Conténtase con que al principio no coma mas que Strauchio, ó Beveregio, y algo del Rationarium del P. Petavio. Pero quien se sintiere con calor para digerir mayores noticias, puede engullirse la Doctrina temporum, del mismo Petavio, la Chronología Sacra de Userio, y con el tiempo podrá cargar de mas vianda, si su estómago lo consintiere.»

26. «Pero lo que no tiene remedio es, que para la Historia Universal se eche en el maleton la primera parte del Rationarium del susodicho Petavio; el Compendio Latino de Celario, y no le hará daño el del Padre Turselino, aunque este (dice él) es mas estimado por el Latin que por la Historia. El Compendium historiæ universalis de Gotlob Krancio: este (dice el Padre Calificador) es el mejor de todos: el de Brietio, especialmente despues de Christo, y el de Leschi, que es buen Autor. Para la Historia Eclesiástica hasta Christo, el compendio de Bolerano, que es sufrible para un principiante: despues de Christo, provéase de Riboty y de Graveson. Y, porque no le tengan por impertinente, ó porp. 142 hombre que receta libros como píldoras un Médico Charlatan, concluye con grandíssima bondad: Isto basta para um principiante. Yo añado, que esto sobra para conocer, que no solo le duraba el vertigo al Santo Padre, quando escribió esto, sino que debia estar en la fuerza de su mayor vigor. Porque, si cree, que todo esto es necessario saber, como primer prolegómeno de la Theología, á los Orates; y, si no lo cree, para qué se quebró la cabeza, y nos la rompió á nosotros?»

27. «Ex ungue Leonem, Padre mio Fray Gerundio. Por aquí conocerá Vm. qué cosazas no dirá nuestro Methodista, quando entra en lo vivo de la Theología y del méthodo, que se ha de observar en su estudio. Es un embrollo de embrollos, un embolismo de embolismos, y un lazo de lazos, para enredar á los incautos. En los lugares theológicos, que señala, hace distincion entre la Iglesia Universal y la Iglesia Romana, como si huviera mas que una Santa Iglesia Cathólica, Apostólica, Romana; no toma en boca al Papa para nada; dice, que la autoridad de la Iglesia Universal, de la Iglesia Romana, de los Concilios Generales, nace de la tradicion; enseña, que, ántes que Christo viniesse al mundo, en el Pueblo Judayco y en la Ley Escrita, la declaracion del Sumo Sacerdote lo terminaba todo; pero, despues que vino Christo á completar as coizas, su doctrina se conserva pura en los Prelados, de los quales la pudiessen aprender los Fieles. En conformidad de este su amado principio afirma, que creen los Cathólicos, que la mayor parte de los Obispos Christianos (como si huviera verdaderos Obispos, que no lo fuessen) UNIDOS AL PAPA, no puede errar en las definiciones de Fé. Lo que creemos los Cathólicos, que estudiamos por Astete, es, que el Papa para nada ha menester la mayor ni la menor parte de los Obispos, para no errar en dichas definiciones, porque la infalibilidad no se la prometió Christo á estos, sino á aquel. Déxase caer, assí como al soslayo, lo que sucedió en los dos Conciliábulos de Rimini y de Seleucia, en que los Padres, engañados en uno, y violentados en otro, admitieron primero, y confirmaron despues, una confession de Fé verdaderamente Ariana: y diciendo, como quien no quiere la cosa, que presidieron en ellos dos Legados de la Santa Sede, y que el número de los Obispos fué mas que bastante para formar un Concilio General, dexa el argumento assí, contentándose con decir, que sin el socorro de la Historia no se puede desatar. Qué le costaba añadir siquiera una palabrita, por donde se conociesse, que dichos Concilios havian sido ilegítimos, no en su convocacion, sino en su prosecucion; que los Legados havian sido depuestos y anathematizados; y que el Papa estuvo tan léxos de aprobar sus Actas, que ántes las condenó, primero por sí, y despues enp. 143 un Concilio? Pero esto no le venia á quento para sus idéas, ni para el nuevo méthodo, que propone, de estudiar Theología. Líbrenos Dios (que sí librará) de que se introduzca en su Iglesia, porque la quiere mucho, la tiene prometida su assistencia, y los esfuerzos del Methodista no prevalecerán contra ella.»

28. «A vista de esto, mi Padre Fray Gerundio, se confirma Vm. en su opinion, con autoridad del Barbadiño, de que la Theología Escolástica es inútil y aun perjudicial, y en que no quiere estudiarla?» — «Señor Beneficiado (le respondió con tanto candor como frialdad nuestro Fray Gerundio), es cierto, que ya no me suenan tan bien las cosas de esse Padre Portugués, como me sonaban ántes, y que no sé qué diantres de reconcomios siento acá dentro del corazon, que me dan muy mala espina acerca de esse sugeto. Al fin, Dios le haga mucho bien; pero á mí su Magestad no me lleva por las Cáthedras, sino por los Púlpitos, y assí estudiaré yo Theología Escolástica como ahora llueven albardas.» — «Si llovieran, replicó el Beneficiado, se malograrian todas las que no cayessen sobre las costillas de Vm.», y, haciéndole una cortesía, se salió algo enfadado de su Celda, y se volvió á la otra de donde havia salido.

29. Esperábanle con impaciencia aquellos dos graves y doctos Religiosos, con quienes havia tenido la conferencia acerca de Fray Gerundio, y, como duraba tanto la sesion, apénas dudaban ya de que le havia convencido. Luego que le vieron entrar, le preguntaron ansiosos, como le havia ido con el Padre Colegial? A lo que el socarron del Beneficiado respondió con gran cachaza: «Saque qualquiera de V. Reverendíssimas la caja, denme un polvo, y óyganme un cuento. Havia en la Universidad de Cohimbra un Mediquillo theórico, gran disputador, y muy presumido, pero ignorante y necio á par de su presuncion. Tenia estomagados á todos los de la Facultad, y, haviendo de presidir unas conclusiones públicas, rogaron al famoso Curvo Semedo, que tomasse de su cuenta arguírle, concluírle, y correrle, para ajarle la vanidad. Juan Curvo le arguyó de empeño, y á pocas paletadas, para los inteligentes, le tumbó patas arriba; pero el Mediquillo garlaba, manoteaba, se reía, le despreciaba, y en fin se llevó la voz del populacho. Concluída la funcion, uno, que no havia assistido á ella, preguntó á Curvo, como le havia ido con el Presidente; á lo que respondió el discreto Portugués: Taon grandissimo burro è, que naon le pudem convencer. A Dios, Padres mios, que es tarde, y el Ama estará esperando.» Dixo, y retiróse á su casa.

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CAPITULO VIII.
Predica Fray Gerundio el primer Sermon en el Refectorio de su Convento; encaja en él una graciosíssima Salutacion y dexa los Estudios.

Ello no tuvo remedio: cerróse Fray Gerundio en que havia de ahorcar los hábitos Philosóphicos, y que no havia de tomar los Theologales, á excepcion del de la Fé, que esse ya le tenia desde el bautismo; el de la esperanza de salvarse, á lo ménos per modum hæreditatis, no le podia faltar; y con el de la charidad debemos piadosamente suponerle, porque parecia buen Religioso, salvo sus manías y caprichos, que absolutamente podian ser sin mucho perjuicio de su conciencia. Viéndole los Prelados de la Religion y los Padres graves del Convento tan displicente con la Philosophía, y tan empeñado en que no havia de estudiar Theología, pues, para ser Predicador Conventual y para predicar como predicaban otros muchos, con grande séquito, aplauso, y provecho de su peculio, decia, que no la havia menester, y á fé que en esso le sobraba la razon por los texados; observando por otra parte, que mostraba bastante despejo, que tenia buena voz, que era de grata presencia, asseado, limpio, prolixo, tanto, que picaba en pulcro; pareciéndoles en fin, que, llevándole la inclinacion por allí con tanta vehemencia, como le armassen de buenos papeles, que no faltaban en la Orden, pues se conservaban los que havian dexado en sus espolios algunos famosos Predicadores, podria acaso parecer hombre de provecho, acreditar la Religion, y ganar su vida honradamente: resolvieron condescender con sus deseos. Pero ántes les pareció conveniente experimentar, qué era lo que se podia esperar de sus talentos pulpitables.

2. Es loable costumbre de la Orden exercitar á los Colegiales jóvenes, assí Artistas como Theólogos, en algunos Sermones domésticos, que se predican privadamente á la Comunidad, miéntras se come en el Refectorio, dándoles tiempo limitado para componerlos: llevando en esto la mira, lo primero, de descubrir los talentos que muestra cada uno; lo segundo, de que se vayan desembarazando, y acostumbrando á hablar en público, para quando llegue el caso de hacerlo en Theatros mas numerosos; y lo tercero, de que tambien vayan aprendiendo á exercitar un ministerio, que debe saber exercitar todo Religioso Sacerdote, siga la carrera que quisiere. En otras Religiones, donde se practica tambien esta loable costumbre, los Sermones de Refectorio son por lo comun sobre las Festividades del año, y se suelen predicar en los mismosp. 145 dias, en que se celebran, siendo de cargo del Lector, con acuerdo del Prelado, nombrar al Colegial que quiere que predique. Pero, como en cada Religion hay sus estilos, en la de nuestro Fray Gerundio esta incumbencia es privativa del Predicador mayor de la Casa, al qual, avisado por el Superior, toca nombrar el Colegial Predicador, y señalarle para el Sermon el assunto, Mysterio, ó Santo, que quisiere, con todas las circunstancias, que á él se le antojaren, con tal que sean de aquellas, que suelen concurrir en los Sermones, y es gala precisa hacerse cargo en la Salutacion de todas ellas.

3. Apénas, pues, volvió el Padre Fr. Blas, Predicador mayor de la Casa, de predicar su famoso Sermon de San Benito del Otero en Cevico de la Torre, quando fué á presentarse al Prelado y á tomar, segun la ley, su Benedicite. Hechas las preguntas acostumbradas (por algunos pocos Superiores ménos prudentes, y muy agenas de los mas, que verdaderamente son hombres sérios y cuerdos), de como lo havia passado, como se havian portado los Mayordomos, quanto le havia valido el Sermon, qué comida havia habido, y si trahia algunas Missas para el Convento; y haviéndole satisfecho á todo Fray Blas, entregándole por conclusion docientos reales, limosna de cien Missas, que havia sacado, y por otra parte ochenta, para que su Paternidad muy Reverenda dixesse otras veinte, á razon de quatro reales; oído y recibido todo con extraña benignidad por el afabilíssimo Prelado, que, con esta ocasion, volvió á confirmar á Fray Blas la licencia general, que le tenia dada, para que, durante su govierno, admitiesse con la bendicion de Dios quantos Sermones le encomendassen; le dixo por fin y por postre: «Váyase, Padre Predicador, á desalforjar y á descansar á su Celda, y, ántes que se me olvide, encargue luego un Sermon de Refectorio á Fray Gerundio, que tenga algunas circunstancias; pero le prevengo, que no se le componga el Padre Predicador, y déxele, que le trabaje él enteramente; porque, como esse muchacho hipa tanto por el Púlpito, queremos saber lo que él puede dar de suyo.»

4. En un manuscrito antiguo de el Convento se halló advertido á la márgen, que, al oír Fray Blas este encargo del Prelado, y trasluciendo por él, que con efecto pensaban en echar por la carrera del Púlpito á su queridito Fray Gerundio, que era lo que los dos tantas veces havian tratado en la Celda á puertas cerradas, se alborozó tanto, que con aquel primer ímpetu del gozo ya havia echado mano á la faltriquera para sacar el doblon de á ocho, que le havia valido el Sermon, y regalársele al Prelado; pero, pensándolo mejor en el mismo instante, sacó el pañuelo, limpióse los mocos, ofreció hacer al punto quanto le havia mandado, y partió aceleradamente.

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5. Aún estaba con los hábitos arremangados, quando, sin ir á su Celda, se entró de golpe y como galopeando en la de Fray Gerundio. Encontróle descuidado, asustóle un poco; arrojóse sobre él, dióle cien abrazos, y solo le dixo: Vamos, chico, vamos á mi Celda, que te traygo un Obispado. Siguióle Fray Gerundio, que se recobró presto del susto, y en el camino le preguntó: Oye usted, y como salió el vernal paralelo? — «Hijo mio, de los Cielos!» le respondió el Predicador. — «Y aquello de las grandes risadas? Et grandes mirata est Roma cachinnos.» — «Amigo, á pedir de boca, porque á carcajadas se hundia la Hermita.» — «Pues yo sé, añadió Fr. Gerundio, que lo de puer nudus, alatus, myrthoque coronatus, qui humi sedebat, daria gran golpe.» — «Qué llama golpe? Dió tal porrazo, que un Bachiller por Sigüenza dixo públicamente en la mesa, que él havia oído mas de mil Sermones de San Benito; pero que cosa mas propia para representar al Santo, quando se revolcaba en la zarza, no la havia oído.» — «Mas de mil?» replicó Fray Gerundio. — «No seas material, respondió el Predicador, que esso se entiende dos ceros mas ó ménos.»

6. Con esta conversacion entraron en la Celda de Fray Blas: desalforjóse este, quitóse las polaynas, baxóse la saya, echó las dos manos á la capilla, que aun se mantenia descolgada, cogió vuelo, y arrojándosela primero toda sobre la cabeza, de manera que ya le cubria por la parte anterior hasta muy entrado el pecho, volvió despues con una especie de columpio á ponerla symétricamente sobre la mitad del cerquillo, y en fin la baxó hasta el medio del pescuezo, colgando por la parte anterior iguales las dos puntas en los lados. Tomó un peyne, que estaba sobre la mesa, atusóse el cerquillo y el copete, abrió una alacena, sacó un frasco de vino de la Nava con vizcochos, echaron los dos un traguito, y aún no havia colado bien el último sorvo por el gaznate de Fray Gerundio, quando este le preguntó con impaciencia, qué Obispado le trahia?

7. — «Qué Obispado te he de traher? le respondió Fr. Blas, todo alborozado: que el Prelado me dió á entender, que querian sacarte de los estudios y aplicarte á la carrera del Púlpito. Puede haver mejor Obispado para tí? Si logras esto, no lo passarás, no digo yo como un Obispo, sino como un Arcediano? y mas con las reglecitas, que yo te daré á su tiempo.» — «Padre Predicador, qué dice?» le replicó Fray Gerundio. — «Lo dicho dicho; respondió el Predicador. Díxome, que luego luego te encargasse un Sermon del Refectorio, y que no te le compusiesse yo, porque, como muestras tanta inclinacion á sermo sermonis, y tan poca á sylogismos y á ergos, querian ver hasta donde llegaba, ó á lo ménos lo quep. 147 prometia tu cosecha. Y assí, amigo mio, apretar los codos, que, á lo ménos en este Sermon, yo no te he de decir palabra, y te he de dexar que vayas por los senderos de tu corazon. En saliendo de este barranco, será otra cosa: mis papeles serán tuyos, porque tus lucimientos serán mios.»

8. En el mismo manuscrito antiguo, donde se encontró la nota passada, se halló otra, que dice de esta manera: Atónito estuvo oyendo Fray Gerundio esta noticia, y le embargó tanto el gozo, que estuvo como fuera de sí por espacio de tres ó quatro Credos rezados con pausa. Luego que se recobró, echó los brazos al cuello al Predicador mayor de la Casa, y le dixo: «Pues ahora bien, despachemos quanto ántes, y señáleme Vm. luego el Sermon, que tengo de predicar; pues, aunque diga cien disparates en él, á lo ménos ninguno me ha de dar plumada, todo ha de salir de mis cascos, y tanto como el garvillo y el modo de decir no ha de descontentar, aunque parezca mal que yo lo diga»; y, diciendo y haciendo, se subió sobre una silla, ó taburete (que en esto hay variedad de leyendas, y no están concordes los Autores), igualó las dos puntas delanteras de la capilla, metió los dos dedos de la mano derecha por entre ella y la nuez de la garganta, como para desahogarse; miró hácia todas partes con desden y magestad; sacó despues un pañuelo de seda, y se sonó con autoridad; metióle en la manga izquierda, y de la derecha sacó otro pañuelo blanco, con el qual hizo como que se limpiaba los ojos; entonó el Alabado sea, etc. con voz grave, ahuecada, y sonorosa; persignóse magistralmente con la mano muy extendida, y tanto que al llegar al palo de la Cruz, que se forma desde la punta de la nariz hasta la barba, parecia que hacia la mamola; tomó por thema: Caro mea vere est cibus, et sanguis meus vere est potus, con aquello de ex Evangelica lectione Joannis, capite tertio decimo; y prorrumpió en esta disparatadíssima cláusula, que havia tomado de memoria, haviéndola oído á otro Colegial, amigo suyo, en un Sermon del Refectorio, y él la decoró teniéndola por cosa grande. Al pautar las desigualdades de mi grosero pensar, fuí desenebrando las lineas de mi discurso, tirando los primeros barruntos de mi imaginativa hácia el escrutinio del Evangelio Sagrado. Caro mea. Qué elegante está el Profeta! Y callando de repente, porque no sabia mas, prosiguió predicando un Sermon mudo, manoteando, y remedando todas las acciones, gestos, y posturas, que havia observado en los Predicadores, y á él le havian caído mas en gracia; tan enfrascado en esto que aun el mismo Predicador mayor se tendia de risa por aquellos suelos, y aun llegó á temer, si se havia vuelto loco el pobre Fray Gerundio.

9. Cerca de una hora duró esta silenciosa muestra de susp. 148 predicaderas, en el qual espacio de tiempo el buen Fraylecito se zarandeó tanto aquel cuerpo, con tales movimientos, con tantas posturas, con tan violentas convulsiones, unas veces cruzando los brazos, otras abriéndolos y extendiéndolos en forma de Cruz; ya amagando á echarse de bruces sobre el Púlpito, ya arrimándose contra la pared, á ratos poniéndose de asas, á ratos levantando el dedo hácia arriba, á manera de quadro de San Vincente Ferrer, que al fin quedó tan sudado y tan rendido, como si huviera predicado de veras, y fué preciso volver á reconvenir al frasco y á refrendar los vizcochos, lo que hizo tambien con especial gusto, por ser esta ceremonia precisa, quando se acaba el Sermon.

10. Despues que descansó algo de su fatiga, estuvo un poco sereno; y despues tambien que el Predicador se recobró de lo mucho que havia reído durante aquella extraña funcion, le dixo este: «Es cierto, Fray Gerundio, y no se puede negar, que tienes talento conocido, especialmente algunas acciones salen que ni pintadas; y, aunque no hablabas palabra, claramente conocia yo lo que querias decir con ellas. Parece, que tienes en las manos los Sermones. Y aquí viene de perlas aquello del Sabio, in manu illius nos et sermones nostri; porque, aunque en realidad allí habla de cosa muy diferente, quien me quita á mí aplicarlo á otra muy distinta, quando viene el texto tan clavado? Ahora bien, manos á la obra, que yo quiero ya señalarte el assunto, á que has de predicar, y las circunstancias, de que te has de hacer cargo en el Sermon.»

11. «Ya sabes, que en la parroquia de la Santíssima Trinidad hay una Capilla dedicada á Santa Ana, que pertenece á la Cofradía de la Santa, á quien la misma Cofradía celebra una fiesta muy solemne. Ya sabes, que este año son Mayordomos Don Luis Flores y Don Francisco Romero, Regidores de este Pueblo; y ya sabes, en fin, que estos dos Cavalleros desterraron á algunas mugeres públicas, que havian venido á avecindarse en él, cuya obra fué sin duda muy grata á los ojos de Dios, y muy aplaudida de todos los buenos. Este es el assunto, estas las circunstancias, que has de tocar precisamente. No tienes mas que ocho dias de término, porque no da mas la Orden. No hay que perder tiempo; á trabajar, y á Dios amigo.»

12. Has visto tal vez un cohete, quando, prendiendo la mecha en el cebo de la caña, que sostenian blandamente los dos dedos de la mano derecha, en un abrir y cerrar de ojos parte desde la mano hasta lo mas elevado de la esfera; y aquella misma vara, que poco ha casi tocaba con su extremidad en el suelo, ya se la ve remontada hasta dar susto á las mismas estrellas; tanto, que la constelacion de Virgo acudep. 149 pronta á tapar la cara con las dos manos, temiendo, que la va á sacar un ojo? Pues assí, ni mas ni ménos, partió nuestro Fray Gerundio derecha y rápidamente desde la Celda del Predicador á la Librería del Convento. Allí cargó con la Biblia Polyglota de Alcalá, con las Concordancias de Zamora, con el Theatrum vitæ humanæ de Beyerlink, con los Saturnales de Macrobio, con la Mythología de Rabisio Textor, con el Mundo Symbólico de Picinelo, con los Kalendarios Mythológicos de Reusnero, Tamayo, Másculo, y Rosino, que eran los libros y los Santos Padres, que veía revolver á su hombre el Predicador Fray Blas, quando tenia que predicar algun Sermon. No se puede ponderar lo que él leyó, lo que él ojeó, lo que él revolvió en aquellos ocho dias, ni las innumerables idéas, que se ofrecian de tropel á aquella inquieta y turbulenta imaginacion, todas á qual mas confusas, á qual mas embrolladas, á qual mas extravagantes. Nada leía, nada veía, nada oía, que no le pareciesse, que venia de perlas para su assunto, ó por símil, ó por comparacion, ó por texto. Apuntaba, notaba, quitaba, añadia, borrajeaba; hasta que en fin, despues de tres borradores, sacó su Sermon en limpio. Estudióle, repassóle, representóle, y se ensayó mil veces á predicarle en la Celda, sobre todos los cachivaches, que havia en ella: sobre la silla, sobre el taburete, sobre la mesa, sobre un banco, y hasta sobre la misma cama. Pues, dos dias ántes de la funcion, quando entró el dispertador á darle luz, le encontró en camisa predicándole sobre la tarima, y es que se havia levantado en sueños, sin saber lo que se hacia.

13. Como estas especies se havian esparcido por el Convento, era grandíssima la expectacion en que estaba toda la Comunidad por oírle. Amaneció, en fin, el dia deseado, y se dexó ver nuestro Fray Gerundio, ante todas cosas afeytado, rasurado, y lampiño, que era una delicia mirarle á la cara. Estrenó aquel dia un Hábito nuevo, que para el efecto havia pedido á su madre, encargando mucho que viniesse bien doblado, y sobre todo que se passasse la plancha por encima de los dobleces, para que se conociessen mejor, porque esto da á la saya no sé qué gracia, y de camino pidió un par de pañuelos de á vara, uno blanco y otro de color, porque ambos eran alhajas muy precisas para la entradilla. Todo se lo envió la buena de la Catanla con mil amores, solo con la condicion de que, ya que ella no podia oírle, la havia de enviar el Sermon, para que se le leyesse el Señor Cura, ó su Padrino el Licenciado Quijano.

14. Llegada la hora, y hecha con la campana la señal para comer, no faltó aquel dia del Refectorio ni el mas ínfimo Donado de la Comunidad, porque en realidad todos querian bien á Fray Gerundio, assí por su buen genio, comop. 150 porque era liberal y dadivoso; y tambien porque á todos los picaba la curiosidad, viéndole con tanta manía de Púlpito, la qual entendian era mas innocencia que malicia, ni mucho ménos inclinacion á ser haragan. Subió, pues, al Púlpito del Refectorio con gentil donayre; presentóse en él con tanto desembarazo, que casi comenzó á tenerle envidia el mismo Predicador mayor. Echó un par de ojeadas con desden y con afectada magestad, hácia todas las partes del Refectorio; y, precediendo aquellos precisos indispensables prolegómenos de tremolar successivamente el par de pañuelos, blanco y de color, que havia hecho venir expressamente para el intento, entonó ante todas cosas con voz hueca y gutural el sea Alabado, bendito, y glorificado el Santíssimo Sacramento, concluyendo con lo de en el primer instante de su puríssimo sagrado ser y natural animacion: cláusula, que siempre le havia dado gran golpe. Santiguóse con pleno magisterio; propuso el thema, sin omitir lo de ex Evangelica lectione, capite quarto decimo; relinchó dos veces, y rompió la Salutacion de esta manera: advirtiendo, que no se añade ni se quita una sýlaba de como se encontró de su misma letra.

15. «No es de ménos valor el color verde, por no ser amarillo, que el azul por no ser encarnado: Dominus, o altitudo divitiarum sapientiæ et scientiæ Dei; como ni tampoco faltaron los colores á ser oráculo de la vista, ni las palabras en la fé de los oídos, como dixo Christo: Fides ex auditu; auditus autem per Verbum Christi. Nació Ana, como asegura mi fé, por haverlo oído decir, de color rojo; porque las ceruleas ondas de su funesto sentir la hicieron fuertemente palpitar en el útero materno: Ex utero ante Luciferum genui te. A este, pues, Angel transparente, diáfana inteligencia, y obgeto especulativo de la devocion mas acre, consagra esta extática y fervorosa plebe estos cultos hyperbólicos; pues tiene, como allí se ve, hermoso y ayroso vulto: Vultum tuum deprecabuntur omnes divites plebis. Déxome de exordios, y voy al assunto, aunque tan principal. Empieze, pues, el curioso á percebir: Qui potest capere, capiat.»

16. «Fué Ana, como todos saben, Madre de nuestra Señora, y afirman graves Autores, que la tuvo veinte meses en su vientre: Hic mensis sextus est illi; y añaden otros, que lloró: Plorans ploravit in noctem: de donde infiero, que fué María Zahorí:[30] Et gratia ejus in me vacua non fuit. Atienda, pues, el Rhetórico al argumento: Santa Ana fué Madre de María: María fué Madre de Christo: luego Santa Ana es Abuela de la Santíssima Trinidad: Et Trinitatem in unitate veneremur: por esso se celebra en esta su Casa: Hæc requies mea in seculum seculi.»

17. «Y qué te dan, Ana, en retribucion por tus compenp. 151dios? Quid retribuam Domino? Qué paralelos podrán expressar mis voces al decir tus alabanzas? Laudo vos? in hoc non laudo. Eres aquella mysteriosa red, en cuyas opacas mallas quedan presos los incautos pececillos: Sagenæ missæ in mari. Eres aquella piedra del desierto, que en los Damascenos Campos erigió el amante de Rachel, para dar á su ganado agua: Mulier, da mihi aquam. Pero ménos mal lo diré, siguiendo el tema del Evangelio. Es Santa Ana aquella preciosa Margarita, que, fecundada á insultos del Orizonte, dexa ciego á quien la busca: Quærentibus bonas margaritas: es aquel thesoro ya escondido, Thesaurus absconditus, ya oculto, nihil occultum, que reservó el alma santa para los últimos fines de la tierra: De ultimis finibus prætium ejus: es aquel Dios escondido, como decia Philon: Tuus Deus absconditus: es el mayor de los milagros, como decia Thomas: Miraculorum ab ipso factorum maximum.»

18. «Varias circunstancias ennoblecen la Fiesta. Unas son agravantes: tolle gravatum tuum; otras, que mudan de especie: specie tua, et pulchritudine tua. Y es, que los Señores Flores y Romero, nobles Athlantes de este Pueblo, llaman, ó á noche hicieron llamar con aquellos truenos, hijos relámpagos del uracan mas ardiente, que subian y baxaban, á modo de aquellos rapidíssimos espíritus de la Escala de Jacob: Angelos quoque ascendentes et descendentes. Y es la razon natural, porque todo lo que baxa, sube, y todo lo que sube, baxa: Zachee festinans descende.»

19. «Cesse la energía de los labios, y contemplen mis ojos, como áncoras festivas, un texto muy literal, que me ofrecen los Cantares. Dice assí: Vox turturis audita est; flores apparuerunt in terra nostra, tempus putationis advenit: Cantó la Tórtola bella en nuestra macilenta tierra; vinieron á celebrarla las flores, y estas mismas flores desterraron las rameras: tempus putationis advenit. Es tan literal el texto, que no necessita de aplicacion. Pero diré con brevedad para el erudito: está representada en la Tórtola Santa Ana; porque, si esta triste y turbulenta avecilla es trono geroglífico de la castidad, Ana fué casta, pues no tuvo mas que una hija: Filia mea male a Dæmonio vexatur. Lo de tempus putationis viene tan al pié de la letra, pues los ínclitos Cavalleros Mayordomos desterraron aquellas Samaritanas, que alborotaban el barrio.»

20. «Ahora me acuerdo de otro texto, que aun mas bien que el passado comprehende todas las circunstancias del assunto: de aquella gran muger Ana, enemiga de Phenena, como se dice en el libro de las Personas Reales, la qual, á impulso de sus deprecaciones, ayudándola Helí, tuvo un hijo llamado Samuel. Atienda, pues, el Rhetórico al argumento.p. 152 Helí, en anagramma, suena lo mismo que Joachin: Sonet vox tua in auribus meis. Samuel fué Profeta, María fué Profetisa; con que, en el sentido mýstico, lo mismo es Samuel que María. Tengo probado difusamente el assunto, y solo falta aplicarle á los Romeros; pero, supuesto que el Romero tiene flor, dicho se estaba ello: Flores apparuerunt in terra nostra.»

21. «Mas todavía quiero apropiar con mas propiedad las circunstancias al assunto. Publicando están las Historias, que la Vírgen Santíssima tendia los pañales de su recien nacido hijo Dios sobre los Romeros: y esto quien se lo enseñó? su Madre Santa Ana; pues todo quanto supo, ella se lo enseñó, ipse vos docebit omnia. Con que los Romeros servian á Santa Ana. Pues, esso es lo que hacen el dia de hoy: con que tenemos lo que hemos menester.»

22. «Ea, pues, pidamos la gracia. Pero quien la pedirá? Isaías? Ea, que no. Gregorio? Ea, que sí. La Hija ayudará en la labor á su Madre: Filia Regum in honore suo. Ea, pues, digámosla aquella acróstica oracion, que ella en sus niñeces enseñó á su Hija María; porque, como buena Madre, al punto la enseñó á rezar el… AVE MARIA.»

23. Esta fué, sin quitar ni poner, la famosíssima Salutacion, que el incomparable Fray Gerundio de Campazas encajó en el Refectorio de su Convento, por estrena y muestra de paño de sus predicaderas, en presencia de toda aquella Venerable Comunidad, incluso el Reverendíssimo Padre Maestro Provincial, que, por una feliz casualidad, havia llegado la noche ántes á visitar el Convento. Esta es aquella Salutacion, que debiera perpetuarse en los moldes, eternizarse en las prensas, immortalizarse en los mármoles, buriles, y sincéles, por pieza original, pieza única, pieza rara, pieza inimitable en su especie. Y Dios se lo perdone al Reverendíssimo Padre Provincial, que por su genio grave, sério, maduro, y demasiadamente circunspecto, despues de haver echado un jarro de agua á la fiesta, privó del cuerpo del Sermon á la República de las letras, la qual ha hecho en esto una pérdida, que jamas la podrá llorar bastantemente. Porque quien duda, sino que seria un modelo de despropósitos, de locuras, de necedades, de heregías, de cosas inconexas y disparatadas, el mas gracioso y el mas divertido, que ha salido hasta ahora del fondo, ó del sudor de las agallas? Pues, aunque en realidad andan por ahí impressos innumerables, infinitos Sermones, especialmente de estos, que llaman circunstanciados, los quales, á lo ménos en la Salutacion, que es lo que hemos visto del de Fray Gerundio, no le pierden pinta; pero es de creer, que en el alma y en el chiste no llegarian al zancajo del de nuestro recien nacido Predicador.

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24. Fué, pues, el caso, que, como durante la Salutacion huvo tanta bulla, tanta risa, tanta zambra en el Refectorio, que á cada passo resonaban las carcajadas á mandíbulas batidas, hasta llegar un Padre Presentado á vomitar la comida de pura risa, el Lector del Caso[31] á atragantarse con un bocado de queso, y hasta el Lego, que andaba con la cajeta, siendo assí, que no entendia mucho de Sermones ni de latines, cogiéndole uno de los despropósitos con el Jesus en el pico, volvió á arrojar en él por boca y por narices como cosa de media azumbre, que ya se havia embanastado, con tal ímpetu que aspergeó y roció medianamente á los dos colaterales: digo, pues, que, como por todos estos incidentes fuesse menester, que Fray Gerundio se parasse á cada passo, haciendo mil pausas, para dar lugar á la mosquetería, y ya estuviesse para acabarse la mesa, pero principalmente porque el Padre Provincial hizo escrúpulo de dexarle proseguir en tanta sarta de disparates, y mas, que ya le pareció aquella demasiada bulla para un acto de Comunidad tan sério; por todos estos motivos le mandó, que lo dexasse y que se baxasse del Púlpito, lo que fué para el pobre Fray Gerundio un exercicio de obediencia, lleno de amarguíssima mortificacion; sucediendo despues, lo que verá el curioso Lector en el Capítulo siguiente.

CAPITULO IX.
De los varios pareceres, que huvo en la Comunidad acerca de la Salutacion y talentos de nuestro Fray Gerundio, y de como prevaleció, en fin, el de que era menester hacerle Predicador.

La primera diligencia, que hizo el Padre Provincial, luego que salió del Refectorio, fué pedir á Fray Gerundio el papel, y, miéntras este comia á segunda mesa, se leyó todo el Sermon en la Celda de su Reverendíssima, adonde concurrieron á cortejarle todos los Padres graves del Convento, sirviendo esto de rato de conversacion. Y, aunque allí se repitieron con mas libertad las carcajadas, porque asseguraron los que fueron testigos de oídas, que el cuerpo del Sermon no le iba en zaga á la Salutacion, no huvo forma de quererle soltar jamas el Provincial, por mas instancias que le hicieron aquellos Reverendos Padres; escusándose con que hacia escrúpulo de exponerle á que se hiciesse mas ridículo, y solo á duras penas alargó la Salutacion, permitiendo que se sacassen algunas copias, por quanto esta ya la havia oído toda la mosquetería y populacho del Convento.

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2. Despues, vuelto á los Padres, que le cortejaban, dixo con seriedad: «Es cierto, que me lastima este mozo; el talento exterior no solo es bueno, sino sobresaliente, pero los disparates, que ensarta, no se pueden tolerar; y todos nacen, lo primero de la falta de estudio, y lo segundo de los zenagales donde bebe, ó de los malditos modelos, que se propone para imitarlos, los quales no pueden ser peores, por el modo y por la substancia.» Maliciaron algunos, que esto último lo decia el Provincial por el Predicador mayor de la Casa, pues no ignoraba la amistad particular, que professaban los dos, ni las pésimas instrucciones, que le daba; y aun el mismo Predicador debió de sospechar algo, porque es fama, que se puso colorado. Pero, sea lo que fuere, prosiguió el Provincial: «Yo quiero ver en presencia de vuessas Paternidades, si con maña y con suavidad puedo hacer, que este muchacho conozca su bobería, estudie, se aplique, y lea á lo ménos buenos libros de Sermones, para que tome el verdadero gusto de predicar, y la Orden se aproveche de sus especiosos talentos.» Mandó, pues, al Lego su Socio (que havia ido á servir á aquellos Padres un traguito de vino rancio y unos vizcochos de canela, por modo de postre), que baxasse al Refectorio y dixesse á Fray Gerundio, que en acabando de comer subiesse á la Celda del Provincial.

3. Subió al punto, apresurado, sobresaltado, y azorado; pero luego se serenó, viendo que el Provincial le decia con mucho agrado: «Venga acá, hijo, y deme un abrazo, que lo ha hecho ni mas ni ménos como yo esperaba; y, si no le permití, que acabasse su Sermon, no fué porque no le oyéssemos todos con gran gusto, pues ya vió quanto se celebró, sino porque estaba ya acabando de comer la Comunidad.» No es creíble quanto se solazó y quanto se alentó Fray Gerundio, al oír hablar á su Provincial en un tono, que ciertamente no esperaba; pero, llevando este adelante su prudente artificio, le preguntó: «Ea, dígame la verdad; quien le compuso la Salutacion?» — «Padre nuestro (le respondió con una intrepidez y una sinceridad columbina), lléveme el Diablo, si no la saqué yo toda de mi cabeza.» — «Pues, aquellos textos tan literales y tan apropiados (le replicó el Provincial), como los podia saber, si nunca ha leído la Biblia?» — «Padre nuestro (respondió Fr. Gerundio), esso, con una leccioncita que me dió en cierta ocasion el Padre Predicador mayor, es para mí la cosa mas fácil del mundo.» — «Pues, qué leccioncita fué essa?» — «Díxome, que, quando quisiesse aplicar algun texto á qualquiera palabra Castellana, no tenia mas que buscar en las Concordancias la palabra latina, que la correspondiesse, y que allí encontraria para cada voz textos á porrillo, con que podia escoger el primero, que me diesse lap. 155 gana. Assí lo hice, y en verdad que los textos, si no me engaño mucho, me salieron á pedir de boca. Por esso, quando dixe, que Santa Ana palpitaba en el útero materno, luego encajé: Ex utero ante Luciferum genui te. Mire V. Paternidad muy Reverenda el útero clarito como el agua. Quando dixe, que tenia hermoso y ayroso vulto, al instante espeté lo de vultum tuum deprecabuntur, que ni de molde podia venir mejor. En hablando de hija, allí está en las Concordancias, filia mea male a Dæmone vexatur; y, si huviera querido traher otros cien textos de filia, tambien pude. Para las circunstancias agravantes, mire V. Paternidad, si el tolle gravatum tuum podia venir mas al caso, y para aquello de las Rameras, el tempus putationis advenit, me parece que vino como nacido.»

4. — «Con que, essa leccioncita le dió el Padre Predicador mayor?» le replicó el Provincial, con un poco de retintin. — «Sí, Padre nuestro, respondió el innocente Fray Gerundio; y con ella no temo predicar el Sermon mas dificultoso y de circunstancias mas enrevesadas, que puede haver; pues, como yo encuentre en las Concordancias la voz correspondiente, bien pueden llover circunstancias sobre mí, que tambien lloverán textos literales sobre el Auditorio.» — «Pero no ve, hijo, le replicó el Provincial, que essa regla no es buena, porque puede el Predicador querer probar una cosa, y el texto, donde se halla la palabra que va á buscar, hablar de otra, que no tenga conexion ni parentesco con lo que él intenta? Pongo por exemplo: qué tiene que ver, que Santa Ana palpitasse ó no palpitasse en el vientre de su madre (dexo á un lado el disparate), con la generacion eterna del Verbo en la mente Divina, de la qual en la sentencia mas comun habla el texto: Ex utero ante Luciferum genui te?» — «Ello, Padre nuestro, respondió Fray Gerundio, allí hay cosa de útero; y, si no viniere el texto al palpitar, vendrá al útero, y esso le basta al Predicador.»

5. — «Pero dígame, y á qué vino el vultum tuum deprecabuntur?» — «A qué havia de venir? á lo de hermoso y ayroso vulto.» — «Pecador de mí! exclamó el Provincial. Pues no sabe, que vultus, vultus, vultui, significa el semblante?» — «Sí, Padre nuestro, ya lo sé; pero significa el semblante de vulto; porque si no, diria faciem tuam, os tuum.» Con dificultad pudo el Provincial contener la risa al oír tan furioso despropósito. «Y lo de tolle gravatum tuum, á qué lo traxo?» le preguntó el Provincial. — «A qué lo havia de traher? respondió Fray Gerundio; pues no se acuerda vuesa Paternidad, que lo traxe á lo de circunstancias agravantes? Hay cosa mas parecida que agravantes y gravatum? Yo á la verdad no sé lo que significa gravatum; pero á mi mep. 156 suena á cosa de agravante, y lo mismo sonará á qualquiera auditorio, que tenga buen oído; y, como al auditorio le suene, no es menester mas, para que venga bien.»

6. No obstante la natural seriedad y circunspeccion del Padre Provincial, le retozaba tanto la risa, al oír tan continuados y tan tremendos desatinos, que apénas podia reprimirla; pero al fin, conteniéndola lo mejor que pudo y empeñado ya en tocar, aunque de passo, los muchos disparates de otra especie, que havia dicho en la Salutacion, le preguntó: «Y qué graves Autores son los que enseñan, que Santa Ana tuvo á nuestra Señora veinte meses en su vientre?» — «Padre nuestro, respondió Fray Gerundio, yo no lo sé, porque en ninguno lo he leído; pero, como oygo á cada passo decir á los Predicadores mas famosos, afirman graves Autores, dicen graves Autores, enseñan graves Autores, sienten graves Autores, yo creí, que essa era una de las muchas fórmulas, que se usan en los Sermones, como quando se dice: aquí conmigo; ahora á mi intento; vaya para el Theólogo; note el discreto, de las quales fórmulas cada qual puede usar libremente, quando le diere la gana; y que, aunque ningun Autor haya soñado en decir lo que dice el Predicador, este puede citar á vulto Autores, Padres, Concilios, y Theólogos, siempre que le viniere á cuento, como tambien versiones, exposiciones, y leyendas; porque lo demas, Padre nuestro, adonde íbamos á parar? ni quien havia de ser Predicador, si todas las noticias, erudiciones, y textos, que se trahen en los Sermones, se havian de encontrar en los libros?»

7. — «Pues no ve, hijo mio, replicó el Provincial, que esso es mentir? y que la mentira, sobre ser vergonzosa é indigna de un hombre de bien en qualquiera parte, en el Púlpito, que es la Cáthedra de la verdad, es una especie de sacrilegio?» — «Buenos escrúpulos gasta V. Paternidad, respondió Fray Gerundio: yo no he oído tantos Sermones como V. Paternidad, porque hasta ahora he vivido poco; pero puedo assegurar, que en ninguna parte he oído tantas mentiras como en los Púlpitos. Allí se dan á las piedras las virtudes, que no tienen; se fingen flores, árboles, frutas, aves, peces, animales, y plantas, que no se encuentran en toda la naturaleza. Allí se hace decir á los Padres y á los Expositores lo que no les passó por la imaginacion; y á mi parecer hacen muy bien los que lo hacen, porque, si los Padres y los Expositores no dixeron aquello, pudieron decirlo, y nadie los quitó, que lo dixessen. Allí, no pocas veces, se fingen textos aun de la misma Sagrada Escritura, que no se hallan en ella, y esto, á mi ver, no tiene inconveniente; porque, assí como el Espíritu Santo inspiró á los Profetas y á los Evangelistas las cosas, que dixeron, assí puede inspirar á los Predicadores las quep. 157 ellos dicen. A lo ménos, cierto Predicador de mucha fama assí me lo dixo á mí; y, aunque es verdad, que esta doctrina no asentó muy bien á mi razon, pero al fin bien conocí, que era de mucha conveniencia. Finalmente, allí se fingen ó se cuentan sucessos y exemplos trágicos y horrorosos, que nunca sucedieron, adornándolos y vistiéndolos con tan extrañas circunstancias, que claramente se conoce, que son novelas; y con todo esso vemos, que hacen mucho fruto, porque la gente gime, llora, suspira, y se compunge. Mire ahora V. P. si se miente en los Púlpitos?»

8. — «No le puedo negar, que por nuestros pecados hay mucho de esso, replicó el Provincial, pero siempre es un atrevimiento, y aun una desvergüenza intolerable; y á qualquiera Predicador, á quien le cogieran en alguna de essas imposturas, se le debiera castigar severamente y quitarle para siempre la licencia de predicar.» — «Ah, Padre nuestro! respondió Fray Gerundio, si se hiciera esso, quien havia de predicar los Sermones de Cofradía? Y quantos hombres honrados quedarian por puertas, ó necessitarian aprender otro oficio?»

9. — «Pero dígame, hijo, ya que por essos disparatados motivos levantó á essos graves Autores el falso testimonio de que afirmaban, que Santa Ana havia tenido á la Vírgen veinte meses en su vientre; á qué propósito, ó á qué despropósito traxo para probarlo el texto de hic mensis sextus est illi? Seis meses son por ventura veinte?» — «Lo primero, Padre nuestro, que yo no traxe el texto para lo de veinte, sino para lo de meses; y para esso el hic mensis venia que ni de molde. Lo segundo, que, aunque le huviera trahido para lo de veinte, tampoco podia venir mas al caso; porque la cuenta es clara: donde hay seis, hay cinco, seis y cinco son once: donde hay once, hay nueve, y nueve y once son veinte: con que vele ahí los veinte clavados, por las equipolencias, que no estoy tan en ayunas de Súmulas, como algunos piensan.»

10. Reventaba de risa el Provincial, no obstante su genio adusto y algo cetrino, al oír unos disparates, por una parte tan garrafales, y por otra tan innocentes; y, prosiguiendo ya por entretenimiento lo que havia comenzado por via de amorosa correccion, le preguntó: «Y qué graves Autores dicen, que Santa Ana fué Abuela de la Santíssima Trinidad? No ve, que essa es una heregía formalíssima; porque la Santíssima Trinidad es increada, es improducible, es eterna, y consiguientemente no puede tener Madre, ni Abuela? Por aquí conocerá ahora, quanto le conviene estudiar Theología aun para ser Predicador; porque, si la estudia, no dirá heregías como esta.» — «Como yo no diga otras heregías (respondió Fray Gerundio), no me llevarán á la Inquisicion.» — «Tambien yop. 158 lo creo (replicó sonriéndose el Provincial), porque á la Inquisicion no llevan á los tontos; pero dexará de conocer, que essa es heregía?» — «Buena heregía de mis pecados! dixo Fray Gerundio. Pues dígame V. Paternidad, Padre nuestro: Santa Ana no fué Madre de nuestra Señora? Sí; porque assí lo dice el texto: Dixit discipulo: ecce mater tua. Nuestra Señora no fué Madre de Christo? Tambien; porque assí lo afirma San Juan: Dixit matri suæ: ecce filius tuus. Luego Santa Ana fué Abuela de la Santíssima Trinidad.» — «Si no estuviera mas en ayunas de Súmulas de lo que piensa (replicó el Provincial), no havia de sacar essa consequencia, sino esta: Luego Santa Ana fué Abuela de Christo.» — «Pues, qué mas me da una que otra, Padre nuestro?» preguntó Fray Gerundio. — «Pues qué? le dixo el Provincial, Christo es la Santíssima Trinidad?» — «Assí lo fuera yo, respondió Fray Gerundio: Et Trinitatem in unitate veneremur. Con que me negará V. Paternidad muy Reverenda, que Christo es la Santíssima Trinidad?» — «Y como que lo negaré, respondió el Provincial: es la segunda Persona de la Trinidad, pero no es la Trinidad; assí como Fray Gerundio es persona del Convento, pero no es el Convento. Y si no argüiria bien el que dixesse: Cecilia Rebollo fué madre de Catanla Cebollon; Catanla Cebollon fué madre de Fr. Gerundio de Zotes, persona del Convento de Colmenar de abaxo; luego Cecilia Rebollo fué Abuela del Convento de Colmenar de abaxo, tampoco arguyó bien el Hermano Fray Gerundio; y cierto huviera sido mejor, que el Rhetórico no huviesse atendido al argumento.» — «Padre nuestro, le respondió Fr. Gerundio, todas essas son galanterías de la Escuela, como dice el Barbadiño.»

11. — «Y son galanterías de la Escuela, replicó el Provincial, decir, que Santa Ana, como buena Madre, enseñó á la Vírgen á rezar el Ave María?» — «Pues qué? dixo Fray Gerundio, querrá V. Paternidad negar tambien una verdad tan clara y tan patente? Una Madre tan Santa y tan cuydadosa de la buena crianza de su hija, como fué la Señora Santa Ana, dexaria de enseñarla la Doctrina Christiana, ni mas ni ménos como está en el Cathecismo de Astete, comenzando por el todo Fiel Christiano, hasta acabar; y mas, que hay quien diga, que tambien la enseñó aun el mismo ayudar á Missa, y que la Santa Niña á los siete años de su edad ayudaba á todas las missas, que se decian en la Iglesia de su Lugar con mucha devocion y con mucha gracia; porque ya sabe V. Paternidad, que en tiempos antiguos, como lo leí en no sé qué libro, las mugeres ayudaban á missa.» — «Déxelo, Fray Gerundio, déxelo, que no hay paciencia para oírle ensartar tantos y tan furiosos disparates, repuso el Provincial. Es possible, que sea tan pobre hombre, que no advierta quep. 159 el Ave María es una Oracion, que se reza á la misma Vírgen, y que, si Santa Ana se la huviera enseñado, la enseñaria á que se rezasse á sí misma? No ha leído siquiera en el Cathecismo aquella pregunta: Quien dixo el Ave María? El Archángel San Gabriel, quando vino á saludar á la Vírgen, y que esta fué la primera Ave María, que se rezó en el mundo, quando ya no estaba en él la gloriosa Santa, que havia muerto tres años ántes, que esto sucediesse?»

12. «No quiero ya hacerle mas preguntas sobre la substancia de la Salutacion, porque seria nunca acabar; pero no puedo ménos de hacerle algunas acerca del estilo, porque algunas cláusulas me dieron mucho golpe. V. gr. qué quiso decir en esta prodigiosa cláusula: A este, pues, Angel transparente, diáfana inteligencia, y obgeto especulativo de la devocion mas acre, consagra esta extática y fervorosa plebe estos cultos hyperbólicos?» — «Padre nuestro, respondió Fray Gerundio, lléveme el Diablo, si yo sé lo que quise decir; solo sé, que la cláusula es retumbante, y que, en sonando bien á los oídos, no hay que pedirla mas. Y si no, dígame V. Paternidad, quien hasta ahora ha puesto tachas á estas cláusulas, que andan impressas en un solo Sermon de San Andrés? y en verdad que no son mas claras que la mia:»

13. «Y porque el lleno de tan celestes luces no ofusque atingencias visuales, atemperaré la discrecion atenta con las lustrosas circunstancias del assunto… Al destellar los crepúsculos matutinos, iluminaban el Templo de flamantes resplandores, siendo el brillante candor feliz panegyris de su sacra solemnidad… Nítidos ráfagos de flamulosas antorchas, brillantes destellos de solares luces, animaban afectos obsequiosos, excitando admiraciones festivas:

Candidus insuetum miratur lumen Olimpi.
(Y note V. Paternidad de passo el modo de traher los textos, ni mas ni ménos como yo los traygo). Y mas abaxo… En el hermoso Cielo de esta magnífica Capilla, brillan soles en número distintos, Christo y nuestro glorioso Santo:

fulserunt quondam candidi tibi soles;
pero los identifica afectivamente la fineza; porque Christo con los igneos destellos de su amor al amante corazon de San Andrés: Lampades ignis: in me manet, et ego in illo. (Cosa divina! y luego me condenará V. Paternidad el Trinitatem in unitate veneremur). Con esta constelacion hermosa, ya no hay que temer fascinaciones de la esfera; porque las luces, que podian recomendar propios resplandores, gloria stellarum (ay, qué gloria! como quien dice, vultum tuum deprecabuntur), emplean hoy sus brillos en obsequiar de Sanp. 160 Andrés glorias: Et opera manuum ejus annuntiat firmamentum. (Mire V. Paternidad si yo mismo pudiera traher texto mas al caso?)»

14. «Padre nuestro, por ahora no quiero cansar mas la atencion de V. Paternidad con alegarle mas cláusulas, no solo de este Sermon, sino de otros treinta y uno, que están impressos con él y se contienen en un gran libro de á folio, los quales todos toditos están en este mismíssimo estilo, que es un pasmo, es una admiracion, es una borrachera.» — «Ahora lo dixo todo, replicó el Provincial, sin saber lo que se dixo; porque no puede haver epítheto, que quadre ni explique mejor lo que es esse género de estilo, pues solo un hombre embriagado con el vino de la ignorancia, de la insensatez, y de la presuncion, puede gastarle; y digo, que tiene muchíssima razon, que esse estilo y el de su Salutacion, essas cláusulas y las suyas, son tan parecidas como una castaña á otra castaña. Pero es possible, que me diga, que hay un libro de Sermones impressos en esse estilo? No lo creo, porque quien lo havia de permitir? Qué Tribunal havia de dar licencia para esso? Como havia de tolerar, que una obra como essa nos expusiesse á la risa, á la burla, y aun al desprecio de los extrangeros, que no nos quieren? Y al Autor, que sériamente pretendiesse imprimir semejantes locuras, como podian ménos de declararle por falto de juicio y de llevarle por charidad á la Casa de la Misericordia de Zaragoza, ó á la de los Orates de Valladolid?»

15. — «Con que V. Paternidad no quiere creer, que ande impresso tal libro, y con todas las licencias necessarias, y con aprobaciones rumbosas, y de muy elevado coturno?» — «Digo, que no lo quiero creer, respondió el Provincial, y que, aunque lo vea, pensaré que lo sueño.» — «Pues, espere un poco V. Paternidad, que yo haré, que lo vea y que lo palpe»: y, diciendo y haciendo, sale Fray Gerundio precipitadamente de la Celda del Provincial, vase corriendo á la suya, vuelve volando, trahe un libro de á folio muy manoseado y ajado, porque no le dexaba de la mano el bueno del Fraylecito, y casi le sabia todo de memoria; preséntasele al Provincial y le dice: «Está impresso este libro?» — «Sí, impresso está», respondió su Reverendíssima. — «Pues lea V. Paternidad, continuó Fray Gerundio, el primer Sermon de San Andrés.» Hízolo, y leyó á la letra las cláusulas arriba citadas, ni mas ni ménos como las havia recitado Fray Gerundio. Quedóse pasmado; y viendo Fray Gerundio, que triunfaba, añadió: «Pues ahora ábrale V. Paternidad por qualquiera parte, y verá si se desmiente el Autor, y si no es todo semejantíssimo á sí mismo.»

16. Abrióle por el Sermon, que se seguia de la Concepcion, y tropezó luego con esta cláusula: Veamos, pues, en aquellasp. 161 occidentales fabulosas sombras dibujadas estas orientales Marianas luces, que no es improperio á las soberanas luces el brillar entre las sombras: lux in tenebris lucet; pues consta, que entre la primordial tenebrosidad brilló la Concepcion de la luz: tenebræ erant super faciem abyssi: et facta est lux. Y mas abaxo: Rosas, que, siendo tymbre de su original pureza, carecen de las espinas de la troncal mácula; ex spinis sine spina, que puso el Symbólico; porque á estas espinas preocuparon gyros de radiantes estrellas: in capite ejus corona stellarum. Y para acabar la Salutacion: Para ponderar la gloria, que resulta á nuestra Soberana Reyna de su original gracia, pidamos la gracia, que la comunica su gloria. Aquí se paró un poco el juicioso Provincial, y dixo: «este Predicador sabia tanta Theología como Fray Gerundio, pues, por aprovechar un insulso retruecanillo, encajó un error theológico. La Gloria á ningun Bienaventurado comunica gracia, ni le añade un solo gradito mas á la que tenia, quando entró en ella. Pero vamos adelante.»

17. Abrióle en el Sermon siguiente de la Expectacion, y luego incontinenti se halló al principio con esta primera cláusula: Tan complicado genio anima en la comun expectacion la esperanza, que su possession y carencia son inexorables parcas de la vida. «Qué diantres quiere decir aquí?» exclamó el Provincial. — «No sé, Padre nuestro, respondió Fr. Gerundio; pero ahí está el primor de esse inimitable estilo, hablar al parecer en Castellano, y no haver ningun Castellano que lo entienda.» — «Pero tenga, añadió el Provincial, que ya por el latin, que se sigue, saco lo que quiso decir: Nec tecum possum vivere, nec sine te. Sin duda quiso decir, que con esperanza no se puede vivir, y sin esperanza tampoco; que la esperanza mata, y la falta de esperanza tambien.» — «Vaya, que esso es, Reverendo Padre, dixo Fray Gerundio, por esso dice possession y carencia, esto es, esperanza y falta de ella, y por esso tambien concluye, que ambas son inexorables parcas de la vida, esto es, que la quitan. Por el Hábito de mi Padre Santo Toribio, que esto es hablar culto y elevado, y que yo me muero por esto.» Sin hacer caso el Provincial de la sandez de Fray Gerundio, prosiguió leyendo. Complica la esmeralda púrpura flamante con explendor virente… El Evangelio y el assunto enuncian natural incoherencia; porque, si el Evangelio enuncia á Christo en María concebido, el mysterio assunta á Christo de María suspiradamente deseado. (Ya escampa, y llovian necedades)… Aureo, triticeo cúmulo desciende á la Aurora Mariana el Verbo Eterno: Ego sum panis vivus qui de Cœlo descendit: dice el mismo: Frumentum electorum, predixo Zacharías. Amaltéa Sacra nuestra Emperatriz excelsa, á riegos de perlas, á fomentosp. 162 de suspiros, anima su corazon sacra cornucopia de celestiales flores: Acervus tritici vallatus floribus. «Jesus! Jesus! (exclamó el Provincial), y esto se predicó! y se predicó esto á un Ilustríssimo Cabildo! y no echaron al Predicador el Perrero, en vez de echarle el Organo! Y esto se imprimió con todas las licencias necessarias! Vaya, hijo Fr. Gerundio, que ahora le disculpo.»

18. «Respecto de las cláusulas que he leído, son tortas y pan pintado aquellas cláusulas de su Salutacion, que tanto choz nos hicieron á todos: Y qué te dan, Ana, en retribucion por tus compendios? Qué paralelos podrán expressar mis voces al decir tus alabanzas?… Es Santa Ana aquella preciosa margarita, que, fecundada á insultos del orizonte, dexa ciego á quien la busca… Cesse la energía de los labios, y contemplen mis ojos, como áncoras festivas, un texto muy literal, que me ofrecen los Cantares. Porque, si esta triste y turbulenta avecilla es trono geroglífico de la Castidad, etc., Ea, pues, digámosla aquella acróstica Oracion, que en sus niñeces enseñó á su hija María. Digo, que estas cláusulas no merecen descalzar el pié á las otras, y que, teniendo Fray Gerundio estos modelos, no extraño, que huviesse ensartado tan furiosos disparates. Ya no tengo paciencia para leer mas, porque está bien vista la muestra del paño, y desde luego asseguro, que el Autor de estos Sermones es sin duda algun mozalvetillo barbiponiente y atolondrado, de estos que aun están con el vade en la cinta, que, haviendo leído quatro libros de estilo culti-latino-rumbático, y teniendo media docena de Poetas, de Mythológicos, y de Emblemistas, sin saber siquiera qué cosa es estilo, ni ser capaz de saberlo, se ha formado una idéa de locucion estrafalaria y pedantesca, y encaja ab hoc et ab illo todo quanto se le pone delante.»

19. — «Poco á poco, Padre nuestro, replicó Fray Gerundio, que V. Paternidad padece en esso una enorme equivocacion. El Autor no es lo que V. Paternidad piensa: no es por ahí un Autorcillo como quiera; es mucho hombre, es hombron, y ha hecho tanto ruído en España, que pocos han hecho mas, ni aun tanto. Vea V. Paternidad la primera llana del libro: lea el título de la Obra y los dictados del Autor, y despues me dirá V. Paternidad si es rana.» Aunque ya havia cerrado el libro el Provincial, y aun havia hecho ademan de arrojarle con indignacion por una ventana, oyendo esto á Fray Gerundio, le picó la curiosidad, abrió el fróntis de la Obra, leyó el título, y halló, que decia assí, ni mas ni ménos: Florilegio Sacro, que en el celestial, ameno, frondoso Parnasso de la Iglesia, riega, (mýsticas flores) la Aganipe sagrada, fuente de gracia, y gloria Christo. Con cuya afluencia divina, incrementada la excelsa Palma Mariana (triunfantep. 163 á privilegios de gracia), se corona de victoriosa gloria. Dividido en discursos panegýricos, anagógicos, tropológicos, y alegóricos, fundamentados en la Sagrada Escritura, roborados con la autoridad de Santos Padres y Exegéticos, particularíssimos discursos de los principales Expositores, y exornados con copiosa erudicion sacra y profana, en idéas, problemas, hieroglíficos, Philos-sóphicas sentencias, selectíssimas humanidades. Su Autor el R. P. Fr. etc.

20. Por un gran rato quedó atónito el bueno del Provincial, no sabiendo lo que le passaba, y pareciéndole, que con efecto era sueño lo que le sucedia. Pero al fin, volviendo en sí, estregándose los ojos y palpando el libro, conoció, que no soñaba. Quiso ver quien havia tenido valor para aprobar aquel immenso conjunto de desatinos y para votar, que se diessen á luz unos Sermones, que no solo no debieran imprimirse, aunque no fuesse mas que por el honor de la Nacion, pero ni debieran los Superiores, á quienes tocaba, haver permitido que se predicassen; «pues, no metiéndonos por ahora en mas honduras, y sin detenernos en examinar una infinidad de proposiciones osadas, dissonantes, y aun erroneas respectivamente, solo la broza, el fárrago, el hacinamiento pueril de citas, textos, autoridades, y lugares de todas especies, trahidos sin méthodo, sin juicio, sin eleccion, sin oportunidad, y las mas veces por pura asonancia; solo el intolerable abuso de valerse, por lo ménos, tanto de los Autores profanos como de los Sagrados, hombreando Marcial, Horacio, Catulo, y Virgilio con San Pablo y con los Profetas, y usando mas de Beyerlink, Mafejan, Aulio Gelio, y Natal Cómite, que de los Padres de la Iglesia; solo el estrafalario, el loco, y aun el sacrílego empeño de apoyar los Mysterios mas Sagrados y las acciones mas exemplares y mas sérias de los Santos con una fábula, con una noticia mythológica, ó con una supersticion gentílica; solo el estilo tan fantástico, tan estrambótico, tan puerilmente hinchado y campanudo; solo un lenguage tan esguízaro, tan bárbaro, tan mestizo, que ni es Latino, ni Griego, ni Castellano, sino una extravagantíssima mezcla de todos estos tres idiomas; solo por esto, vuelvo á decir, que verá y notará qualquiera, que tenga ojos en la cara, merecia el tal Predicador, que desde el primer Sermon le huvieran quitado la licencia de predicar. Pero no solo no haver hecho esto, sino haverle permitido, que imprimiesse tales Sermones! Haver encontrado quien se los aprobasse! Veamos quienes fueron los Censores.»

21. Aún mas pasmado quedó el zeloso Provincial, quando leyó el número, la autoridad, y los elogios, que daban al Autor los aprobantes. Es verdad, que en medio de los elogios le pareció, como que divisaba algunas cláusulas, que lep. 164 sonaban á pullas, ó á discretas advertencias del modo con que el Padre Predicador Apostólico debiera haver escrito; bien que temió, que esto acaso podia ser malicia suya. «Los primeros Aprobantes dicen, que han leído el Florilegio Sacro con singularíssimo gusto; y añaden immediatamente: ojalá, que con igual aprovechamiento! Qué sabemos si en esto quisieron decir: ojalá, que el Padre Predicador Apostólico nos huviera edificado tanto, como nos ha divertido? Ojalá, que huviera hablado mas al alma y al aprovechamiento, que al gusto y á la diversion! Ojalá, que se huviera dexado de flores, y de flores tan vulgares, tan inútiles, y tan sylvestres, y que nos huviera dado sazonados frutos!» Notó tambien, que dichos Aprobantes aplicaban á la Obra un elogio, que Cyno y Praxitelo dieron á la Cloaca de Galeno, y se le ofreció, si acaso lo decian por lo que esta Obra tiene tambien de Sentina, pues toda ella huele á Gentilidad y á Pedantismo, que apesta.

22. «El segundo Aprobante, sumamente respetable por todas las circunstancias de su dignidad y de su persona, da bastantemente á entender, que aprobó la Obra in fide parentum, y que la leyó por poderes, siendo muy verisímil, que sus muchas y graves ocupaciones no le diessen lugar para registrarla de otra manera. Y á la verdad fué disculpable en los excessivos elogios, que la dió; porque quien se havia de persuadir á que no los merecian unos Sermones, que pretendia estampar un Predicador Apostólico, un Lector de Theología, y un Chronista de su Orden? Fuera de que quizá tendria presente, lo que dixo cierto Poeta en caso semejante: Que los Poetas que alaban, y los Censores que aprueban, nunca dicen lo que los Autores son, sino lo que debieran de ser. Finalmente, en todo caso, al fin de la censura, hablando de cierto Sermon, que el Autor predicó en la misma Ciudad, donde vivia á la sazon el Reverendíssimo, dice que tuvo la fortuna ingrata de no haverle oído. Y, si yo me conozco en desengaños, no es corto el que le ofrece en esta breve cláusula; pues ello, ingrata ó no ingrata, ya dice, que el no haverle oído fué fortuna suya. Yo á lo ménos por tal la tengo.»

23. «El tercer Aprobante, de circunstancias no ménos respetables que el segundo, no se anda en dibujos, y con toda la claridad y gravedad, que correspondia á su elevado carácter, desde luego le declaró lo mucho, que le sobresaltó el título de Florilegio Sacro, que le hizo entrar ya leyendo el libro con advertencia, que es decir en cortesía, con desconfianza, por lo mucho que disuena lo florido con lo Apostólico, siendo muy extrañas del Apostólico Predicador las flores. Y, aunque despues procura dorarle suavemente la píldora, para quep. 165 la trague, en todo acontecimiento el acíbar medicinal allá va; si no hiciere buen efecto, atribúyalo el enfermo á su mala disposicion.»

24. «Pero al fin, concluyó el Provincial, volviéndose á Fray Gerundio, sea lo que fuere de las Aprobaciones, dígole, que no le he de volver este libro, porque cosa mas á propósito para acabarle de rematar en esse perverso gusto, que tiene de componer Sermones, es impossible que se haya estampado, ni que se estampe en todos los siglos de los siglos.» — «Padre nuestro, dixo Fray Gerundio, el libro me le volverá V. Paternidad, porque no es mio.» — «Pues, de quien es?» preguntó el Provincial. — «No se lo puedo decir á V. Paternidad, respondió Fray Gerundio, porque me le prestaron en confession.» Resonó en toda la Celda una espantosa carcajada, al oír tan gracioso despropósito; pero Fray Gerundio, sin turbarse, prosiguió diciendo: «Y en órden á las tachas, que V. Paternidad le pone, lo que yo veo es, que corre con grande aplauso, que la impression se despachó luego, y no se halla uno por un ojo de la cara, porque los que le tienen le guardan como oro en paño; y en verdad que todos son hombres de buen gusto, y que el Autor se hizo famosíssimo en España por una Obra, que publicó, dicen que en el mismo estilo que el Florilegio, contra cierto Escritor, que ha metido gran ruído en este Siglo. Con que, si esto es predicar mal y con mal estilo, yo digo claramente á V. Paternidad, que no pienso predicar con otro estilo ni de otra manera, miéntras Dios me guarde el juicio.» Dixo y, sin hablar mas palabra, volvió las espaldas, y se despidió broncamente de aquella Reverendíssima Assambléa.

25. No se puede ponderar lo irritado que quedó el Provincial, á vista de aquel desahogo y de una despedida tan irreverente y tan desatenta. Iba á mandar con el primer movimiento de la cólera, que le emparedassen; pero algunos Padres Maestros, que conocian mejor la candidez de Fray Gerundio, le asseguraron, que aquella no era malicia, sino pura innocencia, y una mera simplicíssima intrepidez. Con esto se sossegó, y se contentó con decir, que, si como él estaba ya para acabar el Provincialato, huviera de proseguirle, tarde subiria al Púlpito el majadero de Fray Gerundio: expression, que no se sabe como se le escapó, porque era hombre moderado y comedido. Pero Dios nos libre de un hombre colérico, quando todavía están calientes las paredes.

26. Miéntras passaba esto en la Celda del Provincial, andaba una terrible zambra en el Convento entre los Frayles de escalera abaxo sobre la misma Salutacion. Es verdad, que los mas eran de la propia opinion que nuestro Padre, conviene á saber, que era impossible predicarse cosa masp. 166 disparatada; pero otros defendian, que havia sido un assombro, y, aunque no dexaban de conocer, que havia dicho muchos desatinos, pero los disculpaban con la poca edad, con los ningunos estudios, y en fin decian, que el talentazo, el garbo, la voz, y la presencia lo suplian todo. Sobre todo, el formidable partido de los Legos se le calzó enteramente, y no le faltó siquiera un voto, para que desde luego le ordenassen y le hiciessen Predicador. Pero los que mas á vanderas desplegadas se declararon por él entre los Legos, fueron el Socio del Provincial y el Sacristan segundo de la Casa. Estos eran votos de grande consequencia; porque el Socio havia cogido al bueno del Provincial las sobaqueras, de tal manera que hacia mas caso de él, que de muchos Padres graves, y era voz comun en la Provincia, que le dominaba.

27. El Sacristancillo segundo por su término no le iba en zaga. Era un Leguito que ni de molde: de mediana estatura, cariredondo, agraciado, lampiño, ojos alegres y chuscos, pulcríssimo de hábito, vivaracho, oficioso, servicial, y mañoso, porque sabia hacer mil enredillos de manos. Cortaba flores, dibujaba decentemente, componia Reloxes, acomodaba vidrios, y para una cazuelita, para una tarta, para una bebida, tenia unas manos de Angel. A favor de estas habilidades y de su genio blando y un si es no es zalamero, se insinuaba en las Celdas, con especialidad de los Padres graves, hacíalos la cama, limpiábales las mesas, batíalos el chocolate, servíalos en otros mil menesteres; y, como le encontraban pronto para todo, se havia grangeado no solo el cariño, sino la confianza de los mas, tanto que casi los daba la ley y los hacia querer todo lo que él queria, y alabar todo lo que él alababa. No es decible, quanto importaron á Fray Gerundio estos dos votos, y despues el de los demas Legos; porque los dos primeros llegaron á hacer blandear, el uno al Provincial, y el otro á casi todos los Padres gordos, y los demas, como cada qual tenia su santo de devocion, poco á poco le fueron conquistando á los Frayles de Missa y Choro, de manera que en breves dias ya casi todo el Convento se declaró á favor de sus predicaderas.

CAPITULO X.
En que se trata de lo que verá el curioso Lector, si le leyere.

Pues con estos batidores, muñidores, y panegyristas viérades volverse la tortilla á favor de Fr. Gerundio, de manera que toda la Comunidad, á excepcion de algunos pocosp. 167 hombres sesudos y Religiosos de quatro suelas, se echó sobre el Provincial, para que, supuesta su aversion al estudio Escolástico y su inclinacion al Púlpito, le diesse Dimisorias para ordenarse, y le nombrasse por Predicador Sabatino. Aun assí y todo, costó mucho trabajo doblar la entereza del Reverendíssimo Provincial; pero al fin acabó de rendirle el Socio de su Reverendíssima, que le sabia mejor que otros las escotaduras, bien que no se rindió del todo, hasta que uno de los Padres mas graves y mas maduros del Convento, que queria mucho á Fray Gerundio, pero que contaba mas de lo justo sobre su docilidad, salió por fiador de que se emendaria en el modo de predicar, tomando de su quenta instruírle muy de propósito, en que á lo ménos predicasse con juicio. Pareciéndole al Prelado, que de esta manera asseguraba su conciencia, y debaxo de estas condiciones, consintió en que se ordenasse de Sacerdote, y le hizo Predicador Sabatino de aquel mismo Convento, con aplauso universal.

2. El que lo celebró mas que todos fué el Padre Fray Blas, Predicador mayor de la Casa y el Oráculo en materia de predicar de nuestro Fray Gerundio; porque, aggregado ya á su gremio, y hecho en cierta manera subalterno y dependiente suyo, le tenia como á su mandar, para hacerle enteramente á su mano, y se proponia sacar en él un discípulo, que eternizasse la fama del Maestro, como el tiempo lo acreditó.

3. Receloso de esto aquel Padre grave, que havia salido por fiador de su emienda y se havia ofrecido al Provincial á instruírle, ántes que le acabasse de pervertir el Padre Fray Blas, con el pretexto de ir á recrearse algunos dias á cierta Granja del Convento, le llevó en su compañía, y de propósito se detuvo en la Casa de Campo un mes cumplido, para tener mas tiempo de insinuarle con destreza sus instrucciones, esperando que se le pegarian, por quanto no tenia al lado al Predicador mayor, que era el que principalmente embarazaba prendiesse en él la semilla de la buena doctrina, que le daban; porque con sus disparatadas lecciones, y mucho mas con sus exemplos, todo lo echaba á perder. Llamábase el Maestro Prudencio este Padre grave, y le quadraba bien el nombre, porque era hombre prudente, sabio, mas que regularmente erudito, de genio muy apacible, aunque demasiadamente bondadoso, y por esso fácil á persuadirse á qualquiera cosa, y tambien á ser engañado.

4. La primera tarde, pues, que salieron los dos á passearse por entre una frondosa arboleda, dixo el Maestro Prudencio á Fray Gerundio con llaneza y con cariño: «Con que en fin, amigo Fray Gerundio, ya eres Sacerdote del Altíssimo, y Predicador Sabatino del Convento?» — «Sí, Padre Maestro,p. 168 respondió Fray Gerundio, gracias á Dios, á la intercession de V. Paternidad, y á la de otras buenas almas.» — «Ya sabes, continuó el Maestro Prudencio, que salí por fiador con nuestro Padre Provincial, de que cumplirias con tu obligacion y de que no nos sonrojarias.» — «De esso pierda cuydado V. Paternidad, respondió Fray Gerundio, que espero en Dios desempeñarle á satisfaccion, y que no se arrepienta de la fianza.» — «Pero, hombre, como ha de ser esso, le replicó el Padre Maestro, si no has estudiado palabra de Philosophía, ni de Theología, ni de Santos Padres, ni de Rhetórica, ni de Eloquencia, y, en fin, de ninguna otra Facultad? y un perfecto Orador, dice Ciceron, nada debe ignorar, porque se le han de ofrecer mil ocasiones de hablar de todo.»

5. — «Ciceron, Padre Maestro, dixo Fray Gerundio, hablaba de aquellos Oradores profanos y Gentiles, que trataban en cosas muy distintas, que nuestros Predicadores.» — «Pues de qué trataban, le preguntó el Padre Maestro?» — «Yo no lo sé, respondió Fray Gerundio, porque no he visto cosa alguna de aquellos Oradores, mas que unas pocas de oraciones del mismo Ciceron, que nos hacia construir el Dómine Zancas-largas; y essas parece que todas se reducian, ó á defender á un acusado, ó á acusar á un reo, ó á excitar los ánimos del Pueblo y de la República á alguna resolucion ó empressa, que fuesse útil para todos; y tambien me acuerdo haver construído una ú otra, que parecia elogio de algun Ciudadano, que havia hecho servicios importantes á la República, ó acciones gloriosas que podian ceder en esplendor y mayor lustre de toda ella.»

6. — «Con efecto, de esso trataban los Oradores Gentiles, replicó el Padre Maestro, y á esso se reducia el fin y la materia de todas sus oraciones, á mejorar las costumbres. Y para esso solo se valian de tres medios, de defender la virtud injustamente acusada y perseguida, de acusar al vicio iniquamente abrigado y defendido, y de elogiar á los virtuosos, proponiéndolos al Pueblo por dechado, y exhortándole á la imitacion. Pues, ves aquí, amigo Fray Gerundio, como por tu misma confession, aunque sin reparar en ello, el mismo fin debe ser el de un Orador Christiano en sus Sermones, que era en sus Oraciones el de un Orador Gentil; y los mismos deben ser los medios. El fin es mejorar las costumbres, y los medios son enamorar de la virtud, representando su hermosura y conveniencias, (y esto se llama defenderlas); ó infundir horror al vicio, pintando con viveza su deformidad y las desdichas aun temporales, que arrastra, (y esto se llama acusarle); ó finalmente elogiar á los Santos y á los hombres virtuosos, proponiéndolos por modelo al Pueblo Christiano, y exhortándole á la imitacion de sus exemplos. De manerap. 169 que la famosa division de nuestros Sermones en panegýricos y en morales está reducida á esto; y á esto tambien se reducia la division de las Oraciones profanas: con que, si Ciceron pedia en el Orador profano tanto fondo de doctrina, que nada debia ignorar, porque se le havian de ofrecer mil ocasiones de tratar de todo, lo mismo se debe pedir del Orador Christiano. Y consiguientemente, sabiendo yo, que tú eres un pobre ignorante, discurre si me dará cuydado mi fianza.»

7. — «No tiene que dársele á V. Paternidad, replicó Fray Gerundio: lo primero, porque andan por allí muchíssimos, que no saben mas que yo, y son unos espanta-pueblos en essos Púlpitos de Christo; y lo segundo, porque Ciceron no es algun Evangelista ni Padre de la Iglesia, y assí importa un pito, que él pida tanta sabiduría en el Orador.» — «No es Padre de la Iglesia ni Evangelista, respondió el Maestro Prudencio; pero es y se llama con mucha razon el Príncipe de los Oradores, y, como tal, pocos supieron mejor que él lo que es menester saber para persuadir á los hombres á que sean mejores, que es el fin de todo Orador, como ya llevamos dicho.» — «Y para saber persuadir á los hombres á que sean mejores, preguntó Fray Gerundio, es menester saberlo todo?»

8. — «Sí, respondió el Maestro Prudencio, en sentir de Ciceron; ménos algunas curiosidades de Astrología, de Mathemáticas, y de Phýsica, que sirven mas para la diversion que para el aprovechamiento, el Orador debe saber, ó á lo ménos estar mas que medianamente tinturado en todas aquellas facultades, que dicen relacion á las costumbres y á las inclinaciones del hombre. Para combatir unas passiones, y excitar otras, debe estar instruído en la naturaleza de todas, y esto no puede ser sin estar bien informado de su composicion; ve aquí la necessidad de la Philosophía. Para definir, proponer, dividir, probar, y discernir entre sofismas y razones, entre paralogismos y discursos sólidos, es menester la Lógica ó la Dialéctica. Sin un grande conocimiento de las Leyes divinas y humanas, no es fácil distinguir, qué acciones de los hombres son conformes á ellas ó disformes; quales se han de aplaudir, quales se han de condenar: y esto ya ves, que no se puede saber sin tener muy profunda noticia de la Theología Moral, mas que mediana del Derecho Canónico, y una tintura por lo ménos del Derecho Civil. Como las passiones humanas nunca se conocen mejor que por los hechos, y como sola la historia es la que nos da noticia de los passados, conocerá muy mal á los hombres el Orador, que no estuviesse muy versado en la Historia antigua y moderna, Sagrada, Eclesiástica, y Profana.» — «Y quien creerá que hasta la Poesía es muy necessaria al Orador?» — «Pues, lo dicho dicho:p. 170 ninguno será buen Orador, si no tiene algo y aun mucho de Poeta. No hablo de aquella Poesía, que facilita el modo de hacer versos, esto es, de hablar ó de escribir en determinado número y medida, que esto es cosa muy accidental á la Poesía verdadera: hablo del alma, de la substancia, del espíritu de la misma Poesía, que consiste en la elevacion de los pensamientos, en lo figurado de las expressiones, en la invencion, idéa, y novedad de los discursos; porque, sin esto, como se pueden pintar con viveza los caractéres? como se pueden mover y remover con eficacia los afectos? como se pueden proponer las verdades mas triviales con novedad y con agrado? Y ves aquí por qué dice Ciceron (estas son sus formales palabras), que el Orador debe posseer la sutileza del Lógico, la ciencia del Philósopho, casi la diccion del Poeta, y hasta los movimientos y las acciones del perfecto Actor ó Representante; y has de estar en la inteligencia de que el nombre de Philósopho en la antigüedad no significaba un hombre precisamente versado en aquella ciencia, que ahora llamamos Philosophía; significaba un hombre lleno, un hombre verdaderamente sabio en todas las facultades. El Orador, que no está versado en ellas, aunque tenga buenos talentos, á la legua se le conoce: anda arañando aquí y allí noticias triviales, conceptillos communes para llenar su Sermon, que al cabo sale un descarnado esqueleto, mostrando bien, como dice cierto Ilustríssimo Prelado, que no habla porque está lleno de verdades, sino que anda buscando verdades, porque tiene precision de hablar.»

9. — «Esso seria bueno, replicó Fray Gerundio, si los Predicadores huviessen de predicar de repente; pero, en no admitiendo Sermones sino es con dos ó con tres meses de término, está todo remediado, porque en este tiempo se pueden tomar de las Bibliothecas y de las Polyanthéas quantas especies se quieran de todas las facultades, no solo para llenar, sino para atestar un discurso.» — «Assí saldrá él, respondió el Maestro Prudencio, y no havrá hombre entendido, que no lo conozca. A las mugeres, al populacho, y á aquellos semi-sabidillos, que solamente lo son por lectura de socorro, puede ser que les parezca cosa grande; pero los que tienen buenas narices, al punto perciben el fárrago, la inconexion, el hacinamiento, y la indigestion de las especies, que ninguno tiene peor sabidas, que el mismo que las ostenta con tanto aparato. No hizo mas que trasladarlas del libro al papel, del papel á la memoria, de la memoria á los labios; y, si se las tocan dos dias despues, le cogen tan de repente, como si jamas las huviera decorado. Predicadores jornaleros, que solo trabajan lo que basta para salir del dia. Quien no gasta muchos años en prepararse de antemano, nunca se preparará bienp. 171 de repente; y al contrario, presto se dispondrá bien para un Sermon particular, el que anticipadamente se halla ya prevenido para todos.»

10. — «Y essa prevencion, Padre Maestro, preguntó Fray Gerundio, como se ha de hacer?» — «Ya te lo he dicho, respondió el Maestro Prudencio: primeramente estudiando las Facultades necessarias, y despues leyendo con mucha reflexion, observacion, y penetracion á los Santos Padres, á los Expositores, y Oradores mas acreditados.» — «Jesus, Padre Maestro! replicó Fray Gerundio, seria ya un hombre carcuezo ántes de ser Predicador, porque para estudiar todo esso eran menester muchos años.» — «A lo ménos, respondió el Maestro, ninguno debiera ser Predicador, que no fuesse maduro y bien adulto; porque el demasiadamente jóven puede tener ingenio, puede tener habilidad, puede tener viveza, puede tener talentos, y todo lo demas que se quisiere; pero no puede tener la ciencia, noticias, especies, y extension necessaria, porque esta no se adquiere sin mucho estudio y lectura, y para la mucha lectura son menester muchos años. Añádese, que á los Predicadores demasiadamente jóvenes, si no suplen la falta de representacion con una virtud extraordinaria, nunca se les puede tener el respeto y la veneracion, que son tan necessarias para que hagan fruto los que exercitan de oficio este Sagrado ministerio, sin hablar de otros inconvenientes, que no es menester decirlos, para que qualquiera se haga cargo de ellos.»

11. — «Pues, por qué se empeñó V. Paternidad, le preguntó Fray Gerundio, en que á mí me hiciessen Predicador, siendo assí que apénas he hecho mas que cumplir los veinte y cinco?» — «Extraño mucho, que me hagas essa pregunta, respondió el Padre Maestro, no sin algun enfadillo. Tan presto te has olvidado de lo que tú mismo me importunaste, para que hiciesse este empeño? Fuera de que, viéndote encaprichado en no seguir los Estudios y que echabas los bofes por aplicarte á esta otra carrera, quise ver si podias servir de algo en la Religion, especialmente que los Predicadores Sabatinos apénas son mas que aprendices de Predicadores, porque solamente se les encargan algunos Sermoncillos domésticos de poco ó ningun concurso, para que se vayan ensayando; y me pareció, que en este tiempo podria suplir el arte lo que faltaba al estudio y á la edad.»

12. — «Con que, el arte ya puede suplir esso?» replicó Fray Gerundio. — «Enteramente no lo puede suplir, respondió el Padre Maestro, pero de alguna manera sí.» — «Por Dios, dígame V. Paternidad, como podrá suplirlo?» — «Leyendo con cuydado buenos originales, respondió el Maestro Prudencio, esto es, los Sermonarios de los mejores Predicadores, quep. 172 han florecido en España, y procurando imitarlos, assí en la substancia como en el modo.» — «Pero, quales tiene V. Paternidad por los mejores Sermonarios?» preguntó Fr. Gerundio. — «Toda comparacion es odiosa, respondió el Padre Maestro; y assí, no metiéndome por ahora en calificaciones respectivas, te digo, que los Sermones de Santo Thomas de Villanueva, en la naturalidad, en la suavidad, y en la eficacia, son un hechizo del entendimiento y del corazon. Los de Fray Luis de Granada, á quien llamaron con razon el Demósthenes Español, en el nervio, en la solidez, y en aquella especie de eloquencia vigorosa, que á guisa de un torrente impetuoso todo lo arrastra tras de sí, acaso tendrán pocos semejantes. La novedad de los assuntos, la ingeniosidad de las pruebas, la delicadeza de los pensamientos, la oportunidad de los lugares, la viveza de la expression, la rapidez de la eloquencia, que reynan en los mas de los Sermones del Padre Antonio Vieyra, quizá le merecieron el epítheto, que le dan muchos, de Monstruo de los ingenios y Príncipe de nuestros Oradores.»

13. — «En verdad, replicó Fray Gerundio, que entre essos muchos no tiene V. Paternidad que contar al Autor del Verdadero méthodo de Estudiar, el qual dice, que en sus Sermones no se hallará artificio alguno rhetórico, ni una eloquencia que persuada… Que, por haverse dexado arrebatar del estilo de su tiempo, tal vez fué aquel, que con su exemplo dió materia á tantas sutilezas, que son las que destruyen la eloquencia… Que sus Sermones están llenos de galanterías que divierten, pero que no persuaden… Que los que le aplican aquellos grandes epíthetos de Maestro del Púlpito, Príncipe de los Oradores, Maestro universal de todos los Declamadores Evangélicos, Aguila Evangélica, ó no lo entienden, ó hablan apassionados… Finalmente, que era un hombre estimado en Portugal, pero no en Roma, como se lo oyó el Autor á muchos Jesuítas, que tenian de él perfecta noticia.»

14. — «Tambien yo la tengo, respondió el Maestro Prudencio, de esso y de todo lo demas, que dice el Barbadiño,[32] Autor de essa Obra, que me citas, contra este insigne hombre. Debiera este quejarse, si le tratara á él de otra manera, que trata á casi todos los hombres grandes, que florecieron en todas las Facultades, siendo su empeño conocido dar á entender, que todo el mundo tenia los ojos cerrados, hasta que él vino á abrírselos por charidad, haciéndoles ver, que eran unos pobres idiotas los que él calificaba por Maestros. Nada se le dará al Padre Antonio Vieyra, ántes le estará muy agradecido de que en materia de Eloquencia Christiana le lleve á él por el mismo rasero, por donde llevó en materia de Theología á Santo Thomas, San Buenaventura, Suarez,p. 173 Vazquez, y á todos los Escolásticos en materia de Philosophía á todos quantos no la escribieron à la dernière; et sic de reliquis. No obstante, si su crítica no fuera tan universal, tan despótica, y tan indigesta; si se huviera contentado con decir, que el Padre Vieyra, especialmente en algunos de sus Sermones Panegýricos, se dexó llevar con algun excesso, y aunque dixesse con mucho, de aquella especie de enthusiasmo, que arrebataba á su fogosa imaginacion, y que rompia en las primeras idéas, que le ocurrian á ella, las quales eran por lo comun sutilíssimas, agudíssimas, pero ménos sólidas, adelante: yo por lo ménos no me opondria á esso, porque estoy persuadido á que muchos de sus Sermones, singularmente de los panegýricos, adolecen de este achaque. Por esso pudiste notar, que yo no te le propuse por modelo en todos, aun en aquellas determinadas cosas de que le alabé, sino en los mas. Pero pronunciar en cerro, y como dicen, á red barredera, que en sus Sermones no se hallará artificio alguno rhetórico, ni una eloquencia, que persuada, no fué tirar la barra de la crítica hasta mas allá de lo justo, fué propiamente tirar á desbarrar.»

15. «En quanto al artificio rhetórico, ni uno solo se señalará de sus Sermones, que no esté dispuesto con el mas perfecto, con el mas vivo, con el mas natural, y al mismo tiempo con el mas dissimulado: si es que efectivamente hay otro artificio rhetórico que un entendimiento bien lleno de su assunto, una imaginacion fecunda, viva, espiritosa, y animada, con una facundia natural, pronta, abundante, y expressiva. El que estuviere dotado de estas prendas, como lo estaba el Padre Vieyra en superlativo grado, hará sin pretenderlo, y aun sin advertirlo, unas composiciones tan rhetóricas, que el mismo Tulio las admiraria, y colarán naturalíssimamente de su boca y de su pluma no solo aquellos tropos y figuras, que hizo advertir la observacion, sino otras muchas, que no se havian observado, y que quizá son mas enérgicas, que las ya sabidas. Quien no descubriere este artificio en qualquiera de los Sermones del Padre Vieyra, no entre á leer los libros sin Lazarillo.»

16. «Por lo que toca á la eloquencia, que persuada (que es la única, que merece el nombre de eloquencia castiza y de ley), quisiera yo me señalasse con el dedo el Barbadiño otra mas activa, mas vigorosa, mas triunfante, que la del Padre Antonio Vieyra, singularmente en todos los Sermones puramente morales, y tambien en muchos panegýricos. Lea con reflexion los capitales assuntos, que trata en los Sermones de Adviento y de Quaresma, donde desmenuza los Novíssimos y promueve las verdades mas terribles de la Religion; y dígame, qué Orador antiguo ni moderno trató jamas estos puntos conp. 174 mayor viveza, con mayor solidez, con mayor valentía, ni con mas triunfante eficacia? Es un Rhódano, es un Danubio, es un Tekesel, que quiere decir Espantoso, Rio de la Ethiopia, llamado assí por su assombrosa rapidez: todo lo lleva tras sí, todo lo arrastra, todo lo arrebata. No hay entendimiento, que no se rinda á la convincente solidez de sus razones, y apénas hay corazon, que resista al rápido vigoroso impulso, con que le combate: tanto que oí decir á un célebre Missionero Jesuíta, que, si se formasse un cuerpo de mission de los Sermones del Padre Vieyra, entresacando los que corresponden á los assuntos que se suelen predicar en esta sagrada batería, con dificultad havria otros, que conquistassen mas almas, especialmente en auditorios cultivados y capaces. Y con efecto consta de la vida de este hombre prodigioso, que no hizo ménos fruto en los corazones con sus Sermones Morales, que causó admiracion en los entendimientos, assí en España como en Italia, con la mayor parte de los Panegýricos.»

17. «En Italia, vuelvo á decir, por mas que el cetrino Barbadiño nos quiera persuadir, que oyó á muchos Jesuítas Italianos, que el Padre Antonio Vieyra era un hombre estimado en Portugal, pero no en Roma; á qué Jesuítas pudo oír semejante despropósito, sino que fuesse á los Cocineros de las muchas Casas, que tiene la Compañía en aquella Corte? Estoy por decir, que aun estos no ignoran el gran ruído, que hizo en ella, quando fué llamado de su General, por haverle significado el Papa Alexandro VII, muchos Cardenales, y la famosa Reyna Christina de Suecia, la gana que tenian de oírle, por lo mucho que havia publicado de él la fama en toda Europa. No ignoran, que, despues de haver predicado varias veces en presencia del Sacro Colegio, convinieron todos en que era aun mucho mayor que su fama. No ignoran, que, haviendo predicado, digámoslo assí, á competencia con el mayor Orador que tuvo la Italia en aquel Siglo, el Reverendíssimo Padre Juan Paulo Oliva, Predicador Apostólico de tres Sumos Pontífices y General de toda la Compañía; no obstante el elevado mérito de este hombre verdaderamente grande; no obstante el estar reputado, y con razon, por el Evangélico Demósthenes de Italia; no obstante la passion natural, con que necessariamente le havian de mirar todos los patricios; no obstante el peso que havia de hacer en la balanza ó el respeto, ó la dependencia, ó la adulacion, ó todo junto, viéndole Cabeza suprema de toda su Religion, y con una autoridad casi despótica en la Corte de Roma, por la grande estimacion que hicieron de él los tres Sumos Pontífices, que le alcanzaron: no ignoran, vuelvo á decir, los Jesuítas, que no obstante todo esto, en los dos Sermones, quep. 175 en la Fiesta de San Estanisláo de Koska predicaron el General y el Súbdito, el Italiano y el Portugués, los extraños y los domésticos dieron al de este la preferencia.»

18. «No ignoran, que el mismo General, en una Carta que le escribió despues, desde Roma á Lisboa, le llama Intérprete verdadero de la Escritura, singular Organo ó Arcaduz del Espíritu Santo, Modelo de Oradores, y Padre de la Eloquencia; siendo assí, que los Superiores de la Compañía, y especialmente el supremo de todos, en las cartas que escriben á sus súbditos, aunque no les escaséen las expressiones paternales, los dispensan con mucha circunspeccion y con grande economía los elogios. Estos, que el Reverendíssimo Oliva dedicó al Padre Vieyra, no solo no los ignoran los Jesuítas de Roma, pero pudiera y debiera no ignorarlos el mismo Barbadiño, pues se hallan estampados en uno de los dos tomos de Cartas de dicho General, que se dieron á la luz pública. Finalmente, no ignoran los Jesuítas, que el mismo Papa Alexandro y la Reyna Christina desearon con ansia, que se quedasse en aquella Corte; el uno para Oráculo de su Capilla Pontificia, y la otra para ornamento de su Real discretíssimo y doctíssimo Gavinete, donde concurrian los hombres mas sabios y mas eminentes de la Europa toda, que eran los que principalmente componian la Corte de aquella extraordinaria Princesa, por lo que dixo de ella con singular discrecion Samuel Bochart, haciendo el cotejo entre la Reyna de Sabbá, que fué á conocer y á consultar á Salomon, y la Reyna Christina:

Illa docenda suis Salomonem invisit ab oris;
Undique ad hanc docti, quo doceantur, eunt.
Que traduxo assí un Poeta Castellano:

Aquella por oír un Sabio
Su Corte y su Patria dexa;
Los Sabios dexan las suyas,
Solo por oír á esta.
Pero assí el Papa como la Reyna desistieron de su empeño, por no mortificar al religiosíssimo y zelosíssimo Padre, que, haviéndose dedicado con voto al Apostólico cultivo de los Negros bozales del Brasil, y haciéndose intolerables los aplausos, que le tributaba la Europa, suplicó rendidamente á la Cabeza de la Iglesia y á aquella Sabia Princesa, le permitiessen restituirse á donde le llamaba su espíritu y el de la divina vocacion.»

19. «Assí lo hizo, sin que tampoco fuessen capaces de detenerle en Lisboa las instancias del Rey de Portugal, que quiso fixarle en ella, para tener el consuelo de oírle comop. 176 Maestro desde el Púlpito y obedecerle como Padre en el Confessionario, fiándole la direccion de su Real conciencia: mas el gran Vieyra, firme en su Apostólica vocacion y superior á todas las fugaces honras, con que le brindaba el mundo, enamorado de sus portentosos talentos, renovó en la Corte del Rey Don Pedro el exemplo, que ciento y treinta años ántes havia dado San Francisco Xavier en la del Rey Don Juan; pues supo representar con tanta eficacia á aquel Monarca, quanto mas y quanto mejor le serviria en el Brasil que en Lisboa, que el Príncipe se dexó persuadir. Nada de esto ignoran los Jesuítas Italianos: pues, quienes pudieron ser aquellos muchos Jesuítas Romanos, á quienes oyó el Barbadiño, que el Padre Vieyra era hombre estimado en Portugal, pero no en Roma? Harto será, que, quando le pareció oír esto, no tuviesse arromadizados los oídos, ó á lo ménos atronados con el sonido de la Tuba magna, de cuyos estruendosos ecos da muestras de gustar mucho en varias partes del Méthodo, pero con mas especialidad en su furiosa Respuesta á las reflexiones de Fray Arsenio de la Piedad.»

20. «Y de passo puedes notar la injusticia, y aun la temeridad, con que el Barbadiño atribuye esta, que él llama falta de artificio rhetórico, y de eloquencia que persuada, al deseo, que el Padre Antonio Vieyra muestra, en casi todos sus Sermones, de agradar al público. Un hombre, que con tanta modestia y con tanto empeño huía los aplausos de la primera Corte del mundo y las honras, con que esta y la de Portugal á competencia le brindaban, por ir á emplear sus raros talentos entre los zafios y tostados Negros del Brasil; qué caso haria de agradar al Público en sus Sermones, sino que fuesse de aquel racional agrado, que debe pretender todo Orador, para que le oygan con gusto, y abra el camino al provecho? porque al fin, aquel agrado y aquel aplauso, que consisten en las obras mas que en las palabras, no es impropio, ántes es muy digno de qualquiera Orador Christiano. San Chrysóstomo, que ciertamente no solicitaba en sus Sermones el aura popular del auditorio, no solo no hacia ascos de este agrado, sino que le pretendia: Plausum illum desidero, quem non dicta, sed facta conficiant.»

21. «No obstante lo dicho, yo convengo de buena gana con el señor Arcediano de Ebora (pues ya sabemos todos que lo es, por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, el llamado Barbadiño), en que no casi todos, sino muchos de los Sermones Panegýricos, y aun tal qual de los Morales del Padre Vieyra, están llenos de pensamientos mas brillantes que sólidos, mas ingeniosos que verdaderos, como tambien de lugares de la Escritura, y de exposiciones trahidas ó aplicadas con mayor agudeza que solidez; y consiguientep. 177mente, que sus pruebas deslumbran, pero no persuaden, deleytan, mas no convencen. Tampoco me opondré del todo á lo que añade el Barbadiño, de que tal vez fué aquel, que con su exemplo dió materia á tantas sutilezas, que son las que destruyen la eloquencia: con tal, que no quiera significar por estas palabras, como parece lo da á entender, que el Padre Vieyra fué el que introduxo en el mundo este mal exemplo, siendo el primer inventor de estas sutilezas, que no hacen merced á la Escritura, y hacen añicos la eloquencia.»

22. «En esse caso reñiremos; porque, siendo tan erudito el señor Arcediano, como ciertamente lo es, no puede ignorar, que, quando nació el Padre Vieyra, ya estaba el mundo atestado de libros de Conceptos predicables, assí en Portugués, como en Castellano, en Italiano, en Latin, y aun havia algunos en Francés, que tenian desterrada de los Púlpitos la eloquencia verdadera, y la genuína y literal explicacion ó aplicacion de la Sagrada Escritura. Dexo aparte el reynado del sentido alegórico, que, aunque propio, es el mas arbitrario, y consiguientemente el mas expuesto á desbarrar, si no se maneja con mucho pulso y con gran tiento, el qual se apoderó de todo el siglo decimo-sexto y de mucha parte del decimo-séptimo, en que nació el Padre Vieyra. Ya encontró este muy celebradas en los Púlpitos las sutilezas de Mendoza, las metaphýsicas de Silveyra, los arrojos de Guevara, los reparillos de Fr. Felipe Diez; y tambien en Italia, y aun en Francia havian hecho grandes estragos en la Eloquencia Sagrada las delicadezas de los Berninis, de los Maronis, y de los Mercenieres.»

23. «Basten estos exemplares para probar, que no fué el Padre Vieyra el inventor de las sutilezas del Púlpito, y para que no se le recargue con que tal vez fué aquel que, con su mal exemplo, dió materia para que estas se introduxessen, en perjuicio de la verdadera Eloquencia. No por esso negaré, que los Sermones Panegýricos con especialidad están demasiadamente cargados de ellas, y por esso no te los propongo absolutamente por modelo; pero los Morales, con toda seguridad, pueden servirte de exemplar, aunque se encuentre en ellos tal qual agudez, ó pensamiento no tan sólido; pues morales, y muy morales, son todas las Homilias de San Juan Chrysóstomo, y, no obstante encontrarse en ellas uno ú otro pensamiento, que no parezca tan cimentado, no hay en la Iglesia de Dios modelo de eloquencia mas acabado ni mas perfecto.»

24. Insensiblemente fueron caminando cerca de una legua en esta conversacion el Maestro Prudencio y nuestro Fray Gerundio, el qual daba muestras de oírla con atencion y con gusto, tanto que rogó al Padre Maestro, que tuviesse la bonp. 178dad de irle instruyendo poco á poco en aquellas materias, y aun le suplicó, que le diesse unas reglas breves, claras, y comprehensivas para componer todo género de Sermones Panegýricos, Morales y tambien las que se llaman Oraciones fúnebres, á cuyas tres clases pueden reducirse todas las especies de Sermones, que se predican. Pidióle mas, que no solo le diesse reglas para componerlos, sino tambien para el modo de predicarlos, descendiendo hasta las mayores menudencias del gesto de la persona, de la decencia del trage, del juego de la voz, y del movimiento y decoro de las acciones. Todo se lo ofreció el bueno del Maestro Prudencio, bañándose, como dicen, en agua rosada, y rebosando en el semblante una suma complacencia, por parecerle, que le iba saliendo bien su traza, y muy persuadido ya á que havia de sacar en Fray Gerundio un Predicador de gran pro, con desempeño de la fianza, que havia hecho, no sin acreditar en ella la bondad de su corazon mas que la bellaquería de su buen juicio; pero, como el passéo havia sido largo, era hora de comer, y los ácidos hacian su oficio en los estómagos de los dos, especialmente en el del robusto Fray Gerundio, se limitó la session para ocasion mas oportuna, y se retiraron á la Granja á acallar las justas quexas de las túnicas estomacales.

p. 179

LIBRO TERCERO.
CAPITULO PRIMERO.
De un Enredo de Barrabas, que hizo el mal Dimoño, para acabar de rematar á Fray Gerundio.

Havrá notado acaso el muy crítico y muy curioso Lector, (y tambien es muy natural, que no lo haya notado,) que la division y comenzamiento de este Libro tercero no está segun arte; porque, haviendo acabado el primero con las niñeces, primeras letras, y estudios pueriles de nuestro incomparable Fray Gerundio, hasta dexarle en el Noviciado con el Hábito de la Religion, parecia, que el segundo Libro se havia de cerrar con los estudios, pocos ó muchos, que tuvo en ella, y que debiera comenzar el tercero desde que se halló ya Sacerdote de Missa y con el nombramiento de Predicador Sabatino; por quanto el nuevo estado y assimismo el nuevo empléo eran una época de su vida natural, oportuna y propia para esta tercera division. De donde acaso el mismo Lector querrá poner pleyto al pobre Libro segundo, sobre su capítulo décimo, diciendo, que este toca de justicia al Libro tercero, y que ha sido usurpacion y tiranía privarle de él.

2. Yo no juraré, que no tenga vislumbres ó apariencias de razon el que hiciere este reparo. Pero, sobre que hasta ahora no se ha publicado alguna Pragmática-sancion, que dé reglas fixas, ciertas, y universales para el amojonamiento, término, límites, ni cotos de los párrafos, capítulos, ni libros; pues hasta en las lindes de los puntos, que son mas necessarias, para que no hayga pleytos en la jurisdiccion é inteligencia de las cláusulas, sabe Dios y todo el mundo los trabajos que hay, por no haverse recibido alguna ley obligatoria, que ligue y cause entero perjuicio á los Escritores y á los Escribientes: como esta costumbre de la division de capítulos y libros, dicen que se ha introducido en el mundo literario, para que descansen y tomen huelgo assí los que escriben, comop. 180 los que leen; en assegurando yo, que no me cansé, hasta que dexé á Fr. Gerundio no solo con el título de Predicador Sabatino, sino con los primeros crepúsculos de la instruccion del Padre Maestro Prudencio, paréceme que, por lo que á mí toca, tapé la boca al crítico Reparador. Si mis Lectores se cansaron ántes, esso no debe ser de mi cuenta. Quítoles yo por ventura, que cierren el libro quando les diere la gana, y se echen á dormir hasta que despierten, con lo qual no solo dividirán, sino que podrán hacer gigote los capítulos y los libros, siempre y quando les pareciere puesto en razon?

3. Pero me dirán, que, aunque no hay ley escrita, que arregle estas divisiones, las regla y como que las dicta la misma ley natural: esto es, el syndéresis y la razon de los Escritores methódicos, claros, y de buena economía. A esso respondo, que en esto de syndéresis y de razon natural cada qual tiene la que Dios le dió, y que los entendimientos son tan diferentes como las caras. A tal le parece, que escribe y que habla con el mejor méthodo del mundo, y al otro, que le lee ó que le oye, le parece un eterno embrollador y una confusion de confusiones. Vaya un exemplo. Díganle al autor del Verdadero méthodo de estudiar, que es un embolismo todo lo que escribe; que en muchas partes apénas se perciben las reglas prácticas que da, y que las que se perciben, ó es impossible ó sumamente dificultoso practicarlas, y consiguientemente, que por ellas ninguna facultad se aprenderá. Se espiritará de cólera, se pelará las barbas al quitar con que quiso engalanarse, y á qualquiera que le vaya con esta embaxada, le dará una rociada de parvoices, de ridicularias, y de crasas ignoranzas, con que le haga retirar mas que de passo.

4. Vaya otro exemplo. No ha muchos años, que cierto Cirujano Latino, (assí decia él que lo era,) hombre boníssimo, imprimió un libro con este título: Méthodo Racional y Govierno Chirúrgico para la curacion de los Sabañones. Quien no creeria, segun el epígrafe de la Obra, que esta se reducia á dar reglas prácticas y methódicas para curar estas bachillerías de la sangre, que dan tan malos ratos á la gente de poca edad, y tal vez á hombres barbudos, y aun canosos? Pues no señor; de los trece capítulos, á que se reduce todo el librete, solo el último tiene algun tastillo de methódico ó de práctico; los otros doce, sobre ser impertinentíssimos para el assunto, tienen tanto de méthodo y de govierno chirúrgico como de oportunidad. Empeñóse en hacérselo conocer al Autor un tal Juan de la Encina, Escritor desalmado de tres Cartas, asaz bien escritas, en que esgrimió sobre las costillas del pobre Cirujano toda la pujanza de su postizo apellido; y, aunque con efecto le hizo evidencia, de que el nombre de Méthodo solo podia ponérsele á la obrilla por mote, ó porp. 181 antíphrasis, el bonazo del Autor se fué á la otra vida muy persuadido á que no se havia escrito en esta cosa mas methódica ni mas gubernativa. Véngansenos ustedes ahora, con que el syndéresis y la razon natural dictan á cada Autor el méthodo, que debe observar en el económico repartimiento de sus escritos.

5. Pero al fin, qué nos estamos quebrando la cabeza? Note el curioso Lector, que en el primer párrafo ó número del capítulo último del Libro antecedente, quedó nuestro Fray Gerundio Presbýtero in facie Ecclesiæ, y Predicador Sabatino en toda propiedad; y respóndame en Dios y en su conciencia á esta preguntilla. Seria bien parecido, que aquel capítulo no se compusiesse mas que de un solo párrafo, y que se presentasse en el Libro como un capitulillo de teta ó de miñatura, siendo assí que los otros pueden passar por capítulos generales, aunque sean de la Religion mas numerosa, por la multitud de especies y de números que concurren á componerlos? Haga justicia el prudente y equitativo Lector, y, si en medio de esso no me concediere la razon, pacencia Calros, pacencia![33]

6. Hecha esta digression, tan necessaria como impertinente y molesta, volvamos á atar el hilo de nuestra historia. Es tradicion de padres á hijos, que estaban acabando de comer el Maestro Prudencio y nuestro Fray Gerundio, por señas que les servian de postre unos caracoles de alcorza y algunas bellotas de mazapan, con que havia regalado al Padre Maestro cierta Monja de la Orden, confessada suya, quando comenzaron á llamar con grande fuerza á la puerta de la Granja. Salió al ruído de los golpes el Lego, que cuydaba de ella, y encontróse (quien tal imaginara!) no ménos que con el Padre Predicador mayor de la Casa, el incomparable Fray Blas, y con un Labrador guedejudo, fornido, rechoncho, y de pestorejo, que venia en su compañia; cavallero el Padre Predicador en un rocin acemilado, tordo, sútil, zanqui-largo, y ojeroso; y montado el paysano en un pollinejo rucio, aparrado, estrecho de ancas, rollizo, oreji-vivo, y andador. Era el caso, que en una Aldéa, presumida de Lugar, dos leguas distante de la Granja, que se llamaba antiguamente Jaca la Chica, y ahora, ó porque se corrompió el vocablo, ó por reducir á una sola voz el diminutivo, se llama Jacarilla, havia fundado pocos años ántes una Cofradía, dedicada á Santa Orosia, el Cura del Lugar, que era Aragonés y muy devoto de la Santa. El Mayordomo de aquel año, que era el Labrador, que venia acompañando á Fray Blas, le havia echado el Sermon; y, aunque este no valia mas que quince reales, dos libras de turron, y un frasco de vino de la tierra, Fray Blas le havia admitido; porque en materia de Sermones llevaba la opinionp. 182 de los Mercaderes, que muchos pocos hacen un mucho, y recibir á todo pecador como viniere. Algo se rodeaba por la Granja; pero, por comer en Casa de la Orden y, sobre todo, por ver Fray Blas á su querido Fray Gerundio, aunque havia tan poco tiempo que se havian separado, quiso hacer este rodéo.

7. Tanto como se alegró Fray Gerundio con la vista de su amigo, tanto sintió el Maestro Prudencio aquella importuna visita, temiendo, que, si los dexaba hablar á los dos á solas, echaria á perder el aturdido del Predicador todo lo que, á su modo de entender, havia adelantado él por la mañana. Hizo, pues, ánimo á no perderlos un punto de vista hasta que marchasse Fray Blas, suponiendo que lo haria despues de comer; y, para que lo executasse quanto ántes, dió órden al Lego para que los calentasse á toda prisa lo que havia sobrado de la comida, añadiendo algunos torreznos fritos, que es el agua de socorro para huéspedes repentinos, quando llegan al levantar de los manteles.

8. Miéntras se aderezaba la comida, no los divirtió poco el Labrador, que, aunque zafio de explicaderas, grosero de persona, y no muy delicado de crianza, era bastante ladino y un si es no es socarron. Ya sabia, que el Maestro Fray Prudencio era hombre de mucho respeto en la Orden, porque se lo havia prevenido Fray Blas en el camino; y assí, luego que entró en la sala donde estaba, le hizo una grande reverencia, escarbando hácia atras con el pié y pierna izquierda, tanto que faltó poco para hincar una rodilla, pero sin quitarse el monteron perdurable, que tenia calado hasta las cejas, y saludando al Maestro le dixo: Tenga su Eternidad güenas tardes, endíssimo Padre Fray Maestro, y güen provecho haga su essencia: prega á Dios que todo se le convierta en unjundia; y diciendo y haciendo, sin esperar á que nadie se lo rogasse, echó mano de uno de los vasos de vino, que estaban sobre la mesa en una salvilla, para echar á la que llaman de San Vitoriano, y con despejo patanal añadió sin detenerse: A la salud de su Trinidad muy raborenda, y tambien á la de mi Padre Perdicador Fray Bras, que es la frol de los Perdicadores de chapa, y tambien á la de esse Flayre mozico, que mal año para quien me quiera mal, si no tiene pergeño de ser con el tiempo otro Padre Flay Bras; y tambien á la de mi amigo el Padre Granjero Flay Grigorio, que aunque no es de missa, tampoco lo fué su Padre, Dios le bendiga, pero en una feria de Carneros, que se venga á emparejar con él un atajo de Padres Persentados; porque, por fin y por postre, de todo se sirve Dios. Acabada esta letanía, echóse á pechos el vaso, que era de mediano portante, y, bolcándole boca á baxo sobre la salvilla, él sep. 183 dexó caer en un banco, repantigándose en él con mucha autoridad.

9. Cayó muy en gracia al bueno del Maestro Prudencio toda esta introduccion, y, como era de genio bondadoso y tan apacible, le dixo con mucho agrado: Buen provecho, Tio; como se llama? — Bastian Borrego, para servir á su ausencia, respondió el Labrador (y al decir esto, hizo ademan de levantarse un poco la montera). — «Por muchos años, en vida y salud de su muger y de sus hijos, si los tiene,» continuó Fray Prudencio. — Y como unas froles, aunque parezca mal que yo lo diga, replicó el Tio Bastian, especialmente uno que tengo vestido con el Habitico de San Juan de Dios, de estos que llaman Flayres Gaspachos,[34] déxelo su usandíssima, esso es bobada. — «Con que el Tio Bastian, prosiguió el Padre Maestro, es Mayordomo de Santa Orosia?» — Y tambien lo juí, respondió Borrego, de la Cofradía del Santíssimo, y serví la de la Cruz, y la de las Animas, y ahora solo me falta, que me echen á cuestas la de San Roque, que no dexarán de hacerlo, porque para los probes se hicieron los trabajos. — «Segun esso, tiene por trabajo el servir á los Santos», replicó el Padre Maestro. — A los Santos, Padre nuestro, güeno es servirlos; pero el caso es, que, segun mi corto maginamiento, en estas Mayordomías de mis pecados se sirve poco á los Santos, y mucho á los Cofrades. Y si no, dígame su Reverencia: se servirá mucho á los Santos, en que un probe como yo gaste en cada una de estas Mayordomías sesenta rales en vino, veinte en tortada, diez en avellanas, todo para dar la charidad á los Cofrades; sin contar la cera, ni la comida á los Señores Sacerdotes, ni la limosna del Padre Perdicador; que todo junto hace subir la roncha á mas de ciento y veinte rales? Ya la cera, la limosna del Sermon, y aunque digamos tambien la comida de los Curas, passe, porque todo esto parece cosa de Igresia; pero el vino de los Cofrades, que hay hombre que se mama dos quartillas! la tortada, y las avellanas para yesca! Y añada su Trinidad el bayle por la tarde á la puerta del Mayordomo, que dura hasta muy entrada la noche; y mas, si toca el tamboritero el son, que se llama el espanta-pulgas. Querráme decir su Usandíssima, que de esto se sirve Dios, ni los Santos?

10. — «De esso no creeré yo, que se sirvan mucho, respondió Fray Prudencio, y por lo mismo estoy tambien mal con ello. Pero, si el Tio Bastian conoce, que las Mayordomías y las Cofradías se vienen á reducir á essas borracheras, para qué entra en ellas?» — Para qué entra en ellas? güena pregunta! Bien se conoce, que su Ausencia está metido allá con sus libros, y no sabe lo que passa en el mundo.p. 184 Padre nuestro, en los Lugares es preciso entrar en todas las Cofradías, porque es preciso, y no digo mas, que al güen entendedor pocas palabras. Juera de esta razon, que pesa un quintal, viene un Flayre, y pondera tanto las undulgencias de una Cofradía; viene otro, y perdica tantas cosas sobre los suflagios, que hace la otra por sus defuntos, que, si un hombre no los cree, le llevan, qué sé yo adonde? y, si los cree, y no lo hace, le tienen por Judío.

11. — «Pero, aunque entre en las Cofradías, replicó Fray Prudencio, no le pueden obligar á que sea Mayordomo.» — No me pueden obligar? respondió el Tio Borrego: Si usa Charidad no sabe mas de Tulugía que de Cofradías, no trueco mi cencia por toda la suya. Qué razon avrá divina ni humana, para que, haviendo yo bebido el vino y comido el turron de los demas Cofrades, no beban y coman ellos el mio? Amen de esso, si entro á la parte en los suflagios y en las undulgencias, tambien tengo á entrar en los gastos. Pues qué? no hay mas que entrar uno Cofrade, morir bien ó mal, como Dios le ayudasse, irse al Pulgatorio, y salir luego de él de mogollon y, como dicen, de bóbilis bóbilis, sin que le cueste tanto como á qualquiera otro probe? A buen bocado buen grito; lo que mucho vale mucho cuesta, donde las dan las toman, y donde no las toman no las dan.

12. — «Pero si el Cofrade se va al Infierno, replicó el Padre Maestro, de qué le sirven los sufragios, ni las indulgencias?» — Ahora sí, respondió el Tio Bastian, que su Eternidad muy Reverenda dió en el punto, y se conoce que es Tiólogo. Sin serlo yo, he puesto essa enfecultá á muchos Padres Perdicadores, y en verdad que no han sabido desenredarse bien de ella. Las Cofradías, que se reducen todas á suflagios y á undulgencias, solo sirven para los que están en gracia; mas para ponerse en ella no sirven, sino que sea por muchos arrudéos. Pues aquí de Dios y del Rey, digo yo ahora: quanto mas valen aquellas Cofradías, que llaman Conjuraciones? — «Congregaciones querrá decir, Tio Bastian», le interrumpió Fray Prudencio. — Su Usandíssima no repare en venablos ó en vucablos, prosiguió Bastian Borrego, que en entendiéndonos nos entendemos, y cada probe estornuda como Dios le ayuda. Digo, que quanto mas valen aquellas Conjuraciones ó Congrigaciones, ó lo que jueren, que obligan á escobijar la concencia, confessando y comulgando á menudo, como si dixéramos cada mes, ó los dias de las fiestas recias, que dan regras para vivir un Christiano honradamente, en las quales no hay Mayordomías, ni estos embelecos ó dimonios de charidades, y que en fin son medios para librarle á un hombre del infierno, que las otras, que lo mas mas á que tiran, es á sacarle á uno del Pulgatorio?p. 185 A esso digo yo, Padre nuestro, que, una vez metido en el Pulgatorio, tarde ó templano yo saldré de él, pero in Enferno mula es enrentio, y en verdá, que no me han de sacar de él los oficios de Animas, que hace la Cofradía por los Cofrades enfuntos.

13. Grandíssimo gusto le daba al bueno del Padre Maestro la conversacion del Tio Bastian, porque, en medio de sus charras explicaderas, descubria, que era hombre de humor y de entendimiento. Assí pues, deseoso de oírle hablar mas, le preguntó, quien havia fundado en Jaca la chica, ó en Jacarilla, la Cofradía de Santa Orosia, porque le parecia cosa extraordinaria; puesto que, aunque havia visto muchas Cofradías del Sacramento, de las Animas, de San Roque, y de San Blas, y de algunos otros Santos, pero que de Santa Orosia nunca la havia visto ni oído, atento á que esta Santa, aunque tan grande, era poco conocida en Castilla. A esso responderé, Esentíssimo Padre, dixo el Tio Bastian, (y á este tiempo tomó un polvo de la caxa que á tal punto abrió el Padre Maestro,) que en cada Villa su maravilla, y cada ladron tiene su Santo de devocion. El Cura de mi Lugar es Aragonés, nacido y bautizado en la Zuidá de Jaca, que dicen está allá junto á tierra de Moros y de camino quiero, que sepa su Ausencia, que no quiere, que le llamemos Señor Guillen (que este es el apellido de su alcurnia), sino Mosen Guillen, porque dis q’así s’usa en su tierra; y al enprencipio cierto que todos nos riamos muchíssimo, porque esto de Mosen nos olia á cosa de Moyses. — «No (le interrumpió el Padre Maestro): es voz muy antigua de la Lengua Castellana, tomada de la Arábiga, para explicar mi señor, y se ha conservado en Aragon, como por distintivo y mayor respeto de los Señores Sacerdotes.» — Pues, este tal Cura (prosiguió el Tio Borrego) es un Santo (assí lo juera yo delante de la cara de Dios), y, porque dizque en la Zuidá de Jaca, donde él nació, tienen grandíssima devocion con Santa Orosia, que es su Patrona, él tambien se la tiene; y, como mi Lugar se llama Jaca la chica, nos perdicó en un Sermon (válgame Dios, y qué Sermon nos perdicó!), que seria güeno, que tuviesse la misma Patrona, que Jaca la grande, porque Dios y los Santos no reparan en estaturas; y para esto me acuerdo, que traxo allá un tiesto de Isabel, quando unció por Rey á David. — «Samuel diria el Cura», interrumpió el Maestro Prudencio. — Samuel ó Isabel, que para lo de Dios todo es uno, prosiguió el Tio Borrego, á quien dixo su Magestá, que no mirasse en su estatura si era grande ó chica, y luego lo dixo en latin tan craro y tan clavado, que lo entendió hasta la mi Coneja, que assí se llama mi muger Barthola Conejo, para servir á Dios y á su Eternidad. Enp. 186 fin, tantas y tales cosas nos dixo de la groriosa Santa, que se juntó aquel mismo dia el Concejo, y allí encontinenti votamos todos, que havia de ser Patrona del Lugar; y de mas á mas fundamos una Cofradía, en que entraron casi todos los vecinos; y por fin y por proste hicimos todos obrigacion ante el Fiel de Fechos de hacer todos los años á la bendita Santa una fiesta, que, déxelo señor, no la hay mas célebre en toda la redonda; y, como digo, cada Mayordomo se esmera en traer el Perdicador mas famoso de toda la tierra; y ansí en los tres años c’a que se fundó la Cofradía, el primero perdicó un Padre Enfinidor, que se perdia de vista; el sigundo uno de estos Padres gordos, que se llaman… que se llaman… válate Dios, como se llaman! se llaman Padres… Padres… es ansina una cosa á manera de gubilete. — «Padres Jubilados», dixo el Maestro Prudencio. — Sí, un Padre Jibalado, continuó el Tio Borrego, y en verdá que era una Aguila: y este año, que es el tercero y á mí me ha tocado ser mayordomo, luego puse los ojos en nuestro Padre Fray Bras, porque, desde que le oí el Sermon de San Benito del Otero en Cevico de la Torre, al memento le eché el ojo, y dixe acá para mi sayo: ya te veo que eres Garza, y, como yo sirva alguna Cofradía, no se me escapará este pájaro.

14. A este tiempo entró el Granjero con la comida, y ya le pesaba al Maestro Prudencio haverle dado tanta prisa para que los despachasse, porque iba tomando gran gusto á la conversacion del Tio Bastian. No obstante, como le hacian mayor fuerza los inconvenientes, que temia, de que el Predicador mayor y Fray Gerundio hablassen á solas y despacio, llevó adelante su primera idéa, de que comiessen presto y despedir á los huéspedes luego que comiessen; y assí dió órden al Lego, para que, miéntras ellos tomaban un bocado, echasse un pienso á las Cavallerías.

15. Durante la comida, preguntó el Padre Maestro al Tio Borrego, como se entendian los Predicadores para predicar de una Santa, de quien havia tan pocas noticias en Castilla? A esso, Padre nuestro, respondió el Tio Bastian, ya nuestro Cura da providencia; porque ha de saber su Excelentíssima, que le umbiaron de Jaca un rimero de Sermones como assí, (y levantó la mano derecha como media vara), todos imprimidos, que es un pasmo. Parece á ser que estos Sermones todos son exemprales, ó como se llaman, de uno que compuso un Flayre á la Señora Santa Orosia, para predicarle en la Zuidá de Jaca, y que al cabo no le perdicó allá, no sé por qué tracamundanas, y corre ve y díles, que dubió de haver habido. En fin el Flayre, que dicen era hombre encercunstanciado y de los mas guapos Perdicadores que haviap. 187 en aquellas tierras, aunque no perdicó el Sermon, le imprimió, y, porque tiene grande amistad con el señor Cura, le umbió el rimero que dixe; y el señor Cura, luego que sale Mayordomo de la Cofradía, le da un exemprar, para que se lo entregue al Perdicador que nombrare, y le sirva, como dicen, de pautero. Pero á la salú de su ausencia, esentíssimo Padre, y mojemos la palabra; y echóse á pechos un vaso de á quartillo.

16. — «Buen provecho, Tio Bastian, respondió el Maestro Prudencio, y continuó diciendo: Sin duda que esse Sermon debe ser muy especial, y que traherá grandes noticias de Santa Orosia.» — Yo, Padre nuestro, prosiguió el buen Borrego, limpiándose los vigotes y relamiéndose el trago, soy un probe simpre, que no sé leer ni escribir, y no lo entiendo; pero un hijo mio, que es un lince, pues no tiene mas que diez y ocho años, y ya anda por processo, nos le leyó una noche á la mi Coneja y á mí, y nos pareció que decia unas cosas muy hondas. Ello es empusible de Dios, que no sea uno de los mas estupendíssimos Sermones, que se han perdicado en el mundo; porque vea usa Trinidad, sobre que anda de letra de molde y se ha empremido! Pero, si su Caridá gusta de leerle, dexe, que yo pediré uno á Mosen Guillen, y se le traeré, quando guelva á dexar en su Convento nuestro Padre Perdicador mayor.

17. — «No es menester, replicó Fray Blas, que yo daré á V. Paternidad el que me presentó el señor Mayordomo, que ahí le traigo en la alforja, porque me embelesa tanto su lectura, que no acierto á dexarle de la mano, y de puro leerle casi le he aprendido de memoria. Es de los grandes Sermones que he leído en mi vida.» — «Y toca todas las circunstancias?» preguntó entónces Fray Gerundio. — «Déxame echar un trago á la salud de nuestro Padre Maestro, y despues te responderé.» Bebió Fray Blas otro vaso de vino, que estaba á nivel con el de su Mayordomo, limpióse con sosiego y con autoridad, y prosiguió diciendo: «qué llama si toca todas las circunstancias? No dexa una, que no toque; pero como? Toca el sitio donde está fabricada la Iglesia de Jaca; toca su Escudo de Armas; toca el del Señor Obispo, que era á la sazon; toca el número de los Regidores de la Ciudad, toca el de las mugeres, que en otro tiempo la defendieron contra los Moros; y, aunque es verdad, que ninguno oyó el Sermon, porque no se predicó, pero, como le compuso para que le oyessen, toca el número sin número de los que pudieran oírle; y finalmente toca hasta el de los que llevaban el palio, que eran ocho. Y todo con unos textos tan oportunos, tan adequados, y tan literales, que no hay mas que pedir, y parecia impossible, que ingenio mortal pudiesse llegar á tanto. Estop. 188 es predicar, ó esto es componer Sermones! que todo lo demas es paja.» Y casi fuera de sí dió una palmada en la mesa, tan recia que faltó poco, para que vasos, salvilla, y jarro diessen en tierra; y lo que es el jarro, assegura un Autor fidedigno, que huviera caído al suelo, á no haverse abrazado prontamente con él, al tiempo de bolcarse, el vigilantíssimo Sebastian Borrego.

18. Siglos se le hacian al bendito Fray Gerundio los instantes, que tardaba en leer un Sermon, que ponderaba tanto un hombre como el Padre Fray Blas, á quien él tenia por el mayor espanta-pueblos, que conocian los Púlpitos de aquel Siglo. Rebentando estaba por pedírsele, y ya tenia en el borde de los labios las palabras, quando le contuvo el respeto del Padre Maestro, á quien ya el otro se le havia ofrecido; y tambien fué parte para detenerle un poco de miedo que le havia cobrado, hasta saber qué dictámen formaba del tal Sermon su Paternidad, y mas que le notó no sé qué gestos displicentes, miéntras Fray Blas estaba ponderando el primor y la menudencia, con que se tocaban en él todas las circunstancias.

19. Con efecto, al machucho del Padre Maestro Fr. Prudencio le havia dissonado tanto esto, que prorrumpió diciendo: «Aceto el Sermon, que me ofrece el Padre Predicador, no mas que para divertirme con él y compadecerme del que le compuso; pues por lo demas, supuesto lo que el Padre Predicador dice, no necessito leerle para juzgar desde luego, que será un texido de despropósitos, de disparates, y de puerilidades, sin que tenga de Sermon mas que el título y el thema. Sermones de circunstancias, y de tales circunstancias! No se ha inventado locura mayor, mas torpe, mas indigna de la Cáthedra del Espíritu Santo, ni que mas acredite la mala cabeza del Predicador, el depravado gusto de los oyentes, y la lastimosa ignorancia, que hay en unos y en otros, de lo que es verdadera eloquencia. Solo en España se estila esta vergonzosa necedad; y aun en España no se introduxo hasta mas de la mitad del Siglo passado, en que comenzaron á profanar el Púlpito con estas ridículas indecencias unos títeres ó unos Poetuelas en prosa, á quienes la ignorancia del vulgo aclamó por grandes Predicadores. No se me señalará ni un solo Sermon de estos, que se llaman circunstanciados, que sea de data mas antigua. Todas las Naciones extrangeras hacen una gran burla de nosotros, (y lo peor del caso es, que la tenemos bien merecida,) por esta impertinente, loca, y pueril extravagancia.»

20. «Sermon de circunstancias! Pues, acaso hay otra circunstancia en el Sermon, que la de predicar del Santo, del mysterio, ó del assunto de que se habla? Qué conexion tienep. 189 con las virtudes de Santa Orosia, que la Cathedral de Jaca esté en este sitio ni en el otro, y se llame assí ó asá? que las armas del Obispo sean un Leon ó un Abestruz? que la Iglesia Cathedral tenga por escudo dos llaves con dos puertas ó dos arcas sin cerradura? que los Regidores sean nueve, ó sean veinte? que lleven el palio ocho ni ochenta? y finalmente, qué arte ni parte tuvo Santa Orosia, ni qué gloria se la sigue, de que las mugeres Jaquetanas huviessen defendido la Ciudad contra los Moros, quando esta hazaña sucedió muchos años ántes, que huviesse Santa Orosia en el mundo? Conduce nada de esto para formar un gran concepto del mérito de la Santa, una grande idéa de su poder, una viva confianza en su proteccion, ni para alentar á la imitacion de sus heróycas virtudes, que es ó debe ser todo el empeño de los Sermones Panegýricos?»

21. «Los Maestros de la Eloquencia Sagrada, ni aun profana, usaron jamas estas impertinencias? Hállase por ventura ni un remoto rasgo de ellas en los Sermones, en las Homilias, en los Panegýricos de los Santos Padres? Ciceron y Quintiliano hicieron nunca assunto de semejantes vagatelas? Si un Abogado se introduxesse en Estrados públicos á hablar en un pleyto, haciendo circunstancia de las armas del Presidente, de los Escudos de los Jueces, del Dosel de la Sala, del artesonado de la pieza, y de otras necedades semejantes, habria paciencia para dexarle acabar su harenga? y no dispondrian luego que fuesse á concluírla á los Orates? Pues aquí de Dios y de la razon: como se sufre esto en los Predicadores? como se les aplaude? como se les celebra? como no se convierten en sylvos los elogios? y como no vuelan contra ellos los sombreros y las monteras, á falta de tronchos? Pero esto era para mas despacio, y tampoco es para aquí. Ahora, pues, ustedes han acabado ya de comer, y tienen que andar cinco leguas hasta Jacarilla; Fray Gregorio saca las Cavallerías; Fray Blas, déxeme esse Sermon para entretenerme, y no hay que perder tiempo, que se va haciendo tarde.»

22. Por mal de sus pecados, al querer levantarse de la mesa el bueno del Mayordomo, no pudo, porque le pesaba mas la cabeza, que lo restante del cuerpo. Era el caso, que, miéntras el zeloso Fray Prudencio havia estado tan enardecido predicando contra los Predicadores, que perdian neciamente el tiempo en hacerse cargo de ridículas circunstancias, el Tio Bastian no le havia perdido, y menudeando los tragos, que todos eran de á folio, el vino hizo su oficio; y, quando quiso ponerse en pié, cayó entre la mesa y el banco, teniendo la desgracia de tropezar con la cabeza en la esquina de este, y se hizo una herida, que parecia una espita. No huvo masp. 190 remedio, que aplicarle una estopada, llevarle entre quatro Mozos de la Labranza á la cama, y darle tiempo hasta el dia siguiente para que volviesse del rapto.

23. Mucho sintió este accidente el Maestro Prudencio, porque ya era preciso, que á lo ménos aquella tarde estuviessen juntos el Predicador y Fray Gerundio, y temia, que aquel echasse á perder lo que juzgaba havia adelantado por la mañana. Viendo que ya no tenia otro remedio, propuso en su ánimo no dexarlos ni un instante solos; y, quando estaba trazando el modo de tenerlos entretenidos, el mal Dimoño, que no duerme, dispuso, que en aquel instante viniesse á visitarle el Arcipreste del Partido, que era Cura de un Lugar poco distante de la Granja, y, despues de hechos los primeros cumplidos, dixo, que, con licencia de aquellos Padres, trahia algunos casos que consultar en secreto con su Reverendíssima.

CAPITULO II.
Sálense á passear Fray Blas y Fray Gerundio, y de las ridículas reglas para predicar, que le dió aquel con todos sus cinco sentidos.

Ellos, que no deseaban otra cosa, sin aguardar á mas razones, toman los báculos y los sombreros, y sálense solos al campo, bien resueltos á no volver á la Granja hasta muy entrada la noche. Quiso ante todas cosas el Predicador mayor leer luego á su querido Sabatino el Sermon, que havia de predicar á Santa Orosia, y le llevaba en el pecho, entre el coletillo y la saya del hábito, assegurándole, que era de los Sermones mas á su gusto, que havia compuesto hasta entónces. Pero Fray Gerundio le dixo, que para leer el Sermon ya habria tiempo, y que en aquella tarde tenia mil cosas que decirle, las quales no querria, que se le olvidassen: especialmente que, como la ocasion es calva, era menester cogerla por los cabellos, pues acaso no pillarian otra semejante en mucho tiempo. Espetóle toda la conversacion, que havia tenido por la mañana con el Padre Maestro, lo que le havia dicho acerca de las Facultades, en que debia estar, por lo ménos, medianamente instruído todo buen Orador; la necessaria lectura de los Santos Padres, y, á falta de esta, el modo de suplirla con la leccion atenta de buenos y escogidos Sermonarios; los que determinadamente le havia señalado que eran los de Santo Thomas de Villanueva, Fray Luis de Granada, y el Padre Vieyra; y finalmente las reglas, que, á petip. 191cion suya, havia ofrecido darle para predicar bien todo género de Sermones.

2. «Y á tí, qué te pareció de todo lo que te dixo esse Santo viejo?» le preguntó Fray Blas. — «Qué quiere Vm. que me pareciesse? le respondió Fr. Gerundio, que todos los viejos saben á la pez, y que en fin los viejos no dicen mas que vejeces.» — «Ahora bien, le replicó Fray Blas, escusemos de razones, porque contra experiencia no hay razon, y, para que veas quan sin ella habla esse Santo hombre, oye un argumento sencillo, pero convincente. Yo no he estudiado ninguna de essas Facultades, que te dixo eran tan necessarias para ser uno buen Predicador. Yo no he leído de los Santos Padres mas que lo que encuentro de ellos en las lecciones del Breviario, y en los Sermones sueltos, que se me vienen á las manos, ó en los Sermonarios, de que uso. Yo no sé, que haya visto, ni aun por el pergamino, los Sermones de Santo Thomas de Villanueva; por lo que toca á los de Fray Luis de Granada, lléveme el Diablo, si en mi vida he leído ni siquiera un renglon; y solo de Vieyra he leído algunos Sermones, porque me gustan mucho sus agudezas. Siendo esto assí, te pregunto ahora: parécete en Dios y en tu conciencia, que predico yo decentemente?» — «Qué llama decentemente? replicó con viveza Fray Gerundio, yo en mi vida he oído, ni espero oír á otro Predicador semejante.» — «Luego, para predicar bien (concluyó Fray Blas), no es menester nada de esso, que te quiso encajar el antaño de Fray Prudencio.»

3. — «El argumento no tiene respuesta, dixo el candidíssimo Fray Gerundio; y assí desde ahora le doy á Vm. palabra de no hacer caso de todo quanto me diga. Mi Guia, mi Ayo, mi Maestro, y, como dicen, mi Padrino de Púlpito ha de ser Vm.; sus consejos han de ser mis oráculos, sus lecciones mis preceptos, y no me apartaré un punto de lo que Vm. me enseñare. Assí pues, ya que la tarde es larga y la ocasion no puede ser mas á pedir de boca, deme Vm. algunas reglas claras, breves, y perceptibles, de manera que yo las pueda conservar en la memoria, para componer bien todo género de Sermones; porque, aunque muchas veces hemos hablado, ya de este, ya de aquel punto tocante á la materia, pero nunca le hemos tratado seguidamente y, como dicen, por principios.» — «Soy contento, respondió el Predicador, y óyeme con atencion, sin interrumpirme.»

4. «Primera regla: eleccion de Libros. Todo buen Predicador ha de tener en la Celda, ó á lo ménos en la Librería del Convento, los Libros siguientes: Biblia, Concordancias, Polianthéa, ó el Theatrum vitæ humanæ de Beyerlink, Theatro de los Dioses, los Fastos de Másculo, ó el Kalendariop. 192 Ethnico de Mafejan, la Mythología de Natal Cómite, Aulo Gelio, el Mundo Symbólico de Picinelo; y sobre todo, los Poetas Virgilio, Ovidio, Marcial, Catulo, y Horacio; de Sermonarios no ha menester mas, que el Florilegio Sacro, cuyo Autor ya sabes quien es, porque en esse solo tiene una India.»

5. «Segunda regla.» — «Tenga Vm., le interrumpió Fr. Gerundio; y no será bueno añadir algun Expositor ó Santo Padre?» — «No seas simple, le respondió Fray Blas, para nada son menester. Quando quieras apoyar algun concepto ó pensamientillo tuyo con autoridad de algun Santo Padre, dí que assí lo dixo el Aguila de los Doctores, assí la Boca de Oro, assí el Panal de Milan, assí el Oráculo de Seleucia, y pon en boca de San Agustin, de San Juan Chrysóstomo, de San Ambrosio, ó de San Basilio, lo que te pareciere: lo primero, porque ninguno ha de ir á cotejar la cita; y lo segundo, porque, aunque á los Santos Padres no los huviesse passado por el pensamiento decir lo que tú dices, pudo passarlos. Por lo que toca á los Expositores, no hagas caso de ellos, y expon tú la Escritura como te diere la gana, ó como te viniere mas á quento; porque tanta autoridad tienes tú como ellos para interpretarla. Que Cornelio diga esto, que diga lo otro Barradas, que Maldonado piense assí, ni que el Abulense discurra asá, á tí qué te importa? Cada qual tiene sus dos deditos de frente, como el Señor le ha deparado. Y en fin, porque me hago cargo de que para parecer hombre leído y escriturario es menester citar á muchos Expositores, no te quito, que los cites quando te diere la gana, ántes te aconsejo, que los cites á puñados; pero para citarlos no es necessario leerlos, y haz con ellos lo que te dixe que hiciesses con los Santos Padres. Prohíjales lo que quisieres, teniendo gran cuydado de que el Latin no salga con solecismos; por mí la quenta, si te lo conocieren en la cara. Un solo Expositor te aconsejo, que tengas siempre á la mano: este es el Silveyra, porque es cosa admirable para un apuro; y, si se te antojare probar, que la noche es dia, y que lo blanco es negro, harto será, que no encuentres en él con que apoyarlo.»

6. «Tercera regla. El título ó assunto del Sermon sea siempre de chiste, ó por lo retumbante, ó por lo cómico, ó por lo facultativo, ó por algun retruecanillo. Pondréte algunos exemplares, para que me entiendas mejor. Triunfo amoroso, Sacro Hymenéo, Epithalamio festivo, etc. Sermon que se predicó á la Profession de cierta Religiosa; por señas, que en el primer punto la hizo el Predicador Ciervo, y en el segundo Leon, dos animales, que se registran en el Escudo de su familia. Estos son títulos, estos son assuntos, y esta es inventiva! Si en el blason de la señorita huviera un Hypop. 193grifo, ni mas ni ménos le huviera acomodado el Predicador á su Profession Religiosa, porque los hombres de ingenio son los verdaderos Chýmicos, que de todo sacan preciosidades. Oye otros tres admirables títulos, por términos contrarios. Parentacion dolorosa, Oracion fúnebre, Epicedio triste, en las Exequias de otra Religiosa de grande esfera; y, aunque el Orador no tomó assunto determinado, sino historiar poeticamente la vida de su Excelentíssima Heroína, lo hizo tan conforme á las reglas del arte, que en la frase jamas se apartó de él, en la cadencia apénas la pierde de vista, y tal vez le sigue exactamente hasta en la misma asonancia. Escucha, por Dios, como da principio al cuerpo de la Oracion, y pásmate, si no te quieres calificar de tronco. A Dios, Celeste Choro; á Dios, Lirios Seráficos; á Dios, amadas Hijas; á Dios, Cisnes sagrados. Qué la falta á esta cláusula para ser una perfecta redondilla de romance ordinario, sino haver hecho esdrújulo el último pié del postrer verso, como lo pudo hacer fácilmente el Reverendíssimo Orador, diciendo: á Dios, Cisnes extáticos? En verdad que nada le costaria, como nada le costó la otra perfectíssima redondilla de romance, que se sigue pocos renglones mas abaxo. Querida Esposa, á qué aguardas? Bella muger, á qué esperas? Sal de essa caduca vida, y ven á lograr la eterna.»

7. «Bien sé, que algunos monos condenan mucho en la prosa esta especie de cadencia, y mucho mas quando se junta la asonancia, queriendo persuadirnos, que tanto disuena el verso en la prosa, como la prosa en el verso. Citan para esso, entre otros muchos, á no sé qué Longino, Autor allá del Siglo de Oro, que trata de pueriles, de insensatos, y aun de rudos á los que usan de este estilo: Puerile est, imo tardi rudisque ingenii, solutam orationem in amœna versus harmonia contexere. Pero, qué importa que lo diga Longino? Ni qué caso hemos de hacer de un hombre, que acaso seria tercero ó quarto nieto del que dió la lanzada á Christo? Fuera de que Longino escribió en Griego; y los que le traduxeron en Latin y en Francés, le pudieron haver levantado mil testimonios. Finalmente, lo que á todo el mundo suena bien, por qué ha de ser disonante? Pero vamos prosiguiendo con los títulos y assuntos de Sermones.»

8. «Muger llora, y vencerás: sermon á las lágrymas de la Magdalena. Qué cosa mas divina que haver acertado á representar el amargo llanto de la muger mas penitente, con el título, y aun con los amatorios lances, de una de las Comedias mas profanas? Estos primorcillos no se hicieron para ingenios ramplones y de quatro suelas. El Lazarillo de Tormes: sermon predicado en la Domínica quarta de Quap. 194resma, llamada comunmente de Lázaro, á cierta Comunidad Religiosa; en el qual apénas hay travesura, enredo, ratería, ni truhanada de aquel famoso Pillo, ó idéa fingida de un famoso salteador de figones y mal-cocinados, que no se acomode con inimitable propiedad á la resurreccion de Lázaro, de la que hizo assunto el Predicador, dexando el propio de la Domínica, y predicando solo del nombre que se daba á aquella semana. Lo Máximo en lo Mínimo: sermon predicado á San Francisco de Paula, sin salir de este oportuno retruecanillo, que parecia nacido para el intento.»

9. «El particular in essendo, y universal in prædicando: sermon famoso al célebre Confalon de cierta Ciudad, que es el Lydius Lapis de los Predicadores de rumbo, y los Sermones suelen ser unas bellas corridas de Toros, ingeniosamente representadas desde el Púlpito, sacando á plaza todos quantos Toros, Novillos, Bueyes, y Bacas pacen en los Campos de las Letras Sagradas y profanas, y convirtiéndose el Estandarte ó Vandera del Confalon en vanderilla, que comunmente clava el auditorio al Predicador, porque no ha dado en el chiste. En fin, porque ya me voy dilatando demasiado en esta regla, si quieres tú dar en el chiste de los assuntos, no tienes mas que imitar los del celebérrimo Florilegio Sacro, que debe ser tu pauta para todo. Allí encontrarás los siguientes: Gozo del padecer, en el padecer del gozar, á los Dolores gozosos de la Vírgen. Real estado de la razon, contra la chimérica razon de estado: Viérnes de enemigos. Luz de las tinieblas, en las tinieblas de la luz, al Santíssimo Sacramento. Dicha de la desgracia, en la desgracia de la dicha, al entierro de los huessos de los difuntos; y assí de casi todos los assuntos de aquel nunca bastantemente alabado ingenio y verdaderamente monstruo de Predicadores. Si algun hombre de genio melancólico, indigesto, y cetrino quisiere persuadirte, como muchos han intentado persuadírmelo á mí, que esta especie de assuntos ó de títulos, sobre no tener sal, gracia, agudeza, ni rastro de verdadera ingeniosidad, son pueriles, alocados, y muy agenos de la seriedad, gravedad, y magestad, con que se deben tratar todas las materias en el Púlpito; nunca te metas á disputar con ellos, déxalos que abunden en su opinion, házlos una grande cortesía, y sigue tú la tuya. Porque, aun dado caso que ellos tengan razon, los que la conocen son quatro, y los que se pagan mucho de estos sonsonetes, epíthetos cómicos, antíthesis, y bocanadas, son quatrocientos mil.»

10. — «Quarta regla. Sea siempre el estilo crespo, hinchado, herizado de Latin ó de Griego, altisonante, y, si pudiere ser, cadencioso. Huye quanto pudieres de voces vulgares y comunes, aunque sean propias; porque, si el Predicador hablap. 195 desde mas alto y en voz alta, es razon que tambien sean altas las expressiones. Insigne modelo tienes en el Autor del famoso Florilegio, y solo con estudiar bien sus frases harás un estilo, que aturrulle y atolondre á tus auditorios. Al silencio, llámale taciturnidades del labio; al alabar, panegirizar; al ver, atingencia visual de los obgetos; nunca digas habitacion, que lo dice qualquier payo, dí habitáculo, y déxalo por mi cuenta; existir es vulgaridad, existencial naturaleza es cosa grande. Que la culpa original se deriva por el pecado, á cada passo lo oímos; pero, que se traduce por el fómes del pecado, si no fuere mas sonoro, á lo ménos es mas Latino y mas obscuro; y acaso no faltará algun tonto, que juzgue, que el primer pecado se cometió en Hebréo, y que un Escritor ó Literato llamado Fómes le traduxo en Castellano. Algun escrupulillo tengo, de que la proposicion (salvo la hermosura de la frase) es disparatada, porque la culpa no se deriva ó no se traduce por el pecado, sino por la naturaleza, que quedó infecta con él. Pero al fin, la verdad de esto quédese en su lugar; porque, como soy poco Theólogo, no me quiero meter en lo que no entiendo.»

11. «Guárdate bien de decir nunca la Vara de Aaron, porque juzgarán, que es la vara de algun Alcalde de Aldéa; en diciendo la Aaronítica Vara se concibe una vara de las Indias, y se eleva la imaginacion. Cecuciente naturaleza es claro que suena mejor, que naturaleza corta de vista, porque esta última expression parece que está pidiendo de limosna unos anteojos de vista cansada. Sobre todo, ignitas aras del deseo, por deseo ardiente y encendido, es locucion que embelesa. Basten estos verbi-gracias, para que sepas las frases que has de estudiar, ó á lo ménos imitar, en el Florilegio Sacro, y con esto solo harás un estilo cultíssimo por el camino mas fácil. Para que comprehendas mejor, qué cosa tan bella es esta, oye una cláusula en el mismo estilo, formada casi solamente de los propios términos: Quando la cecuciente naturaleza, superando los ignitos singultos del deseo, erumpe del materno habitáculo, y presenta su existencial ser á las atingencias visuales, aunque con la lare original traducida por el fómes, los circunstantes se erigen, qual Aaronítica Vara, ansiosos de conspicirla. Dígote de verdad, que un Sermon en este estilo, no hay oro en el mundo para pagarle.»

12. «Hay otro estilo tambien muy elevado, aunque por diferente rumbo, el qual no consiste en frases peregrinas ó latinizadas, sino en una junta y harmoniosa mezcla de voces, que, siendo cada una de por sí natural, llana, y sencilla, las da la colocacion no sé qué ayre primoroso, que hechiza, suspende, y arrebata. Esto mejor se explica con exemplos:p. 196 supongamos, que me huviessen encargado un Sermon de Honras, y que, para explicar mi dolor por la muerte de la persona, á quien se dedicaba la Oracion fúnebre, diesse principio á ella de esta manera: Hay de mí! no sé qué siento en el alma: parece que esta se me arranca, ó forceja por salirse del cuerpo. El corazon quiere seguirla: la garganta se me añuda; la voz no acierta con los labios. A no suplir un precepto la falta del espíritu, no seria possible hablar. Los suspiros se atropellan en la boca, y al salir de tropel, mezclándose con las lágrymas, turban la vista, sin dexarla percebir mas que obgetos melancólicos y tristes. No te parece, que seria esta una grandíssima frialdad, y que á lo ménos qualquiera simple vejezuela entenderia lo que queria decir? Pues oye como explicó este mismo concepto un venerable Varon en el Exordio de aquella Parentacion dolorosa, Oracion fúnebre, y Epicedio triste, de que te hablé en la segunda regla.»

13. «Hay de mí! qué pavor recibe el alma! qué desmayo el corazon asusta! El alma fugitiva de sí misma, aun de sí misma no acierta á dar noticia; el corazon saliéndose del pecho apénas late, porque á penas de essa tumba solo pulsa; anudada la garganta, es áspero cordel el mismo aliento; desmayada la voz, halla un cariño, que las ausencias supla del espíritu, porque se ve animada de un precepto; árbitro este del balbuciente labio, confundiendo los atropellados suspiros del pecho con la copiosa lluvia de los ojos, solo libres para atormentarse con tristezas. Qué te parece? no es este un encanto? Y qué importará, que el Ilustríssimo Señor Valero, en aquella su célebre Carta Pastoral (que no sé cierto por qué la han alabado tanto los hombres mas doctos de la Monarchía), haga una sangrienta sátyra contra el estilo elevado en los Sermones, especialmente quando le usan unos hombres, que, por su profession austera y penitente, y por su trage de mortificacion, menosprecio del mundo, mortaja, y desengaño, parecia que ni en el Púlpito ni fuera de él havian de abrir la boca, sino para pronunciar huesos, calaberas, juicio final, y fuego eterno? No me acuerdo de sus palabras formales; pero bien sé que son muy semejantes á estas:»

14. «Qué es ver subir al Púlpito á un Predicador, amortajado mas que vestido, con un estrecho saco, ceñido de una soga, de que hasta el mismo tacto huye ó se retrahe; calado un largo capucho pyramidal hasta los ojos, con una prolongada barba, salpicada de canas cenicientas; el semblante medio sorbido de aquel penitente bosque, y lo demas pálido, macilento, y extenuado al rigor de los ayunos y de las vigilias; los ojos hundidos hácia las concavidades del celebro, como retirándose ellos mismos de los obgetos profanos, y gritandop. 197 mudamente: apartadnos, Señor, de la vanidad del mundo! Qué es ver, digo, á este animado esqueleto en la elevacion de un Púlpito, asustando con sola su vista aun á los que no son medrosos, proponer el thema del Sermon con magestad, arremangar el desnudo brazo, mostrar una denegrida piel sobre el duro hueso, hasta el mismo codo, y dar principio al Sermon de esta ó de semejante manera:»

15. «Bizarro propugnáculo de España, célebre Colonia Latina, idéa de Cónsules claríssimos, y gloria de los Pueblos Arévacos, qué es esto?… Qué es esto, bella emulacion del Orbe, jurada Reyna de los Carpentanos montes, en cuya ilustre falda, si la vista de dos profundos Valles te ciñe, el murmuréo de Eresma y de clamores te acompaña?… Qué es esto, Arco de paz peregrina, donde los ciento y cinquenta y nueve de tu Puente son trophéos gloriosos del que ostenta Millan en este dia, por Real florido Iris de su Cielo? Et reliqua.»

16. «No quedaria escandalizado el Auditorio (prosigue la substancia de dicho melancólico Prelado) al oír aquel viviente cadáver prorrumpir en unas voces tan pomposas, tan hinchadas, tan floridas; y, quando esperaban escuchar de unos labios emboscados en la espesura de aquella penitente barba, ó desengaños que los aterrassen, ó inflamados afectos que los encendiessen, hallarse con una relacion crespa, sonora, retumbante, la mitad en prosa, y la mitad en verso, que no pareceria mal en unas tablas? Si saliesse al Theatro un Comediante con su peluca blonda y empolvada, sombrero fino de plumage, y por cucarda un lazo de diamantes, chupa de riquíssima tela, casaca correspondiente á la chupa, medias bordadas de oro, zapatos á la gran moda, con dos lazos de brillantes por evillas, espadin de puño de oro, baston del mismo puño, camisola y vueltas de Paris, bordadas con exquisito primor; y él de estatura heróyca, de semblante grato y señoril, de talle ayroso, de bizarra planta, de noble y desembarazado despejo; y, puesto enmedio del Tablado, componiéndose las vueltas, dando dos golpecillos alhagueños hácia las caídas del peluquin ó de la peluca, proporcionando la postura, hecha una ayrosa cortesía al silencioso concurso, y calado garvosamente el sombrero, rompiesse en esta relacion:

Ahora, Señor, ahora,
Que la inexorable Parca
Quiere aplicar á mi vida
Los filos de su guadaña.
Ahora, ahora, Señor,
Que, postrado en esta cama,
Me siento tal, que no sé
Si he de llegar á mañana.
p. 198

havria bastantes sylvos para él en la mosquetería? No agotaria todas las peras, manzanas, y tronchos de la cazuela? El Alcalde de Corte, que fuesse semanero, no daria pronta providencia para que llevassen á aquel pobre hombre á la Casa de la Misericordia? Sí. Pues, á mal dar, tan loco es un Capuchino que representa en el Púlpito, como un Comediante que hace Mission en el Theatro. Y lo mismo se debe entender de qualquiera Predicador, sea de la profession que se fuere; pues el haver puesto el exemplar en un Capuchino, es por la especial disonancia que hace esta ojarasca y vana frondosidad en aquel trage.» Hasta aquí la substancia de dicho Ilustríssimo; pero qué substancia tiene todo esto? El maligno cotejo, que hace entre el Predicador y el Comediante, no viene al caso, por mas que parezca convincente; porque, si en las Tablas se representan Vidas de Santos y Autos Sacramentales en verso, por qué no se podrán predicar en los púlpitos relaciones y jácaras en prosa? Que me respondan! que me respondan á esta retorsioncilla!»

17. «Otro estilo hay, que, sin ser elevado en la expression, es de gran gusto en el sonsonete, y son pocos los Auditores, que no se alampan por él. Este es el cadencioso, diga Longino lo que quisiere, y digan lo que se les antojare todos los descendientes por linea recta de los Sayones, que dieron muerte al Salvador. El estilo cadencioso es de dos maneras: una, quando la cadencia es de verso, ya lýrico, ya heróyco; otra, quando consiste en cierta correspondencia, que tiene la segunda parte de la cláusula con la primera, como si la primera acaba en onte, que la segunda concluya en unte; si la caída de una es en irles, la de la otra sea precisamente en arles; si aquella termina en Tamborlan, esta termine en Matusalen. Los exemplos te pondrán esto mejor delante de los ojos.»

18. «Cadencia de verso lýrico. Fuera del divino exemplar, que ya te puse en el famoso Sermon, intitulado: Parentacion dolorosa, Oracion fúnebre, Epicedio triste, oye otro sacado de cierto Sermon, que se predicó con extraordinario aplauso en una Cathedral, donde hervian los hombres doctos como los garbanzos en olla de potage, y todo él fué por el mismo estilo, sin perder siquiera pié ni sílaba. Asustada mi ignorancia,… confuso mi encogimiento,… ni sé si atribuya á dicha,… ni sé si desgracia sea… la que busco en mi eleccion,… para tanto desempeño,… mil assuntos al sonrojo,… mil materiales al susto… Pues, si balbuciente el labio… se esfuerza á articular voces,… es seguro el desacierto. Dat, lingua nesciente, sonos: Y si abysmado en mí mismo,… á impulsos de conocerme,… busco en el silencio asylo,… ó es silencio irreverente,… ó es sospechoso el silencio. Silentium mihi ignaviæ tribuisti: Pero entre estos dos escollos… tenga paciencia elp. 199 Scyla,… y toléreme el Carýbdis,… que por no estrellarme ingrato,… en peñas de desatento,… escojo naufragar triste… contra rocas de ignorante. Y assí va prosiguiendo sin perderle pizca hasta el mismo quam mihi. No te puedo ponderar, quanto se celebró este Sermon: en el mismo Templo resonaron mil vítores y vivas, y despues hasta las mismas Damas compusieron décimas en elogio del Predicador. Por merecer esta dicha, y por lograr esta gloria, no se pueden llevar en paciencia todas las lanzadas de esse Longino ó Longinos de mis pecados, que tan mal está con este bellíssimo estilo?»

19. «Cadencia de verso heróyco. Un Sermon al glorioso San Ignacio de Loyola comienza de esta manera: Al Marte mas Sagrado de Cantabria;… al que en las venas del nativo suelo,… para morrion, espada, peto, y coto,… forma encontró, y materia inaccessible… A la bomba, al cañon, al rayo ardiente,… al que nació Soldado, mal me explico,… al que nació Alexandro de la gracia,… y desde que dexó el materno alvergue,… con una Compañía y con su brazo,… aspiró á conquistar á todo el mundo,… juzgando (y no tan mal) que le sobraba,… la mitad de la tropa, y mucho aliento… Al grande Ignacio, digo, de Loyola,… reverentes consagran estos cultos,… émulos de su fuego sus Paysanos, etc. Asseguróme uno, que se halló presente, quando se predicó este gran Sermon, que, no obstante de ser immenso el Auditorio, no se oyó en todo él ni siquiera un estornido. Tanta era la suspension de los ánimos, y el embeleso con que todos le escuchaban. Pues, qué caso hemos de hacer de quatro carcuezos, que, porque ellos tengan ya el gusto destituído del calor natural, nos vengan á jerobear la paciencia, y á decirnos que este estilo y modo de predicar no es de Oradores, sino de Orates?»

20. «Finalmente, hay cadencia, que, sin ser de verso lýrico ni heróyco, es de correspondencia de períodos, y no hay duda, sino que es una belleza. Admirable exemplo en un Sermon predicado con sobrepelliz y bonete, á la Canonizacion de San Pio Quinto. Su principio era este: «Ya, ya sé á quienes intima fatales sobresaltos el eco de estos sonoros universales cultos. Ya, ya sé que el apothéosis del Máximo Pontífice Pio Quinto inquieta, alborota, turba sus erizadas olas al Lepanto. Ya, ya sé que el eco del sonoro clarin del Vaticano desmaya, estremece, atemoriza el orgulloso corazon del Agareno.» Y assí va prosiguiendo, sin que en todo el Sermon (que no es corto) se encuentre media docena de cláusulas, que no medien y no terminen en este ayrosíssimo sonsonete. Díme, amigo Fray Gerundio, no te embelesan estos diferentes géneros de estilo? No te hechizan? Y no es menester, que tengan unos oídos con todo el órgano al revés, aquellos áp. 200 quienes disuenan?» Ibale á responder Fray Gerundio, á tiempo que llegó á ellos corriendo y exhalado un mozo de la Granja, diciendo, que el Padre Maestro los llamaba, porque el Arcipreste havia hecho su visita, acabado su consulta, y se havia vuelto á su casa.

21. No es ponderable quanto sintieron uno y otro, que se les interrumpiesse la conversacion, porque havia tela cortada para muchas horas. Pero, no pudiendo escusarse de acudir al llamamiento de nuestro Padre, tuvieron que volverse á la Casa, dexando dentellones de la obra para proseguirla en mejor ocasion. No obstante, por el camino, en que no aceleraron mucho el passo, Fray Blas volvió á repetir brevemente las mismas lecciones á su discípulo, para que se le imprimiessen mas en la memoria, y añadió, que todavía tenia que darle otras reglas muy importantes acerca de las partes mas essenciales de que se compone un Sermon, como de las entradillas, ó de los arranques, de las circunstancias en la Salutacion, que, diga nuestro Padre, ni un Capítulo entero de Padres nuestros, lo que se les antojare, son la cosa mas necessaria, la mas oportuna, la mas ingeniosa, y la que mas acredita á un Predicador; del elogio de los otros Predicadores, en funciones de Octava ó fiestas de Canonizacion, quando han precedido ó se han de subseguir otros Sermones; del modo de disponer y de guisar estos elogios; de la clave para encontrar en la Sagrada Escritura y en las letras profanas el nombre ó el oficio de los Mayordomos, y muchas veces todo junto; del uso de la Mythología, de las Fábulas, de los Emblemas, y de los Poetas antiguos, cosa que ameniza infinitamente una Oracion; de los assuntos figurados ó metaphóricos, tomándolos ya de los Planetas, ya de los metales, ya de las plantas, ya de los brutos, ya de los peces, ya de las aves. Como v. gr. llamar á Cristo en el Sacramento el Sol sin Ocaso, ó el Sol que nunca se pone; á San Juan Chrysóstomo el Potosí de la Iglesia, aludiendo á las minas del Potosí, y á que Chrysóstomo quiere decir Boca de Oro; á Santo Domingo la Canícula en su tiempo, con alusion al Perro que le figuró en el seno materno, y á que la fiesta del Santo se celebra en la Canícula; á Santa Rosa de Lima la Rosa de la Passion; á San Francisco Xavier el Eleutropio Sagrado, ó el divino Girasol, porque siguió con sus passos al Planeta, que, dicen, sigue esta planta con su vista, y assí de los demas.

22. — «Estas y otras mil cosas tenia que decirte, pero lo que se dilata no se quita, y los mismos Sermones, que vayas predicando, me irán dando oportunidad para decírtelas. Lo que ahora te encargo es, que no hagas caso de las maximotas de nuestro Padre Maestro Fray Prudencio, ni de las de otrosp. 201 de su calaña, porque estos hombres tienen tan arrugado el gusto como la piel, y solamente les agradan aquellos Sermones, que se parecen á los de los Theatinos, infierno por delante, y Christo en mano.» Dióle palabra Fray Gerundio, de que no se apartaria un punto de sus consejos, de sus principios, y de sus máximas; y con esto entraron en la Granja, donde passó lo que dirá el capítulo siguiente.

CAPITULO III.
Lee el Maestro Prudencio el Sermon de Santa Orosia; da con esta ocasion admirables instrucciones á Fray Gerundio, pero se rompe inútilmente la cabeza.

No era tan temprano, quando los dos volvieron á la Granja, que no hallassen al Maestro Prudencio con el belon encendido, montados los anteojos en la punta de la nariz, con el Sermon de Santa Orosia delante de sí, un polvo en una mano, reclinada la cabeza sobre la otra, la caja abierta encima de la mesa, y el gesto un si es no es avinagrado. Y fué assí, que, como el Predicador Fray Blas le havia dicho, que llevaba el Sermon de Santa Orosia en las alforjas, y se le havia ofrecido, él, luego que montó el Arcipreste, y apénas acabó de rezar Maytines y Laudes para el dia siguiente, quando con la licencia de anciano y con la autoridad de Padre Maestro registró las alforjas, dió con el tal Sermon á poco escrutinio, y se puso á leerle. Pero á la primera cláusula fué tal el enfado que le causó, que, á no haverle contenido su genio blando y apacible, le huviera hecho pedazos.

2. Apénas avistó en la sala á los dos passeantes, quando, encarando con Fray Blas, le dixo, no sin alguna colerilla: «Dígame, Padre Predicador, y es possible, que me alabasse tanto este Sermon de Santa Orosia? Ya por su misma relacion sospechaba yo lo que seria; ya me daba el corazon, que no havia de encontrar en él mas que necedades y disparates; pero confiesso, que nunca creí encontrar tantos. Yo no sé, por qué motivo no le predicó el Orador; solo sé, que, si yo huviera de dar licencia para predicarle, tarde le predicaria.» — «Padre Maestro, respondió el Predicador, entre entonado y desdeñoso, alabé esse Sermon, y vuelvo á alabarle, y digo, que son pocos todos mis elogios para los que él merece.» — «Pues dígame, pecador de mí, le replicó el Maestro Prudencio; no basta la primera cláusula para calificar al Autor de un pobre botarate? Señores, estamos en Jaca, ó en la Gloria?p. 202 Todo el chiste de esta pueril y ridícula entradilla consiste en que es muy parecida á aquella vulgaridad de chimenéa y bodegon: Señores, estamos aquí, ó en Jauja? Miren por Dios, qué arranque tan oportuno para dar principio á una Oracion Sagrada, y en un Theatro tan sério! Vamos adelante. Pero quien duda estamos en la Gloria, estando en Jaca? Porque, si el sitio de la Gloria es el Cielo, hoy es un Cielo este sitio. Puede haver retruecanillos mas insulsos, ni paloteado de voces mas insubstancial?»

3. «Y como probará, que la Iglesia de Jaca se equivoca con el Cielo? Valiéndose de un embrollo de embrollos, sin atar ni desatar, y confundiendo el Cielo material con la Gloria, como á él le parece, que le viene mas á cuento. Dice, que es un Cielo aquella Iglesia, lo primero, porque la Gloria se llama Iglesia Triunfante, y es Iglesia Triunfante la de Jaca, porque en el sitio que ocupa se ganó una victoria contra los Moros, y desde entónces se llamó el Campo de la Victoria. Por esta cuenta, tambien la famosa Mezquita de Damasco se pudiera llamar Mezquita triunfante, pues en ella ganaron los Moros una victoria contra los Christianos. Despropósito ridículo, y extravagante acepcion de la Iglesia Triunfante! Que no se llama assí, porque huviesse sido Campo de batalla ni de victoria de los Santos, que la componen, sino porque triunfan allí de lo que pelearon acá. Y no ha dexado de caerme muy en gracia, que, para probar la trivialíssima vulgaridad, de que el Cielo se llama Iglesia Triunfante, embarra la márgen con una prolixa cita de Silveyra, notando el tomo, el libro, el capítulo, la exposicion, y el número, muy parecido al otro tontarron de Predicador, que decia: Humilitas llamó profundamente mi Padre San Bernardo á la humildad, como lo puede notar el curioso en sus Libros de Consideracion al Papa Eugenio.»

4. «La segunda prueba de que la Iglesia de Jaca es un Cielo, es, porque el Sol es Presidente del Cielo, al Sol le llaman Mytra los Persas, el domicilio del Sol es el Signo de Leon, y el Señor Obispo de Jaca tiene Mitra, y un Leon por Escudo de Armas. Por esta regla, mas Cielos hay de tejas abaxo que de tejas arriba, porque de tejas arriba solo se cuentan once, y acá podremos contar mas de once mil, siendo cosa averiguada, que todas las Iglesias Cathedrales tienen Obispo, todos los Obispos tienen Mitra, y, si el Persa llama Mitra al Sol, tenemos acá abaxo tantos Soles como Obispos, y tantos Cielos como Iglesias Cathedrales. Vamos claros, que la prueba es ingeniosa, sútil, y terminante. Y qué nos querrá decir el Padre Doctor Predicador, en que el Signo de Leon es el domicilio del Sol? Si quiere decir, que aquella es su casa propia ó alquilada, donde vive de assiento, que essop. 203 significa domicilio, es un despropósito, de que se reirá qualquiera Ventero, que tenga en el portal de la Venta, junto al papel de la tassa, un miserable almanak. Si le llama domicilio del Sol, porque este brillante Postillon del Cielo, en su jornada anual, hace mansion por algunos dias en la Venta, ó en la Casa imaginaria de este Signo, para dar cebada de luz á sus Caballos: tan domicilio del Sol es el Signo de Cabra, como el Signo de Leon, y qualquiera de los otros onze Signos, donde descansa este Planeta, tiene el mismo derecho para llamarse su domicilio.»

5. «Tercera prueba. La Iglesia de Jaca es Cielo, porque el Cielo se llama Tyara, y Cartario dice, que tiene dos puertas con dos llaves: Las Armas de la Cathedral de Jaca son dos Llaves y una Tyara: pues aquí, qué tenemos que hacer, para declararla por Cielo con autoridad de Cartario? Pobre monigote? Todas las Iglesias, que no tienen Escudo de Armas particular, usan el de la Iglesia de Roma, que es una Tyara con dos Llaves, en significacion de su jurisdiccion, ó potestad Espiritual y Temporal, y para significar dichas Iglesias particulares, que no tienen otro Patrono que al Pontífice, y que son de la Comunion Cathólica, Apostólica, Romana. Pues étele, que por esta razon tanto derecho tiene á ser Cielo la mas pobre Iglesia Rural, como la Cathedral de Jaca, y queda muy lucido el Padre Doctor con su impertinente cita de Cartario. Pero donde está mas donoso es en las otras tres razones de congruencia, que añade, para que la Iglesia de Jaca tenga las mismas Armas que la de San Pedro en Roma, Cabeza de todas las Iglesias. Dice, que esto será, ó porque ni la Cabeza del Orbe, Roma, puede gloriarse de mayor nobleza, que la insigne Cathedral de Jaca (hicieron bien en no dexarle predicar este Sermon, porque tengo por cierto, que solo por esta proposicion aquel Ilustre y cuerdo Cabildo le huviera echado el Organo, los Perreros, y aun los Perros); ó porque parece debia estar la Cabeza de la Iglesia en Jaca, á no haverla colocado San Pedro en Roma (ya escampa, y llovian necedades); ó porque el Cielo, hermosa República de tanto brillante zafiro, es solo condigna imágen de Cabildo tan respetoso. (Y suponiendo, que su Cartario habla del Cielo formal, que es la Gloria, porque de esta dice, que tiene dos puertas con dos llaves; afirmar, que la Gloria solo es condigna imágen de la Iglesia de Jaca, no merece una coroza y una penca, ó á lo ménos ménos un birrete colorado?)»

6. «Déxolo, que no tengo ya paciencia para leer tanta sarta de despropósitos. Y este Sermon se imprimió! Y en su elogio se compusieron décimas, octavas, y sonetos! Y el buen Cura de Jaquetilla ó de Jacarilla se le presenta porp. 204 modelo á los Predicadores de Santa Orosia! Y el Padre Predicador alaba tanto este Sermon!» — «Lo dicho dicho, Padre Maestro, respondió el Predicador, le alabo, y le alabaré, porque, si todos los Sermones se huvieran de examinar con essa prolixidad, y si en ellos se huviera de reparar en essas menudencias, allá iba á rodar toda la gala y toda la valentía del Púlpito.» — «Qué gala, ni qué valentía de mis pecados! exclamó el Maestro Prudencio. Es gala el decir tantos disparates como palabras? Es valentía el pronunciar á cada passo heregías, blasfemias, ó necedades? y dígame, P. Fr. Blas, qué tiene que hacer nada de esto con las heróycas virtudes de Santa Orosia, con el poder de su patrocinio, ni con la imitacion de sus exemplos, que son los tres únicos fines, que puede y debe proponerse en su Panegýrico un Sagrado Orador? Qué conducirá para la grandeza de la Santa, que el Sol entre por el mes de Junio en el Signo de Cáncer, ni que este Signo se componga de nueve estrellas, las quales, en sentir de nuestro Reverendíssimo Orador, representan los nueve Senadores ó los nueve Regidores, que constituyen el Ayuntamiento de aquella Ilustríssima Ciudad? Y qué sabemos, si esta se dará por ofendida, de que para su elogio huviesse buscado un sýmbolo encancerado, que cierto la hace poquíssima merced? y qué tendrá que ver el martyrio de Santa Orosia con que en las Estrellas hayga machos y hembras, disparate de á quintal, de que debiera reírse el Padre Maestro, aunque le leyera en todos los libros de la Bibliotheca Bizantina, quanto mas en las Tautologías de Villarroel, y no traherle á colacion en el Púlpito, para que el Auditorio imaginasse, que las estrellas procreaban y se propagaban por via de generacion?»

7. — «Padre Maestro, replicó el Predicador Fray Blas, hágase V. Paternidad cargo de que todo esso se dice en la Salutacion, la qual se destina únicamente para tocar las circunstancias, y no tiene conexion con el cuerpo del Sermon, que es donde corresponde el elogio del Santo ó de la Santa.» — «Téngase, Padre Predicador, repuso con alguna viveza el Maestro Prudencio, esso es decir, que la cabeza no ha de tener conexion con el cuerpo; que el principio no la ha de tener con el medio, ni con el fin; y que el cimiento ha de ir por un lado, y el edificio por otro. La Salutacion es parte del Sermon, ó no lo es? Si no lo es, para qué se gasta el tiempo en ella? Si lo es, porque no ha de tener conexion, órden, y trabazon con todo lo demas? Y en donde ha leído el Padre Predicador, que la Salutacion ó el Exordio de los Sermones se hizo para lisongear á los Cabildos, para disparatar á costa de los Mayordomos, para engaytar á los Auditorios, para passearse por los retablos, para correr Toros yp. 205 Novillos, para tocar el son á las danzas, y para otras mil necedades é impertinencias como estas, de que se ven atestadas las mas de las Salutaciones?»

8. — «Yo no sé, Padre Maestro, si lo he leído, ó no lo he leído, respondió el satisfechíssimo Fray Blas; solo sé, que lo que se usa no se escusa, que esse es el estilo general de España, y que á los Oradores se nos encarga estar al uso, segun aquella reglecita, que saben hasta los niños: Orator patriæ doctum ne spreverit usum.» — «Bien se conoce, replicó el Maestro, que el Padre Predicador entiende todas las cosas no mas que por el sonido, y de essa manera no es de admirar, que forme tan extrañas idéas de ellas. Lo primero, essa regla no se hizo para los que llamamos Oradores ó Predicadores, sino para aquellos que hablan ó pronuncian el latin en prosa, la qual se llama Oracion, para distinguirla del verso. A estos se les previene, que, quando encontraren algun acento, que en verso no tiene cantidad fixa ó determinada de breve ó larga, sino que unas veces se pronuncia largo, y otras breve, en prosa le pronuncien siempre como acostumbran los inteligentes y eruditos de su País, y que no presuman hacerse singulares, despreciando essa costumbre. Lo segundo, aunque la regla hablara con los que llamamos Oradores, que son los Predicadores, tampoco favoreceria su intento, porque no dice ó encarga, que el Predicador siga, y no desprecie qualquiera uso, sino el uso docto, doctum ne spreverit usum, esto es, el arreglado, el puesto en razon, el que acostumbran los hombres universalmente reputados por doctos y por inteligentes en la Facultad. Este es el que propiamente se llama uso, que los demas son abusos y corruptelas. Pues ahora, señáleme un solo Orador de España, de estos que la gente cuerda tiene por verdaderos Oradores, y no por Orates; de estos que no los buscan para títeres de los Púlpitos y para dominguillos de las festividades; de estos que logran y merecen general reputacion de hombres sabios, cultos, bien instruídos, y circunspectos: señáleme, vuelvo á decir, uno solo de estos, que siga esse mal uso, que no le desprecie, que no le abomine, que no se compadezca de los que le practican y le aplauden, ó que no haga burla de los unos y de los otros; y despues hablarémos.»

9. «Por el contrario, yo estoy pronto á mostrarle muchos Sermones impressos y manuscritos de insignes Oradores modernos de nuestra España, que, haviendo predicado las mismas Festividades, y con las mismas llamadas circunstancias, sobre las quales bobearon y desbarraron sin tino otros Predicadores, que los precedieron; ellos ó las despreciaron todas con generosidad, sin tomarlas siquiera en boca; ó, si las tocaron, fué con un ayre de burla y de desprecio, que hizop. 206 visible y aun risible á todo el Auditorio la ridiculez de esta costumbre. Algunos Sermones de estos tengo en la Celda, pero por casualidad traxe conmigo uno, cuya Salutacion le he de leer, que quiera, que no quiera, y aquí le tengo debaxo del atril, porque estaba en ánimo de leérsele á Fray Gerundio. El Padre Predicador debe oírla con particular cariño, por lo que se toca en ella de su Santo S. Blas, de quien se hace tambien particular circunstancia. Es la Salutacion de un Sermon, que se predicó á la Purificacion de nuestra Señora en el dia de San Blas, y en la Iglesia de los Niños de la Doctrina de Valladolid, cuya Ciudad es su Patrona, juntamente con la Real Congregacion de la Misericordia. Todas estas teclas dicen, que se han de tocar, y el Predicador, de quien voy hablando, todas las tocó, pero de una manera, que debia llenar de provechosa vergüenza á todos los que las tañen. Despues de hacer reflexion á que en el Mysterio de la Purificacion la Vírgen hizo á Dios dos grandes sacrificios, el primero el de la reputacion ó concepto de su Virginidad, pues se purificó, como si necessitara de purificarse; el segundo el de su Unigénito Hijo, pues se le ofreció aquel dia al Eterno Padre, con pleno conocimiento de todo aquello, para que se le ofrecia; y despues de reflexionar con juicio, con solidez, y con piedad, que en estos dos grandes sacrificios padeció quanto podia padecer como Vírgen y como Madre, concluyó, que, de qualquiera manera que se considerasse el Mysterio, se debia convenir, en que el Mysterio de la Purificacion de la Vírgen era el Mysterio de su dolorosa Passion. Y, propuesto este devotíssimo assunto, prosiguió de esta manera:»

10. «Pues ahora, hablemos sin preocupacion, y discurramos con serenidad. Será bien parecido, que en un Sermon tan sério como el de la Passion de la Vírgen, me dexe yo llevar de la passion de la vanidad, acomodándome con una vergonzosíssima costumbre, que ha introducido la total ignorancia de lo que es eloquencia verdadera? Será bien, que, por no parecer ménos que otros, haga traycion á mi sagrado ministerio, pierda el respeto á esse gran Dios Sacramentado, en cuya presencia estoy, profane la Cáthedra del Espíritu Santo, y prácticamente me burle de un Auditorio tan numeroso, tan grave, tan piadoso, tan docto, tan acreedor á todo mi respeto y á toda mi veneracion? Y no haria yo todo esto, si practicasse lo que altamente abomino, lo que abominan todas las demas Naciones del mundo, y lo que no cessan de llorar, con lágrimas de sangre, quantos hombres de verdadero juicio y de verdadera crítica hay en la nuestra?»

11. «Llamado y trahido aquí por la Real, por la gravíssima, por la piadosíssima Congregacion ó Cofradía de lap. 207 Misericordia, para predicar del tierno, del doloroso, del instructivo Mysterio de la Purificacion de la Vírgen, un Sermon digno de un Orador Christiano; no haria yo todo lo dicho, si, en el Sermon ó en el Exordio, me entretuviesse puerilmente en hacer assunto de la misma Cofradía, y del título que da razon de su misericordioso instituto? si levantasse figura sobre la accidentalíssima circunstancia, de que la fiesta no se celebre en el dia propio, sino en el siguiente, dedicado á San Blas Obispo de Sebaste, y de que se celebre en una Basílica consagrada tambien al mismo Santo Prelado y Mártyr? Si, finalmente, hiciesse mysterio de la educacion de essos Niños de la Doctrina, que están en primer lugar al amparo de la Vírgen y de San Blas, y despues baxo la caritativa proteccion de esta noble y leal Ciudad, y de esta Real Cofradía, no me direis: qué conexion tienen con la Purificacion de la Vírgen unas circunstancias tan distantes del Mysterio, y tan fuera del assunto? Puede haver texto en la Sagrada Escritura, que las ate ni las comprehenda, sino que sea desatando de su lugar al mismo texto, arrastrándole por los cabellos, violentándole, y profanándole, contra lo que tan severamente nos tiene prohibido á los Predicadores y á todos la Santa Iglesia?»

12. «Si yo quisiera hacer esto, como regularmente se estila, no seria una cosa muy fácil para mí? Para unir la Purificacion con la Misericordia, solo con prevenir que esta fiesta se llamó antiguamente en la Iglesia Latina, y todavía se llama hoy en la Iglesia Griega la Fiesta del Encuentro, venia clavado el textecito de misericordia et veritas obviaverunt sibi, saliéronse al encuentro la misericordia y la verdad, pero vendria clavado con toda propiedad, esto es, taladrado de parte á parte. Para la circunstancia de celebrarse la fiesta, no en el dia propio, sino en el siguiente, no tenia que salir del Evangelio del dia. Observaria el modo, con que se explica el Evangelista: Postquam impleti sunt dies, despues que se cumplieron los dias de la Purificacion: notaria con muchas recancanillas, que el Evangelista no dice, quando se cumplieron, sino despues que se cumplieron, postquam impleti sunt, y concluiria muy satisfecho de mi trabajo, que esta proposicion no se verifica rigorosamente en el dia en que se cumplen, sino en el dia despues. Y consiguientemente, que el dia propio de celebrar esta fiesta es aquel, en que la celebra esta Real Cofradía. Pero esto, qué vendria á ser en conclusion? Querer corregir la plana á la Santa Iglesia, y merecer, que me quitassen la licencia de predicar.»

13. «Para hacer, que San Blas hiciesse papel en el Mysterio de la Purificacion, no me sobraria otra cosa que materiales, aunque tales serian ellos. Pues, no estaba ahí el Santop. 208 Viejo Simeon, á quien muchos hacen Sacerdote, y aun algunos quieren, que fuesse Pontífice? Con hacer á uno figura ó representacion del otro, estaba todo ajustado: si me replicassen, que esto no podia ser, porque San Blas es abogado contra las espinas, y Simeon en el mismo Mysterio clavó á la Vírgen una, que la penetró hasta el alma, y la duró toda la vida; diria lo primero, que no es lo mismo espina que espada, y que Simeon habló de esta, y no de aquella; diria lo segundo, que hay espinas que atragantan, y espinas que vivifican, espinas que se atraviessan, y espinas que nos libertan; y para probar estos retruecanillos citaria cien textos de espinas apetecibles, que solo me costaria el trabajo de abrir y trasladar las Concordancias, y, en vez de Salutacion ó de Exordio, predicaria un herial. Pero, si no me pareciesse acomodar á San Blas por este camino, á la mano tenia otro. No dice Simeon, que, haviendo visto al Niño Dios, vió al que era la salud de su Pueblo? Quia viderunt oculi mei salutare tuum. San Blas no fué Médico de Profession ántes de ser Obispo? Pues con Médico, con salud, y con Pueblo enfermo, qué bulla, qué gira, y qué zambra no podia traher?»

14. «El Patronato de la Ciudad, y la piadosa proteccion con que ampara á estos Niños desamparados, estaba acomodado con la mayor facilidad del mundo. Tenia mas que recurrir á aquella Ciudad Santa del Apocalypsi, que es el refugio de los que predican por asonancia, ó no mas que por el sonsonete, y decir, que yo estaba ahora viendo en realidad lo que San Juan no havia visto mas que en figura; porque aquella Ciudad no era mas que representacion de esta, con la diferencia de que va tanto de la una á la otra, quanto va de lo vivo á lo pintado? Y para probar este disparate con otro mayor, havia mas que decir, que aquella ciudad, en sentir de muchos Expositores, representaba á la santa Ciudad de Jerusalen; y, haciendo memoria de que el Niño Jesus se perdió en Jerusalen, y que essos Niños de la Doctrina se ganan en Valladolid, preguntar en tono enfático y mysterioso, qual será Ciudad mas Santa, aquella en donde hasta el Niño Jesus se pierde, ó aquella donde se ganan los que no son Niños Jesuses? Ello no seria mas que una pregunta escandalosa, con su saborete de blasfema; pero faltarian ignorantes, que la oyessen con la boca abierta, y que, al acabar el Sermon, exclamassen: Nunquam sic locutus est homo: este sí que es hombre! Esto sí que es predicar! No hay hombre que predique como este!»

15. «Valga la verdad, señores; no es este el modo mas comun, con que se ajustan estas que se llaman circunstancias? Y no es cosa vergonzosa ajustarlas de este modo? Pero, por ventura se pueden acomodar de otra manera? Y ha dep. 209 haver valor, no digo en un Orador Christiano, sino en un hombre de juicio, en un sugeto de mediana literatura para hacerlo, ni en un Auditorio cuerdo, capaz, culto, y discreto para aplaudirlo? No lo creo. De mí sé decir, que, hecha esta salva de una vez para siempre, encárguenme el Sermon que me encargaren, nunca haré el mas leve aprecio de otras circunstancias que de aquellas, que tuvieren una proporcion natural y sólida, ó con el mysterio, ó con el assunto. V. gr. la presencia de Christo Sacramentado, para solemnizar la Purificacion de su Santíssima Madre, tiene una naturalíssima correspondencia con el assunto y con el mysterio. Con el assunto, porque este se reduce á representar lo que la Vírgen padeció en el Mysterio. Con el Mysterio, porque una de sus principales partes fué el sacrificio, que hizo la Vírgen en ofrecer á su Hijo, para que padeciesse lo que padeció por los hombres; y en esta voluntaria oferta consistió todo lo que en la Purificacion padeció la Vírgen como Madre. Pues ahora: el Sacramento es memoria de la Passion de Christo: Recolitur memoria Passionis ejus: la Purificacion tambien es recuerdo de ella; con sola esta diferencia, que en el Sacramento se hace memoria de lo que Christo padeció, en la Purificacion de lo que havia de padecer. La Passion de la Madre en el Templo de Jerusalen no fué otra, que la Passion del Hijo en el Monte Calvario. Pues, qué cosa mas natural, ni mas proporcionada, que el que esté á la vista el monumento mas Sagrado de la Passion del Hijo en el dia, en que se hace memoria de la Passion de la Madre? De esta voy á predicar, implorando la assistencia de la Divina Gracia. Ave Maria.»

16. «Mire ahora el Padre Predicador, si hay en España quien haga justicia, y si falta quien saque la espada de recio contra esse pueril é ignorantíssimo uso, que me cita. Y ha de saber, que esta Salutacion fué oída con tanto aplauso del numeroso y escogido Auditorio, en cuya presencia se predicó, que aun aquellos mismos, que por inadvertencia ó por falta de valor estaban comprehendidos en lo que ella abominaba y reprehendia, salieron tan convencidos de su error, que se decian unos á otros lo que Menage y Balzac, dos célebres Escritores Franceses, se dixeron mutuamente al acabarse la primera representacion de la famosa Comedia de Moliere, intitulada: Las Preciosas ridículas, en que con inimitable gracia se hizo burla del estilo metaphórico y figurado, que por entónces se estilaba en Francia: Moliere (se dixeron el uno al otro) tiene sobrada razon; ha hecho una crítica juiciosa, delicada, justa, y tan convincente que no tiene respuesta; de aquí adelante, Monsieur, es menester que abominemos lo que celebrábamos, y celebremos lo que aborrecíamos. Con efecto, algunos de los Predicadores, que oyeron estap. 210 Salutacion, y que ántes se dexaban llevar de la corriente, avergonzados de sí mismos, despreciaron despues dicha mala costumbre, y comenzaron á predicar con solidez, con piedad, y con juicio, sin que por esso se les disminuyesse el séquito, ántes conocidamente creció la estimacion y el aplauso.»

17. — «Muy dóciles eran essos Reverendos Padres, respondió con su poco de ayrecillo irónico el Padre Fray Blas, si es que eran Religiosos, ó muy blandos de corazon eran sus mercedes, si fueron seglares. De mí sé decir, que no me ha convertido la Salutacion: tan empedernido estoy como todo esso; porque, aunque parece que hacen fuerza sus razones, á mí me hace mayor fuerza la práctica contraria de tantos Predicadores insignes como la usan, y sobre todo el aplauso con que celebran los Auditorios el toque y retoque de las circunstancias, enseñando la experiencia, que, como estas se toquen bien ó mal, aunque lo restante del Sermon vaya por donde se le antojare al Predicador, siempre es celebrado; y al contrario, como aquellas no se zarandeen, bien puede el Predicador decir divinidades, que el Auditorio se queda frio, tiénenle por boto, y le dan la limosna del Sermon á regaña-dientes y de mala gana.»

18. «Ni me diga V. Paternidad, que este es mal gusto del vulgo, y errada opinion de los que no lo entienden. Maestrazos, y muy Maestrazos, están en el mismo dictámen, y no quiero mas prueba que esse mismo Sermon de Santa Orosia, que tan en desgracia de V. Paternidad ha caído. Tres Aprobaciones tiene de tres Maestros conocidos y bastantemente celebrados, uno Dominico, otro Jesuíta, y el tercero de la misma Orden del Autor, que compuso y no predicó el Sermon: lea V. Paternidad los encarecidos elogios que le dan todos tres, y los dos primeros específica y nombradamente por el toque de las circunstancias, y dígame despues, si es cosa del vulgo, del populacho, y de ignorantes el aplaudir, que se haga caso de ellas.»

19. — «Mire, Padre Predicador, repuso el Maestro Prudencio con sorna y con cachaza, una pieza me ha movido, sobre la qual tendria que hablar algunas horas, si fuera ocasion y tiempo, aunque bastantes han hablado ya mucho y bien acerca de ella. Esta es la impropia y extravagantíssima costumbre, introducida en España y en Portugal, pero escarnecida generalmente de las demas Naciones, de que las Censuras de los Libros, y aun de los mas miserables Folletos, se conviertan en immoderados Panegýricos de sus Autores, siendo assí, que al Censor solo le toca decir breve y sencillamente, si el Libro ó el Papel contienen ó no contienen algo contra las Pragmáticas y Leyes Reales, ó contra la pureza de la Fé y buenas costumbres, segun fuere el Tribunal, que le comete la inspeccionp. 211 ó que le despacha la remisiva: digo, que no es ahora ocasion ni oportunidad de censurar á los Censores, porque se va haciendo tarde, y se passará la cena; solo le digo, que en essas mismas Aprobaciones que me cita, ó yo soy muy malicioso, ó la del Maestro Jesuíta es muy bellaca, y harto será, que, bien entendida, no sea una delicada sátyra contra los desaciertos del Sermon en todas sus partes. A mí á lo ménos me da no sé qué tufo de que el Padrecito tiró á echarse fuera de alabar dicho Sermon, y á lo ménos es cierto, que por su misma confession declara repetidas veces, que él nada aprueba, ni alaba.»

20. «Supónese el bellacuelo muy de la familia, y muy de la Casa ó de la Orden del Autor: y asiéndose fuertemente del aldabon de laudet te alienus, que él construye, alábete el extraño, dice una vez, que no debe admitir el empléo de Aprobante; dice otra, que cuenta por una de sus mayores dichas el no poder alabar aquel Sermon; dice la tercera, que él es muy de casa para meterse en alabarlo; dice la quarta, hablando determinadamente de las circunstancias, que á él no le toca celebrarlo; dice la quinta, que los elogios caerán mejor en qualquiera otra boca, que en la suya; y finalmente dice la sexta, que aun por lo que toca al buen gusto del Cavallero, que da á la prensa el Sermon, será mayor consequencia, ó á lo ménos no dexará de ser mayor cortesanía dexar toda la accion de elogiarle á los de fuera: laudet te alienus. O yo soy un porro y no entiendo palabra de ironías, ó el tal Censor es un grandíssimo bellaco. Todo su empeño es echar el cuerpo fuera del assunto, huir la dificultad, y decir con gracia y con picaresca, que alaben otros lo que él no puede ni debe alabar. Y mas, que he llegado á maliciar (Dios me perdone el juicio temerario), que en aquella taymada construccion, que da al laudet te alienus, alábete el extraño, por la palabra extraño no entiende él precisamente á los que no fueren tan de casa, ó en el efecto ó en el afecto, como él se supone; sino que dexa en duda, si se han de entender los extraños en la facultad, los forasteros en ella, mas claro, los que no entienden palabra. Bien puede ser malicia mia, pero á mí me da el corazon, que no me engaño.»

21. — «Pues á mí me da el mio, replicó Fray Blas, que V. Paternidad se engaña mucho; porque, si esse Padre Maestro no queria aprobar el Sermon, quien le obligaba á hacerlo? Quien le ponia un puñal á los pechos, para que le aprobasse? A que se añade, que, si el Autor se valió confiadamente de él, para que le hiciesse essa merced, como regularmente sucede, que las Censuras se remiten por los Jueces á los que les significan los Autores, no es verisímil que le hiciesse essap. 212 traycion, y que, quando el pobre esperaba un panegýrico, se hallasse con una sátyra. La hombría de bien parece estaba pidiendo, que, si no podia acomodar con su conciencia intelectual el aprobarle, se escusasse de hacerlo, y no salir despues con essa pata de gallo.»

22. — «Poco á poco, Fray Blas, repuso el Padre Jubilado, que, aunque tu réplica es sin duda especiosa, y tu modo de discurrir, siquiera por esta vez, está fundado, no carece de repuesta, pues no siempre lo mas verisímil es lo mas verdadero. Qué sabemos si al Aprobante le pusieron en alguna precision política ó charitativa, á que no pudiesse honradamente resistirse? A mí se me figura un caso, que le tengo por muy natural. Es constante, que dicho Sermon no se predicó, no se sabe por qué, y tambien lo es, que, por lo mismo que no se predicó, el Autor, que era hombre bastantemente condecorado en su Religion, y sus parciales hicieron empeño en que havia de imprimirse, como en despique ó en satisfaccion de aquel desayre. Pues ahora, supongamos que el Provincial de dicha Religion no fuesse muy de la devocion del Autor, que fuesse estrecho amigo del Aprobante, y que se cerrasse en que no havia de dar licencia para que el Sermon se imprimiesse, miéntras no passasse por la censura de este. Ve aquí un caso muy verisímil, en que el Autor ó sus parciales batirian en brecha al pobre Jesuíta, ponderándole quanto se interessaba la estimacion, el honor, y aun los ascensos de aquel Religioso, en que no se negasse á hacerles este obsequio. Puesto un hombre de bien y de buen corazon en este estrecho, qué partido havia de tomar? Negarse á la censura, no havia términos para esso: aplaudir el Sermon á cara descubierta, no hallaba méritos para ello, ni lo podia componer con su sinceridad: reprobarle, era perder sin recurso al Autor en el concepto de su Gefe, y hacerse del vando de los que le insultaban. Pues, qué arbitrio, ó qué remedio? No parece se podia escoger otro mas prudente, que el que tomó: dar una censura equívoca, que ni aprobasse ni desaprobasse el Sermon, buscando un especioso pretexto para escusarse de alabarle él, y para remitir á otros toda la accion de alabarle.»

23. — «Bien puede ser esso assí, replicó Fray Blas, pero los elogios de los otros dos Aprobantes no son equívocos, son muy claros y muy significativos; y en verdad, que ni uno ni otro son por ahí dos pelayres; ambos son sugetos de tanta forma, que les sobran dictados para assistir á un Concilio.» — «No lo niego, respondió el Maestro Prudencio; pero ya tengo dicho, que de elogios de Censores y de Poetas se ha de hacer poco caso, por quanto unos y otros, regularmente hablando, no dicen lo que verdaderamente son las obras quep. 213 elogian, sino lo que debieran de ser. Si el mérito de estas se huviera de calificar por las ponderaciones de aquellas, las obrillas mas infelices y mas miserables; las indignas de la luz pública, y dignas solamente de una pública hoguera; las que contribuyen mas y con mayor justicia á que abulten mas y se aumenten cada dia los Expurgatorios: essas serian las mas excelentes, porque essas puntualmente son las que salen á la calle con mas ruidosas campanillas de Aprobaciones, Acrósticos, Epigrammas, Décimas, y Sonetos mendigados, quando tal vez no los haya fabricado el mismo Autor, buscando solo Amigos, para que le presten sus nombres. Y dexan por esso de estar expuestas á las carcajadas y al desprecio de los inteligentes, ni á que el Santo Tribunal de la Inquisicion se entre por ellas con vara levantada, sin dársele un bledo por la autoridad ni por la turba-multa de los Aprobantes?»

24. «Es cierto, que, si estos se reduxeran precisa y puramente á los estrechos términos de su oficio, que es ser unos meros Censores; si desempeñaran, como debian, la grande confianza que se hace de ellos, no aprobando obra, que no examinassen primero con el mayor rigor; si tuviessen la santa sinceridad de exponer todos sus reparos á los Tribunales que les cometen las Censuras, y se mantuviessen despues con teson en la honrada resolucion de no aprobar la obra, hasta que se huviesse dado plena satisfaccion á sus reparos, ó se huviessen corregido los desaciertos; entónces sí que serian de gran peso aun los elogios mas moderados de las Aprobaciones. Pero, si sabemos como se practica comunmente esta farándula; si es notorio, que la amistad, la conexion, ó la política son las únicas, que, por regla general, dan la comission á los Aprobantes; si ya se ha reducido esto á una pura formalidad y ceremonia, tanto que, si algun ministro, zeloso no ménos de la honra de las Ciencias, que del crédito de la Nacion, quiere que esto se lleve por el rigor de la razon y de la ley, se le tiene por ridículo, y aun se le trata de impertinente: qué aprecio hemos de hacer de los elogios, que leemos en essos disparatados Panegýricos, llamados Censuras por mal nombre?»

25. «O Fray Blas! Fray Blas! y quantas veces he llorado yo á mis solas este perjudicialíssimo desórden de nuestra Nacion, que no transciende ménos á Portugal, y apénas es conocido en otras Regiones! Y qué fácil se me figuraba á mí el remedio! Sabes qual es? Que se procediesse contra los Aprobantes, como se procede contra los Contrastes, y contra los Fiadores. Qué cosa mas justa? Porque el Aprobante no es mas que un Contraste, que examina la calidad y los quilates de la obra, que se le remite; es un Fiador, que sale á la eviccion y saneamiento de todo aquello quep. 214 aprueba. Declaraste que era oro lo que era alquimía, que era plata lo que era estaño, que era piedra preciosa un pedazo de vidrio valadí? pues págalo, bribon, y sujétate á la pena, que merece tu malicia ó tu ignorancia. Si crees, que real y verdaderamente merece essa obra, que apruebas, los excessivos elogios con que la ensalzas, tácitamente te constituyes por Fiador de sus aciertos: si no crees, que los merezca, eres un vil adulador y lisongero. Pues, bellacon, trata de pagar lo que corresponde á la ruindad de tu lisonja, ó á la precipitacion de tu fianza.»

26. — «Padre nuestro, replicó Fray Blas, si se estableciera essa ley, ninguno se hallaria, que quisiesse admitir la comission de Aprobante ó de Censor.» — «Sí, se hallaria tal, respondió Fray Prudencio; porque en esse caso debieran señalarse Censores de oficio en la Corte, en las Universidades, y en las Ciudades Cabezas de Reyno ó de Provincia, á quienes, y no á otros, se remitiesse el exámen de todos los libros, que huviessen de imprimirse, como se practica en casi todas las Naciones de Europa, fuera de nuestra Península. Estos, claro está que havian de ser unos hombres de autoridad, de respeto, de gran caudal de ciencia, doctrina, erudicion, y sana crítica, pero sobre todo, de una entereza á toda prueba. Se les havian de señalar pensiones proporcionadas, y se havian de tener presentes su laboriosidad, su integridad, y su zelo, para premiarlos con los ascensos correspondientes á sus respectivas carreras. Pero, si alguno blandeasse, si fuesse floxo de muelles, si por respetos humanos y políticos, por floxedad ó por otros motivos, no cumpliesse con su obligacion, y aprobasse Libros, Sermones, discursos, ó papeles volantes, que no fuessen dignos de la luz pública; sabes á qué le havia de condenar yo? Despues de privarle de oficio, y de una declaracion pública y solemne de su insuficiencia, ó de su mala fé, le havia de condenar á que repitiessen contra él todos los compradores de la obra que havia aprobado, y á que satisfaciesse, sin remission, el dinero que malamente havian gastado aquellos pobres sobre la palabra y hombría de bien de la censura.»

27. «A mas se havia de extender esta providencia. Se havia de mandar sériamente á los Censores, que se ciñessen rigurosamente á los términos de su oficio, esto es, que fuessen Censores y no Panegyristas, diciendo en pocas palabras, claras y sencillas, el juicio que formaban de la obra, sin meterse con Séneca, Plinio ni Cassiodoro, y dexando descansar á los Padres, á los Expositores, á los Humanistas, y á los Poetas, cuyas autoridades solo sirven para acreditar la pobre y miserable cabeza del Censor, que quiere aprovechar aquella ocasion de ostentarse erudito con aquellos desdichados ignorantesp. 215, que califican la erudicion de un Autor por lo cargado y por lo sucio de las márgenes, sin saber los infelices la suma facilidad, con que el mas zurdo y el mas idiota puede hacer esta mani-obra. Nada de esto es del caso para cumplir con su oficio, el qual se reduce á dar su censura breve, grave, y reducida á lo que toca á la jurisdiccion del Tribunal, que se la comete.»

28. «Quantas necedades se atajarian con esta providencia? Quanto papel se ahorraria? Y quanto gasto escusarian los Autores, á quienes no pocas veces cuesta tanto la impression de las Aprobaciones, como la de la misma obra? Muchas y muchas pudiera citar, en que aquellas ocupan casi tanto volumen como todo el cuerpo de esta, pero las callo por justos respetos. Ningunos son mas perjudicados que los Autores mismos, si es que costéan la impression, porque compran ellos mismos sus elogios, y ellos los imprimen á su costa, para que vengan á noticia de todos. Puede haver mayor sandez, ni mayor pobreza de espíritu? Semejantes, en cierta manera, á los que alquilan plañideras para los entierros, á quienes les cuesta su dinero las lágrimas fingidas y artificiosas, que en ellos se derraman.[8]»

29. «No para aquí la miseria humana de algunos de nuestros Escritores ó Escribientes. Será creíble, que se hallen no pocos, que, á falta de hombres buenos, y por no deber nada á nadie, ellos mismos se alaben á sí propios, siendo los artífices de aquellos elogios suyos, que se leen estampados en la antesala de sus obras? Pues sí, amigo Predicador, se hallan hombres de tan buena pasta y de tan embidiable serenidad. Mas de dos y mas de veinte pudiera nombrarte yo, que han caído en esta flaqueza. No son tan simples (claro está), que suscriban sus nombres y apellidos al pié ó á la frente de sus elogios, que esse ya seria un candor, que se iria acercando al gorro verde ó colorado; pero con un anagramma, ó con un nombre supuesto, ó prestándoles el suyo ciertos aprendices de eruditos, que hay en todas partes, hermanos del trabajo, y las mas de las veces baxo la inscripcion anónyma de un Amigo, de un Apassionado, de un Discípulo del Autor, el buen señor se alaba á taco tendido, y embóquense essa píldora los lectores boqui-rubios.»

p. 216

30. — «Pero, Padre Maestro, le interrumpió el Predicador, esse es juicio temerario, ó no los hay entre los Fieles Christianos. De donde le consta á V. Paternidad, que aquellos elogios fueron fabricados por los mismos Autores de las obras? Acaso se lo confiaron ellos á V. Paternidad?» — «Mira, Fr. Blas, respondió el M. Prudencio, no has de ser tan sencillo, que cierto algunas veces tienes unas parvoizes che fan pietá. No es menester que los Autores nos lo revelen para conocerlo: el mismo estilo se está descubriendo á sí propio; ni en prosa, ni en verso es fácil desmentirse ó desfigurarse, y, sin tener todo aquel olfato, que tienen los entendimientos bien abiertos de poros, para percebir el ayre sutilíssimo, que da en los escritos á conocer sus Autores, como se explica galanamente el Autor de la Carta contra la Derrota de los Alanos, qualquiera entendimiento ó, mejor diremos, discernimiento, que no esté muy arromadizado, luego sigue el rastro, porque le dan unos efluvios, que le derriban. Fuera de que, Autores hay tan bonazos, que ellos mismos lo confiessan. Y qué! juzgas que es sencillez? A la verdad no es otra cosa; pero los bellacones no lo decian por tanto, sino porque no tienen valor para resolverse á carecer de aquella gloria ó de aquella vanidad, que les resulta de que sepan sus confidentes, que tambien saben hacer coplas, aunque sean á sí mismos.»

CAPITULO IV.
Entra el Granjero la Cena; interrúmpese la conversacion, y se vuelve á continuar de sobre-mesa.

Iba Fray Blas á replicarle, quando entró el Granjero Fray Gregorio con los manteles para poner la mesa, diciéndoles con gracia y con labradoril desembarazo: «Padres nuestros, onia tiempus habent: tiempus despuntandi, et tiempus cenandi: el bendito San Cenon sea con vuessas Paternidades, y ahora déxense de circunloquios, que los huevos se endurecen, el asado se passa, y por el relox de mi barriga son las nueve de la noche.» — «Tiene razon Fray Gregorio», dixo el Maestro Prudencio, y sentáronse todos á la mesa. No fué la cena espléndida, pero fué honrada y decente: dos ensaladas, una cruda y otra cocida, un par de huevos frescos, pabo asado, liebre guisada, y postres de queso y aceytunas; pero Fray Gerundio los divirtió mucho en la cena. Como su Pedantíssimo Preceptor el Dómine Zancas-largas, para cadap. 217 cosa, para cada especie, y aun para cada palabra, tenia de repuesto en la memoria un monton de latinajos, versos, sentencias, y aforismos, que espetaba á todo trance, viniessen ó no viniessen, solo con que en sus textos centones se hallasse alguna palabra, que aludiesse á lo que se discurria ó se presentaba, y por este medio pedantesco se huviesse adquirido entre los ignorantes el crédito de un monstruo de erudicion y pozo de cencia, como le llamaban en aquella tierra; su buen Discípulo Fray Gerundio procuró copiarle esta impertinencia, assí, ni mas ni ménos, como todas las otras extravagancias, que eran en el dichoso Dómine mas sobresalientes. Con esta idéa se atestó bien de versos latinos, apophtegmas, y lugares comunes, para lucirlo en las ocasiones, y, quando le venia el fluxo de erudito, era el Fraylecito una diarréa de disparatorios en latin inestancable.

2. Luego, pues, que por primera ensalada se presentaron unas lechugas crudas en la mesa, vuelto á su amigo Fray Blas, le hizo esta pregunta:

Claudere quæ cœnas lactuca solebat avorum,
Dic mihi cur nostras inchoat illa dapes?
Algo atajado se halló el Padre Predicador con la preguntilla, porque, como era en verso latino, y él solo havia estudiado el latin, que bastaba para el gasto del Breviario, y aun esse no bien, no la entendió mucho al primer embion, y assí le dixo: «habla mas claro, si quieres que te responda». Pero al fin, volviendo Fray Gerundio á repetirle el dístico, pronunciándole con mayor pausa, como por otra parte el latin tampoco era muy enrebesado, vino á entenderle Fray Blas, y dixo: «en suma, lo que pregunta esse verso es, por qué nosotros comenzamos á cenar por lechugas, quando nuestros Abuelos solian acabar con ellas? Pues la razon salta á los ojos; porque en casi todas las cosas nosotros comenzamos por donde acabaron nuestros Abuelos.» — «Díxolo Claudiano, interrumpió al punto Fray Gerundio, aplaudiendo la explicacion: Cœpisti, qua finis erat», y el Maestro se rió tanto de la impertinente prontitud del uno, como de la sandez del otro.

3. Siguiéronse despues unos puerros cocidos sin cabeza, y apénas los vió Fray Gerundio, quando exclamó:

Fila Tarentini graviter redolentia porri
Edisti quoties, oscula clausa dato.
Confessó Fray Blas, que solo entendia, que el verso hablaba de puerros, por aquello de porri; pero que, para descargo de su conciencia, no percebia lo que queria decir. Entónces Fray Gerundio le puso á la vista el régimen, ó el órden dep. 218 la construccion, quoties edisti fila graviter redolentia porri Tarentini, dato oscula clausa, advirtiéndole de passo, que en el Territorio de la Ciudad de Tarento se dan los puerros mas afamados de toda Italia, como en Navarra los ajos de Corella, y en Castilla la Vieja los espárragos de Portillo, con cuya luz dixo Fray Blas: «ya me parece que entiendo el concepto del verso: quiere decir, si no me engaño, que siempre que se comen puerros de Tarento, y lo mismo discurro que sucederá, aunque los puerros sean de Melgar de arriba, mas parece que se besa, que se come, por quanto mas es chupar que comer, y para chupar se pliegan los labios.» — «Dió Vm. en el hito, replicó Fray Gerundio; pero con todo esso, mejor que el Poeta Latino explicó la insulsez de esta ensalada el Castellano, que dixo:

Quien Nísperos come,
Quien bebe Cerbeza,
Quien Puerros se chupa,
Quien besa á una Perra,
Ni come, ni bebe, ni chupa, ni besa.»
No dexó de reírse tampoco esta vez el Maestro Fray Prudencio de la candidez de Fray Gerundio, cayéndole en gracia el chiste de la coplilla, y, aunque alabó la felicidad de su memoria, todavía se compadeció algun tanto de que no la empleasse mejor.

4. El, que se vió celebrado, se tentó un poquillo de vanidad, y hizo empeño de no dexar cosa, que saliesse á la mesa, sin saludarla con su dístico. Assí pues, luego que se pusieron en ella los huevos, cogió uno en la mano, arrimóle á la luz, y, pareciéndole que tenia pollo, soltó la carcajada y dixo:

Candida si croceos circumfluit unda vitellos,
Hesperius scombri temperet ova liquor.
5. Quedóse en ayunas el bueno de Fray Blas, porque este era mucho latin para un Predicador romancista, y en ayunas se huviera quedado, á no haverse compadecido de él su buen amigo Fray Gerundio, explicando el pensamiento en este Serventesio, que sabia de memoria:

Quando algun pollo ó polla
Encierra el huevo en cándido recinto,
La barriga es la olla,
Y cuézase en porcion de blanco ó tinto.
6. Aprovechóse de esta ocasion el Maestro Prudencio para chasquear un poco al Predicador, insultándole sobre su cortedad en el latin, y le dixo con alguna picaresca: «Paréceme, Fray Blas, que tú eres como aquel Cura, que decia á susp. 219 feligreses: Yo, á la verdad, no sé mucho latin, pero no tiene remedio, me he de dedicar á estudiarle, y hasta que le aprenda, no he de hacer mas que predicar.» — «Passo con essos golpes, Padre nuestro! replicó algo atufado Fray Blas, que entendió todo el énfasis picante de la satyrilla: para predicar no he menester entender latin de Poetas, bástame construir medianamente el de la Biblia; y para esso, el Calepino y yo á otros dos guapos.»

7. En esto salió el assado á la mesa, que era medio pabo, y apénas le columbró Fray Gerundio, quando exclamó en tono de plañidera:

Miraris quoties gemmantes explicat alas:
Et potes hunc sævo tradere, dure, coco!
Y sin dar lugar á que volviesse á sonrojarse su amigo, dió él mismo la explicacion en el siguiente Epigramma:

Quando el Pabo ostentoso
La rueda tiende y brilla magestuoso,
Assombrado le miras:
Y á este que tanto admiras,
Cruel, duro, severo,
Le entregas tú despues á un Cocinero!
Pero sin embargo de la compassion, que esto le causaba, no dexó de meterle bien el cuchillo por la coyuntura, y, despues de hacer plato al Padre Maestro, él se quedó con una buena racion de entre-pechuga y pellejo, alargando la fuente á Fray Blas, con quien no gastaba ceremonias.

8. A este tiempo ya se havia embasado algunos tragos, y á cada uno que bebia dedicaba su dístico, de los muchos de que havia hecho provision para estas ocasiones, sin pararse en que los dísticos hablassen de los vinos mas famosos de Europa en la antigüedad, y el que él bebia fuesse un chacolí ó un vinagrillo de la tierra. Como él espetasse sus versos, que hablassen de mosto cocido, todo lo demas era para él muy indiferente; y assí al primer trago le saludó con esta impertinencia:

Hæc de vitifera venisse picata Viena
Ne dubites, misit Romulus ipse mihi.
Al segundo con este disparate:

Hoc de Cæsareis mihi vindemia cellis
Misit, Iulæo quæ sibi monte placet.
Al tercero con este requiebro:

Hæc Fundana tulit felix autumnus opimi,
Expressit mulsum Consul, et ipse bibit.
p. 220

9. En fin, á ningun trago dexó sin su dedicatoria latina; y consta por buenos papeles, que en solo aquella cena brindó veinte veces, y esto sin perjuicio de la cabeza, que la tenia á prueba de jarro, por haverse criado en Campazas con la mejor leche del Páramo y de Cámpos. No se puede ponderar lo aturdido, que estaba el bueno del Predicador al oír chorrear tanto latinorio á su amigo y queridito; pues, aunque lo mas de ello se le passaba por alto, y allá se iba por el ánima mas sola, con todo esso se le caía la baba, viéndole lucir tan á taco tendido, protestando, que, si bien siempre havia hecho alto concepto de su ingenio, nunca creyó, que llegasse á tanto, por no haver concurrido con él en otra funcion semejante. No sabia como diantres havia podido meter en la cabeza tanta multitud de versos, y sobre todo se assombraba de aquella oportunidad, con que los aplicaba; siendo assí, que el desdichado Fray Gerundio no esperaba mas oportunidad para encajar sus versos, que la de oír ó ver alguna cosa, de la qual se hiciesse mencion, en los que tenia hacinados en su burral memoria, usando de la erudicion profana puramente por la assonancia, ni mas ni ménos como havia usado de la Sagrada en la chistosa Salutacion, que havia predicado en el Refectorio. Pero, como el buen Fray Blas tampoco entendia de otras propiedades para el uso y para la aplicacion de sus textos, no distinguia de colores, y lo que le sonaba le sonaba, confirmándose en el dictámen de que mozo como aquel no le havia pillado la Orden en dos Siglos.

10. Creció su admiracion, quando, sirviéndose á la mesa una cazuela de liebre guisada, oyó á Fr. Gerundio prorrumpir en esta definitiva sentencia:

Inter aves turdus, si quid, me judice, certet;
Inter quadrupedes, gloria prima lepus.
No entendió el Predicador mas que á media-rienda y assí en bosquejo lo que queria decir, aunque ya le dió al corazon, poco mas ó ménos, qual seria el pensamiento, quando notó, que diciendo y haciendo se echaba Fray Gerundio en su plato casi la mitad de la cazuela. Pero el Padre Maestro, que comprehendió muy bien toda el alma del concepto, dixo con su apacibilidad acostumbrada: «Hombre, esso de que, en tu dictámen, entre las aves no hay plato mas regalado que el tordo, ni entre los animales que la liebre, prueba bien, que el mismo gusto tienes en el paladar que en el entendimiento, y que el mismo voto puedes dar acerca de una mesa que acerca de un Sermon. Yo siempre oí, que el tordo era extraordinario de Frayle, y la liebre plato de Cofradía.» — «Y quien le ha dicho á V. Paternidad, replicó Fray Gerundio, que en las Cofradías no sirven muy buenos platos, y que áp. 221 los Frayles no les dan extraordinarios muy delicados?» — «Substanciales sí, respondió el Maestro Prudencio, pero delicados no.»

11. En esto salieron los postres, un queso y un plato de aceytunas. Aquí le pareció á Fray Blas, que sin duda alguna se le havia acabado la talega á Fray Gerundio, porque qué Poeta se havia de poner á tratar de aceytunas y de queso? Pero le engañó su imaginacion, y quedó gustosamente sorprehendido, quando vió que, tomando el queso en una mano y un cuchillo en otra para partirle, recitó con mucha ponderacion este par de coplitas:

Caseus, Etruscæ signatus imagine lunæ,
Præstabit pueris prandia mille tibi.
Y sin detenerse añadió esta traduccion, que tambien havia leído:

Con un queso, parecido
A la Luna de Toscana,
Hay para dar de almorzar
A los niños mil mañanas.
— «Esso lo mismo será, glossó Fray Prudencio sonriéndose, aunque se parezca á la Luna de Valencia; pues no sé, que para el caso, ni para el queso, tenga mas gracia una Luna que otra. Y qué? no dices algo á las aceytunas?» — «Allá voy, Padre Maestro,» respondió Fr. Gerundio, y tomando media docena de ellas, dixo:

Hæc, quæ Picenis venit subducta trapetis,
Inchoat atque eadem finit oliva dapes.
Que uno construyó assí:

Esta, que no fué al Molino,
Para que no fuesse aceyte,
Unas veces es principio,
Y tambien postre otras veces.
— «Qué dices, borracho? le preguntó Fray Blas en tono de zumba: quando sirvieron de principio las aceytunas?» — «Quando? respondió Fray Gerundio, quando se comenzaba á comer por donde ahora se acaba, y quando las lechugas servian de postre, juxta illud:

Claudere quæ cœnam lactuca solebat avorum, etc.
Y si no, acuérdese Vm. de lo que dixo al principio de la cena, que nosotros comenzamos por donde acabaron nuestros Abuelos.»

12. Halló bastante gracia el Maestro en esta reconvencion,p. 222 y se confirmó en su antiguo dictámen de que á Fray Gerundio no le faltaba cantera, y que solo le havia hecho falta el cultivo, la aplicacion á facultades sérias y precisas, la crítica, y el buen gusto. Pero al fin, con no poco se acabó la cena, se dieron gracias á Dios, y se levantaron los manteles; despues de lo qual tomó la mano Fray Blas, y dixo: «Padre Maestro, acabemos de evacuar el punto de las Censuras de los Libros, que nos interrumpió Fray Gregorio, porque, á lo que veo, me parece que V. Paternidad es del mismo dictámen, que aquel famoso Censor del segundo tomo del Theatro Crítico Universal, que, huyendo el cuerpo á la censura del libro, se metió á censurar á los Censores; pero en verdad que llevó brava tunda en cierta Aprobacion del tercero tomo.» — «En la substancia, respondió el Maestro, del mismo parecer soy, y hallo, que tiene mucha razon en lo que dice: el modo puede ser que no huviesse agradado á todos, porque le oí notar de pomposo, arrogante, y satisfecho; y á algunos tampoco les pareció bien, que reservasse esta crítica para aquel lugar, en que no venia muy al caso, adelantándose tal qual á argüirle de ménos consiguiente, pues, protestando en la misma Censura, que no se hallaba con ánimo de ayudar fructuosamente al Autor del Theatro en el arduo y mal recibido oficio de Desengañador, él mismo le está exercitando en la misma Censura: con esta diferencia, que el Autor del Theatro exerce el officio de Desengañador de Sabios y de ignorantes, pues á todos comprehenden los errores comunes; pero el Censor exerce el de Desengañador únicamente de Sabios, porque á solos estos, ó en la realidad, ó en la estimacion, se fian por lo comun las Aprobaciones de los Libros.»

13. «Sobre la zurra, que le da todo un Colegio de Padres Aprobantes del tercer tomo, tambien he oído variedad de opiniones. Convienen todos en que la correccion fraterna está discreta, bien parlada, y con mucha sal, sin que la falte su granito de pimienta; pero, como los Autores de ella son de la misma estameña que el Autor del Theatro, algunos desearan que esta comission se la huvieran encargado á otro de diferente paño, en quien caeria mejor. Dicen, que esto de salir á la defensa de uno de su ropa, solo porque no se le alaba, no suena bien: otra cosa seria, si positivamente se le huviera injuriado sin razon, que entónces á ningunos tocaba mas immediatamente sacar la cara por él, que á los de Casa. Pero este reparo me parece poco justo, y aun poco reflexionado; porque aquellos Padres Maestros no impugnan directamente al Censor, porque no alaba al Autor del Theatro, sino porque censura á los que le alaban á él, y á todos los demas Autores; con que no tanto es defensa del Autor como de los Censores, y en esta todo el mundo tiene derecho á meterse,p. 223 con especialidad aquellos, á quienes se les ha encomendado este oficio.»

14. «Algunos maliciosos aun se adelantan á mas: paréceles á ellos, que ven una gran diferencia de estilo en lo restante de la Aprobacion, y en el párrafo en que se censura al Censor de los Censores: con esta aprehension se les figura por otra parte, que el estilo de este párrafo es muy parecido al nobilíssimo, perspicuo, y elegante, que gasta el Autor del Theatro. Y qué quieren inferir de aquí? Lo que se está cayendo de su peso, que este parrafillo le dictó el mismo Autor, pues se hallaba dentro de casa; y, sin explicarse mas, hacen un gesto, y tuercen el hocico. Pero esta me parece demasiada temeridad y sobrada delicadeza. Conocer en pocos renglones añadidos á otros muchos la diversidad de estilo, es para pocos ó para ninguno, sin exponerse á juzgar erradamente, salvo que aquella sea tan visible, que luego salte á los ojos; pues claro está, que, si en un Sermon del Padre Vieyra se mezclaran solos quatro renglones del Autor del Florilegio, un topo veria al instante la diferencia, y aun la disonancia; mas no estamos en el caso. El estilo de los Aprobantes no es tan dessemejante del Autor del Theatro, que diste infinito de él. Fuera de que á los buenos Escritores nunca los puede faltar un buen estilo, dice Quintiliano: Bonos nunquam honestus sermo deficiet; y, assí como no es impossible, sino muy regular, que uno dé en el mismo pensamiento que otro, assí tampoco lo es, que le explique de una misma manera. Mas supongamos, que el párrafo en question sea del mismo Autor del Theatro: quid inde? No veo en ella cosa, que me disuene, porque en él nada se le elogia, y ántes se me representa un rasgo de su moderacion y de su prudencia. Finjamos por un poco (y es una cosa bien natural), que los Reverendíssimos Aprobantes huviessen dexado correr la pluma en este punto con algun mayor calor y libertad de lo que pedia la materia. Demos por supuesto, (y no es ménos natural que lo primero,) que confiassen al Autor su censura, para que la viesse ántes que se estampasse. Como la leyó á sangre fria, notó que estaba un poco acalorada, y tomó de su quenta templarla, dictando un párrafo, en que se dice lo que basta, y en realidad á ninguno saca sangre. Esto es lo que yo concibo que pudo ser; pero, si fué otra cosa, todo ello importa un bledo.»

15. «En lo que no convengo, ni convendré jamas, es en que las Censuras de los libros, especialmente las que se hacen de oficio, esto es, por comission de Tribunal legítimo, se conviertan en Panegýricos; y perdónenme los Reverendíssimos Censores del Censor de todos ellos, que no me hace fuerza la razon, con que intentan defender la práctica contraria.p. 224 Dicen, que el Panegýrico, que se introduce en la Censura, siendo el mérito del Autor sobresaliente, es deuda; siendo mediano, urbanidad; y, solo siendo ninguno, será adulacion. Yo diria, con licencia de sus Reverendíssimas, que el Panegýrico que se introduce en la Censura, aunque el Autor le merezca, siempre es impertinente; y, si no le merece, no solo es una adulacion indigna, sino una mentira, un engaño sumamente perjudicial al progresso de las Ciencias, al honor de toda la Nacion, y á la utilidad comun. Al Censor solamente le mandan, que diga sencillamente su parecer sobre el mérito de la obra, aprobándola ó desaprobándola, sin que se detenga en alabar al Autor, sino que sea indirectamente por aquel elogio, que necessariamente le resulta, de que se apruebe su produccion; con que, pararse muy de propósito á hacer un gran Panegýrico del Autor, aunque sea el de mayor mérito, sin dexar epítheto que no le aplique, renombre con que no le proclame, ni erudicion que no ostente el Aprobante para exornar su encomio, no solo no es deuda, sino una obra muy de supererogacion.»

16. «Ya se entiende, que hablo solamente de aquellos largos panegýricos, que de propósito se introducen en las Censuras, adornados de todo género de erudicion, los quales son los que únicamente se pueden llamar Panegýricos. Y de estos digo, que, aunque los Autores los tengan muy merecidos, son fuera del assunto en las Aprobaciones, digámoslo assí, judiciales; y en este sentido, á mi ver, habló tambien el Censor de los Censores. Pero aquellos elogios, que resultan del breve y sencillo juicio, que se forma del mérito de la obra, como de su utilidad, de su inventiva, de su solidez, de su buen estilo, etc., estos, assí como no merecen el nombre de panegýricos, assí tampoco deben condenarse en los Censores, ántes apénas pueden cumplir con su oficio, sin que digan algo de esto; y en este sentido convengo tambien, en que los elogios pueden ser deuda, y pueden ser urbanidad.»

17. «Pero, quien ha de tener paciencia para sufrir otros diferentes rumbos, que siguen los Aprobantes? Todos, ó casi todos, son panegyristas, y de estos ya he dicho bastante. Algunos añaden á este oficio el de Glossadores, ó Addicionadores de la obra que aprueban; otros se meten á Apologistas del assunto, especialmente si este es de materia crítica, ó de algun punto contencioso: quando la obra es apologética, las Aprobaciones por lo comun se reducen á una apología de la misma apología, y aprobacion bien larga he visto yo, que, sin tocar en la substancia de la obra hasta el último párrafo, gasta el Aprobante muchas hojas en alabar la Patria del Autor, la nobleza de su orígen, las glorias de su Religion, y de todo esto infiere, que el libro es una cosa grande, y quep. 225 no puede contener ápice ni punto, que se oponga á los dogmas de la Fé ni á la mas severa disciplina. Digo, y vuelvo á decir, que todas estas me parecen unas grandíssimas impertinencias, dignas de ser desterradas de nuestra Nacion, como lo están de casi todas las demas del mundo, cuyos Censores se ciñen precisamente á lo que se les manda, diciendo en breves y graves palabras su dictámen, y dexando á los Lectores, que hagan de la Obra y del Autor todos los panegýricos, que se les antojaren.»

18. Muy enfrascado estaba el Maestro Prudencio en la conversacion, quando advirtió que Fray Gerundio se havia quedado dormido en la silla como un cepo, y que el Predicador bostezaba mucho, cayéndosele los párpados, de manera que cada instante necessitaba apuntalarlos. Hízose cargo de la razon, y dispertando á Fray Gerundio, no sin mucha dificultad, se fueron todos á la cama, quedando despedido el Predicador Fray Blas desde la noche, porque pensaba madrugar mucho el dia siguiente, para marchar á Jacarilla, en compañía de su Mayordomo el Tio Bastian, que para entónces ya le suponian perfectamente convalecido del accidente, que le havia acometido de sobre-comida ó sobre-bebida.

CAPITULO V.
Estrena Fray Gerundio el oficio de Predicador Sabatino con una Plática de Disciplinantes.

Aún no bien havia amanecido el dia siguiente, quando llegó un Mozo del Convento con una Carta del Prelado, en que mandaba á Fray Gerundio, que quanto ántes se retirasse, porque le hacia saber, que la Villa havia votado una Procession de Rogativa por el agua, de que estaban necessitados los campos, en la qual havia determinado salir la Cofradía de la Cruz, y que era menester disponerse para predicar la Plática de Disciplinantes. Mucho se holgó nuestro Predicador Sabatino con esta noticia, por quanto estaba ya rebentando por darse á conocer en el público, y se le hacian siglos los dias, que tardaba una funcion. Pero fué tan desgraciado, que, media hora ántes que llegasse el Propio, havia partido para Jacarilla su grande amigo Fray Blas, y esto no dexó de contristarle algun tanto, porque le podia dar alguna idéa, ó algunas reglas propias de su buen gusto, para disponer aquella especie de funcion, de la qual nunca havian tratado en particular: y, siendo la primera, le importaba mucho salirp. 226 de ella con el mayor lucimiento. Ya se le ofreció consultar el punto con el Maestro Prudencio, pero dixo allá para consigo: «Este viejo me dirá alguna de las que acostumbra; aconsejaráme, que encaje á los Cofrades un trozo de mision, que diga, como las calamidades públicas siempre son castigo de los pecados públicos y secretos, que lo confirme con exemplos de la Sagrada Escritura y de la Historia profana, de los quales me contará un rimero de ellos, porque el viejo sabe mas que Merlin; prevendráme, que despues me dexe naturalmente caer sobre la necessidad de aplacar á la Divina Justicia por medio de la penitencia, porque no hay otro; y por fin y postre querrá, que los espete, que de este único medio se valió el mismo Jesu-Christo, derramando toda su Sangre por nuestros pecados, para satisfacer á su Eterno Padre y aplacar la justa indignacion contra todo el linage humano; y, al llegar aquí, querrá que me afervorice y que los exhorte á despedazar primero su corazon, y despues sus espaldas, no con espíritu de vanidad, sino con espíritu de compuncion. Esta retahila me encajará el Padre Maestro, como si la oyera, y me querrá persuadir, que á esto, y no á otra cosa, se debe reducir este género de Pláticas; pero á otro perro con esse huesso. Cierto, que quedaria yo bien lucido, en la primera funcion en que me estreno de puertas á fuera, con predicar como pudiera un carcuezo, y con decir lo que diria qualquiera vieja. Yo me guardaré de preguntarle nada á su Paternidad, y compondré mi Plática como Dios me diere á entender, sin ayuda de vecinos.»

2. Con este pensamiento se entró en el quarto, donde estaba el Maestro Prudencio todavía recogido, porque con la conversacion de sobre-cena se le havia encendido la cabeza, y havia passado mala noche. Dióle parte de la carta, con que se hallaba del Prelado, el qual le havia embiado mula al mismo tiempo, para que se retirasse, y díxole, que si mandaba algo para el Convento. El Maestro, puesto que no dexó de sentir este incidente, porque havia consentido en que, ya que no le quitasse del todo la bodoquera, podria quitarle algunos bodoques en los passéos y conversaciones de la Granja; pero al fin, viendo que no tenia remedio, huvo de conformarse, y solamente le previno, que tratasse de platicar con juicio y con piedad, porque el assunto lo pedia, advirtiéndole que, mediante Dios, esperaba oírle. «Bien está, Padre Maestro, le respondió Fray Gerundio; pierda cuydado V. Paternidad, que por esta vez pienso, que he de acertar á darle gusto»; y con esto se despidió.

3. Dice una leyenda antigua de la Orden, que en todo el camino que havia desde la Granja al Convento, que no era ménos que de quatro leguas largas, iba nuestro Fray Gerundiop. 227 tan pensativo y tan dentro de sí mismo, que no habló ni siquiera una palabra al mozo, que iba delante de la mula, y lo que mas admiracion causó á todos los que le conocian, fué, que no solo no se paró á echar un trago en una Venta, que havia en la mitad del camino, pero que ni siquiera reparó en ella. Esto consistió, como él mismo lo confessó despues, en que iba totalmente preocupado en hacer apuntamientos mentales, y en buscar especies y materiales allá dentro de su memoria, para disponer una Plática de rumbo, que diesse golpe y que de contado le acreditasse.

4. Desde luego se le ofrecieron á la imaginacion, como en tropel, las confusas idéas de esterilidad, Rogativa, Cofradía, Cruz, Penitentes, pelotillas, ramales, sangre, Penitentes de Luz, etc.; y todo su cuydado era, como havia de encontrar en la Mythología ó en la Fábula algunas noticias, que tuviessen alusion con estas especies, pues, por lo que toca á la coordinacion y al estilo, esso no le daba maldita la pena, pues siguiendo el mismo, que havia usado en el Sermon de Santa Ana, y procurando imitar el inimitable del Florilegio, estaba seguro del aplauso del Auditorio, que era el único obgeto, que por entónces se le proponia.

5. Para hablar de la esterilidad, al instante se la ofreció la edad de plata y la edad de hierro; porque hasta la primera los hombres eran unos Angelitos, y la tierra producia por sí misma todo género de frutas y de frutos para su sustento y regalo, sin necessitar de cultivo, el que enteramente ignoraban; pero, como en la edad de plata comenzassen á ser un poco bellacos, tambien la tierra comenzó á escasearles sus frutos, y se empeñó en que no les havia de dar alguno, sin que les costasse su trabajo. Mas aquí estaba la dificultad; porque los pobres hombres, acostumbrados á la abundancia y al ocio, no sabian como havian de beneficiarle, hasta que compadecido Saturno baxó del Cielo y los enseñó el uso del azadon y del arado, para que en fin, costándolos su trabajo y sudor, la tierra los sustentasse. Pero luego le ocurrió, que esto no venia muy á quento, porque aquí no se trataba de esterilidad nacida de falta de cultivo, sino de falta de agua, y para esta havia de menester una Fábula, como el pan para comer.

6. Dichosamente se le vino en aquel punto á la memoria la edad de hierro, en la qual nada producia absolutamente la tierra, ni cultivada ni por cultivar; y es que los Dioses la negaron enteramente la lluvia, en castigo de las maldades de los hombres, que se havian hecho muy taymados y solo trataban de engañarse los unos á los otros, como dice el doctíssimo Conde Natal. No se puede ponderar la alegría que tuvo, quando se halló, sin saber como, con una introduccionp. 228 tan oportuna; y, apuntándola allá en el desenquadernado libro de su memoria, passó á revolver en su imaginacion algunas especies de Mythología, que se pudiessen aplicar á cosa de rogativa.

7. A pocas azadonadas se le vino oportunamente á ella aquel famoso caso de Bacco, quando, hallándose en la Arabia desierta, por donde caminaba á cierto negocio de importancia, y muriéndose de sed, por no encontrar una gota de agua enmedio de aquellos adustos arenales, juntó los pastores de la Comarca, y, formando en ellos una devota Procession ó rogativa en honra del Dios Júpiter, ofreció que le fabricaria un Templo, si le socorria en aquella necessidad; y al punto se apareció el mismo Júpiter en figura de un Carnerazo fornido y bien actuado de puntas retorcidas, que, escarvando con el pié en cierta parte, brotó una copiosa fuente de agua dulce; y Bacco agradecido cumplió su voto, edificando al Dios Carnero el primer Templo, con el título de Júpiter Amon. Dióse mil parabienes por este hallazgo, especialmente quando supo despues, que el Mayordomo de la Cofradía de la Cruz en aquel año se llamaba Pasqual Carnero, y propuso en su ánima hacerle Júpiter Amon, con lo que le pareció haver encontrado un thesoro, para tocar la circunstancia principal, y tuvo por sin duda allá para consigo, que desde aquel punto no havria Sermon de Cofradía, que no le pretendiesse con empeño.

8. Remachóse en este buen concepto que hizo de sí mismo y de su grande suficiencia, quando, para hablar de la misma Cofradía, compuesta por la mayor parte de Labradores, se le vinieron al pensamiento los Sacrificios Ambarvales, que se hacian en honor de la Diosa Céres, Tutelar de los Campos y de las Cosechas; á los quales sacrificios presidia cierta especie de Cofradía, compuesta de doce Cofrades, que se llamaban los Hermanos Arvales, esto es los Cofrades del Campo, derivando su denominacion de arvus arvi, que le significa; porque, aunque es verdad, que estos no eran mas que doce, y los Cofrades de la Cruz passaban de ciento, esse le pareció chico pleyto, pues, si el número siete en la Sagrada Escritura significa multitud, mas significará el número doce en la Mythología.

9. Donde se halló un poco apurado, fué en tropezar con alguna erudicion de buen gusto, que pudiesse aludir á Cofradía de la Cruz; y despues de haverse aporreado por algun tiempo la cabeza, sin encontrar cosa que le satisfaciesse, su buena fortuna le deparó una admirable especie, que á un mismo tiempo le sirvió para cumplir gallardamente con la circunstancia agravante de la Cruz y con la de los Penitentes de Sangre, que no le daba ménos cuydado que la otra. Acorp. 229dóse haver leído en un extraordinario libro, que se intitula: Idéa de una nueva Historia general de la América Septentrional, como en honor del Dios Izcocauhqui, que era el Dios del Fuego, iban los Indios al monte por un grande árbol, que con mucho acompañamiento, música, y aparato conducian al patio del Templo: allí le descortezaban con extraordinarias ceremonias; le elevaban despues á vista de todo el Pueblo, para que constasse á todos que tenia la altura, que prescribia la ley; despues le baxaban, y cada uno le adornaba con ciertos papeles teñidos en sangre propia; hecho lo qual, volvian á levantarle con gran tiento, devocion, y reverencia. Entónces los Amos tomaban acuestas á sus Esclavos, y, baylando al rededor de una grande hoguera, que estaba encendida junto al árbol, quando los pobres esclavos estaban mas descuydados, daban con ellos en las llamas, y se hacian ceniza.

10. No cabe en la imaginacion, quanto se regocijó el bendito Fray Gerundio con este, á su parecer, felicíssimo y oportuníssimo hallazgo, porque en solo él tenia quanto havia menester para lo que le restaba que ajustar. Havia árbol trahido del monte con mucho acompañamiento, y elevado con grande devocion en el patio del Templo. Qué sýmbolo mas propio del Arbol de la Cruz? Y mas que, por descortezarle despues, no perdia nada para el intento. Havia papelitos teñidos en sangre de los Cofrades, que levantaban el árbol; cosa ajustadíssima y pintiparada á los Penitentes de Sangre, pues, que esta tiñesse papeles ó tiñesse faldones, es question de nombre, particularmente quando ya se sabe, que de los faldones se hace el papel. Havia Amos, que baylaban al rededor del árbol y de la hoguera con los Esclavos acuestas, á los quales echaban despues en la lumbre, y ellos se quedaban riendo; metáphora muy natural de los Penitentes de Luz, que son como los Amos de la Cofradía, los quales se contentan con alumbrar á los Penitentes de Sangre, para que estos se quemen y se abrasen á azotes, ya entre los manojos de los ramales, ya entre las ascuas de las pelotillas.

11. Mil parabienes se dió á sí mismo por haver encontrado con una provision de materiales, los mas exquisitos y mas adequados para el intento, que, á su modo de entender, se podian juntar; y ya quisiera él, que la Plática fuesse el dia siguiente, para darse quanto ántes á conocer, pues, una vez juntos los materiales, en dos horas le parecia que podria disponerla, particularmente haviéndose de reducir á una exhortacion muy breve, como él mismo lo havia observado en las Pláticas de aquella especie, que havia oído, por quanto se comenzaba á platicar al mismo tiempo que se iba ya formando la Procession; y en órden á tomarla de memoria, essop. 230 le daba poco cuydado, porque realmente era de una memoria feliz y, como dicen, burral.

12. No obstante, haciendo un poco mas de reflexion sobre todas las circunstancias de esta última erudicion mythológica, no podia enteramente aquietarse, pareciéndole, que la aplicacion de los papelitos teñidos en sangre á los Penitentes de la Cofradía era un poco violenta; y, aunque juzgó, que en caso de necessidad y en un lance forzoso ya pudiera passar, mayormente en una Aldéa, donde no huviesse mas Críticos ni mas Censores, que el Barbero y el Fiel de Fechos, pero bien quisiera él hallar otra cosa mas terminante, y como en propios términos de Penitentes de Sangre, para assegurar mas su lucimiento, sin exponerse á melindrosos reparos de gentes escrupulosas, de las quales havia algunas en su Comunidad y en el Pueblo, que, como llevamos significado, era una Villa de media braga, ni tan desierto como Quintanilla del Monte, ni tan poblado como Cádiz y Sevilla.

13. Con este cuydado se iba ya acercando al Lugar, asaz pensativo y no poco pesaroso, quando de repente dió un alegre grito, acompañado de una gran palmada sobre el albardon de la mula; y prorrumpió diciendo: «Hay borracho como yo! Vaya, que soy un mentecato. En el mismo admirable libro intitulado: Idéa de una nueva Historia general de la América Septentrional, pocas hojas mas allá donde se refiere lo del árbol y lo de los papelitos de sangre en honor del famoso Dios Izcocauhqui, me acuerdo haver leído dos especies, que luego las apunté para estas ocasiones, y son tan nacidas para ellas, que, aunque yo mismo las huviera fingido, no podian venir mas á pelo. Ambas especies se encuentran en el §. X, que trata de los sýmbolos de los meses Indianos, segun Gemelli Carreri; y la primera dice assí, porque la tengo en la memoria, como si la estuviera leyendo:»

14. «Tozoztli, sýmbolo del segundo mes, quiere decir sangría ó picadura de las venas; porque assimismo en el segundo dia de este mes los Indios, ó fuesse con las puntas del maguey, ó con navajas de pedernal, en señal de penitencia se sacaban sangre de los muslos, espinillas, orejas, y brazos, y ayunaban al mismo tiempo… Era esta fiesta de Penitentes dedicada al Dios Tlaloc, Dios de las lluvias. Y mas abaxo. Los que tenian el oficio de hacer Xuchiles ó ramilletes entre año, llamados Xochimanque, festejaban en la tercera edad[35] á la Diosa Chivalticue, que es lo mismo que decir, enaguas de muger, ó por otro nombre Coatlatona, Diosa de los Mellizos. La segunda especie es como se sigue, sin faltarle tilde.»

15. «Hueytozoztli, superlativo de Tozoztli, sýmbolo del tercer mes, quiere decir punzadura ó sangría grande; porque en deteniéndose las aguas, que no comenzaban hasta estep. 231 tiempo, correspondiente á nosotros por Abril, se aumentaban las penitencias, crecia la saca de la sangre, y eran mayores los ayunos, y aun los sacrificios. La fiesta se hacia al Dios Citeolt, Dios de el Maiz, etc.». Estas dos especies tengo apuntadas en mi quaderno y encomendadas á mi memoria, y me andaba yo aporreando los cascos por encontrar otras, que se adaptassen á las circunstancias principales del assunto? Donde las havia de hallar mas exquisitas? donde mas nuevas? donde mas cortadas al talle del intento? Aquí tengo esterilidad de la tierra por falta de agua: aquí tengo á Tlaloc Dios de las lluvias: aquí tengo una Procession de Penitentes de Sangre, y no ménos que en el mes de Hueytozoztli, que es el mismíssimo mes de Abril, en que nos hallamos, y en que se ha de celebrar nuestra Procession: aquí tengo Xuchiles y Xochimanques, esto es los que hacian ramilletes ó ramales, que allá se va todo, y es bien corta la diferencia: aquí tengo Coatlatona ó enaguas de muger, cosa tan precisa para que se vistan los Penitentes: y, en fin, aquí tengo una India, y ya no me trueco, ni por quarenta Fray Blases, ni por quantos Autores de Florilegios puedan producir las dos Estremaduras. Ola! pero esto no quita, que yo los venere siempre, como á mis dos Maestros, como á los dos modelos, como á mis originales en la facultad de la carrera, que emprendo.»

16. Embelesado en estos pensamientos y casi loco de contento, nuestro Fray Gerundio llegó á la puerta reglar de su Convento; apeóse, fué á la Celda del Prelado, dió su benedicite, tomó la venia, retiróse á la suya, desalforjóse, desocupó, echó un trago, y sin detenerse un punto puso manos á la obra; trabajó su Plática, que aquella misma noche quedó concluída; y llegado el dia de la Procession, á que concurrió mucho gentío de la Comarca, Anton Zotes, y su muger, á quienes el mismo hijo havia escrito, para que viniessen á oírle, sin faltar tampoco el Maestro Prudencio, que la noche ántes se havia retirado de la Granja, con gentil denuedo representó su papel, que, copiado fielmente del original, decia assí, ni mas ni ménos:

17. «A la aurífera edad de la innocencia, lavabo inter innocentes manus meas, en trámite no interrupto sucedió la argentada estacion de la desidia: Argentum et aurum nullius concupivi. No llegó la ignavia de los mortales á ser lethálica culpa: pero se arrimó á ser borron nigricante de su nivea candidez primeva:

Pocula tartareo haud aderant nigrefacta veneno.
Sobresaltados los Dioses, ego dixi: Dii estis, determinaron prevenir el desórden con admonicion benéfica. Admirablep. 232mente el Symbólico: Ante diem cave; y paralogyzaron la correccion en preludios de castigo: Corripe eum inter te, et ipsum solum.»

18. «La Madre Cýbeles (ya sabe el docto, que en el Ethnico fabuloso Léxicon se impone este cognomento á la Tierra: Terra autem erat inanis et vacua): la Madre Cýbeles, Cybeleia mater, que dixo oportuno el Probóscide Poeta: la Madre Cýbeles, que hasta entónces espontaneaba sus fruges, resolvió negarlas, miéntras no la reconviniesse por ellas el penoso afan del mádido Colono: In Columna nubis. Mas, ó Cielos! Como havia de elaborar el infeliz Agrícola, si le faltaba la causa instrumental para el cultivo, y si del todo ignoraba la causa material, y la eficiente para el instrumento? Quæcumque ignorant, blasphemant: quomodo fiet istud? Commiserado Saturno, baxó de lo alto del Olympo: Descendit de Cœlis, y enseñó al hombre el uso del azadon tajante y del arado escindente: Terra scindetur aratro. Haveislo entendido, mortales? Luego, bien decia yo, que siempre son los pecados ocasion de los castigos: Et peccatum meum contra me est semper. Pero aún no estamos en el caso.»

19. «A la argentada estacion sucedió el século ferrugineo: Sæculum per ignem, y, aunque en él havia instrumentos para el cultivo, y posseían los hombres scientífica comprehension de su manejo, possedit me in initio viarum suarum, obstruída la Cybélica Madre, correspondia con esterilidades á los afanes del agrícola: Et pater meus agricola est. Aquí el reparo. Si la reconvenia con sus sulcos el corvo hierro, si la llamaba con sus golpes la afilada plancha, por qué no se daba por entendida? por qué no producia la tierra verdigerantes frutos? Germinet terra herbam virentem. Qué oportuno Lyra? Porque el Cielo empedernido la negaba la lluvia: Non pluit menses septem. Pero, qué motivo pudo tener essa tachonada techumbre para tan cruel duricie? Díxolo Cartario muy á mi intento: porque los hijos de los hombres havian multiplicado las nequicias: Et deliciæ meæ esse cum filiis hominum. Pues qué remedio? Oíd al sapientíssimo Mythólogo.»

20. «Despréndase el gran Bacco de essa bóbeda celeste; enseñe á los hombres á compungirse y á implorar la clemencia del Tonante con una Rogativa penitente: Te rogamus, audi nos: ofrézcale cultos y sacrificios en futuras aras, y baxará el mismo Júpiter Amon, que es lo mismo que Carnero, y con una sola patada ó debaxo de la planta de su pié, a planta pedis, hará que broten aguas, que apaguen la sed y fertilizen los Campos: Descendit Jesus in loco campestri. Para el docto no es menester aplicacion; vaya para el ménos entendido. No es assí, que ha siete meses, que las nubes nos niegan sus salutíferos sudores? No es assí, que á esta denegacionp. 233 se han seguido los sýmptomas de una tierra empedernida? Pues institúyase una devota Rogativa; vayan en ella los Cofrades de la Cruz de Penitentes; presídala su digno Mayordomo Júpiter Amon, Pasqual Carnero, que debaxo de sus piés, de sub cujus pede, brotarán aguas copiosas, que fecunden nuestros Campos:

Horrida per Campos bam, bim, bombarda sonabant.
Mas es muy celebrado en las Sagradas Letras el Cordero Pasqual: Agnus Paschalis. Sabe el discreto, que de los Corderos se hacen los Carneros. Luego nuestro insigne Mayordomo Pasqual Carnero seria quando niño Cordero Pasqual. La ilacion es innegable. Pero aún no lo he dicho todo.»

21. «A la frugífera Céres, Diosa Tutelar de los Campos y de las Cosechas, se ofrecian aquellos Sacrificios, que se llamaban Ambarvales, y se hacia una solemne Procession al rededor de los Campos, para ofrecerla estos Sacrificios: Ambarvales hostiæ. Y quienes eran los que principalmente la formaban? Unos devotos Cofrades, que se llamaban Arvales: Arvales fratres; los quales, en sentir de los mejores Intérpretes, eran todos Labradores. No lo levanto yo de mi cabeza: dícelo el profundíssimo Caton: Ambarvalia festa celebrabant Arvales fratres, circumeuntes campos, et litabant Ambarvales hostias. Y á quien se ofrecian? Ya lo he dicho, á la Diosa Céres, que se deriva de cera, para denotar tambien á los Cofrades de Luz: Vos estis lux mundi.»

22. «Mas, porque el Crítico impertinente ó escrupuloso no eche ménos á los Penitentes de Sangre, id conmigo y vereis, que esto de los Penitentes no es invencion de modernos, como quieren algunos ignorantes, sino una Cofradía muy antigua, establecida en todos los Siglos y en todas las Naciones. Ea, dad un salto á la América Septentrional.»

23. «Allí vereis al Dios Tlaloc, Superintendente de las lluvias, haciéndose de pencas y no querer desatarlas en el mes de Tozotli, que es el de marzo. Allí vereis, que, para moverle á piedad, se arman los Indios de magueys ó puntas de pedernal, y se sacan copiosa sangre de todas las partes de su cuerpo. Allí vereis, que el irritado Tlaloc continúa las señas de su enojo en el mes de Hueytozotli, que corresponde al de abril, en que nos hallamos, y negando en él la agua, por los pecados de aquellos infelices, arrepentidos estos, aumentan las penitencias y se sacan sangre hasta correr por el suelo al rigor de los Xuchiles, esto es, á la violencia de los ramales, empapando en ella á la Diosa Chivalticue, que es tanto como la Diosa de las Enaguas, y dirigiendo la penitente Procession al Templo de Citeolt, Dios del Maiz ó Trigop. 234 de Indias, para que, intercediendo con Tlaloc y uniéndose con él, los franqueasse los frutos de la tierra.»

24. «Ea, hermanos, á vista de tan oportunos como eficaces exemplares, qué haceis? en qué os deteneis? Quid facis in paterna domo, delicate miles? A qué aguardais para empuñar con brioso denuedo essos cándidos Xuchiles, y, convocando primero el humor purpureo á las dos carnosidades postergadas, no le sacais despues con los cerosos magueys, hasta dexar empapadas las alvicantes Chivalticues, y corra por ellas la sangre á regar la dura tierra: Guttæ sanguinis decurrentis in terram? Mirad, Fieles, que está enojado nuestro Divino Tlaloc; mirad que el benéfico Citeolt se pone de parte de su ceño. Corred, corred á aplacarlos; volad, volad á satisfacerlos; empuñad, vuelvo á decir, essos Xuchiles; tomad bien la medida á essos magueys; brote de vuestras espaldas el roxo licor á borbotones. Assí aplacareis la ira de los Dioses; assí satisfareis por vuestras culpas; assí conseguireis para vuestros campos epitalamios de lluvia, y para vuestras almas epiciclos soberanos de gracia, prenda segura de la Gloria: Quam mihi et vobis, etc.»

25. No bien havia pronunciado la última palabra, quando resonaron en el Templo unos gritos, que salian por entre los caperuces, á manera de voces encañonadas por embudo ó por cervatana, que decian: Vítor el Padre Fray Gerundio, vítor el Padre Fray Gerundio; y lo que mas es, que quedaron los Penitentes tan movidos con la desatinada Plática, no obstante que los mas, y aunque digamos ninguno de ellos havia entendido ni siquiera una palabra, que al punto arrojaron las capas con el mayor denuedo, y comenzaron á darse unos azotazos tan fuertes, que ántes de salir de la Iglesia ya se podian hacer morcillas con la sangre, que havia caído en el pavimiento. Las mugeres, que estaban junto á la Tia Catanla, la dieron mil abrazos y aun mil besos, dexándola al mismo tiempo bien regada la cara de lágrymas y de mocos, todos de pura ternura, y diciéndola, que era mil veces dichosa la madre, que havia parido tal hijo. Un Cura viejo, que se hallaba por casualidad immediato á Anton Zotes, y que, sin embargo de haver llevado tres veces calabazas para Epístola, una para Evangelio, y dos para Missa, todavía por sus años y por su bondad era hombre respetable, dándole un estrecho abrazo, le dixo: Señor Anton, cinquenta y dos Pláticas de Disciplinantes he oído en esta Iglesia, desde que soy indigno Sacerdote (en buena hora lo diga); pero Plática como esta, ni cosa que se la parezca, ni la he oído, ni pienso jamas oírla. Dios bendiga á Gerundito, y no me mate su Magestad, hasta que le vea Presentado.

26. Déxase á la consideracion del pio y curioso Lector,p. 235 como quedarian el Tio Anton y la Señora Catuja, quando oyeron estas alabanzas de su hijo, y fueron testigos oculares de sus aplausos; y tambien es mas para considerado que para referido, el gozo, la vanidad, y la satisfaccion propia, que en aquel punto se apoderaron del corazon de Fray Gerundio, al escuchar él mismo tan grandes aclamaciones. Pero, como son poco duraderos los contentos de esta vida, y siempre dispone Dios, que enmedio de los mayores triunfos sucedan algunos acaecimientos tristes, que nos acuerden que somos mortales, quiso la mala trampa, que al baxar del Púlpito y en la misma Sacristía de la Iglesia le dieron al bueno de Fray Gerundio un humazo de narices, que, á ser otro, que no fuera de tan buena complexion, le huviera trastornado.

27. Fué el caso, que se hallaba de Recluta en aquella Villa un Capitan de Infantería, capaz, despejado, muy leído, y haviendo oído la Plática, luchando á ratos con la cólera, y á ratos con la risa, determinó finalmente holgarse un poco á costa del Predicador, y entrando en la Sacristía, despues de darle un abrazo ladino, pero muy apretado, le dixo con militar desenfado: «Vamos claros, Padrecito Predicador, que, aunque he rodado mucho mundo, y en todas partes he sido aficionado á oír Sermones, en mi vida he oído cosa semejante. Plática mejor de Carnestolendas, y Exhortacion mas propia para una Procession de mogiganga, ni Quevedo!» Algo cortado se quedó Fray Gerundio al oír este extraño cumplimiento; y, como en punto de desembarazo no podia medir la espada con el despejo del señor Soldado, le preguntó con alguna turbacion y encogimiento: «Pues, qué ha tenido la Plática de mogiganga, ni de cosa de antruidos?»

28. — «No es nada lo del ojo, y llevábale en la mano, le replicó el Oficial. Ahí es un grano de anis las Fabulillas con que V. Paternidad nos ha regalado para compungirnos. La de Saturno vale un millon; la de Bacco se debe engastar en oro; lo de Júpiter Amon y Pasqual Carnero, con aquel retoquecillo del Cordero Pasqual, no hay preciosidades con que compararlo; y en fin, todo aquel passage de los Penitentes Americanos con enaguas, ramales, y pelotillas; los Dioses en cuyo obsequio hacian las penitencias, con sus pelos y señales; el motivo de ellas, y hasta la oportunidad de los meses en que las hacian, todo es un conjunto de divinidades; y V. Paternidad, aunque tan mocito, puede ser Predicador en Gefe, ó á lo ménos mandar un destacamento de Predicadores, que, si son como V. Paternidad, pueden acometer en sus mismas trincheras á la melancolía, y no solo desalojarla de su campo, sino desterrarla del mundo.» Y sin decir mas, ni dar tiempo á Fray Gerundio á que replicasse, le hizo una reverencia y se salió de la Sacristía.

p. 236

CAPITULO VI.
Donde se refiere la variedad de los juicios humanos, y se confirma con el exemplo de nuestro famoso Predicador Sabatino, que no hay fatuidad, que no tenga sus protectores.

Assí se despidió el bellacon del Capitan del bueno de Fray Gerundio, haviendo echado un jarro de agua á todas las complacencias, con que se hallaba el Santo Varon por los vítores y aplausos de la Iglesia, y dexándole triste, desconsolado, y pensativo. Pero, como en esta vida ni los gustos ni los disgustos son muy duraderos, el que le causó la satyrilla viva y desenfadada del señor Oficial, le duró poco; porque apénas subió de la Sacristía á la Celda, quando se le entró en ella toda la mosquetería del Convento, es decir la gazapina de Colegiales, Choristas, Legos, y gente moza. Como este, por lo comun, es uno de los vulgos mas atolondrados del mundo, y por lo mismo uno de los mas perjudiciales, no es ponderable el porrazo, que dió á casi todos la tal Plática; porque, no distinguiendo de colores, y governándose solo por el boato y por el sonsonete, á los mas les pareció un milagro del ingenio.

2. Entraron, pues, de tropel en la Celda de Fray Gerundio, con tal zambra, gresca, y algazara, que parecia venirse á tierra el Convento; y, como todos havian sido sus Condiscípulos, siendo, con corta diferencia, de una misma edad, aunque él era ya Sacerdote y Predicador, no acertaban á mirarle con respeto, con que dexaron correr las expressiones de su gozo con toda la libertad de una familiaríssima llaneza. Unos le abrazaban, otros le vitoreaban; estos le hablaban por un lado, aquellos por el otro; algunos le tiraban por el Hábito y por las mangas, para que les contextasse, y no faltaron otros, que le levantaban en el ayre, aclamándole ya por el mayor Predicador, que tenia la Orden; tanto que uno, que era segundo Vicario de Choro, exclamó con voz gruesa y corpulenta: Hasta ahora creía yo, que en el mundo no havia otro Fray Blas; pero bien puede aprender otro oficio, porque todo quanto predica, aunque tan exquisito, tan conceptuoso, y tan raro, es bazofia respecto de lo que hoy hemos oído á Fray Gerundio. A un Lego anciano, sencillo, y bondadoso, que havia sido refitolero mas de quarenta años, y le estaba mirando de hito en hito, se le caían las lágrimas de puro gozo y ternura. El despensero le dixo, que tenia á su disposicion todo el vino de la Despensa, porque á quien tanto honraba el Santo Hábito, era razon que todo se le franquep. 237asse; el Cocinero se le ofreció muy de veras á su servicio; y hasta el Procurador, que no suele ser gente muy bizarra, le regaló desde luego in voce con dos barriles de sardinas escavechadas, y esto sin perjuicio de regalarle con otros dos de otras, quando las tuviesse, en prendas de su amor y complacencia.

3. Déxase á la consideracion del pio y curioso Lector quanta seria la de nuestro Fray Gerundio al oírse alabar con tantas aclamaciones, por quanto no era hombre insensible á sus aplausos, ni tampoco era de parecer, como el otro Orador afilosophado, que el grito de la muchedumbre inducia fuertes sospechas de grandes desaciertos.

4. Pero ves aquí, que, quando la gente del chilindron estaba en lo mejor de su trisca, y el bendito Fray Gerundio mas engolfado en sus glorias, entraron en su celda el Prelado, el Maestro Fray Prudencio, y los demas Padres graves á darle la que llaman la acenoria, esto es, la enhorabuena de la funcion, como loablemente se estila en todas las Religiones. Al punto cessó la algazara de los mozos, y cada qual se compuso lo mejor que pudo, metiendo las manos debaxo del Escapulario, y arrimándose hácia las paredes con los ojos baxos y con reverente silencio. El Prelado se contentó con decirle, que descansasse, y haviéndose detenido un breve rato, sin hablar mas palabra, se retiró luego: de los demas Maestros, unos solo hicieron el ademan de baxar un poco la cabeza, murmullando entre dientes una especie de enhorabuena estrujada, que no se entendia; otros se la dieron con palabras claras, pero tan equívocas, que algun malicioso podia interpretarlas con poca benignidad, como el que le dixo: Fray Gerundio, cosa grande! por el término no la he oído mayor, ni espero oírla igual, sino que sea á tí. Dos ó tres de ellos, que eran algo encogidos, y un si es no es taciturnos, solamente le dixeron: Dios te lo pague, Fray Gerundio, que lo has trabajado mucho; y el bueno del Fraylecito quedó muy solazado, pareciéndole que era lo mismo trabajarlo mucho, que trabajarlo bien.

5. A todo esto callaba el Maestro Prudencio, sin hacer mas que mirarle de quando en quando con unos ojos entre compasivos y severos; mas, luego que se retiraron los otros Padres Maestros, viendo que los Colegiales amagaban hacer lo mismo, los dixo: «Esténse quietos, que ahora tengo yo que platicar á nuestro Padre platicante, y mi plática tambien puede ser provechosa para ellos.» Sentóse en una silla, hizo á Fray Gerundio, que se sentasse en otra, y, volviéndose hácia él, le habló de esta manera:

6. «Fray Gerundio, has perdido el juicio? Estabas en él quando compusiste una sarta de tanto disparate, y quandop. 238 tuviste valor para predicarla? Es esto lo que me ofreciste al despedirte de mí en la Granja, diciéndome, que perdiesse cuidado, que por esta vez pensabas, que havias de acertar á darme gusto? Pues qué? piensas que podia yo gustar del mayor texido de locuras y de despropósitos, que he oído en los dias de mi vida, sino que le exceda ó le compita la desatinada Salutacion del Sermon de Santa Ana. Y esto en una funcion de suyo tan seria, tan tierna, tan dolorosa, en que todo debiera respirar compuncion, lágrimas, gemidos, y penitencia! Estoy por decir, que, quando no se huviera cometido otro pecado que el de tu Plática, él solo merecia que nos castigasse Dios con el terrible azote de la sequedad y de la esterilidad, que padecemos. Pero no me atrevo á decir tanto, porque conozco, que no pecas de malicia, sino de ignorancia ó de innocencia.»

7. «Ven acá, hombre; tu Plática se ha reducido á otra cosa que á atestarnos los oídos de Fábulas ridículas, insulsas, é impertinentes, verificándose á la letra lo que ya dixo en profecía el Apóstol por tí y por otros Predicadores como tú, que huirian de la verdad y convertirian toda su atencion á las Fábulas, transcendiendo este depravado gusto á los oyentes: A veritate quidem auditum avertent, ad fabulas autem convertentur? Qué fuerza han de tener estas para movernos á hacer penitencia por nuestras culpas, y aplacar por este medio el rigor de la Divina Justicia, tan justamente irritada contra ellas?»

8. «No tendrian mas eficacia los exemplos verdaderos de la Sagrada Escritura y de la Historia Eclesiástica, una y otra atestada de los horrendos castigos temporales, con que Dios en todos tiempos ha escarmentado los pecados de los hombres, sin dexar el azote de la mano, hasta que se le diesse satisfaccion por medio del dolor, de la emienda, y de la penitencia? Los dilubios, las inundaciones, las guerras, las hambres, las pestes, las esterilidades, los terremotos, los volcanes, y todos los demas movimientos extraños de la naturaleza, governados por el Supremo Autor de ella, han nacido jamas de otro principio, ni han tenido otro fin?»

9. «Qué siglo de oro? ni qué siglo de estaño? ni qué siglo de hierro? ni qué embustes de mis pecados? No ha havido mas siglo de oro que la estrechíssima duracion del estado de la innocencia, reducida, segun los mas á pocos dias, y segun algunos á pocos instantes. Entre la innocencia y la malicia no huvo medio. Desde que comenzaron á multiplicarse los hombres, comenzaron á multiplicarse los pecados, de suerte que estos solamente fueron pocos, miéntras fueron pocos los que podian pecar. Y desde entónces comenzó Dios sus amorosos avisos, castigando á unos para escarmentar áp. 239 otros, hasta que extendida la maldad, sin dexarse reconvenir del escarmiento, fué tambien menester que se extendiesse el castigo.»

10. «Si el tiempo, que has perdido miserablemente en leer ficciones, le huvieras dedicado á ojear, aunque no fuesse mas que de passo, la Sagrada Biblia, en ella encontrarias historias infalibles en que fundar tu exhortacion, sin el ridículo y aun sacrílego recurso á patrañas fabulosas. Esterilidad, nacida de falta de agua y de sobra de pecados, encontrarias en Egypto en tiempo de Pharaon y de Joseph. Esterilidad, procedida del mismo principio, encontrarias en Israel, en tiempo del Profeta Elias. Esterilidad, originada de la misma causa, encontrarias en el Reyno de Judá, en tiempo de los dos Joranes cuñados. Y si, despues de la Historia Sagrada, huvieras siquiera passado los ojos por la Eclesiástica y por la Profana, apénas hallarias Siglo, que no te ofreciesse á docenas los exemplares en diversos Reynos y Provincias, con la circunstancia de que no cessó el castigo, miéntras no cessaron ó se disminuyeron los pecados. Pues, á que fin el recurso á los sueños, á las Fábulas?»

11. «No quiero decir, que el estudio ó la noticia de estas sea inútil, y que no tenga su uso. Tiénele, y muy loable, assí para la inteligencia de los Autores Gentiles, especialmente Poetas, como para la comprehension de la Theología Pagana, que toda estaba reducida al systema fabuloso. Pero en el Púlpito no debe tener otro uso, que el de un altíssimo desprecio. Si tal vez se toca alguna, que fuera mejor no hacerlo, debe ser tan de passo y con tanto desden, que el Auditorio conozca la burla que el mismo Predicador hace de ella. Es bueno que los Gentiles, como escribe Tertuliano, hacian tanta de nuestros Sagrados Mysterios, que solamente los tomaban en boca en los Theatros, para hacer irrision de ellos; y ha de haver Predicadores Christianos, que hagan tanto aprecio de sus Fábulas, que apénas se valgan de otros materiales en los Púlpitos, para engrandecer nuestros Mysterios, ó para persuadir las verdades mas terribles y mas ciertas de nuestra Religion! Como se puede persuadir con solidez una verdad por medio de una mentira? Ni qué parentesco pueden tener los Mysterios de Jesu-Christo con los embustes de Belial? Quæ conventio Christi ad Belial?»

12. «Pero supongamos, que en la Fábula se halle algun remedo, como en muchas de ellas se halla en realidad, de nuestras verdades ó de nuestros Mysterios: qué fuerza añade á unas, ni qué explendor aumenta á otros este ridículo remedo? Adelanto mas: quiero suponer, que la Fábula tenga la mayor semejanza imaginable con algunos de los Mysterios, que creemos y adoramos, como por exemplo: el nacimientop. 240 de Minerva, Diosa de la Sabiduría, que se fingió haver nacido del cerebro de Júpiter, con la generacion del Verbo, que es Sabiduría Eterna, que fué engendrado desde la eternidad de la mente del Padre. Y qué sacamos de esso? Se nos hace mas creíble ó mas respetable esta verdad, porque encontremos un borron ó una obscuríssima sombra suya en aquella disparatada mentira?»

13. «Ya sabemos todos, que el Demonio, á quien llama no sé qué Santo Padre perniciosíssima Mona, para confundir mas los Mysterios de la Fé, ó para hacerlos ridículos, introduxo algunos rasgos ó como algunos vislumbres de ellos en las supersticiones Paganas, pero tan embueltos entre estas, y tan mezclados de hediondeces, despropósitos, y extravagancias, que se conoce el diabólico artificio con que tiró á obscurecerlos, ó á hacerlos enteramente risibles. Y es possible, que lo que el Diablo inventó para burlarse de lo que creemos, y de lo que él mismo cree con fé tan experimental, ha de servir para que nosotros lo apoyemos!»

14. «Pero, si el valerse de Fábulas en el Púlpito para persuadir nuestras verdades, siempre es cosa intolerable, y en cierta manera especie de sacrilegio, lo es mucho mas, quando se predica á gente vulgar y sencilla. El Auditorio discreto da á la Fábula el valor, que se merece, recíbela por su justo precio, y en fin sabe, que la Fábula es mentira. Respecto de él, no hay mas inconveniente, que mezclar lo Sagrado con lo Profano, y lo fabuloso con lo verdadero: sobrada monstruosidad es esta mezcla, pues hasta en los Pintores y los Poetas, cuyas licencias son tan amplias, la calificó de intolerable el mejor de los Satýricos:

Sed non ut placidis coeant immitia, non ut
Serpentes avibus geminentur, tigribus agni.
Mas, quando se predica á un concurso compuesto por la mayor parte de gente del campo, inculta, y sin letras, hay el gravíssimo inconveniente de que entienda la Fábula por Historia, la ficcion por realidad, y por verdad la mentira. Dígalo si no el testamento de aquella vieja, que, por haver oído á su Cura, en los Sermones que hacia á sus Feligreses, hablar muchas veces del Dios Apolo, dexó en él este legado: Item, mando mis dos gallinas y el gallo al bendito Señor San Pollo, por la mucha devocion que le tengo, desde que oí predicar tanto de él al Señor Cura. Parécete, que será impossible, que entre tantos pobres hombres, de que se compone la Cofradía de la Cruz, á la qual has platicado, no haya algunos, y aun muchos, que vayan persuadidos á que Céres, Júpiter Amon, Bacco, y los demas avechuchos que citaste, son unos grandes Santos, y los tengan por especiales abogados de la lluvia?»

p. 241

15. «Y qué te diré de aquel texido de dislates, tomado de la Mythología Americana, en que pareció consistia lo fuerte de tu Plática, segun te inculcaste en ello, y segun el esponjamiento y la satisfaccion, con que lo representaste? No creí, que ni aun tú fuesses capaz de desvarrar tanto; y mira, que esta es una grande ponderacion. Quien diantres te deparó aquellas noticias, ni como tuviste la poca fortuna de tropezar con ellas para hacerte mas ridículo? Cierto que tienes singular talento de dar con lo peor de los Libros, y gracia conocida para aprovecharte de ello. Valga la verdad: tú quisiste hacer ostentacion de tu memoria y de tu feliz pronunciacion, quedándote con aquellos nombres bárbaros, exóticos, y estrafalarios de Tlaloc, Tozoztli, Hueytozotli, Magueys, Xuchiles, Chivalticue, y Citeolt, pareciéndote, que esto era una gran cosa, y que dexabas aturdido al Auditorio. Con efecto assí fué, porque aquella pobre gente no distingue de colores, y la basta no entender lo que se dice para admirarlo.»

16. «Pero, no me dirás, qué gracias ó qué chiste tiene esso? La memoria local y material suele ser prenda muy comun de los mas rudos. Y en fé de que yo lo soy, la posséo tan feliz, aun siendo un pobre viejo, que, á la primera vez que oí essos nombres, me quedé con ellos, como lo acabas de ver. Pues, qué mucho los huviesses aprendido tú, á costa quizá de un ímprobo trabajo?»

17. «No quiero decirte nada del estilo pueril, atolondrado, necio, y pedantesco, porque es perder la obra y el aceyte. Fray Blas y esse maldito Florilegio, que debiera quemarse en una hoguera, te tienen infatuado el gusto y todo conocimiento de lo que es Idioma Castellano puro, castizo, y verdadero. El que usas en el Púlpito, ni es Romance, ni es Latin, ni es Griego, ni es Hebréo, ni sé lo que en suma es. Díme, pecador, por qué no predicas como hablas?»

18. «Qué quiere decir aurífera edad, trámite no interrupto, lethálica culpa, borron nigricante, candidez primeva, paralogizar la correccion, espontanear las fruges, mádido colono, y toda la demas retahila de nombres y verbos latinizados, con que empedraste tu Plática, que la entenderian los Cofrades, como si los huvieras platicado en Syriaco ó en Armenio? No conoces, desdichado de tí, que essa es una pedantería, que solamente la gastan los ignorantes y aquellos pobres hombres, que ni siquiera saben la lengua en que se criaron? No merecias que, al acabar la Plática, en lugar de los vítores, con que te aclamaron los simples, te huviessen aplicado este otro vítor, que te venia tan de molde como al Padre Fray Crispin, que sin duda debió de ser el Fray Gerundio de su tiempo:

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Vítor el Padre Crispin,
De los cultos culto Sol,
Que habló Español en Latin,
Y Latin en Español.»
19. «De propósito he querido decirte lo que siento á presencia de todos estos mozos, y para esse fin los hice detener; porque, sobre estar ya cansado de hacerte algunas advertencias privadas y haver visto, con grande dolor mio, que son inútiles mis correcciones particulares, hice juicio, que debia hablarte ya mas en público, para que no transcendiesse á ellos tu mal exemplo. Mis años y mis canas me dan licencia para esto; y la parte, que tuve en que se te dedicasse á esta carrera, que tanto apetecias, me obliga en cierta manera á dar esta satisfaccion, porque nunca se piense apruebo lo que abomino.»

20. «Ni creas que solo yo soy de este dictámen; pues en esse caso se podia atribuir á la mala condicion, que regularmente se achaca á los de mi edad, aunque, por la misericordia de Dios, la mia no está reputada por la peor. Acompáñanme en él todos los Padres graves de la Comunidad, esto es, los únicos que tienen voto en la materia. Todos se lastiman, igualmente que yo, del malogro de tus prendas; y en la sequedad y seriedad, con que se presentaron á darte la enhorabuena, pudiste conocer lo mucho que los havia desazonado tu Plática. Si no todos te hablan con la claridad que yo, será ó porque no todos te estiman tanto, ó porque no concurren en ellos las particulares circunstancias, que concurren en mí para no lisongearte, ó porque en las Comunidades tiene grandes inconvenientes el oficio de Desengañador, tanto que hasta los Prelados necessitan exercitarle con mucho tiento, no obstante que su empléo les precisa á practicarle. Yo atropello por todo, pesando ménos en mí quanto tu puedas pensar, otros discurrir, y muchos murmurar, que el deseo de tu estimacion, el bien de las almas, el decoro del Púlpito, y el crédito de la Orden.»

21. Y al decir esto se levantó de la silla, tomó la puerta, se salió de la Celda, y se fué á la suya. Fray Gerundio quedó pensativo, los Colegiales por un largo rato silenciosos, y los Legos mirando á estos y á aquel. Unos escupian, otros gargajeaban, algunos se sonaban las narices, y ninguno se atrevia á hablar palabra. Hasta que un Colegial, Theólogo del quarto año, (como lo dexó notado un Autor curioso, indagador, y menudo,) el qual era alegrete, vivaracho, intrépido, y decidor, rompió el silencio diciendo: Quien va tras el viejo con vizcochos y vino, y á hacerle mudar camisa, porque el Sermon ha estado largo, pathético, moral, y fervoroso? Riéronse todos, ménos Fray Gerundio, quep. 243 aún se mantenia suspenso, cabiz-baxo, y como medio corrido.

22. Pero presto le consoló el Theologuillo; porque, llegándose á él y dándole dos palmadas sobre los hombros, le dixo: «Ola, Fray Gerundio, sursum corda. Pues qué? haces caso de las misiones de nuestros Padres Matusalenes? No ves, hombre, que tienen ya el gusto con mas cazcarrias y lagañas, que ojos de aprendiz de Bruja? Qué saben ellos como se ha de predicar, si ya casi se les ha olvidado como se ha de vivir? Todo lo que no les huele á antaño los ofende, y ellos nos apestan á los demas con sus antañadas. Ellos conocieron al mundo assí, y dado les ha, que se ha de mantener el mundo como ellos le conocieron, sin hacerse cargo de que la bola da vueltas, que por esso es bola. Como ya no pueden lucir, rabian quando otros lo lucen, á manera de aquellos árboles secos de puro carcuezos, que en tiempo de Primavera, al llenarse los otros de flores y de verdes hojas, ellos parece que se secan mas, de pura embidia.»

23. «Hablan de los Sermones, como de las modas y de los bayles. Un corbatin los espirita, por quanto ocupa el lugar, que debiera ocupar una balona, y no pueden mirar sin furor unos calzones ajustados, acordándose de sus zaragüelles. La mariona, la pabana, y las folías valen para ellos mas que todos los paspieses del mundo, y todos los Valencianos juntos los darán gana de vomitar, en comparacion de un zapateado. Ni mas ni ménos en los Sermones: erudicion, mythología, elevacion de estilo, cadencia harmoniosa, pinturas, descripciones, chistes, gracia, todo los provoca á vómito; y es que tienen el estómago del gusto tan destituído de calor como el del cuerpo: nada pueden digerir sino que sean papas, puches, picadillos, y á lo sumo Carnero y Baca cocida.»

24. «Hay cosa como querernos persuadir, que las Fábulas no se hicieron para el Púlpito? Pues, para donde se hicieron? Para los Estrados y para los Locutorios de Monjas? Puede haver gracia mayor ni mayor ingenio, que probar una verdad con una mentira, y calificar un Mysterio infalible con una ficcion? Aquello de salutem ex inimicis nostris, no es del Espíritu Santo? Y lo otro de contraria contrariis curantur, no es del divino Hypócrates? Y lo de mas allá de opposita juxta se posita magis elucescunt, no es del profundo Aristóteles? Quando está mejor ponderada la virtud del Sacramento del Bautismo y la del Agua bendita, que poniéndola al lado de la que fingian á las aguas lustrales, con que se purificaban los Gentiles para disponerse á los Sacrificios? Lustravitque viros, que dice el incomparable Virgilio. Ni como es possible explicar con gracia la que tiene el Sacramento del Matrimonio, sin hacer una bella descripcion delp. 244 Dios Hymenéo, Presidente de las Bodas, ó el Dios Casamentero, jóven bizarro, de estatura heróyca, blanco y roxo como un Aleman, pelo blondo, su hacha encendida en la mano, y coronado de rosas? Y para ponderar la fineza de Christo en el Sacramento de la Eucharistía, se ha encontrado hasta ahora razon mas convincente, ni se ha inventado en el mundo pensamiento mas delicado, que el de aquella Fabulilla de Cupido, quando, para rendir á cierto corazon un poco duro, despues de haver apurado inútilmente todas las flechas del aljava, él se flechó en el arco, y él se disparó á sí mismo, con lo qual quedó el susodicho corazon blando y derretido como una manteca?»

25. «Dice el Padre Maestro, que usar de Fábulas en el Púlpito es de ignorantes y de pobres hombres. Esso seria allá quando su Paternidad nació, y se usaba el bayle de las paraletas, pero hoy, que está el mundo mas cultivado, es otra cosa. Yo tengo en mi Celda varios Sermones impressos de un famoso Predicador de estos tiempos, que assombró en Aragon, aturdió en Navarra, y atolondró en Madrid, tanto que se ponian Soldados á las puertas de los Templos donde predicaba, para evitar la confusion y el desórden en el tropel de los concursos: y este tal Predicador, á quien no negará el Padre Maestro, ni hombre mortal se lo ha negado, que es ingenio conocido, apénas predicaba Sermon, cuyas pruebas no se reduxessen á encajonar una Fábula entre un lugar de la Sagrada Escritura; y en verdad, en verdad, que no perdió casamiento, y que no como quiera le aplaudieron los vulgares, sino tambien muchos hombres, que tenian Señoría.»

26. «Entre otros me acuerdo de cierto Sermon, que predicó en la Profession de dos ciertas Señoras muy distinguidas, y luego se dió á la Prensa como cosa grande, en el qual, porque el Hábito de la Orden es de color negro, las comparó con grandíssima propiedad á la Diosa Vesta, que, sobre la fé y palabra de Cartario, vestia tambien de este mismo color: Factum est ut nigra appellaretur propter vestem nigram. Despues dixo, y dixo muy bien, que Minerva havia sido la Primera Fundadora de la enseñanza de las niñas, citando unas palabras del mismo Cartario, que, aunque solo prueban, que Minerva fué la inventora de las labores mugeriles, hilar, coser, devanar, etc., porque Cartario no dice mas, pero harto dice, para que creamos, que tambien se las enseñaria á otras, pues el que estas fuessen niñas, ó fuessen ya mugeres casaderas y aún casadas, no hace para el intento, y siempre se verifica haver sido la fundadora de la enseñanza, que es la substancia del negocio.»

27. «Finalmente, mas allá trahe una comparacion gallarda,p. 245 para probar, quanto se enamora Dios de las almas Religiosas, que viven en Clausura; pues cita con la mayor oportunidad del mundo la Fábula de Danae, hija de Arcrisio, Rey de los Argivos, á la qual, siendo doncellita, encerró su Padre en una Torre, donde no pudiesse tener comunicacion alguna con los hombres, para que no se verificasse el fatal pronóstico del Oráculo, que le intimó havia de morir á manos de un nieto suyo. Pero Júpiter se la pegó al astuto viejo; porque, enamorado de la Señorita, se transformó en lluvia de oro, se caló en la Torre, y la doncella parió á su tiempo á Perseo, que, yendo dias y viniendo dias, finalmente vino á cumplir el fatídico Oráculo, quitando la vida á su Abuelo. Y no hay que reparar en que la lluvia se introduxesse por la Torre, porque podian estar abiertas las ventanas, ó, aunque fuesse Torre de un Rey, no hay repugnancia en que tuviesse algunas goteras.»

28. «Quien creyera, que una Fábula, al parecer tan sucia, pudiesse jamas servir de prueba para una cosa tan limpia como es el especial amor, que professa Dios á las almas castas, que viven en clausura? Pues, aquí está el ingenio: nuestro sutilíssimo Orador la aplicó con la mayor delicadeza y con la mayor energía: En Danae, dice, contemplo una alma retirada, que vota permanencia en la clausura: en Júpiter transformado en lluvia de oro, á Christo, que baxa como lluvia y Pan del Cielo. Y luego al márgen un par de textecitos literales; para la palabra Pan: Panis de Cœlo descendens; para la palabra lluvia: Et nubes pluant justum. Puede haver cosa mas bien dicha? Ni pudiera imaginarse invencion mas propia ni mas feliz? Porque ahora, que Danae no fuesse la doncella mas casta, ni mas recatada del mundo, como lo acreditó el efecto, y que Júpiter fuesse un Dios bellaco y estrupador, esse es chico pleyto. Ello: hay Vírgen, hay clausura, hay un Dios que visita á la doncella, sea por lo que se fuere, que esso no nos toca á nosotros averiguarlo; pues, qué mas se ha menester para probar, que Christo professa una ternura muy especial á las Vírgenes encerradas, y para contemplarlas á estas Danaes, y Júpiter á aquel? Que es sin duda una contemplacion, sobre ingeniosa devota, y pia.»

29. «Assí pues, amigo Fray Gerundio, ríete de las vejeces de nuestro Padre Maestro, déxale que gruña; créeme, que los viejos, por lo comun, se disgustan de todo lo que ellos no saben hacer, y que á los mas se les puede aplicar, con la variacion de una sola palabra, aquello de

… Nam quæ non fecimus ipsi,
Vix ea recta voco.
p. 246

Y tú, prosigue predicando como has comenzado; que, si continúas assí, llegarás sin duda á ser la honra de tu Patria, el crédito de la Orden, el Oráculo de los Pueblos, y, en fin, el hombre del mundo.»

30. No se puede ponderar el aplauso, con que fué recibida de toda aquella juvenil mosquetería la harenga del Colegialillo barbiponiente y bullicioso. Despues de haverle vitoreado casi tanto, como los Cofrades de la Cruz havian vitoreado la Plática de Disciplinantes, repitieron los plácemes y las enhorabuenas á Fray Gerundio, aun con mayor algazara que ántes, exhortándole todos á que siguiesse el milagroso rumbo de predicar, á que havia dado tan dichoso principio, y pidiéndole los mas, que les diesse el papel de la Plática, para sacar muchos traslados. Con esto, no solo respiró nuestro abochornado Fray Gerundio, sino que se esponjó, se empabonó, se encaramó, se llenó de vanidad, y quedó tan persuadido á que el modo de predicar era aquel, y á que qualquiera otro modo era una pobretería, que ya no le sacarian de su error Frayles Descalzos. Pero lo que le acabó de rematar fué un Soneto, en elogio suyo, que salió el dia siguiente, y decia assí:

AL INCOMPARABLE

FRAY GERUNDIO ZOTES,

alias, de Campazas.

SONETO.

No hay otro Fr. Gerundio, ni le ha havido;
Hará immortal el nombre de Campazas;
En Casas, en Conventos, Calles, Plazas,
Va dos quartos que mete mucho ruído:
No nos cite el Francés envanecido
A Fleury, á Burdalue, ni á otros mazas:
Qué Señeri? qué Oliva, ó Calabazas?
Ni qué Vieyra? Portugués erguido:
p. 247Demósthenes, y Tulio? dos Zoquetes;
Los demas Oradores? mil Orates,
Por no llamarlos pobres Monigotes:
Solo Fray Blas, con otros mozalvetes,
Si no le exceden, le hacen sus empates;
Por lo demas es Gloria de los ZOTES.
Fin de la Primera Parte.

p. 248

NOTAS AL TOMO PRIMERO.
[1] History of Spanish Literature by George Ticknor. In three volumes. Corrected and enlarged edition. London, 1863. Vol. III, p. 293, n. 13.

[2] Un juego así compuesto es, si no yerro, una de tantas rarezas que contiene la literatura castellana, y que no van señaladas en los repertorios bibliográficos de Brunet, Graesse y otros. El ejemplar del tomo 2º, edicion de 1768, conservado en la Biblioteca de palacio, parece ser el único de que se tenga noticia.

[3] Así lo creo, porque varios pliegos llevan á pié de la página primera el índice Tome por Tomo, y tambien porque la division de las palabras en dos renglones es en algun que otro pasage inconsistente con el uso castellano.

[4] Scritti scelti inediti o rari di Giuseppe Baretti, con nuove memorie della sua vita. Milano 1822. Tomo I, pág. 155.

[5] No me ha sido posible averiguar donde hase ido á parar el manuscrito original, que sirvió para la version inglesa; solo sé decir que no se conserva en el British Museum, no traéndole el catálogo del Sr. Gayangos.

[6] Tambien en la príncipe hay «major»; y sin duda es errata.

[7] En Campos, quando se envía por un chico, que está estudiando Gramática, se dice: ya le envié la burra, ya fué la burra por él, etc.

[8] La escrupulosa fidelidad con que nos ceñimos á los monumentos, que seguimos en esta Historia, no nos permite el suprimir esta juiciosa invectiva del Maestro Prudencio contra los abusos referidos; pero, como hoy sabiamente se han reformado por Auto del Real y Supremo Consejo de Castilla de 19 de Julio del año passado de 1756, á cuya justa prudente providencia es de desear y de esperar, que se conformen los Jueces Eclesiásticos, en la parte que les corresponde; aunque sea cierta la enfermedad, le está ya aplicada la conveniente medicina, y ya no hay necessidad de la receta, que apuntan los monumentos de nuestra Historia.

[9] Pág. 3, l. 38. Escapulario: Una de la piezas del hábito, en ciertas órdenes, y, por decirlo así, la que constituía el distintivo de ella; de suerte que se decia: «ha vestido el escapulario de la Trinidad; ha ceñido el cordon de S. Francisco; ha cubierto su cabeza con la cogulla de S. Benito.» — El Escapulario consistia en una tira de tela ó tejido, generalmente de lana, cuyos color, hechura y dimensiones variaban segun la órden, de unos dos metros y medio de largo, por cincuenta centímetros de ancho, con una abertura casi en el comedio, por la cual se introducia la cabeza, de manera que una de las mitades del escapulario caía sobre el pecho, y la otra mitad colgaba encima de la espalda, campeando en aquella el emblema ó distintivo de la órden. Vestíase encima del sayal, y debajo de la capa ó manto.

Imitacion ó reminiscencia de este escapulario era el que usaban, y usan todavía, los devotos del Santo patrono de tal ó cual órden religiosa, el cual está formado de dos pedacitos de la misma tela, bien que de tejido mas fino y delicado, de unos diez centímetros de largo, por siete de ancho, enlazados entre sí por medio de dos cintas ó listones de tafetan, dispuestos de manera que, colocándolos encima de los hombros, simulan en cierto modo el escapulario de los frailes. En uno de los pedacitos indicados, el que podriamos llamar anterior, va superpuesta una efigie del Santo titular, estampada en seda, ó el emblema de la órden. Usanse generalmente debajo de las ropas exteriores; pero no faltan quienes los llevan tocando al cuerpo. Las monjas son generalmente las que se dedican á la elaboracion de tales lindezas, que adornan con primorosos adornos de bordados y pespuntéos, no faltando quien atribuya á los escapularios virtudes especiales para la curacion de determinados achaques y dolencias, con lo cual se convierte en amuleto un objeto de mera devocion.

[10] P. 3, l. 41. Hermanos laicos. Eran los frailes gente avisada y fecunda en materia de imaginar arbitrios de toda naturaleza. Obligados por razon del oficio á trasladarse de unos á otros lugares, ora para asistir á los capítulos generales ó provinciales de la órden, ora para llenar otros deberes de su sagrado ministerio, y no teniendo todos los pueblos posadas cómodas y económicas, ó conventos ó monasterios donde alojarse durante el tránsito, no les quedaba mas recurso que el ofrecido por las ventas, las que, sobre ser míseras y fementidas, hallábanse frecuentadas por comediantes, arrieros, mercaderes y otras gentes alegres, maleantes y no nada santas, y por ende no las mas abonadas para alternar con los ministros de la religion. Atentos á esto discurrieron, pues, la invencion de las cartas de hermandad. Eran estas uno como título que se concedia, por punto general, á las personas de mas acomodo y distincion, mediante el cual adquirian ciertos derechos, exenciones é inmunidades, tales como poder comer carnes en dia de vigilia, en virtud de privilegio concedido por el Pontífice; el goce y disfrute de determinadas y muy especiales indulgencias, amen de los sufragios, plegarias y oraciones de todos los individuos de la órden; y el derecho de alojar en los conventos de la misma, que en este hecho se convertian en casa de posada para los que tenian carta de hermandad. En cambio los hermanos venian obligados á dar manutencion y albergue á los frailes de la órden, durante el tiempo que, en cumplimiento del mandato de sus superiores, debian permanecer en sus casas. Familias habia que gozaban carta de hermandad de diferentes religiones, y por lo tanto no hay para qué decir que eran contados los dias en que carecian de huéspedes: de aquí que existiera en tales casas un aposento que se distinguia con el nombre de dormitorio de los frailes, en el cual, puesto en un marco ó simplemente pegado á la pared, veíase el título ó carta de hermandad.

A los hermanos de esta clase pertenecia el honrado labrador de Campazas, y de ella salian los Mayordomos ó Mayorales de que se habla en el texto, á quienes se confiaba todo lo inherente á la fiesta que anualmente se celebraba en el pueblo en obsequio del Santo patrono ó tutelar. El mayordomo corria ademas con el gasto que ocasionaba la misma, de la cual formaba parte integrante la misa solemne con música y sermon, que predicaba el fraile elegido por el mayoral, procesion, y gaudeamus ó sea comida no de vigilia, sino muy de antruejo. Si bien se mira, quien en el negocio, materialmente considerado, salia perdiendo, era el que tenia carta de hermandad, el hermano, el frater, y acaso semejante consideracion dió pié al expresivo proverbio catalan: «Tot ho paga ’l cul del frare», al cual corresponde el modismo castellano: «Yo soy el culo del fraile».

Por lo demas no deben confundirse tales hermanos laicos, con los hermanos legos de los conventos, que eran servidores domésticos de la comunidad, y desempeñaban en ella los oficios mecánicos, tales como hortelano, cocinero, refitolero, etc. A veces, ya en el convento adquirian la instruccion necesaria y entónces pronunciaban los votos y entraban á formar parte de la órden.

[11] P. 4, l. 32. Padres Colegiales. Llamábase así á los que, por tener terminados sus estudios de Filosofía y Teología, se hallaban en aptitud para optar á alguna cátedra, y aguardaban á que hubiese vacante.

[12] P. 7, l. 30. Niños Malabares. Como si dijéramos «niños ignorantísimos». Mas adelante encontraremos tambien «autores Malabares», y «predicadores Malabares», y como semejante palabra, tomada en el sentido indicado, parece que constituye un contrasentido, aplicado á un escritor ó á un orador, juzgamos oportuno dar de ello una pequeña explicacion. En España, lo mismo que en todas las naciones que cuentan con extensas colonias, acontece que marchen á Ultramar, con ánimo de hacer fortuna, personas indoctas, de las últimas clases sociales, que permaneciendo en la madre patria difícilmente saldrian de su humilde y oscura posicion. Lo bueno es que, por punto general, se salen con la suya; mas se explica por aquello de que «en tierra de ciegos, el tuerto es rey». Gentes romas de mollera, que donde nacieron maldito si habrian aprovechado para mas que para escardar cebollinos, son verdaderas eminencias entre salvages. Lo que del vulgo de las gentes, puede decirse de los ministros de la religion: no todos son eminencias teológicas. Hay mas: para catequizar á los que yacen sumidos en las tinieblas de la ignorancia, y abrir sus ojos á los esplendores de la fé, basta con estar dotado de un espíritu de caridad eminentemente cristiana. Los primeros misioneros que pasaron á las colonias del Nuevo Mundo, mas que por sus luces se distinguian por su celo, por su abnegacion, por el sacrificio que hacian de sí mismos en aras de la fé, y de aquí que se les distinguiera con el calificativo, no muy cristiano que digamos, de Malabares; esto es autores, predicadores, sacerdotes, dignos solo, por su escasa ciencia, de vivir entre Malabares, y no ménos ignorantes que los salvages.

[13] P. 13, l. 32. Segun nos informan las historias más verídicas. No obstante el empeño de Cervantes para desacreditar las novelas heróicas y los libros de caballeria, no ha llegado á extirparse por completo en España, y en el vulgo, la aficion á este linage de libros. «La Historia de los doce Pares» y otras del propio jaez se encuentran en los puestos en que se venden los romances de ciegos, y muy mísero ha de ser quien no ahorre unos reales para adquirir tales libros, — que llamaba Anton Zotes «las historias mas verídicas», — para proporcionarse con su lectura grato y apacible solaz. En ciertas provincias del centro de Castilla, no es extraño, ántes bien muy comun, en especial en tiempo de invierno, encontrar reunidas las gentes al amor de la lumbre, ó, donde la leña es escasa, en los establos, que merced al ganado ofrecen un ambiente muy agradable, escuchando embebecidos los hombres la lectura de las proezas de Carlo Magno ó de los Caballeros de la Tabla redonda, en tanto que las mujeres hilan, ó cosen las prendas de vestir de la gente menuda, que suele asistir tambien á la tertulia que lleva el expresivo nombre de «trasnocho».

[14] P. 14, l. 2. El Piscator de Sarrabal. Era este el título de cierto librejo que publicaba todos los años un pretendido astrólogo de Milan, con sus puntas y collares de nigromántico. Alcanzó su librillo, especie de calendario ó almanaque, no poca fama, y á imitacion suya diéronse á luz otros Piscatores en otros puntos, existiendo en consecuencia el de Andalucía, el de Salamanca, etc. Contenian tales librejos gran caudal de noticias de materias útiles y de apacible entretenimiento, tales como recetas, secretos de la naturaleza, acertijos, charadas y logogrifos, y, amen de indicaciones relativas á las operaciones agrícolas ó faenas del campo, pronósticos concernientes al tiempo, anuncios de cambios atmosféricos, lluvias, vientos, en cada una de las fases de la Luna. Tales pronósticos, si no era en lo de anunciar hielos en tiempo de invierno, y tempestades y truenos en verano, casi siempre salian fallidos; de aquí el proverbio «miente mas que el almanaque», que ha sucedido al Piscator; mas sus autores se consolaban, y consuelan aún, con el Dios sobre todo (que vale tanto como decir «será lo que Dios quiera»), que es la frase sacramental con que terminan indefectiblemente los versos que constituyen la introduccion ó prólogo del Almanaque, y que llevan el nombre característico de «Juicio del año».

[15] P. 22, l. 6. Los Esculapios. Corrupcion de Escolapios, es decir, hermanos de las Escuelas pias fundadas por S. José de Calasanz.

[16] P. 24, l. 22. Bolas de trucos. Es el juego de trucos uno de los que tenian mas aficionados entre la gente del pueblo. Para él se necesitaban ciertas bolas ó esferas, un tercio mayores que las de billar, labradas de madera dura y elástica, por ejemplo fresno, olmo ó abedul. En los conventos de Franciscanos y Capuchinos no faltaban juegos de trucos, con los cuales se solazaban los devotos de la casa, en el patio del claustro, ó en los paséos de la huerta durante las tardes de invierno, especialmente si el tiempo estaba lluvioso.

[17] P. 26, l. últ. Todo el Lárraga. Tratado de Moral por el cual se examinaban los aspirantes á la carrera eclesiástica. Todavía sirve de texto en algunos seminarios.

[18] P. 28, l. 39. Vísperas de la Expectacion. El 18 de Diciembre, es decir, siete dias ántes de aquel en que se conmemora la Natividad de Ntro. Sr. Jesucristo, celebra la Iglesia la festividad de Nuestra Señora de la O, llamada así por empezar con O los siete himnos (antífonas) que preceden al Magnificat, los cuales se cantan en los siete dias que median desde el 18 al 25. Su comienzo es O Sapientia… O Adonai… O Radix Jessé… O Clavis David… O Oriens… O Rex Gentium… O Emmanuel… Estas Oes son expresion del ansia con que esperaban los profetas la venida del Mesias, y á ellas corresponden las puestas en boca de la Vírgen, cuando para expresar los sentimientos que la mueven, y los deseos que la animan, exclama: O cuando llegará el dia,… O cuando llegará el feliz momento en que veré con estos ojos y sostendré en estos brazos al Hijo de Dios… etc. Esta fiesta fué establecida en España por un Arzobispo de Toledo.

[19] P. 32, l. 3. Definidores. Dábase este nombre á los que aconsejaban sea al Provincial, sea al General de la órden, en aquellos asuntos graves que ocurrian y que por sí mismos no sabian ó no querian resolver. Eran como intérpretes ó jurisconsultos: definian las cuestiones dudosas, y habia Definidores provinciales y Definidores generales.

[20] P. 48, l. 5. Reminimista. Persona que se ocupa en pequeñeces y fruslerías literarias (re minima litteraria).

[21] P. 59, l. 30. Emperador perpetuo. Para comprender el valor de estas palabras es indispensable conocer el sistema que regia en las aulas. Los alumnos que á ellas concurrian hallábanse divididos en dos bandos, Romanos y Cartagineses, ó bien Griegos y Troyanos. Uno de los lados del aula se distinguia con el nombre de Roma, y el opuesto con el de Cartago, y estos nombres, escritos en sendas tablillas, campeaban en la pared correspondiente, viéndose debajo de aquellas una abrazadera de hierro, destinada á sostener la bandera ó pendon en que estaba pintada la imágen de la patrona del aula, que lo era generalmente Santa Catalina. Ademas habia otra tablilla que tenia escrita la palabra Victor, la cual se colgaba en la abrazadera destinada á sostener el pendon. En el testero del aula un pequeño estrado, y en él tres sillones, de los cuales el del centro algo mas elevado: este destinado al Emperador; aquellos á los dos Censores. Llegado el último dia lectivo de la semana, hacíase repaso general de cuanto se habia aprendido durante la misma, preguntando el primero el dómine ó maestro al Emperador; este al Censor de Roma; este al de Cartago; este al primer muchacho del bando romano; este al primero del cartaginés, y así sucesivamente hasta llegar al último de la clase. El maestro iba notando las faltas cometidas por los alumnos de cada bando al contestar las preguntas, y segun el resultado, el estandarte, con la tablilla del Victor, se colocaba al lado del vencedor, es decir del que habia cometido menor número de errores. Despues de esto se desafiaban los muchachos mas adelantados dirigiéndose preguntas y proponiéndose cuestiones difíciles, y el que daba mayores pruebas de conocimiento ocupaba el sillon del Emperador, y los dos que en saber le seguian, los de los censores de Roma y Cartago. El que habia ganado la plaza de Emperador, recibia del dómine otra tablilla ó Victor, con la cual se iba á casa de sus padres, con la satisfaccion que se deja comprender, no quedando ellos ménos gozosos y satisfechos, principalmente si eran gente acomodada; mas, si eran de escasa fortuna, habrian de muy buena gana perdonado el bollo por el coscorron, ya que el sábado siguiente, al devolver el muchacho el emblema de su victoria, debia acompañarlo de alguna golosina ó garambaina, con la cual el dómine solia obsequiar á la señora de sus pensamientos, y si no la tenia, vendiendo el regalillo acrecentaba su mísero caudal.

[22] P. 62, l. 2. Asno, y sobra una pierna. Si de la m de Osma se suprime una pierna, conviértese la m en n, y entónces en lugar de Osma dice asno.

[23] P. 66, l. 2. Predicadores generales. Los que tenian licencia del general de la órden, siendo por consiguiente los mas famosos, como superiores en grado.

[24] P. 71, l. 20. Lechuza. Suelen estas rapaces nocturnas anidar en los agujeros de los grandes edificios, y especialmente en los de las iglesias y campanarios. La imaginacion vulgar que, cuando no tiene explicacion que la satisfaga, respecto de los problemas que se propone, la inventa á medida de su gusto, viendo á las lechuzas revolotear de noche en derredor de los templos, y no comprendiendo que se alimentaban de ratoncillos, cucarachas y otras sabandijas, dió en imaginar que se nutrian de sorber el aceite de las lámparas, y lo cree á puño cerrado con ser un disparate mayúsculo. Por supuesto que semejante creencia es de gran provecho para los sacristanes poco escrupulosos, que, con achacar á las lechuzas las mermas en el aceite de las lámparas, pueden hacer muy á mansalva su negocio.

[25] P. 79, l. 44. Presentado. Como si dijéramos que se le reconocia su aptitud para la colacion de un grado superior. Cuando la órden reconocia en uno de sus individuos saber y condiciones suficientes para obtener aquella elevada distincion, lo presentaba, lo hacia presente, y el que mediante este proceder alcanzaba el grado, como que constituía motivo de honra, no se limitaba á usar el simple título de Maestro en sagrada Teología, por ejemplo, sino que añadia el de tan honorífica distincion, poniendo Maestro presentado, que tanto valia como decir, de mérito indisputable: reconocido por la órden.

[26] P. 79, l. 45. Sabatinas. Ejercicio académico, semejante al que tenia lugar en las aulas, del cual nos hemos ocupado en una de las notas precedentes. Consistia en aguzar el ingenio en disputas filosóficas, en las cuales se sentaba una proposicion que defendia el proponente, é impugnaban los adversarios, echando mano de argumentos y segun el procedimiento filosófico entónces en uso. Las sabatinas servian para hacer el aprendizage y sostener públicas conclusiones en presencia de la Comunidad.

[27] P. 82, l. 15. Predicador Mayor y Predicador Sabatino. Es decir: predicador perfecto y consumado, y mero aprendiz ó que hacia sus primeras armas en el ejercicio de la oratoria del púlpito. A la clase de los predicadores sabatinos pertenecian los que, por su poca edad ó escasas facultades, solo en casos extraordinarios podian utilizarse para una festividad ó dia de gran concurso; pero en cambio servian perfectamente para los sábados ú otros dias en que la concurrencia era muy limitada y, por decirlo así, de gente de casa.

[28] P. 86, l. 3. Voto á Cristo. Juramento asaz comun. Algunos para atenuar su trascendencia añadian otra ú otras palabras, por ej. Voto á Cristo valillo; Voto á Cristo Baco valillo nunca ni no etc. En suma, soltar la interjeccion sin contravenir el precepto que prohibe jurar el santo nombre de Dios en vano.

[29] P. 108, l. 31. Familiar de la Inquisicion. Larga nota exigirian estas palabras: sin embargo nos limitaremos á decir que se tenia á título de honra usar semejante distintivo, que por sí solo denunciaba proceder de linage de cristiano rancio sin mezcla de sangre mora ni judía. De aquí que se solicitara con eficacia y que de él hicieran ostentacion las personas mas conspicuas. Por lo demas tales familiares no deben confundirse con los que con tal nombre eran verdaderos criados del Santo Oficio. El título de familiar, en el sentido expresado, era respecto de los familiares asalariados, lo que el de hermano laico, que se adquiria en virtud de la carta de hermandad, á los legos de los conventos, segun va expresado en una de las notas que preceden.

[30] P. 150, l. 41. Zahorí. El que está dotado de tal facultad que puede adivinar y descubrir lo mas recóndito, aun cuando se halle escondido en las entrañas de la tierra, con tal que no lo cubra un paño azul. Es esta una de tantas preocupaciones ó creencias populares que se conservan en España, y que procedentes de los pueblos de Oriente llegaron á ella por intermedio de los Arabes.

[31] P. 153, l. 5. El Lector del caso. El fraile que proponia un caso moral, que habia de ser base de discusion para los diferentes miembros de la Comunidad, en las reuniones que con semejante objeto celebraba en determinados dias del mes.

[32] P. 172, l. 36. El Barbadiño. Esta palabra, que se encuentra siempre precedida de artículo, no debe considerarse nombre propio, sino como adjetivo calificativo. La órden religiosa fundada por Francisco de Asís mediante una regla por demas estrecha, sufrió una reforma poco tiempo despues de la muerte del fundador. El hábito que este dió á los hermanos (frailes) se reducia á un tosco sayal de lana burda provisto de una capucha, ceñido al cuerpo por medio de una cuerda: los hermanos no debian raparse las barbas ni hacer en su rostro cosa alguna que trascendiera á mundanal afeminacion: todo era en la órden mortificacion y sacrificio. Muerto el fundador, relajáronse los preceptos de la órden, so pretexto de que la naturaleza humana no podia resistir tan duras pruebas, y de aquí resultaron los franciscanos, que fueron los que aceptaron la reforma, y los capuchinos, que se mantuvieron fieles á la regla establecida por el pobre de Asís. Estos continuaron usando la barba, y de aquí que les distinguieran con el título de barbadiños, diminutivo de barbudos, que empleaban no porque la barba fuese menguada, sino por humildad.

[33] P. 181, l. 19. Pacencia Calros pacencia. El principado de Cataluña perteneció durante algun tiempo á Carlos III. de Francia, que para hacerse bien quisto de sus nuevos súbditos residió entre ellos una corta temporada, gastando el dinero á manos llenas; mas en cuanto volvió las espaldas, se rebelaron de nuevo los catalanes sin que de nada le aprovechara al francés su fastuosa prodigalidad. Quejábase el soberano amargamente de tan inesperada ingratitud, y como de ello se enteraban los catalanes, exclamaron Paciencia, Carlos, paciencia! De aquí nació tambien el refran alusivo á la adulacion interesada: Viva Carlos III, miéntras viva su dinero.

[34] P. 183, l. 13. Flaires Gaspachos ú Hospitalarios. Orden establecida para la curacion de los enfermos.

[35] P. 230, l. 41. La tercera edad. Los españoles dividen la vida humana en siete edades: Infancia; Niñez; Adolescencia; Mocedad; Virilidad; Senectud; Caducidad. — Casi nunca se dice Virilidad y Caducidad, sino edad viril y edad caduca.

Imprenta de F. A. Brockhaus, Leipzig.